domingo, 15 de marzo de 2009

El Papa pide a los obispos argentinos promover las vocaciones sacerdotales

El Papa pide a los obispos argentinos promover las vocaciones sacerdotales

Fuente: Ciudad del Vaticano, 14 Mar. 09 (AICA)


El papa Benedicto XVI valoró hoy la unidad del Episcopado argentino, destacó las “fatigas y desvelos” para hacer de la Iglesia “casa y escuela de comunión” y exhortó a un “gran esfuerzo” para promover las vocaciones sacerdotales, al recibir a los 31 obispos argentinos que, encabezados por el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, participan de la visita ad límina.


“Sería oportuno proyectar una pastoral matrimonial y familiar más incisiva, que tenga en cuenta la dimensión vocacional del cristiano, así como una pastoral juvenil más audaz, que ayude a los jóvenes a responder con generosidad al llamado que Dios les hace. También es necesario intensificar la formación de los seminaristas en todas sus dimensiones: humana, espiritual, intelectual, afectiva y pastoral, llevando a cabo además una eficaz y exigente labor de discernimiento de los candidatos a las sagradas órdenes”, subrayó en su discurso.


Asimismo, el Pontífice insistió en que “en esta óptica de profundizar en la comunión dentro de la Iglesia, es de suma importancia reconocer, valorar y estimular la participación de los religiosos en la actividad evangelizadora diocesana, a la que enriquecen con la aportación de sus respectivos carismas”.


También les recordó que “los fieles, en virtud de su bautismo, están llamados a cooperar en la edificación del Cuerpo de Cristo. Para ello hay que llevarlos a tener una experiencia más viva de Jesucristo y del misterio de su amor. El trato permanente con el Señor mediante una intensa vida de oración y una adecuada formación espiritual y doctrinal aumentará en todos los cristianos el gozo de creer y celebrar su fe y la alegría de pertenecer a la Iglesia, impulsándoles así a participar activamente en la misión de proclamar la Buena Noticia a todos los hombres”.


Texto del discurso del Santo Padre

Queridos Hermanos en el Episcopado:


1. Es para mí un motivo de profunda alegría daros la bienvenida a este encuentro con el Sucesor de Pedro y Cabeza del Colegio Episcopal.


Agradezco las amables palabras del Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, con las cuales se ha hecho intérprete de los sentimientos de todos. A través vuestro quiero saludar también a todo el clero, comunidades religiosas y laicos de vuestras Diócesis, manifestándoles mi aprecio y cercanía, así como mi aliento constante en la apasionante tarea de la evangelización, que están llevando a cabo con gran dedicación y generosidad.


2. Habéis venido hasta aquí para venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y compartir con el Obispo de Roma las alegrías y esperanzas, las experiencias y las dificultades de vuestro ministerio episcopal. La visita ad limina es un momento significativo en la vida de todos aquellos a quienes se les ha confiado el cuidado pastoral de una porción del Pueblo de Dios, pues en ella muestran y refuerzan su comunión con el Romano Pontífice.


El Señor fundó la Iglesia para que sea «como un sacramento o signo y instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, 1). La Iglesia es en sí misma un misterio de comunión, un «pueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (ibíd., 4). En efecto, Dios ha querido llevar a todas las gentes a la plenitud de la salvación haciéndolas partícipes de los dones de la redención de Cristo y entrar así en comunión de vida con la Trinidad.


3. El ministerio episcopal está al servicio de la unidad y de la comunión de todo el Cuerpo místico de Cristo. El Obispo, que es el principio y fundamento visible de unidad en su Iglesia particular, está llamado a impulsar y defender la integridad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia, enseñando además a los fieles a amar a todos sus hermanos (cf. ibíd., 23).

Deseo expresar mi reconocimiento por vuestra voluntad decidida de mantener y afianzar la unidad en el seno de vuestra Conferencia Episcopal y de vuestras Comunidades diocesanas. Las palabras de Nuestro Señor –«que todos sean uno» (Jn 17, 21) – han de ser una fuente constante de inspiración en vuestra actividad pastoral, lo que redundará sin duda en una mayor eficacia apostólica. Esta unidad, que debéis promover con intensidad y de manera visible, será además fuente de consuelo en el grave cometido que se os ha confiado. Gracias a esta colegialidad afectiva y efectiva, ningún Obispo está solo, porque está siempre y estrechamente unido a Cristo, Buen Pastor, y también, en virtud de su Ordenación episcopal y de la comunión jerárquica, a sus hermanos en el episcopado y a quien el Señor ha elegido como Sucesor de Pedro (cf. Juan Pablo II, Pastores gregis, 8). Deseo manifestaros ahora de modo especial, que contáis con todo mi apoyo, mi oración diaria y mi cercanía espiritual en vuestras fatigas y desvelos para hacer de la Iglesia «la casa y la escuela de comunión» (Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 43).


4. Este espíritu de comunión tiene un ámbito privilegiado de aplicación en las relaciones del Obispo con sus sacerdotes. Conozco bien vuestra voluntad de prestar una mayor atención a los presbíteros y, con el Concilio Vaticano II, os animo a preocuparos con amor de padre y hermano «de su situación espiritual, intelectual y material para que puedan vivir santa y religiosamente y puedan realizar su ministerio con fidelidad y fruto» (Christus Dominus, 16). Asimismo, os exhorto a extremar la caridad y la prudencia cuando tengáis que corregir enseñanzas, actitudes o comportamientos que desdicen de la condición sacerdotal de vuestros más estrechos colaboradores y que pueden, además, dañar y confundir la fe y la vida cristiana de los fieles.


El papel fundamental que desempeñan los presbíteros os ha de llevar a realizar un gran esfuerzo para promover las vocaciones sacerdotales. A este respecto, sería oportuno proyectar una pastoral matrimonial y familiar más incisiva, que tenga en cuenta la dimensión vocacional del cristiano, así como una pastoral juvenil más audaz, que ayude a los jóvenes a responder con generosidad al llamado que Dios les hace. También es necesario intensificar la formación de los seminaristas en todas sus dimensiones: humana, espiritual, intelectual, afectiva y pastoral, llevando a cabo además una eficaz y exigente labor de discernimiento de los candidatos a las sagradas órdenes.


5. En esta óptica de profundizar en la comunión dentro de la Iglesia, es de suma importancia reconocer, valorar y estimular la participación de los religiosos en la actividad evangelizadora diocesana, a la que enriquecen con la aportación de sus respectivos carismas.


También los fieles, en virtud de su bautismo, están llamados a cooperar en la edificación del Cuerpo de Cristo. Para ello hay que llevarlos a tener una experiencia más viva de Jesucristo y del misterio de su amor. El trato permanente con el Señor mediante una intensa vida de oración y una adecuada formación espiritual y doctrinal aumentará en todos los cristianos el gozo de creer y celebrar su fe y la alegría de pertenecer a la Iglesia, impulsándoles así a participar activamente en la misión de proclamar la Buena Noticia a todos los hombres.


6. Queridos hermanos, os aseguro una vez más mi cercanía en la plegaria cotidiana, junto con mi firme esperanza en el progreso y renovación espiritual de vuestras comunidades. Que el Señor os conceda la alegría de servirle, guiando en su nombre a la grey que se os ha confiado. Que la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Luján, os acompañe y proteja siempre, así como a vuestros fieles diocesanos, y os imparto con gran afecto una especial Bendición Apostólica

En Córdoba celebran ya la Misa en Latín

En Córdoba celebran ya la Misa en Latín


Ante el pedido espontáneo de un grupo de fieles, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, dispuso que todos los domingos a las 10 se celebre misa en el Rito de San Pío V, según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, en el Hospital de Niños (Corrientes 643, detrás de la Terminal de Omnibus).

El prelado destacó la disponibilidad del capellán del centro del centro asistencial y nombró al prior de la comunidad de los Padres Dominicos para que designe un sacerdote idóneo a esa celebración, en virtud al motu proprio del papa Benedicto XVI “Summorum Pontificum”.

No obstante, monseñor Ñáñez pidió a los fieles que realizaron la petición que “se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia a la que pertenecen, bajo la guía del obispo como establece el Código Canónico, evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia”

La incoherencia y la hipocresía “roen la vida de los pastores”


La incoherencia y la hipocresía “roen la vida de los pastores”



En la foto: El representante del Papa en Argentina, Mons. Bernardini presidió la Misa en la sede de las OMP    

    

“Hoy, la Palabra de Jesús contiene dos partes: una denuncia y una exhortación: la denuncia pone al desnudo, con un lenguaje tajante, dos defectos: la incoherencia y la hipocresía: ¿Quién puede negar que también hoy exista esta doble carcoma que con tanta frecuencia roe la vida de los pastores, quitando la credibilidad de su testimonio?” Así lo expresó monseñor Adriano Bernardini, nuncio apostólico en la Argentina, durante la misa que se celebró el martes 10 de marzo, primer día de la Asamblea Nacional de los Directores de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de la Argentina, en la sede que esta entidad tiene en Medrano 735, Buenos Aires.

El representante del Papa señaló que “tal vez somos nosotros mismos los que la advertimos con una aguda conciencia que nos deja humillados y turbados… Tratamos cosas santas, explicamos al pueblo las sublimes palabras de Jesús - las de la misericordia y bondad hacia el prójimo, por ejemplo - y, en la práctica, nos descubrimos, con frecuencia, rudos y hasta despiadados”.

“Las palabras de Jesús -prosiguió- contienen una exhortación: está dirigida directamente a los apóstoles y a los discípulos de Jesús, es decir a los pastores de su Iglesia, de los que nosotros somos los sucesores o colaboradores”.

En ese sentido subrayó que “el Maestro evangélico -precisamente porque es evangélico- debe, sobre todo, ser maestro de la humildad. A diferencia de todos los otros maestros, él debe ser consciente de que tanto más y tanto mejor será maestro, cuanto menos enseñe de sí y cuánto más sea intérprete del único Maestro.

Monseñor Bernardini, quien al comienzo había destacado que sin espíritu misionero “no existe ni una verdadera vida sacerdotal ni una auténtica vida cristiana”, finalizó su alocución implorando a la Virgen que “nos dé el coraje de proclamar la Palabra de Dios en toda su integridad y sobre todo de ponerla en práctica”.


Scioli suma al duhaldista Eduardo Camaño a su gabinete

Scioli suma al duhaldista Eduardo Camaño a su gabinete

El gobernador Daniel Scioli incorporará a su gabinete al dirigente del PJ bonaerense Eduardo Camaño. La Jefatura de Gabinete será desdoblada, recreando el ministerio de Gobierno, del que se hará cargo quien fue una de las figuras clave del duhaldismo.

Así lo confirmó el jefe de Gabinete de la Provincia, Alberto Pérez, quien indicó que entre lunes 16 y martes 17 de marzo se enviará a la Legislatura el proyecto de ley que permita crear el ministerio de Gobierno.

Dicho ministerio de Gobierno fue históricamente una de las carteras fuertes de la Administración bonaerense, encargada de las relaciones políticas clave de la Gobernación (con los intendentes y la Legislatura). La Jefatura de Gabinete, en cambio, es una estructura creada hace siete años que hasta la administración Scioli tuvo funciones difusas y escaso peso interno. Por eso Scioli decidió unificar ambas carteras, en busca de una "Jefatura fuerte, al estilo de la del gobierno nacional".

AGUER: LA CRISIS ECONÓMICA Y LAS INTERVENCIONES DEL ESTADO


AGUER: LA CRISIS ECONÓMICA Y LAS INTERVENCIONES DEL ESTADO

Armonizar Principios de Subsidiariedad y Solidaridad

 

            En su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (AMÉRICA TV), conducido por Héctor “Tito” Garabal, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, comentó que un “problema que es típicamente argentino” es que “se suele confundir al Estado con el gobierno de turno” y por eso “el bien común puede quedar sometido a intereses subalternos que son los intereses políticos del gobierno de turno. La pequeña política se impone sobre la Política verdadera, la que se escribe con mayúscula.”

Dijo que “en estos tiempos de crisis global observamos que los Estados, en distintas partes del mundo, intentan reencauzar la actividad económica con intromisiones que no se permitirían en tiempos normales” y que “la Doctrina Social de la Iglesia ha establecido principios claros sobre el particular”.

 “Esta Doctrina sostiene que la intervención del Estado en materia económica tiene que guiarse por dos principios que se armonizan entre sí: por un lado, el principio de subsidiariedad, que implica que una instancia superior no debe asumir las competencias y la libre actividad de las instancias inferiores; y por otro lado el principio de solidaridad, que requiere que, en razón del bien común, el estado intervenga para que haya una mayor igualdad social y para evitar el abuso de unos sectores contra otros”, explicó el prelado platense.

Reconoció que “no es fácil armonizar estos dos principios” y por eso “la solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar fácilmente en asistencialismo, mientras que la subsidiariedad sin solidaridad corre el peligro de alimentar formas de localismo egoísta”.

“Para respetar estos dos principios fundamentales la intervención del Estado en el ámbito económico no debe ser ni ilimitada ni insuficiente sino proporcionada a las exigencias reales de la sociedad” pues “la función primordial del estado” es establecer un marco jurídico en el ámbito económico que permita regular las relaciones de los distintos factores que actúan en la economía de una sociedad”.

Por último Mons. Héctor Aguer indicó que hay “otro factor que no hay que olvidar” que “es la confianza” pues “la intervención del Estado teniendo en cuenta la historia nacional, puede provocar un cierto resquemor, o incluso espanto; sin confianza es muy difícil que se pueda reconocer la objetividad de esa intervención, su necesidad, sus límites, sus finalidades. Podría aplicarse a este asunto el famoso refrán: el que se quemó con leche cuando ve una vaca, llora”.

 

 

A continuación, el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:

“En estos tiempos de crisis global observamos que los Estados, en distintas partes del mundo, intentan reencauzar la actividad económica con intromisiones que no se permitirían en tiempos normales”.

 “Esto indica que existe una conciencia de que en situaciones críticas o extraordinarias el Estado puede asumir posiciones de suplencia en la actividad económica y, además, en condiciones normales debe ejercer un papel regulador con miras a asegurar el bien común. Incluso se suele interpretar la actual crisis como una falla en la debida regulación del Estado ante el despropósito de la especulación financiera”.

 “Este problema se plantea también entre nosotros. La Doctrina Social de la Iglesia ha establecido principios claros sobre el particular”.

 “Esta Doctrina sostiene que la intervención del Estado en materia económica tiene que guiarse por dos principios que se armonizan entre sí: por un lado, el principio de subsidiariedad, que implica que una instancia superior no debe asumir las competencias y la libre actividad de las instancias inferiores; y por otro lado el principio de solidaridad, que requiere que, en razón del bien común, el estado intervenga para que haya una mayor igualdad social y para evitar el abuso de unos sectores contra otros”.

“Pero no es fácil armonizar, en la práctica, estos dos principios. De hecho en el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” nos encontramos con esta descripción: “la solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar fácilmente en asistencialismo, mientras que la subsidiariedad sin solidaridad corre el peligro de alimentar formas de localismo egoísta”.

“Para respetar estos dos principios fundamentales la intervención del Estado en el ámbito económico no debe ser ni ilimitada ni insuficiente sino proporcionada a las exigencias reales de la sociedad”.

“Esto es porque la función primordial del estado, de acuerdo a la Doctrina de la Iglesia, es establecer un marco jurídico en el ámbito económico que permita regular las relaciones de los distintos factores que actúan en la economía de una sociedad”.

“Quizás no es fácil aplicar concretamente, ante una circunstancia especifica, estos dos principios y observar esta armonía entre la subsidiariedad y la solidaridad. Es una afirmación tradicional en la Doctrina Social de la Iglesia –ya lo decía Juan XXIII en la Encíclica “Mater et Magistra”- que si la intervención del estado es excesiva o si se prolonga por demasiado tiempo, más allá de las necesidades, corre el riesgo de sofocar la iniciativa privada y a las distintas instituciones que participan en la actividad económica e incluso ir implantando una situación de tiranía en lo político o en lo económico”.

“La intervención concreta debe decidirse en función de la prudencia, que es la virtud propia del gobernante”.

 

“Como digo: en ciertos casos concretos debe intervenir el estado con esta medida o no, los principios tienen que ser aplicados de acuerdo a la prudencia”.

 

“Pero, además, hay otro problema que es típicamente argentino. Entre nosotros, tradicionalmente, se suele confundir al Estado con el gobierno de turno. El Estado, en realidad, pasa a ser el gobierno. Muchas veces los sucesivos gobiernos han tomado medidas contrastantes, unos después de otros, sin advertir que si no se establecen políticas de Estado es muy difícil que el Estado mismo cumpla adecuadamente su papel. El bien común puede quedar sometido a intereses subalternos que son los intereses políticos del gobierno de turno. La pequeña política se impone sobre la Política verdadera, la que se escribe con mayúscula”.

“Otro factor que no hay que olvidar es la confianza. La intervención del Estado teniendo en cuenta la historia nacional, puede provocar un cierto resquemor, o incluso espanto; sin confianza es muy difícil que se pueda reconocer la objetividad de esa intervención, su necesidad, sus límites, sus finalidades. Podría aplicarse a este asunto el famoso refrán: el que se quemó con leche cuando ve una vaca, llora”.