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domingo, 4 de abril de 2010

DEL JUEGO DE DISTRACCION AL PLURALISMO DE CONVERGENCIA

pluralismo

por Juan Carlos Córica

(03/04/10, jccorica@fibertel.com.ar)

Mientras la dirigencia juega en el bosque y los protagonistas se sientan en la tribuna, la realidad está cautiva. Diferencia entre realismo posibilista y realismo de potencialidad. Del laberinto no se sale por abajo. ¿Tiempo de cambio o tiempo de crisis?

Al grito de “sólo los tontos no se dan cuenta: es tiempo de cambio” se trata de bloquear, y se lo consigue la más de las veces, anulando la percepción de la real realidad. Que se trata de un tiempo de crisis.

Qué otra cosa puede ser la presencia impositiva de un orden mundial dominado por poderosos grupos minoritarios que han establecido un modelo por el que se obliga a pensar la realidad en términos mercantiles y de vale todo. Una operación de orden sistémico por la que se potencia y difunde entre las mayorías un juego que interesa y practican realmente sólo esas minorías. Minorías que, en un contexto seudo democrático, les resulta necesario alcanzar consensos manipulados que los legitime “civilizadamente”. Con el mínimo de acciones visibles por las que lo dictatorial se invisibiliza, a la vez que se da una sutil ingeniería social por la que, lo presentado, instalado, exaltado y percibido como proceso plural y participativo, horizontal, en realidad resulta un proceso de configuración vertical, traccionado y conducido por una fraternidad o corporación, una minorías de elite que desde el vértice del sistema opera sobre las poblaciones cautivas.

Estas elites necesitan del recurso legitimador que emerge de conseguir que se haga carne en la sociedad la lógica del “no importa cómo”. Claro que, así descarnado, resulta nada sustentable. Pero que, con el aditivo de la simultanea descalificación social de los juicios de valor, los dos polos, instalados y vigentes, por efecto de invisibilización de los vínculos que los articulan, subyacen desapercibidos. Se convierten en “fines que justifican cualquier medio” blindados a “los juicios de valor”.

Particularmente en la Argentina, este mundo mercantil y manipulador, se ha potenciado por efecto de la presencia de factores estructurales e inerciales que ofrecen una masa crítica básica para que sus espurias intencionalidades encuentren terreno fértil. Por un lado los efectos de la colonización cultural que bloquean el pensamiento libre y correlativo por el que funciona esa capacidad innata de conocer no sólo por la razón inteligente sino por la sabia intuición del nativo, hombre ducho y baqueano, el que se tutea con la real realidad aún camuflada. Y por el otro la presencia de un discurso único que le hace la cabeza a la gran mayoría sostenido y legitimado por el bloque del establishment letrado, la corporación mediática y los textos académicos. Conjunto uniformado por esa batería de términos y sesgado enfoque que unifica en base a adjetivaciones que rotulan calificando y descalificando. Discurso único reforzado por la generalizada calificación de “lo social y políticamente correcto”, contraseña que habilita y deshabilita. Pero también aporta su cuota de dominación por las subjetividades legitimadas el contexto donde la presencia del relativismo hace necesario un plus de prestigio para los términos, conceptos y teorías validadas, como el que dan los medios de comunicación.

Pero como diría el vendedor furtivo que ofrece la mercancía en los medios de transporte, hay más para agregar. Dentro de toda esta acción operada y procesada desde lo superestructural, otro elemento juega en igual dirección. Todo lo cual se realiza enmarcado por un halo de científico, aunque contradecido por la simultanea presencia de un “relativismo” irreductible y un “todo es poder” incontrastable. Explicitado el contexto o ecosistema “racionalizador”, corresponde presentar a los que han sido entronizados como los próceres del buen sentido: los Foucault, Nietzsche y Sartre. Cabezas de serie, referentes mentores, albaceas y custodios de verdades tan sabias como relativistas, pero instalados como indiscutibles. Los tres, además, como autenticadores de que el mundo es poder. Verdad de a puño que brota de aquellas profecías autocumplidas que al pautar a la sociedad moderna la determinó socialmente: hombre lobo del hombre –incluido clase lobo de clases--, sociedad de conflicto y realidades de suma cero.

Seguramente, como muestra del poderoso condicionamiento, desde ya tendencioso, corresponde mostrar los contenidos directores del “nuevo buen sentido”. Dominantes y determinantes, núcleo duro de la lógica y reglas de juego que resultan funda-mentales, para cerrar el círculo aúlico del nuevo orden mundial. Claro que si de este detallado panorama alguien se atreviera a sacar como conclusión que se trata de la estructuración de una dictadura civilizada, ése sujeto sería alcanzado por el puño oral del sistema, corriendo el seguro destino del ajusticiamiento por lapidación verbal que comienza en la descalificación social, sigue en la marginalización y termina en la conversión de su existencia en un muerto social en vida.

De la crisis no se sale por abajo

Si hay algo que resulta connatural a la cultura de los pueblos, son los procesos socioculturales regidos por la multiplicidad de interacciones cotidianas desarrollados a ritmo lento donde los partícipes se comunican sus ideas, experiencias, praxis, a la vez que van incorporando criterios y concepciones, registrando los contenidos de procesos de perfeccionamiento, innovaciones, hallazgos y adquisiciones sociales que nutren el acervo cultural que acrecienta su patrimonio como pueblo activo en el devenir de su tiempo histórico situado.

Cuando este proceso natural es atropellado y alterado por efecto de fuerzas que ejercen su poder como arma de opresión, lo que debe advertirse es que ya ha dejado de ser natural y está siendo operado por factores que apelan a la colonización de la subjetividad colectiva cómo método “moderno” de dominación “civilizada”. Metodología a la que le calza más esclarecedoramente la categoría de procesos de alienación.

No son lo mismo los procesos donde los participes actúan como sujetos activos, que cuando se ven reducidos a espectadores pasivos acorralados y cautivos de una superestructura que dictamina el rumbo. Un proceso de verticalización de los cambios a los que se suma la imposición de los nuevos criterios y costumbres a una velocidad que atropella la reflexión, impide la asimilación y que consume energías sociales sembrando falsas alternativas como la de confundir el eje político de soberanía considerando como cuestión central si se es conservador o progresista en lugar de centrar el eje en la cuestión medular de si se actúa como nacional o cipayo. Núcleo clave que a partir del cual se organiza el pensamiento de lo político y se decide la acción.

Frente a este escenario de la realidad real hace falta animarse a reiniciar caminos abandonados por el “no se puede” y la alienante sobreadaptación (1) que nos provoca no sólo el proceso regido por una manipulación que no puede nominarse de otra forma que como dictadura civilizada, metodología por la cual los múltiples efectos convergen en el establecimiento de una realidad cautiva. Realidad que debe ser procesada y administrada políticamente no desde el peligroso realismo pragmático que conduce a la potenciación del statu quo sino, por el contrario, a la instalación del realismo que tiene por base a las potencialidades del hombre y la sociedad. Un realismo que habla de la condición humana, la que el modelo modela pero que puja a partir de esos restos, núcleos resistentes, que en cada encrucijada histórico irrumpieron, generando un quiebre de tendencia, poniendo en evidencia que ser realista es tener conciencia que la libertad se conjuga articulada con la justicia social, que el humanismo necesariamente contiene la dimensión de trascendencia, que la paz es hermana de la justicia. Qué si bien el hombre antropológicamente contiene pulsiones de bien y de maldad, es en la búsqueda de justicia social por donde acumula más efectivamente su pulsión de ser social.

Hoy como muestra el grado de intoxicación del que se valen quienes mandan sobre la realidad, polemizar sobre el realismo, puede significar enfrentarse con sectores dirigenciales que se presentan como parte del pensamiento nacional y popular. Advertir que el realismo no tiene una sola concepción, existe el realismo escéptico y pragmático y el realismo esencial que se apalanca en una definición de la especie humana omitida detrás del antagonismo de opuestas teorías antropológicas de ángeles y demonios. Hace falta redefinir el concepto de realismo ya que cuando se cree ser realista en una situación de crisis, lo que se hace es consolidar el satu quo (¿habrá que aclarar que toda realidad es producto de un modelo explícito o implícito pautado ideológicamente que se materializa por su lógica, sus reglas y la praxis a que obliga; y que, además, todo modelo socio-político parte de una antropología humana que establece las condiciones de los actores?).

Recuperar la conciencia por la que se advierta que la paz es hermana de la justicia, y la libertad no es hija única, sino siamesa de la igualdad y la fraternidad, laderas imprescindibles de aquella; se advierta que el vínculo revolucionario que transforma el ayer rutinario y deshumanizador en un nuevo escenario, se llama revisión de premisas y cambio de perspectiva. Se trata de darse cuenta que subyacentemente existe una realidad potencial a la que se le ha dado la espalda dentro de un proceso lento pero sin pausa cuyo eje ha sido la premisa “dominar o ser dominado”, siendo su epifenómeno sociedades duales con buscadores de poder y subalternos acomodados a ese poder (2).

Es dentro del escenario que configura una crisis o situación límite que corresponde aplicar el criterio de que del laberinto se sale por arriba. La salida no puede darse por abajo, no puede darse por el realismo pragmático, saturado de señales equívocas. Una cosa es el realismo aplicado a tiempos normales y muy otro el que debe aplicarse a tiempos de crisis, donde los datos de la realidad no deben ser omitidos pero deben tomárselos en un segundo escalón de importancia, ya que no alcanza ni con tomarlos como necesarios para evitar idealismos frustrantes, ni sirve cerrarle los ojos a sus factores. El “se sale por arriba” significa lo que se conoce como Cambio 2, cambio de enfoque y de premisas (3). Instalación de un espíritu de la acción potenciado por objetivos de orden superior. Reconocimiento de que la especie humana tiene potencialidades que pueden y deben ser activadas en situaciones límites. Y, no sólo esto, sino que al redefinir la naturaleza humana desde una perspectiva vitalista e integral –el hombre no es ni bueno ni malo, ni omnipotente ni impotente, es un ser potente que en ése plano su capacidad se multiplica, todo lo contrario que cuando se lo reduce a mero sujeto de intereses--. Por otra parte, ése potencial innato está conectado con el modelo socio-político que predomina. Dos factores que al ser concientizados, procesan un cambio sustancial tanto a nivel del ecosistema como de los actores.

Esta concepción de los procesos, donde por una parte se comprende que no es lo mismo accionar en situaciones límites que en las de menor criticidad, y que, por otra, asume un cambio de premisas, abre a una acumulación de masa crítica de poder real tanto en el plano de la confrontación como en el de la eficacia.

Claro que, quiénes conocen la mentalidad de las actuales capillas dirigentes, unificadas por el criterio único que les ofrece la epistemología de la modernidad occidental, de hecho profecía autocumplida, donde el estereotipo es el del “hombre viejo” que se mueve por “la felicidad, el prestigio y el no importa cómo”, objetivos que configuran sus “intereses”, criterios que se mezclan como verdades y autojustificaciones; deben entender que transformar una realidad cautiva como la que transitamos hoy, sólo tiene chance de concretarse si se estructura un liderazgo que, desde un pensamiento trasformado y transformador, conduzca un accionar transformador. Convertir el realismo matrizado bajo el mandamiento posibilista en realismo de reencuentro con la potencialidad arrumbada por tanto idealismo dogmático y tanto realismo pragmático. Es tiempo de comprender que significa una perspectiva tercerista superadora de la dicotómica del más de lo mismo. La recurrente tesis, antítesis y síntesis, conjugada trascendiendo a las tesis y antítesis remanidas de la historia “moderna”.-

NOTAS:

(1) Ver doctor Ricardo Carpani, Ecología humana, estrés y sobreadaptación. Fenómeno social por el que la sociedad humana tanto como los hombres adaptan su metabolismo y las conductas. Factores que según el entorno caótico que lo potencia, actúan dialécticamente desde una sensación de centrifugación provocado por el volumen de acontecimientos que lo desequilibran, seguido de un estado de pánico y miedo al futuro (desempleo, desamparo, 3ª edad, juventud). Suma que tensa más aún la relación con la realidad. Fenómeno que se desarrolla en tres fases: Proceso interno de sobrepresión; proceso exterior: angustia, estado de alerta y a la defensiva, y reacciones primitivas; desenlace, resignación o resistencia.

(2) Llama la atención la ausencia de textos analíticos que entiendan como una de las causas principales de la implosión del sistema soviético al paradigma del “dominador-dominado”. En este sistema materializado alrededor del poder político que daba el Estado y el Partido, similar al del régimen capitalista, donde se da alrededor del eje acumulación de dinero

(3) Cambio 1 y Cambio 2: El Cambio 1 es el que se da a partir de iguales premisas con incremento en el plano de la aplicación y en la dirección de la aplicación. Por eso se lo conoce vulgarmente por el “más de lo mismo”. Si el problema es el frío y la solución es frazadas, en el límite se trata de la “cantidad de frazadas”. A diferencia del Cambio 2, que a igual situación, en el límite, no se siguen adicionando frazadas (que mejoran la cuestión del frío, pero provocan incomodidad por el peso de tantas mantas sobre el cuerpo), si no que se cambia el sistema: se usa manta térmica o se aplican equipos acondicionan la temperatura del aire.

jueves, 18 de febrero de 2010

INFLACION ESTRUCTURAL DESESTRUCTURANTE


Inflación Estructural Desestructurante o “Juguemos en el bosque mientras el gobierno no está”
por Juan Carlos Córica
16/02/10
jccorica@fibertel.com.ar

Voluntarismo político. Impericia de advenedizos. Un escenario económico donde la producción, la inversión y el empleo quedan afuera. La política como juego de rencillas. Epifenómenos del desgobierno, injusticia social y vulnerabilidad soberana.
La Inflación sigue su rumbo desestructurante como si nadie le quisiera poner el cascabel. Un “juguemos en el bosque mientras el gobierno no está”. Una presencia que establece un fatídico y caótico juego económico donde campea la inestabilidad y se proyecta en una pugna típica de la ley de la selva.
Un interjuego miope, donde, alegremente, los sectores del poder económico se desentienden de sus vínculos naturales con la sociedad, adoptando una posición de dominancia que en poco tiempo se le vendrá en contra de sus intereses.
Pero como el pragmatismo mercantilista sólo advierte las consecuencias inmediatas, el escenario que genera, necesariamente, lo tendrá como damnificado más temprano que tarde.
Los desgobernados formadores de precios se aprovechan de su posicionamiento y, como en el actual proceso, sin razón alguna o con razones de efecto estratégico negativo, se agarran de las variaciones de precios internacionales en un contexto de dólar estable como el que se generó luego de la devaluación del 2001.
Detrás de estos se encadenan los comerciantes que se interjustifican por sus necesidades de cobertura en las reposiciones con eventuales mayores costos. Cualquier variable posible se la toma como ancla inestable a punto de desprenderse. Pero, además, a estas seudo razones se le suman los pronósticos de los técnicos que hacen de su nuevo chupete diagnóstico, el monetarismo, una bitácora de poder. Para ellos, consultores, detrás de cada expansión de la base monetaria significa un pronóstico de igual valor en deslizamiento de precios.
Será tan así que si el M1-M2 crece un 10 %, fatalmente los precios crecerán un 10 %. Por qué si con ese aumento se demandarán 100 nuevas unidades producto, el productor no invierte un 10 % más y cubre las 100 unidades producto. Usted seguramente estará pensando que es un planteo infantil. Que, en la Argentina resulta “normal” la inestabilidad, por lo que es más seguro facilitar el cuello de botella, subir el precio, ganar más sobre el costo y no estresarse.
Desde el realismo, pienso lo mismo. Pero cuál es el rol de un gobierno. No es gobernar. Crear consenso con medidas justas o dictar justas medidas para crear consenso.

Suma de factores
Siendo la realidad compleja y, en ella, operando multiplicidad de factores, como ése de orden silente que se conoce como “expectativas”; ¿no corresponde a la política establecer un plan y un programa que bloqueen alineamiento de los factores de forma negativa?
¿Faltará decisión política? ¿Será la influencia de Néstor Kirchner devenido en ministro de economía en reemplazo de que piensa con mentalidad estática en un rubro político donde se agrupan los jugadores acostumbrados a trabar y no, a proponer? (1) ¿Será el vaciamiento de recursos humanos capaces de ofrecer sabiduría para mantener el rumbo en río revuelto?
Que la población venga sufriendo por 5° año consecutivo índices de inflación de dos dígitos, significa haber colocado a los más vulnerables en estado de marginación de facto.
No haber salido a terminar con la inflación significa mantener procesos desestructurantes como: (a) Potenciar la inestabilidad laboral y llevar a los sectores medios y bajos a vivir la angustia de la impotencia económica; (b) Potenciar la colonización cultural que desvaloriza lo propio, colocando a la divisa extranjera como único refugio de valor; (c) Mantener el asistencialismo como sustituto degradante en lugar de restablecer la dignidad de los trabajadores aplicando políticas de justicia social; (d) Inducir a la fuga de capitales en lugar de retenerlos para aplicarlos a la inversión productiva que signifique crecimiento con desarrollo; (e) Mantener a la Nación en un estado vegetativo sin avanzar al nivel que su potencia de territorio y recursos humanos le ofrece (2) .
Por qué, en lugar de hacer el papelón de colocar a Guillermo Moreno como “ministro” antiinflacionario, diseñar políticas de disuasión y contención. Disuación a través de un trabajo político con las cámaras empresarias, con el agregado de la publicación de estudios que muestren la cadena de costos contrastada con los listados de precios. Contención a través de políticas de estímulo a la producción y a la inversión productiva.
Resulta contradictorio observar al sistema impositivo donde el sector financiero aparece como privilegiado mientras se aplica el impuesto a las gananciasa los asalariados medios, dentro de los limitantes y la natural inequidad que les es propio al sistema capitalista, un sistema impositivo progresivo funciona como factor de redistribución.
Por otra parte, no habiéndose implementado políticas de disuasión y contención, el gobierno no puede negarse a ver los efectos de lo hasta ahora desandado. La realidad consecuencia, hoy trae a través de varias encuestas la información de que los sectores del capital han decidido posicionarse en la vereda de la no inversión. En este escenario, ¿será una mezcla de miopía y voluntarismo aplicar una política de expansión de la demanda esperando que, mágicamente, la respuesta no sea otra que la de inflación?
Gobernar básicamente significa hacer un análisis político que registre las restricciones como las potencialidades que la realidad ofrece. Evaluar las demandas coyunturales y, a la vez, las estructurales. Estableciendo un orden de prioridades, de modo de planificar los recursos con qué afrontarlas. Desde ya que, todo eso, a la vez, exige trabajar en la construcción de consensos. El nivel de armonía y estabilidad social resultan imprescindibles para abordar las respuestas a las demandas y hacerlo dentro de un marco positivo.
Generar armonía y cohesión en el frente interno tiene por efecto primario mantener a la nación bajo un escudo de protección de conflictos, a la vez que opera como factor disuasivo en el frente externo. No por casualidad, la presencia de un frente interno convulsionado, le abre y ofrece al imperialismo decadente inglés la oportunidad de tensionar el irresuelto conflicto de la usurpación de Malvinas habiltando a empresas provadas a realizar trabajos de exploración en el área. Decisión hostil que se acompaña con declaraciones de “voceros” de la delegación diplomática inglesa con clara intención hostil en las que se señala que “el gobierno británico no tiene ninguna duda sobre su soberanía sobre las Falklands y su territorio marítimo circundante ni sobre la legitimidad del emprendimiento de exploración petrolera”.
Hecho que, manifiestamente resulta una de las consecuencias del haber elegido como estrategia de acumulación política la invención del enemigo interno, debilitando a la nación y abriendo brechas de vulnerabilidad que alientan a estos imperios-nación que pese a su ostensible declinación relativa no pierden oportunidad cuando las naciones que usaron como colonias no hace tanto tiempo, pasan por tiempos tormentosos generados por el desgobierno de quienes deberían aplicarse a defender los intereses nacionales.
Un estado de desgobierno que genera, además de producir situaciones como la expuesta, otros dos efectos políticos negativos. El efecto de vacío político que lleva al sectarismo y la fragmentación; y el efecto de vacío político que, como la historia no se cansa de registrar, alienta a los factores de poder a ser ellos quienes, en la sombra, en los salones, se convierten en gobernantes de facto, de hecho. Jugando en el bosque, mientras el gobierno no está.
El gobierno lo confirma, habla de que es acosado por “fuerzas oscuras”, pero que se sepa, salvo en el caso del diario Clarín, que es desde ya oscuro pero que está a la luz sus estrategias y tácticas, silencia la presencia e influencia “oscura” de los tres principales, por poderosos y activos, factores de poder: la embajada, la colectividad y la comunidad. Y en el mientras tanto cree posible tapar el sol de la realidad con el contra discurso político que por su contextura, degrada y se degrada.

NOTA:
(1) Descubridor de las virtudes de los tres balances sin déficit, pero carente de capacidad para afrontar variantes en política económica. Dónde en lugar de diseñar una política de producción para aprovechar el boom de demanda agroalimentaria, abortó la oportunidad pensando en mantener la caja fiscal; dónde aceptó emitir bonos de deuda con clausula de indexación por costo de vida, y no tuvo más pueril idea que demoler el INDEC falseando el IPC (ndice de precios al consumidor).
(2) Estado vegetativo que se refleja en el acento sobre la confrontación en el frente interno y la carencia de una política exterior de posicionamiento internacional.

jueves, 30 de abril de 2009

PARA VOLVER A VOLVER: DE LA LISTA SÁBANA A LA SÁBANA LISTA (PARA ACOSTARTE); EL ENMASCARADO NO SE RINDE.

por Juan Carlos Córica,

jccorica@fibertel.com.ar



Mientras quienes por miopía o por no sacar los pies del plato o por dar una versión académica describen al “modelo” político de Kirchner o del kirchnerismo como un proyecto político, la real realidad muestra que apenas es un proyecto de política chica donde el sujeto es él. Un dirigente que la casualidad lo puso donde estuvo pero que abominó desde el vamos a Perón y su Peronismo Justicialista. Ahí, Kirchner se incomoda, su lugar es la socialdemocracia. Ahí se siente feliz, pero sabe que ahí se queda un puñado de personas. Eso lo experimentó, sino basta seguir la dialéctica de su trayectoria política. Buscó una integración transversal, que después llamó concertación plural. Desde ahí, ante el fracaso inminente tuvo que retornar a la estructura del partido justicialista desde donde busca recomponer un espacio de poder formal. La dialéctica kirchnerista está en la misma sintonía del menemismo donde Menem era el proyecto, ahora es Kirchner, y su derrotero describió una voltereta con doble eje de rotación su antiperonismo y su deseo de construir una socialdemocracia argentina con poder político.

A partir de ese fracaso con una transversalidad socialdemócrata que tuviera masa crítica de poder y consenso social, sin el menor rubor rojizo en la cara, se subió sobre la estructura formal del Partido Justicialista. Pero a partir de esta opción entró en una espiral de juegos confrontativos, única forma de ganar tiempo sin quedarse vacío de gobierno, vieja metodología mezquina que al único que le sirve es a él. Confrontó con los productores agropecuarios e hizo papelón. Como parte de ese juego, sin importarle las consecuencia, despertó a los fantasmas de la división. En la plaza de los Dos Congresos (16 de julio de 2008) refiriéndose al sector agropecuario dijo: “Quieren destituir al Gobierno y desestabilizar a la patria… Hablan de democracia, y cortan las rutas; hablan de democracia y desabastecen a los argentinos; hablan de democracia y nos queman los campos; hablan de democracia y, como en las peores etapas del 55 y el 76, salen como comandos civiles o grupos de tarea a agredir a aquellos que no piensan como ellos en forma vergonzosa". Inventó: “la puta oligarquía” y “el poder destituyente”. Sin importarle las consecuencias sociales y políticas entró en el vale todo. Un vale todo que llegó, últimamente, a la asociación en Catamarca con Barrionuevo y Saadi. Que sigue con la degradante opción de las “candidaturas testimoniales” más las espurias negociaciones, chequera mediante, con los intendentes de conurbano. ¿Sabrá este nefasto personaje que generar obsecuencia es abrirle la puerta al traición? ¿Sabrá que usar al pueblo como masa de maniobra no es ni nacional ni popular?

El kirchnerismo con el liderazgo caudillesco de Kirchner utiliza aviesamente contra quienes cuestionan sus políticas y métodos de gobierno la adjetivación descalificadora. Así los productores rurales pasan a ser “oligarcas” y a los sectores medios “burgueses”. También, sumándose al discurso único, se autocalifican modernos y progresistas, calificando descalificadoramente a quienes con el mote de tradicionalistas y conservadores. Además, despreocupándose temerariamente de cumplir con una de las funciones esenciales de un gobernante, armonizar y consolidar el frente interno, posiciona su política en un eje de confrontación que fragmenta y divide. Pensando la política desde las categorías clasistas, omite y confunde, olvidando que en la Argentina los pobres y los sectores medios comparten similares espacios, y para la configuración del territorio y suelo argentino, los productores rurales son los representantes del sector productivo con mayor ventajas comparativas. Dos errores básicos que así tratados significan desestructurar y debilitar a la nación y a los argentinos. Una muestra clara de su perfil político ombliguista y su juego real de orden antipopular y antinacional, contrapone lo que debe unirse y potenciarse.

Esta parodia política que busca ser reconocida como portadora de un “modelo”, como “espacio nacional y popular” o como “parte de un proyecto nacional y popular” o “modelo de inclusión social, de recuperación nacional y de unidad latinoamericana”. Por lo que, “voy a ser candidato para defender el modelo”. En realidad no representa ni un modelo ni un proyecto ni un gobierno como la Argentina necesita. La verdad es que toda su inteligencia viene pasando por ejecutar una contabilidad de almacenero –que presta atención sólo al cash flow (flujo de caja) de los tres balances (fiscal, de divisas, y de cuenta corriente)--, con cero políticas de desarrollo para el mediano y largo plazo. Un gobierno que mostró absoluta insolvencia, tanto para afrontar los graves problemas de inflación como torpeza para procesar la oportunidad exportadora del 2008. Estas incapacidades permitieron por una parte quebrar la tendencia a la baja de la inequidad extrema, colocando a los sectores medios y bajos otra vez acosados por la pérdida de poder adquisitivo de su salario, provocando un triple efecto: vivir un clima de estabilidad, sostener con dignidad el día a día y poder acceder a un bien social esencial como la vivienda ahorrando sin que se le devaluaran sus reservas. Y también “logró” que se desaprovechara la coyuntura internacional de demanda con altos precios para nuestra producción agrícola-ganadera que vivía un fenómeno inédito, el quiebre de la histórica relación negativa de los términos de intercambio.

Muestras, varias de la condición de gobierno minimalista de perfil socialdemócrata cruzado por posturas monárquicas como le endilgó Alcira Argumedo, cuando señaló que los Kirchner sufren “el síndrome de las pequeñas monarquías absolutas que se han conformado en la historia de algunas provincias chicas de nuestro país” y tiene la “vocación de helicóptero”, dos características que muestran la manifiesta “tendencia a una conducción política basada en un reducido grupo de toma de decisiones”, lo que los lleva a gobernar pretendiendo “imponer las políticas sin buscar consensos previos y bajo condiciones de enfrentamientos exacerbados” (1). En síntesis una minimalista construcción política desarrollada a partir de usurpar el espacio peronista, y presentándose a través de la profusa difusión como portadores de un cambio que en realidad, en lo poco que han hecho, no excede la matriz posibilista del modelo neoliberal.

Contrabando de carretillas

En un histórico sketch protagonizado por Tito Clement y Gogo Andreu en la película argentina “Ritmo, sal y pimienta” (1951), Clement y Gogó protagonizan una situación que se asemeja a los juegos de apariencias y ocultamiento del kirchnerismo. La escena se da en un puesto de frontera donde el primero hace de guardia y el segundo es el que va y viene cruzando el límite con una carretilla cargada de pasto. Clement cada vez que intenta el paso revisa si lleva algo escondido entre el pasto, pero no encuentra nada. Así una y varias veces. Hasta que finalmente se cansa pero sigue convencido que ese movimiento esconde un contrabando. Entonces, asegurándole que no lo va a sancionar, le ruega a Gogó le revele qué es lo que contrabandea. Y, sí, no era lo que estaba a la vista, el pasto, sino eran las carretillas que, con ese sistema quedaban fuera de la atención de quien debía controlarlo.

Analogía del juego de espejos que utiliza el gobierno en su venta de humo. Por caso el cacareado discurso de la democracia que esconde una democracia de minorías. De la subordinación a los factores de poder real, cosa que realizan cubiertos por la apariencia de defensores de los derechos humanos y/o la de “peronistas” y/o de “nacionales y populares”.

En estos tiempos donde los intereses y el poder son quienes estructuran al sistema político, a diferencia del menemismo, menos sutil, los favores que presta el kirchnerismo a estas minorías, significan pérdida de soberanía tanto en el plano político-económico (sistema financiero) como en el político-cultural (sistema educativo). Los dos ejes estratégicos que sostienen la fortaleza modelo mercantilista neoliberal globalizador.

El caso del sistema cultural-educativo es el que menos se advierte pero el que resulta más fácil mostrar. Tanto la Secretaria de Cultura como el Ministerio de Educación han venido instrumentando “reformas” ideológicas que en lugar de contener a las mayoría de los argentinos respalda a estas minorías. Por ejemplo, quién se anoticie de los contenidos contraculturales que se están filtrando en el sistema educativo, no le costará mucho darse cuenta como se da el servilismo a un modelo cultural que pone en crisis y enajena la identidad cultural argentina. Por caso la “nueva” Ley de Educación aprobada por el kirchnerismo en diciembre de 2006 (Ley n° 26.206) y en la currícula de materias del área social.

En la Ley de Educación Nacional, en el capítulo II, artículo 11 sobre “Fines y objetivos de la política educativa nacional” se dice que estos son: (d) Fortalecer la identidad nacional, basada en el respeto a la diversidad cultural y a las particularidades locales, abierta a los valores universales y a la integración regional y latinoamericana; (f) Asegurar condiciones de igualdad, respetando las diferencias entre las personas sin admitir discriminación de género ni de ningún otro tipo; (ñ) Asegurar a los pueblos indígenas el respeto a su lengua y a su identidad cultural, promoviendo la valoración de la multiculturalidad en la formación de todos/as los/as educandos/as.

Respecto a esto, dos cuestiones. Uno, no existe en toda la ley, mención alguna sobre nuestra identidad argentina, criolla (2), pero sí se le dedica un capítulo especial a las minorías aborígenes, en el Capítulo XI, bajo el rubro “Educación Intercultural Bilingüe”, capítulo “dedicado especialmente a los pueblos indígenas y poblaciones étnica, lingüística y culturalmente diferentes”, propiciando “el reconocimiento y el respeto hacia tales diferencias”. O sea que, promociona el gueto, y en lugar de orientar hacia la integración cultural, cuida la integridad desintegrada de las culturas de minorías. Lo que significa inducir a los que viven de forma permanente en el territorio argentino des-integrados. Lo que cuanto menos muestra una de las tantas incoherencias provocadas por el ideologismo del modelo: defienden a los nativos no integrados (pueblos originarios) y desprotege y se desentiende de los argentinos que, además de ser los nativos de la Argentina, son la mayoría.

Dos, por otra parte, como muestra de la unidad ideológica que rige al sistema educativo, tanto en la ley como en la materia del área social, se puede encontrar contenidos como el del artículo 54 de la Ley de Educación que dice: “el Consejo Federal de Educación, definirá contenidos curriculares comunes que promuevan el respeto por la multiculturalidad y el conocimiento de las culturas originarias en todas las escuelas del país, permitiendo a los/as alumnos/as valorar y comprender la diversidad cultural como atributo positivo de nuestra sociedad”. Suma institucionalizada de lo que es común en el discurso donde nuestros gobernantes nos identifican señalando que “nuestra identidad es la diversidad”, no es la cultura criolla. En la materia del área de ciencias sociales se fundamenta la nueva currícula señalando que está estructurada a partir de la perspectiva de la Interculturalidad: “La interculturalidad como concepción y posicionamiento en este Diseño Curricular significa el tratamiento de la diversidad, las visiones de y sobre los otros… Desde la perspectiva que se adopta en este Diseño Curricular, la noción de interculturalidad se entrelaza con la concepción de ciudadanía para enfrentar los desafíos que implica educar en un contexto de diversidad cultural, diferencia social y desigualdad económica, y actuar en el terreno de las relaciones sociales entendidas como producto del conflicto y no de la pasividad de la convivencia de los distintos grupos sociales y culturales. En cada escuela y en cada aula, la experiencia educativa se desarrolla en la diversidad, la desigualdad y la diferencia… La visión de y sobre los otros define los principales objetivos y contenidos de la escuela”. No se habla del “nosotros”. Se diseña la política del sistema y de sus contenidos según los mandamientos del discurso único del modelo neoliberal.

Por si faltaran datos confirmatorios del “modelo”, la presencia de José Nun en la Secretaría de Cultura, Martín Granovsky en Telam, Gustavo López ex titular del Sistema Nacional de Medios Públicos o Tristán Bauer su reemplazante –ideólogo de contenidos de la programación del Canal Encuentro, el canal educativo del Ministerio de Educación--, todo y todos con el común denominador de no ser peronistas, todos progresistas más interesados por la ideología que por los argentinos y la nación . Y, como si esto fuera poco, ahora, otro elemento confirmatorio más, la presencia de Nacha Guevara como primera candidata, no funcionaria ni testimonial, o sea “representativa”. Representativa de qué y de quienes. También se muestra y adhiere Federico Luppi que declara patéticamente: “Nunca antes había visto un gobierno tan sensato y equilibrado". Sí, ya sé, falta la presencia activa y testimonial de Marta Minujin y cartón lleno.

En resumidas cuentas, frente a este momento saturado de mentiras y de ficción, resulta necesario atreverse a llamar a las cosas por su nombre en lugar de, por equivocas razones sentimentales, plegarse a defender lo indefendible y prestarse a confundir a quien no merece ser confundido, el pueblo argentino.

Este momento histórico no se trata sólo de participar en un proceso eleccionario, se trata de protagonizar un cambio de tendencia. Un gobierno entregado a las pautas neoliberales del modelo, está mostrando una falsa cara que esconde la presencia dominante de un mundo ordenado bajo el mandato del interés y el poder de los factores de poder que representan minorías tan antidemocráticas como antiargentinas. Por eso, resulta necesario usar el método de análisis que corresponde a este escenario: verificar a quién o quienes favorecen estas políticas: a poderosas minorías de elite y a un modelo globalizador que contrabandea la desaparición de los pueblos-nación.

En definitiva, porque duele verse obligado a denunciar estas cosas, corresponde evidenciar que este juego de política chiquita convierte a la Revolución Peronista en un paso de tragicomedia. Ni Patria Peronista ni Patria Socialista; ni el posicionamiento tercerista del “ni yanquis ni marxistas”. Lo que queda es lo que hay: buscan y quieren la Patria Progresista, tilinga y antinacional.-

NOTA:

(1) Diario Página 12 del 25/07/08 en la sección El país, nota de opinión “El debate en el nuevo mapa”, el artículo de Alcira Argumedo, “El núcleo esencial”.

(2) Criollo: “La cultura emerge de la convivencia social y que se estructura en siglos de historia en común. Siglos, como es el caso de la cultura criolla que es la raíz idiosincrática e identitaria de los argentinos… (nueva configuración cultural) se matrizó en más de tres siglos de vida en común” en el territorio argentino. Los especialistas de la sociología cultural conciben la identidad cultural como fruto de la convivencia de los habitantes del territorio en la etapa fundacional. En el caso argentino los indios y los españoles cohabitaron lo que es la Argentina durante tres siglos, desde mediados del siglo XVI, resultando el proceso iniciado a partir de la lucha contra el invasor inglés (inicio del siglo XIX) el momento histórico en el que se plasmó la identidad criolla. Tiempo y proceso de mestización que engendró una nueva cultura, la cultura criolla, nuestra cultura (del libro “Identidad Cultural Argentina” del autor de la nota).