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miércoles, 12 de febrero de 2014

CAMPAÑA ELECTORAL 2015.


En la foto: El Dr. Pablo Bruera, intendente de la ciudad de La Plata, en unacto comicial infantil.

Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Ávila (LMGSM 1 / CMN 73)


El acortamiento de los mandatos y las "primarias", resultado de la reforma constitucional de 1994, hacen que la sociedad esté sometida a la presión proselitista partidaria constantemente- Ello crea un clima de incertidumbre permanente, desgasta a los políticos, motiva dudas sobre los gobernantes y descalifica a los opositores, en un ambiente difícil que puede tornarse en violento  e incontrolable. Sin embargo, esta es la realidad actual que la sociedad vive en un nuevo episodio de esta metodología sin fin adecuado.


        La campaña electoral 2015 en Argentina comenzó al terminar el escrutinio de las PASO 2013. Las PASO mostraron al oficialismo que no podría modificar la Constitución Nacional para una "nueva elección" del Presidente de la Nación y a la oposición que individualmente no alcanzarían su aspiración de ser "alternativa". El resultado de la votación fue que, si bien la oposición aparece como ganadora, ello no significo que el oficialismo haya sido derrotado, pues mantuvo su iniciativa operativa. Esta situación ha trasladado el tema electoral al año 2015 y, cada fuerza política (por no decir cada postulante individualmente)  inicio sus acciones para lograr el mejor posicionamiento para aquella oportunidad. Es evidente y lógico que el oficialismo, por el hecho de ser gobierno, mantenga la "iniciativa", y la oposición comience la búsqueda de una "postura" común. La realidad de una comunidad en crisis, a su vez, despierta, encuentra y activa problemas acumulados que, al detonar,  imponen  el oficialismo optar por "resolver", con un determinado "costo político",  o "postergar", para  que sean  sufridos y a cargo de sus sucesores. Sin embargo, como subsiste en el oficialismo la posibilidad de "continuar" (metodología "Putin”), le sería conveniente dar solución a los problemas. Esta cuestión, lógicamente, es de interés  también de la oposición, por lo que el tema "costo político", si fuera compartido, pasa a ser determinante. Si se lograra un "acuerdo oficialismo/oposición" (Pacto de la Moncloa), la solución tendría un principio de concreción, pero, dada la magnitud de algunos temas y sus consecuencias en el futuro, es poco probable que los opositores acepten ser parte actual, por lo que, seguramente,  dejaran   ello solo al oficialismo. Este escenario se hace complicado, conflictivo y de dudosa acción, pues los problemas son graves y su solución requiere un tiempo que supera lo en este momento disponible. Esta realidad muestra que las reformas del año 1994, en lugar de mejorar la "gobernabilidad", se han convertido en un nuevo inconveniente, ya que todo acto requiere cierto tiempo para su maduración, lo que, al no lograrse, todo se hace en la coyuntura.

    Todos sabemos que los problemas de Argentina son de origen político, quizás  hasta diríamos "ideológico". Si bien se concretan como económicos o culturales, hasta en momentos éticos o morales, por ello si se encuentra la salida a lo primero, se estima lograrlo en sus consecuencias. La historia del país muestra que, en repetidas oportunidades, las crisis fueron "asoladoras", pero también, que existe una base de poderosa "reacción". Este potencial favorable, también es negativo, pues lleva a un constante desbalance, cambiando rumbos, motiva pérdida de oportunidades o  esfuerzos y, consecuentemente, ser un permanente estado fallido pues cambia y se modifica en una peligrosa constante que nos convierte en una comunidad imprevisible e insegura.

    En este proceso, la clase política es la que tiene la posibilidad y la responsabilidad de atender la cuestión. Ella no debe olvidar, que su inacción,   puede "activar"  la aparentemente pasiva sociedad o bien despertar acciones en el exterior, dado, esto último, a la "globalización" y sus efectos parciales concurrentes. El peligro de perder la "autoridad" está latente. Ya se presentó en los últimos gobernantes, que tuvieron que dejar sus cargos antes de finalizar sus mandatos. La experiencia  descarta los "golpes de estado" clásicos, pero no las "operaciones de desestabilización". Es de tener en cuenta, conforme se observa en el exterior, que si "se tensa la soga", pueden aparecer  grupos extremistas con virulencia y crueldad, hasta con violencia armada. La responsabilidad de la clase política argentina, en su rol de representantes institucionales de la comunidad, tiene que ser aplicada, mostrada y ejecutada, ya que, si no lo hacen, podrían ser desbordadas. En los recientes  episodios originados, como consecuencia del "·abandono" de la seguridad policial, se mostraron actos  fuera de control, que no tienen explicación lógica, ya que destruyen las bases del raciocinio ciudadano. Estos episodios, mostraron la ruptura de la solidaridad vecinal y crearon dudas sobre la honestidad real de personas de niveles sociales que se consideran sanos y efectivos, un real drama comunitario.

   No es fácil sugerir soluciones y resulta atrevido dar pautas para ello. Para que se muestren soluciones, tiene que haber un real sinceramiento de los políticos, tanto oficialistas como opositores. Los oficialistas deben comenzar por reconocer que existen problemas que los han desbordado y que la solución deberá partir de un renovado enfoque del tratamiento de los mismos. Los opositores tienen que encontrar la forma de actuar unidos, ya que integrados es algo imposible. Los opositores podrán acordar objetivos comunes, pero sus plataformas, evidentemente,  los llevaran a que no tendrán una misma metodología para alcanzarlos. Las PASO 2015 podrían ser la "interna conjunta" de la oposición que ha aunado objetivos, aceptando que el más votado, tendrá la responsabilidad de ser el gobierno. 

      El país tiene que transitar dos años para su nueva definición electoral. El mismo no debe quedar "a la deriva", la solución esta y tiene que estar en los políticos (oficialismo y oposición). Ellos, tienen la representación de la ciudadanía, y, por tanto, obligación de encontrar soluciones. Hasta ahora solo se escuchan acusaciones. La sociedad siente que las propuesta 2013 han sido solo fachadas  electorales. La comunidad vive y sufre un aparente abandono, lo que significa un desgaste que materializa un mal inicio de la campaña electoral del 2015. Quizás ha llegado el momento de recordar en cuanto se ha transgredido el art 1 de la CNA (Forma de gobierno) y, rescatando la "representación federal", se vuelva a encontrar en los coprovincianos a los vecinos aptos para recrear en ellos a  aquellos gobernantes que en el pasado supieron dar éxito, progreso y bienestar. Este accionar, hoy olvidado, podría ser la matriz renovada de esta campaña electoral tras el 2015, en cuyo resultado, tanto confiamos los argentinos en nuestro presente.