sábado, 16 de febrero de 2013

ANTE UNA RENUNCIA QUE NOS DUELE (BENEDICTO XVI)



Por Antonio Caponnetto


El riesgo de lo demasiado humano    

         Si en la historia de la Iglesia han existido casos de pontífices abdicantes -algunos de ellos, incluso, formalmente elevados a los altares, sin que la tal dimisión, al parecer, resultara obstáculo-; y si el mismo Derecho Canónico prevé la posibilidad de tan excepcional resolución, lo primero que con cierta simplicidad podría decirse es que la Iglesia seguirá su curso bajo un nuevo Papa, próximo a elegirse; y que nosotros, los fieles de a pie, continuaremos aportando lo nuestro hasta que Dios nos llame. No habría lugar para la aflicción o el enojo.

         Pero no estamos seguros de que corresponda tanta simpleza de análisis. Por lo pronto, por el texto mismo en que Benedicto explica su actitud. Nos duele como propio el abatimiento que confiesa. Sangra nuestra misma herida al saberlo preso de la infirmitas. Desvélanos el mismo insomnio ante la encrucijada y la peripecia, y nos admira que aún así,ofrezca sus últimas fuerzas para servir a la Iglesia con la oración y la clausura. Pero todo esto es demasiado humano, y si se nos permite la franqueza, podría resultar más cálculo que pálpito, más desconfianza en la fragilidad de los años que abandono confiado a la Divina Providencia. Tal vez, incluso, podría resultar demasiado común y corriente para tratarse del Vicario de Cristo. O excesivamente ordinario para quien sabe que la silla petrina antes tiene la forma de una cruz testa al piso que la de una mecedora. Importa nada lo que piense el mundo, pero importa todo no pensar u obrar como el mundo.

         Acaso por esta distinción que enunciamos se explique que dos voceros de la nadería progresista pudieron traducir a términos inequívocamente modernos y mundanos cuanto ocurre. Mejía, hablando de stress; y Bergoglio celebrando el “gesto revolucionario”, ante quienes, hasta ahora, lo acusaban de conservador a Benedicto XVI. Si el uno psicologiza y el otro ideologiza lo sucedido, no es únicamente por las sendas y burdas deformaciones doctrinales que padecen, sino por la naturaleza misma del hecho que, como decimos, trasunta una cierta perspectiva demasiado humana. Es un trono bendito el que se está abandonando. No puede ser considerado como una jubilación por invalidez. Tampoco como quien declara clausa una oficina el último día hábil de mes, en el horario de cierre, tras una despedida con aplausos y emociones a granel.

Extraños encomios a la debilidad

         El segundo factor que conspira contra la llaneza del análisis es la larga serie de conjeturas que se han echado al ruedo, sin que puedan ser sofrenadas con alguna prueba contundente en sentido contrario. Diríase que a dos campos se acomodan las tales hipótesis.

         En uno surge la inevitable posibilidad de una oscura maquinación palaciega que haya forzado la dimisión. Sobran las razones para pensarlo, pues en todos estos años los sectores progresistas no han hecho otra cosa más que pedirle al Papa la caducidad de su mandato. El tenebroso manifiesto de Hans Küng y los suyos, lanzado formalmente hacia el 2010,ha visto sus cláusulas cumplidas con esta penosa noticia anunciada en la festividad de la Virgen de Lourdes. ¿Era inevitable entregarles tamaño trofeo al coro enorme de tránsfugas que no cesan de festejar lo acontecido? ¿No había, no hay,entre la grey y los egregios, fuerzas suficientes para evitar el atropello? ¿No se supone, por sobre todo,que el heredero de Cefas, el fiel y rudo Pescador de Galilea, debe conducir la Barca tanto más cuanto las tempestades del mundo lo sacuden “por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”, como reza el mismo y doliente texto del desistimiento?

         ¿Coopera a contrarrestar este “eclipse del sentido de lo sagrado”, y estas divisiones “que desfiguran el rostro de la Iglesia y ponen en peligro su unidad”, males ambos de los que habló el pasado Miércoles de Ceniza, el que se presente el mismo Santo Padre eclipsado o doblegado por los achaques de un tiempo convulso y de una ancianidad avanzada? ¿Guarda congruencia tamaño reconocimiento, con lo dicho dos años atrás a Peter Seewald, cuando desde las páginas de la obra Luz del mundo sostuvo que "no se puede escapar en el momento de peligro y decir: que se ocupe otro”? ¿Hay acaso peligro mayor que constatar el eclipse del sentido de lo sagrado?

         Se equivocan quienes deifican al Papa -quienquiera sea- o quienes lo suponen nimbado de los atributos de los antiguos titanes. Se equivocan además quienes lo conciben al modo de un soberano hiératico, cuyo ánimo sería tan inconmovible y rígido como ciertos barrocos oropeles. Y rechazo grande sentimos por cuantos reclaman duro calvario al Pontífice desde el carnaval en que habitan. Los corajudos en pellejo ajeno nunca sirvieron de mucho. Pero vaya si yerran cuantos lo pretenden o justifican como al uomo qualunque, desvinculando su persona, necesariamente frágil, al igual que la de todos nosotros, de la misión que le cabe, necesariamente férrea y acerada, como la de ninguno de nosotros. Por algo decía el monje San Norberto de Magdeburgo, que “la silla de Pedro exige la conducta de Pedro”. El Papa no tiene dos naturalezas, como Aquél de quien es vicario. Pero tal vicaría, libremente aceptada,lo obliga al heroísmo. Al heroísmo cristiano, entiéndase; no al del Olimpo o el Walhalla. A un heroísmo que no busca el protagonismo o el resplandor personal, pero sí el de la Divina Persona,cuyos nudos le tocó atar y desatar en la tierra. No somos niños para ilusionarnos con  un pontífice repartiendo tiarazos al galope. Pero dado que no la calma sino la tempestad arrecia -intensa y dañina, como pocas veces- tampoco puede ser lo más aconsejable andar desmontando la cabalgadura.

         Desconcierta un poco, en consecuencia, este elogio de la debilidad o de la rendición que algunos plantean. No nos resulta posible imaginar a un Cristo que se pone tres caídas como plazo máximo para subir al Gólgota. Y si amamos estremecidos aquellas desplomaduras gloriosas, es porque de todas ellas, el Caído, recuperó la vertical del cielo. Ha sido el Padre Diego de Jesús, en su notable libro Mito, plegaria y misterio,el que nos recordó un texto de Lewis, según el cual, “Dios es más que un dios; no menos”. Y comentándolo acota: “el majestuoso Logos eterno, al ingresar a nuestro opaco mundo fáctico, lo hace sin dejar colgada su divinidad en el perchero del zaguán trinitario”. Los intérpretes de esta renuncia petrina como el triunfo de la relativización del Pontificado,de la kénosis del vicario para que sólo quede la guía de Jesús, parecería que quieren dejar colgada la irrepetible y singularísima y exigente majestad de la vicaría en algún perchero sin brillo de los despachos vaticanos.

Lo estratégico por encima de lo sobrenatural

         En el otro campo se mueven las conjeturas de quienes ven tras la renuncia una cuidada  estrategia  ajedrecística para asegurar la continuidad de “la misma línea”, pero en manos de un joven y vigoroso timonel. Estamos escuchando demasiado esta especie, con tanto desagrado como la de los apologistas de la responsabilidad petrina reducida no más que a la de ese hombre que cruza la calle, del que hablara Merleau Ponty.

         Haría falta la capacidad y la ciencia de Malachi Martin para descifrar esta segunda clave de la renuncia pontificia. Y aunque las novelas del célebre irlandés poseen entramados auténticos y veraces, aquí la crasa realidad sobrepuja cualquier legítima figura literaria. A fe nuestra hemos de sostener que no vemos en la personalidad del Papa Benedicto XVI ningún rasgo dominante que lo acerque al perfil de un diestro maniobrador de poderes. Antes bien, sus fragilidades y defectos, con repercusiones incluso en el delicado terreno de la integridad doctrinal, más resultan ser la consecuencia de una inhabilidad para el gobierno, que de una destreza para hacerse continuar. Se lo ve tan honorablemente ajeno a la problemática del poder, diría Guardini, como puede estarlo un hombre de contemplación y de seriedad en el estudio.

         Pero aún así, y si fuera cierta esta maniobra sucesoria tramada con un puñado de seguidores, el Santo Padre no puede ignorar que su retiro desata entonces algunos de los demonios de la democratización de la Iglesia, convirtiendo un sitial tradicionalmente monárquico en un puesto sujeto al voto arreglado. Una especie de fraude patriótico, reemplazando los atrios de Balvanera o Pompeya por los corrillos de Roma, de donde nunca se dijo que el humo de Satán se retirara. No queremos que suba Pío XIII por haber ganado las internas, tras estudiada táctica de Ratzinger. Queremos que El Espíritu Santo impere, sane, salve y vivifique.

         Algunos entendidos, que no es nuestro caso,han hecho notar que uno es el poder del orden y otro el poder de jurisdicción; y que si el ordinis potestas fuera indeleble, y por tanto inabdicable, como todo lo indica, tendríamos, tras el próximo cónclave, el caso potencialmente anómalo de un doble pontificado virtual. Si el sucesor de Benedicto lo hereda espiritualmente, será una cosa. Si lo contraría, la bicefalidad se hará notoria, siquiera por tácito contraste. Otra vez los interrogantes nos asaltan: ¿Era necesario, en medio de tamaña crisis eclesial, como pocas veces grave y confusa, someter a la Esposa y a sus hijos a tamaño estremecimiento? ¿O es que el verdadero nombre de la crisis -y ahora se nos revela- es el estremecimiento de la Esposa, que no puede evitar siquiera su Pastor Universal? ¿O es que el otro nombre de la crisis, no menos intranquilizante, es que, a fuer de habituamiento, los bautizados crean que ella no existe y que sólo es un exageración de algunos tradicionalistas?

No ha dicho aún las últimas palabras

         Conocido y útil es el principio que nos dice: interius non iudicat Ecclesia. Nadie sino Dios puede saber y pesar con justicia lo que acontece en el alma atribulada del Cardenal Ratzinger. Que se bajó de la Cruz, no podría decirse sin liviandad manifiesta. Su cuerpo y su alma, hace largo tiempo, que semejan la convexidad y la concavidad del Leño. Pero que la llevó hasta el final, tampoco podríamos decirlo; entre otras cosas, porque aún no ha sucedido ese final.

         En efecto,mientras trazamos estas líneas, el Papa sigue hablando como tal; y parece querer decirnos cosas que antes no había dicho. El 14 de febrero, en el Aula Paulo VI, improvisó una jugosísima charla ante el clero de Roma, cuyo núcleo central fue el Concilio Vaticano II. Daría la misma para un análisis aparte, si estuviéramos en condiciones de hacerlo. Porque, por un lado, describió y ratificó su entusiasmo puesto desde el principio en aquella discutida asamblea. Entusiasmo provocado por objetables razones, digamos de paso. Por otro, desenmascaró valientemente la maniobra periodística iniciada conjuntamente con el Concilio para desnaturalizarlo y tergiversarlo, hasta el punto de que “el Concilio virtual era más fuerte que el Concilio real”. Pero a modo de corolario, selló sus palabras diciendo: “Me parece que después de cincuenta años, vemos cómo este Concilio virtual se rompe, se pierde y aparece el Concilio auténtico, con toda su fuerza espiritual”.

         Es difícil ver los bienes que se han seguido de esta supuesta irrupción del Concilio auténtico, cuando es el mismo Papa el que se despide retratando con agobio que la la cizaña ocupa mayor lugar que el trigo dentro de la Iglesia. Y cuando con una lucidez llamativa reconoce ésto, que no debemos perder de vista como objeto de reflexión: “En retrospectiva, creo que fue muy bueno comenzar por la liturgia [en el Concilio]. Así se mostraba la primacía de Dios, la primacía de la adoración [...]. Luego estaban los principios: la inteligibilidad, para no estar encerrados en un idioma que no se conoce y no se habla; y la participación activa. Por desgracia, estos principios a veces se malinterpretaron. La inteligibilidad no quiere decir trivialidad, ya que los grandes textos de la liturgia - aún cuando estén, gracias a Dios, en la lengua materna - no son fácilmente inteligibles; necesitan una formación permanente del cristiano para que crezca y entre más profundamente en el misterio, y así pueda entender”. 

         Si el sucesor recoge este breve programa: no al falso participacionismo litúrgico y a la trivialización de la inteligibilidad mistérica, no será en balde su legado. Pero si esto se pensó desde siempre, ¿por qué no se fue más categórico para impedir el conjunto de “calamidades, problemas y miserias”, como llama el mismo Santo Padre en su coloquio,a los efectos de ese predominio del “Concilio virtual”? ¿Por qué no se tiene en cuenta la posibilidad de que tales males no hayan sido sólo ni principalmente causados por los medios distorsionadores, sino por algunos de los mismos padres conciliares y del apartamiento de la ortodoxia?


Te acordarás del Viento ingobernable

         Lo que juzgamos aquí, con amor filial y respeto de súbditos, son hechos; tomando la palabra juicio, principalmente en su acepción lógica. Y ese enjuiciamiento lógico de lo que sucede nos embarga de inquietud y de perplejidad.  Hubiéramos anhelado que ciertos y valiosos pasos que se dieron bajo el pontificado de Benedicto XVI para hacer respetar la Tradición, hubieran sido completados y conducidos a su plenitud. Hubiéramos deseado, simétricamente, que aquellos otros pasos vacilantes o erráticos o desencaminados, se revirtieran definitivamente. Sobre todo, porque no fueron leves esos pasos torcidos, y un fruto al menos de los mismos hoy se torna patente.  Pues es muy raro que la renuncia de un Papa sea más llorada en el Estado de Israel que entre el clero católico. Ahora sólo queda confiar en el Paráclito. Confiar y rezar intensamente; y pedir perdón por nuestros pecados, sin excluir el que podría constituir el no haber hecho lo suficiente para que las fuerzas del Pontífice no llegaran a esta extenuación.

         A falta de mejores acentos, golpeados por la tristeza doblemente cuaresmal del momento, nos alimenta en algo la esperanza, el canto dedicado a Pedro del inolvidable fraile Antonio Vallejo:

“No siempre navegaba
según su arbitrio:alguna vez, un viento
de incierto origen y de humor venático,
lo arrastró a imprevisible derrotero[...].
Siendo viejo,
a punto, ya, de coronar la suma
autoridad con el honor supremo,
se acordará del Viento ingobernable[...].

Lo sentirá cimbrar; y oirá un revuelo
de águilas y de togas; y la infame
algazara del circo.En el recuerdo
adorable, también oirá, concreta,
clara, la obscura frase del Maestro:

-En verdad, en verdad te digo,Cefas:
cuando más joven, eras tu muy dueño
de ceñirte y de andar por dondequiera;
extenderás, un día, siendo viejo,
tu diestra y tu siniestra;
y otro, no tú, te habrá ceñido y puesto
donde tú no quisieras.”

         Dios le dé a Benedicto, “siendo viejo”, y a su sucesor,siendo quien fuere, la gracia de no desertar del Viento, ni del Duc in altum, ni de la pesca milagrosa. La gracia de no ser dueño de “andar por donde quiera”, sino de preferir la diestra y la siniestra ceñidas al Madero, para salvar con sangre el honor de la Verdad.

viernes, 15 de febrero de 2013

EL BIEN COMÚN




Por Ricardo Díaz


   El Bien Común, es uno de los principios a los que habrá que volver si es que realmente queremos ser un país digno.

   Podemos definir el Bien Común como  la suma de los bienes materiales y espirituales que, alcanzados con la cooperación del conjunto y puestos a disposición de todos, permiten el logro de la felicidad y el desarrollo integral de cada uno de los miembros y del grupo que integran.

   Es decir, el Bien Común no es sólo la existencia de bienes, sino también y principalmente, la posibilidad real que tengan todos los miembros de la comunidad de acceder a ellos. Sólo podemos considerar auténticamente como Bien Común lo que es gozado por todos.
  
   La lucha para lograr el Bien Común es una obligación de todos los ciudadanos. Todos sabemos bien que al vivir en sociedad nos beneficiamos con los frutos del esfuerzo material y espiritual de los demás, y por lo tanto no podemos desconocer que nuestro propio trabajo es necesario para el bien de otros; no hacerlo así es caer en un egoísmo que lleva a romper la cadena de esfuerzos en procura del Bien Común.
  
   El Bien Común exige la prudencia de parte de cada uno y más aún de aquellos que ejercen la autoridad.  El Bien Común es la razón misma de ser de los poderes públicos. Corresponde a la autoridad facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente digna, una vida segura.
  
   En el siglo XIX, el Papa León XIII decía que “El Bien Común es delante de Dios y de la sociedad humana, la primera y última ley”.
  
   Ahora bien, si nuestros gobiernos, por ignorancia ó por complicidad, no van a reparar en todos estos principios que hemos enumerado, ¿qué podemos esperar, tanto del presente como del futuro?
  
   Si sólo transcurren, estos gobiernos, en disputas internas, intereses particulares, ambiciones desmedidas y egoísmos descontrolados, ¿dónde terminaremos?
  
   Si no rompemos con la Usura Internacional y la corrupción nacional; los enriquecimientos ilícitos avalados por jueces corruptos; las componendas políticas y la coima institucionalizada, no habrá Bien Común, sólo habrá bienes particulares materiales para los gobernantes de turno.
  
   Para que se vuelva a tener como fin el Bien Común, tendremos todos que volver a los principios aquí mencionados y actuar en consecuencia. Lo contrario será seguir por la pendiente, como hasta ahora, sin encontrar el rumbo.
  
   Por las cosas que están sucediendo actualmente en nuestra patria, pareciera que no se va a reaccionar hasta que toquemos fondo. En ese caso sólo Dios nos va a poder ayudar, siempre y cuando lo merezcamos; y para merecerlo tendríamos que ponernos ya a rezar y actuar en consecuencia.-

jueves, 14 de febrero de 2013

SOJA R-R (RAMÓN-ROMÁN): ¿VUELVE O NO LA ALEGRÍA?



Por: Ing. Alejandro Pérez Unzner  
       Analista invitado: Dr. Marcelo Busquets
aperezunzner@gmail.com

+  ComentAGRO diario + Apuntes de mercados agropecuarios y afines, e idea de ver un poco más allá de lo sectorial. 

Miércoles 13 de febrero de 2012 12.30 hs.

      Un gris Miércoles de Ceniza en Baires. 
      La gente habla del Papa saliente: cosa rara, veo. Hay lluvias en ciertas zonas agrícolas: cosa buena, digo. Para quienes las necesitan y para el gobierno, que, calculadora en mano, no consigue serenar sus desvelos en pos del tan preciado instrumento (de sojuzgamiento): LA GUITA-rra. 
     Encima, casi imposible abrir un portal informativo local sin que se cuele en los titulares la gestión del gobierno con Irán. Particularmente, ese asunto de la mutual me tiene ciertos compartimientos colmados, ya. Y me sigue generando dudas, miles, el hecho de que sobre la voladura de la embajada nada se diga… 
     Cosa del poder, pienso. 
      La soja, ese otro instrumento que el poder viene usando, ora para blandir amenazas, ora para simplemente efectuar su conversión a ese papel que casi todo lo compra, sigue en el ojo de la tormenta. De la política, me refiero. La otra, la atmosférica, esta “ahí”, dando vueltas, desde el fin de semana carnavalesco. Especialistas y pseudoespecialistas conjeturan acerca del ritmo de las liquidaciones de granos por parte de sus tenedores, de las existencias reales de la magra cosecha anterior, de serpentinas, pomos y papel picado, etc., etc.. Total, caretas son lo que sobra en la Argentina. O caras, de esas bien conocidas, creo.

      Me vienen a la pantalla mental dos caras, a las que podríamos llamar “R-R”, como la soja del milagro pampásico, y extrazona. Una, corazoncito miyo mediante, la de Ramón, el “otro” riojano bien famoso. Otra, y vamos con los primos, la de Román, ese juguetón de masas… Caras capaces también de milagros, en lo suyo. Poderosas como para poner de pie a la inmensa mayoría futbolera de este país devenido en sojero.
       El mercado externo de referencia, hablando del poroto y de cara al feriado del lunes próximo, se mueve en baja, empujado por agua en zonas cerealeras de EE.UU. y la expectativa de satisfactorias cosechas en buena parte de Brasil, en Paraguay y aun en Uruguay. Diría que la mirada sobre la Argentina todavía ofrece dudas, aunque siempre confiando en el potencial de las RR. El cultivo sembrado en primeras fechas, luego del aluvión hídrico de la pasada primavera, atraviesa días, semanas clave. A lo sumo tres más, estimo. Si es que (Dios mediante) hay una nueva alegría para la macroeconomía del país. Cierto: por ahora, los “R-R” están en plena etapa de sonrisas, más Ramón que el otro, como preludiando nuevas alegrías…
         Miércoles de Ceniza. Sobre este día, pero del año pasado (22-F), me atreví a afirmar que “en el corso de esta Argentina del carnaval permanente… Nunca vienen las soluciones “de ley” que los desconocidos de siempre se cansan de reclamar… importa que alguien se haga cargo de una buena vez y acabe con tanta cháchara politicoidea. Con tanto boudouismo crónico.” Casi nada ha cambiado desde entonces.
       Porque, más allá de que Nemo ya se fue y Benedicto se irá en breve, ciertos personajes con poder de decisión permanecen en sus sitios. Y en sus cargos, ejecutivos o no, australes o no. Como para recordarnos a cada rato que algunas alegrías no nos son propias. Más bien, se las apropian ciertas minorías…
       Cosa seria. Muy seria. 

COLONIALISMO EN MALVINAS.

 
Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 y CMN 73)
 
Es difícil pensar que un argentino "dude" sobre los derechos soberanos de Argentina sobre las Islas Malvinas, pero, los hay...
 
 
       La sección Cartas de Lector el diario LA NACIÓN (1102-2013) publica lo siguiente:
 
Colonialismo.
El colonialismo que practica Inglaterra y que se critica,¿no es el mismo que la Argentina utiliza para intentar recuperar las islas, avasallando la realidad que impera? Querer  anexar dos islas "contra" la voluntad de sus habitantes , con 180 años allí, debido a que se han hecho mal las cosas, incluso desde antes de que la Argentina fuese la Argentina.¿no es ser colonialista? El Gobierno debe cambiar su estrategia en política exterior si aspira a que la Argentina tenga presencia en las islas del Atlántico Sur y en la región antártica. Negar esta realidad, sustentandose caprichosamente en el pasado, es hoy en día inconducente.
Saturnino del Carril.
DNI 22.432.665
            
     Con profundo dolor, pensando en aquellos que han dado su vida y que están sus cuerpos como testigos en las tundras de nuestras Malvinas, envié a LA NACIÓN lo siguiente: 
 
MALVINAS
Me pregunto si el Sr. Saturnino del Carril, cuando se interroga sobre nuestras Malvinas, si se procede bien al "querer anexar dos islas "contra" la voluntad de sus habitantes", no recordó aquello de que ningún patriota "ni ebrio ni dormido" debe afectar los grandes intereses de la Patria, pues debería saber siempre que para todos los argentinos: las "Malvinas son argentinas"
Tcnl José Javier de la Cuesta Avila
DNI 4765433
 
    Cuando se lee la carta del Sr del Carril en detalle se siente la sensacion de que esta tratando de señalar las falencias que se pueden cometer, ayer y hoy, en relación a lograr la devolución de nuestro territorio y solo que el mismo piense que lo estamos "anexando" ya muestra un criterio que es muy difícil de calificar. Mensajes como este no debe quedar sin respuesta, pues, quizás, el que lo envía no se da cuenta que se esta alejando de algo que va mas allá de los negocios o las posesiones físicas, se trata de la soberanía de nuestra Patria, pues, ningun argentino debe olvidar y todos los extranjeros deberan saber que las "Malvinas son argentinas".

miércoles, 13 de febrero de 2013

LOS TIEMPOS EN POLÍTICA.



Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 y CMN 73).

Sorprende a la ciudadanía el político que trata temas que no están en la necesidad, requerimiento o vivencia de la sociedad, ya sea para eludir lo importante o para evitar su consideración por conveniencia circunstancial, lo que es un desgaste a evitar.
La política es un accionar permanente y constante que, desarrollado dentro de la sociedad, esta vinculado con su existencia y  su futuro. La Constitución y las leyes determinan su ámbito y alcance para lograr una racional acción que  encuadré, dentro de la lógica de las circunstancias, los hechos y actividades que se materializan. El objetivo de hacer, impone la necesidad de llegar y, para ello, se tiene que actuar, conforme el ambiente, adaptándose a las realidades, pero sin dejar de tener en vista los supuestos los futuros. La habilidad de estar y actuar oportunamente, constituye los tiempos de la política, es decir el accionar oportuno dentro de los procesos vigentes.

         Cuando las personas que actúan en política solo viven en la coyuntura, serán aceptados como  dirigentes, pero, cuando ellos, en su accionar, tienen en cuenta que el corto plazo es solo un momento que conduce hacia el mañana, alcanzan la talla de estadistas. La complejidad, la interrelación y las velocidades que caracterizan al mundo del presente, imponen que el político individual este reemplazado por el grupo orgánico, que acumula en el mismo, no tan solo las capacidades para entender y atender las variadas cuestiones, sino la habilidad de interrelacionar lo aparentemente sustantivo como la complejidad de sus efectos resulta.

        La política es evolución no revolución, ya que el "cuerpo social", como elemento físico, necesita de "tiempos" para su adaptación a las variables que impone el avanzar y requiere para hacerlo, seguridad en sus actos, lo que configura la existencia de un "estado de derecho". Cuando la aceleración lleva a la "revolución", significa que ha fallado el sistema o que la situación social ha quedado desfazada de la realidad ambiental y ello, lógicamente, lleva a la "explosión" que  pese a que puede ser controlada, la mas de las veces, queda fuera de control y  produce  daños de dimensión inconmensurable. La historia muestra que cuando se producen acciones tipo reactivas, ello se debe a que "Falto contención y soluciones pequeñas a pequeños problemas antes que se armase el  problemón irresoluble" (1), ya que "las huelgas, los piquetes y las protestas de cualquier signo o sector,  cuando suceden, ponen en evidencia que un canal institucional anterior no supo encontrar las soluciones adecuadas demandadas y entonces debió  abrirse paso como pudo la queja inorgánica, siempre incomoda y mas difícil de manejar" (!)

       El político, en su rol de dirigente, es quien mas debe respetar la institucionalidad, donde se encuentra actos, momentos y resultados a materializar durante los desarrollos, ya que, su vigencia y cumplimiento, es el que asegura en forma singular y plural la transparencia en lo actuado. Una argucia es plantear temas que no tienen vigencia o acción inmediata, pero que tiene aparente peso decisorio, de manera tal de desviar la atención general y llevar a no atender aquello que realmente esta en acción, con lo que se logra sus fines sin que se perciban ellos como resultados.

      Las comunidades organizadas, como es el caso de las naciones, tienen sus mecanismos acordados para el accionar político, no tan solo en su aspecto social, sino en su desempeño circunstancial cuando se alcanza el poder como gobernantes. Cuando el político, en su papel de gobernante, viola, modifica o cambia las "reglas de juego", con una finalidad propia determinada, no tan solo esta enturbiando la relación, sino que esta creando antecedentes que en el mañana pueden ser ejercidos contra el mismo..

     La tarea de gobernar no es fácil ni simple, ya que requiere acción dentro de lo estructurado y aportes a los nuevos problemas y desafíos. El gobernante es, por lo tanto, el fiel de la realidad política de una sociedad y su actividad es el mejor manifiesto de la claridad con que se emplea lo publico en beneficio a lo privado. Cuando las personas accionar por si y eluden, postergan u olvidan a sus "representantes" significa que ellos han dejado de serlo y, consecuentemente, se rompe la vinculación con los representados.

    Es posible, cuando no probable, que el deformado sistema de representación que se observa en algunos países, donde se juega sobre el fraccionamiento ideológico y no sobre los agrupamientos zonales, sea un factor para el equivoco uso de los tiempos en la política ya que los momentos de requerimiento son diferentes y, consecuentemente, diferenciales. (2).

Notas: (1) Diario LA NACIÓN 1111-2012 (El medio es el mensaje" por Pablo Sirven)
            (2) Recordemos que en Argentina, el sistema de representación fijado por la CNA art1 es federal o sea fraccionado por provincias, pero, los desarrollos evolutivos lo han modificado centralizándolo ideológicamente.