miércoles, 30 de enero de 2013

EL CASO AMIA Y LOS INTERESES CREADOS



Por Silvio H. Coppola
Argentina e Irán, acaban de firmar un acuerdo, para investigar “conjuntamente” el “ataque terrorista a la sede de la AMIA en Buenos Aires el 18 de julio de 1994”.Se creará una “Comisión de la Verdad”, la que estará compuesta por juristas internacionales y se cambiarán informaciones entre las partes, pudiéndose interrogar conjuntamente, a personas “respecto de las cuales Interpol haya emitido una notificación roja” (captura). Aclaremos que esto último lo fue a pedido de la “justicia” argentina e incluye a funcionarios y ex funcionarios iraníes, “sospechosos” de haber intervenido de alguna manera en el hecho (según “pruebas” aportadas por los servicios secretos de Estados Unidos e Israel, las que habrían sido proporcionadas a su vez, por los dichos de un tránsfuga de los servicios secretos iraníes).
El acuerdo en cuestión, deberá recabar aprobación de los congresos de ambos países y parece ser en mucho tiempo, un paso efectivo para terminar con lo que se llamó “la pista iraní”, en cualquier sentido que se produzca. Paralelamente, todos aquellos que dan por sentado de una u otra manera, que la responsabilidad es iraní y no de bandera falsa, han puesto inmediatamente el grito en el cielo, como era de esperar. Y así aparecen en comunión la DAIA, la AMIA, la “comunidad judía”, los radicales, algún representante macrista, la Stolbizer, etc., pues se habría atacado a la “soberanía argentina” con este convenio. Nada mencionan no obstante, de la protesta del Estado de Israel a nuestro país, en cumplimiento de un acto que precisamente, es propio de su soberanía. En realidad, todos estos cuestionamientos y los demás que vendrán, se deben ante todo a que el interés político, tanto de Estados Unidos como de Israel, es que debe declararse a Irán y a sus funcionarios, como los causantes de la explosión en la AMIA y no a cualquier otro culpable o culpables. Causa esta y las presiones consiguientes, que sí afectan a nuestra soberanía, es que la llamada “investigación”de la “justicia” argentina, viene desarrollándose desde 1994, de manera deficiente, corrupta y sin nada efectivo y suficientemente comprobable.
Recordemos que el 25 de octubre de 2006, se vio por la noche en la televisión, que con bombos y platillos, el recién designado fiscal del caso Alberto Nisman, anunciaba para sorpresa de todos, que había descubierto a los culpables –directa o indirectamente- del atentado contra el edificio de la AMIA. Según el mismo habrían sido nueve funcionarios iraníes los que lo planearon, mientras que la organización Hezbollah fue la ejecutora y la causa del atentado fue la aún más increíble explicación, de que lo fue porque el entonces presidente Carlos Menem, suspendiera los contratos de colaboración nuclear entre Irán y nuestro país. ¡¡Qué notable la eficiencia de esta Fiscalía!!, cuando después de haberse descubierto las supercherías del ex Juez Galeano y cuando todos los querellantes interesados conocían el juicio de memoria, que vuelva de nuevo a la “conexión iraní” y descubra cosas que nadie había podido ni sospechar ni mucho menos descubrir. Verdaderamente este fiscal había hecho una investigación y un estudio de la causa de gran mérito, corroborada inmediatamente por la DAIA, que señala increíblemente la solidez de las pruebas aportadas, descubiertas recién entonces, cuando siempre estuvo la causa ante sus narices. Para no ser menos y al instante (la rapidez es sorprendente), la Embajada de los Estados Unidos apoyó sin objeciones el dictamen (y uno no pudo menos de preguntarse si era parte, si lo conocía antes de ser hecho público o simplemente si allí se redactó el mismo, como se apreció era lo más probable) y pidió inmediatamente la “colaboración internacional con la Argentina”, para capturar a “los culpables”. Esto y toda la publicidad que se dio al magistral dictamen, sirvió en gran medida para presionar al juez federal interviniente, Canicoba Corral, quien sin hesitar avaló en un par de días el mismo y obró en consecuencia, apreciando más la conservación de su cargo que la justicia. Si antes había una novela, entonces apareció otra. Así entonces como ahora, en vez de buscar la verdad, se intentó que antes que nada aparezca Irán como país terrorista (circunstancia desde luego muy importante para la política internacional de los Estados Unidos y de Israel, pues Irán está en segundo término –después de Siria-, en la lista de países a ser invadidos) Y Hezbollah tenía que aparecer como facción y no como el grupo libanés que entonces defendía a su patria de la invasión israelí. Resumen de todo fue en ese entonces la visita del embajador estadounidense a la sede de la AMIA y su felicitación al gobierno argentino y en especial al poder judicial por “su decidida búsqueda de justicia contra los culpables por el ataque a la AMIA”. Todo desde luego desmesuradamente sospechoso, lo que llevó a preguntarse a cualquiera, si alguien quiere o no la verdad.
Así las cosas y allá por septiembre de 2009, nuestra presidente haciendo gala de su habitual locuacidad, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, exhortó a las autoridades de Irán, a entregarnada menos que a uno de sus ministros, pues “tiene pedido de captura por el tema de la AMIA”(ya supra detallé en qué circunstancias y porqué se produjo”) y en consecuencia podían confiar en la justicia argentina. ¡¡Nada menos que en la“justicia”argentina!! Por supuesto la callada fue la respuesta. Y en consecuencia nada de importancia en lo que hace a la investigación de los hechos, pasó desde entonces. Ahora puede ser abierto un camino. Esperemos que así suceda y que verdaderamente pueda exhibirse la verdad y se haga justicia.
LA PLATA, enero 29 de 2013.

martes, 29 de enero de 2013

LA EQUIVOCA ACCIÓN DE DESPRESTIGIO DEL MILITAR.



Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 y CMN 73) (1)


Una ola de comentarios  que, aparentemente, busca desentrañar del pasado heroico, episodios que fueran desvió y señalan  crueldad, sin valorar las circunstancias, indican solo afán de destruir institucionalmente al militar, lo que debe alertar a la sociedad para una reacción justa que reafirme su prestigio.

             Bajo la cobertura positiva del acceso universal a los "Derechos Humanos", se ha incubado un negativo proceso de ataque artero y denigrante contra las instituciones históricas de los ejercidos y la Iglesia Católica, mostrando bajezas de militares y curas, que se alejan con sus conductas, violando los principios, que hacen de estas organizaciones castrenses el eje sano, consistente y puro de la sociedad, y, su objetivo, es el desprestigio. El tema se agrava, no tan solo por los hechos, sino por la falta de reacción, el silencio de los acusados y la aparente no respuesta orgánica, que, lógicamente, alienta a nuevos infundios, reales o supuestos, que, como un cáncer avanza y se infiltra en el cuerpo social, destruyendo sus entrañas y llevando el peligro de su subsistencia en el mañana. Ante este riesgo cierto y probable, es necesario elevar voces que, afianzadas en la verdad, restituyan la corriente a sus cauces naturales, para evitar que ella se convierta en torrente indomable con efecto desbastador y consecuencias inimaginables en la sociedad. En realidad, se trata de mostrar a aquellos que denigran, atacan o lastiman el prestigio de soldados, marinos o aviadores, por lo que hicieron o dejaron de hacer, colocándose en un extraño sitial de justiciero sobre temas y acciones que, en verdad, desconocen.

                Hace algún tiempo, al escribir lo que pensaba yo  (militar), que era "ser militar", dije que el militar arriesga su vida en la guerra y su prestigio en la paz y ante la evidente acción de "desprestigio al militar", siento la necesidad espiritual de hacer algunas reflexiones. En principio este accionar,  no es solo en nuestro medio, sino que aparece en diversos lugares, generalmente en países que han sufrido los efectos de la "guerra civil", o en temas de reivindicación sobre aquellas naciones que perdieron el conflicto. Este tema adquiere formas concretas, al trasladar los episodios del pasado a las nuevas concepciones de protección de los seres humanos que se han desarrollado últimamente. Es una manera de "escarbar" el ayer, no con fines históricos que enseñen, sino por una aparente apetencia de "justicia" que, la más de las veces, contienen algún resarcimiento económico. La cuestión es que se presentan los episodios bajo la óptica de la paz y se olvida que ellos se produjeron bajo la presión de la guerra. Los estudiosos de la Historia Militar, saben que las "postguerras" son tan importantes como la guerra en si, ya que, en ella, se cosecha el éxito del sacrificio realizado o se desperdicia el esfuerzo para ser el vencedor. El triunfador debe, necesariamente, mostrarse como tal y ejercer el poder que le da la victoria, pero sin que ello signifique denigrar o disminuir al adversario que, cuanto mejor haya sido, mas crédito tendrá el que logro vencer. El gran problema es justificar las acciones durante la paz, donde la presión del combate no impone sus leyes, pero olvidando, que tanto el sacerdote como  el soldado, para mantener su adecuada y necesaria calidad, aptitud y entrenamiento no hace diferencia entre esos momentos.

     En general, las críticas al militar, la realizan civiles, aunque en algunos pocos casos también militares (camaradas??), que normalmente no tienen la "vivencia" de lo que se es y, en el caso de los militares, buscan recrear algo en lo que no participaron o que aceptaron en su momento, sintiendo que se habían equivocado. Pero, como el tema del "desprestigio" obra sobre el "prestigio", surge intentar de definirlo ya que el mismo tiene esencia de honra, se muestra como reputación y se expresa como reconocimiento ante sus pares y, lógicamente, los terceros. Todo esto tiene tal peso anímico que el "desprestigio"  en algunas sociedades (Como en Japón) solo se atiende con la muerte.

      No hay dudas que el pasado muestra militares, que no supieron ser lo que se espera de ellos, no tan solo como varones y caballeros, sino como soldados, particularmente superiores ante sus subalternos o como vencedor ante el derrotado, pero, casi siempre, ellos han recibido la sanción de su propia institución y el olvido denigrante de sus camaradas. Sin embargo, la conciencia es el mejor y terminante juez, que no se puede eludir o acallar, pues estará siempre presente en la memoria de aquel que su accionar lo haya desprestigiado. Perder el prestigio para un militar es igual que perder todos los atributos que lo hacen soldado, el respeto de sus camaradas y la capacidad de convivencia con sus conciudadanos.

     Lo que duele, lastima y enoja, es la acción de desprestigio que construyen algunos con fines inconfesables, lejos de la realidad de los hechos y bajo el manto de los predicadores falsos, que no buscan  aparente justicia, sino un momento de equivoco brillo que dura solo el tiempo de la mentira y, por ello, no tiene la consistencias perdurable de la verdad. Ante el ataque al prestigio individual, dentro de una institución militar, ella muestra el equívoco mediante su accionar, dando respuesta cumpliendo prolija y exactamente las normas que reglamentan acciones y conductas en el servicio. De alguna manera el militar se asemeja a los "monjes de clausura", que ajustan su vida a las "reglas" de la orden de la que son parte. Estas reglas, tanto militares como conventuales, tienen mucho no escrito y que subyace en el pasado, con la misma fuerza que las normas y constituyen el legado histórico de acciones y conductas que se consideran modelo o ejemplo. Es así que los militares argentinos se identifican con el General San Martín y, por ejemplo, los jesuitas, lo hacen con San Ignacio de Loyola. Entender esta valoración, clásica de los soldados, es comprender en cuanto ello tiene importancia el saberse respetado, aceptado y considerado por lo que hace para cumplir con fidelidad el rol y misión que le es asignada. (2)

   En los tiempos de paz, el desprestigio toma una modalidad social que se vincula a como es considerado el militar dentro de su comunidad. En tal caso, será siempre importante recordar que las fuerzas armadas "son el brazo armado de la Patria", es decir parte del cuerpo social y, por lo tanto, dan cabida a las mismas virtudes o vicios que lo caractericen. En tales casos, se quiere que el militar haga o realice lo que sus conciudadanos no lo hacen o realizan, sin tener en cuenta que el hacerlo despertara el rechazo cuando no la acusación pues se aleja del conjunto social que concretamente integra. Casi siempre, con sus muy honradas excepciones, el origen del "desprestigio" viene de "arriba" es decir de lo que se conoce como la "superioridad", que por acción propia u omisión de actuar, no toma las "medidas correctivas" en tiempo y forma oportunamente. Ello tiene la lógica de la escala, ya que un subalterno siempre será dirigido y controlado, en cambio, aquel que es superior, deberá tener un "autocontrol" propio y absoluto que solo el espíritu y el deber lo materializara.

   El problema para el militar para poder defender personalmente su prestigio, en el caso el mismo sea amenazado, son las normas castrenses, ya que, paradójicamente, ellas inhiben hacerlo, por el hecho que lo individual se transforma en la óptica de la sociedad en algo colectivo. Esta situación puede ser corregida, cuando los ejercidos tienen como parte de su reglamentación un "Código de Honor", que va más allá de las disposiciones de tipo judicial, ya que afectan al individuo, no como profesional de las armas, sino como soldado al servicio de la Patria.

   Es verdad que hay militares (y curas) que quedan atraídos al accionar que desdice o contradice el espíritu que les da vigencia como tales, pero también es cierto que hay muchos más que nacen y viven dentro de la vocación que los hace soldados (y sacerdotes) y que rechazan lo no correcto y cumplen con abnegación lo que tienen impuesto, lo que si bien no los beneficia, si llena de satisfacción por el "deber cumplido". De esta suerte, obran mal aquellos que por los más diversos fines, se dedican a exhibir la "carroña" y solazarse de sus pútridos olores, quizás pensando que con ello hacen bien y sin evaluar las reales consecuencias. Sepan aquellos investigadores que los militares (curas) son seres humanos, igual a cualquiera de ellos, que por vocación han elegido "servir" a sus semejantes con deificación (algunas veces con sacrificio) y que si en su seno aparecen desviados o delincuentes deben ser acusados como personas y no englobados en su profesión. Sepan aquellos detractores de las Fuerzas Armadas y de la Iglesia Católica que ellas existen porque hay Patria y Dios y que en ellas están seres humanos exactamente igual a sus prójimos, con virtudes y defectos, pero iluminados por su vocación.

    Aquel que levanta su voz para señalar conductas dirigido a una persona que sirve a la sociedad como militar,  está acusando no a un ser individual, sino a alguien que es parte de la orgánica de los ejercidos y que, en última instancia, a  una institución base en la conformación de la sociedad de la que se es parte, lo que impone seriedad, prudencia y racionalidad para que la lógica de los resultados sean positiva. Aquel que ínsita a la rebelión o al motín de un soldado, no sabe lo peligroso que es una invitación a la violación de las reglas y las normas que en la forma de la disciplina da coherencia a los ejércitos como organización de guerra y, a la vez, sustento y garantía de la paz.

Notas:
(1) Este mensaje se escribe como una contribución más con el deseo que ella tenga algún grado de esclarecimiento para aquellos que critican, señalan o califican, la conducta y accionar de militares ante situaciones en las cuales solo son subalternos y están subordinados disciplinariamente a determinados superiores que no asumen la responsabilidad que su cargo y jerarquía les impone.
(2) Es de recordar lo que dijo el Dr Carlos Pellegrini el 16 de junio de 1906, al referirse al "Honor Militar" del que señalamos el párrafo siguiente: "...y toda esta autoridad y todo este privilegio, se lo damos bajo una sola garantía, bajo la garantía del honor y de su palabra".

lunes, 28 de enero de 2013

BENITO MUSSOLINI “HIZO COSAS BUENAS”




“Hizo cosas buenas” Benito Mussolini, es la frase que está recorriendo el mundo, la cual fuera pronunciada por Sivio Berlusconi, quien en sus declaraciones dijo que lo peor del dictador Benito Mussolini fueron las leyes raciales pero que también "hizo cosas buenas".
El autócrata italiano (1883-1945) aprobó las leyes raciales, una serie de medidas legislativas y administrativas por las que se persiguió a los judíos, a los gitanos y a los homosexuales, y cerca de 7.000 italianos acabaron deportados a los campos de concentración nazi. Además estableció leyes contra la usura, implementó un régimen corporativista, hizo el Tratado de Letrán, y llevó a los trabajadores representados por sus gremios al poder, trayendo prosperidad económica y social con equilibrio económico, entre otras medidas.
La comunidad judía y políticos de todos los sectores condenaron la afirmación del candidato a premier en las próximas elecciones
En plena campaña para las elecciones del próximo mes, Silvio Berlusconi no tuvo mejor idea que elegir el Día Internacional del Holocausto para hacer un elogio de Benito Mussolini, y precisamente en el marco de la conmemoración de esa fecha tan trágica. "Mussolini hizo cosas bien", elogió Berlusconi.
 “Por el temor a la potencia alemana” el Gobierno de Mussolini “prefirió ser aliado de Hitler que oponerse", dijo Berlusconi durante la ceremonia celebrada en Milán en conmemoración de la Jornada en “Memoria de las víctimas del Holocausto” (en referencia al genocidio contra los judíos llevado a cabo en Alemania), evento en el cual el ex presidente de Italia cabeceó hasta quedarse dormido.
Se durmió durante los actos y las cámaras lo registraron. El acto se hizo en una terminal ferroviaria desde la que los nazis enviaban los trenes con los judíos italianos hacia los campos de concentración.
“Como parte de esa alianza se hicieron imposiciones, como la guerra y  el exterminio de los judíos", prosiguió Berlusconi, líder del Pueblo de la Libertad (PDL). "Las leyes raciales fueron el peor error de Mussolini” pero “lo hizo bien en otros campos", ha afirmado el político.
Horas después de que estallase la polémica, Berlusconi aseguró en un comunicado que es un "amigo de Israel" y que condenaba todas las dictaduras. Además, denunció la "especulación política" con sus palabras de cara a la campaña electoral que vive Italia ante las elecciones previstas para el 24 y 25 de febrero.
Después de la conmemoración en la ciudad de Milán, un periodista preguntó al ex primer ministro qué se le puede decir a los jóvenes sobre la responsabilidad de Italia durante el fascismo y la guerra. Berlusconi entonces respondió: "Es difícil ahora ponerse en los zapatos de quien decidió entonces, y ciertamente aquel gobierno, ante el temor de que la potencia alemana se materializase en una victoria general, prefirió ser aliado de Hitler en lugar de oponerse. Dentro de esa alianza, el exterminio de los judíos fue una imposición. Por tanto, el hecho de las leyes raciales (italianas) es la peor culpa de un líder, Mussolini, quien tantas otras cosas hizo bien", en su gestión de gobierno. Berlusconi, un populista de derecha que lucha por ser reelegido en las urnas, también trató de limitar la responsabilidad italiana en la II Guerra Mundial. "Italia no tiene las mismas responsabilidades que Alemania, pero hubo al inicio una connivencia no del todo consciente", afirmó.
Urge la reivindicación y la aplicación del revisionismo histórico en Europa, ya que ese es el único modo de que la verdad salga a la luz, de que se den precisiones científicas a las afirmaciones y se enseñe sin exageraciones ni minimizaciones cuáles fueron las acciones del gobierno de Benito Mussolini en Italia y de Adolfo Hitler en Alemania durante sus gobiernos.

Diario La Capital, Corriere della Sera, Infobae

JUICIO A KLARÍN.




Por Carlos Belgrano

Amigos:

Nuestra corporación de Medios es monocorde, voluble, mediocre y guarda una consonancia tan simétrica entre sus propietarios y accionistas que nos impide, establecer un distingo singular, que nos habilite para acudir en el rescate de alguno de sus integrantes.

Porque todos tienen un pasado tan ominoso y medroso, por la complacencia a la que se prestaron en algún tramo de nuestra historia reciente.

Atrás quedó la etapa de las valentías manifiestas, como la de la familia Gainza Paz, cuando Perón les expropió La Prensa, por sus vibrantes editoriales contra el Régimen de aquéllos difíciles años.

Nunca se repitió ese gesto de estoicismo en el universo del periodismo.

En lugar de ello, tuvimos, tenemos y tendremos a Clarín, que para sintetizar a todo el resto, es la quintaesencia de trasvetismo mediático, que coqueteó con todos los gobiernos, hayan sido éstos civiles y/o militares por igual.

El abandono voluntario, malicioso y porque no también cobarde, de explotar la ciclópea capacidad de inserción en una opinión pública en estado catatónico, los hace tan responsables como a los K, de todos los desmanes en los que nos vemos involucrados como Sociedad.

Porque al fin de cuentas, Magneto y sus amigos, son cómplices necesarios en la idiotización de un Pueblo naif, al que en dosis cada vez más abundantes, le inoculan más de Tinelli.

Cuando en circunstancias extremas, como las actuales, mucho más nocivas que los más aciagos tiempos del peronismo de los cuarenta y cincuenta, por la inexistencia de una contrapropuesta de esa forma autocrática de gobernar, que con sus más y con sus menos, existía entonces, un Imperio como el que regentea este sujeto, tiene que anteponer su voracidad crematística, para otros menesteres.

Que deberían de principiar con una línea editorial, ácida, mordaz, que transforme a ese Medio, en una barricada, un estandarte, que de una forma muy singular, fuese la voz aleccionadora para "avispar" a esta Argentina, cada vez más adormilada e inconexa.

Este Señor Magneto, que es ya archimillonario, nada tiene que perder, salvo la inefabilidad de su deceso y sin embargo con una estructura física, digamos en etapa exánime no renuncia a la voracidad, que lo aleja de lo más trascendente que debería de guiar estos últimos tramos de su sinuosa existencia mortal.

He esbozado esta contracara de un panegírico, por la desbordante velocidad de influencia que el grupo Clarín malogra privilegiando sus fiducios.

Si dos ignotos periodistas del Washington Post, pusieron en fuga a un Todopoderoso como Nixon, a mitad del retiro de los yankees del sureste asiático, por mucho menos, este sujeto Magneto, si se lo propusiera y sin esfuerzo, haría caer a este malandroso gobierno.

Si desiste de hacerlo, es porque sus motivaciones, evidente es, que están en lo absoluto divorciadas del interés colectivo.

Y de ser así, ese renunciamiento volitivo a combatir abiertamente este tsunami de vulgaridades e indemnidades, con que nos inunda a diario la Presidente, ninguno de sus colegas tomará la iniciativa y esta latencia en el que reposa el Bien Común, será tan eterna como insondable en el tiempo.

Por ello creo que debemos de iniciar un

JUICIO A KLARÍN.

Atentamente Carlos Belgrano
lacuchillanacional@yahoo.com

ES MORAL Y ES POLÍTICO (EL PROBLEMA)



Por Alberto Asseff *

El vuelo es gallináceo;
por eso nos llevamos
puestos todos los alambrados
Creo que todos coincidimos en dos cuestiones: que tenemos un gran problema nacional y que su raíz es política. Llama la atención, pues, que compartiendo el diagnóstico y siendo conscientes de cuál es la terapéutica básica, no acertemos a darle tratamiento a la Argentina enferma.
Generalmente, el tramo más complejo de una patología se halla en diagnosticarla correctamente. Hecho un pertinente encuadre, la curación resulta relativamente más sencilla.
Sin embargo, hace décadas que sabemos – y lo expresamos – que nuestro problema es político y que su origen es moral. El decaimiento de los valores comenzó hace añares. Una vez que empezó esa decadencia se tornó irrefrenable y, peor, se retroalimentó de modo que su profundización creció geométricamente.
¿Qué pasa que no podemos darle solución moral y política al problema moral y político que sufrimos? Sucede que está gravísimamente enfermo el productor de anticuerpos, es decir la política. A un problema político le cabe una solución desde la política, pero hete aquí que la política es el problema. Una encerrona perfecta, peor que un intrincado laberinto. De éste es posible zafar, pero ¿cómo salir de un encierro?
El 8N, por caso, multitudes se autoconvocaron y manifestaron por todo el país. Expresaron una vasta insatisfacción, fuerte indignación y larga protesta. No obstante, erraron en lo esencial: exteriorizaron su repugnancia por todo lo que tenga olor o sabor a política. No impugnaron sólo a la política propia del gobierno de turno, sino a toda la política ¿Cómo, entonces, se puede encauzar, estructurar, darle forma al cambio reclamado?
A la mala política sólo la puede sustituir la buena política. Los argentinos tenemos dolorosísima experiencia del redondo fracaso de los intentos de suprimir la política como consecuencia de la tacha que merecía a la sazón su podredumbre y/o su ineficacia. Cuando el probo y buen administrador presidente Arturo Illia cayó el 28 de junio de 1966 el país entero – o prácticamente – saludó al dictador que lo habría de suceder. Prometía modernizar estructuras y terminar con la mala y vieja política ¿Qué es lo primero que hizo el flamante mandamás? Abolir la política, llegando hasta confiscar los bienes de los partidos disueltos. Y explícitamente lanzó la consigna de los tres tiempos: primero, el tiempo económico; luego el social y, al último, el político. Nunca se produjo un error más fenomenal. Creo que en el mundo entero no existió un yerro de esa dimensión. Si habíamos caído en la frustración producto de la “mala y vieja política”, lo prioritario era construir la buena y nueva política. De entrada, nomás.
Porque el riesgo de postergar la labor de reconstruir la política radicaba en que cuando se dispusiese acometer esa misión, las condiciones la tornarían imposible. Así fue. Antes que llegase “el tiempo político” advinieron el “Cordobazo” y los gérmenes del terrorismo subversivo. El 8 de junio de 1970, el inicialmente gran jeque cayó en la absoluta orfandad. El efecto fue devastador: la ‘mala y vieja política’, que diera lugar al golpe de Estado de 1966, resurgió – empeorada – como si nada hubiese acaecido. El malogro nos retrotrajo. Por eso, apenas un lustro después – en 1976 – otro golpe arribó, también – es inocultable – en un manto de expectativas favorables ¿Qué medidas ‘revolucionarias’ adoptó de arranque el elenco golpista? Disolver a los partidos y “guardar las urnas”, suprimiendo la actividad política. Siete años después, en el marco de las derrotas moral (se combatió al terrorismo con métodos ilegales), sociocultural (los valores morales agudizaron su declinación),económica ( la “tablita” fue letal, junto con el exponencial aumento de la deuda externa ), política (no se erigió la nueva y buena política, limitándose a congelar a la mala y vieja ) y militar (en Malvinas y Atlántico Sur, porque nuestra rendición no sólo nos hizo perder temporariamente las islas irredentas, sino también los otros archipiélagos y los espacios marítimos aledaños), “los reorganizadores” se tuvieron que ir sustituidos por la ‘mala y vieja política” descongelada. Retrotracción, otra vuelta de tuerca decadente.
Nos acercamos a los treinta años de democracia. El balance, muy provisorio y para nada taxativo, indica que tenemos un millón de “ni-ni” – jóvenes que ni estudian ni trabajan -, una incipiente, pero volcánica guerra territorial en las villas que está librando a balacera suelta el narcotráfico, una violencia vandálica y delictiva creciente, una corrupción galopante, una amenazante inflación que habla a las claras sobre agudos desequilibrios macroeconómico-sociales y, por sobre todo, una ineficacia de gestión alarmante. Ésta última es notable en los transportes, especialmente el ferrourbano. Cuantiosísimos subsidios que fueron a parar a la codicia corrupta de muchos delincuentes de guante blanco, simultáneamente con los peores ferrocarriles del planeta, casi sin exagerar.
La Argentina saldrá airosa con buena política. Construirla requiere participación cívico-ciudadana – valga el adrede pleonasmo - y varias C: compromiso, confianza, credibilidad, convicción, cohesión y concertación. Unión, en un solo vocablo.
A la buena política no la trae la cigüeña y tampoco llueve. No viene de arriba, sino que se la labora abajo. No es un milagro, salvo el ‘milagro’ del trabajo que es menester para construirla. Los dirigentes que soñamos tener y disfrutar son los que engendramos nosotros, con nuestra participación y acción. Empero, si tomamos parte y actuamos partiendo de la falacia de que no queremos ‘hacer política’, el resultado es inexorable: la mala y vieja política seguirá en el trono. Que no nos representa y menos satisface, ¡claro que es así! Pero si la queremos representativa y satisfactoria, tenemos que construirla, arremangándonos. No viene por generación espontánea.
Por ahora, el escenario político-social tiene algo mucho peor que el pésimo gobierno nacional actual. Es la falta de una alternativa sólida y, obviamente, confiable. Si lo podemos decir es porque lo hemos pensando. Ya se sabe, a un buen pensamiento le corresponde una buena acción. Es tiempo para ponerse resueltamente manos a la obra.
*Diputado nacional por el partido UNIR-Provincia de Buenos Aires