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lunes, 25 de octubre de 2010

SABER VIVIR, SABER QUÉ HACER POR LOS DIFUNTOS, Y SABER MORIR

Resurreccion

Por Emilio Nazar Kasbo

Para Dios no hay anónimos. Dios conoce mejor que nadie la propia vida, no necesita que se la expliquemos. Somos nosotros quienes necesitamos de Dios para que Él nos explique. Y Dios nos explicó todo lo que necesitamos saber encarnándose y haciéndose verdadero hombre para convivir con nosotros y mostrarnos el Camino al Reino de Dios que es Jesucristo mismo. Y Jesucristo dejó la Iglesia fundada en cabeza de San Pedro para atravesar el hilo de los tiempos y llegar hasta el fin del mundo con el Evangelio.

Porque el Evangelio es la Buena Noticia que marca la senda de aquello que desprecia el mundo: la Bienaventuranza.

El hijo de un amigo judío recientemente ha fallecido. He visto su desconsuelo, su angustia, su pesar y su desesperación. “¿Qué es lo que piensa que sucedió con su hijo?”, le pregunté. “Nada, no existe más”, me respondió entre lágrimas.

LA BIBLIA

Efectivamente, muchos judíos no creyeron nunca en la Resurrección que Jesucristo vino a revelar no sólo con la resurrección de Lázaro mostrando en vida su poder sobre la vida y la muerte, sino con su propia Resurrección. Muchos jamás llegaron a comprender las frases del Antiguo Testamento en que se habla de la Resurrección de los muertos, ni aun en el caso del Rey Saúl y la pitonisa de Endor a que se hace referencia en I Samuel (I de Reyes) 28 especialmente los versículos 12 y 15 ss.

Pero la Resurrección primera y más importante es la de Jesucristo, ya anunciada en el Antiguo Testamento, como en Sal. 16, 9-10; I Cor, 15. Pero al momento de la Resurrección de Jesús, también resucitaron con Él quienes aguardaban en el Sheol (Mateo 27, 52-53), y también se puede ver la resurrección al fin de los tiempos (I Tesalonicenses 4,13-18 y I Corintios 15, 51-58). En el Antiguo Testamento, el Libro de Daniel es apocalíptico, y en el capítulo 12 describe la Gran Tribulación en el versículo 1, y la resurrección en el versículo 2 como un suceso inmediatamente posterior.

Isaías (26, 19) habla explícitamente de la resurrección: “vivirán tus muertos; resucitarán los muertos míos. Despertad y exultad, vosotros que moráis en el polvo; porque el rocío de luz es tu rocío, y la tierra devolverá los muertos”, que en los versículos siguientes lo relaciona el despertar de los cuerpos muertos con el momento en que Cristo juzgue al mundo.

pasion coronado espinas

REX IVDÆORVM

Sucede que mi amigo judío no es creyente ni del judaísmo ni de nada. Para él todos los templos son espacios sin sentido y debieran destruirse, incluyendo iglesias, sinagogas y mezquitas. De allí la visión materialista y su consecuencia: la angustia del ateo.

Dios es quien nos amó primero, y en quien somos persona por seguir a Dios Encarnado en la Segunda Persona, en el Verbo, que es Jesucristo. Ser persona no depende de nuestra elección libre de Dios, sino que es un don que Dios nos da, y que nosotros libremente hemos de aceptar. Se es persona aunque no se acepte a Dios, aunque se lo rechace, como Luzbel rechazó a Dios y perdió la espiritualidad sobrenatural para quedarse sólo con sus cualidades naturales como ángel caído. Luzbel no dejó de ser un ángel al rechazar a Dios y convertirse en Lucifer para condenarse como ángel para siempre con vida infeliz por su apartamiento de Dios que es la Felicidad. El ser humano tampoco deja de ser persona por rechazar a Dios, conservando todas sus facultades y potencias del alma… pero la diferencia está en la Felicidad que es vivir en Gracia de Dios.

Pero sin Dios, la vida es una paradoja, un hecho sin sentido. Si Dios, no hay Felicidad, sino breves relámpagos de alegría mundana que se extinguen tan rápido como llegan. Tenía otro amigo judío, David Fridman, ya fallecido, quien vivía en un geriátrico y estaba muy entrado en años, y cada día venía a decir: “hoy estamos, y mañana también”… hasta que un día dejó de decirlo porque había fallecido.

INRI

Sí, al parecer muchos miembros de la colectividad judía tratan de sobrellevar el misterio de la muerte mediante el humor. Así, tal vez llegan a ver los pasajes que hemos referido de Isaías o de Daniel como meras metáforas, o incluso como algo cómico.

A Jesucristo mismo se le burlaron, se reían de Él, pero su sentencia grabada en la Cruz continúa vigente: INRI, que en Latín es IESVS·NAZARENVS·REX·IVDÆORVM, y que traducido significa “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”.

Su Trono por siempre es la Cruz (que marcaba lo más despreciable para el mundo que gobierna Satanás), y su Corona era de espinas, y tal como había sido profetizado, le arrancaron los pelos de la barba, lo escupieron y su manto fue rifado. Muchas burlas de los judíos hacia los cristianos vienen de este espíritu, de no comprender el sentido de la vida, de la muerte y de la resurrección.

Sentencia de Pilatos

INSEGURIDAD Y CONTROL TOTAL

El otro efecto que parece darse en la colectividad judía, es la inseguridad en esta vida, que sin expectativas de la Justicia de Dios se convierte en una doble vía: o aceptar la Ley para vivir como Dios ha pedido hasta la muerte siguiendo la fórmula para no equivocarse hasta que termine esta vida con cierta paz y seguridad, o rechazar esa Ley siguiendo el lema “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, ya que la muerte igualará a quien sigue la Ley de Dios con quien no la sigue. Esta es la consecuencia de una concepción donde la Justicia de Dios no existe, y mucho menos su Misericordia. El hombre está en este mundo como una pasión inútil, al decir de los existencialistas, y cada cual vive la vida como le plazca. ¿Te hace bien ser judío y seguir los Mandamientos? Entonces hacélo ¿Te hace bien ser católico y tener la Esperanza en lo que Jesucristo que es Dios reveló? Entonces hacélo. Grave error es esta concepción inmanentista, ya que la Verdad es independiente del sentirse bien o no, y no depende de una condición psicológica sino de una realidad externa a la persona que ha de reconocer como acto de Sabiduría o ignorar como un acto de necedad. Dios existe y se encarnó en Jesucristo sin dejar de ser Dios en el seno virginal de María, aunque nosotros no creamos en Él.

La consecuencia de la visión inmanentista es la vida en la inseguridad del dolor. El peor de los males es el dolor, y de entre todos es la irremediable muerte. Surge así la concepción hedonista y pelagiana: a consecuencia de el Pecado Original es banalizado como una “metáfora” o como un “cuento para ingenuos”, a la vista surgen males sociales inexplicables así como tragedias personales cuyo sentido el hombre es incapaz de develar. ¿Cuál es el mayor mal? La muerte colectiva, y como en la concepción judía de ser el “pueblo elegido” las únicas personas son los judíos y el resto son “goim” (meros animales parlantes), el mayor mal es un genocidio donde mueren muchos judíos, siendo éste el único que cuenta respecto de toda otra muerte o genocidio, aunque sean más numerosos, más crueles, anteriores o posteriores. Cabe destacar además que los judíos como pueblo elegido de Dios perdieron su primogenitura en favor de los cristianos, como Esaú respecto de Jacob por un plato de lentejas, al rechazar a Jesucristo como Rey Eterno espiritual para optar por el mesianismo temporal que les interesaba.

¿Qué es lo que dará seguridad a semejante ser humano inseguro en un mundo donde deberá afrontar el dolor físico, psicológico y económico? Precisamente, la medicina, la psiquiatría y el Becerro de Oro, Mamón, el dios del dinero. Con el dinero se puede conseguir poder, se puede pagar una buena medicina costosa y se puede vivir lo más cómodamente posible hasta que un día llegue ineludiblemente la muerte para reducir en nada a ese hombre tan preocupado.

Por otra parte, eliminado el mesianismo espiritual que ha tenido la realización en Jesucristo y su promesa del Reino de Dios al decir “Mi Reino no es de este mundo”, minimizado como un “cuento para ingenuos” ante el cual sólo cabe la burla, la inseguridad humana se convierte hacia el mesianismo temporal de un gobernante que tenga todo el poder del mundo para traer todo el bien a los suyos y todo el mal a quienes considere sus enemigos.

Anticristo

La mayor seguridad en el mundo (del cual su verdadero dueño es Satanás), es ese gobierno mundial que a todos ha de controlar, porque la inseguridad social se erradica con el control total del mundo en cabeza de el hombre más poderoso del planeta.

La incredulidad burla acerca del mensaje de Jesucristo que se extiende espíritu católico, conlleva a la credulidad materialista y mesiánica temporal.

 

SABER VIVIR

Dios ha inserto en cada persona que nace un “manual de instrucciones automático”, que se llama Sindéresis, y que es una facultad que permite desde la más tierna niñez conocer qué es lo bueno y qué es lo malo, como parte del sentido común… a no ser que ese sentido común sea alterado por factores culturales para aceptar como “normal” a lo antinatural que es contrario a la norma.

Pero no solamente gozamos de la Sindéresis, que nos hace responsable al actuar mal, sino que además el Evangelio es la opción permanente que aguijonea a creyentes y no creyentes, en un llamado de atención desde que nacemos hasta el último instante de nuestra vida.

felicidad

¿Quién dice cómo hay que vivir? Unos viven de un modo, otros de otro, y cada cual hace lo que le plazca mientras no moleste a los demás. Semejante concepción individualista y relativista, no es más que un combate a Jesucristo de modo directo.

Jesucristo dice cómo hay que vivir, cómo se han de vivir los Mandamientos con libertad y no con espíritu formalista, cómo se ha de cumplir con la Ley, cómo se debe amar a Dios y al prójimo. Jesucristo nos enseña cómo vivir, y si hacemos el intento de imitarlo “en las buenas y en las malas”, de seguirlo el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, también estaremos con Él el domingo de Pascua. Ese es el camino de la santidad.

Saber vivir es tener la Fe a pleno y tratar de vivirla con la mayor coherencia posible, más allá de nuestros pecados, de nuestros vicios y de nuestros defectos. Jesucristo nos ha dejado el instrumento de la Confesión, para que podamos limpiar nuestro interior preparando el ingreso de Él en forma de Pan Vivo bajado del Cielo. Esa es la Eucaristía. Para confesarse y recibir la absolución, es necesario el firme compromiso de abandonar el pecado, que arrastra hacia la perdición del alma, y el propósito serio de evitar nuevas caídas. El destino del alma está en juego.

 

QUÉ HACER POR LOS DIFUNTOS

Cuando alguien fallece, en la actualidad se piensa en “los trámites”, en “el papelerío”. Antes se pensaba en otras cosas… antes se pensaba en la Extrema Unción en situaciones graves de peligro de la vida de una persona, y si fallecía se pensaba en los rezos, en llamar al cura para el responso y en la Misa de cuerpo presente. Días de duelo y de reflexión seguían al velorio.

Sabemos que al morir la persona se enfrenta al Juicio Particular, a la espera del Juicio Universal que se dará al final de los tiempos. Son los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno – Gloria. Al final, el alma se salva por la Misericordia de Dios y el Amor que tenga a Dios, o no se salva arrastrada por vicios y pecados graves a la infelicidad por siempre.

A su vez, quien muere con pecados veniales va al Purgatorio, donde lavará tales pecados para entrar con la mayor limpieza al Reino de los Cielos y estar en plena presencia de Dios, en lo cual residirá la propia Felicidad.

degollados armenios

Por la Comunión de los Santos, podemos rezar por los difuntos. Sólo no es posible rezar por las almas condenadas, por aquellos que murieron rechazando explícitamente a Jesucristo y en odio a la Fe. Sin embargo, no sabemos quiénes son tales almas, ya que la Misericordia de Dios y el arrepentimiento final de la persona siempre es desconocido. Por eso, si bien la norma general indica que no podemos rezar por las almas condenadas (que se llaman precitos), sí podemos hacerlo puntualmente por determinadas personas en tanto no estén incluidas en tal grupo. Efectivamente, podemos rezar por las almas más necesitadas de la Misericordia de Dios, pero no por las almas condenadas cuyo destino ha quedado congelado al momento de su muerte como la voluntad de los ángeles caídos al rechazar a Dios.

En un mundo donde las personas concebidas son abortadas intencionalmente para ser arrojados a la basura, es necesario volver a dar el culto a los muertos como siempre se ha hecho en la Iglesia Católica. No son 144 mil personas los que se salvarán, como dicen en la secta de los testigos de Jehová, sino que tal es una cifra simbólica de un número perfecto múltiplo de 7, y que marca una cierta cantidad de personas por los que Jesucristo murió (es decir, no murió por “todos”, sino “por muchos”).

El día de todos los fieles difuntos nos marca en ese sentido. En la muerte de personas cercanas, Dios nos está diciendo algo, nos llama la atención, y nos dice que un día también a nosotros nos llegará el turno de enfrentarnos ante Él. En la calavera que tengo a la vista en el Estudio, está grabado en la frente del cráneo: “fui lo que tú eres, serás lo que yo soy”. ¿De qué servirá nuestro paso por el mundo si no ha sido consagrado en cada instante a la Eternidad de Dios que es Amor, para brindarse caritativamente al prójimo?

Mapa del genocidio

SABER MORIR

Se muere como se ha vivido. ¿Qué diferencia a un armenio de un judío? Judío es una religión, una descendencia racial semita (de Isaac, a diferencia de sus primos descendientes de Ismael), y una nacionalidad ligada a la identidad religiosa. Los armenios también, porque armenio es un rito litúrgico, una descendencia común racial (caucásica armenoide), y una nacionalidad ligada a la identidad religiosa cristiana. Los judíos fueron el pueblo elegido por Dios en el Antiguo Testamento; los armenios son el pueblo elegido por Jesucristo para convertirse en la primer Nación Cristiana de la Historia; los judíos tienen apego por el dinero, los armenios saben ganarlo con mucha eficiencia; los judíos tienen la angustia de una vida inmanentista, los armenios tienen la Esperanza de la Resurrección en Jesucristo; los judíos consideran como mayor tragedia sus muertos durante la II Guerra Mundial, los armenios miran la vida con alegría al saber que las víctimas del silenciado genocidio atroz causado por los islámicos turcos otomanos ha sido motivo de muchos martirios de almas que hoy están en la Visión Beatífica de Dios tras haber muerto perseverando en la Fe hasta el último aliento.

Negacionismo turco del genocidio contra los armenios 1

El genocidio contra los armenios fue el primero del Siglo XX, es el único genocidio negado por los victimarios (ni siquiera minimizado o banalizado), además del primer genocidio científico de la Humanidad, fue el más cruel y sanguinario en el modo de ser llevado a cabo, y dio a la cristiandad numerosos mártires católicos. La diferencia entre un armenio y un judío, es que los armenios seguimos a Dios que nació como hombre en medio del pueblo judío y que fue el rabino que dejó el Evangelio: Jesucristo.

soldados turcos exhiben armenios notables degollados

La diferencia entre un judío y un armenio no es sólo racial. La diferencia está en la condición psicológica para asumir la tragedia de muertes numerosas de la propia identidad religiosa y nacional.

Quien vive en las Virtudes cardinales y Teologales, seguramente tendrá el don de saber morir con la confianza de que su alma se conducirá directamente hacia Dios. Quien vive una vida en el pecado, cambiando la Felicidad de Dios por todo aquello que ensucia el alma, será arrastrada irremediablemente a la angustia. El primero sabe morir, el segundo ya está muerto, porque el pecado es la muerte, y cuanto más grave es el pecado más aun se está muerto… aunque al espejo aparezca un cuerpo saludable.

Ante un espejo no se perciben las cualidades internas de la persona, del mismo modo que un cirujano jamás descubrirá las virtudes de su paciente escudriñando con camaritas sus órganos internos, incluso su cerebro o su corazón. Esa es la mirada materialista. “Muere joven, y serás un cadáver bello”, afirmaban los románticos alemanes que predicaban “vivir el momento” (el “carpe diem”). ¿Pero de qué servirá la belleza al cadáver, y por cuánto tiempo se conservará? Tal es el lema de quien vive en el pecado, de quien es un muerto que habla y camina. Sólo el amigo conoce qué es lo que hay dentro de tal paciente… y no hay persona más cercana ni más amigo que Dios mismo.

TESTIMONIO HASTA EL FINAL

Pero además hay otra forma de morir, y es la de quien por testimonio de Jesucristo halla la muerte, siguiendo el mismo final del Rey de los Judíos y del Universo entero por los Siglos de los Siglos. Ese es el testimonio de los mártires. Y al momento de analizar la vida de los mártires, quienes purgan todos los pecados en su misma muerte testimonial, se percibirá que algunos llegan a ese sublime momento como coronación de una vida de coherencia en la búsqueda de la santidad.

Imperio Armenio Tigranes

En el pueblo de Mardin en la provincia de Diarbakir (antiguamente llamada Dikranakert, capital del Imperio Armenio de Tigranes el Grande), los muertos durante el Genocidio Islámico Turco contra los armenios lo fueron en testimonio de Jesucristo. Antes de masacrarlos, había una afirmación previa: “islamizate, reconocé que Mahoma es el profeta y salvarás tu vida”, que recibía por respuesta ante la exigencia de apostasía: “si afirmo eso estaría diciendo una mentira, condenaría mi alma por toda la eternidad, todo lo que hay en el mundo no vale nada a cambio del destino de mi alma, no puedo renunciar al testimonio de Jesucristo como Hijo de Dios”. La consecuencia fue la muerte… y la posterior conversión de muchísimos de los asesinos que guardaron en su memoria el rostro de quienes morían con la Paz de Jesucristo con total serenidad enfrentando con gallardía la muerte (tras haber sido torturados muchas veces). No habían cometido delito alguno, ni siquiera contra las leyes del islam, sólo habían proclamado que no renunciarían a la Fe. Así murió también Mons. Ignacio Maloyan, el obispo armenio católico de Mardin, junto a todo el grupo de armenios católicos que lo secundaron. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?”, preguntan los Salmos de David.

Ignacio Maloyan BN

Este es el testimonio de los muertos. ¿Todavía quedan ganas de burlarse de ellos? ¿Todavía quedan ganas de burlarse de Jesucristo? Un día esas burlas se transformarán en angustia para los pérfidos y los apóstatas.

Jesucristo está en el último lugar donde lo hemos abandonado, esperando que volvamos a ser sus amigos. “Estoy a la puerta y llamo”, nos dijo. El golpea en la puerta de nuestro corazón para que lo abramos y habite como huésped por la Eucaristía. A cada instante nos llama.

Los infelices no entran al Cielo: sólo tienen lugar en el infierno. Y para ser Feliz, no hay más Camino que Jesucristo mismo. La disposición a ser un mero instrumento del Evangelio es propia, los méritos son de Dios.