Páginas

sábado, 3 de diciembre de 2011

LOS TRAVESTIS PODRÁN USAR UNIFORME FEMENINO EN LAS FUERZAS DE SEGURIDAD


La ministro Nilda Garré instruyó la medida a los Jefes de la Policía, Gendarmería, Prefectura y Policía Aeroportuaria. Insta a "reconocer y respetar a las personas de acuerdo a la identidad adoptada". La funcionaria Natalia Federman dijo que hay varios integrantes que habían planteado una preocupación al respecto. (NOTA: Lo que no se aclara es si la preocupación consiste en que se haga realidad la disposición, o cuánta es la cantidad de “varios” referida, es decir, si son 2 o 3).

A partir de la Resolución N° 1181/2011 con fecha 25 de noviembre de 2011, las personas "trans" deberán ser reconocidas por la identidad de género adecuada a su percepción, tanto en el trato personal como para cualquier tipo de trámite, comunicación o publicación al interior de las Fuerzas.

Con el fin de respetar el "derecho a ser quien se es", Garré instruyó a los Jefes de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria a dar un trato acorde a la identidad autopercibida a las personas que así lo soliciten.

Cuando un/a integrante de las Fuerzas desee realizar la adecuación registral del género, deberá solicitarlo al Centro Integral de Género de la institución que forma parte y, desde allí, se estipularán las condiciones de trabajo adecuadas.

A tal efecto, se tendrá en cuenta su vestimenta y uniforme, la utilización de las instalaciones diferenciadas por sexo (baños, vestuarios), la asignación de tareas que correspondan según su identidad, etc.

La directora de Derechos Humanos del Ministerio de Seguridad, Natalia Federman, explicó en Radio 10 que la decisión se adoptó luego de que varios integrantes de la fuerzas plantearan su decisión de cambiar de sexo.

“No son muchos los casos, pero los hay. Nos han llegado casos de miembros que han pedido algún tipo de asesoramiento. Y  a partir de los diferentes reclamos fuimos delineando estos movimientos y buscando ejemplos internacionales. No hay muchos. Encontramos uno en una policía comunitaria de Gran Bretaña. Buscamos distintos modelos e implementamos este”, explicó.

Esta resolución implicará que los integrantes de la fuerzas puedan usar el nombre por el cual se autoperciben y realizar las tareas que habitualmente desarrollan las personas del sexo con el cual se identifican.

En ningún caso se exigirá cirugía de reasignación sexual ni tratamiento hormonal para la concesión del trámite.

En relación a las personas trans ajenas a las Fuerzas dependientes del Ministerio, Garré estableció directivas para que el personal de las Fuerzas respete el género y nombre de pila adoptado por ellos o ellas.

El alojamiento de personas trans en dependencias policiales se realizará en la celda correspondiente según el género autopercibido que la persona detenida informe, al igual que el uso del resto de las instalaciones diferenciadas por sexo en las dependencias.

En el caso que el/la detenida/o entienda que existe un riesgo potencial para su integridad personal,  si en el momento de informar su género no se identifica con ninguno del binomio masculino/femenino, podrá solicitar ser albergada/o en una celda separada


Fuente: Infobae

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN. EL GIRO DE 180º DE LA TEOLOGÍA CATÓLICA


 La última cena interpretada por la "teología de la liberación"



La “teología de la liberación” es hija de la “teología política” de Johannes B. Metz. “El impulso decisivo para la formación de la teología de la liberación vino de Europa” escribe G. B. Mondin, ya que dicha teología no fue más que “una adaptación a las condiciones sociopolíticas de Hispanoamérica, de la teología política que Metz y Moltmann habían elaborado para Europa desde finales de la década de los sesenta. Ciertamente, los teólogos de la liberación, que habían tenido una formación teológica sustancialmente europea, como Gutierrez, Assmann y Boff, no podían dejar de estar al corriente de lo que en aquellos años se había convertido en la orientación teológica más afamada e influyente” (1).

EL PRIMADO DE LA ACCIÓN

Hispanoamérica vivió en los siglos XIX  y XX, una era de dependencia política y económica respecto de los países más industrializados, sobre todo en relación con los EE. UU. de América. Tampoco la progresiva industrialización de América del Sur, después de la crisis de 1929, la liberó de su condición de dependencia, casi colonial, respecto de Norteamérica. Se hizo sentir asimismo en el subcontinente sudamericano, en la década de los sesenta, una oleada de desarrollo (sobre todo bajo la presidencia de J. F. Kennedy) conocida como “la alianza para el progreso”. Se esperaba que las alianzas hechas in situ por los países industrializados mejorarían las condiciones de la América Hispana.  “Con todo, se echó de ver muy pronto que las distancias (que los separaban de los paises desarrollados) aumentaban, en vez de disminuir y que as inversiones extranjeras, aunque por un lado mejoraban rápidamente las condiciones de vida, por el otro, originaban más dependencia” (2). La “teología de la liberación” nació en medio de este estado de cosas.

El cristianismo social, o democristianismo, había sostenido un “desarrollismo” que, a pesar de todo, no había dado los frutos apetecidos o, mejor dicho, había acentuado la dependencia hispanoamericana. Entonces asumió el leadership (el liderazgo), incluso en el ambiente cristiano moderado o democristiano, el modelo revolucionario comunista al estilo cubano-castrista. El cristianismo, de social que era se volvió socialista, se alineó al ralo de la revolución comunista, y hasta curas y frailes se unieron a grupos guerrilleros en algunos casos, como p. ej., el padre Camilo Torres, a quien las tropas gubernamentales dieron caza en 1965 después de buscarlo con ansia.

En Ginebra, en 1966, la Conferencia del Consejo Mundial de las Iglesias llamó a escena a las nuevas voces de la teología sudamericana, o teología de la liberación, para que hablasen sobre el tema Iglesia y sociedad. La segunda Conferencia General del Episcopado Hispanoamericano, que se celebró en Medellín (Colombia) (3) en 1968, desarrolló los contenidos de la encíclica Populorum Progressio, de Pablo VI, usando explícitamente, por vez primera, el concepto de “liberación” para denotar la solución que la teología católica daba a los problemas sociales. Nació entonces formalmente la “teología de la liberación” propone el primado de la praxis sobre la teoría. Esta inversión del método es la novedad esencial de la “teología de la liberación”: no es el pensamiento, la reflexión, lo que da luz a la acción, sino que la acción, la praxis procede, produce y acompaña a la reflexión teológica; es una teología que va de la praxis a la “liberación”: “De la praxis viene un nuevo pensar teológico, y es en la praxis donde éste tiene su ámbito propio de verificación” (4).

Los representantes más conocidos de la “teología de la liberación” son Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff.

GUSTAVO GUTIÉRREZ

Gustavo Gutiérrez

Nació en Lima (Perú), en 1928. Estudió filosofía en Lovaina (Bélgica) entre 1951 y 1955, y cursó teología en Fourviére (Lyon) entre 1955 y 1959. Se ordenó sacerdote en 1959 y enseñó teología, desde 1960, en la Universidad Católica de Lima. Participó en 1968, en la Conferencia Episcopal de Medellín, en la que contribuyó de manera fundamental a la elaboración de sus documentos. Escribió Teología de la liberación en 1971, que constituye el libro fundamental de esta corriente teológica. Según el autor, la teología no es teoría, sino acción; es la reflexión que acompaña o, por mejor decir, que sigue a la praxis revolucionaria, interpretándola a la luz de la palabra de Dios. La teología especulativa entera no vale lo que un solo acto revolucionario.

Al decir de Gutiérrez, la teología sudamericana es unitaria, pero sigue varias etapas:

1) La “liberación económica” que es sinónimo de revolución: en cuanto ruptura con el pasado, la “liberación” es, sin falta acción política revolucionaria.

2) Sigue la “liberación histórica” del hombre, que se vuelve dueño de su destino y construye una nueva sociedad.

3) Viene a continuación la “liberación utopista”, que denuncia el orden existente y anuncia con una esperanza toda terrenal, el orden “nuevo” venidero (el “aún-no de Metz).

4) La última etapa es la “liberación del pecado”, que significa entrar en comunión con Dios y los demás hombres. Con eso y todo, la salvación del pecado no le viene al hombre de fuera, como don de Dios sino que es intrínseca a la acción revolucionaria humana.

Este cuádruple proceso es indivisible, como que no hay liberación del pecado sin liberación económica revolucionaria, histórica y utopista. La utopía o esperanza mundana es, pues, el cemento de todo este proceso.

La Congregación para la Doctrina de la Fe envió a la Conferencia Episcopal Peruana, en 1983, diez observaciones sobre la teología de Gustavo Gutiérrez, el cual respondió con evasivas y renunció a ocuparse de la “liberación” en lo sucesivo.

LEONARDO BOFF

Leonardo Boff

Nació en Concordia (Argentina), en 1938. Entró en la orden franciscana. Estudió filosofía en Paraná y teología en Rio de Janeiro. Luego se especialió en teología dogmática, en Münich de Baviera, bajo la guía de Rahner. Su obra más conocid se titula Cristo liberador, publicada en 1972. En ella brinda algunos contenidos cristológicos a la lucha por la liberación: “Boff, no sin tomar por referente a Teilhard de Chardin más de una vez, presenta a Cristo de una manera tal, que muestra en él la convergencia plena de lo divino y humano” (5). Así como el “Cristo cósmico” de Teilhard es el hombre que se hace Dios, así y por igual manera la “lucha por la liberación” es una acción o praxis revolucionaria humana que libera incluso del pecado y diviniza al hombre. Y así como el “Cristo cósmico” es el punto omega o la anticipación del futuro (el aún-no de Metz), el último estadio de la evolución creadora, así también la “teología de la liberación” es el principio y término de una evolución en la que se da al hombre la apertura a una vida nueva, plenamente libre.

La Asamblea Eclesial de Puebla (6), que se celebró en los años 1979-1980, no constituyó, en opinión de los teólogos de la liberación, una reprobación de dicha teología sudamericana, como piensan de ordinario los teólogos europeos, sino una confirmación y una universalización de la misma: “Lo que se criticó allí, particularmente en los discursos del Papa Juan Pablo II, que sonó en Europa como una reprobación de la teología de liberación, fue, en dictamen de los teólogos de la liberación, lo que rechazaba la inmensa mayoría de los propios teólogos sudamericanos: una reducción ideológica  de la teología de la liberación, que es, por el contrario, la que se practica en Occidente. En cambio, salió incólume y confirmado el compromiso de los teólogos de reflexionar al lado de una comunidad cristiana que lucha por su propia liberación” (7).

La Congregación para la Doctrina de la Fe convocó a Boff, en 1984, debido a las tesis expresadas en su libro: Iglesia: camino y poder, en el que impugnaba el uso de la autoridad por parte de la Iglesia porque, según Boff, las estructuras de dicha autoridad sofocan los carismas. La Congregación para la Doctrina de la Fe censuró dicha obra y obligó a Boff a guardar un año de silencio, pasado el cual reanudó su polémica contra la Iglesia. En 1995, después de cohabitar por mucho tiempo con su secretaria, Boff dejó el ministerio sacerdotal por el estado seglar y se trasladó a Río de Janeiro. ¡Así es como la “teología de la liberación” libera del pecado!

LAS “TEOLOGÍAS” POSTMODERNISTAS DEL “TERCER MUNDO”

El Padre Battista Mondin escribe que “puede considerarse que 1965, año del final del Concilio Vaticano II, fue para la historia de la teología una fecha que marcó “un antes y un después” (Storia della Teología, Bolonia: ed. ESD, 1997, vol. IV, pág. 664).

En efecto, la teología pierde su carácter especulativo a partir de tal fecha y adquiere una inflexión eminentemente práctica, a tenor de la pendiente del concilio, que fue “pastoral”, no dogmático: “la orientación hacia “la praxis” y la “inculturación es la característica principal de la teología de los años 1965-1995. “Proxología e “inculturación” son dos aspectos del gran viraje antropológico que se verificó en la teología de dicho periodo”. (B. Mondin, ibidem, pág.665). También Marcel de Corte escribe que los “padres conciliares hicieron que el concilio se ladeara hacia la “acción” (…). Por eso el concilio quiso ser pastoral, a diferencia de los precedentes”, y “no proclamó ningún dogma” (L´intelligenza in pericolo di morte, ed. Volpe).

En efecto, la teología pierde su carácter especulativo a partir de tal fecha y adquiere una inflexión eminentemente práctica, a tenor de la pendiente del concilio, que fue “pastoral”, no “dogmático”: “La orientación hacia la “praxis” y la “inculturación” es la característica principal de la teología de los años 1965-1995. “Praxología” e “inculturación” son dos aspectos del gran viraje antropológico que se verificó en la teología de dicho periodo” (B. Mondin,ibidem, pág. 665). También Marcel de Corte escribe que los “padres conciliares hicieron que el concilio se ladeara hacia la acción” (…). Por eso el concilio quiso ser pastoral, a diferencia de los precedentes” y “no proclamó ningún dogma” ( L´ intelligenza in pericolo di morte, ed. Volpe).

Se trata de una línea de pensamiento que el Padre Gabriele Roschini llamaba “bolchevismo teológico”. Mondin sigue explicando que el objeto de la teología postconciliar ya no es Dios, sino la “nueva humanidad que adquirió carta de ciudadanía en el mundo civil en los pasados decenios: el negro, la mujer, el africano, el indio y otros más” (loc. cit.). El padre Cornelio Fabro escribió La volta antropológica di Karl Rahner (Milán, ed. Rusconi, 1974); hoy debería escribir sobre el giro de ciento ochenta grados dado por la teología católica.

La “teología de la mujer”, nacida en Norteamérica, es una auténtica teología feminista en la que la mujer constituye el objeto formal del quehacer teológico.  De ahí que la revelación se interprete a la “luz” de la mujer que se emancipa del hombre. Esta “teología” pone en tela de juicio toda la teología tradicional porque no estudia ya a Dios en su divinidad, sino que lo ve todo en sub specie feminitatis (desde el punto de vista de la feminidad). Comprende dos momentos: a) la “parte negativa”, en la que se “desmasculiniza” la revelación divina y el mismo concepto de Dios, como si Éste fuera un hombre, no un espíritu purísimo; b) la “parte positiva”, en la que se promueve la valoración de la mujer en el seno de la Iglesia y del sacerdocio (8).

Jesús según la "teología negra"

La “teología negra” (black theology) es la “teología” de los negros que viven en estado de segregación racial, en los Estados Unidos más que en África. El Padre Mondin la define como “una teología de la liberación negra”. Algunos teólogos negros de los EE. UU.  de América hicieron suya la “teología de la liberación” sudamericana y la aplicaron a la degradación que vivían los negros en Norteamérica antes de 1968 (9).

“La especificidad de la teología radical estriba en el silencio de Dios o “muerte de Dios”; la de la teología política, en la componente pública de la fe cristiana; la de la teología de la esperanza, en la esjatología (mundana) y en la filosofía “blochiana” de la esperanza (terrenal); la de la teología de la liberación, en el mysterium paupertis (el “misterio de la pobreza”)” (10). Pero todas esas “teologías” tienen un mismo hilo conductor: el inmanentismo. “Mientras los años sesenta y setenta estaban dominados por el tema de la “secularización”, y los ochenta por el tema de la “liberación”, los noventa fueron testigos de la atención cada vez mayor que la Iglesia y los teólogos prestaban al de la “inculturación (…) a la tentativa de insertar el Evangelio en la cultura moderna” (11) e “inmanentizarlo” así por completo, según querían Feuerbach y Bloch.

sí sí no no Marzo 2011

Notas:

1) B. Mondin, Storia della teologia, cit, pp. 718-719.

2) F. ardusso, La teología contemporánea, cit., p 566.

3) Las actas de Medellín se compilaron en 1968, en dos volúmenes que editó el CELAM de Medellín-Bogotá.

4) F. Arduosso, op., cit., p. 567.

5) op. Cit., p. 570.

6) Las actas de Puebla se recogieron en: Puebla. La evangelización en el presente y en el futuro de Latinoamérica.

El padre Battista Mondin escribe: "Se pueden distinguir al presente, tres fases de la historia de la teología de la liberación, las cuales pueden vincularse a las tres grandes conferencias episcopales de la iglesia hispanoamericana: Medellín (1968), Puebla (1980) y Santo Domingo (1992). Medellín marca el inicio de la fase de la creatividad. Puebla da la señal de salida a la fase de reajuste, en especial debido a las intervenciones de la santa sede con las instrucciones Libertatis nuntius y Libertatis conscientia, de 1986. En Santo Domingo (1992), después del derrumbe de la ideología marxista, se comprueba la superación definitiva de la teología de la liberación tal y como había sido proyectada y elaborada sistemáticamente a partir de la praxis interpretada en cave marxista. Dicha teología se agota y camina necesariamente hacia la disolución" (Mondin, op. cit., Bolonia: ed. ESD, 1997, vol. IV., p. 720).

7) F. Ardusso, op. cit., p. 592.

8) sus representantes en Italia son Adriana Zarri (Impazienzi di Adamo) y Adriana Valerio (Cristianesimo al femminile).

9) James Hal Cone, Teología nera della liberazione, Turín: ed. Claudiana, 1973; Major J. Jones, Christian Ethics for Black Theology, Nasville, 1974; James Deotis Roberts, A Black Political Theology, Philadelphia, 1974; Manas Bouthelezi, Black Theology. The Sout-African Voice, Londres, 1973; Allan Aubrey Boesak, A Socio-Ethical Study on Black Theology and Black Power, New York, 1977; D.M. Chenu, Le Christ noir américain, París, 1984; del mismo autor, Teologi dei teri mondi, Brescia, 1988. En italiano se pueden consultar las siguientes monografías:

R. Gibellini Teologia Nera, Brescia: ed. Queriniana, 1978; AA. VV., Teologie dal terzo mondo: teologia nera e teologia latino-americana, Brescia: ed. Queriniana, 1974.

10) B. Modin, op. cit., p. 724.

11) op. cit., ibidem, p. 798.
Fuente: http://eccechristianus.wordpress.com/2011/11/30/la-teologia-de-la-liberacion/