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sábado, 13 de abril de 2013

LA GRAN BATALLA CONTRA EL POPULISMO




Por Mario Cadenas Madariaga



Los tres proyectos de leyes para “democratizar” la justicia enviada por CFK al Congreso  es un combate más en la vieja batalla del populismo contra el sistema republicano en la Argentina.

Por su gravedad, esta vez ha alcanzado a unir en un arco opositor a todos los partidos disidentes con el oficialismo. En realidad es la segunda vez que se logra excepcionalmente esta reacción, siendo la anterior la oposición a la reelección presidencial.

Hay dos estrategias básicas en la oposición y el oficialismo.


El oficialismo se funda en el predominio del concepto de la democracia entendido como el gobierno de  la mayoría y la oposición se juega por la defensa de la república, que garantiza la división de los poderes, el derecho de las minorías y de las garantías individuales.  

Como en toda democracia las decisiones son tomadas por la mayoría, el sistema político le da una ventaja importante a la democracia sobre la republica.

Los límites de la republica al sistema democrático se fundan en definitiva en una gran cultura política de la mayoría que acepta por razones de interés general, tales contenciones a su voluntad.

¿Pero qué sucede en aquellas democracias, donde la cultura política de las mayorías no es muy relevante, y están movilizadas por un fuerte resentimiento derivadas de condiciones de vida realmente muy bajas, alimentadas por la desigualdad que se percibe frente al mayor nivel de vida de las minorías?

Este es el dificilísimo desafío que debe enfrentar la oposición frente a los populismo latinoamericanos.


Desde 1945 y 1983, el sistema político argentino evolucionó hacia el populismo.  

El menoscabo del sistema republicano comenzó claramente desde  1945, pero no se detuvo desde 1983 a la fecha.

Las intervenciones militares tuvieron el defecto de interrumpir la continuidad constitucional de los gobiernos, pero no fueron populistas, en la Argentina, con excepción del final de la de 1943. Más bien fueron  una reacción contra los populismos.    

Desde 1983 a la fecha, sobre una alianza básica entre las fuerzas políticas predominantes, se dieron pasos decisivos a favor de una creciente deformación populista de nuestro sistema político.  Su manifestación sobresaliente fue la reforma constitucional de 1994, sobre la base de un proyecto común de los dos grandes partidos.

En esa reforma las principales contribuciones al afianzamiento del populismo fueron primero la elección directa del Presidente de la Nación, porque se acentuó su predominio político al ser la única magistratura que tiene una base electoral tan amplia, todo en perjuicio de un colegio electoral de raigambre federal, que rige aún en EEUU, la republica paradigmática. La segunda fue la admisión de los decretos de necesidad y urgencia, es decir la facultad de dictar leyes al Poder Ejecutivo.

A su vez la sustitución del Tribunal de Cuentas por la Auditoria General de la Nación  y en especial la creación de la Sindicatura General de la Nación, la institución actual  más importante en el contralor, cuyos miembros son elegidos por el Poder Ejecutivo Nacional, es una burla a todo el sistema racional de contralor.

Las delegaciones de poderes del Congreso al PEN aportaron una contribución importante en el mismo sentido. También la reducción de la participación de la provincia de Buenos Aires, en la coparticipación de los impuestos,  fortaleció el PEN a costa del federalismo.
Así se operó la destrucción progresiva del sistema republicano en la Argentina.


Se debe cambiar totalmente la estrategia de la oposición.  


Para ello debemos tener en cuenta que la gran batalla se va librar dentro de las reglas de la democracia y solamente se puede ganar si alcanzamos el apoyo de la voluntad de la mayoría. Para esto se debe cambiar radicalmente la estrategia de la oposición.

Comencemos por preguntarnos ¿dónde están los intereses de la mayoría en una nación como la Argentina, económicamente subdesarrollada, con sólo 11.500 dólares de ingreso por habitante? ¿Dónde están esos intereses cuando dicho ingreso se distribuye entre diez categorías, y entre la más baja y la más alta hay 26 veces de diferencia y el 60 % está por debajo del promedio?

Esas mayorías en cuyas voluntades está la suerte del país, es lógico pensar que van a valorar más los programas que las saquen de tales condiciones de pobreza y en la opción entre tales programas y temas institucionales  como  la reelección presidencial o la independencia del poder judicial, es probable que opten por los primeros.

Hay un grave error político en la oposición.


Un importante político opositor dijo ayer que es hora que el pueblo salga a la calle a defender las instituciones. Esto significa que para él la dirigencia opositora ha hecho todo lo que debía y podía hacer en defensa de esa calidad institucional.

Sin perjuicio de las responsabilidades compartidas en los errores  cometidos con anterioridad, esa apreciación con vistas al futuro, es un grave error político porque  concede una enorme ventaja al oficialismo, y no es conciente de las omisiones de la dirigencia de la oposición.  

El error de la oposición es creer que se pude ganar en una democracia latinoamericana con la bandera de la defensa de las instituciones republicanas,  y el acierto del populismo es centrar su campaña en las cuestiones sociales.

Desde 1945 a la fecha hubo trece elecciones presidenciales en las que el populismo ganó once veces y la oposición solamente dos y en una de ellas porque el populismo se había dividido. ¿No es una experiencia suficientemente ilustrativa  para modificar la estrategia?


Por esos errores el populismo triunfa aunque empobrece.  


En la Argentina, en los últimos setenta años, hemos retrocedido de una posición en el ranking mundial de las naciones, del once lugar, a una posición entre el 50 y el 60 lugar por el ingreso per capita. En el comercio mundial hemos bajado nuestra participación  del 2,8 % al 0,4%. De haber superado al Brasil en potencialidad económica de 1900 a 1950, actualmente somos cinco veces inferior.

Es realmente casi inexplicable que frente a esta realidad haya ganado siempre el populismo que es el gran responsable de esa decadencia. Esto solo se puede explicar por graves errores cometidos por la oposición.  
  
El ejemplo contrario lo tenemos en Europa Occidental en la evolución política de Alemania e Italia, las que después de sufrir el dominio político del nazismo y el fascismo, consagrado en elecciones por fuertes mayorías, partiendo del horrible piso dejado por la guerra crearon muy prósperas y sólidas democracias, debido a lo cual no volvieron aquellos populismos.

Alemania en particular después de 1945, tenía múltiples razones para reaccionar como lo había hecho después de 1918, pero la alta calidad de su dirigencia hizo que se convierta en la potencia más rica de Europa, y se reunifique territorialmente.  

El secreto de la política es crear riqueza y distribuirla con equidad, además de dar las mejores instituciones.

La Argentina puede transformarse en una gran potencia mundial si modifica radicalmente su política actual, proporcionando a nuestro  pueblo un alto nivel de bienestar, con una notoria mayor equidad y dentro del sistema republicano.

Es la materia que trato en mi libro “Argentina la Gran Transformación Necesaria”, que presento el martes 16 de abril a las 18,30 en el Jockey Club de Buenos aires, Alvear 1345, Salón Francés, auspiciado  por la Academia Argentina de Asuntos Internacionales, acto al que invito a mis lectores, para terminar de explicar este tema y poder discutir seguidamente las propuestas de cambio.  

Martínez, 13 de abril del 2013.