viernes, 11 de diciembre de 2009

DISCURSO DE ROMERO MUNDANI CON MOTIVO DEL 19 ANIVERSARIO DEL 3 DE DICIEMBRE DE 1990


Transcribimos a continuación el discurso del mayor Héctor Adrián Romero Mundani en el 19 aniversario del pronunciamiento militar del 3 de diciembre de 1990, que fue pronunciado durante el acto desarrollado en el Cementerio de Chacarita en Buenos Aires, ante los restos mortales del Coronel Mohamed Alí Seineldín:



3 de diciembre… 19 años del pronunciamiento militar de 1990.-
¿Por qué la conmemoración en este lugar?, porque aquí yace quien lo gestara y ordenara. Porque aquí yace nuestro jefe, aquí yace el Cnl Mohamed Alí Seineldín.

Porque no es Seineldín el Jefe que se hace cargo de la locura de sus hombres, sino el jefe que asume honrosa y orgullosamente la responsabilidad de haber ordenado la acción.

Ahora bien, ¿por qué fue el 3 de diciembre?
Hace unos días, una pobre mujer de 40 años, adicta al paco, mató a su hijo de 11 años, (a quien enviaba a mendigar para sostener su adicción), por no haber traído lo suficiente para comprar su dosis de cada día.

¿¡Cómo llegamos a este extremo!?, ¿¡Cómo puede llegar a anularse el más poderoso de los instintos, el instinto maternal!?

Hace más de 20 años, Seineldín había adelantado: “si seguimos por este camino nos convertiremos en el emporio del narcotráfico, seremos los herederos de Colombia como ésta lo fue de México”.

Comenzaba en nuestro país, allá a fines de los 80, comienzos de los 90, el maridaje “narcotráfico – poder político”, con su ataque directo a la familia, célula básica en la contención del flagelo… parecía tan lejano… podíamos ser un lugar de tránsito, nunca de consumo…

Era Seineldín un hombre que sabía ver el futuro. Que no se preparaba para la guerra que pasó, sino para la que viene:

1. Anunció la guerra psicopolítica,
2. Denunció las falsas opciones: derechas e izquierdas,
3. Advirtió respecto del ataque a la familia y su desnaturalización
4. El ataque a las soberanías nacionales mediante ardides como el ecologismo y el indigenismo.
5. La destrucción, por desnaturalización, de las instituciones de la república, de sus FFAA, de seguridad y policiales.
6. El Estado fallido
7. La disolución nacional.

Alguna vez nos preguntamos ¿por qué si casi todos los países de Iberoamérica vivieron procesos militares que gobernaron y combatieron el flagelo del terrorismo internacional con métodos similares, sólo en la Argentina se consolidó una persecución total y final contra toda institución que representara el orden y la seguridad?

La respuesta es simple, nuestro país tuvo el orgullo y el honor de hacer frente al Imperio cuando en 1982 dijo basta y consumó la gesta sin medir consecuencias, porque no caben especulaciones cuando de defender la dignidad y el honor se trata, pues como dijo el poeta “el honor es del alma y el alma sólo es de Dios”

La derrota en la batalla de Malvinas signó nuestra suerte. Había que marcar el escarmiento, no podía un país de Iberoamérica sostener la independencia tecnológica que nuestro país había alcanzado con la calidad de sus mentes (energía atómica, desarrollo y construcción de aviones y misiles como el cóndor, blindados como la familia TAMSE, su propia artillería pesada y de cohetes, etc. Etc.) Y fue así que aquellos mismos con los que manteníamos estrechas “relaciones carnales” nos hicieron y nos siguen haciendo pagar la indemnización de guerra.

Después de Malvinas, la Patria quedó lamentablemente dividida en dos: los del 14 de junio (quebrados, entregados y sometidos), los que creen que hay que seguir la corriente porque es inevitable, y los del 2 de abril, los que creemos que la Patria es posible, que tenemos el derecho a ser lo que DEBEMOS SER.

Las características de los hombres del 2 de abril, podemos encontrarla en los más de 1000 participantes de aquel lejano 3 de diciembre, ejemplo maravilloso dado por hombres y mujeres, por nuestros admirables suboficiales y sus familias que en silencio, con trabajo y tesón pusieron en obra aquello de:

“si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta la veas retorcida por los pícaros, para convertirla en lazo de los tontos; o contemplar que las cosas a que diste tu vida se han desecho, y agacharte y construirlas de nuevo, aunque sea con gastados instrumentos… serás un hombre ¡hijo mío!”

Recuerdo cuando pocos días después del pronunciamiento, se abrió la puerta del pabellón 14 de la Cárcel de Caseros e ingresó el Cnl Seineldín que había sido trasladado para afrontar el juicio militar junto al resto de los Jefes detenidos. Luego de emotivos saludos, nos formó en semicírculo y preguntó: ¿Quienes están dispuestos a seguir?... Ese era el Jefe, mientras afuera discutían si nos fusilaban o no, él estaba reorganizando para continuar en la forma y con los medios disponibles… y nosotros respondimos, lo seguimos, nos quedamos con él…

Si hoy estamos aquí, es porque ante las circunstancias que vive la Patria volvemos a sentir el toque de reunión de nuestro Jefe que, como el legendario Cnl Dorrego, nos repite: “el lugar de reunión, es el campo de batalla”

Porque fueron destruidas las instituciones armadas y la investigación y desarrollo para la defensa, hoy estamos indefensos en el marco de vecinos cada vez más y mejor armados y organizados… pero no hay hipótesis de conflicto.

Porque fueron destruidas las instituciones de seguridad y policiales, hoy estamos indefensos, la vida del ciudadano no vale nada y el narcotráfico trae a nuestras tierras la triste figura del sicario, mientras nos roban a nuestra juventud.

Porque fueron destruidas las instituciones de la República, el hombre común ha quedado sólo a merced de los caprichos del gobernante de turno.

Para evitar confusiones, es importante recordar que pese a la persistente mentira de los medios (miente, miente, que algo quedará) los jueces que nos sentenciaron a las más duras condenas del Código Penal, dejaron perfectamente aclarado que el 3 de diciembre de 1990 no se había siquiera intentado dar un Golpe de Estado y que las motivaciones de los participantes, obedecieron a razones de elevado carácter moral y social.

Desde que el Cnl Seineldín nos dejara, es frecuente escuchar la pregunta ¿quién es su heredero?. No tenemos duda en afirmar que el Coronel no tiene herederos, porque la Historia nos demuestra que los hombres extraordinarios no los tienen, no se repiten.

Quienes aquí estamos, quienes convocamos a esta reunión, no nos atrevemos a sentirnos herederos ni capacitados para transmitir herencias.

Sólo un mérito tenemos, somos quienes estuvimos con el Coronel Seineldín, quienes combatimos a su lado por la causa de Dios, la Patria y la Familia, quienes dimos humilde testimonio de entrega total y somos quienes nos quedamos con él afrontando juntos la derrota, la muerte, la prisión y la reconstrucción del después.

Hace 19 años, en este mismo lugar era sepultado el cuerpo de mi querido Jefe y hermano, el Coronel Jorge Alberto Romero Mundani. Él había jurado después de Malvinas no volver a rendirse y cumplió su juramento ofreciendo su vida en testimonio de la necesidad de cambio de una Nación que también corre hacia su autoeliminación. Como le dijera en aquellas jornadas a mi querido sobrino, un adolescente que no hallaba explicación a la decisión tomada: tu padre murió siendo coherente… Coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace, ejemplo, testimonio, valor de la palabra… ante la realidad que nos apabulla con permanentes actitudes borocotescas, el retorno a los valores se yergue como única base de partida para encontrar la solución.

El Coronel Seineldín nos devolvió la esperanza… victorias o derrotas son dos impostores que no están en nuestras manos, solo la lucha nos pertenece y a ella nos debemos. No es hora de descanso, es hora de vigilia, es hora de trabajo, la Patria necesita ser Restaurada en sus Esencias, la tarea aún no ha terminado.

Dios y su Santa Madre protejan a la Nación Argentina. ¡Viva la Patria!

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