sábado, 28 de mayo de 2011

MONS AGUER CRITICÓ EL INTENTO DE LEGALIZAR EL “ABORTO POR VÍA JUDICIAL”, Y A LA JUEZ CARMEN ARGIBAY

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    En su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata y Presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, manifestó su preocupación por considerar que se está avanzando en legalizar el aborto por la vía judicial y se refirió a declaraciones de la Juez Carmen Argibay.

Destacó que esto sucedió en los Estados Unidos y que ahora diversas instituciones argentinas “han pedido a la Corte Suprema de Justicia de la Nación un pronunciamiento que convalide el fallo del Superior Tribunal  de Justicia de Chubut que, en marzo del 2010, autorizó que se practicara el aborto a una menor que se encontraba en el quinto mes del embarazo. De hecho se produjo el asesinato de aquel niño pocos días después del fallo”.

Señaló que esa es “la punta de lanza para que un pronunciamiento de la Corte abra la puerta a la legalización del aborto. Al parecer la Corte resolvió ya el llamado de autos para dictar sentencia”. También comentó que recientemente leyó “un reportaje hecho a la Dra. Carmen Argibay en el cual ella renueva su conocida posición favorable a la legalización del aborto”.

Mons. Aguer, acerca de un reportaje en que la Juez reiteró su opinión favorable a la “legalización del aborto”, destacó que “al parecer, la destacada jurista se aferra a obsoletas teorías medievales. Porque lo que todo el mundo puede hoy saber, porque está avalado por certezas científicas irrefutables, es que en la unión del espermatozoide con el óvulo se da el origen de una nueva vida, de una vida plenamente humana. No será luego una persona humana si no empezó a serlo  desde ese momento en que, por la unión de los dos gametos, el cigoto unicelular contiene toda la información genética que identifica a una persona. Coinciden, en efecto, fecundación y concepción”.

También sostuvo explicó que “la Dra. Argibay dice en este reportaje que en realidad en los tres primeros meses del embarazo lo que existe es una esperanza de vida muy frágil; sugiere entonces que en ese período se puede privilegiar el derecho de la madre, sobre todo porque al abortar ella no correría peligro. ¿Estará pensando quizá que el embarazo es una desgracia, un accidente, una maldición? Probablemente considera que hay que hacer lugar a supuestos peligros para la vida psíquica y social de la madre. Sugiere también que a partir de los tres meses habría que privilegiar la vida del niño porque abortarlo sería peligroso para la madre. La frialdad de estas afirmaciones resulta escalofriante. Por otra parte, ¿no se da aquí un caso de prejuzgamiento?”.

Además señaló: “Si la Dra. Argibay va a tener que pronunciarse en virtud de su cargo respecto de este tema ¿no tendría que excusarse luego de dar sentencia, puesto que ya ha adelantado su juicio?”.

Adjuntamos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:

“En muchas oportunidades hemos comentado, en esta columna televisiva, la marcha de distintos proyectos legislativos tendientes a legalizar el aborto en la Argentina. Pero hoy quisiera advertir sobre otro peligro que se cierne: la posibilidad de que se llegue a esa legalización por vía judicial”.
 
“Eso es lo que pasó en los Estados Unidos. Muchos de ustedes recordarán el famoso caso Roe versus Wade por el cual la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos inició ese camino de legalización del aborto”.
 
“Sucede que ahora, aquí en la Argentina, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Centro de Estudios Legales y Sociales junto con el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos han pedido a la Corte Suprema de Justicia de la Nación un pronunciamiento que convalide el fallo del Superior Tribunal  de Justicia de Chubut que, en marzo del 2010, autorizó que se practicara el aborto a una menor que se encontraba en el quinto mes del embarazo. De hecho se produjo el asesinato de aquel niño pocos días después del fallo”.
 
“Ahora estas instituciones que he mencionado piden a la Corte Suprema de Justicia de la Nación que convalide aquel fallo. De hecho ese recurso ha devenido abstracto, porque la cosa ya ocurrió. Pero esta es la punta de lanza para que un pronunciamiento de la Corte abra la puerta a la legalización del aborto. Al parecer la Corte resolvió ya el llamado de autos para dictar sentencia”.
 
“Ante esta perspectiva corresponde aludir a la posición ya declarada de algunos miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación”.
 
“Días pasados he leído un reportaje hecho a la Dra. Carmen Argibay en el cual ella renueva su conocida posición favorable a la legalización del aborto”.
 
“Llama la atención que una persona tan importante en el ámbito de la Justicia emplee argumentos tan falaces. Dice que el fondo de la cuestión consiste en que hay, en el caso del aborto y su legalización, dos derechos en pugna: uno es la vida de la mujer y el otro una esperanza de vida”.
 
“La opción entre la vida de la mujer y la vida del niño aparece en el Artículo 86 del Código Penal, redactado de acuerdo a los criterios eugenistas que reinaban en la década de 1920. Si en el caso de peligro para la vida de la madre se practicaba un aborto, este hecho no era castigado. Habría que reformar ese artículo de acuerdo con las posibilidades reales de la medicina actual de salvaguardar la vida de la madre y del hijo”.
 
“La Dra. Argibay compara la vida de la mujer y la vida del niño poniendo a éste en una inferioridad de condiciones, como si no fuera ya realmente una vida humana sino sólo una esperanza de vida. Según su opinión se puede abortar porque el derecho de la madre es superior; ni siquiera alude a un peligro de vida. Es un caso gravísimo de discriminación, sobre todo porque la jueza reconoce que la Constitución protege la vida humana desde la concepción. Pero aquí se desliza en otro error. Dice que “el problema es que no sabemos cuándo empieza la concepción porque todo el mundo confunde fecundación con concepción”.

“Al parecer, la destacada jurista se aferra a obsoletas teorías medievales. Porque lo que todo el mundo puede hoy saber, porque está avalado por certezas científicas irrefutables, es que en la unión del espermatozoide con el óvulo se da el origen de una nueva vida, de una vida plenamente humana. No será luego una persona humana si no empezó a serlo  desde ese momento en que, por la unión de los dos gametos, el cigoto unicelular contiene toda la información genética que identifica a una persona. Coinciden, en efecto, fecundación y concepción”.
 
“Además, la Dra. Argibay dice en este reportaje que en realidad en los tres primeros meses del embarazo lo que existe es una esperanza de vida muy frágil; sugiere entonces que en ese período se puede privilegiar el derecho de la madre, sobre todo porque al abortar ella no correría peligro. ¿Estará pensando quizá que el embarazo es una desgracia, un accidente, una maldición? Probablemente considera que hay que hacer lugar a supuestos peligros para la vida psíquica y social de la madre. Sugiere también que a partir de los tres meses habría que privilegiar la vida del niño porque abortarlo sería peligroso para la madre. La frialdad de estas afirmaciones resulta escalofriante. Por otra parte, ¿no se da aquí un caso de prejuzgamiento? Si la Dra. Argibay va a tener que pronunciarse en virtud de su cargo respecto de este tema ¿no tendría que excusarse luego de dar sentencia, puesto que ya ha adelantado su juicio?”.
 
“Nosotros nos preocupamos muchas veces de los proyectos legislativos que proponen la legalización del aborto, pero esta otra vía, la judicial, es también un verdadero peligro”.
 
“Una última observación: se alude nuevamente al presunto derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. La mujer es dueña de su cuerpo, pero no es dueña de la vida ajena. Ese pequeñísimo ser humano, que ha comenzado a vivir en su seno no es parte de la mujer, es alguien distinto del cuerpo de la madre, una realidad nueva. En la biología de la generación –decía el Beato Juan Pablo II– se inscribe la genealogía de la persona”.

LA AUTORIDAD DE LOS VARONES

San Jose

El pensamiento de Mons. Richard Williamson

COMENTARIOS ELEISON 202 (8-V-2011)

Dos hombres jóvenes, con incertidumbre acerca de contraer matrimonio, me suplicaron el otro día que escribiera un manual acerca de cómo los hombres deben de comportarse como hombres. Su solicitud fue realmente un llanto de angustia: "¿Cuándo debemos de ser amables con las mujeres, y cuándo debemos ser firmes? ¡Ya no lo sabemos!" En años pasados la respuesta a esa pregunta era mero sentido común para cualquier varón, pero la autoridad hoy en día ha sido tan desarraigada por la propaganda liberal que el problema de ejercerla dentro del matrimonio puede explicar en parte por qué hoy en día muchos jóvenes prefieren simplemente vivir juntos en vez de casarse. Lo que a continuación se presenta no es un manual, pero por lo menos podrá indicar a nuestros dos mosqueteros la dirección correcta.

San Pablo dice: "Doblo mis rodillas ante el Padre de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra" (Efesios III, 14,15). En otras palabras, toda la paternidad o autoridad entre las creaturas de Dios se modela a raíz de la paternidad y autoridad de Dios mismo, de la cual se deriva. Así como uno de los personajes de Dostoyevski dice, "Si Dios no existe, entonces no tiene ningún sentido para mi ser oficial de ejercito." Por lo tanto es evidente que si los hombres destierran a Dios de sus sociedades, como sucede hoy en día en todo el mundo, entonces toda la autoridad es desarraigada radicalmente. En el individuo, la razón será incapaz de gobernar a las pasiones, en la familia el padre será incapaz de controlar su hogar y en el Estado la democracia vendrá a parecer la única forma legítima de gobierno, lo que no es para nada en la realidad. 

Ahora, al observar la vida diaria dentro de una familia, ¿quién puede negar que los varones sean más fuertes que las mujeres en el uso de la razón, mientras que las mujeres son más fuertes que los varones en la intuición y en el sentimiento? Vean cualquier comedia en la TV si lo dudan. Los sentimientos tienen su lugar importante en la vida y al igual que nuestras esposas, no deben ser menospreciados, más bien deben de ser también controlados, guiados, porque vienen y van, son inestables, y como tales no son una guía confiable a la acción. Por el contrario si la razón discierne lo que es objetivamente verdad y justo, se estabiliza por el hecho de que la verdad y la justicia objetivas están por encima de cualquier individuo o de sus sentimientos. Por lo tanto, la razón puede escuchar a los sentimientos, pero debe de gobernarlos. Es por eso que los hombres tienen, como hombres, una autoridad natural poseída solo excepcionalmente por las mujeres, quienes tienen otras cualidades. Esa es la razón por la cual el hombre es naturalmente la cabeza de la familia y del hogar, mientras que la mujer naturalmente es su corazón.

Pero el liberalismo que gobierna el mundo moderno disuelve todo sentido de verdad o de justicia objetivas. Al hacerlo, priva a la razón de su objeto y de su ancla objetiva en una realidad superior e independiente del sujeto que razona. Siendo la razón la prerrogativa de los hombres, el liberalismo golpea a los hombres antes de golpear a las mujeres, cuyos instintos femeninos no dependen de la razón. De igual modo el liberalismo corta la autoridad de los hombres que baja desde lo que está por encima de ellos, en última instancia la Verdad y Justicia divinas, y hace que el uso de autoridad se vuelva fácilmente arbitrario.

Por lo tanto, muchachos, en todas sus relaciones con hombres o mujeres, busquen ser auténticos y justos, y vuelvan a Dios para obtener la ayuda necesaria para discernir dónde están la verdad y la justicia entre tanta mentira e injusticia y tanto uso arbitrario de la autoridad en nuestro alrededor hoy en día. Entonces actúen de acuerdo a su discernimiento y serán capaces de reconstruir su autoridad varonil desde arriba, en un mundo que trata de cortarla desde abajo. En pocas palabras, "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura" (Mateo VI, 33).

Kyrie eleison.

viernes, 27 de mayo de 2011

EN EL TEDÉUM MONS. AGUER HABLÓ DE LA “PERSONALIDAD CORPORATIVA” Y DE “LA CONCEPCIÓN ORGÁNICA DE LA SOCIEDAD”

corporativismo

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, destacó durante el Tedéum del 25 de mayo en la Catedral platense que “el infaltable tedeum de las fiestas Patrias, más allá de las vicisitudes de su celebración oficial, atestigua una noble Tradición argentina y expresa la índole religiosa de nuestro pueblo”, y explicó que la fórmula constitucional que invoca a Dios como fuente de toda razón y justicia “no debe ser interpretada como afirmación de un vago deísmo, ya que tiene sus raíces en una cultura fecundada por la fe cristiana”.
     “Implica el reconocimiento de lo que el cristianismo ha aportado a la vida nacional, y la percepción de que siempre puede contribuir a la solidez y armonía del orden político sin ser instrumentalizado por él y sin politizarse”, precisó durante el tedeum por el 25 de Mayo en la catedral platense.
      Monseñor Aguer citó al beato Juan Pablo II para advertir que en el sistema de la democracia no pueden favorecerse “la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado”.
     “Los problemas que afectan a un régimen político son, principalmente, las deficiencias de sus hombres. En el caso de una república que asume procedimientos democráticos importa sobremanera la calidad moral de los ciudadanos y en especial sus virtudes cívicas, su respeto de la ley, su sentido de la justicia, el sincero patriotismo. Un dicho muy conocido afirma que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Más allá de la discutible verdad de esta sentencia, la afirmación supone una concepción orgánica de la sociedad, al modo de una personalidad corporativa. Existe una profunda vinculación entre la prudencia de los gobernantes y la prudencia de los gobernados; aunque por cierto sobre los primeros pesa una exigencia de ejemplaridad”, puntualizó.
     El prelado platense aseguró que el perfil elemental de un político auténtico debe ser “competencia real para la función, confiabilidad, resistencia a influencias ajenas y al funesto atractivo de la coima, temor de Dios. Este último es uno de los valores bíblicos más destacados, que equivale al reconocimiento del único Señor y de su ley, al amor de Dios y al empeño en conocer y hacer su voluntad”.

     “La Iglesia sigue el consejo que el apóstol Pablo dirigió a su discípulo Timoteo: te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Al elevar nuestra acción de gracias en el día de la Patria, roguemos por nuestros gobernantes y por todo el pueblo argentino”.

A continuación, el texto completo de la alocución:

Alocución de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata,
en la celebración de acción de gracias por un nuevo aniversario patrio (25 de mayo de 2011)

El infaltable tedéum de las fiestas patrias, más allá de las vicisitudes de su celebración oficial, atestigua una noble tradición argentina y expresa la índole religiosa de nuestro pueblo. El bello himno latino del siglo V es una alabanza al Dios Uno y Trino, a quien se dirige la adoración, el agradecimiento y la súplica. Se reconoce así su soberanía en el orden de la creación y de la redención y se apela a su misericordia; a él se encomiendan los pueblos cristianos. En nuestro caso, el reconocimiento se ha dado desde los orígenes de la nacionalidad y fue asumido por nuestra constitución histórica desde el preámbulo, que invoca a Dios como fuente de toda razón y justicia.

La fórmula constitucional no debe ser interpretada como afirmación de un vago deísmo, ya que tiene sus raíces en una cultura fecundada por la fe cristiana. Implica el reconocimiento de lo que el cristianismo ha aportado a la vida nacional, y la percepción de que siempre puede contribuir a la solidez y armonía del orden político sin ser instrumentalizado por él y sin politizarse. Puede hacerlo a través del testimonio de los cristianos y de su inserción concreta en la dinámica social; así fue desde el principio, tal como aparece con toda claridad en los escritos del Nuevo Testamento, en las obras de los Santos Padres y en la enseñanza de los grandes doctores católicos. Cito al respecto una elocuente declaración de Pío XII: La Iglesia no puede recluirse inerte en el secreto de sus templos y desertar de su misión providencial de formar al hombre completo y así colaborar sin pausa a la constitución del sólido fundamento de la sociedad. Tal misión le es esencial. Considerada desde este ángulo, la Iglesia puede decirse que es la sociedad de aquellos que, bajo el influjo sobrenatural de la gracia, en la perfección de su dignidad personal de hijos de Dios y en el desarrollo armónico de todas las inclinaciones y las energías humanas, edifican la potente estructura de la convivencia humana.

En el Evangelio que hemos escuchado (Mt. 22, 15-22), Jesús distingue el ámbito del César y el ámbito de Dios. Esa sentencia confirma que el mesianismo cristiano no se ha ubicado en el espacio de lo político. El Señor, que había superado en el desierto tentaciones con evidentes implicaciones políticas, procuró cuidadosamente que no se confundiera su mesianidad con las figuras del Mesías que circulaban en la cultura religiosa del judaísmo de entonces. Su posición acerca del pago de tributos al emperador encuentra eco en la enseñanza de los apóstoles sobre el acatamiento que se debe a las autoridades temporales. Puede descubrirse un ethos político en la revelación del Nuevo Testamento, pero el Reino de Dios anunciado por Jesús y hecho presente en su persona y en su palabra no es un programa político; el cristianismo no contiene una fantasía utópica. Pero la fe cristiana despierta e ilumina la conciencia del hombre y fundamenta el orden ético al señalar un camino a la razón práctica, a la cual está confiada por su propia naturaleza la organización de la sociedad. Cuando la vida política se emancipa de la moral, so pretexto de mantener una plena neutralidad del Estado, se cierne sobre la sociedad el monstruo del totalitarismo. El cardenal Ratzinger escribió hace casi veinticinco años: la liberación respecto a la moral no es otra cosa, en su misma esencia, que una liberación hacia la tiranía. La pretensión de la ideología secularista de relegar al cristianismo a la función privada de satisfacer una necesidad religiosa, negando así su dimensión pública, priva a la comunidad política del fundamento ético que sólo la fe puede asegurarle. El Estado –decía también el actual pontífice Benedicto XVI– debe reconocer como base de su propia entidad una estructura fundamental de valores cristianamente fundamentados… Debe aprender que existe una base de verdades que no está sometida al consenso, sino que lo anticipa y lo hace posible. La referencia a Dios, fuente de toda razón y justicia es insoslayable para el recto ordenamiento de la sociedad. Vale la pena recordarlo cuando el cacareado progresismo de algunos políticos se identifica con la irreligión.

La sentencia de Jesús den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt. 22, 21) debe ser correctamente entendida. No sugiere un reparto igualitario de competencias, fifty-fifty. Tertuliano ya observaba que si bien la moneda ostenta la efigie del César y por lo tanto le pertenece, el hombre, que es imagen y semejanza de Dios pertenece a Dios. La obediencia a Dios, entonces, está muy por encima de la obediencia al Estado. Los primeros mártires del cristianismo supieron resistir la prepotencia de la autoridad imperial y no se doblegaron a su ambición totalitaria. Con su ejemplo animan a los cristianos de todos los tiempos a darle siempre a Dios lo que es suyo; según el pensamiento bíblico todo es suyo, también los reinos y los emperadores. ¿Habrían de excluirse acaso las actuales repúblicas y sus gobernantes, que tantas veces se creen omnipotentes?

La sociedad nunca está lograda plenamente, debe ser de continuo edificada sobre la base de una conciencia recta y en virtud de una seria educación en las virtudes sociales. Esta observación puede aplicarse también al orden político en cuanto que es éste un aspecto valiosísimo del bien común. La imperfección superlativa del orden político ha acompañado a la Argentina desde sus orígenes; quizá sea esta deficiencia la causa principal de nuestro estancamiento, de la frustración del destino que podríamos prometernos. La simultaneidad de la independencia con el cambio de régimen político resultó fatal. En el primer cuarto de siglo a partir de 1810 se sucedieron veinte gobiernos y esa inestabilidad resultó crónica, lo mismo que la oscilación entre ideología y pragmatismo y una inclinación suicida a la discordia. El año pasado celebramos el bicentenario de la Revolución de Mayo; hoy podemos contar doscientos años desde el 25 de mayo de 1811. En esa fecha ya la Primera Junta había cedido su lugar a la Junta Grande y los principales protagonistas eran arrollados por los desbordes de la política criolla; Saavedra y Moreno, por ejemplo, se devoraron recíprocamente. El célebre y discutido Plan de Operaciones instauró el terror jacobino –cuando todo el mundo había repudiado a Robespierre– y ese espíritu sanguinario, junto con los alardes antirreligiosos de los comisarios políticos destacados por Buenos Aires con el Ejército del Norte, causaron en buena medida la pérdida del Alto Perú. Señalo sólo esos datos, que podrían abultarse con otros semejantes como signos de mal agüero.

En la actualidad solemos destacar, con razón, el bien que significan casi tres décadas de estabilidad institucional, aunque han sido alteradas por frecuentes sobresaltos e incluyen el penoso demérito de una de las crisis más graves de nuestra historia. Sin contar con la subrepticia alteración, acentuada en estos años, de la cultura nacional y de su referencia originaria al orden natural y a la tradición cristiana. Los defectos políticos del pasado se actualizan en el menoscabo de las principales instituciones de la república, en violaciones evidentes del orden jurídico, en la frustración del federalismo y en las triquiñuelas electorales. La reforma política, que en un momento no lejano la ciudadanía pareció reclamar por unanimidad y con estrépito, todavía se hace esperar, por lo menos de aquellos que no se han entregado al conformismo. Una de las falencias capitales, que se registra, por supuesto, en otras latitudes, es la tendencia a identificar el Estado con el gobierno y a éste con el coto de un partido. De allí la demonización del adversario y el interesado favoritismo con los amigos. Así sufre la democracia. Al respecto decía el beato Juan Pablo II: La Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por eso mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado (Centesimus annus, 46).

Los problemas que afectan a un régimen político son, principalmente, las deficiencias de sus hombres. En el caso de una república que asume procedimientos democráticos importa sobremanera la calidad moral de los ciudadanos y en especial sus virtudes cívicas, su respeto de la ley, su sentido de la justicia, el sincero patriotismo. Un dicho muy conocido afirma que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Más allá de la discutible verdad de esta sentencia, la afirmación supone una concepción orgánica de la sociedad, al modo de una personalidad corporativa. Existe una profunda vinculación entre la prudencia de los gobernantes y la prudencia de los gobernados; aunque por cierto sobre los primeros pesa una exigencia de ejemplaridad.

En la primera lectura de esta celebración escuchamos un sugestivo pasaje del libro del Éxodo que registra el consejo que Jetró, sacerdote de Madián, ofreció a su yerno Moisés, abrumado por el peso de la conducción del pueblo: elegir como colaboradores a hombres capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza e insobornables (Éx. 18, 13-27). Ellos debían ejercer la función política de administrar justicia. La descripción esboza el perfil elemental de un político auténtico: competencia real para la función, confiabilidad, resistencia a influencias ajenas y al funesto atractivo de la coima, temor de Dios. Este último es uno de los valores bíblicos más destacados, que equivale al reconocimiento del único Señor y de su ley, al amor de Dios y al empeño en conocer y hacer su voluntad. También el salmo que siguió a la lectura proclama la bienaventuranza del hombre íntegro, fiel a Dios y misericordioso con su prójimo, que intenta reflejar en su vida la perfección del único que es, por excelencia, el Bondadoso, el Compasivo, el Justo (Sal. 111, 1-9).

La Iglesia sigue el consejo que el apóstol Pablo dirigió a su discípulo Timoteo: te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna (1 Tim. 2, 1 s.). Al elevar nuestra acción de gracias en el día de la Patria, roguemos por nuestros gobernantes y por todo el pueblo argentino.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Fuente: AICA

EL PUEBLO QUE YA NO TENEMOS

asado

Por Marcos Attias

casasytranqueras@yahoo.com.ar

Aquel de los asados de los domingos, del vermouth de los doce platitos en el bar de la esquina, el de la pizza de anchoas con chopp de cerveza, de las puertas y ventanas abiertas, el de las sillas en las veredas mirando en el movimiento del barrio, el de los picados entre chiquilines en las calles de barrio, el de los boleros,

El de los cantores y músicos de tangos en los clubes de barrio, el ir a las estaciones de pueblo para ver pasar los trenes llenos de pasajeros o el de cargas con el furgón de cola con algún pasajero que acompañaba al único guarda con su novela de vaqueros que consumía durante el viaje. Ver a través de las ventanas del tren en movimiento los campos bañados de las espigas de oro de los trigales,que danzaban al compás del viento.

Los campos llenos de animales que hoy ya no se ven.

Los bailes de los domingos en los club de cada barrio: se nos fue Carlitos Gardel, Alberto Castillo, Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa, y tantos otros que que marcaron una época de romanticismo, de mucho amor, de mucho respeto, de mucha solidaridad, de mucho amor al país y su gente.

Hoy ya parece una especie en extinción, tenemos camiones y aviones en importación y exportación cargados de drogas. A los aviones cargados de drogas no los derriban porque dicen que la Oasis no lo permite… yo, repito, yo los derribaría sin ninguna contemplación, ya que ellos con las drogas matan millones de personas. Lo que ha tenido un desarrollo sustentable durante décadas ha sido el narcotráfico, la trata de blancas, el crimen organizado, los secuestros, y la inseguridad en general, donde el pueblo se auto encierra bajos rejas, cámaras de seguridad y así mismo vive en una constante ansiedad de inseguridad.

Aquí mas que candidaturas lo que en realidad se vota, es por un gobierno que nos de la paz que todos necesitamos, y el bienestar social, económico sustentable que permita vivir en sosiego y con ahorro, si con ahorro cosa ya extraña desde varias décadas, ojala volvamos de nuevo a la época que ya no tenemos, de seguridad, respeto, solidaridad, afectos unos con los otros y podamos vivir en paz, con esperanzas de mundo cada día mejor.

EL SENTIDO DE PATRIA

Te Deum en Catedral de La Plata

Por Silvio H. Coppola

O la sensibilidad patriótica. O el amor a la patria. Sí, ya lo sé, está en el corazón. O por lo menos eso afirma la mayoría. Y se tiene o no se tiene. Pero no está demás demostrarlo. Más en nuestra época, donde la desnacionalización es el pan nuestro de todos los días. El egoísmo individual, no deja ver que es la unión lo que potencia a una familia o a un país o un grupo cualquiera de ciudadanos o de trabajadores o de jugadores de fútbol. Lamentablemente este 25 de Mayo, para la gran mayoría de la población del país, pasa casi desapercibido. Como no sean los actos programados en el Chaco, con la asistencia de autoridades nacionales y quizás también por muchos correveydiles provinciales. Que de paso va a servir para mostrarse para las próximas elecciones, que pueden asegurar al oficialismo, cuatro años más de goces y de prebendas. El recuerdo de los verdaderos hitos de la patria, importa poco para la mayoría y por consiguiente su valoración en general, se va perdiendo con el transcurso del tiempo, lo que parece ser la finalidad última de la enseñanza pública.

Aquí en La Plata, capital de la provincia, nada más que un Te Deum en la Catedral, con asistencia de un público numeroso. La presencia de funcionarios de importancia, se limitó al Ministro de Justicia y al Intendente municipal. Es un vacío lamentable, porque parece que todos aquellos que tuvieron la oportunidad de mostrarse en su agradecimiento público a Dios por los bienes de la patria, estaban en ese momento asaz ocupados en otros menesteres. Sobre todo considerando la pugna actual del gobierno nacional con la Iglesia Católica, en todo lo que hace a la tradición, a la cultura y a la moral de nuestra nación. Y claro, uno de los exponentes de esa fricción, es el arzobispo de la ciudad y no es del caso estar presente, cuando en su exposición pueda llegar a criticar algo que haga a las autoridades nacionales. Y así la concurrencia, puede ser un obstáculo, para optar en las próximas elecciones, a la enorme cantidad de cargos públicos rentados que estarán en la palestra. No vaya a ser que una eventual presencia signifique un veto a una candidatura. Mejor curarse en salud. Se exceptúan claro está de esta semblanza, a los agnósticos y a aquellas personas que no crean en Dios o en algo que se le parezca.

Un capítulo aparte es la mínima concurrencia al Te Deum de abanderados de las escuelas, todos ellos de institutos católicos. Ninguna escuela pública representada. Claro, en ellas los actos del 25 fueron adelantados 24 horas y así sacárselos pronto de encima, privando de paso a los alumnos de cualquier alusión al Dios de aquellos que hicieron posible ese 25 de Mayo. Igualmente mínima representación en la Catedral de las fuerzas armadas y de policía. Solamente para cumplir, a excepción de la banda de música del R.7, que interpretó a la finalización del acto varias marchas musicales, atreviéndose incluso con la Marcha de las Malvinas. Como saldo positivo, podemos citar que por lo menos el 25 de Mayo es feriado el mismo día en que se conmemora. El Innombrable senador riojano, de conservar el poder de antaño, podría haberlo puesto en subasta. Y sobre todo el ¡¡Viva la Patria!!, que alguien gritó al finalizar el acto, desde la escalinata de la Catedral.

LA PLATA, 25 de Mayo de 2011.