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martes, 29 de noviembre de 2016

LOS CONCEBIDOS FALLECIDOS: OMITIDOS POR MUCHOS ...



Por Emilio Nazar Kasbo

El "freudianismo" con su "Tánatos" ha convertido la muerte en un "tabú", al igual que toda la Moral surgida del Evangelio. Bajo la óptica de Segismundo Freud (Froid pronunciado en castellano) y de sus seguidores, toda la vida virtuosa resulta invertida: lo moral es "represión" y "moralina", mientras que todos los excesos son considerados una "liberación", a la vez que trata como "tabú" a toda la sexualidad, banalizando incluso la muerte a la cual él llama "Tánatos".

UN VERSO GRIEGO
Froid se inspiró en la mitología griega, en Thánatos, que significa "muerte", como personificación de la muerte sin violencia, de la muerte suave, tranquila.
Segismundo era un mal lector de los autores griegos, en particular de la mitología y de Sófocles, para "descubrir" el natural apego de los hijos varones a la madre (a lo cual él llama "complejo de Edipo" como si fuese algo antinatural, aunque lo antinatural eran las intenciones de Froid), y el natural choque entre la personalidad entre mujeres dado entre madres e hijas (a lo cual él denominó "complejo de Electra"). Todo son complejos, no hay nada simple, todo retorcido en la mente del fundador del psiqueanálisis moderno... un psiqueanálisis que niega su propio objeto: la psique, es decir, el alma. Toda una contradicción.
Ese es el marco de sus propias aberraciones, contagiadas a todo el infructuoso método inventado por él, método que se basa en la introspección para el reconocimiento de "traumas" del pasado que "liberan" el subcosciente y el inconsciente para hacerlos florecer en la conciencia de modo "curativo. No existe un solo caso que pueda atribuir una curación a este método, que por otra parte carece de demostración científica, ya que la relación entre el método y una curación debe ser evidente. En efecto, un tratamiento requiere de un diagnóstico, de una terapia y de un procedimiento curativo, y el psiqueanálsis carece de ello, porque sus diagnósticos no son predictivos, y carecen de principios generales (excepto los principios aberrantes y antinaturales bases de su especulación), su terapia no acredita científicamente ni una sola curación por la metodología utilizada (a no ser una arbitraria interacción entre paciente y psicólogo que no resulta suficiente para atribuir la curación eventual a ello), y carece de un procedimiento curativo eficaz, fruto de su falta de sustento científico.

CIENCIA DE LA DEGENERACIÓN
Ese señor degenerado cocainómano a quien los científicos actuales rinden tributo llamándolo el "padre del psicoanálisis", tras el paso de los años y al darse cuenta que en algún momento llegaría el final de su vida, incorporó como fuerza vital además del hedonismo (al cual llamaba Eros), a la muerte. Y en su literatura -me resisto a llamar "tratado científico" a los escritos de este "pensador" errado- agregó a los complejos de Edipo y de Electra el de Thánatos (nombre posfroidiano asignado a esta "pulsión de muerte"). Según la mitología griega, Thánatos era el genio alado que acudía a buscar los cuerpos de los que habían fallecido, cortaba un mechón de sus cabellos para ofrecer como tributo a Hades y se llevaba sus cuerpos al mundo de los muertos.
Ya sé que llegado a este punto, todos los psicólogos psiqueanalistas estarán saltando a tres metros de altura de sus asientos, cuestionando lo que acabo de escribir. No se preocupen, no van a perder clientes porque la mayoría de la gente les sigue haciendo caso a ustedes, porque la gente ha dejado de pensar. Porque además, claro, ustedes son las personas menos neuróticas que pueden establecer el grado de neurosis o de psicosis de los demás... con toda la autoridad legada por el fundador de su método que genera dependientes vitalicios.
Sí, la muerte forma parte de los verdaderos tabúes impuestos por esta anticultura en que nos vemos sumergidos en contra de nuestra voluntad. Me refiero a esa minoría de los que rechazamos esa anticultura, claro está. ¿Qué es la vida? Una alimentación de la libido y del vientre permanente, y carece de sentido si ello no se puede concretar, dando paso a una pulsión autodestructiva. Esta es la propuesta de la dignidad de la persona humana froidiana, mal que les pese a muchos.

LA MUERTE: UNA VISIÓN CRISTIANA
La muerte siempre ha sido una tragedia desde que ingresó en este mundo. Para los católicos, la muerte ingresó por el Pecado Original, y el pecado es la muerte según nos enseñó Jesucristo. Y todos pecamos, por eso todos morimos un poco al pecar. Morimos en vida, morimos a la vida en la Gracia de Dios. Y Jesucristo nos enseñó también que es posible solucionar los pecados cometidos mediante el Sacramento de la Confesión que Él mismo impartió en vida.
La muerte no ha tenido explicaciones válidas fuera de la Revelación que Dios ha hecho al hombre. Es más, sólo el resto fiel de los judíos, en tiempos de Jesús, creía en la resurrección de los muertos, ya que los demás consideraban la muerte como un hecho trágico de desintegración de quien fuera una persona humana. Es la Resurrección de Jesucristo la que ha vencido a la muerte, como dice el Salmo ("¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?"). Nuestra Esperanza está en la Resurrección de Jesucristo, quien ha muerto como verdadero hombre, y ha Resucitado por ser verdadero Dios.
Por eso, los mártires, ejecutados en odio a la Fe, siempre han mostrado alegría antes de su muerte. Una alegría que no proviene de este mundo, similar a una borrachera o a una juerga mundana, sino una alegría fruto de la profunda convicción de que pronto irá al encuentro con Dios. La partida de un ser querido, hasta mediados del Siglo XX, siempre ha sido en la Iglesia Católica un motivo de dolor porque ya no está en este mundo, pero a la vez un motivo de Esperanza en tanto creemos en la Resurrección y en la Comunión de los Santos.

EL "TABÚ" MODERNO Y CONTEMPORÁNEO
El logro de Froid fue banalizar la muerte y su sentido. Ya sabemos que la comparación de Thánatos con la pulsión de muerte es post-froidiana, pero vale lo mismo, ya que a su imaginación sólo le faltó encasillarla de ese modo entre los autores griegos, para combinar adecuadamente con el resto de la literatura antigua, sumada a la pornográfica literatura de Segismundo.
Claro, si el amor para Froid era un acto de egoísmo. Es más, utilizó a Narciso para ilustrar su obra con estos aspectos. Claro, Narciso era un joven bello, y él rechazaba a las doncellas que se enamoraban de él por un excesivo aprecio de sí mismo, por lo cual Némesis, diosa de la venganza, lo castigó haciendo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente, por lo cual en esa contemplación absorta acabó arrojándose a las aguas en busca de su propia belleza. 
Esta visión deformada de los afectos y del amor humano, le ha servido a Segismundo para escribir su "Introducción del Narcisismo", en la cual pretende el objeto del deseo de un individuo puede ser de carácter interno y que en esta situación, el placer que normalmente proviene de un objeto amado, se recibe por el apego libidinoso hacia uno mismo. Y es en esta obra donde se halla uno de los antecedentes previos a la "pulsión de muerte" -posfroidianamente llamada "Thánatos"-, y que es opuesta a la "pulsión de vida" -llamada por Segismundo "Eros", en homenaje al dios griego.

UN MAROTE ATRAGANTADO
Siendo ateo, mucha mitología griega le habrá atragantado el marote a este pretenso científico. Y más allá de que el Padre Leonardo Castellani haya buscado rescatar elementos positivos de la pornografía escrita por Froid, lo cierto es que a mi parecer, los escritos de este autor se parecen al tratado de la enfermedad y la inmoralidad propia de la degeneración humana, elevados a la condición de "neurosis normal".
Así, la pulsión de muerte dirigida hacia el exterior tiene su manifestación en las pulsiones destructivas o agresivas, descritas por Freud en su obra (literaria, pero para los científicos es un "ensayo sociológico") titulada "El malestar en la cultura".
La visión deformada del ser humano, contemplado desde el ateísmo pragmático Froidiano, llevó a este autor a hablar de las pulsiones de vida y de las pulsiones de muerte, expuestas en su obra (literaria, reitero) a la cual dio en titular "Más allá del principio del placer". Froid así propuso un dualismo basado en pulsiones contrarias pero que a la vez están inseparablemente unidas. Considera por una parte, al conjunto de todas las pulsiones que hasta entonces él había descripto: pulsión sexual, pulsión de autoconservación, pulsiones yoicas, pero ahora desde aproximadamente 1920, englobadas bajo el concepto de "Eros" y agrupadas en esta categoría de pulsiones de vida; por otro lado, la pulsión de muerte, a la que describió como la tendencia de todo lo vivo al retorno a un estado inerte, inorgánicoque se encuentra entre las pulsiones agresivas y destructivas dirigidas hacia el propio sujeto o hacia su entorno.
Cuaja claramente esto en la "lucha de clases" marxista, y en el ateísmo propuesto por el "evolucionismo" darwiniano sin Dios. El hombre, tal como dice el Antiguo Testamento, no resulta más que un gusano, y aunque Jesucristo es Dios hecho hombre para salvar a los hombres y otorgarnos la verdadera condición de hijos de Dios, muchos buscan aferrarse a ser un simple gusano, una mera plaga en el mundo. De ahí la dignidad de la persona humana degradada al negar u omitir a Jesucristo.

LA MUERTE Y EL MISTERIO
Pensar en la muerte, puede llevarnos a cambiar nuestra conducta. El comunista carece de respuesta ante este Misterio, porque la trascendencia social no resulta suficiente para calmar la mala conciencia de quien hoy aun se encuentra con vida. Es decir, ¿Qué importa la "trascendencia social" para un comunista cualquiera o para un líder comunista después de la muerte? Da lo mismo morir, aunque sean ateos, ya sea un militante de base comunista o líderes Lenin, Stalin o Fidel Castro. ¿Qué sucede después de muertos? ¿Hay un alma humana? ¿Qué sucede con el alma humana? ¿Cuál será mi propio destino cuando muera? Y la trascendencia social muy lejos se encuentra de dar respuesta a estos interrogantes.
Froid anestesió el sentido de la muerte. Deformó su significado, y dado que el pensamiento de la muerte ocasiona dolor, angustia o consternación, y eso no condice con el hedonismo, distrae incluso la libido y puede ser un motivo de "represión". Por eso, no hay que pensar ni hablar de la muerte. Simplemente, hay que omitirla. Y cuando llegue, llegará, a llevar el alma de las personas que sólo han vivido para sí, para su "entidad yoica".
No hay que hablar de la muerte. Esa además es una consigna gramsciana. La muerte no es nuestra amiga, ni podemos ser novios de la muerte según esta concepción anticristiana. La muerte no es parte del "disfrute de la vida", ni de "vivir el momento", el "carpe diem" del romanticismo. Por eso produce gran alboroto mediático cuando hay grupos como ISIS que cometen genocidios, o cuando una gran catástrofe o accidente produce muchos muertos. Si la vida no tiene sentido, la muerte tiene menos sentido aun. Y nadie puede ofrecer en este mundo una explicación válida que logre tranquilizar las conciencias.
Conocida es la anécdota humorística que anoticia la frase del loco furioso Nietzche al decir que "Dios ha muerto", declarando la muerte de Dios con su propia autoridad, motivo por el cual, tras la muerte de Nietzche, Dios escribió en su lápida "Nietzche ha muerto". Todos los que han buscado erradicar a Dios de este mundo, han muerto (o lo harán en el futuro), mientras que Dios seguirá ahí, siempre presente, siempre en el Gobierno del Mundo preservando la naturaleza, y siempre ejerciendo la Providencia para asistencia de las personas humanas en pos de alcanzar la Gracia como predestinados a la salvación de quienes aceptan amarlo y alabarlo de corazón.

TABÚ: BEBÉS NO NACIDOS
Toda esta introducción, es para tratar de entender y disculpar conductas socialmente practicadas incluso por católicos, que son conductas en sí antivida, aunque las personas se proclamen y estimen provida.
Los provida defienden que hay persona humana desde la concepción. Efectivamente, es así. Ya queda configurado el código genético desde ese instante, y se puede saber la altura, color de piel, de ojos y de cabellos, la altura y contextura que tendrá en el futuro. También se horrorizan por la pastilla del "día después", la cual es potencialmente abortiva, lo que equivale a decir que si se dan las condiciones es realmente abortiva. También sufren con los abortos intencionalmente provocados.
Pero existe una práctica de silencio. Y es el silencio de los primeros tres meses hasta que el bebé "prenda" seguro en el vientre materno y se reduzcan las posibilidades de perderlo. La tecnología hoy ha avanzado mucho, y nos permite ver casi de modo inmediato en las ecografías si hay un saco formado, y pocos días después si el saco contiene efectivamente un embrión adentro o si se ha perdido el embrión (anembrionario).
La práctica es ocultar que hay un bebé concebido. La práctica es que si ha sido concebido un bebé (que es persona desde el primer instante) y no ha "prendido" en los primeros tres meses, nadie debe saber de ese hecho. Nadie debe saber si hay dos sacos embrionarios y uno se ha perdido (de modo natural, claro está, por algún motivo biológico o físico). Y nadie debe saber porque en realidad se trata de una persona que no ha llegado a nacer. 
Hay que terminar con el "tabú" de la muerte. Anunciar que hay un bebé concebido es una alegría. Anunciar que se ha perdido, causa dolor. Luego, el hedonismo nos indica que no debe causarse dolor "innecesario" a terceros, que son ajenos a esta maternidad, de modo que no hay que anunciarlo a nadie. Sólo hay que anunciar que el bebé ha nacido, o que está próximo a nacer porque el embarazo es ya inocultable. Pero... ¿Quién rezará por ese bebé que ha sido concebido, si nadie sabe que ha sido concebido? Pues NADIE.
Y así es la conducta hoy de la sociedad en general. Incluso de los católicos. Incluso de los provida. Porque son católicos que temen a la muerte como un pensamiento desagradable. Porque han sido "chupados" por el criterio mundano de que la muerte es mala y que por eso hay que olvidarla, o cuando menos obviarla.
Recemos por todas las almas de los niños concebidos que naturalmente no han llegado a nacer, porque también son personas humanas. No solamente por aquellos bebés que son asesinados en el vientre materno, sino también por todos esos concebidos ocultos, por esos concebidos que jamás ningún ser humano sabrá que han sido concebidos... aunque a Dios nada se le oculta. Recemos por ellos.