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jueves, 4 de octubre de 2012

MONS. AGUER: MENSAJE EN EL INICIO DEL AÑO DE LA FE




A los sacerdotes, a los religiosos y demás personas consagradas y a todos los fieles de la arquidiócesis.

         Se acerca ya el inicio del Año de la fe, al que nos ha convocado el Santo Padre Benedicto XVI. Hemos acogido con alegría y esperanza esta iniciativa providencial y desde el momento del anuncio nos hemos venido preparando para celebrarlo como conviene. Se nos propone redescubrir en este período el gozo de creer, valorar mejor el don recibido y acrecentar el entusiasmo de comunicar la fe mediante su profesión convencida y abierta y a través del testimonio de vida.

         La fe es una adhesión personal a Dios, a quien nos unimos libremente con obediencia y confianza, movidos por su gracia, por el Espíritu Santo, que nos otorga el gusto de aceptar y creer a la verdad. Por medio de la fe, que es la puerta de la comunión con Dios, experimentamos nuestra condición de hijos suyos y nos encaminamos hacia la vida eterna. El Papa, en su carta de convocatoria nos recuerda, con San Agustín, que la fe crece y se fortalece creyendo. Para que, en efecto, se produzca ese crecimiento continuo, debemos ponernos al alcance del amor de Dios y abandonarnos confiadamente a él.

         Existe en la actualidad una tendencia errónea a considerar la fe no como un conocimiento objetivo y cierto, sino como una emoción, un sentimiento, una vaga aspiración religiosa. Según la Sagrada Escritura, en cambio, creer implica aceptar la manifestación que Dios hace de sí mismo, la revelación que se nos brinda plenamente en Jesucristo; su objeto principal son los misterios divinos que se resumen en el Credo, y cuanto la Iglesia nos propone como verdades reveladas por Dios.

         El Año de la fe es una oportunidad de renovación personal y pastoral para toda la Iglesia y para cada una de sus comunidades, una ocasión de gracia que no podemos dejar pasar por negligencia o por apego a la rutina. Reclama de nosotros un compromiso de más oración, de búsqueda de una comprensión más profunda y amplia de las verdades que creemos y de un empeño misionero lúcido y fervoroso para comunicar la alegría de la fe. Los documentos del Concilio Vaticano II, interpretados en continuidad con la gran tradición eclesial, y el Catecismo de la Iglesia Católica, son instrumentos valiosos para la formación de todos los fieles. Las parroquias, los movimientos e instituciones de apostolado, deben ofrecer instancias sencillas y oportunas de estudio y asimilación de la verdad católica, ya que la fe, por su propio dinamismo, busca siempre entender más y mejor. En los distintos ámbitos de la cultura y de la vida social se advierte la falta de una presencia más activa de los católicos que sea un testimonio público, sereno y valiente de la fe que profesamos, un anuncio de Jesucristo, único Salvador del hombre. Esa necesidad sólo podrá colmarse si todos los fieles se empeñan con decisión en el conocimiento y en la vivencia de la fe.
        
El sentido del Año de la fe se asocia espontáneamente a la temática que se abordará en la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos, convocada para este mes de octubre: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Los destinatarios de la nueva evangelización son en primer lugar los bautizados que no viven la fe y están alejados de la Iglesia, absorbidos en una situación cultural en la cual la referencia a Dios y a los valores espirituales de la tradición cristiana se han atenuado considerablemente y ya no constituyen el fundamento de la vida común. El objetivo es despertar en ellos la conciencia de su identidad bautismal. De hecho, la nueva evangelización se identifica con una renovación de la pastoral ordinaria de la Iglesia y con un más decidido impulso misionero. Señalo, a título de ejemplo, algunas áreas pastorales que será oportuno revisar en este período, para trabajar en ellas con mayor ahínco.

1.                 La preparación de padres y padrinos para el bautismo de los niños, su celebración, y el intento de instrumentar el necesario seguimiento postbautismal de las familias, para asistirlas en los primeros pasos de la educación de los niños en la fe.

2.                 Una particular atención a los niños y adolescentes que concluyen el itinerario catequístico y completan la iniciación cristiana. Disponemos de algunos servicios arquidiocesanos que no deben ser desaprovechados, en el orden a favorecer la inserción de aquellos en grupos, movimientos y actividades que los ayuden a conservar la fe recibida y a crecer en ella.

3.                 Intensificar la presencia misionera especialmente en las zonas periféricas y donde se asientan nuevas poblaciones originadas en los flujos migratorios, como también en los barrios más alejados de los centros parroquiales. La responsabilidad de las comunidades parroquiales es insoslayable, y su ejercicio será signo de la vitalidad de la propia fe.

4.                 Tenemos que proponernos nuevas iniciativas de evangelización en ambientes, sectores culturales y sociales en los que no se brinda un fácil acceso a la presencia pastoral de la Iglesia y muchas veces se imponen orientaciones opuestas a la fe cristiana. Con lucidez, discreción y serenidad debemos hacer presente allí a Jesucristo y su mensaje de salvación.

5.                 Los colegios católicos, tanto los parroquiales como los congregacionales, que forman en la arquidiócesis una vasta red, tienen que examinar, durante este tiempo de gracia que iniciamos, cómo se realiza en ellos la transmisión de la fe a través de la enseñanza religiosa escolar, la catequesis, las actividades de extensión y el ambiente mismo de la comunidad educativa, para corregir lo que se vea deficiente, completar lo que falta y potenciar lo que felizmente se está cumpliendo con éxito.

En vísperas de mi viaje a Roma para participar en la Asamblea Sinodal, quiero convocar a todos a la celebración inicial del Año de la Fe, que el Obispo Auxiliar, Monseñor Nicolás Baisi, presidirá el sábado 13 de octubre en la Iglesia Catedral. La marcha en procesión hacia nuestro templo mayor, que ha sido programada para esa tarde, quiere ser un testimonio público de fe, una manera de cantar gozosos y agradecidos: ¡creo!, ¡creemos! Estaré unido espiritualmente a todos ustedes. Les envío un afectuoso saludo y mi bendición.

La Plata, 1º de octubre de 2012, memoria litúrgica de Santa Teresita del Niño Jesús.



+ Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata

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