martes, 20 de julio de 2010

ANTE LAS LEYES ANTIVIDA QUE SE ESTÁN APROBANDO EN ARGENTINA

a matrimonio 2

Por Javier Anzoátegui

 

Bella Vista, 19 de julio del 2010.

Queridos amigos:

Chesterton decía algo así como: “No podemos perder, porque somos la Derrota”. Efectivamente, seguimos a Aquél que el mundo considera el Derrotado. ¿Esperábamos una suerte distinta? ¿Teníamos, acaso, esperanzas mundanas? ¿Creíamos, por ventura, en la infalibilidad de esa imperfecta y bastardeada forma de gobierno que es la democracia?

Es humano entristecerse cuando las cosas no salen como habíamos pensado, como pensábamos que Dios quería que salieran. El problema no está en la cosas, sino en nuestras expectativas. No se nos pide el éxito. Ese es asunto de Dios. Se nos pide batallar cuando hay batalla.

Y batallamos. Cada uno como pudo. Cada uno con sus límites y con sus miserias. Tal vez algunos queríamos ganar a nuestra manera. En el fondo, quizás, queríamos ganar a la manera del mundo. Dios, se ve, tiene otros planes. Sin duda mejores.

No hay tiempo, pues, para lamentos. No es hora de llanto ni de reproches. Que los habrá, que los hay, y con razón en muchos casos. Por nuestra parte, seguimos en combate.

Acerca de esto, descuento que hasta el mejor pensado ha comprendido que la cuestión no se reduce a un amigable intercambio de ideas, a una racional disputa republicana. Más allá de la desembozada malicia de varios, de los cálculos interesados de algunos, de la cobardía de otros o de la estupidez de muchos, esto no es sólo una coyuntura de la política doméstica de un país del fin del mundo. Es una guerra a muerte: contra la familia, contra la vida, contra la Mujer y su linaje. En definitiva, contra Cristo y su Iglesia.

Seguimos en combate, cansados, pero alegres. Dolidos, pero con Esperanza.

Quiero agradecer a todos los que han trabajado. Antes que nada, a dos personas que, sin saberlo, fueron las que con su ejemplo -y en lo que a mí respecta- empujaron esta iniciativa: Jorge García González y Mónica del Río.

En segundo término, a los que han prestado una colaboración fundamental en la “Comisión Gran Buenos Aires” de “Familias Argentinas”, de la cual formé parte: (se refiere un listado de colaboradores), y muchos más con los que no tuve contacto directo, en particular cientos de jóvenes que volantearon, pegaron afiches, hablaron en las Misas o recolectaron firmas. Si me olvido de alguno, perdón. Estoy viejo y desmemoriado.

Además, a los peregrinos del interior, que hicieron cientos de kilómetros para acompañarnos; y a aquéllos que en las provincias han trabajado para organizar las marchas locales.

Finalmente, a los que no hace falta que nombre: todos los que compartimos las reuniones semanales de “Familias Argentinas” en la U.C.A., que se dedicaron a la difusión en colegios y parroquias de la Capital Federal, en la vía pública, en internet y en los medios de comunicación, y a los que trabajaron en las relaciones institucionales con la dirigencia política y gremial.

Permítanme, para terminar, transcribir casi textualmente un párrafo que me parece apropiado para la hora, escrito por un poeta, un político y un soldado. Por uno que no se quedó en palabras, sino que dio testimonio de sangre:

“Yo creo que está alzada la bandera. Y que debemos defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que creen que para aunar voluntades conviene ofrecer soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete! Nosotros no disputamos a los perros falderos del poder los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas”.

Seguimos, pues, con alegría, bajo la noche clara, en vigilancia tensa y fervorosa. “Familias Argentinas” sigue. No ha terminado su labor, acaba de empezarla.

A todos, una vez más, gracias. A todos, una vez más, ánimo.

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