sábado, 11 de abril de 2009

Saludos de Pascua: RIES

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
(Pregón pascual)
 
La Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)
les desea una feliz Pascua de Resurrección.
Que la alegría de Cristo, vencedor de la muerte, nos llene a todos de fortaleza y esperanza.
 
Atentamente,
 
La secretaría de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

MEDITACIÓN DE VIERNES SANTO - P. SANTIAGO MARTIN

Es Viernes Santo y de una forma especial debemos entrar en este día de rodillas. Con el corazón y el cuerpo arrodillados ante Aquel que ha dado la vida por nosotros. Arrodillados por respeto, arrodillados por agradecimiento. Lo primero, porque no debemos

olvidar que no se trata de la muerte de un hombre cualquiera, sino de la muerte del Dios-hombre, del Hijo de Dios; esto es lo que hace de la Pasión de Cristo algo totalmente singular y extraordinario; otros, quizá, han podido sufrir como Él y hasta, si existiera algún termómetro que midiera los grados de dolor, se podría encontrar alguien que ha sufrido más que Él; pero ninguno era Dios, ninguno derramó su sangre divina por amor a aquellos que, si Él lo hubiera querido, habrían dejado de existir inmediatamente. Por lo tanto, no debemos olvidar el respeto, la adoración que merece Dios, pues corremos el riesgo de que la familiaridad con que le tratamos nos lleve a olvidar quién es Él y quiénes somos nosotros.

Arrodillados también por agradecimiento, porque sus heridas nos han curado, su muerte nos ha devuelto la vida, su angustia nos ha dado esperanza, su abandono nos acompaña en nuestros abandonos. Este agradecimiento debe ser verdadero y, como veíamos ayer, sólo lo será si está lleno de obras de agradecimiento, de obras de amor hechas al prójimo por amor a Dios.

Con esta actitud del cuerpo y del alma, estaremos en las mejores condiciones para entrar en el misterio del Viernes Santo. Y, para hacerlo, debemos ante todo hacer silencio. Un silencio interior que nos permita escucharle a Él, identificarnos con Él, ponernos en su piel, en su alma, en su corazón. Cuando, con la ayuda de Dios, lo logramos un poco, lo que escuchamos, más allá de los gritos de dolor que salieron de su boca cuando le flagelaban o de su expresión de abandono con la que preguntaba al Padre dónde estaba mientras Él moría en la Cruz, es el sonido del miedo. Pero no el miedo al sufrimiento físico, ni tampoco al abandono del Padre; eso ya lo pasó y lo venció. El miedo que hoy transpira por todos los poros del cuerpo del Cristo crucificado es distinto: es el miedo al fracaso. Porque, no lo olvidemos, Él no subió a la Cruz por pasar el rato, sino para llevar a cabo algo que buscaba con todo su empeño: nuestra salvación. Él quería derramar su sangre para perdonarnos nuestros pecados y para que, viéndole crucificado, fuéramos atraídos por Él. Lo primero no depende de nosotros y, por lo tanto, está asegurado. Lo segundo sí depende de nosotros; de nosotros depende permanecer indiferentes ante el espectáculo del Dios crucificado o dejarnos atraer y convertir por él. Pero ¿cómo es posible que alguien no se sienta tocado en su alma al verle colgado del madero? No sólo es posible sino que es cada vez más frecuente, y lo es porque el hombre de hoy ha perdido el sentido del pecado y, con ello, ha perdido la capacidad para
valorar el por qué del sacrificio de Cristo. Para muchos, cada vez para más, Dios ya no es algo necesario sino que es algo supérfluo, algo prescindible totalmente, de lo que se puede pasar y seguir viviendo con total normalidad; estos se encogen de hombros ante el Crucificado y prefieren ir a la playa, a la montaña o al bar antes que participar en una procesión o en un oficio
religioso. Naturalmente que Dios no es prescindible sino imprescindible, también para quellos que lo consideran supérfluo; pero para Cristo, su indiferencia es un fracaso y éste es, hoy, su miedo; éstas son, ahora, las nuevas heridas que desgarran su cuerpo y su alma y que le llevan a preguntarse: "¿Para qué todo lo que he sufrido si, ni tan siquiera con eso, he logrado que se sientan atraídos por mí, que me quieran seguir a mí, que soy su Salvador y que he hecho esto para salvarles?".

Por eso, en este Viernes Santo, arrodillados con el cuerpo y el alma ante el Dios crucificado, debemos decirle, además de gracias, que en nosotros su sacrificio no ha fracasado. Debemos decirle que somos conscientes de nuestros pecados y que acudimos a Él para uqe nos perdone. Debemos decirle que sabemos bien que sin su muerte en la Cruz no tendríamos vida, ni esperanza, ni futuro, ni nada por lo que mereciera la pena seguir luchando. Debemos decirle que nuestro corazón es suyo y que es su muerte redentora la que nos lo ha ganado. Debemos decirle que queremos ayudarle en la obra de la salvación del mundo, no sólo ofreciendo nuestro sufrimiento junto al suyo, sino proclamando a los cuatro vientos que Dios es amor y que tiene derecho a
ser amado, gritando a propios y a extraños que si la humanidad prescinde de Dios entonces, como dijo Dostoievski, "todo estará permitido" y será el final para este mundo que salió tan bien hecho de las manos del Creador.

Feliz Viernes Santo.

P.Santiago

Envío de "Amigos Misioneros" de EWTN

Mons. Aguer pidió "promover la civilidad activa" desde la Pascua de Cristo

Texto de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en Claves para un Mundo Mejor, emitido el día sábado 11 de abril de 2009:

Mis amigos televidentes me alegra estar con ustedes, en un día como el de hoy, para poder decirles mi mensaje y hacerles llegar mi saludo pascual.

Me parece oportuno que reflexionemos un momento juntos acerca de que significa ese saludo de Felices Pascuas. ¿Qué significa para nosotros la Pascua?.

Estamos acostumbrados ya a reconocer que se trata de un día de gozo; nos damos cuenta de que se trata de una gran alegría, de que el Mensaje Pascual es un anuncio esperanzado y esperanzador. La liturgia de la Iglesia, en la Misa Pascual, con el canto del Aleluya, quiere transmitirnos esa alegría.

No se trata simplemente de optimismo, como que todo está bien, todo está en orden, sino que se trata de la gran esperanza cristiana que toma origen precisamente, en la Resurrección de Cristo, un acontecimiento que nos atañe y nos toca a nosotros, que nos incorpora a nosotros. Es una especie de tránsito que hacemos con Cristo, porque la Pascua del Señor es también nuestra Pascua.

A mí me impresiona algo que dice San Pablo en la Carta a los Efesios, en el capítulo 2, donde hablando de la salvación cristiana, que es un don gratuito, nos explica que Dios nos hizo revivir con Cristo, que con Él nos resucitó y nos hizo reinar en el cielo con Él; lo dice el apóstol como si se tratara de una realidad ya adquirida, porque es una realidad ya poseída en la esperanza.

Esto significa que la Fe cristiana y el contacto con Cristo Resucitado nos hace participar de las energías de la resurrección.

El Mensaje Pascual, esperanzado y esperanzador, no es solamente para nosotros, sino también para la sociedad en la cual vivimos, es también para el mundo, para el universo entero.

Pero ¿cómo influirá en la trama de la historia humana la fuerza que brota de la Resurrección de Cristo? No se trata de un pase de magia. El influjo posible de la gracia de la salvación requiere que los cristianos vivan intensamente su fe y la hagan cultura; que impregnen las realidades cotidianas con la energía de la Resurrección de Cristo. Hace falta una cultura cristiana para que las cosas cambien.

La esperanza pascual nos invita a ponernos en la situación que corresponde a quienes han resucitado con Cristo. La novedad pascual implica que no podemos volver siempre para atrás, no podemos estar mirando siempre para atrás; estamos destinados a algo que viene en el futuro y que nosotros hemos de emprender con la gracias de Dios.

Pensemos por un momento en la situación que vive la Argentina. Es un país el nuestro que por momentos nos desconcierta; un país lleno de posibilidades y sin embargo lo vemos deshilachado, sin rumbo, sin destino. Pareciera que todo tiene que renovarse y sin embargo todo vuelve hacia atrás.

¿Pero cómo podemos superar esta triste situación? Es necesario reeducar a toda una generación, o quizás a varias generaciones, en los verdaderos valores, en los grandes valores superiores. Es necesario promover la civilidad activa en todos los habitantes de este suelo, para que dejen de ser meros habitantes y pasen a ser auténticos ciudadanos. Es necesario asumir una civilidad activa, que no rehuya incluso, cuando corresponde, el compromiso político, pero un compromiso honesto, generoso, servicial.

Se trata de recrear una situación de verdadera justicia. Se habla con tanta frecuencia de una mejor distribución de la riqueza, pero vemos que pasan los años y al mismo ritmo la riqueza pasa de manos. Ahora está en otras manos, pero son siempre pocas y siempre para frustración de los más pobres, de los pobres de siempre y de los nuevos pobres, que son muchos.

Por eso, nuestra condición de cristianos nos impone un compromiso muy serio a favor de nuestra Patria. Nosotros que creemos en la Resurrección de Cristo y que participamos de las energías de la resurrección, nosotros que estamos destinados a la vida eterna y que somos, como dice San Pablo, ciudadanos del cielo, sin embargo tenemos que aprender incesantemente a ser buenos ciudadanos de esta tierra.

Es aquel impulso de la esperanza que nos religa con la eternidad el que nos obliga, podríamos decir, a preparar la materia del Reino futuro con nuestro trabajo presente. Es posible si vivimos en la fe, la esperanza y el amor. Nosotros, que a veces miramos como meros espectadores lo que pasa a nuestro alrededor y nos horrorizamos de lo que vemos, nosotros debemos ser protagonistas principales, porque esa es la mejor manera de cumplir con nuestro destino pascual.

Todo esto está implícito en el saludo que hoy intercambiamos los cristianos: Cristo ha resucitado, Felices Pascuas”.


"Jesús cae por cuarta vez", por Antonio Caponnetto

JESÚS CAE POR CUARTA VEZ



La tarde huele a sangre y a gemido,

arriba espera el monte abovedado,

más hondo que la huella del arado,

más seco que el ahogo de un latido.



Ya estaba terminado el recorrido,

pronto estaría todo consumado

pero advertiste el rostro de un pecado

venidero y final como un crujido.



La Nave quiebra un mástil, se te aparta,

¡Navega hacia alta mar!, le gritas mudo

y caíste la vez número cuarta.


Mañana sonarán repiqueteos

pero hoy, tu viernes desolado y rudo,

Aquí estamos, Señor, tus cireneos.


Antonio Caponnetto

Saludos de Pascuas: Colegio de Abogados de Capital Federal

Esta es una semana muy especial que comenzó, para los católicos, el domingo pasado al recordar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén para culminar con la pascua de resurrección en la que se recuerda que el Hijo de Dios venció a la muerte.

Hoy, el pueblo judío comienza a rememorar el Pésaj, -la pascua-, en la que Yahvé cumplió la promesa de liberar a su pueblo de la esclavitud a la que estaban sometidos en tierras de Egipto y, bajo la conducción de Moisés los guió a la tierra prometida.

Dichas celebraciones, muy sentidas para los profesantes de ambas religiones, pueden ser un motivo más que oportuno que nos lleven a la necesidad íntima de reflexionar sobre el profundo sentido que a todos nos aportan, -creyentes, no creyentes o adeptos a otros pensamientos y concepciones de vida-.

Estas celebraciones nos enseñan sobre la esperanza, la fe y los valores esenciales e inherentes a la condición humana, renovados después de la esclavitud y de la muerte pues tras ellos llegó la libertad y el triunfo del bien.

Ambas nos llevan indudablemente a confrontar con la realidad mundial que transitamos, alejada de la mirada al prójimo, la falta de solidaridad, la vulgaridad, egoísmo y, en resumen, la endeble defensa de los derechos humanos en su más amplia concepción.

Por ello, este, su COLEGIO PÚBLICO DE ABOGADOS DE LA CAPITAL FEDERAL, quiere estar presente deseándoles a los creyentes una feliz pascua y la renovación de sus promesas, revalorizando los principios éticos y morales para que sean difundidos en nuestra comunidad, ejerciendo una enérgica defensa de los derechos y garantías que nos asegura la Constitución Nacional “para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo”.


¡ FELICES PASCUAS!