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viernes, 17 de abril de 2009

Presidentes del MFC nombrados en el Dicasterio de la Familia

El Santo Padre Benedicto XVI designó a los presidentes nacionales del Movimiento Familiar Cristiano (MFC) de la Argentina, Pablo y Marcela Cavallero, miembros del Consejo Pontificio para la Familia, por el lapso de cinco años.
     La notificación del nombramiento, efectuado el 10 de marzo pasado, llegó a los interesados el 11 de abril, mediante una carta del Secretario de Estado Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone.
     Pablo Adrián Cavallero es porteño, de 52 años, doctor en Letras y especializado en lenguas clásicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA), y su esposa Marcela Estela Benhaim Varela de Cavallero, también porteña de 52 años, es bioquímica egresada de la UBA, grafoanalista y profesora de inglés.
     Casados en 1981 tienen 6 hijos, cuatro mujeres y dos varones. Los cuatro mayores son dirigentes parroquiales.
     Fueron presidentes del MFC de Buenos Aires de 1996 a 2002, y presidentes nacionales del MFC de 2008 a 2011.
     Es la tercera ocasión en que un matrimonio del MFC argentino integra este dicasterio, dado que en él estuvieron los ex presidentes arquidiocesanos de Buenos Aires, Gastón Arturo Lamberti y María Teresa de Lamberti (1983/1986) y Guillermo Adúriz y Graciela Berro de Adúriz (2004/2009).
    El Consejo Pontificio para la Familia, que preside el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo y en cuyo comité de presidencia está el cardenal Jorge Mario Bergoglio, tiene como misión la promoción de la pastoral y el apostolado en el campo familiar, en aplicación de las enseñanzas y orientaciones del magisterio eclesiástico, de manera que las familias cristianas sean ayudadas a cumplir con la misión educadora y apostólica a las que son llamadas.
     Entre las numerosas tareas específicas confiadas al Consejo Pontificio para la Familia figuran las de promover y coordinar los esfuerzos pastorales en el campo de la procreación responsable según las enseñanzas de la Iglesia, como también las de animar, sostener y coordinar los esfuerzos en defensa de la vida humana en todo el ámbito de su existencia.