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martes, 14 de septiembre de 2010

VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA “FAMILIA Y SEXUALIDAD”

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VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA

“FAMILIA Y SEXUALIDAD”

VIERNES 1º DE OCTUBRE DE 2010

DE 9 A 20 HS

Disertantes:

S.E.R. Mons. A. Baseotto

Ignacio Andereggen

Horacio Bojorge

Mariana De Ruschi

Zelmira Seligmann

Pedro Andereggen

Fernando García Diez

Gabino Tabossi

Andrea Piscicelli

UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA

“SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AIRES”

AUDITORIO MONSEÑOR DERISI

Edificio Santo Tomás Moro

Alicia M. de Justo 1400

Buenos Aires – Argentina

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Inscripción, el día de la Jornada.

Público en general $30

Estudiantes $20

Informes:

psicología_catolica@yahoo.com.ar

jornadasdepsicologia@svmaria.org.ar

(011) 15 – 3463 – 9909

DE SI UN CULTO INDECOROSO PUEDE AGRADAR A DIOS

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Por Sebastián Randle

Dificultades: Parece que un culto externamente indecoroso puede agradar a Dios.

1.- Que el Apóstol Pablo (Hebreos I: 2) ha dicho que la novedad del culto cristiano está en su fundamento que es el sacrificio perfecto y definitivo de Cristo, Hijo de Dios. De tal manera que en la presente dispensación todo culto verdadero fluye del costado del cuerpo de Cristo quién en su pasión y muerte “se ofreció una sola vez” (Hebreos, IX:8) entregándose “por nosotros como oblación y víctima a Dios” (Efesios V:2), razón por la cual todo culto agradable a Dios no será sino mística reproducción de aquel sacrificio arquetípico. Ahora bien, en aquella oportunidad en su manifestación exterior aquel sumo sacrificio resultó indecoroso en varios registros según aquello del Deuteronomio (XXI: 23) “Maldito es de Dios el que es colgado de un madero”: así, la víctima compareció desfigurada, como anticipó el Profeta puesto que no tenía “ni apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni aspecto que nos agrade” (Is. LIII:2). En efecto, la víctima apareció como “el desecho de los hombres [...] como alguien de quien uno aparta su rostro, le deshonramos y le desestimamos” (Is. LIII:3). Y Cristo sacerdote antes de morir sacrificado en la Cruz rezó con las palabras del salmista diciendo que era “gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe” (Ps. XXII:7). Por lo demás, a excepción de unos pocos -y de modo singular su Santísima Madre- la conducta de quienes asistieron a este sacrificio fue del todo indecorosa, meneando la cabeza, blasfemando, escarneciendo e injuriándolo (Mc. XV:29-31). En efecto los allí presentes lo desnudaron, insultaron, se burlaban de El (Mt. XXVII:35, 39, 41) y en general lo zahirieron de todas las maneras posibles (Lc. XXIII:35), tal como lo había profetizado el Salmista (Ps. XXII:8). O bien, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVI, a. 5), “Cristo sufrió en sus amigos que le abandonaban; en su reputación, por las blasfemias proferidas contra El; en su honra y gloria, por las burlas y afrentas que se le causaron; en sus cosas, porque hasta fue despojado de sus vestidos; en su alma, por la tristeza, tedio y temor; y en su cuerpo, por las heridas y azotes”. Y sin embargo este sacrificio resultó eminentemente agradable a Dios y si algún culto le agrada es por razón de la pasión y muerte de su Hijo. Luego, si todo  culto verdadero procede de éste, se sigue que un culto indecoroso puede agradarle.

2.- Que el Apóstol (Hebreos X:10) ha dicho que “hemos sido santificados de una vez y para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo” y por consiguiente, en la presente dispensación el decoro exterior en el culto resulta irrelevante con tal de llegarnos, como pide San Pablo en la misma carta (X:22) a la “común reunión” con “corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”. Reunidas estas condiciones en quienes le rinden culto -aunque la liturgia incluya rúbricas y rituales que a algunos pueden parecer indecoroso- agrada a Dios.

3.- Dice el Doctor Común (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “incurre en vicio de falsedad la persona que ofrece a Dios en nombre de la Iglesia un culto contrario a los ritos establecidos por ella en virtud de su autoridad divina, y practicados como ella acostumbra”. Pero hay quienes han objetado como indecorosas ciertas prácticas introducidas por la Santa Iglesia y que se han hecho costumbre tales como celebrar de cara al pueblo reemplazando el altar sacrificial por una mesa que evoca una cena, autorizando la comunión de pie, abolición de la mantilla en las mujeres quienes gozan ahora de permisión para servir en el altar, se abolió la costumbre de comulgar de rodillas y se permite la comunión en la mano, además de haberse introducido el uso de instrumentos musicales profanos tales como la guitarra y cánticos con letras que conspiran contra el decoro propio de lo sacro -o simplemente, contra el decoro. Tales innovaciones, y experimentos de diversa laya y reformas litúrgicas varias fueron introducidas o permitidas por la Iglesia. Toda vez que todo eso se ha hecho con una autoridad que procede de Dios, aun cuando se considere que tales reformas conspiran contra el decoro propio de lo sacro, no puede decirse que desagrada a Dios.

4.- Que cabe recordar aquello de “ecclesia semper reformanda”. Así, las rúbricas y ceremonias litúrgicas han variado a los largo de los siglos, celebrándose diferentes ritos en distintos lugares con lo que resulta sumamente difícil determinar cuáles de esos accidentes externos del culto son decorosos y cuáles no. Es por esto que resultaría presuntuoso realizar un juicio definitivo sobre la cuestión debiendo el cristiano presumir que los ritos establecidos por la Iglesia y celebrados tal como está indicado agradan a Dios, más allá de las preferencias e inclinaciones estéticas de cada cual.

5.- En su oración sacerdotal (Juan XVII:21-23) Cristo rogó al padre por la unidad de sus discípulos. Con el fin de favorecer tal unidad la Iglesia resolvió derogar antiguas costumbres -como el uso del latín, el altar, las imágenes de la Santísima Virgen, los velos cuaresmales, etc.- lo que permitiría un mayor acercamiento de los hermanos separados. De tal modo que si en el culto se introdujeron nuevas prácticas que a algunos les parecen indecorosas, deben recordar que el fin con el que se llevaron a cabo tales reformas era el de propiciar la unidad de los cristianos, lo que agradaría más a Dios que la conservación de una liturgia que obstaculizaría tan santo propósito.

Sed contra: Que Santo Tomás (Contra Gentes, III, Cap CXIX) recuerda que “Dios proveyó al hombre de manera que también en las cosas sensibles se le hiciese recordación de Dios [...] para excitarse a las cosas divinas, como son las postraciones, genuflexiones, clamores vocales y cantos [...] para que mediante estas obras sensibles nuestra intención se diriga a Dios y se encienda en afecto [...] para a su modo darle reverencia [...] rindiéndole el honor de la piedad”, con lo que se cumple el “deseo” del Padre, que es el de tener adoradores en espíritu y en verdad (Juan, IV:23). Ahora bien, si las manifestaciones externas de un culto distrayesen a los fieles impidiéndoles dirigirse a Dios, encenderse en afecto, tributándole reverencia con verdadera piedad, sería por fuerza un culto indecoroso y en esa medida, no puede agradarle a Dios. 

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Respuesta: Que, como lo señalara el venerable Cardenal Newman (Parochial & Plain Sermons, VIII, Sermón 1, Reverence in Worship) “en general, la reverencia por las cosas sagradas ha sido nota distintiva de los cristianos practicantes, mientras que la falta de reverencia ha sido, en general, nota de los cristianos no-practicantes” llegando a preguntarse el Cardenal en el mismo lugar “¿cómo puede nadie ni por un instante imaginar que tiene fe en Dios y sin embargo permitirse ser irreverente hacia El?” para recordar luego que “incluso en la religiones paganas siempre se consideró a la fe y la reverencia como idénticas”.  Pero el mismo Cardenal también advirtió que quienes apostatan de la Iglesia de Cristo “han caído en errores peores que los paganos. Constituyen la excepción ante la voz concordante del mundo entero en todo tiempo y lugar; rompen con el sufragio unánime de la humanidad al creer, por lo menos con su conducta, que el temor reverencial de Dios (awe) no constituye el primero de los deberes religiosos [...] En efecto, algunos consideran al temor reverencial como si fuera una superstición y a la reverencia como una esclavitud. Se han acostumbrado a comportarse con familiaridad y entera libertad respecto de las cosas sagradas, como si dijéramos, por principio”.   

Mas conviene advertir con otro Cardenal (Bona, De divina psalmodia, cap. 19, II, 1), que “aunque en efecto las ceremonias no contengan en sí ninguna perfección y santidad, sin embargo son actos externos de religión que, como signos estimulan el alma a la veneración de las cosas sagradas, elevan la mente a la realidades sobrenaturales, nutren la piedad, fomentan la caridad, acrecientan la fe, robustecen la devoción, instruyen a los sencillos, adornan el culto de Dios, conservan la religión y distinguen a los verdaderos cristianos de los falsos y de los heterodoxos”. Y como recomienda el Catecismo Romano en su explicación de la primera petición de la Oración Dominical (Cuarta Parte, Cap. I, 4), al pedir que el nombre de Dios sea santificado se indica que los hombres deben “honrarlo y exaltarlo con alabanzas y plegarias a imitación de la gloria que recibe de los santos en el cielo; que el honor y culto de Dios debe estar constantemente en los labios, en la mente y en el corazón de todos los hombres, traduciéndose en respetuosa veneración y en expresiones de alabanza al Dios sublime, santo y glorioso”.

Pues bien, como recuerda San Agustín (De Civ. Dei, X) “el sacrificio visible que exteriormente se le ofrece a Dios es el signo invisible del sacrificio con el que uno se ofrece a sí mismo y sus cosas en obsequio a Dios”. Dicho esto, conviene que la distancia entre el signo y lo significado no sea tanta que el signo desmienta lo que se quiere significar. Pues, como señala el Aquinate (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “mentir es mostrar exteriormente con signos lo contrario de la verdad. Y así como una cosa puede manifestarse con palabras, del mismo modo puede expresarse con hechos [...] y si con tal culto exterior se expresa algo falso, en este caso el culto será pernicioso”, como cuando se practica un culto que tiende a crear la impresión de que sólo importa la humanidad de Cristo, y ésta entendida como un hombre desprovisto de inteligencia, carente de virilidad, sentimental y muy poco parecido al retrato que de El no suministran los Evangelios. Que es lo que Boulgakoff dio en llamar la herejía del “jesusismo”.  

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Es para evitar cosas como éstas que el Apóstol (I Cor. XIV:40) pidió que “en todas las iglesias de los santos [...] se haga todo con decoro y orden”, y es la razón por la que Teresa de Jesús (Vida, XIII, 16) suplicaba que “de devociones a bobas nos libre Dios”. Por lo mismo San Pedro (I Pedro, IV:1) nos recomienda ser “prudentes y sobrios” para poder dedicarnos a la oración. Todas estas recomendaciones (y muchas más) están dirigidas a asegurar un “culto racional” (Rom. XII:1) externamente decoroso para la edificación de los fieles y mayor gloria de Dios.

Mas puede preguntarse alguno en qué consiste el decoro en la acción litúrgica, cosa que resulta fácil de entender si se tiene en cuenta que los rituales son expresión de la fe verdadera (a punto tal que muchas veces se recurre a los ritos como fuente teológica para responder a cuestiones controvertidas) y que, “por su estrecha relación con los dogmas [...] debe conformarse a los dictámenes de la fe católica proclamados por la autoridad del Magisterio supremo” (Mediator Dei, nº29) y que, por tanto, resulta indecorosa toda acción litúrgica que falsifique, desmienta, empalidezca o rebaje las verdades de la fe católica.

Por otra parte conviene recordar que, siguiendo una tradición multisecular un Papa en ejercicio de la plenitud del Magisterio (Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, 1947) habiendo manifestado que “son de alabar los que se afanan por que la Liturgia, aun externamente, sea una acción sagrada en la cual tomen realmente parte todos los presentes” y reconociendo que “esto puede hacerse de muchas maneras” (nº 66), advirtió gravemente que, por el contrario, sería verdadera desgracia para la Iglesia, que, 1) se desconociera que el Sumo Pontífice es el único con derecho a reconocer y establecer todo lo referente a modificaciones del culto (nº 38 y 44); 2) A la vez, este Papa, invocando su título de sucesor de Pedro (nº 44), reprobó “severamente” a quienes introducen nuevas costumbres litúrgicas y advirtió de los peligros que entraña recurrir al uso de lenguas vernáculas en la celebración del Sacrificio Eucarístico, trasladar fiestas “fijadas ya por estimables razones”, o excluir algunos textos de la Escritura de las oraciones públicas por considerarlas “poco apropiadas y oportunas para nuestros días” (nº 39); 3) También el mismo Papa reprueba a quienes “creen que el pueblo tiene verdadero poder sacerdotal y que los sacerdotes obran solamente en virtud de una delegación de la comunidad” (nº 53); 5) Con igual autoridad, este Papa deplora el parecer de quienes pretenden negar el carácter sacrificial de la Misa, advirtiendo expresamente que “de ningún modo se requiere que el pueblo ratifique lo que hace el ministro del altar” (nº 60) y lamenta el parecer de quienes “afirman capciosamente que aquí no se trata sólo de un Sacrificio, sino del Sacrificio y del convite de la comunidad fraterna” (nº 71); extendiéndose también en análogas advertencias, 6) en torno a la música sagrada (nº 113) que no deben tener “sabor profano” (nº 115),  instando además a que, 7) se vele en todo tiempo por el decoro, la piedad y la modestia cristiana (nº 118), y en síntesis recomienda que “en todo lo que atañe a la Liturgia, deben ante todo brillar estas tres virtudes, de las que habla Nuestro Predecesor, Pío X, a saber: la santidad, del todo opuesta a novedades de sabor mundano; la dignidad de las imágenes y formas a cuya disposición y servicio deben estar las genuinas y elevadas artes; y el espíritu universalista que, sin contravenir en nada las legítimas modalidades y usos regionales, patentice la unidad de la Iglesia” (nº 111, las cursivas son originales).

Así, con innumerables instrucciones, advertencias y reformas, desde que fue fundada, la Iglesia veló en todo tiempo y lugar por el decoro externo en el culto. Y en iguales términos se han propuesto análogas recomendaciones en la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, aunque es a partir de este documento que en materia litúrgica se procedió a delegar facultades otrora reservadas exclusivamente a la Santa Sede.

Ahora bien, si muchos (o incluso la mayoría) de los obispos, prelados, peritos, o comunidades religiosas han abusado de las prerrogativas que dicha Constitución les ha concedido no parece exacto decir que tales innovaciones fueron establecidas por la Iglesia con autoridad divina, sobre todo cuando los delegatarios desobedecieron lo expuesto prolija, clara y reiteradamente por el magisterio rompiendo de ese modo con tradiciones venerables y muy especialmente cuando tales rúbricas se contraponen manifiestamente a antiquísimas costumbres codificadas por el rito Romano que en buena parte procede por lo menos desde el s. III y que expresa decorosamente la verdadera fe católica desde los tiempos apostólicos.

Y en la medida en que estas audaces reformas han sido impuestas a la grey al amparo de un régimen jurídico sumamente indulgente desatendiendo antiguas costumbres -quienes han procedido así, “como queriendo ejercer dominio sobre la herencia” (I Pedro, V:3), han puesto en peligro la fe de muchos induciendo a confusión a los feligreses y fomentando prácticas desacralizadoras que difícilmente agradarían a Dios en la medida en que “trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la creatura antes que al Creador” (Romanos, I:25) contra la expresa recomendación del Apóstol (I Cor. VIII:9): “Cuidad, empero, de que esta libertad vuestra no sirva de tropiezo para los débiles”.

Por lo demás, debe decirse que quienes así se comportan rebajan la Jerarquía de Dios y, como dice el Aquinate (Escritos de Catequesis, comentando el Primer Mandamiento de la ley) , “el que niega al rey la sumisión debida, es traidor. Esto es lo que hacen con Dios algunos [...] cosa que desagrada extraordinariamente a Dios”, puesto que resulta igualmente idolátrico el culto rendido a “dioses extraños” como el retaceo en la veneración, piedad y gravedad que exige el culto de Dios.

Por último, seimpre conviene recordar que ha sido profetizada para los tiempos finales “la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo” (Mt. XXIV:15) o, como lo dice otro Evangelista “instalada en el lugar donde no debe estar”, (Mc. XIII:14). Estas palabras de Nuestro Señor y que remiten a la expresión del profeta Daniel (XII:11, IC:27 y XI:31 -en Hebreo, “shíqqûç shômem”) constituyen “palabras cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Dan. XII:9) y, por tanto resultan de difícil inteligencia. Con todo, se colige del texto de Daniel que previo a la instalación de la abominación quedará abolido el sacrificio perpetuo y por esta razón los Padres interpretaron que -si bien no pueden precisar su exacta naturaleza- con estas palabras se refiere a alguna clase de culto idolátrico, o una profanación en grado extremo, que en modo alguno puede agradar a Dios.

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Soluciones

A la objeción primera, debe señalarse con San Juan Damasceno (Expositio super Orthodoxa Fide, cap. XII) que “cuando el Señor fue crucificado, contemplaba el occidente, y es por esta razón que nosotros lo adoramos con la cara vuelta hacia El”, esto es, hacia el Este, que es por donde sale el sol. Ahora bien, es de saber que, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVIII, a. 3, ad. 3), “por parte de sus matadores la pasión de Cristo fue un crimen, pero por parte del que la sufrió por caridad fue un sacrificio. Por lo cual este sacrificio se dice haberlo ofrecido el mismo Cristo, mas no aquellos que lo mataron”. Esto no quita que siempre conviene recordar que, en cierto modo, cada uno con sus pecados ha participado en ese deicidio por lo que todo culto decoroso por fuerza incluirá gestos externos que signifiquen nuestra debida compunción, a ejemplo del publicano de la Parábola (Lc. XVIII:13) que “salió justificado” y que se expresa adecuadamente en el Kirie y el Agnus Dei. Pero ciertamente sería disparate pretender que reactuemos los sentimientos de quienes lo insultaron, zahirieron y finalmente crucificaron. Muy por el contrario, como lo pide San Pablo (Fil. II:5) corresponde que asumamos “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” y que protestemos con el mismo Apóstol que está “clavado juntamente con Cristo en la Cruz” (Gál. II:19).

Ahora bien, como dijera el Aquinate (II-II, q. 93, a. 2) “el fin del culto divino es que el hombre dé gloria a Dios y se someta a El con alma y cuerpo”. Y en la medida en que el culto se corresponda con su razón de fin necesariamente será decoroso.

A la objeción segunda, Que, como dijera el Apóstol (Rom X:10) “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salud”, siendo que una cosa debe expresar la otra. Pues bien, como dijera el Aquinate (Super Ep. Sancti Pauli Apost. ad Rom. expositio, XII:1), “en los actos externos se debe aplicar la medida de la discreción en atención a la caridad” y en otro lugar (S. Th. II-II, q. 93, a. 1, ad. 2), que “los hombres fueron instruidos en esto mediante preceptos exteriores, cuya infracción es perniciosa”. En efecto, si bien las ceremonias con que se administran los sacramentos no pertenecen a su esencia -de tal modo que en caso de urgente necesidad pueden omitirse- era necesario rodear los misterios sagrados de un culto religioso para que aprendiéramos a tratar santamente las cosas santas. Y es por esta razón que en el Concilio de Trento (Denz. 856) se estableció que “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos pueden despreciarse o ser omitidos por el ministro a su arbitrio sin pecado, o mudados en otros por obra de cualquier pastor de las iglesias, sea anatema”.

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A la objeción tercera, que si bien las rúbricas litúrgicas han variado a lo largo de los siglos estableciéndose diferentes formas de culto en distintos lugares, conviene saber que tales variaciones han sido siempre producto de desarrollos lentos y orgánicos que han ido surgiendo según las circunstancias e idiosincracia de las regiones. Semejante variedad en el modo de celebración litúrgica fue siempre supervisada y homologada en diversos grados por la Sede Apostólica que en todo tiempo y lugar veló para que la ley de la oración no desmintiera la de la fe (“lex orandi, lex credendi”), lo que garantizaba una mínima uniformidad en todas partes como las distintas partes de la misa, su carácter sacrificial, la necesidad de leer determinados textos y respetar determinadas fiestas, etc. Ahora bien, debido a las reformas litúrgicas introducidas por los protestantes en el s. XVI que, precisamente, conspiraban contra la fe, la Iglesia Católica, echando mano a la lengua universal latina y con el auxilio de la imprenta, codificó antiguas rúbricas litúrgicas en el llamado Rito Romano que durante cuatro siglos sirvió como referencia estable y uniforme para las iglesias locales, preservando así la unidad de la fe y del culto en todas las regiones del mundo. Y quedó claramente establecido que “el Sumo Pontífice es el único que tiene derecho a reconocer y establecer cualquier costumbre cuando se trata de culto, a introducir y aprobar nuevos ritos y a cambiar los que estime deben ser cambiados” (Encíclica “Mediator Dei”, nº 38).

Eso último fue sustancialmente modificado en el Concilio Vaticano II, que en su Constitución Sacrosanctum Concilium si bien reconoce que “la reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; (y que ésta) reside en la Sede Apostólica” (S.C. nº 22) mandó revisar “cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo” (S.C. nº 25), lo que equivale a una delegación de las facultades que hasta entonces era exclusivo resorte de Roma.

Por lo demás, en tal Concilio se dispuso “adaptar mejor a la necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambio y en especial, las litúrgicas” (S.C. nº 1), lo que ciertamente puede hacerse con la debida cautela, la primera de las cuales habría sido tener presente la explícita admonición de San Pablo (Rom. XII: 1-2) para que los cristianos celebren “un culto racional [...] sin conformarse con el mundo”. Puede tal vez salvarse la proposición “Adaptarse mejor a las necesidades del tiempo” -cuya formulación no es, por decir lo menos, muy precisa- mas siempre que no implique una conformidad con el siglo contra la cual  el Apóstol nos previene y un culto decoroso nos defiende, salvando la sacralidad de ritos, tiempos y lugares en medio del mundo. En ese sentido, puede recordarse lo de Oscar Wilde que “la Iglesia es casa para el hombre” y aplicarse la conocida sentencia de Saint Exupéry que reservó para su “Ciudadela”: “mansión en el espacio y rito en el tiempo”
De todos modos, lo que ocurrió fue que la referida delegación de potestades litúrgicas en episcopados, comisiones diocesanas y, por fin, diversos peritos, más allá de las diversas intenciones con que se ejercieron los poderes delegados, de hecho dio lugar a un ambiente de general desorden que permitió la introducción de diversas prácticas ajenas a la tradición de la Iglesia y muy conformes con el siglo, tales como las enumeradas en la objeción que aquí nos ocupa. Ahora bien, conviene recordar con Santo Tomás (S. Th. II-II, q. 168, a. 1, ad. 3) que “los movimientos exteriores son signos de la disposición interior y su moderación pertenece a la virtud de la verdad por la cual nos mostramos, en las palabras y en las acciones, como somos interiormente”, de dónde la gravedad de lo ocurrido. En efecto, en los días que corren se constata frecuentemente en el culto debido a Dios diversas prácticas indecorosas y numerosas faltas a la gravedad y reverencia que le son debidas, trayéndonos a la memoria lo que dijera el Cardenal Newman sobre aquellos que se comportan en el templo como si estuvieran en su casa y no en la Casa de Dios: “Todo lo que puedo decir es que estos se animan a hacer en la presencia de Dios lo que no se atreven ni los Querubines ni los Serafines¾¾pues ellos se velan la faz y, como si no se atrevieran a dirigirse a Dios, Lo alaban dirigiéndose unos a otros, con pocas palabras y continuamente repitiendo “Santo, santo, santo, Señor Dios de Sabaoth”. Esto, porque, como lo expresa el Aquinate (S. Th. II-II, q. 101, a.2, primera objeción) “las cosas del culto divino deben revestir la máxima gravedad”.

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Y así, no por casualidad vino a suceder que, poco después de introducidas toda clase de rituales, rúbricas y permisiones indecorosas, un Papa denunció en dos oportunidades que “por una grieta, el humo de Satanás se había infiltrado en la Iglesia”. Y así como el Apóstol (Hechos, XVII:23) dijo que los atenienses habían adorado al Dios verdadero sin saberlo, igualmente puede que llegue un tiempo en que la grey cristiana, sabiéndolo formalmente o no, adore “al dragón” (Apocalipsis XIII:8) bajo fachada de una adoración al Dios único, de tal modo que resulte extremadamente difícil distinguir el trigo de la cizaña.
Y aunque, como hemos dicho, resulta posible tributar un culto interior agradable a Dios en medio de rituales y liturgias externamente indecorosas, siempre conviene recordar con San Pedro (I Pedro, I:17) que “si llamamos Padre a Aquel que, sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conviene vivir en temor durante el tiempo de nuestra peregrinación” sabiendo que “en el tiempo oportuno” (Salmo CXLIV:15)  Dios “enviará sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego” siendo que “recién entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo, XIII:41-43) y entonces “publicarán la gloria de tu reino, y pregonarán tu potestad, haciendo conocer a los hijos de los hombres tu poder y el magnífico esplendor de tu reino” (Salmo CXLIV:11-12).

A la objeción cuarta, debe recordarse que el fin del culto es Dios en quien, según el Apóstol Santiago (I:16) “no hay mudanza ni sombra de variación”. Y si bien entre los hombres puede haber mudanza y variación en las rúbricas rituales, todas ellas deben cumplir con su fin. Porque, como expresa el Aquinate (Contra Gentes, III, cap. CXXI) “así como mediante las cosas corporales y sensibles la mente del hombre puede elevarse a Dios, si alguno usa de ellas del modo debido en reverencia de Dios, así también el uso indebido de ellas o bien abstrae la mente totalmente de Dios cuando la voluntad se fija en las cosas inferiores, o bien retarda la intención de la mente hacia Dios cuando nos aficionamos a esas cosas más allá de lo que es menester”. De donde puede colegirse cuando un culto agrada a Dios y cuando no.  Por lo demás, todas las cosas derivan su nobleza de su fin. Y siendo que el fin del culto a Dios reside en tributarle reverencia y piedad mediante “sacrificios de alabanza” (Hebreos XIII:15), se nos exige un “culto racional” (Romanos XII:1) y, en cambio, toda manifestación externa del culto que no se ordene a su fin propio resulta irracional y en esa medida resulta indecorosa y por tanto no es verdadero culto ni puede agradar a Dios.
Por lo demás, como lo ha expresado C.S. Lewis (Carta a Mrs. Arnold, 1-IV-52, en Letters of C.S. Lewis, London, Collins, 1988, p. 420),  toda novedad en el culto conspira contra la verdadera devoción: “Un ritual litúrgico fijo tiene la ventaja de que sabemos qué nos espera. En cambio las oraciones públicas ex tempore tienen esta dificultad: no sabemos si podemos unirnos a ellas -podrían ser falsas o heréticas. Es así que nos vemos compelidos a desarrollar simultáneamente dos actividades recíprocamente incompatibles: la crítica y la devocional. En una forma litúrgica fijada en el tiempo no hay sorpresas puesto que las conocemos desde antes: los rituales preestablecidos permiten que uno se dedique a sus devociones con entera libertad. Por otra parte, encuentro que cuanto más rígidos son, más fácil resulta evitar las distracciones [...] A su través resplandece la forma permanente de la cristiandad. No veo cómo el método de la liturgia ex tempore puede dejar de convertirse en algo provinciano y creo que tiende a dirigir la atención más hacia el ministro que a Dios”. A lo que puede agregarse que cuanta menos variación haya en el culto, mayor noticia tendremos de la inmutabilidad del Eterno.

A la objeción quinta, debe decirse que en modo alguno es lícito empañar las verdades de fe para acercarse a quienes las niegan (tales, por ejemplo, como el culto de hiperdulía hacia la Santísima Virgen, el primado de Pedro o el carácter sacrificial de la misa), lo que resultaría en infidelidad y doble engaño hacia los fieles católicos y hacia los que no lo son -que merecen mejor trato de parte nuestra, singularmente franqueza y autenticidad, requisitos que se comprometerían si se intentara ocultar o disfrazar tales dogmas de fe, cosa que no podría agradarles a ellos ni a Dios.

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Por lo demás, si los dogmas de la fe alejan a algunos de la Iglesia, debe recordarse con San Gregorio (Hom. 7 in Ezech.) que “cuando de la verdad nace el escándalo, debe más soportarse éste que abandonar la verdad”.

Por lo demás las prácticas introducidas en la liturgia pueden, tal vez, agradar a quienes blasonan de ser secularizantes,  especialmente entre los protestantes de distintas confesiones, como es el caso de algunos entre los luteranos y calvinistas, pero al mismo tiempo ha contribuido a alejar y dificultar cualquier acercamiento ecuménico con quienes practican un culto decoroso hacia Dios tales como el que practican los anglocatólicos y muy señaladamente los ortodoxos de todos los patriarcados quienes se destacan por la piadosa custodia de venerables tradiciones y el empeño puesto en conservar antiquísimos y muy bellos rituales.

Y que, al conservar amorosamente un culto grave, reverente y piadoso, agradan a Dios. 

Laus  Deo

¿PODRIAN CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER Y SUS ALIADOS “CATOLICOS” SER EXCOMULGADOS?

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Por Horacio Calderón *

La Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, su marido y ex primer mandatario, Dr. Néstor C. Kirchner, conjuntamente con varios de sus aliados dentro y fuera del Gobierno Nacional y figuras del arco opositor, han incurrido en un acto gravemente inmoral y nocivo del bien común de la sociedad argentina toda, al promover y/o aprobar, según el caso, la sanción de la ley que permite el reconocimiento de las uniones homosexuales.

INTRODUCCION
La Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, su marido y ex primer mandatario, Dr. Néstor C. Kirchner, conjuntamente con varios de sus aliados dentro y fuera del Gobierno Nacional y figuras del arco opositor, han incurrido en un acto gravemente inmoral y nocivo del bien común de la sociedad argentina toda, al promover y/o aprobar, según el caso, la sanción de la ley que permite el reconocimiento de las uniones homosexuales.
Las últimas acciones, declaraciones y violentas diatribas de la Presidente de la Nación y de algunos senadores adictos como Miguel Pichetto contra la Iglesia Católica, comenzando por la misma persona del Santo Padre Benedicto XVI, fueron acompañadas reconociendo públicamente su condición de bautizados, practiquen o no la fe al momento de la comisión de sus cuestionados actos.


REFUTACION A LAS FALACIAS DE LA PRESIDENTE Y SUS ALIADOS
La Presidente Kirchner, hizo nuevamente gala de una ignorancia supina mezclada con falacias, a lo cual nos tiene también acostumbrados cuando trata materias que nada tienen que ver con la religión y el orden natural. Especialmente, cuando adujo desde China conceptos sobre la institución del matrimonio, que de ninguna manera se compadecen ni con el Antiguo Testamento ni con la Revelación Cristiana.
¿Ignora u oculta nuestra Presidente que la verdad natural sobre el matrimonio fue confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación, en la que se expresa la voz de la naturaleza misma? Esto se encuentra en el libro del Génesis (Gn 1, 27; 2, 24 y 1, 28) y, posteriormente, fue elevado sí por Cristo a la dignidad de sacramento. Así, la Iglesia Católica, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, lo confirma y refuerza con el significado cristiano, que puede confrontarse en los Santos Evangelios (Mt 19, 3-12 y Mc 10, 6-9). Santos Evangelios sobre los cuales Cristina F. de Kirchner juró su cargo de Presidente de la Nación Argentina, invocando también a Dios y a la Patria, además de proclamar anterior, posterior y reiteradamente su condición de cristiana católica.
Y es precisamente en su condición de tal, es decir de Presidente católica de la Nación Argentina, donde residen algunas de las gravísimas faltas cometidas durante los últimos días.
La comparación que hizo la Presidente entre el antiguo Tribunal Eclesiástico de la Inquisición y la defensa pastoral de la Doctrina Social y del Catecismo de la Iglesia Católica vigentes actualmente, merecen un tratamiento especial y apartado del objeto principal del presente trabajo.


EL DEBIDO COMPORTAMIENTO DEL POLITICO CATOLICO
El avieso conjunto de acciones y expresiones propias de la verborragia de que hace gala la Presidente, ha violado reiteradamente la obligación que tiene como política “católica” de oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, exigencia que es más especial -por su alta investidura- que la de los simples fieles.
Ya se han expuesto sobradamente durante los últimos tiempos las objeciones al matrimonio homosexual desde el punto de vista racional, biológico y antropológico, social y jurídico. Asimismo, sobre las consecuencias de otorgarles la posibilidad de adoptar niños a los nuevos derechohabientes, equiparándolos al mismo régimen legal que asiste en la Argentina al matrimonio heterosexual y, en ciertos casos especialísimos, a ciudadanas y ciudadanos argentinos solteros.
El Papa Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Joseph Cardenal Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI), el día 28 de marzo de 2003, aprobó las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personal homosexuales”. El importante documento, que mantiene plena validez, presenta argumentos y conclusiones muy precisas, sobre la materia que concierne a la ley recientemente aprobada por ambas cámaras del Congreso Nacional de la Argentina.
El capítulo más importante de tales “Consideraciones” arriba mencionadas, es el que lleva como título: “Comportamiento de los políticos católicos ante legisladores favorables a las uniones homosexuales”.
Entre sus principales citas se destaca lo siguiente:
“Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas:
“En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.”

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EXCOMUNION: SOBRE SI PODRIA HABER FUNDAMENTOS Y SUSTANCIA JURIDICA EN ALGUNOS DE LOS HECHOS RECIENTES EN LA ARGENTINA
El activismo a favor de la ley de uniones homosexuales y las virulentas calumnias e injurias contra la Iglesia Católica que lo acompañaron, no exentas de un profundo contenido herético por parte de ciudadanos argentinos bautizados con funciones en los tres poderes del Estado, podría colocar a algunos de ellos frente a la posibilidad de ser excomulgados.
Actualmente y según coinciden canonistas consultados, las causas de excomunión han quedado notablemente reducidas en la actualidad. Por otra parte, no encuadraría en ninguna de ellas la aprobación del matrimonio homosexual. Máxime, si hasta ahora no se hizo uso de la aplicación de dicha pena canónica en casos flagrantes como las leyes que han habilitado el crimen del aborto en países tradicionalmente católicos, tal el caso de España.
Tampoco, para ser aún más actuales, en los aberrantes procesos por pedofilia que han cometido, permitido y ocultado miembros del clero católico a muy alto nivel. Situación denunciada duramente por el Papa Benedicto XVI, incluyendo la reciente sanción de medidas contra quienes cometieron y cometan tan flagrantes delitos.
Cierto es que los argumentos anteriormente expuestos, sólo parecen apuntar a la baja probabilidad de ocurrencia de la aplicación de penas canónicas, en lo que a la ley de uniones homosexuales se refiere.
Pero la hipótesis aquí planteada sobre las excomuniones no se basa en ello, sino en argumentos heréticos utilizados por la Presidente Kirchner y el senador Miguel Pichetto, principalmente, que constituyen la justificación doctrinal de actos sumamente graves y contrarios al Evangelio.
Un asesor muy cercano a un legislador que se opuso a la cuestionada ley, comentaba a quien escribe estas líneas que una pena de excomunión equivaldría a emitir una condena política. Este argumento no es nuevo y ha sido tratado por prestigiosos canonistas, quienes reconocen que la Iglesia Católica carece de poder temporal en los Estados-Nación del mundo contemporáneo.
En efecto, la excomunión no equivale a una condena política, ni lo contempla así de manera alguna el Derecho Canónico, sino que es una pena medicinal de la Iglesia Católica para quienes han cometido delitos graves, tal el caso expreso mencionado de la “proferición” de herejías por parte de bautizados.
Aunque el Código de Derecho Canónico no la defina así -opina el P. Pedro María Reyes Vizcaíno -, se suele considerar que el efecto de la excomunión es la expulsión del delincuente de la Iglesia. “Por la excomunión -afirma-, el delincuente no pertenece a la Iglesia. Naturalmente, esta afirmación merece una reflexión: puesto que los bautizados no pierden su carácter del bautismo ni su condición de bautizados. En este sentido, no se puede decir que los excomulgados dejen de pertenecer a la Iglesia. Los vínculos de comunión espiritual e invisible no se alteran, pero se rompen los vínculos extrínsecos de comunión”.
Por otra parte, la Iglesia Católica siempre desea y espera que tal pena canónica ayude a recapacitar a las personas, a pedir perdón y a arrepentirse de sus actos, convirtiéndose y cambiando de vida. Esto tiene plena validez, siempre dentro de un contexto religioso, que el Estado Nacional tiene la obligación de respetar, como queda claramente expresado en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”.
Volviendo a precedentes graves en materia de excomuniones a jefes de Estado, la Argentina registra un confuso precedente en el caso del entonces Presidente Juan Domingo Perón, aunque las dudas históricas sobre si existió tal excomunión nunca quedaron fehacientemente aclaradas.
Además, en dicho caso se suele asociar la supuesta sanción con la quema de las iglesias católicas en 1955, cuando en realidad fue decretada por otras razones, como se verá a continuación. El Dr. Roberto Bosca, quien es sumamente crítico del Justicialismo en general y de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón en particular, admitió a Clarín que “la quema de los templos católicos es un punto que nunca fue aclarado por la historia. No hay claridad absoluta sobre quién fue el autor. Se acusa inclusive a los masones.entonces vicepresidente Alberto Teisaire Hay referencias bastante concretas de que el autor intelectual de la quema fue el alte. Teisaire, que tenía un gran poder en ese momento. Y puede establecerse fehacientemente que Teisaire era masón porque lo consulté con la masonería”, concluye. Vale en este aspecto sumarse al menos hipotéticamente a los dichos del Dr. Bosca. El contralmirante Alberto Tesaire conformaba realmente una camarilla con el ministro del Interior Angel Gabriel Borlenghi, quien era socialista. Ese grupo de poder fue el germen de una dura ofensiva contra las jerarquías de la Iglesia. También, contra todos aquellos miembros católicos del gobierno justicialista, tendencia que resultó irreversible y que culminó con la fatídica quema de templos el 16 de junio de 1955.
Sin embargo y coincidiendo con que el entonces presidente Perón nunca dio una orden de incendiar iglesias católicas, debe destacarse que quienes fueron responsables directos de tales acciones, contaron con un ambiente previo propicio, como también turbas a su disposición para ejecutar tamañas agresiones.
Las referencias históricas expuestas no son ociosas, porque hay que tenerlas muy en cuenta si se quiere prevenir la existencia de condiciones similares futuras en la Argentina. La virulenta prédica oficial y la de aliados y simpatizantes contra la Iglesia Católica, podría conducir a la comisión de ataques contra templos y/o hasta algunos de sus principales pastores.
Pero volviendo al caso del teniente general Perón, fue acusado conjuntamente con otros funcionarios de su gobierno de expulsar del país a monseñor Manuel Tato y a Ramón Novoa. Posteriormente, la Santa Sede decretó la excomunión de todos los que habían participado en esa expulsión, sin mencionar nombres en particular.
Resulta interesante citar el texto en latín del importante decreto de excomunión, para abordar luego los aspectos más importantes de ese precedente, dado el 16 de junio de 1955: Cun postremis hisce temporibus in Republica Argentina multismodis in Ecclesiae iura invasum sit et im ipsas ecclesiasticas personas sitimpetitum; novissime quidan nedum manus iniicere in Excmum P.D. Emmanuelem Tato, Episcopum titularem Aulonensem, Auxiliarem et Vicarium Generalem archidioecesis Bonaërensis, sed et Ollum ab exercitio suae jurisdictionis impedire et ab ipsa Dictione Argentina expellere ausi sint, Sacra Congregatio Consistorialis declarat ac monet eos omnes qui huiiusmodi delicta petraverunt, sive mandantescuiuscumque generis et gradus, sive complices quos praefata delicta sua natura postularunt, sive illos qui ad delictorum consummationem latae sententiae epeciali modo Apostolicae Sedi reservatam, ad tramitem cann, 2343 s 3, 2334 n. 2, 2209 s 1.2. 3 C. I. C., contraxisse ceterasque poenas pro qualitate delinquetium incurrisse, ad normam sacrorum canonum. Datum Romae, ex Aedibus S. Congregationis Consistorialis, die 16 Iunii 1955 Fr. A. I. Card. Piazza, Ep Sabinen, et Mandelen, a Secretiis S. Iosephus Ferretto, Adsessor”.
Como puede deducirse del texto la pena canónica estuvo centrada en la acción de “poner manos violentas” sobre la persona de un obispo, como además con el objeto de impedirle el ejercicio de las funciones episcopales que le eran inherentes en su jurisdicción eclesiástica.
Ya muchos años después y luego de pedir ad cautelam la absolución, ya que de hecho había sido beneficiado anteriormente “por motivos de caso urgente, por su propio confesor y admitido a los Sacramentos”, el día 13 de febrero de 1963 se concretó dicha solicitud en la visita del arzobispo de Madrid, monseñor Eijo y Garay. Fue entonces que el Obispo español dio la absolución al teniente general Peron, quien la recibió de rodillas .
Los datos citados por Bosca coinciden además con informaciones confirmadas muchos años atrás al autor de estas líneas por un importante allegado al líder del Justicialismo, conjuntamente con otros detalles que no viene al caso abordar en este documento.
Lo más interesante del caso relacionado con la Presidente Cristina F. de Kirchner, es que esta debería tomar debida nota de la importancia que ha dado históricamente la Santa Sede al derecho de los obispos a gozar plenamente de sus derechos, como también a ejercer plenamente todos sus deberes episcopales. Y mucho más aún, a asegurarles las condiciones necesarias para preservarlos a ellos y al clero y laicos bajo su jurisdicción de sufrir acciones violentas que puedan poner en peligro sus vidas y la de bienes de la iglesia.
Como la agresión del aparato kirchnerista contra el sustrato cristiano de nuestra Nación se extenderá muy probablemente y en breve al aborto, debe recordarse que podrían quedar excomulgados aquellos políticos o personas particulares bautizados en la Fe Católica que promuevan activamente su aprobación.
Al respecto, el Código de Derecho Canónico establece (Cfr. Canon 1398) que quienes provocan la muerte de un hijo en el seno materno incurren en la pena de excomunión.
Como precedente de faltas gravísimas relacionadas con la permisión institucional del aborto se encuentra el caso del rey de España, Juan Carlos I, quien no sólo no se opuso a esto en su país, sino que incluso afirmó que él no era el fallecido Balduino de Bélgica, quién sí fue en vida un acérrimo opositor al crimen del niño por nacer. Cabe agregar que el monarca español frecuenta los sacramentos y nunca fue públicamente y severamente amonestado por la Iglesia Católica.
La política estadounidense Nancy Pelosi, tercera en la línea de sucesión presidencial, quien se proclama católica, defendió públicamente como “sacrosanto” el derecho de la mujer al aborto inducido prenatal. Sin embargo y a pesar de ello tampoco fue excomulgada, aunque se comenta que recibió en persona una reprimenda del Papa Benedicto XVI, cuando esta visitara oficialmente la Santa Sede.

La excomunión puede ser infligida de dos maneras:
1) Latae sententiae, en que la pena rige a partir del momento en que se comete el delito (Cfr. Canon 1314) y como consecuencia de un juicio que hace el mismo condenado con su acto delictivo.
2) Ferendae sententiae, que según puede confrontarse en el Canon 1341 y siguientes, implica necesariamente la sentencia de un Obispo o sentencia judicial, desde ya canónica.
En cuanto a lo que aquí se trata en relación a la Presidente y otros “políticos católicos”, se requeriría la aplicación de la pena ferendae sententiae, que ciertamente es más complicada de aplicar que la primera. Sobre todo, en razón de las múltiples causas -incluyendo la prudencia del Ordinario de la jurisdicción o incluso del mismo Papa-, que podrían evitar la firma de un decreto de excomunión de altísima repercusión institucional y social.
La pregunta que podría plantearse en el caso argentino actual, frente a la traición al deber moral cometida por legisladores que fueron debidamente advertidos de sus errores durante los últimos tiempos, al igual que la Jefe de Estado, es si la Iglesia Católica podría estar en condiciones de decretar sus excomuniones, según las jerarquías institucionales y responsabilidades particulares de cada uno de los ciudadanos católicos afectados en particular.
Ya se han expuesto las razones por las cuales no habría en principio bases para excomuniones generadas por la ley aquí tratada.
No obstante, sí podría existir causal de excomunión por comisión de delitos contra el Evangelio por parte de fieles bautizados, si estos utilizaran su condición de cristianos católicos para promover a sabiendas doctrinas heréticas, tal los casos de la Presidente Kirchner y del senador Pichetto, para nombrar solamente a los más emblemáticos de la última arremetida anticristiana.
El mayor escollo no radicaría tanto en el Código de Derecho Canónico, sino en el grado de decisión de los obispos para decretar o no esa pena, afirmaron dos de las fuentes consultadas, coincidiendo con el parecer de este autor, expresado ya ut supra.
Pero además, alguien con rango de Jefe de Estado como la Presidente Kirchner, por su alta jerarquía constitucional, en principio solamente podría ser excomulgada por el Sumo Pontífice o a instancias de él, siempre que existieran fundamento y substancia jurídica en el marco del Código de Derecho Canónico.

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En la foto: El matrimonio presidencial Kirchner con el obispo Maccarone en un Tedeum… este Obispo iba a ser aceptado y promovido por el Gobierno como presidente de la Conferencia Episcopal.


LA OBLIGACION DE LOS OBISPOS ARGENTINOS FRENTE A LA LEY
Las “Consideraciones” aprobadas por Juan Pablo II concluyen afirmando:
“La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.”
Este último párrafo es absolutamente claro, sobre la obligación de los obispos de la Iglesia Católica de haberse opuesto sin cortapisas a la ley que será promulgada en breve en nuestro país por la Presidente de la Nación, en el marco de un más que probable espectáculo circense, que tendría lugar en la Casa Rosada.


¿INCITACION A LA VIOLENCIA QUE PODRIA CONDUCIR A ATAQUES A TEMPLOS?
Un capítulo aparte y final lo merecen los discursos violentos o injuriosos de la Jefe de Estado, legisladores y dirigentes políticos bautizados en la Fe Católica, formulados durante los últimos días. La responsabilidad institucional más importante la tiene la presidente Kirchner, quien desde China equiparó con la Inquisición los contenidos de la Doctrina Social y el Catecismo de la Iglesia Católica. Contenidos que son la base sustancial de los argumentos expuestos por el Cardenal Primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, para oponerse a la sanción del nuevo engendro legal.
De ahí a decir o inducir a que se piense que cada templo es un centro “inquisidor” y desatar ataques, hay un límite que podría pasar cualquier mente febril de las que abundan en torno al matrimonio gobernante
La República Argentina ya experimentó en 1955 uno de los hechos más siniestros de su historia, como fue la quema de iglesias católicas por parte de hordas enardecidas y descontroladas.
¿Alguien podría asegurar que ello no volverá a ocurrir, incluso por parte de personas enemistadas con el mismo Gobierno o simplemente de extremistas que quieran sembrar el caos?
Hechos de violencia de la naturaleza mencionada, podrían tener sin dudas un alto grado de probabilidad de ocurrencia, si continúa la violencia verbal contra la Iglesia Católica y sus pastores, tal como se observa en la realidad.
De cualquier manera y sobre lo que ha sucedido hasta hoy y que ha sido objeto principal del presente documento, será una de las más pesadas y nefastas herencias del capítulo kirchnerista de la revolución anticristiana, que está demoliendo las bases esenciales de nuestra nacionalidad.


(*) A simple título de fiel católico.

MERCADO GRANARIO: CBoT, COMO LA ROSADA: SIGA, SIGA, SIGA EL BAILE

a trigo 

 
Por: Alejandro Pérez Unzner 
+APUntes de mercados agropecuarios y afines
Martes 14 de septiembre de 2010, 7.30 hs.
 
 
Entre el viento de cola y el de frente, a moverse
 
    La sesión electrónica de Chicago y Kansas City mostraba un marcado tono alcista al comenzar el lunes, sobre todo en las posiciones más cercanas de los granos habitualmente referidos. El mismo se mantuvo en la apertura de la diurna, se moderó de a ratos y terminó siendo la marca de la jornada. En soja se rozaron los u$s/t 3 de suba y terminó a 1,50; en maíz, con precios de lo más alto en dos años, se trabajó a +2,75 (casi el doble de la mejora nocturna), y en trigo se tocaron los 6 dólares y se cerró +4. De cola y, casi, casi, a toda vela, diría. A esta hora, vemos un leve retroceso de u$s/t 0,60 en maíz, soja neutral y trigo -1,50, salvo sep./2010.
 
    Contradiciendo a varias opiniones pesimistas acerca de un rebrote de la crisis (viento de frente) y de las malas señales desde el empleo, sobre todo en EE.UU. y España, a más de la cuestión sanitaria de la banca europea, las señales a favor vencieron en la pulseada de apertura, ya con el hemisferio Norte en plena actividad. Con el dólar a 1,29 euros y el crudo alrededor de 80 u$s.
 
    Se sabe que, últimamente, hablar de tasas chinas es referirse a crecimiento económico desmesurado. Ayer, un dato sobre la industria de ese país y su actividad, sumado al de inversión, provocó sonrisas en los mercados (Hablamos de casi 14% de crecimiento industrial interanual y de casi 25% en ocho meses, respectivamente). Si bien varios expertos sostienen que las cosas no están, a nivel global y sobre todo norteamericano, tan vigorosas como hace 4-5 meses, la economía mundial no parece, al menos por momentos, marchar tan mal. Agrego: pero.
    De manera, entonces, que no extrañó ver al maíz superando los 190 dólares ni al trigo, en Chicago, jugando con los 275, con un ojo puesto en lo mal que le sigue yendo a Rusia y Ucrania con el tiempo, de cara a la siembra entrante. Los fondos especuladores están largos en soja y los comerciales, cortos en más del doble de contratos que aquéllos: confían en la cosecha, parece. Los primeros estuvieron comprando bastante maíz los días pasados y, por lo visto, siguen en esa tesitura.
 
    "Bajando" al campo, a la tierra, la cosecha americana va bien, en líneas generales, pero con lluvias en el horizonte, que la complican en varias zonas, sobre todo entre el Mediooeste y las Planicies centrales: las mismas se alternan con tiempo inusualmente seco en otras áreas.
 
    Luego de la rueda, USDA difundió los datos semanales sobre estado y progreso de cultivos: 11% del maíz trillado (se esperaba 15%, puede ser alcista en el cortísimo plazo), contra 6% habitual, ya con 93% indentado y 52% maduro. Adelantadas, ambas fases. La soja está peor (63% bien o mejor, contra 64 de hace siete días y 69 del 2009), con 38% perdiendo hojas. El trigo primaveral ya fue cosechado en un 83% (91%, normal).
 
 
¿Todo el año es Carnaval?
 
   ¿El viento en popa durará para siempre? ¿Sabe el gobierno que esta "racha" es la mayor de la historia moderna, referida al resultado económico argentino inserto en el contexto global? ¿Se puede seguir desafiando a la muerte y jugando con la vida (y no digo el deceso meramente político, que quede claro)?
 
     Bueno, lo cierto es que una presidente más distendida, más ella, más individual que casal, presentó un proyecto para ampliar la cantidad de feriados y días no laborables, y modificar la situación de algunos ya existentes. En un marco bien murguero, la clásica dialéctica oficialista: el traje de nacional y popular para jerarquizar el 20 de noviembre (Día de la Soberanía. ¿Alimentaria? -cfr. Congreso del MNCI en Ezeiza-) y reflotar el pagano Carnaval, con pomo y careta,  antifaz y desenfado. ¿Qué viento soplará en el próximo verano sureño? Digo, por lo de "La Niña" como comedida en este corso, y sin disfraz que valga.
    Con menor presión compradora en soja, el físico nacional se movió como lo viene haciendo, más proclive a copiar lo de afuera en nueva cosecha en dólares, que en el cercano en pesos, que repitieron sus valores, excepto quizás en el trigo para molinos. Los de acá, porque los transplatinos firman hoy el convenio con Aaprotrigo y Carbap en el encuentro de Abitrigo, como para aceitar el comercio bilateral dentro de las limitaciones que el contexto intervencionista estipula.
 
   El maíz nuevo, camino a 140 dólares, mientras el sector reclama a viva voz que se sincere el comercio, se permita exportar más y se ayude así al productor, en plena decisión sobre siembras, a saber con qué contará en el ciclo agrícola que se inicia. Más allá de percibir la dirección del viento. El atmosférico, del S (y aledaños) en esta primera mitad de semana, tras las lluvias de ayer (fuertes en el Sur de Brasil, según últimos datos) y enmarcando días fríos, con probables heladas, en esta salida del invierno.
 
   ¿Se está ante otra pelea por el precio de los biocombustibles? Dicen que Planificación Federal no hace caso a Comercio Interior.

¿Se viene el "Nuevo Polo Arrocero Argentino"? ahora que se metió la soja en Entre Ríos y que el trigo y el lino no se rinden en esa provincia, Corrientes y el Chaco ganan espacio, sobre todo ésta como alternativa junto con Formosa y parte de Santa Fe. La movida de los grandes-grandes nos habla de un negocio si bien específico, interesante en la coyuntura y apuntando al menos a mediano plazo, dados sus altos costos productivos y de inversión inicial, la necesidad de agua y combustible si se opera con pozo y bombas, etc. 
Gente de Soros sigue adquiriendo arroceras en Corrientes y planeando grandes obras para riego (si el gobierno nacional, empeñado en causas casi personalistas, lo permite), y la de Eurnekian suma -en Chaco- al algodón el cultivo a gran escala del blanco cereal, con la novedad de la aspersión, en  operaciones del orden de 25-30 millones de dólares, y así. 
Toda vez que la Argentina arrocera no sea brasildependiente como lo fue durante muchos años, y pase a tener peso en el comercio internacional del grano, las cosas tomarán otro cariz, más parecido al dorado del parboil que al del gasoil. 
 

SILENCIO COMPLICE O PASIVIDAD TEMEROSA

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Por Tcnl. Jose Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 -CMN 73)


   Cuando se produce un cataclismo, el sentido de conservación, hace que se trate de escapar de sus efectos y, en ocasiones, se olvide responsabilidades o deberes, ante el peligro  que sorprende, inmoviliza y que no se domina. El que actúa, generalmente, lo hace impulsado por las circunstancias o bien, lo que es lo deseable, por haber sido entrenado para tales emergencias. Las organizaciones que actúan con lógica, racionalidad e inteligencia, saben de la posibilidad de los riesgos y peligros a los que pueden ser eventualmente conducidos y, por ello, crean métodos, formas o actividades para paliar efectos o disminuir consecuencias.

El problema se presenta en las "grandes organizaciones", como son los países, cuando se percibe que están evolucionando hacia un desastre y el silencio o la pasividad no alerta o, a lo menos, intenta alguna forma de acción para detener lo que se supone sucederá. La primer cuestion, es saber cuales son los signos determinantes de la cuestión, poder valorarlos y, consecuentemente,indagar sobre sus orígenes, ya que es vano hacerlo sobre sus consecuencias. Normalmente, en las sociedades actuales, el signo mas relevante, es el incremento de la delincuencia en sus mas diversas manifestaciones. El delincuente es el ser que encuentra como forma de su realización el apartarse de la convivencia y actuar sin respeto a sus obligaciones ante sus semejantes. Cuando en una comunidad proliferan los delitos es, sin dudas,la señal mas clara de su deterioro y no atenderlo por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo, es demostración de falta de sensibilidad, calidad de gestión o, lo que puede ser lo peor, una suerte de complicidad pasiva o activa.

Los delitos motivan miedo, que no se debe confundir con cobardía, pues el es lo normal para toda persona que esta sometida a la posibilidad de la agresion. La técnica de ocultar los delitos, usada en ocasiones, es una forma de alentar a los delincuentes, que no se dan cuenta que su accionar es tan nocivo que alcanza efectos más allá del hecho en si.

Cuando aparecen "delincuentes de guante blanco", casi siempre  en niveles de poder elevados, el tema adquiere características de "corrupción", ya que, para alcanzar sus fines, necesitan la alianza o la colaboración, cuando no la participación, de alguien en aquella posición. Dada la situación de estos delincuentes, además, gozan de una cierta impunidad o una posible protección, que oculta el delito e impide, consecuentemente, su represión. Es allí donde el silencio obra a favor del accionar delictivo ya que no se expone, se ignora o, quizás, se olvida, con lo que los hechos quedan impunes.

La historia recoge con claridad momentos en los que las sociedades se han encontrado con el incremento de la delincuencia, no tan solo la de la clásica criminalidad, sino la proveniente de vicios, oportunidades o tendencias, mas o menos embozadas, que llevan a la disociación, la ignorancia y, finalmente, la aceptación. Estas sociedades, en algún momento, han colapsado, infiltradas por el mal, débiles ante sus efectos y afectadas en sus valores de unidad como comunidades.

Las naciones, pese a su calidad soberana, también pueden ser afectadas por un tipo de delincuencia política, que obra sobre su economía o cultura para deformarla, conforme sus fines inconfesables. Este tipo de accionar se manifiesta por la tendencia al cambio que busca destruir lo pasado y modificarlo por un incierto futuro. En lugar de innovar para seguir la evolución o apoyar los desarrollos, se modifica sustancialmente lo acordado democráticamente, suplantándolo, por una idea "luminosa", que enceguece a algunos que se benefician de ella y no tiene en cuenta a aquellos que serán los perjudicados. Esta delincuencia se materializa por la repentina aparición de "potentados", que tienen fortunas logradas del "favor oficial" originados en algún tipo de complicidad con el poder.

Cuando se estudia el proceso político y gubernamental de nuestro país, surge que, en su actividad aplicada, se han producido momentos que, bajo el manto del "cambio", generalmente originado por "ideologías" o "intereses corporativos", se anularon esfuerzos en unos o se activaron posibilidades en otros, que la sociedad acepto mansamente, como si ella estuviera temerosa o fuera cómplice, quizás pensando que no la afectaba directamente. Este tema apareció en otros países, como puede ser lo que sucedio en la Alemania nazi o el comunismo Soviético, que, pese a lo maligno de los escenarios, la población  mantuvo un "silencio cómplice" o no reacciono por una "pasividad temerosa", lo que lleva a pensar que este es un fenómeno social que puede aparecer en cualquier comunidad, aun la nuestra.

Los argentinos sabemos que nuestros sucesivos gobiernos se han ido apartando de las bases fundacionales, modificando el claro mandato de la CNA Art. 1, con lo que se ha "cambiado" el sentido de "representación federal" que, a su vez, lo hace sobre la idea de "republica", lo que, considerado conforme la lógica y el raciocinio elemental, constituye un evidente acto delictivo, que aparece como alentado en los dirigentes y olvidado por los ciudadanos, pese a que sus efectos, al no concordar con los fines pactados, crea una disolución de objetivos que llevan a la dilacion, la duda y el desmembramiento en el accionar conjunto.

El gran interrogante final, ante esta exposición del problema, es tratar de saber si este camino al desastre institucional esta claro en los dirigentes y la sociedad, o todos lo aceptamos como inválidos o infradotados por un "silencio cómplice" o una "pasividad temerosa". La Argentina de los últimos tiempos muestra una cada vez menor participacion ciudadana, al tiempo que el crecimiento de lo marginal y la elución de responsabilidades, lo que significa una suerte de rebeldia pasiva ante la autoridad a la que se desconoce o que se la considera inútil o inoperable, a lo que ella hace "oídos sordos", lo que hace valido interrogarse si el "silencio cómplice" o la "`pasividad temerosa", no tan solo esta en la sociedad sino que esta en los dirigentes, con los nefastos resultados que ello podrá acarrear.

¿SE PUEDE CONFESAR A UNA PERSONA POR E-MAIL?

penitencia

Confesión a distancia

P. Jon M. de Arza, IVE

Pregunta:
¿Se puede confesar a una persona vía e-mail? Gracias. Romina.

Respuesta:

Analicemos la cuestión que se plantea, por parte del penitente y por parte del confesor.

Para que el sacramento de la reconciliación sea válido, se requiere, entre otras cosas, la declaración de los pecados por parte del penitente (esto es, la «confesión» propiamente dicha, como acto del penitente [1]), lo cual se debe realizar de palabra, ya que la expresión vocal es el modo más usual para la manifestación de nuestros pensamientos.

Sin embargo, en caso de necesidad, sería lícito expresar los pecados por escrito, por signos o por intérprete, pero el penitente siempre debe estar presente al confesor.

¿En qué casos se puede recurrir a la confesión o declaración de los propios pecados por escrito? «… se podría recurrir a la confesión por escrito a un confesor presente en ciertos casos como los siguientes –indica el P. Miguel Á. Fuentes-:

-Cuando el penitente es mudo o habla con dificultad;

-Cuando el confesor es muy sordo o al menos tanto que hay peligro de que se escuchen los pecados confesados;

-Por vergüenza extraordinaria del penitente o por la tentación de callar alguno;

-Por falta de memoria.

Pero en estos casos es conveniente que el penitente exprese al confesor vocalmente (si es posible) que se arrepiente de los pecados consignados por escrito; al menos debe hacerlo por algún gesto [2]», como por ejemplo, golpearse el pecho, besar un crucifijo, u otros semejantes.

Sin embargo, el mayor inconveniente para la validez de una confesión vía e-mail, viene por parte del confesor, puesto que, para sean válidas las palabras de la absolución, las mismas «han de ser pronunciadas vocalmente (aunque sea en voz baja e imperceptible) por el sacerdote sobre el penitente presente al menos moralmente. Vocalmente, porque las palabras del sacerdote son instrumento para producir la gracia en el alma del penitente. Por tanto, el sacerdote mudo no puede absolver, y también es inválida la absolución por escrito (carta, telegrama, etc.) [3]».

Por tanto, el penitente debe estar presente al confesor, «al menos moralmente». ¿Qué significa esa presencia? No es necesario que el penitente pueda ser visto por el confesor, siendo suficiente que éste estime su presencia [4], como sucede cuando uno se confiesa en un confesionario provisto de rejilla. «En caso de necesidad (naufragio, terremoto, batalla) puede darse la absolución a cualquier distancia (mientras se perciba a los penitentes, pero sub conditione) [5]».

Resumiendo: se requieren la presencia real del penitente (al menos moral), y la transmisión real de las palabras de la absolución conferida por el confesor.

El P. Fuentes concluye:

«De lo dicho se colige la probable invalidez de la absolución dada por teléfono, radio o televisión, ya que falta la presencia real del penitente, y no hay real transmisión de las palabras de la absolución, sino que son vibraciones eléctricas que reproducen la palabra humana. De todos modos la Santa Sede no se ha pronunciado definitivamente sobre esta cuestión. Por tanto, en la práctica, en caso de extrema necesidad (imposibilidad absoluta de presentarse ante el moribundo) el sacerdote puede y debe enviarle sub conditione la absolución por teléfono o radio; y con mucha mayor razón a través de un tubo o canal fonético (por ejemplo a aquéllos que quedasen atrapados en un derrumbe con peligro de muerte)» [6].

Ahora bien, en el caso del mail es claro que no se puede dar la absolución (en este caso sería «enviar la absolución», porque no es un medio vocal (y ya vimos que es inválida la absolución por escrito). Además, el Papa Clemente VIII condenó y prohibió la absolución por mensajero [7], y aquí entra todo tipo de correo, ya sea personal, ya sea electrónico. Diverso es el caso del uso del «skype» o la comunicación a través de una video cámara, por ejemplo, que, en mi opinión, caería bajo el mismo juicio expresado en el párrafo anterior, es decir, que se trataría de una absolución probablemente inválida, pero que el sacerdote (dado que no existe  un pronunciamiento definitivo del Magisterio sobre la cuestión) podría y debería enviar «bajo condición», en caso de extrema necesidad.

[1] Dice el P. Miguel A. Fuentes: «La confesión sacramental es la acusación voluntaria de los propios pecados cometidos después del bautismo, hecha por el penitente al sacerdote legítimo, en orden a obtener la absolución de los mismos en virtud del poder de las llaves» (FUENTES, M. A., Revestíos de entrañas de misericordia. Manual de preparación para el ministerio de la penitencia, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael 52007, 71).

[2] Idem, 72.

[3] Idem, 75.

[4] Cf. Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Idem, 74-75. El subrayado es nuestro.

[7] Cf. DS 1994/1088.

RECORDARÁN UNA FALSA HISTORIA DE “LA NOCHE DE LOS LÁPICES” EN LAS ESCUELAS BONAERENSES

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Las escuelas de la Provincia de Buenos Aires recordarán el jueves 16 de septiembre de 2010 un nuevo aniversario del episodio histórico apodado "La noche de los lápices", en el marco del Día de la Reafirmación de los Derechos del Estudiante Secundario.

La Dirección General de Cultura y Educación precisó que según lo establecido por el Calendario Escolar 2010, las actividades alusivas se desarrollarán en los establecimientos educativos de nivel primario, secundario y terciario -tanto de gestión estatal como de gestión privada-, a través de un acto solemne que se realizará durante una hora de clase.

Esa actividad fue instituida con el propósito de "promover la reflexión y las actitudes favorables en torno del respeto absoluto a los estudiantes secundarios y a su defensa".

Además, ese día estudiantes de todas las escuelas se movilizarán en La Plata en una marcha que comienza en la Plaza San Martín y culmina frente al Ministerio de Obras Públicas, donde el 16 de septiembre de 1975 reclamaban por la implementación del boleto estudiantil.

Se le dio el nombre de "La Noche de los Lápices", al secuestro de diez estudiantes de secundaria, ocurridos en el transcurso del año 1976 en La Plata.

Cuatro de los estudiantes sobrevivieron, en tanto permanecen desaparecidos Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel A. Racero y Horacio Angel Ungaro.

El nombre ha tenido gran difusión porque se filmó una película para sensibilización de los adolescentes, en que se falsearon datos históricos para su filmación. Por ejemplo, según la película el único sobreviviente fue Pablo Díaz, mientras que no es cierto; o que se trataba de simples niños estudiantes que buscaban el boleto estudiantil, en tanto que se trataba de adolescentes captados por la subversión y que incluso tenían armas según se rumorea en ciertos sectores platenses. Por otra parte, en el filme se muestra una numerosa marcha, cuando en aquellos tiempos los padres (que tenían autoridad, no como en estos tiempos) prohibían a sus hijos el participar de manifestaciones. La docencia en base a la película de lo sucedido con aquellos militantes afines a la subversión armada terrorista del país, no es más que un reduccionismo correspondiente a la tuerta historia oficial.

Si bien se utilizó el reprobable sistema de desaparición forzada de personas por el Gobierno de Juan Domingo Perón, de María Estela Martínez de Perón (en particular con la Triple A) y durante el Proceso Militar, en el caso de estos menores, los mismos no era inocentes niños de promedio 10 en el colegio, sino que fueron reales militantes, tal como los mismos han descripto al detallar su vivencia de esos trágicos momentos al ser entrevistados por Página 12.

SOBRE LA FALTA DE DOCTRINA CATÓLICA Y EL DEBER DE DARLA A CONOCER

a Papa San Pio X

En 1903, cuando el Papa Pío X publicó su primera encíclica, E Supremi Apostolatus planteó la situación del mundo y de la Iglesia en términos que eran a la vez un diagnóstico crudo y una exhortación esperanzadora:

¿Quién ignora, efectivamente, que la sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que, agravándose por días, la devora hasta la raíz y la lleva a la muerte? (...) Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol”. (¡1903!)

Palabras que hacen temblar. Mucho más actuales hoy que en el momento en que fueron escritas, pero menos proféticas que descriptivas, porque la perspicacia del Papa Sarto pudo ver en sus tiempos en pleno desarrollo lo que hoy vivimos como una espantosa realidad.

Por ello el papa Pío toma como lema pontificio la frase paulina que anuncia formalmente en esta encíclica: Omnia instaurare in Christo: establecer todas las cosas en Cristo.

 

"E Supremi Apostolatus"


Sobre la falta de doctrina y el deber de darla a conocer
4 de octubre de 1903

Venerables hermanos: Salud y bendición apostólica

El peso del Pontificado

Al dirigirnos por primera vez a vosotros desde la suprema cátedra apostólica a la que hemos sido elevados por el inescrutable designio de Dios, no es necesario recordar con cuántas lágrimas y oraciones he m o s intentado rechazar esta enorme carga del Pontificado. Podríamos, aunque Nuestro mérito es absolutamente inferior, aplicar a Nuestra situación la queja de aquel gran santo, Anselmo, cuando a pesar de su oposición, incluso de su aversión, fue obligado a aceptar el honor del episcopado. Porque Nos tenemos que recurrir a las mis mas muestras de desconsuelo que él profirió para exponer con qué ánimo, con qué actitud hemos aceptado la pesadísima carga del oficio de apacentar la grey de Cristo. Mis lágrimas son testimonio -esto dice-, así como mis quejas y los suspiros de lamento de mi coraz6n; cuales en ninguna ocasión y por ningún dolor recuerdo haber derramado hasta el día en que cayó sobre mí la pesada suerte del arzobispado de Canterbury. No pudieron dejar de advertirlo todos aquellos que en aquel día contemplaron mi rostro... Yo con un color más propio de un muerto que de una persona viva, pali decía con doloroso estupor. A decir verdad, hasta ese momento hice todo lo posible por rechazar lejos de mí esa elección, o por mejor decir esa extorsión. Pero ya, de grado o por fuerza, tengo que confesar que a diario los designios de Dios resisten más y más a mis planes, de modo que comprendo que es absolutamente imposible oponerme a ello. De ahí que, vencido por la fuerza no de los hombres sino de Dios, contra la que no hay defensa posible, entendí que mi deber era adoptar una única decisión: después de haber orado cuanto pude y haber intentado que, si era posible, ese cáliz pasara de mí sin beberlo... entrégueme por completo al sentir ya la voluntad de Dios, dejando de lado mi propio sentir y mi voluntad(1)

Los hombres están hoy apartados de Dios

Y efectivamente no Nos faltaron múltiples y graves motivos para rehusar el Pontificado. Ante todo el que de ningún modo, por nuestra insignificancia, nos considerábamos dignos del honor del pontifica do; ¿a quién no le conmovería ser designado sucesor de aquel que gobernó la Iglesia con extrema prudencia durante casi veintiséis años, sobresalió en tanta agudeza de ingenio, tanto resplandor de virtudes que convirtió incluso a sus enemigos en admiradores y consagró la memoria de su nombre con hechos extraordinarios? Luego, dejando aparte otros motivos, Nos llenaba de temor sobre todo la tristísima situación en que se encuentra la humanidad. Quién ignora, efectivamente, que la sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que, agravándose por días, la devora hasta la raíz y la lleva a la muerte? Comprendéis, Venerables Hermanos, cuál es el mal; la defección y la separación de Dios: nada más unido ala muerte que esto, según lo dicho por el Profeta (2): Pues he aquí que quienes se alejan de ti, perecerán. Detrás de la misión pontificia que se me ofrecía, Nos veíamos el deber de salir al paso de tan gran mal: Nos parecía que recaía en Nos el mandato del Señor: Hoy te doy sobre pueblos y reinos poder de destruir y arrancar, de edificar y plantar (3); pero, conocedor de Nuestra propia debilidad, Nos espantaba tener que hacer frente a un problema que no admitía ninguna dilación y sí tenía muchas dificultades.

«¡Instaurar todas las cosas en Cristo!»

Sin embargo, puesto que agradó a la divina voluntad elevar nuestra humildad a este supremo poder, descansamos el espíritu en aquel que N os conforta y poniendo manos a la obra, apoyados en ]a fuerza de Dios, manifestamos que en la gestión de Nuestro pontificado tenemos un sólo propósito, instaurarlo todo en Cristo (4), para que efectivamente todo y en todos sea Cristo (5).

Habrá indudablemente quienes, porque miden a Dios con categorías humanas, intentarán escudriñar Nuestras intenciones y achacarlas a intereses y afanes de parte.

Para salirles al paso, aseguramos con toda firmeza que Nos nada queremos ser, y con la gracia de Dios nada seremos ante la humanidad sino Ministro de Dios, de cuya autoridad somos instrumentos. Los intereses de Dios son Nuestros intereses; a ellos hemos decidido consagrar nuestras fuerzas y la vida misma. De ahí que si alguno Nos pide una frase simbólica, que exprese Nuestro propósito, siempre le daremos sólo esta: ¡instaurar todas las cosas en Cristo!
Los hombres contra Dios

Ciertamente, al hacernos cargo de una empresa de tal envergadura y al intentar sacarla adelante Nos proporciona, Venerables Hermanos, una extra ordinaria alegría el hecho de tener la certeza de que todos vosotros seréis unos esforzados aliados para llevarla a cabo. Pues si lo dudáramos os calificaríamos de ignorantes, cosa que ciertamente no sois, o de negligentes ante este funesto ataque que ahora en todo el mundo se promueve y se fomenta contra Dios; puesto que verdaderamente contra su Autor se han amotinado las gentes y traman las naciones planes vanos (6); parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: Apártate de nos otros (7). Por eso, en la mayoría se ha extinguido el temor al Dios eterno y no se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres ni en público ni en privado: aún más, se lucha con denodado esfuerzo y con todo tipo de maquinaciones para arrancar de raíz incluso el mismo recuerdo y noción
de Dios.

Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición (8) de quien habla el Apóstol. En verdad, con semejante osadía, con este desafuero de la virtud de la religión, se cuartea por doquier la piedad, los documentos de la fe revelada son impugnados y se pretende directa y obstinadamente apartar, destruir cualquier relación que medie entre Dios y el hombre. Por el contrario -esta es la señal propia del Anticristo según el mismo Apóstol-, el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios; hasta tal punto que -aunque no es capaz de borrar dentro de sí la noción que de Dios tiene-, tras el rechazo de Su majestad, se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentará en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios (9).

Efectivamente, nadie en su sano juicio puede dudar de cuál es la batalla que está librando la humanidad contra Dios. Se permite ciertamente el hombre, en abuso de su libertad, violar el derecho y el poder del Creador; sin embargo, la victoria siempre está de la parte de Dios; incluso tanto más inminente es la derrota, cuanto Con mayor osadía se alza el hombre esperando el triunfo. Estas advertencias nos hace el mismo Dios en las Escrituras Santas. Pasa por alto, en efecto, los pecados de los hombres (10), como olvidado de su poder y majestad: pero luego, tras simulada indiferencia, irritado como un borracho lleno de fuerza (11), romperá la cabeza a sus enemigos (12) para que todos reconozcan que el rey de toda la tierra es Dios (13) y sepan las gentes que no son más que hombres (14).

Todo esto, Venerables Hermanos, lo mantenemos y lo esperamos con fe cierta. Lo cual, sin embargo, no es impedimento para que, cada uno por su parte, también procure hacer madurar la obra de Dios: y eso, no sólo pidiendo Con asiduidad: Álzate, Señor , no prevalezca al hombre (15), sino -lo que es más importante- con hechos y palabras, abiertamente a la luz del día, afirmando y reivindicando para Dios el supremo dominio sobre los hombres y las demás criaturas, de modo que Su derecho a gobernar y su poder reciba culto y sea fielmente observado por todos.

El deseo de paz: dónde encontrarla

Esto es no sólo una exigencia natural, sino un beneficio para todo el género humano. ¿Cómo no van a sentirse los espíritus invadidos, Hermanos Venerables, por el temor y la tristeza al ver que la mayor parte de la humanidad, al mismo tiempo que se enorgullece, con razón, de sus progresos, se hace la guerra tan atrozmente que es casi una lucha de todos contra todos? El deseo de paz conmueve sin duda el corazón de todos y no hay nadie que no la reclame con vehemencia. Sin embargo, una vez rechaza do Dios, se busca la paz inútilmente porque la justicia está desterrada de allí donde Dios está ausente; y quitada la .justicia, en vano se espera la paz. La paz es obra de la justicia (16).

Sabemos que no son pocos los que, llevados por sus ansias de paz, de tranquilidad y de orden, se unen en grupos y facciones que llaman «de orden». ¡Oh, esperanza y preocupaciones vanas! El partido del orden que realmente puede traer una situación de paz después del desorden es uno sólo: el de quienes están de parte de Dios. Así pues, éste es necesario promover ya él habrá que atraer a todos, si son impulsados por su amor a la paz.

Y verdaderamente, Venerables Hermanos, esta vuelta de todas las naciones del mundo a la majestad y el imperio de Dios, nunca se producirá, sean cuales fueren nuestros esfuerzos, si no es por Jesús el Cristo. Pues advierte el Apóstol: Nadie puede poner otro fundamento, fuera del que está ya puesto, que es Cristo Jesús (17). Evidentemente es el mismo a quien el Padre santificó y envió al mundo (18); el esplendor del Padre y la imagen de su sustancia (19), Dios verdadero y verdadero hombre: sin el cual nadie podría conocer a Dios como se debe; pues nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelárselo (20).

Que los hombres vuelvan a Dios, por la Iglesia

De lo cual se concluye que instaurar todas las cosas en Cristo y hacer que ]os hombres vuelvan a someterse a Dios es la misma cosa. Así, pues, es ahí a donde conviene dirigir nuestros cuidados para someter al género humano al poder de Cristo: con El al frente, pronto volverá la humanidad al mismo Dios. A un Dios, que no es aquel despiadado, despectivo para los humanos que han imaginado en sus delirios los materialistas, sino el Dios vivo y verdadero, uno en naturaleza, trino en personas, creador del mundo, que todo lo prevé con suma sabiduría, y también legislador justísimo que castiga a los pecadores y tiene dispuesto el premio a los virtuosos.

Por lo demás, tenemos ante los ojos el camino por el que llegar a Cristo: la Iglesia. Por eso, con razón, dice el Crisóstomo: Tu esperanza la Iglesia, tu salvación la Iglesia, tu :efugio la Iglesia (21): Pues para eso la ha fundado Cristo, y la ha conquistado al precio de su sangre; y a ella encomendó su doctrina y los preceptos de sus leyes, al tiempo que la enriquecía con los generosísimos dones de su divina gracia para la santidad y la salvación de los hombres.

El deber concreto de los Pastores

Ya veis, Venerables Hermanos, cuál es el oficio que en definitiva se confía tanto a Nos como a vosotros: que hagamos volver a la sociedad humana, alejada de la sabiduría de Cristo, a la doctrina de la Iglesia. Verdaderamente la Iglesia es de Cristo y Cristo es de Dios. Y si, con la ayuda de Dios, lo logramos, nos alegraremos porque la iniquidad habrá cedido ante la justicia y escucharemos gozosos una gran voz del cielo que dirá: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo (22).

Ahora bien, para que el éxito responda a los de- seos, es preciso intentar por todos los medios y con todo esfuerzo arrancar de raíz ese crimen cruel y detestable, característico de esta época: el afán que el hombre tiene por colocarse en el lugar de Dios; habrá que devolver su antigua dignidad a los preceptos y consejos evangélicos; habrá que proclamar con más firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia. toda su doctrina sobre la santidad del matrimonio. la educación doctrinal de los niños, la propiedad de bienes y su uso. los deberes para y con quienes administran el Estado; en fin, deberá restablecerse el equilibrio entre los distintos órdenes de la sociedad, la ley y las costumbres cristianas.

Los medios: formar buenos sacerdotes

Nos, por supuesto, secundando la voluntad de Dios, nos proponemos intentarlo en nuestro pontificado y lo seguiremos haciendo en la medida de nuestras fuerzas. A vosotros, Venerables Herma nos, os corresponde secundar Nuestros afanes con vuestra santidad, vuestra ciencia, vuestras vidas y vuestros anhelos, ante todo por la gloria de Dios; sin esperar ningún otro premio sino el hecho de que en todos se forme Cristo (23).

Y ya apenas es necesario hablar de los medios que nos pueden ayudar en semejante empresa, puesto que están tomados de la doctrina común. De vuestras preocupaciones, sea la primera formar a Cristo en aquellos que por razón de su oficio están destinados a formar a Cristo en los demás. Pienso en los sacerdotes, Venerables Hermanos. Que todos aquellos que se han iniciado en las órdenes sagradas sean conscientes de que, en las gentes con quienes conviven, tienen asignada la provincia que Pablo declaró haber recibido con aquellas palabras llenas de cariño: Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vos otros (24). Pues, ¿quiénes serán capaces de cumplir su misión si antes no se han revestido de Cristo? y revestido de tal manera que puedan hacer suyo lo que también decía el Apóstol: ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (25). Para mí la vida es Cristo (26). Por eso, si bien a todos los fieles se dirige la exhortación que lleguemos a varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo (27), sin embargo se refiere sobre todo a aquel que desempeña el sacerdocio; pues se le denomina otro Cristo no sólo por la participación de su potestad, sino porque imita sus hechos, y de este modo lleva impresa en sí mismo la imagen de Cristo.

En esta situación, ¡qué cuidado debéis poner, Venerables Hermanos, en la formación del clero para que sean santos! Es necesario que todas las demás tareas que se os presentan, sean cuales fueren, cedan ante ésta. Por eso, la parte mejor de vuestro celo debe emplearse en la organización y el régimen de los seminarios sagrados de modo que florezcan por la integridad de su doctrina y por la santidad de sus costumbres. Cada uno de vosotros tenga en el Seminario las delicias de su corazón, sin omitir para su buena marcha nada de lo que estableció con suma prudencia el Concilio de Trento.

Cuando llegue el momento de tener que iniciar a los candidatos en las órdenes sagradas, por favor no olvidéis la prescripción de Pablo a Timoteo: A nadie impongas las manos precipitadamente (28); considerad con atención que de ordinario los fieles serán tal cual sean aquellos a quienes destinéis al sacerdocio. Por tanto no tengáis la mira puesta en vuestra propia utilidad, mirad únicamente a Dios, a la Iglesia y la felicidad eterna de las almas, no sea que, como advierte el Apóstol, tengáis parte en los pecados de otros (29).
Cuidar a los sacerdotes jóvenes

Otra cosa: que los sacerdotes principiantes y los recién salidos del seminario no echen de menos vuestros cuidados. A éstos -os lo pedimos con toda el alma-, atraedlos con frecuencia hasta vuestro corazón, que debe alimentarse del fuego celestial, encendedlos, inflamad los de manera que anhelen sólo a Dios y el bien de las almas. Nos ciertamente, Venerables Hermanos, proveeremos con la mayor diligencia para que estos hombres sagrados no sean atrapados por las insidias de esta ciencia nueva y engañosa que no tiene el buen olor de Cristo y que, con falsos y astutos argumentos, pretende impulsar los errores del racionalismo y el semirracionalismo; contra esto ya el Apóstol precavía a Timoteo cuando le escribía: Guarda el depósito que se te ha confiado, evitando las novedades profanas y las contradicciones de la falsa ciencia que algunos profesan extraviándose de la fe (30). Esto no impide que Nos estimemos dignos de alabanza los sacerdotes jóvenes, que siguen estudios de ciencias útiles en cualquier campo de la sabiduría, para hacerse mas instruid os en la guarda de la verdad y rechazar mejor las calumnias de los odiadores de la fe. Sin embargo, no podemos ocultar, antes al contrario lo manifestamos abiertamente, que serán siempre Nuestros predilectos quienes, sin menospreciar las disciplinas sagradas y profanas, se dedican ante todo al bien de las almas buscando para sí los dones que con vienen a un sacerdote celoso por la gloria de Dios. Nos tenemos una gran tristeza y un dolor continuo en el corazón ( 31), al comprobar que es aplicable a nuestra época aquella lamentación de Jeremías: Los pequeños pidieron pan y no había quien se lo repartiera (32). No faltan en el clero quienes, de acuerdo con sus propias cualidades, se afanan en cosas de una utilidad quizá no muy definida, mientras, por el contrario, no son tan numerosos los que, a ejemplo de Cristo, aceptan la voz del Profeta: El Espíritu me ungió, me envió para evangelizar a los
pobres, para sanar a los contritos de corazón, para predicar a los cautivos la libertad y a los ciegos la recuperación de la vista (33).

La falta de doctrina: enseñar con caridad

¿A quién se le oculta, Venerables Hermanos, ahora que los hombres se rigen sobre todo por la razón y la libertad, que la enseñanza de la religión es el camino más importante para replantar el reino de Dios en las almas de los hombres? ¡Cuántos son los que odian a Cristo, los que aborrecen a la Iglesia y al Evangelio por ignorancia más que por maldad! De ellos podría decirse con razón: Blasfeman de todo lo que desconocen (34). y este hecho se da no sólo entre el pueblo o en la gente sin formación que, por eso, es arrastrada fácilmente al error, sino también en las clases más cultas, e incluso en quienes sobresalen en otros campos por su erudición. Precisamente de aquí procede la falta de fe de muchos. Pues no hay que atribuir la falta de fe a los progresos de la ciencia, sino más bien a la falta de ciencia; de manera que donde mayor es la ignorancia, más evidente es la falta de fe. Por eso Cristo mandó a los Apóstoles: Id y enseñad a todas las gentes (35).
y ahora, para que el trabajo y los desvelos de la enseñanza produzcan los esperados frutos y en todos se forme Cristo, quede bien grabado en la memoria, Venerables Hermanos, que nada es más eficaz que la caridad. Pues el Señor no está en la agitación (36). Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más, increpar con acritud los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es más dañoso que útil. Ciertamente el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa, pero añadía, con toda paciencia (37).

También en esto Cristo nos dio ejemplo: Venid, así leemos que El dijo, venid a mí todos los que trabajáis y estáis cargados y Yo os aliviaré (38). Entendía por los que trabajaban y estaban cargados no a otros sino a quienes están dominados por el pecado y por el error. ¡Cuánta mansedumbre en aquel divino Maestro! ¡Qué suavidad, qué misericordia con los atormentados! Describió exactamente Su corazón Isaías con estas palabras: Pondré mi espíritu sobre él; no gritará, no hablará fuerte; no romperá la caña cascada, ni apagará la mecha que todavía humea (39).

Y es preciso que esta caridad, paciente y benigna (40) se extienda hasta aquellos que nos son hostiles o nos siguen con animosidad. Somos maldecidos y bendecimos, así hablaba Pablo de sí mismo, padecemos persecución y la soportamos; difamados, con- solamos (41). Quizá parecen peores de lo que son. Pues con el trato, con los prejuicios, con los consejos y ejemplos de los demás, y en fin con el mal consejero amor propio se han pasado al campo de los impíos: sin embargo, su voluntad no es tan depravada como incluso ellos pretenden parecer. ¿ Cómo no vamos a esperar que el fuego de la caridad cristiana disipe la oscuridad de las almas y lleve consigo la luz y la paz de Dios ? Quizás tarde algún tiempo el fruto de nuestro trabajo: pero la caridad nunca desfallece, consciente de que Dios no ha pro metido el premio a los frutos del trabajo, sino a la voluntad con que éste se realiza.

El deber insustituible de los Obispos

Pero, Venerables Hermanos, no es mi intención que, en todo este esfuerzo tan arduo para restituir en Cristo a todas las gentes, no contéis vosotros y vuestro clero con ninguna ayuda. Sabemos que Dios ha dado mandatos a cada uno referentes al prójimo (42). Así que trabajar por los intereses de Dios y de las almas es propio no sólo de quienes se han dedicado a las funciones sagradas, sino también de todos los fieles: y ciertamente cada uno no de acuerdo con su iniciativa y su talante, sino siempre bajo la guía y las indicaciones de los Obispos; pues presidir, enseñar, gobernar la Iglesia a nadie ha concedido sino a vosotros, a quienes el Espíritu Santo puso para regir la Iglesia de Dios (43).

Que los católicos formen asociaciones, con diversos propósitos pero siempre para bien de la religión. Nuestros Predecesores desde ya hace tiempo las aprobaron y las sancionaron dándoles gran impulso. y Nos no dudamos de honrar esa egregia institución con nuestra alabanza y deseamos ardientemente que se difunda y florezca en las cuida- des y en los medios rurales. Sin embargo, de semejantes asociaciones Nos esperamos ante todo y sobre todo que cuantos se unen a ellas vivan siempre cristianamente. De poco sirve discutir con sutilezas acerca de muchas cuestiones y disertar con elocuencia sobre derechos y deberes, si todo eso se separa de la acción. Pues acción piden los tiempos; pero una acción que se apoye en la observancia santa e íntegra de las leyes divinas y los preceptos de la Iglesia, en la profesión libre y abierta de la religión, en el ejercicio de toda clase de obras de caridad, sin apetencias de provecho propio o de ventajas terrenas. Muchos ejemplos luminosos de éstos por parte de los soldados de Cristo, tendrán más valor para conmover y arrebatar las almas que las exquisitas disquisiciones verbales: y será fácil que, rechazado el miedo y libres de prejuicios y de dudas, muchos vuelvan a Cristo y difundan por doquier su doctrina y su amor; todo esto es camino para una felicidad auténtica y sólida.

Por supuesto, si en las ciudades, si en cualquier aldea se observan fielmente los mandamientos de Dios si se honran las cosas sagradas, si es frecuente el uso de los sacramentos, si se vive de acuerdo con las normas de vida cristiana, Venerables Hermanos, ya no habrá que hacer ningún esfuerzo para que todo se instaure en Cristo.

Y no se piense que con esto buscamos sólo la consecución de los bienes celestiales; también ayudará todo ello, y en grado máximo, a los intereses públicos de las naciones. Pues, una vez logrados esos objetivos, los próceres y los ricos asistirán a los más débiles con justicia y con caridad, y éstos a su vez llevarán en calma y pacientemente las angustias. de su desigual fortuna; los ciudadanos no obedecerán a su ambición sino a las leyes; se aceptará el respeto y el amor a los príncipes y a cuantos gobiernan el Estado, cuyo poder no procede sino de Dios (44). ¿ Qué más ? Entonces, finalmente, todos tendrán la persuasión de que la Iglesia, por cuanto fue fundada por Cristo, su creador, debe gozar de una libertad plena e íntegra y no estar sometida a un poder ajeno; y Nos al reivindicar esta misma libertad, no sólo defendemos los derechos sacrosantos de la religión, sino que velamos por el bien común y la seguridad de los pueblos. Es evidente que la piedad es útil para todo (45): con ella incólume y vigorosa el pueblo habitará en morada llena de paz (46).
Exhortación final

Que Dios, rico en misericordia (47), acelere benigno esta instauración de la humanidad en Cristo Jesús; porque ésta es una tarea no del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia (48) y nosotros, Venerables Hermanos, con espíritu humilde (49), con una oración continua y apremiante, pidámoslo por los méritos de Jesucristo. Utilicemos ante todo la intercesión poderosísima de la Madre de Dios: Nos queremos lograrla al fechar esta carta en el día establecido para conmemorar el Santo Rosario; todo lo que Nuestro Antecesor dispuso con la dedicación del mes de octubre a la Virgen augusta mediante el rezo público de Su rosario en todos los templos, Nos igualmente lo disponemos y lo confirmamos; y animamos también a tomar como intercesores al castísimo Esposo de la Madre de Dios, patrono de la Iglesia católica, ya San Pedro y San Pablo, príncipes de los apóstoles.

Para que todos estos propósitos se cumplan cabal mente y todo salga según vuestros deseos, imploramos la generosa ayuda de la divina gracia. y en testimonio del muy tierno amor de que os hago objeto a vosotros ya todos los fieles que la providencia divina ha querido encomendarnos, os impartimos con todo cariño en el Señor la bendición apostólica a vosotros, Venerables Hermanos, al clero y a vuestro pueblo.

Dado en Roma junto a San Pedro, el día 4 de octubre de 1903, primer año de Nuestro Pontificado.

PÍO X, PAPA

NOTAS

(1) Epp. 1. III. ep. 1
(2) Salm 72, 26.
(3) Jer. 1, 10
(4) Efes. 1, 10
(5) Col. 3, 11
(6) Salm. 2, 1
(7) Job, 21, 14
(8) 2 Tes. 2,3
(9) 2 Tes. 2, 4
(10) Sab. 11, 24
(11) Salm. 77, 65
(12) Salm. 67, 22
(13) Salm. 46, 7
(14) Salm. 9, 20.
(15) Salm. 9, 19
(16) Is. 32, 17
(17) I Cor. 3, 11
(18) Jn. 10, 36
(19) Hebr. 1, 3
(20) Mt. 11, 27
(21) Hom. de capto Eutropio, n. 6
(22) Apc. 12, 10
(23) Gal. 4, 19
(24) Gal. 4, 19
(25) Gal. 2, 20
(26) Filip 1, 21
(27) Efes. 4, 13
(28) I Tim. 5, 22
(29) I Tim. 5, 22
(30) I Tim. 6, 20 s.
(31) Rom. 9, 2
(32) Tren 4, 4
(33) Lc. 4, 18-19
(34) Jud. 10
(35) Mt. 28, 19
(36) 3 Rey 19, 11
(37) 2 Tim. 4, 2
(38) Mt. 11, 28
(39) Is. 42, 1 s.
(40) I Cor. 13, 4
(41) I Cor. 4, 12 s.
(42) Ecli. 17, 12
(43) Hech 20, 28
(44) Rom. 13, 1
(45) I Tim. 4, 8
(46) Is. 32, 18
(47) Efes. 2, 4
(48) Rom. 9, 16
(49) Dam. 3, 39

Fuente de la traducción de la Encíclica: http://www.statveritas.com.ar/