Páginas

viernes, 25 de octubre de 2013

CAPITALISMO NARCO Y EL FUTURO DE LA ARGENTINA


Fuente: Síntesis de la nota de Carlos del Frade, publicada en revista "Malas Palabras", Año 4 N° 21 de octubre 2013.

Las fuerzas de seguridad esclavizan a muchos menores de edad y les dicen que si no venden drogas o roban les va a pasar lo mismo que a Luciano Arruga: los terminarán matando.
En Córdoba se cumplieron 22 años del asesinato del ex senador provincial, Regino Maders, que denunció, allá por 1991, que la droga era repartida en las camionetas de la Empresa Provincial de la Energía con absoluto conocimiento del poder político de entonces. En la actualidad no se puede ocultar la relación de las mafias con estamentos gubernamentales y policiales.
Enfrentar al narcotráfico es enfrentar al capitalismo. La presidencia de Richard Nixon decidió crear el Departamento Antinarcóticos del Estado norteamericano el primero de julio de 1973. Durante los años sesenta, el gobierno estadounidense impulsó, en primera instancia, el consumo de cocaína con la idea de alentar el heroísmo para ir a Vietnam; luego, a medida que avanzaba la guerra y las derrotas, la administración estatal generó la difusión de la marihuana para apaciguar los ánimos. A fines de los años setenta, Estados Unidos tenía 36 millones de consumidores y el mercado era manejado por los carteles colombianos: los rodríguez Orejuela, de Cali, y Pablo Escobar Gaviria, de Medellín.
A finales de los años ochenta, la DEA, junto al Comando Sur del Ejército imperial, promovieron la ofensiva final contra esos carteles. El grueso del dinero de los consumidores norteamericanos y del derivado de la exportación hacia Europa debía pasar por la dirección inventada por Nixon.
Fue el momento de buscar una ruta alternativa, una plataforma de exportación distinta que llevara la cocaína y otras sustancias hacia Europa.
Surgió la geografía del segundo productor de éter a nivel mundial, este elemento químico que transforma la hoja de coca en cocaína, y ese país es la Argentina. Eran los primeros tiempos del menemismo.
El país de los años setenta era un espacio donde todavía eran posibles ciudades obreras, ferroviarias, portuarias e industriales. A mediados de los años noventa ya no quedaba casi nada de aquello.
Las llamadas reconversiones industriales fueron saqueos de las identidades barriales. El rubro servicio reemplazó al industrial y miles de chicas y chicos se quedaron sin empleo y, por lo tanto, sin futuro.
En la primera década del tercer milenio, los ex barrios trabajadores mutaron en zonas rojas en las tres grandes ciudades: Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
Cuando el 6 de setiembre de 1991 fue asesinado Regino Maders, su familia denunció que se trató de un crimen estructural y que detrás del matador estaban las relaciones del gobierno de Eduardo Angeloz con el narcotráfico y los reciclados policías de los tiempos de la dictadura.
En Córdoba, en estos días, el ministro de Seguridad, Alejo Paredes, y el jefe de la policía provincial, Ramón Frías, renunciaron como consecuencia de conexiones de sus subordinados con el narcotráfico.