lunes, 19 de julio de 2010

CAYÓ UN HOMOSEXUAL PRÓFUGO POR ABUSAR DE MENORES, SU ‘PAREJA’ YA FUE CONDENADO EN LA CAUSA

a antivida

En la foto: CON LOS NIÑOS Y NIÑAS NO! Los homosexuales ahora se quieren casar y adoptar, pero…

     

Junto al cómplice, ya condenado, regalaba golosinas y dinero a cambio de sexo. Estuvo casi seis años y medio prófugo, que le permitieron al acusado cambiar su apariencia hasta parecerse poco a aquél que fue en 2003, según informó diario El Día.

La Policía ubicó en el barrio de Once al hombre (¿es “discriminador” usar esta palabra ahora?) de 29 años, acusado junto a su pareja homosexual -ya condenada por este hecho,- de abusar de al menos a dos menores de edad en Los Hornos en el año 2003, fue detenido en Once, mientras tomaba una gaseosa con otro hombre.
Fuentes de la pesquisa indicaron que cuando los agentes de la DDI La Plata al mando de Juan Ibarra, junto con los de la Policía Federal, se acercaron al acusado, éste no se resistió y de inmediato fue aprehendido. El detenido quedó alojado en la comisaría 1ª de Berisso y en las próximas horas será indagado.

UNA CAUSA ANTIGUA
La investigación se inició el 27 de noviembre del 2003, luego de que una mujer denunciara que su hijo de 10 años, a cambio de monedas y golosinas, era obligado a mantener sexo con dos hombres que vivían "en pareja" en una vivienda de Los Hornos.
También se presentó a la justicia otra madre denunciante que relató cómo los acusados "seducían" a los menores a quienes invitaban a ver televisión a su casa, según informó El Día.
Sin embargo, en la causa otro testimonio fue clave: un menor señaló que había visto a otro niño cuando era obligado por los imputados a practicarles sexo oral. Cuando uno de los imputados vio que el menor podía perjudicarlos, lo corrió para que no dijera nada, pero sus amenazas no surtieron efecto: el niño decidió contarle todo a su madre, y así el expediente sumó nuevos testimonios.
Los médicos aseguraron en su momento que el otro menor abusado había sido penetrado vía anal. Según la fuente, no se descarta la posibilidad de que existan más casos de menores abusados, cuyos padres hayan tenido temor de sumarse a la causa aportando su denuncia.

 
VENDIAN SILLONES
Antes del 2003, la pareja homosexual -en la causa se probó mediante gran cantidad de testimonios que vivían como "novios"- vendía sillones para nenes en la zona de 13 y 32.
Allí se practicó en su momento la aprehensión de uno de los imputados, quien luego fue condenado.

En su momento, la justicia local aseguró que los abusos ocurrieron contra por lo menos dos menores de edad en la noche del 25 de noviembre del 2003, en una casa de 150 bis entre 73 y 74 de Los Hornos.
El cómplice y a la vez pareja del ayer detenido, señalaron las fuentes, se encuentra purgando una condena en la Unidad de Olmos por los ataques sexuales.

EN LITUANIA SE PROHIBIÓ LA DIFUSIÓN PÚBLICA DE LA HOMOSEXUALIDAD

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En Lituania se aprobó la “ley de protección de menores contra el efecto perjudicial de la información pública”, que equipara la difusión de información positiva sobre homosexualidad y bisexualidad a las imágenes de violencia o muertos, protegiendo de ese modo a los niños de sus efectos perjudiciales.

La ley fue vetada por el presidente saliente, Valdas Adamkus, por contravenir los principios de no discriminación de la Unión Europea, a la que Lituania pertenece, pero la Constitución de ese país permite anular el veto si más del 50% del Parlamento apoya tal moción. Así ocurrió, y la ley volvió a ser sometida a voto el 14 de julio de 2009. El resultado fue abrumador: 86 votos a favor, seis en contra.

La ley argumenta que debe combatirse todo aquello que “subvierta las relaciones familiares y degrade sus valores”, y se extiende a todo lo referente a lo paranormal, el lenguaje grosero y los malos hábitos de alimentación, todos los cuales caen conjuntamente bajo el espectro de esta disposición.

Los antinaturales

Las voces críticas no se han hecho esperar. La ley no define específicamente lo que debe entenderse bajo diseminación pública de información, ni tampoco establece qué pena recibirían los infractores.

Varias las organizaciones de derechos humanos que contradicen el Orden Natural han contactado a la Unión Europea para que ponga freno a la iniciativa lituana, y se iniciaría un embate para imponer la homosexualidad.

Cabe destacar, además, que  las convenciones de la Unión en esta materia sólo cubren la discriminación en el ambiente laboral, y no en otras áreas, y por tanto no queda claro si Lituania realmente vulnera dichas convenciones a la luz de los Tratados suscriptos. Más allá de eso, la Ley pretende la protección de los niños ante influencias nocivas, basados en el Derecho Natural.

Uno de los organismos que atenta contra el Orden Natural es Amnistía Internacional, el cual considera que esta nueva ley refuerza la discriminación basada en la orientación sexual, en un creciente clima de hostilidad hacia las minorías sexuales. Por tal razón, Amnistía está coordinando con grupos de Lituania el lanzamiento de campañas por la anulación o modificación de la ley.

Oriente y occidente europeo

Existen profundas diferencias entre Europa occidental y oriental respecto al respeto del Orden Natural. Mientras que en países como Holanda y Suecia, más del 70% de la población apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo, en países como Letonia y Polonia, el apoyo no llega al 15%.

Varias son las razones dadas para esta disparidad. Una de ellas es la influencia de la Iglesia Católica en Lituania, religión que más del 80% de los lituanos profesa. En este país, la Iglesia promueve activamente el mensaje bíblico tradicional y las virtudes clásicas en cuestiones de sexualidad.

Al mismo tiempo, los medios de comunicación son conservadores, y difunden el Orden Natural, a la vez que califican a la homosexualidad como una perversión.

Sin embargo, varios analistas ven otro factor decisivo en la brecha existente entre el occidente y el oriente europeo: bajo los regímenes comunistas que predominaron durante la segunda mitad del siglo pasado, Europa oriental no fue partícipe de la degradación sexual que vivió Occidente, en particular en el tema de la homosexualidad.

Mientras la plutocracia internacional impuso la “liberación sexual” en Occidente, entre los comunistas realizó variaciones desde el “amor libre” y la derogación del matrimonio con sus letales consecuencias, hasta la imposición de un matrimonio civil y la persecución de la homosexualidad sin que esto jamás fuera cuestionado durante los 70 que rigió el comunismo en la Unión Soviética.

La “revolución sexual” en Occidente se debió a los mismos intelectuales marxistas que difundieron sus ideas sin restricción alguna. La difusión de sus postulados, prohibidos en la Unión Soviética, buscaba lograr la revolución subversiva a todo nivel, utilizando para ello la educación, la “cultura” y los medios de comunicación, para instalar la persuasión anticatólica y antinatural como si fuese una opción libre de los destinatarios del mensaje (toda la sociedad), en un mensaje. La opinión libre de los destinatario, se halló durante décadas influida y condicionada por quienes dirigían la cultura, la educación y los medios de comunicación.

Cuestión legislativa

Asimismo, el Parlamento lituano va a debatir una norma que prohíbe las campañas informativas, en los espacios públicos, de organizaciones LGTTBI, eventos culturales y las marchas del Orgullo en ese país.

Por otro lado, el principal efecto de la Ley de Protección de Menores contra el Efecto Perjudicial de la Información Pública, es que impide la difusión de la homosexualidad como algo positivo en las escuelas.

Lituania castigaría con trabajo comunitario, multas económicas e incluso cárcel a aquellas personas e instituciones que “promuevan en lugares públicos las relaciones homosexuales”.

La ley referente a los menores, aprobada en julio, había sido vedada por el anterior presidente durante su tramitación, pero el Parlamento lituano logró levantar la prohibición por mayoría de votos.

LO MÁS EMOCIONANTE DE LA PELÍCULA 'ALATRISTE'

“Alatriste” es el título de una producción fílmica española que se basa en unos libros de Arturo Pérez Reverte. Se trata de una película bélica, con escenas de tipo sexual insertas en la misma, a la vez que tiene mucha violencia.
El protagonista tiene un carácter pendenciero, y en un momento se le pregunta si su apariencia harapienta se debe a falta de dinero o a su altivez de soldado, Alatriste responde que es por ambas.
Es la historia de los temibles Tercios de Infantería española. En el marco del Imperio español del Siglo XVII, se narra la historia de Diego Alatriste, un soldado al servicio del rey Felipe IV. El tercio de Alatriste combate contra los holandeses en la Guerra de los Treinta Años.
Aparece en la película Pedro Calderón de la Barca, con frases como "hace un frío luterano", mientras que el protagonista afirma "soy un buen católico" a la vez que comete pecados de lujuria.

El final de la película se produce en la Batalla de Rocroi, en mayo de 1643, que corresponde al último libro de la saga de "Las aventuras del capitán Alatriste" de Reverte. Allí es donde Alatriste se presta a la batalla en inferioridad de condiciones, sin rendirse ante el enemigo.

El protagonista no es un buen modelo moral, pero es un modelo de persona valiente y que no renuncia a sus ideales ni en las peores condiciones, siempre presto a dar batalla aunque la derrota parezca segura.

PERDER UNA BATALLA CON HONOR, Y NO RENDIRSE

Malvinas Volveremos mapa

SUBTNIENTE OSCAR AUGUSTO SILVA : HÉROE DE MALVINAS

Por Alberto Mansilla


El 15 de junio de 1982, el Capitán de Fragata Carlos Robacio, jefe del Batallón de Infantería de Marina (BIM) Nº 5 y el Comandante inglés recorrían el campo de batalla. Los muertos ingleses ya habían sido retirados y era el turno de los caídos argentinos. De pronto el jefe británico, sorprendido, lo llama al oficial argentino y le señala un cuerpo.
Tenía los ojos abiertos, el rostro sereno, una herida cerca del hombro y otra cerca de la cintura y la mano aferrada furiosamente al fusil. El infante de marina argentino tomó el arma por su culata y tironeó. Pero la mano no lo soltó.
Parecían una sola pieza. Espontáneamente, ambos combatientes se pararon frente al cadáver e hicieron el saludo militar. Rígidos y emocionados, en medio del silencio del campo de batalla. El argentino decidió que lo enterrarían con el arma que se negaba a devolver. Luego Robacio buscó la chapa de identificación que debía colgarle del cuello.
La encontró. La tomó con firmeza y se la arrancó; era el Subteniente Oscar Augusto Silva.
Desde su San Juan natal había partido Oscar con una definida vocación militar. Ya la había puesto a prueba cursando en el Liceo Militar General Espejo. Luego su camino se dirigió a la Escuela Naval. Pero no era ése su destino. No estaba a gusto. Comenzó a cursar la carrera de ingeniería. Tampoco lo satisfizo. Y decidió ingresar al Colegio Militar de la Nación. Rindió para segundo año por su pasado liceísta y entró. Era uno de los más grandes de su promoción (la 112) pero también uno de los más queridos. Porque si algo se destacaba de Silva era su intrínseca bondad. Siempre estaba dispuesto a ayudar a sus compañeros y eso le valía ser uno de los mejores camaradas. Su familia lo llamaba “gordito”, sus camaradas “el sapo”, pero para todos era una bonachón al que le costaba poner “cara de guerra”. De esos de los que se esperan constantemente buenas acciones.
El Colegio Militar lo formó técnicamente. Aprendió a combatir, a conducir hombres y veló las armas. Pero sus inquietudes fueron más allá, porque intuyendo que todo aquello era incompleto, buscó ayuda en el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced. Allí, un profesor de historia , “maestro de combatientes”, le enseñó que era posible perder una batalla , pero con honor (1). Y le regaló unos versos de su autoría que decían, en una parte:
“Que no me ofrezcan lo que nunca tuve / por compensar lo que nos han quitado,/ el honor de decir: donde yo estuve/ flamea un estandarte soberano”. Renglones que marcaron a fuego al joven cadete.
En noviembre de 1981 egresó del Colegio Militar como Subteniente del arma de Infantería. Pero, en medio de la alegría, tuvo que sufrir un enorme dolor. Cuando su familia se dirigía a Buenos Aires para compartir con él ese momento, un accidente automovilístico acabó con la vida de su madre y dejó internado a su padre y a una hermana.
Sus jefes le ordenaron que se dirigiera a su casa a hacerse cargo de la tragedia. Así lo hizo. Marchó a San Juan en compañía de su hermana Ana Clara, que vivía con él en Buenos Aires, y su novia. Allí fue una vez más lo que había sido siempre para sus hermanas: el puntal sobre el cual se asentaba la estructura del ánimo familiar. Con sus modales suaves pero firmes, sus palabras de aliento, su presencia tranquilizadora, navegó en medio de la tormenta familiar. Y fue un gran piloto.
Días después, en una ceremonia privada, el general Leopoldo Galtieri le entregó el sable. Ninguno de los dos sabía lo que le iba a pasar al joven oficial poco tiempo después. Porque tres meses más tarde se lanzaba el Operativo Rosario, se recuperaban las Islas Malvinas para la Patria y la Argentina se conmovía como nunca antes en sus últimos ciento cincuenta años de vida.
Mientras los argentinos se congregaban en Plaza de Mayo para apoyar a la empresa, el Ejército entero se movilizaba. Por eso Silva, destinado en el Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, se comenzó a preparar para ir al sur primero, y luego para cruzar a las Islas. Llegaron a Comodoro Rivadavia, luego a Río Gallegos, más tarde a las Malvinas. La primera noche en Puerto Argentino, la siguiente al norte del aeropuerto, en la península de Freycinet, para dar la temprana alarma de algún posible ataque por mar. En medio de todo el traqueteo, Silva se mantenía preocupado por sus soldados. Hacía todo lo que podía por mantenerlos bien física y espiritualmente.
Rezaba, consolaba, apoyaba. Porque todo era una larga espera en la que había lugar para el miedo y la incertidumbre.
Mientras esto ocurría, el avance inglés había tenido éxito. Desembarcados el 21 de mayo en la Bahía de San Carlos, habían avanzado hacia Darwin y allí, pese a los esfuerzos de la Fuerza de Tareas Mercedes, habían vencido a los defensores. En la noche del 28 de mayo se produjo el ataque inglés, en donde falleció el Teniente Estévez. Al día siguiente, los argentinos se rendían y dejaban que los ingleses siguieran su curso hacia Puerto Argentino.
El despliegue invasor se dirigía, entonces, hacia el este de la Isla Soledad , y se enfrentaría con dos cordones defensivos: el primero, en la línea imaginaria que unía de norte a sur, Monte Langdon, Dos Hermanas, Goat Ridge y Harriet. Más al este , el siguiente, que se articulaba en la misma dirección: Wireless Ridge, Tumbledown, Williams y Sapper Hill, todas pequeñas elevaciones que daban su espalda a Puerto Ar­gentino.
En la primera de las posiciones nombradas estuvo el Subteniente Silva. Llegó el 8 de junio y pasó a cumplir la misión de patrullar Goat Ridge de noche, mientras que de día debía ocupar espacio en la zona oeste del Dos Hermanas, junto a la sección del Subteniente Llambías Pravaz, un oficial un año más moderno que Oscar y que ya había tenido escaramuzas que le daban aire de veterano de guerra.
Nuestro héroe venía de la tranquilidad de la vigilancia en la península de Freycinet y pasó, de la noche a la mañana, a cumplir agotadoras jornadas de patrullaje en las zonas nombradas. Pero nada logró bajar su ánimo. Al contrario, ahora era el puntal también para Llambías quien, al encontrarse con un militar más antiguo, descansó un poco su responsabilidad en él. Y de nuevo “el sapo” desplegó su mejor cualidad: la bonhomía.
Por otro lado, ya esperaban un ataque, porque tenían noticias de la caída de Darwin y entendían que, si el desembarco había sido al oeste de la Isla Soledad , ahora tendrían que venir en dirección a donde se encontraban ellos.
Cuando en la noche del 10 al 11 de junio, el Regimiento 3 de Paracaidistas británico atacó Monte Langdon; el Comando 42 de la Real Infantería de Marina hizo lo mismo contra Monte Harriet y el Comando 45 de la Real Infantería de Mari­na se dispuso a combatir hacia Dos Hermanas, nadie se sorprendió. Por eso no les fue fácil. En este último par de elevaciones (Silva patrullaba Goat Ridge de noche) Llambías resistió con su sección. Cerca de allí, la actitud del regimiento fue heroica. Muere el Teniente Martella y, uno tras otro, caen heridos (entre los jefes) los Subtenientes Nazer, Mosquera y Pérez Grandi. En medio de la confusa noche, con los hombres que puede, Llambías se replegó y se encontró casualmente con Silva. Juntos y con los últimos hombres de ambas secciones, se replegaron hacia el segundo cordón defensivo de Puerto Argentino.
Los ingleses avanzaron, pero a costa de mucha sangre propia. Por eso, al día siguiente, se vieron obligados a descansar. Así, mientras los argentinos se reacomodaban en la línea ya muy cercana a la capital de las islas, los invasores se sobrepasaban y dejaban en primera línea a las tropas frescas del Regimiento de Paracaidistas 2 (en dirección a Wireless Ridge) y los Guardias Escoceses y los Gurkhas (contra Tumbledown y Williams).
Mientras tanto, Silva no perdía la calma, como nunca lo hacía, pero demostraba algo de impaciencia por entrar en combate. No lo había podido hacer en la noche anterior, porque su misión lo alejó del mismo. Pero tenía su alma estremecida por la espera del momento de hacer la guerra. Siempre sin perder la magnanimidad en su trato con sus soldados y subalternos, a quienes seguía consolando y acompañando; animando y conduciendo.
Pudiendo replegarse a la ciudad para evitar el combate, el patriota hizo lo que debía hacer: pedir un puesto de combate en la defensa y quedarse con todos los soldados de su sección que estaban en condiciones de hacerlo.
Lo ubicaron en la fracción del Teniente de Corbeta Vázquez, dentro de las tropas del Batallón de Infantería 5, y desde allí se preparó para el combate final.
Con la oscuridad del 13 de junio comenzó el ataque inglés. Paracaidistas, Guardias escoceses y Gurkhas chocaron contra la última resistencia argentina.
Todo el poderío invasor se desató con su violencia y eficacia. Los argentinos resistían y mataban, los atacantes morían y volvían a aparecer como si nunca perecieran. Las posiciones fueron rodeadas, desgastadas, debilitadas por el fuego de artillería, lentamente, con mucho esfuerzo.
En el medio de todo ello, Oscar Silva había entendido que era su final. Ordenó, disparó, condujo a sus soldados, los animó permanentemente. Era un torbellino que no podía parar hasta encontrarse en el momento con el que había soñado toda su vida: el del máximo sacrificio por la Patria. Usó un arma, otra y otra. De pronto, se quedó sin munición. Miró alrededor. Vio a un soldado muerto con un fusil pesado a su costado. Saltó a esa posición. Lo tomó y decidió no separarse más de él. Volvió a la suya y siguió disparando. En eso, sintió algo caliente cerca de su cintura y comenzó a formarse un manchón rojo sobre su uniforme de combate. Luego, lo mismo, pero cerca de su hombro.
Tocó su sangre y se aferró aún más a su arma. En su entorno, los soldados fueron muriendo uno a uno. Pareció quedarse solo. Pero no era así, pues Dios estaba con él. Y el FAP, que era su compañía en el último instante. Era su “novia” como le decían en el Colegio Militar. Cayó. Con mucho esfuerzo, se incorporó a medias y ordenó a todos que se retirasen. Él tenía con qué proteger el repliegue. El enemigo siguió avanzando. Juntó fuerzas, disparó el arma que tenía tomada con una sola mano, apoyando a los que se retiraban. Alcanzó a gritar: ¡ Viva la Patria carajo! Y el bramido se escuchó desde Puerto Argentino… hasta el Cielo.
Finalmente, en Monte Tumbledown, la Poesía se convirtió en Historia y el cadáver del Subteniente Oscar Augusto Silva fue el estandarte soberano que flameó para siempre sobre nuestra tierra.

NOTA:
1) Se trataba de Antonio Caponnetto, quien por entonces dictó durante varios años un exitoso Curso de Historia Política Argentina, al que concurrió el entonces cadete, Oscar Augusto Silva.
http://www.almenablog.com.ar/?tag=mansilla-alberto

EL ITINERARIO DE LA CLAUDICACIÓN

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Por Alberto Medina Méndez *
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Para generar cambios hay que participar en política, dice esa frase que hemos escuchado hasta el cansancio. Solo desde las organizaciones partidarias se puede influir lo suficiente como para modificar el rumbo de la realidad. También lo hemos leído por ahí.
Muchos insisten que para lograr las transformaciones, hay que embarrarse, meterse en el fango. La idea de “ensuciarse” aparece así como el marco ideal que genera un ámbito justificatorio habilitante de ciertas cuestiones inadmisibles que se asumen como necesarias, como derecho de piso, como parte indivisible de la verdad. Ese es el artilugio al que recurren muchos para admitirse a si mismos, determinadas liviandades.
Pero los que lo afirman, parecen querer sugerir que involucrarse, implica invariablemente, prestarse al juego del sistema. Recitan con ferviente pasión, esa nómina de valores con las que la sociedad se identifica plenamente, esa escala de principios que todos pretendemos en nuestros lideres. Sin embargo, cuando se incorporan a la dirigencia partidaria, abandonan esa retórica, para darle paso al endiosado pragmatismo vacío de contenidos, ese que les posibilitará la chance de hacer lo que sea, pero siempre cediendo, dejando en el camino mucho de lo antes declamado.
Se permiten esa mutación, porque aún no lograron comprender que la política está desprestigiada justamente por lo que sus prácticas funestas transmiten, por lo que significa renunciar a los ideales, por transigir frente a las aparentes imposiciones que plantea ese recorrido en el que la prebenda, la discrecionalidad, el clientelismo, la corrupción y los privilegios parecen demasiado habituales.
Algunos suponen que ese sendero hacia la deseada construcción debe hacerse sobre la base de permanentes concesiones, de la entrega de los principios y de pisotear las más férreas creencias. Habrá que decir que nada bueno puede provenir de ese proceso en el que se manipulan las convicciones propias.
Nada positivo saldrá de aquel esquema en el que la moneda de cambio pasa a ser la honestidad, la franqueza y la transparencia.
Si en el intento de lograr mejoras para la sociedad, el precio a pagar es traspasar ciertos umbrales de la moral, para caer en la corrupción, la hipocresía y los ocultamientos de la cosa pública, habrá que decir que es un importe excesivamente elevado, que ninguna persona de bien debería abonar.
Aceptar esta transacción con tanta docilidad, es solo validar un excelente argumento para formar parte de lo que tantas veces se ha criticado.
Estamos agotados de esta dinámica en la que los “honestos” se van desnaturalizando con el paso del tiempo, una vez que se sienten parte del sistema, con las comodidades que les propone el régimen. El recorrido incluye el entusiasmo original, ese que luego da paso a la frustración eterna ante la imposibilidad de concretar las expectativas.
Es que justamente, “el sistema” está preparado para impedir los embates de los románticos, de los idealistas y soñadores. Tiene anticuerpos que lo protegen de los honestos sin voluntad, de los tibios sin convicciones profundas y les propone que como “peaje” entreguen esas banderas, para lograr cualquier insignificante avance.
Si para lograr esos pretendidos cambios a los que aspira la sociedad, se tendrá que hacer la vista gorda, dejar pasar arbitrariedades, callar ilícitos, ser funcionales a la corrupción estructural y cómplices imprescindibles para que otros sigan haciendo de las suyas y convenciendo a tantos mas de que estas reglas son las correctas y que esto es lo que se puede hacer y no mas que esto, pues en ese caso, este es un camino a descartar.
Los perversos de siempre han desarrollado un conjunto de creencias que alimentan esta fábula y pretenden hacerla verosímil. Los incautos, los ingenuos, los cándidos que abundan entre los ciudadanos de bien, aceptarán estos preceptos, sin más, solo para jugar ese partido.
Los que abusan del sistema necesitan que el resto crea que esto “es así”, que no se puede cambiar, que estas son las pautas y hay que adherir a ellas.
El favoritismo, la discrecionalidad, la malversación, las cajas ocultas, y la nómina inmensa de cuestiones que cualquier ciudadano medio aborrecería y criticaría con despiadada virulencia, se atenúan cuando el protagonista invitado pasa a formar parte del equipo reclutado.
Ellos intentarán convencer a todos que esos códigos son inmodificables, que la burocracia tiene sentido, que las leyes se hicieron para sostener el andamiaje que soporta su indemostrable financiamiento político y que las trampas forman parte imprescindible de su paisaje cotidiano. También dirán que pese a todo lo criticable, es mejor estar adentro que afuera, que los cambios se logran siendo parte del sistema y no estando fuera de él.
Resulta interesante ver  como consiguen someter a los soñadores. Los quebrantan e intimidan, los oprimen y amedrentan hasta ponerlos de rodillas. Logran derribar sus voluntades, quebrarles el espíritu, doblegarlos y hacerlos capitular para que crean que son insignificantes frente a la potencia de los hechos consumados. Es parte de la estrategia y vaya si logran ser convincentes.
Todos sus argumentos, sin excepción alguna, son extremadamente benevolentes con ellos mismos y altamente tolerantes con sus atropellos. Esa línea de aseveraciones los exime de dar explicaciones, los justifica, los mantiene como protagonistas secundarios que solo acatan reglas no escritas, que no son de su autoría intelectual.
Que todos entremos por esa variante es lo que pretenden. Habrá que recordar que el mundo solo cambió cuando los pioneros tomaron la iniciativa, esos que se animaron a decir “se puede”  para desafiar lo evidente, sin aceptar mansamente la interminable lista de razones que demuestran porque “no se puede”.
Dejemos de aceptar tan apaciblemente aquello de que solo ingresando a los partidos se modifica el presente. Es una verdad a medias y, como tal, vale la pena cuestionarla. Definitivamente el sistema NO se cambia desde adentro, al menos no, respetando sus normas. Se modifica desde afuera estableciendo la agenda. La otra alternativa, mas osada por cierto, es ingresar al sistema y ser parte de él, pero para pulverizar, sin contemplaciones, sus reglas una por una.
Es bueno recordar aquel refrán que dice que solo los peces muertos nadan con la corriente. A cuidarse de esas falacias perversamente instaladas. Se han constituido en la mayor trampa para cooptar a los más crédulos y hacerlos recorrer el itinerario de la claudicación.