martes, 14 de septiembre de 2010

VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA “FAMILIA Y SEXUALIDAD”

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VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA

“FAMILIA Y SEXUALIDAD”

VIERNES 1º DE OCTUBRE DE 2010

DE 9 A 20 HS

Disertantes:

S.E.R. Mons. A. Baseotto

Ignacio Andereggen

Horacio Bojorge

Mariana De Ruschi

Zelmira Seligmann

Pedro Andereggen

Fernando García Diez

Gabino Tabossi

Andrea Piscicelli

UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA

“SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AIRES”

AUDITORIO MONSEÑOR DERISI

Edificio Santo Tomás Moro

Alicia M. de Justo 1400

Buenos Aires – Argentina

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Inscripción, el día de la Jornada.

Público en general $30

Estudiantes $20

Informes:

psicología_catolica@yahoo.com.ar

jornadasdepsicologia@svmaria.org.ar

(011) 15 – 3463 – 9909

DE SI UN CULTO INDECOROSO PUEDE AGRADAR A DIOS

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Por Sebastián Randle

Dificultades: Parece que un culto externamente indecoroso puede agradar a Dios.

1.- Que el Apóstol Pablo (Hebreos I: 2) ha dicho que la novedad del culto cristiano está en su fundamento que es el sacrificio perfecto y definitivo de Cristo, Hijo de Dios. De tal manera que en la presente dispensación todo culto verdadero fluye del costado del cuerpo de Cristo quién en su pasión y muerte “se ofreció una sola vez” (Hebreos, IX:8) entregándose “por nosotros como oblación y víctima a Dios” (Efesios V:2), razón por la cual todo culto agradable a Dios no será sino mística reproducción de aquel sacrificio arquetípico. Ahora bien, en aquella oportunidad en su manifestación exterior aquel sumo sacrificio resultó indecoroso en varios registros según aquello del Deuteronomio (XXI: 23) “Maldito es de Dios el que es colgado de un madero”: así, la víctima compareció desfigurada, como anticipó el Profeta puesto que no tenía “ni apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni aspecto que nos agrade” (Is. LIII:2). En efecto, la víctima apareció como “el desecho de los hombres [...] como alguien de quien uno aparta su rostro, le deshonramos y le desestimamos” (Is. LIII:3). Y Cristo sacerdote antes de morir sacrificado en la Cruz rezó con las palabras del salmista diciendo que era “gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe” (Ps. XXII:7). Por lo demás, a excepción de unos pocos -y de modo singular su Santísima Madre- la conducta de quienes asistieron a este sacrificio fue del todo indecorosa, meneando la cabeza, blasfemando, escarneciendo e injuriándolo (Mc. XV:29-31). En efecto los allí presentes lo desnudaron, insultaron, se burlaban de El (Mt. XXVII:35, 39, 41) y en general lo zahirieron de todas las maneras posibles (Lc. XXIII:35), tal como lo había profetizado el Salmista (Ps. XXII:8). O bien, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVI, a. 5), “Cristo sufrió en sus amigos que le abandonaban; en su reputación, por las blasfemias proferidas contra El; en su honra y gloria, por las burlas y afrentas que se le causaron; en sus cosas, porque hasta fue despojado de sus vestidos; en su alma, por la tristeza, tedio y temor; y en su cuerpo, por las heridas y azotes”. Y sin embargo este sacrificio resultó eminentemente agradable a Dios y si algún culto le agrada es por razón de la pasión y muerte de su Hijo. Luego, si todo  culto verdadero procede de éste, se sigue que un culto indecoroso puede agradarle.

2.- Que el Apóstol (Hebreos X:10) ha dicho que “hemos sido santificados de una vez y para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo” y por consiguiente, en la presente dispensación el decoro exterior en el culto resulta irrelevante con tal de llegarnos, como pide San Pablo en la misma carta (X:22) a la “común reunión” con “corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”. Reunidas estas condiciones en quienes le rinden culto -aunque la liturgia incluya rúbricas y rituales que a algunos pueden parecer indecoroso- agrada a Dios.

3.- Dice el Doctor Común (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “incurre en vicio de falsedad la persona que ofrece a Dios en nombre de la Iglesia un culto contrario a los ritos establecidos por ella en virtud de su autoridad divina, y practicados como ella acostumbra”. Pero hay quienes han objetado como indecorosas ciertas prácticas introducidas por la Santa Iglesia y que se han hecho costumbre tales como celebrar de cara al pueblo reemplazando el altar sacrificial por una mesa que evoca una cena, autorizando la comunión de pie, abolición de la mantilla en las mujeres quienes gozan ahora de permisión para servir en el altar, se abolió la costumbre de comulgar de rodillas y se permite la comunión en la mano, además de haberse introducido el uso de instrumentos musicales profanos tales como la guitarra y cánticos con letras que conspiran contra el decoro propio de lo sacro -o simplemente, contra el decoro. Tales innovaciones, y experimentos de diversa laya y reformas litúrgicas varias fueron introducidas o permitidas por la Iglesia. Toda vez que todo eso se ha hecho con una autoridad que procede de Dios, aun cuando se considere que tales reformas conspiran contra el decoro propio de lo sacro, no puede decirse que desagrada a Dios.

4.- Que cabe recordar aquello de “ecclesia semper reformanda”. Así, las rúbricas y ceremonias litúrgicas han variado a los largo de los siglos, celebrándose diferentes ritos en distintos lugares con lo que resulta sumamente difícil determinar cuáles de esos accidentes externos del culto son decorosos y cuáles no. Es por esto que resultaría presuntuoso realizar un juicio definitivo sobre la cuestión debiendo el cristiano presumir que los ritos establecidos por la Iglesia y celebrados tal como está indicado agradan a Dios, más allá de las preferencias e inclinaciones estéticas de cada cual.

5.- En su oración sacerdotal (Juan XVII:21-23) Cristo rogó al padre por la unidad de sus discípulos. Con el fin de favorecer tal unidad la Iglesia resolvió derogar antiguas costumbres -como el uso del latín, el altar, las imágenes de la Santísima Virgen, los velos cuaresmales, etc.- lo que permitiría un mayor acercamiento de los hermanos separados. De tal modo que si en el culto se introdujeron nuevas prácticas que a algunos les parecen indecorosas, deben recordar que el fin con el que se llevaron a cabo tales reformas era el de propiciar la unidad de los cristianos, lo que agradaría más a Dios que la conservación de una liturgia que obstaculizaría tan santo propósito.

Sed contra: Que Santo Tomás (Contra Gentes, III, Cap CXIX) recuerda que “Dios proveyó al hombre de manera que también en las cosas sensibles se le hiciese recordación de Dios [...] para excitarse a las cosas divinas, como son las postraciones, genuflexiones, clamores vocales y cantos [...] para que mediante estas obras sensibles nuestra intención se diriga a Dios y se encienda en afecto [...] para a su modo darle reverencia [...] rindiéndole el honor de la piedad”, con lo que se cumple el “deseo” del Padre, que es el de tener adoradores en espíritu y en verdad (Juan, IV:23). Ahora bien, si las manifestaciones externas de un culto distrayesen a los fieles impidiéndoles dirigirse a Dios, encenderse en afecto, tributándole reverencia con verdadera piedad, sería por fuerza un culto indecoroso y en esa medida, no puede agradarle a Dios. 

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Respuesta: Que, como lo señalara el venerable Cardenal Newman (Parochial & Plain Sermons, VIII, Sermón 1, Reverence in Worship) “en general, la reverencia por las cosas sagradas ha sido nota distintiva de los cristianos practicantes, mientras que la falta de reverencia ha sido, en general, nota de los cristianos no-practicantes” llegando a preguntarse el Cardenal en el mismo lugar “¿cómo puede nadie ni por un instante imaginar que tiene fe en Dios y sin embargo permitirse ser irreverente hacia El?” para recordar luego que “incluso en la religiones paganas siempre se consideró a la fe y la reverencia como idénticas”.  Pero el mismo Cardenal también advirtió que quienes apostatan de la Iglesia de Cristo “han caído en errores peores que los paganos. Constituyen la excepción ante la voz concordante del mundo entero en todo tiempo y lugar; rompen con el sufragio unánime de la humanidad al creer, por lo menos con su conducta, que el temor reverencial de Dios (awe) no constituye el primero de los deberes religiosos [...] En efecto, algunos consideran al temor reverencial como si fuera una superstición y a la reverencia como una esclavitud. Se han acostumbrado a comportarse con familiaridad y entera libertad respecto de las cosas sagradas, como si dijéramos, por principio”.   

Mas conviene advertir con otro Cardenal (Bona, De divina psalmodia, cap. 19, II, 1), que “aunque en efecto las ceremonias no contengan en sí ninguna perfección y santidad, sin embargo son actos externos de religión que, como signos estimulan el alma a la veneración de las cosas sagradas, elevan la mente a la realidades sobrenaturales, nutren la piedad, fomentan la caridad, acrecientan la fe, robustecen la devoción, instruyen a los sencillos, adornan el culto de Dios, conservan la religión y distinguen a los verdaderos cristianos de los falsos y de los heterodoxos”. Y como recomienda el Catecismo Romano en su explicación de la primera petición de la Oración Dominical (Cuarta Parte, Cap. I, 4), al pedir que el nombre de Dios sea santificado se indica que los hombres deben “honrarlo y exaltarlo con alabanzas y plegarias a imitación de la gloria que recibe de los santos en el cielo; que el honor y culto de Dios debe estar constantemente en los labios, en la mente y en el corazón de todos los hombres, traduciéndose en respetuosa veneración y en expresiones de alabanza al Dios sublime, santo y glorioso”.

Pues bien, como recuerda San Agustín (De Civ. Dei, X) “el sacrificio visible que exteriormente se le ofrece a Dios es el signo invisible del sacrificio con el que uno se ofrece a sí mismo y sus cosas en obsequio a Dios”. Dicho esto, conviene que la distancia entre el signo y lo significado no sea tanta que el signo desmienta lo que se quiere significar. Pues, como señala el Aquinate (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “mentir es mostrar exteriormente con signos lo contrario de la verdad. Y así como una cosa puede manifestarse con palabras, del mismo modo puede expresarse con hechos [...] y si con tal culto exterior se expresa algo falso, en este caso el culto será pernicioso”, como cuando se practica un culto que tiende a crear la impresión de que sólo importa la humanidad de Cristo, y ésta entendida como un hombre desprovisto de inteligencia, carente de virilidad, sentimental y muy poco parecido al retrato que de El no suministran los Evangelios. Que es lo que Boulgakoff dio en llamar la herejía del “jesusismo”.  

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Es para evitar cosas como éstas que el Apóstol (I Cor. XIV:40) pidió que “en todas las iglesias de los santos [...] se haga todo con decoro y orden”, y es la razón por la que Teresa de Jesús (Vida, XIII, 16) suplicaba que “de devociones a bobas nos libre Dios”. Por lo mismo San Pedro (I Pedro, IV:1) nos recomienda ser “prudentes y sobrios” para poder dedicarnos a la oración. Todas estas recomendaciones (y muchas más) están dirigidas a asegurar un “culto racional” (Rom. XII:1) externamente decoroso para la edificación de los fieles y mayor gloria de Dios.

Mas puede preguntarse alguno en qué consiste el decoro en la acción litúrgica, cosa que resulta fácil de entender si se tiene en cuenta que los rituales son expresión de la fe verdadera (a punto tal que muchas veces se recurre a los ritos como fuente teológica para responder a cuestiones controvertidas) y que, “por su estrecha relación con los dogmas [...] debe conformarse a los dictámenes de la fe católica proclamados por la autoridad del Magisterio supremo” (Mediator Dei, nº29) y que, por tanto, resulta indecorosa toda acción litúrgica que falsifique, desmienta, empalidezca o rebaje las verdades de la fe católica.

Por otra parte conviene recordar que, siguiendo una tradición multisecular un Papa en ejercicio de la plenitud del Magisterio (Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, 1947) habiendo manifestado que “son de alabar los que se afanan por que la Liturgia, aun externamente, sea una acción sagrada en la cual tomen realmente parte todos los presentes” y reconociendo que “esto puede hacerse de muchas maneras” (nº 66), advirtió gravemente que, por el contrario, sería verdadera desgracia para la Iglesia, que, 1) se desconociera que el Sumo Pontífice es el único con derecho a reconocer y establecer todo lo referente a modificaciones del culto (nº 38 y 44); 2) A la vez, este Papa, invocando su título de sucesor de Pedro (nº 44), reprobó “severamente” a quienes introducen nuevas costumbres litúrgicas y advirtió de los peligros que entraña recurrir al uso de lenguas vernáculas en la celebración del Sacrificio Eucarístico, trasladar fiestas “fijadas ya por estimables razones”, o excluir algunos textos de la Escritura de las oraciones públicas por considerarlas “poco apropiadas y oportunas para nuestros días” (nº 39); 3) También el mismo Papa reprueba a quienes “creen que el pueblo tiene verdadero poder sacerdotal y que los sacerdotes obran solamente en virtud de una delegación de la comunidad” (nº 53); 5) Con igual autoridad, este Papa deplora el parecer de quienes pretenden negar el carácter sacrificial de la Misa, advirtiendo expresamente que “de ningún modo se requiere que el pueblo ratifique lo que hace el ministro del altar” (nº 60) y lamenta el parecer de quienes “afirman capciosamente que aquí no se trata sólo de un Sacrificio, sino del Sacrificio y del convite de la comunidad fraterna” (nº 71); extendiéndose también en análogas advertencias, 6) en torno a la música sagrada (nº 113) que no deben tener “sabor profano” (nº 115),  instando además a que, 7) se vele en todo tiempo por el decoro, la piedad y la modestia cristiana (nº 118), y en síntesis recomienda que “en todo lo que atañe a la Liturgia, deben ante todo brillar estas tres virtudes, de las que habla Nuestro Predecesor, Pío X, a saber: la santidad, del todo opuesta a novedades de sabor mundano; la dignidad de las imágenes y formas a cuya disposición y servicio deben estar las genuinas y elevadas artes; y el espíritu universalista que, sin contravenir en nada las legítimas modalidades y usos regionales, patentice la unidad de la Iglesia” (nº 111, las cursivas son originales).

Así, con innumerables instrucciones, advertencias y reformas, desde que fue fundada, la Iglesia veló en todo tiempo y lugar por el decoro externo en el culto. Y en iguales términos se han propuesto análogas recomendaciones en la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, aunque es a partir de este documento que en materia litúrgica se procedió a delegar facultades otrora reservadas exclusivamente a la Santa Sede.

Ahora bien, si muchos (o incluso la mayoría) de los obispos, prelados, peritos, o comunidades religiosas han abusado de las prerrogativas que dicha Constitución les ha concedido no parece exacto decir que tales innovaciones fueron establecidas por la Iglesia con autoridad divina, sobre todo cuando los delegatarios desobedecieron lo expuesto prolija, clara y reiteradamente por el magisterio rompiendo de ese modo con tradiciones venerables y muy especialmente cuando tales rúbricas se contraponen manifiestamente a antiquísimas costumbres codificadas por el rito Romano que en buena parte procede por lo menos desde el s. III y que expresa decorosamente la verdadera fe católica desde los tiempos apostólicos.

Y en la medida en que estas audaces reformas han sido impuestas a la grey al amparo de un régimen jurídico sumamente indulgente desatendiendo antiguas costumbres -quienes han procedido así, “como queriendo ejercer dominio sobre la herencia” (I Pedro, V:3), han puesto en peligro la fe de muchos induciendo a confusión a los feligreses y fomentando prácticas desacralizadoras que difícilmente agradarían a Dios en la medida en que “trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la creatura antes que al Creador” (Romanos, I:25) contra la expresa recomendación del Apóstol (I Cor. VIII:9): “Cuidad, empero, de que esta libertad vuestra no sirva de tropiezo para los débiles”.

Por lo demás, debe decirse que quienes así se comportan rebajan la Jerarquía de Dios y, como dice el Aquinate (Escritos de Catequesis, comentando el Primer Mandamiento de la ley) , “el que niega al rey la sumisión debida, es traidor. Esto es lo que hacen con Dios algunos [...] cosa que desagrada extraordinariamente a Dios”, puesto que resulta igualmente idolátrico el culto rendido a “dioses extraños” como el retaceo en la veneración, piedad y gravedad que exige el culto de Dios.

Por último, seimpre conviene recordar que ha sido profetizada para los tiempos finales “la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo” (Mt. XXIV:15) o, como lo dice otro Evangelista “instalada en el lugar donde no debe estar”, (Mc. XIII:14). Estas palabras de Nuestro Señor y que remiten a la expresión del profeta Daniel (XII:11, IC:27 y XI:31 -en Hebreo, “shíqqûç shômem”) constituyen “palabras cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Dan. XII:9) y, por tanto resultan de difícil inteligencia. Con todo, se colige del texto de Daniel que previo a la instalación de la abominación quedará abolido el sacrificio perpetuo y por esta razón los Padres interpretaron que -si bien no pueden precisar su exacta naturaleza- con estas palabras se refiere a alguna clase de culto idolátrico, o una profanación en grado extremo, que en modo alguno puede agradar a Dios.

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Soluciones

A la objeción primera, debe señalarse con San Juan Damasceno (Expositio super Orthodoxa Fide, cap. XII) que “cuando el Señor fue crucificado, contemplaba el occidente, y es por esta razón que nosotros lo adoramos con la cara vuelta hacia El”, esto es, hacia el Este, que es por donde sale el sol. Ahora bien, es de saber que, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVIII, a. 3, ad. 3), “por parte de sus matadores la pasión de Cristo fue un crimen, pero por parte del que la sufrió por caridad fue un sacrificio. Por lo cual este sacrificio se dice haberlo ofrecido el mismo Cristo, mas no aquellos que lo mataron”. Esto no quita que siempre conviene recordar que, en cierto modo, cada uno con sus pecados ha participado en ese deicidio por lo que todo culto decoroso por fuerza incluirá gestos externos que signifiquen nuestra debida compunción, a ejemplo del publicano de la Parábola (Lc. XVIII:13) que “salió justificado” y que se expresa adecuadamente en el Kirie y el Agnus Dei. Pero ciertamente sería disparate pretender que reactuemos los sentimientos de quienes lo insultaron, zahirieron y finalmente crucificaron. Muy por el contrario, como lo pide San Pablo (Fil. II:5) corresponde que asumamos “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” y que protestemos con el mismo Apóstol que está “clavado juntamente con Cristo en la Cruz” (Gál. II:19).

Ahora bien, como dijera el Aquinate (II-II, q. 93, a. 2) “el fin del culto divino es que el hombre dé gloria a Dios y se someta a El con alma y cuerpo”. Y en la medida en que el culto se corresponda con su razón de fin necesariamente será decoroso.

A la objeción segunda, Que, como dijera el Apóstol (Rom X:10) “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salud”, siendo que una cosa debe expresar la otra. Pues bien, como dijera el Aquinate (Super Ep. Sancti Pauli Apost. ad Rom. expositio, XII:1), “en los actos externos se debe aplicar la medida de la discreción en atención a la caridad” y en otro lugar (S. Th. II-II, q. 93, a. 1, ad. 2), que “los hombres fueron instruidos en esto mediante preceptos exteriores, cuya infracción es perniciosa”. En efecto, si bien las ceremonias con que se administran los sacramentos no pertenecen a su esencia -de tal modo que en caso de urgente necesidad pueden omitirse- era necesario rodear los misterios sagrados de un culto religioso para que aprendiéramos a tratar santamente las cosas santas. Y es por esta razón que en el Concilio de Trento (Denz. 856) se estableció que “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos pueden despreciarse o ser omitidos por el ministro a su arbitrio sin pecado, o mudados en otros por obra de cualquier pastor de las iglesias, sea anatema”.

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A la objeción tercera, que si bien las rúbricas litúrgicas han variado a lo largo de los siglos estableciéndose diferentes formas de culto en distintos lugares, conviene saber que tales variaciones han sido siempre producto de desarrollos lentos y orgánicos que han ido surgiendo según las circunstancias e idiosincracia de las regiones. Semejante variedad en el modo de celebración litúrgica fue siempre supervisada y homologada en diversos grados por la Sede Apostólica que en todo tiempo y lugar veló para que la ley de la oración no desmintiera la de la fe (“lex orandi, lex credendi”), lo que garantizaba una mínima uniformidad en todas partes como las distintas partes de la misa, su carácter sacrificial, la necesidad de leer determinados textos y respetar determinadas fiestas, etc. Ahora bien, debido a las reformas litúrgicas introducidas por los protestantes en el s. XVI que, precisamente, conspiraban contra la fe, la Iglesia Católica, echando mano a la lengua universal latina y con el auxilio de la imprenta, codificó antiguas rúbricas litúrgicas en el llamado Rito Romano que durante cuatro siglos sirvió como referencia estable y uniforme para las iglesias locales, preservando así la unidad de la fe y del culto en todas las regiones del mundo. Y quedó claramente establecido que “el Sumo Pontífice es el único que tiene derecho a reconocer y establecer cualquier costumbre cuando se trata de culto, a introducir y aprobar nuevos ritos y a cambiar los que estime deben ser cambiados” (Encíclica “Mediator Dei”, nº 38).

Eso último fue sustancialmente modificado en el Concilio Vaticano II, que en su Constitución Sacrosanctum Concilium si bien reconoce que “la reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; (y que ésta) reside en la Sede Apostólica” (S.C. nº 22) mandó revisar “cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo” (S.C. nº 25), lo que equivale a una delegación de las facultades que hasta entonces era exclusivo resorte de Roma.

Por lo demás, en tal Concilio se dispuso “adaptar mejor a la necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambio y en especial, las litúrgicas” (S.C. nº 1), lo que ciertamente puede hacerse con la debida cautela, la primera de las cuales habría sido tener presente la explícita admonición de San Pablo (Rom. XII: 1-2) para que los cristianos celebren “un culto racional [...] sin conformarse con el mundo”. Puede tal vez salvarse la proposición “Adaptarse mejor a las necesidades del tiempo” -cuya formulación no es, por decir lo menos, muy precisa- mas siempre que no implique una conformidad con el siglo contra la cual  el Apóstol nos previene y un culto decoroso nos defiende, salvando la sacralidad de ritos, tiempos y lugares en medio del mundo. En ese sentido, puede recordarse lo de Oscar Wilde que “la Iglesia es casa para el hombre” y aplicarse la conocida sentencia de Saint Exupéry que reservó para su “Ciudadela”: “mansión en el espacio y rito en el tiempo”
De todos modos, lo que ocurrió fue que la referida delegación de potestades litúrgicas en episcopados, comisiones diocesanas y, por fin, diversos peritos, más allá de las diversas intenciones con que se ejercieron los poderes delegados, de hecho dio lugar a un ambiente de general desorden que permitió la introducción de diversas prácticas ajenas a la tradición de la Iglesia y muy conformes con el siglo, tales como las enumeradas en la objeción que aquí nos ocupa. Ahora bien, conviene recordar con Santo Tomás (S. Th. II-II, q. 168, a. 1, ad. 3) que “los movimientos exteriores son signos de la disposición interior y su moderación pertenece a la virtud de la verdad por la cual nos mostramos, en las palabras y en las acciones, como somos interiormente”, de dónde la gravedad de lo ocurrido. En efecto, en los días que corren se constata frecuentemente en el culto debido a Dios diversas prácticas indecorosas y numerosas faltas a la gravedad y reverencia que le son debidas, trayéndonos a la memoria lo que dijera el Cardenal Newman sobre aquellos que se comportan en el templo como si estuvieran en su casa y no en la Casa de Dios: “Todo lo que puedo decir es que estos se animan a hacer en la presencia de Dios lo que no se atreven ni los Querubines ni los Serafines¾¾pues ellos se velan la faz y, como si no se atrevieran a dirigirse a Dios, Lo alaban dirigiéndose unos a otros, con pocas palabras y continuamente repitiendo “Santo, santo, santo, Señor Dios de Sabaoth”. Esto, porque, como lo expresa el Aquinate (S. Th. II-II, q. 101, a.2, primera objeción) “las cosas del culto divino deben revestir la máxima gravedad”.

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Y así, no por casualidad vino a suceder que, poco después de introducidas toda clase de rituales, rúbricas y permisiones indecorosas, un Papa denunció en dos oportunidades que “por una grieta, el humo de Satanás se había infiltrado en la Iglesia”. Y así como el Apóstol (Hechos, XVII:23) dijo que los atenienses habían adorado al Dios verdadero sin saberlo, igualmente puede que llegue un tiempo en que la grey cristiana, sabiéndolo formalmente o no, adore “al dragón” (Apocalipsis XIII:8) bajo fachada de una adoración al Dios único, de tal modo que resulte extremadamente difícil distinguir el trigo de la cizaña.
Y aunque, como hemos dicho, resulta posible tributar un culto interior agradable a Dios en medio de rituales y liturgias externamente indecorosas, siempre conviene recordar con San Pedro (I Pedro, I:17) que “si llamamos Padre a Aquel que, sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conviene vivir en temor durante el tiempo de nuestra peregrinación” sabiendo que “en el tiempo oportuno” (Salmo CXLIV:15)  Dios “enviará sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego” siendo que “recién entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo, XIII:41-43) y entonces “publicarán la gloria de tu reino, y pregonarán tu potestad, haciendo conocer a los hijos de los hombres tu poder y el magnífico esplendor de tu reino” (Salmo CXLIV:11-12).

A la objeción cuarta, debe recordarse que el fin del culto es Dios en quien, según el Apóstol Santiago (I:16) “no hay mudanza ni sombra de variación”. Y si bien entre los hombres puede haber mudanza y variación en las rúbricas rituales, todas ellas deben cumplir con su fin. Porque, como expresa el Aquinate (Contra Gentes, III, cap. CXXI) “así como mediante las cosas corporales y sensibles la mente del hombre puede elevarse a Dios, si alguno usa de ellas del modo debido en reverencia de Dios, así también el uso indebido de ellas o bien abstrae la mente totalmente de Dios cuando la voluntad se fija en las cosas inferiores, o bien retarda la intención de la mente hacia Dios cuando nos aficionamos a esas cosas más allá de lo que es menester”. De donde puede colegirse cuando un culto agrada a Dios y cuando no.  Por lo demás, todas las cosas derivan su nobleza de su fin. Y siendo que el fin del culto a Dios reside en tributarle reverencia y piedad mediante “sacrificios de alabanza” (Hebreos XIII:15), se nos exige un “culto racional” (Romanos XII:1) y, en cambio, toda manifestación externa del culto que no se ordene a su fin propio resulta irracional y en esa medida resulta indecorosa y por tanto no es verdadero culto ni puede agradar a Dios.
Por lo demás, como lo ha expresado C.S. Lewis (Carta a Mrs. Arnold, 1-IV-52, en Letters of C.S. Lewis, London, Collins, 1988, p. 420),  toda novedad en el culto conspira contra la verdadera devoción: “Un ritual litúrgico fijo tiene la ventaja de que sabemos qué nos espera. En cambio las oraciones públicas ex tempore tienen esta dificultad: no sabemos si podemos unirnos a ellas -podrían ser falsas o heréticas. Es así que nos vemos compelidos a desarrollar simultáneamente dos actividades recíprocamente incompatibles: la crítica y la devocional. En una forma litúrgica fijada en el tiempo no hay sorpresas puesto que las conocemos desde antes: los rituales preestablecidos permiten que uno se dedique a sus devociones con entera libertad. Por otra parte, encuentro que cuanto más rígidos son, más fácil resulta evitar las distracciones [...] A su través resplandece la forma permanente de la cristiandad. No veo cómo el método de la liturgia ex tempore puede dejar de convertirse en algo provinciano y creo que tiende a dirigir la atención más hacia el ministro que a Dios”. A lo que puede agregarse que cuanta menos variación haya en el culto, mayor noticia tendremos de la inmutabilidad del Eterno.

A la objeción quinta, debe decirse que en modo alguno es lícito empañar las verdades de fe para acercarse a quienes las niegan (tales, por ejemplo, como el culto de hiperdulía hacia la Santísima Virgen, el primado de Pedro o el carácter sacrificial de la misa), lo que resultaría en infidelidad y doble engaño hacia los fieles católicos y hacia los que no lo son -que merecen mejor trato de parte nuestra, singularmente franqueza y autenticidad, requisitos que se comprometerían si se intentara ocultar o disfrazar tales dogmas de fe, cosa que no podría agradarles a ellos ni a Dios.

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Por lo demás, si los dogmas de la fe alejan a algunos de la Iglesia, debe recordarse con San Gregorio (Hom. 7 in Ezech.) que “cuando de la verdad nace el escándalo, debe más soportarse éste que abandonar la verdad”.

Por lo demás las prácticas introducidas en la liturgia pueden, tal vez, agradar a quienes blasonan de ser secularizantes,  especialmente entre los protestantes de distintas confesiones, como es el caso de algunos entre los luteranos y calvinistas, pero al mismo tiempo ha contribuido a alejar y dificultar cualquier acercamiento ecuménico con quienes practican un culto decoroso hacia Dios tales como el que practican los anglocatólicos y muy señaladamente los ortodoxos de todos los patriarcados quienes se destacan por la piadosa custodia de venerables tradiciones y el empeño puesto en conservar antiquísimos y muy bellos rituales.

Y que, al conservar amorosamente un culto grave, reverente y piadoso, agradan a Dios. 

Laus  Deo

¿PODRIAN CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER Y SUS ALIADOS “CATOLICOS” SER EXCOMULGADOS?

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Por Horacio Calderón *

La Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, su marido y ex primer mandatario, Dr. Néstor C. Kirchner, conjuntamente con varios de sus aliados dentro y fuera del Gobierno Nacional y figuras del arco opositor, han incurrido en un acto gravemente inmoral y nocivo del bien común de la sociedad argentina toda, al promover y/o aprobar, según el caso, la sanción de la ley que permite el reconocimiento de las uniones homosexuales.

INTRODUCCION
La Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, su marido y ex primer mandatario, Dr. Néstor C. Kirchner, conjuntamente con varios de sus aliados dentro y fuera del Gobierno Nacional y figuras del arco opositor, han incurrido en un acto gravemente inmoral y nocivo del bien común de la sociedad argentina toda, al promover y/o aprobar, según el caso, la sanción de la ley que permite el reconocimiento de las uniones homosexuales.
Las últimas acciones, declaraciones y violentas diatribas de la Presidente de la Nación y de algunos senadores adictos como Miguel Pichetto contra la Iglesia Católica, comenzando por la misma persona del Santo Padre Benedicto XVI, fueron acompañadas reconociendo públicamente su condición de bautizados, practiquen o no la fe al momento de la comisión de sus cuestionados actos.


REFUTACION A LAS FALACIAS DE LA PRESIDENTE Y SUS ALIADOS
La Presidente Kirchner, hizo nuevamente gala de una ignorancia supina mezclada con falacias, a lo cual nos tiene también acostumbrados cuando trata materias que nada tienen que ver con la religión y el orden natural. Especialmente, cuando adujo desde China conceptos sobre la institución del matrimonio, que de ninguna manera se compadecen ni con el Antiguo Testamento ni con la Revelación Cristiana.
¿Ignora u oculta nuestra Presidente que la verdad natural sobre el matrimonio fue confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación, en la que se expresa la voz de la naturaleza misma? Esto se encuentra en el libro del Génesis (Gn 1, 27; 2, 24 y 1, 28) y, posteriormente, fue elevado sí por Cristo a la dignidad de sacramento. Así, la Iglesia Católica, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, lo confirma y refuerza con el significado cristiano, que puede confrontarse en los Santos Evangelios (Mt 19, 3-12 y Mc 10, 6-9). Santos Evangelios sobre los cuales Cristina F. de Kirchner juró su cargo de Presidente de la Nación Argentina, invocando también a Dios y a la Patria, además de proclamar anterior, posterior y reiteradamente su condición de cristiana católica.
Y es precisamente en su condición de tal, es decir de Presidente católica de la Nación Argentina, donde residen algunas de las gravísimas faltas cometidas durante los últimos días.
La comparación que hizo la Presidente entre el antiguo Tribunal Eclesiástico de la Inquisición y la defensa pastoral de la Doctrina Social y del Catecismo de la Iglesia Católica vigentes actualmente, merecen un tratamiento especial y apartado del objeto principal del presente trabajo.


EL DEBIDO COMPORTAMIENTO DEL POLITICO CATOLICO
El avieso conjunto de acciones y expresiones propias de la verborragia de que hace gala la Presidente, ha violado reiteradamente la obligación que tiene como política “católica” de oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, exigencia que es más especial -por su alta investidura- que la de los simples fieles.
Ya se han expuesto sobradamente durante los últimos tiempos las objeciones al matrimonio homosexual desde el punto de vista racional, biológico y antropológico, social y jurídico. Asimismo, sobre las consecuencias de otorgarles la posibilidad de adoptar niños a los nuevos derechohabientes, equiparándolos al mismo régimen legal que asiste en la Argentina al matrimonio heterosexual y, en ciertos casos especialísimos, a ciudadanas y ciudadanos argentinos solteros.
El Papa Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Joseph Cardenal Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI), el día 28 de marzo de 2003, aprobó las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personal homosexuales”. El importante documento, que mantiene plena validez, presenta argumentos y conclusiones muy precisas, sobre la materia que concierne a la ley recientemente aprobada por ambas cámaras del Congreso Nacional de la Argentina.
El capítulo más importante de tales “Consideraciones” arriba mencionadas, es el que lleva como título: “Comportamiento de los políticos católicos ante legisladores favorables a las uniones homosexuales”.
Entre sus principales citas se destaca lo siguiente:
“Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas:
“En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.”

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EXCOMUNION: SOBRE SI PODRIA HABER FUNDAMENTOS Y SUSTANCIA JURIDICA EN ALGUNOS DE LOS HECHOS RECIENTES EN LA ARGENTINA
El activismo a favor de la ley de uniones homosexuales y las virulentas calumnias e injurias contra la Iglesia Católica que lo acompañaron, no exentas de un profundo contenido herético por parte de ciudadanos argentinos bautizados con funciones en los tres poderes del Estado, podría colocar a algunos de ellos frente a la posibilidad de ser excomulgados.
Actualmente y según coinciden canonistas consultados, las causas de excomunión han quedado notablemente reducidas en la actualidad. Por otra parte, no encuadraría en ninguna de ellas la aprobación del matrimonio homosexual. Máxime, si hasta ahora no se hizo uso de la aplicación de dicha pena canónica en casos flagrantes como las leyes que han habilitado el crimen del aborto en países tradicionalmente católicos, tal el caso de España.
Tampoco, para ser aún más actuales, en los aberrantes procesos por pedofilia que han cometido, permitido y ocultado miembros del clero católico a muy alto nivel. Situación denunciada duramente por el Papa Benedicto XVI, incluyendo la reciente sanción de medidas contra quienes cometieron y cometan tan flagrantes delitos.
Cierto es que los argumentos anteriormente expuestos, sólo parecen apuntar a la baja probabilidad de ocurrencia de la aplicación de penas canónicas, en lo que a la ley de uniones homosexuales se refiere.
Pero la hipótesis aquí planteada sobre las excomuniones no se basa en ello, sino en argumentos heréticos utilizados por la Presidente Kirchner y el senador Miguel Pichetto, principalmente, que constituyen la justificación doctrinal de actos sumamente graves y contrarios al Evangelio.
Un asesor muy cercano a un legislador que se opuso a la cuestionada ley, comentaba a quien escribe estas líneas que una pena de excomunión equivaldría a emitir una condena política. Este argumento no es nuevo y ha sido tratado por prestigiosos canonistas, quienes reconocen que la Iglesia Católica carece de poder temporal en los Estados-Nación del mundo contemporáneo.
En efecto, la excomunión no equivale a una condena política, ni lo contempla así de manera alguna el Derecho Canónico, sino que es una pena medicinal de la Iglesia Católica para quienes han cometido delitos graves, tal el caso expreso mencionado de la “proferición” de herejías por parte de bautizados.
Aunque el Código de Derecho Canónico no la defina así -opina el P. Pedro María Reyes Vizcaíno -, se suele considerar que el efecto de la excomunión es la expulsión del delincuente de la Iglesia. “Por la excomunión -afirma-, el delincuente no pertenece a la Iglesia. Naturalmente, esta afirmación merece una reflexión: puesto que los bautizados no pierden su carácter del bautismo ni su condición de bautizados. En este sentido, no se puede decir que los excomulgados dejen de pertenecer a la Iglesia. Los vínculos de comunión espiritual e invisible no se alteran, pero se rompen los vínculos extrínsecos de comunión”.
Por otra parte, la Iglesia Católica siempre desea y espera que tal pena canónica ayude a recapacitar a las personas, a pedir perdón y a arrepentirse de sus actos, convirtiéndose y cambiando de vida. Esto tiene plena validez, siempre dentro de un contexto religioso, que el Estado Nacional tiene la obligación de respetar, como queda claramente expresado en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”.
Volviendo a precedentes graves en materia de excomuniones a jefes de Estado, la Argentina registra un confuso precedente en el caso del entonces Presidente Juan Domingo Perón, aunque las dudas históricas sobre si existió tal excomunión nunca quedaron fehacientemente aclaradas.
Además, en dicho caso se suele asociar la supuesta sanción con la quema de las iglesias católicas en 1955, cuando en realidad fue decretada por otras razones, como se verá a continuación. El Dr. Roberto Bosca, quien es sumamente crítico del Justicialismo en general y de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón en particular, admitió a Clarín que “la quema de los templos católicos es un punto que nunca fue aclarado por la historia. No hay claridad absoluta sobre quién fue el autor. Se acusa inclusive a los masones.entonces vicepresidente Alberto Teisaire Hay referencias bastante concretas de que el autor intelectual de la quema fue el alte. Teisaire, que tenía un gran poder en ese momento. Y puede establecerse fehacientemente que Teisaire era masón porque lo consulté con la masonería”, concluye. Vale en este aspecto sumarse al menos hipotéticamente a los dichos del Dr. Bosca. El contralmirante Alberto Tesaire conformaba realmente una camarilla con el ministro del Interior Angel Gabriel Borlenghi, quien era socialista. Ese grupo de poder fue el germen de una dura ofensiva contra las jerarquías de la Iglesia. También, contra todos aquellos miembros católicos del gobierno justicialista, tendencia que resultó irreversible y que culminó con la fatídica quema de templos el 16 de junio de 1955.
Sin embargo y coincidiendo con que el entonces presidente Perón nunca dio una orden de incendiar iglesias católicas, debe destacarse que quienes fueron responsables directos de tales acciones, contaron con un ambiente previo propicio, como también turbas a su disposición para ejecutar tamañas agresiones.
Las referencias históricas expuestas no son ociosas, porque hay que tenerlas muy en cuenta si se quiere prevenir la existencia de condiciones similares futuras en la Argentina. La virulenta prédica oficial y la de aliados y simpatizantes contra la Iglesia Católica, podría conducir a la comisión de ataques contra templos y/o hasta algunos de sus principales pastores.
Pero volviendo al caso del teniente general Perón, fue acusado conjuntamente con otros funcionarios de su gobierno de expulsar del país a monseñor Manuel Tato y a Ramón Novoa. Posteriormente, la Santa Sede decretó la excomunión de todos los que habían participado en esa expulsión, sin mencionar nombres en particular.
Resulta interesante citar el texto en latín del importante decreto de excomunión, para abordar luego los aspectos más importantes de ese precedente, dado el 16 de junio de 1955: Cun postremis hisce temporibus in Republica Argentina multismodis in Ecclesiae iura invasum sit et im ipsas ecclesiasticas personas sitimpetitum; novissime quidan nedum manus iniicere in Excmum P.D. Emmanuelem Tato, Episcopum titularem Aulonensem, Auxiliarem et Vicarium Generalem archidioecesis Bonaërensis, sed et Ollum ab exercitio suae jurisdictionis impedire et ab ipsa Dictione Argentina expellere ausi sint, Sacra Congregatio Consistorialis declarat ac monet eos omnes qui huiiusmodi delicta petraverunt, sive mandantescuiuscumque generis et gradus, sive complices quos praefata delicta sua natura postularunt, sive illos qui ad delictorum consummationem latae sententiae epeciali modo Apostolicae Sedi reservatam, ad tramitem cann, 2343 s 3, 2334 n. 2, 2209 s 1.2. 3 C. I. C., contraxisse ceterasque poenas pro qualitate delinquetium incurrisse, ad normam sacrorum canonum. Datum Romae, ex Aedibus S. Congregationis Consistorialis, die 16 Iunii 1955 Fr. A. I. Card. Piazza, Ep Sabinen, et Mandelen, a Secretiis S. Iosephus Ferretto, Adsessor”.
Como puede deducirse del texto la pena canónica estuvo centrada en la acción de “poner manos violentas” sobre la persona de un obispo, como además con el objeto de impedirle el ejercicio de las funciones episcopales que le eran inherentes en su jurisdicción eclesiástica.
Ya muchos años después y luego de pedir ad cautelam la absolución, ya que de hecho había sido beneficiado anteriormente “por motivos de caso urgente, por su propio confesor y admitido a los Sacramentos”, el día 13 de febrero de 1963 se concretó dicha solicitud en la visita del arzobispo de Madrid, monseñor Eijo y Garay. Fue entonces que el Obispo español dio la absolución al teniente general Peron, quien la recibió de rodillas .
Los datos citados por Bosca coinciden además con informaciones confirmadas muchos años atrás al autor de estas líneas por un importante allegado al líder del Justicialismo, conjuntamente con otros detalles que no viene al caso abordar en este documento.
Lo más interesante del caso relacionado con la Presidente Cristina F. de Kirchner, es que esta debería tomar debida nota de la importancia que ha dado históricamente la Santa Sede al derecho de los obispos a gozar plenamente de sus derechos, como también a ejercer plenamente todos sus deberes episcopales. Y mucho más aún, a asegurarles las condiciones necesarias para preservarlos a ellos y al clero y laicos bajo su jurisdicción de sufrir acciones violentas que puedan poner en peligro sus vidas y la de bienes de la iglesia.
Como la agresión del aparato kirchnerista contra el sustrato cristiano de nuestra Nación se extenderá muy probablemente y en breve al aborto, debe recordarse que podrían quedar excomulgados aquellos políticos o personas particulares bautizados en la Fe Católica que promuevan activamente su aprobación.
Al respecto, el Código de Derecho Canónico establece (Cfr. Canon 1398) que quienes provocan la muerte de un hijo en el seno materno incurren en la pena de excomunión.
Como precedente de faltas gravísimas relacionadas con la permisión institucional del aborto se encuentra el caso del rey de España, Juan Carlos I, quien no sólo no se opuso a esto en su país, sino que incluso afirmó que él no era el fallecido Balduino de Bélgica, quién sí fue en vida un acérrimo opositor al crimen del niño por nacer. Cabe agregar que el monarca español frecuenta los sacramentos y nunca fue públicamente y severamente amonestado por la Iglesia Católica.
La política estadounidense Nancy Pelosi, tercera en la línea de sucesión presidencial, quien se proclama católica, defendió públicamente como “sacrosanto” el derecho de la mujer al aborto inducido prenatal. Sin embargo y a pesar de ello tampoco fue excomulgada, aunque se comenta que recibió en persona una reprimenda del Papa Benedicto XVI, cuando esta visitara oficialmente la Santa Sede.

La excomunión puede ser infligida de dos maneras:
1) Latae sententiae, en que la pena rige a partir del momento en que se comete el delito (Cfr. Canon 1314) y como consecuencia de un juicio que hace el mismo condenado con su acto delictivo.
2) Ferendae sententiae, que según puede confrontarse en el Canon 1341 y siguientes, implica necesariamente la sentencia de un Obispo o sentencia judicial, desde ya canónica.
En cuanto a lo que aquí se trata en relación a la Presidente y otros “políticos católicos”, se requeriría la aplicación de la pena ferendae sententiae, que ciertamente es más complicada de aplicar que la primera. Sobre todo, en razón de las múltiples causas -incluyendo la prudencia del Ordinario de la jurisdicción o incluso del mismo Papa-, que podrían evitar la firma de un decreto de excomunión de altísima repercusión institucional y social.
La pregunta que podría plantearse en el caso argentino actual, frente a la traición al deber moral cometida por legisladores que fueron debidamente advertidos de sus errores durante los últimos tiempos, al igual que la Jefe de Estado, es si la Iglesia Católica podría estar en condiciones de decretar sus excomuniones, según las jerarquías institucionales y responsabilidades particulares de cada uno de los ciudadanos católicos afectados en particular.
Ya se han expuesto las razones por las cuales no habría en principio bases para excomuniones generadas por la ley aquí tratada.
No obstante, sí podría existir causal de excomunión por comisión de delitos contra el Evangelio por parte de fieles bautizados, si estos utilizaran su condición de cristianos católicos para promover a sabiendas doctrinas heréticas, tal los casos de la Presidente Kirchner y del senador Pichetto, para nombrar solamente a los más emblemáticos de la última arremetida anticristiana.
El mayor escollo no radicaría tanto en el Código de Derecho Canónico, sino en el grado de decisión de los obispos para decretar o no esa pena, afirmaron dos de las fuentes consultadas, coincidiendo con el parecer de este autor, expresado ya ut supra.
Pero además, alguien con rango de Jefe de Estado como la Presidente Kirchner, por su alta jerarquía constitucional, en principio solamente podría ser excomulgada por el Sumo Pontífice o a instancias de él, siempre que existieran fundamento y substancia jurídica en el marco del Código de Derecho Canónico.

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En la foto: El matrimonio presidencial Kirchner con el obispo Maccarone en un Tedeum… este Obispo iba a ser aceptado y promovido por el Gobierno como presidente de la Conferencia Episcopal.


LA OBLIGACION DE LOS OBISPOS ARGENTINOS FRENTE A LA LEY
Las “Consideraciones” aprobadas por Juan Pablo II concluyen afirmando:
“La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.”
Este último párrafo es absolutamente claro, sobre la obligación de los obispos de la Iglesia Católica de haberse opuesto sin cortapisas a la ley que será promulgada en breve en nuestro país por la Presidente de la Nación, en el marco de un más que probable espectáculo circense, que tendría lugar en la Casa Rosada.


¿INCITACION A LA VIOLENCIA QUE PODRIA CONDUCIR A ATAQUES A TEMPLOS?
Un capítulo aparte y final lo merecen los discursos violentos o injuriosos de la Jefe de Estado, legisladores y dirigentes políticos bautizados en la Fe Católica, formulados durante los últimos días. La responsabilidad institucional más importante la tiene la presidente Kirchner, quien desde China equiparó con la Inquisición los contenidos de la Doctrina Social y el Catecismo de la Iglesia Católica. Contenidos que son la base sustancial de los argumentos expuestos por el Cardenal Primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, para oponerse a la sanción del nuevo engendro legal.
De ahí a decir o inducir a que se piense que cada templo es un centro “inquisidor” y desatar ataques, hay un límite que podría pasar cualquier mente febril de las que abundan en torno al matrimonio gobernante
La República Argentina ya experimentó en 1955 uno de los hechos más siniestros de su historia, como fue la quema de iglesias católicas por parte de hordas enardecidas y descontroladas.
¿Alguien podría asegurar que ello no volverá a ocurrir, incluso por parte de personas enemistadas con el mismo Gobierno o simplemente de extremistas que quieran sembrar el caos?
Hechos de violencia de la naturaleza mencionada, podrían tener sin dudas un alto grado de probabilidad de ocurrencia, si continúa la violencia verbal contra la Iglesia Católica y sus pastores, tal como se observa en la realidad.
De cualquier manera y sobre lo que ha sucedido hasta hoy y que ha sido objeto principal del presente documento, será una de las más pesadas y nefastas herencias del capítulo kirchnerista de la revolución anticristiana, que está demoliendo las bases esenciales de nuestra nacionalidad.


(*) A simple título de fiel católico.

MERCADO GRANARIO: CBoT, COMO LA ROSADA: SIGA, SIGA, SIGA EL BAILE

a trigo 

 
Por: Alejandro Pérez Unzner 
+APUntes de mercados agropecuarios y afines
Martes 14 de septiembre de 2010, 7.30 hs.
 
 
Entre el viento de cola y el de frente, a moverse
 
    La sesión electrónica de Chicago y Kansas City mostraba un marcado tono alcista al comenzar el lunes, sobre todo en las posiciones más cercanas de los granos habitualmente referidos. El mismo se mantuvo en la apertura de la diurna, se moderó de a ratos y terminó siendo la marca de la jornada. En soja se rozaron los u$s/t 3 de suba y terminó a 1,50; en maíz, con precios de lo más alto en dos años, se trabajó a +2,75 (casi el doble de la mejora nocturna), y en trigo se tocaron los 6 dólares y se cerró +4. De cola y, casi, casi, a toda vela, diría. A esta hora, vemos un leve retroceso de u$s/t 0,60 en maíz, soja neutral y trigo -1,50, salvo sep./2010.
 
    Contradiciendo a varias opiniones pesimistas acerca de un rebrote de la crisis (viento de frente) y de las malas señales desde el empleo, sobre todo en EE.UU. y España, a más de la cuestión sanitaria de la banca europea, las señales a favor vencieron en la pulseada de apertura, ya con el hemisferio Norte en plena actividad. Con el dólar a 1,29 euros y el crudo alrededor de 80 u$s.
 
    Se sabe que, últimamente, hablar de tasas chinas es referirse a crecimiento económico desmesurado. Ayer, un dato sobre la industria de ese país y su actividad, sumado al de inversión, provocó sonrisas en los mercados (Hablamos de casi 14% de crecimiento industrial interanual y de casi 25% en ocho meses, respectivamente). Si bien varios expertos sostienen que las cosas no están, a nivel global y sobre todo norteamericano, tan vigorosas como hace 4-5 meses, la economía mundial no parece, al menos por momentos, marchar tan mal. Agrego: pero.
    De manera, entonces, que no extrañó ver al maíz superando los 190 dólares ni al trigo, en Chicago, jugando con los 275, con un ojo puesto en lo mal que le sigue yendo a Rusia y Ucrania con el tiempo, de cara a la siembra entrante. Los fondos especuladores están largos en soja y los comerciales, cortos en más del doble de contratos que aquéllos: confían en la cosecha, parece. Los primeros estuvieron comprando bastante maíz los días pasados y, por lo visto, siguen en esa tesitura.
 
    "Bajando" al campo, a la tierra, la cosecha americana va bien, en líneas generales, pero con lluvias en el horizonte, que la complican en varias zonas, sobre todo entre el Mediooeste y las Planicies centrales: las mismas se alternan con tiempo inusualmente seco en otras áreas.
 
    Luego de la rueda, USDA difundió los datos semanales sobre estado y progreso de cultivos: 11% del maíz trillado (se esperaba 15%, puede ser alcista en el cortísimo plazo), contra 6% habitual, ya con 93% indentado y 52% maduro. Adelantadas, ambas fases. La soja está peor (63% bien o mejor, contra 64 de hace siete días y 69 del 2009), con 38% perdiendo hojas. El trigo primaveral ya fue cosechado en un 83% (91%, normal).
 
 
¿Todo el año es Carnaval?
 
   ¿El viento en popa durará para siempre? ¿Sabe el gobierno que esta "racha" es la mayor de la historia moderna, referida al resultado económico argentino inserto en el contexto global? ¿Se puede seguir desafiando a la muerte y jugando con la vida (y no digo el deceso meramente político, que quede claro)?
 
     Bueno, lo cierto es que una presidente más distendida, más ella, más individual que casal, presentó un proyecto para ampliar la cantidad de feriados y días no laborables, y modificar la situación de algunos ya existentes. En un marco bien murguero, la clásica dialéctica oficialista: el traje de nacional y popular para jerarquizar el 20 de noviembre (Día de la Soberanía. ¿Alimentaria? -cfr. Congreso del MNCI en Ezeiza-) y reflotar el pagano Carnaval, con pomo y careta,  antifaz y desenfado. ¿Qué viento soplará en el próximo verano sureño? Digo, por lo de "La Niña" como comedida en este corso, y sin disfraz que valga.
    Con menor presión compradora en soja, el físico nacional se movió como lo viene haciendo, más proclive a copiar lo de afuera en nueva cosecha en dólares, que en el cercano en pesos, que repitieron sus valores, excepto quizás en el trigo para molinos. Los de acá, porque los transplatinos firman hoy el convenio con Aaprotrigo y Carbap en el encuentro de Abitrigo, como para aceitar el comercio bilateral dentro de las limitaciones que el contexto intervencionista estipula.
 
   El maíz nuevo, camino a 140 dólares, mientras el sector reclama a viva voz que se sincere el comercio, se permita exportar más y se ayude así al productor, en plena decisión sobre siembras, a saber con qué contará en el ciclo agrícola que se inicia. Más allá de percibir la dirección del viento. El atmosférico, del S (y aledaños) en esta primera mitad de semana, tras las lluvias de ayer (fuertes en el Sur de Brasil, según últimos datos) y enmarcando días fríos, con probables heladas, en esta salida del invierno.
 
   ¿Se está ante otra pelea por el precio de los biocombustibles? Dicen que Planificación Federal no hace caso a Comercio Interior.

¿Se viene el "Nuevo Polo Arrocero Argentino"? ahora que se metió la soja en Entre Ríos y que el trigo y el lino no se rinden en esa provincia, Corrientes y el Chaco ganan espacio, sobre todo ésta como alternativa junto con Formosa y parte de Santa Fe. La movida de los grandes-grandes nos habla de un negocio si bien específico, interesante en la coyuntura y apuntando al menos a mediano plazo, dados sus altos costos productivos y de inversión inicial, la necesidad de agua y combustible si se opera con pozo y bombas, etc. 
Gente de Soros sigue adquiriendo arroceras en Corrientes y planeando grandes obras para riego (si el gobierno nacional, empeñado en causas casi personalistas, lo permite), y la de Eurnekian suma -en Chaco- al algodón el cultivo a gran escala del blanco cereal, con la novedad de la aspersión, en  operaciones del orden de 25-30 millones de dólares, y así. 
Toda vez que la Argentina arrocera no sea brasildependiente como lo fue durante muchos años, y pase a tener peso en el comercio internacional del grano, las cosas tomarán otro cariz, más parecido al dorado del parboil que al del gasoil. 
 

SILENCIO COMPLICE O PASIVIDAD TEMEROSA

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Por Tcnl. Jose Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 -CMN 73)


   Cuando se produce un cataclismo, el sentido de conservación, hace que se trate de escapar de sus efectos y, en ocasiones, se olvide responsabilidades o deberes, ante el peligro  que sorprende, inmoviliza y que no se domina. El que actúa, generalmente, lo hace impulsado por las circunstancias o bien, lo que es lo deseable, por haber sido entrenado para tales emergencias. Las organizaciones que actúan con lógica, racionalidad e inteligencia, saben de la posibilidad de los riesgos y peligros a los que pueden ser eventualmente conducidos y, por ello, crean métodos, formas o actividades para paliar efectos o disminuir consecuencias.

El problema se presenta en las "grandes organizaciones", como son los países, cuando se percibe que están evolucionando hacia un desastre y el silencio o la pasividad no alerta o, a lo menos, intenta alguna forma de acción para detener lo que se supone sucederá. La primer cuestion, es saber cuales son los signos determinantes de la cuestión, poder valorarlos y, consecuentemente,indagar sobre sus orígenes, ya que es vano hacerlo sobre sus consecuencias. Normalmente, en las sociedades actuales, el signo mas relevante, es el incremento de la delincuencia en sus mas diversas manifestaciones. El delincuente es el ser que encuentra como forma de su realización el apartarse de la convivencia y actuar sin respeto a sus obligaciones ante sus semejantes. Cuando en una comunidad proliferan los delitos es, sin dudas,la señal mas clara de su deterioro y no atenderlo por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo, es demostración de falta de sensibilidad, calidad de gestión o, lo que puede ser lo peor, una suerte de complicidad pasiva o activa.

Los delitos motivan miedo, que no se debe confundir con cobardía, pues el es lo normal para toda persona que esta sometida a la posibilidad de la agresion. La técnica de ocultar los delitos, usada en ocasiones, es una forma de alentar a los delincuentes, que no se dan cuenta que su accionar es tan nocivo que alcanza efectos más allá del hecho en si.

Cuando aparecen "delincuentes de guante blanco", casi siempre  en niveles de poder elevados, el tema adquiere características de "corrupción", ya que, para alcanzar sus fines, necesitan la alianza o la colaboración, cuando no la participación, de alguien en aquella posición. Dada la situación de estos delincuentes, además, gozan de una cierta impunidad o una posible protección, que oculta el delito e impide, consecuentemente, su represión. Es allí donde el silencio obra a favor del accionar delictivo ya que no se expone, se ignora o, quizás, se olvida, con lo que los hechos quedan impunes.

La historia recoge con claridad momentos en los que las sociedades se han encontrado con el incremento de la delincuencia, no tan solo la de la clásica criminalidad, sino la proveniente de vicios, oportunidades o tendencias, mas o menos embozadas, que llevan a la disociación, la ignorancia y, finalmente, la aceptación. Estas sociedades, en algún momento, han colapsado, infiltradas por el mal, débiles ante sus efectos y afectadas en sus valores de unidad como comunidades.

Las naciones, pese a su calidad soberana, también pueden ser afectadas por un tipo de delincuencia política, que obra sobre su economía o cultura para deformarla, conforme sus fines inconfesables. Este tipo de accionar se manifiesta por la tendencia al cambio que busca destruir lo pasado y modificarlo por un incierto futuro. En lugar de innovar para seguir la evolución o apoyar los desarrollos, se modifica sustancialmente lo acordado democráticamente, suplantándolo, por una idea "luminosa", que enceguece a algunos que se benefician de ella y no tiene en cuenta a aquellos que serán los perjudicados. Esta delincuencia se materializa por la repentina aparición de "potentados", que tienen fortunas logradas del "favor oficial" originados en algún tipo de complicidad con el poder.

Cuando se estudia el proceso político y gubernamental de nuestro país, surge que, en su actividad aplicada, se han producido momentos que, bajo el manto del "cambio", generalmente originado por "ideologías" o "intereses corporativos", se anularon esfuerzos en unos o se activaron posibilidades en otros, que la sociedad acepto mansamente, como si ella estuviera temerosa o fuera cómplice, quizás pensando que no la afectaba directamente. Este tema apareció en otros países, como puede ser lo que sucedio en la Alemania nazi o el comunismo Soviético, que, pese a lo maligno de los escenarios, la población  mantuvo un "silencio cómplice" o no reacciono por una "pasividad temerosa", lo que lleva a pensar que este es un fenómeno social que puede aparecer en cualquier comunidad, aun la nuestra.

Los argentinos sabemos que nuestros sucesivos gobiernos se han ido apartando de las bases fundacionales, modificando el claro mandato de la CNA Art. 1, con lo que se ha "cambiado" el sentido de "representación federal" que, a su vez, lo hace sobre la idea de "republica", lo que, considerado conforme la lógica y el raciocinio elemental, constituye un evidente acto delictivo, que aparece como alentado en los dirigentes y olvidado por los ciudadanos, pese a que sus efectos, al no concordar con los fines pactados, crea una disolución de objetivos que llevan a la dilacion, la duda y el desmembramiento en el accionar conjunto.

El gran interrogante final, ante esta exposición del problema, es tratar de saber si este camino al desastre institucional esta claro en los dirigentes y la sociedad, o todos lo aceptamos como inválidos o infradotados por un "silencio cómplice" o una "pasividad temerosa". La Argentina de los últimos tiempos muestra una cada vez menor participacion ciudadana, al tiempo que el crecimiento de lo marginal y la elución de responsabilidades, lo que significa una suerte de rebeldia pasiva ante la autoridad a la que se desconoce o que se la considera inútil o inoperable, a lo que ella hace "oídos sordos", lo que hace valido interrogarse si el "silencio cómplice" o la "`pasividad temerosa", no tan solo esta en la sociedad sino que esta en los dirigentes, con los nefastos resultados que ello podrá acarrear.