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miércoles, 11 de agosto de 2010

JUSTICIA VIOLADA

a Presos Politicos

Por la Arq. Liliana Raffo de Fernandez Cutiellos *

  

Ante la presencia del ex juez Baltazar Garzón y Eduardo Luis Duhalde en el juicio que se lleva a cabo en la ciudad de Córdoba, podemos una vez más aseverar que estos son juicios populares revolucionarios que buscan sólo la venganza y el "castigo" a quienes osaron ganarles la guerra en la década del 70.

Veo con vergüenza ajena cómo el Tribunal se deja amedrentar ante la presencia de políticos, delincuentes terroristas como Eduardo Luis Duhalde, co-fundador del MTP (Movimiento Todos por la Patria) en Managua, (Nicaragua), en el año 1986, junto a Enrique Gorriarán Merlo y Luis Miguel " Vitín" Baronetto (testigo en el juicio que se lleva a cabo en Córdoba) entre otros.

Esta organización terrorista (MTP) planificó y ejecutó el ataque al regimiento de La Tablada con fondos del Estado nicaragüense. Vale la pena destacar que hasta hace poco tiempo acompañaba a Duhalde como subsecretario de Derechos Humanos de la Nación Rodolfo Matarollo, hoy consultor de este organismo. Este ex terrorista del ERP, está actualmente vinculado a las FARC. El escritor y periodista uruguayo Emilio Martínez sostiene en su obra "x2 - lo que UNASUR no dijo":

"Felipe Salazar (ex guerrillero de las FARC, desmovilizado) recuerda el nombre de Matarollo por un intercambio de correos electrónicos entre éste y el alto mando de las FARC realizado años atrás". Según dijo, "Matarollo facilitó el acceso de un economista ligado a las FARC a la Comisión Económica para América Latina (CEPAL)"... "El ex guerrillero recuerda haber leído varios de estos e-mails, incluyendo uno en el que el alto mando de las FARC agradecía a Matarollo por sus gestiones" (pág. 108)

En cuanto al ex juez español, Baltazar Garzón, defensor de terroristas, fue suspendido por la justicia de España por prevaricato e irregularidades procesales con claras connotaciones políticas y se permitió hace unos años avasallar la soberanía jurídica de la Argentina. ¿hoy asesora al secretario Duhalde?

Se presentan al juicio con el solo objetivo de recordarles a los jueces que no les sacan los ojos de encima, que su futuro laboral está en sus manos y que de ello dependen sus sentencias. Deben ajustarse de acuerdo a lo que ellos exigen para seguir en el ruedo de la justicia. Por otra parte, ¿por qué no suponer que existen cuestiones económicas que los llevan a prestarse a tales manejos?

Es lastimoso ver como supuestos señores jueces de la Nación, los garantes de la justicia, se denigran ante payasos presenciales y hacen oídos sordos ante los falsos testimonios que se oyen a diario, antes las irregularidades que jurídicamente se cometen contra los acusados y ante un sector del público presente que no deja de asombrarse ante la capacidad que tienen de tomarlos por ignorantes.

No existe la verdadera justicia entre los hombres... Sólo la justicia de Dios que pronto recaerá contra los que hoy la usan para la venganza.

* Vicepresidente del Movimiento por la Verdadera Historia

DNI: 11.194.280

arquilira@hotmail.com

miércoles, 3 de marzo de 2010

CINISMO EXASPERANTE


Transcribimos a continuación una nota de José "Pepe" Eliaschev, por considerarla de relevancia periodística.

Por Pepe Eliaschev *



En Cuba ser opositor es ser subversivo y plantear cambios equivale a ser mercenario.



Esta es una historia cubana, pero no se sorprenda el lector, es también una historia argentina. Para abarcarla hace falta ir hacia el pasado reciente.

Cuando culminaba el primero de sus dos agónicos años en el gobierno, el presidente Fernando de la Rúa firmó el decreto 1263, fechado el 29 de diciembre de 2000, por el cual conmutaba las penas de 11 de los presos condenados por el ataque terrorista al regimiento de La Tablada llevado a cabo por el Movimiento Todos por la Patria (MTP) el 29 de enero de 1989 y que dejó un saldo de 39 muertos, heridos y desaparecidos, incluyendo cinco soldados conscriptos asesinados por los atacantes.

El decreto de De la Rúa conmutó las penas de los presos, que cumplían una huelga de hambre que ya llevaba 115 días, en reclamo de un nuevo juicio. Sus penas conmutadas por el gobierno de la Alianza, los guerrilleros anunciaron el cese del ayuno desde los hospitales donde eran cuidados minuciosamente.

La reducción de las penas fue de hecho un perdón del presidente De la Rúa a los guerrilleros. Nueve de los 11 beneficiados pudieron dejar la cárcel en mayo de 2002, tras haber sido condenados en noviembre de 1989 a prisión perpetua. De la Rúa les conmutó la pena por otra de 20 años de prisión, de modo que, cumplido el tercio de la condena, fueron beneficiados con la libertad condicional.

El jefe del grupo terrorista que atacó a sangre y fuego a la unidad militar en plena democracia y cuando gobernaba el presidente Raúl Alfonsín, Enrique Gorriarán Merlo, y su esposa, Ana María Sívori, no recibieron en 2000 la gracia presidencial, porque habían sido juzgados por la ley de defensa de la democracia, pero Gorriarán fue indultado el 22 de mayo de 2003 por el presidente Eduardo A. Duhalde, a 48 horas de poner en funciones a su sucesor elegido, Néstor Kirchner. Cuando se produjo su liberación el guerrillero llevaba 62 días de su segunda huelga de hambre. Gorriarán, que nació el 18 de octubre de 1941 en San Nicolás de los Arroyos, había sido detenido en México, tras estar seis años prófugo, el 28 de octubre de 1995, de modo que al momento de ser perdonado por el gobierno de Duhalde en mayo de 2003, llevaba sólo años detenido. Gorriarán murió el 22 de septiembre de 2006 en Buenos Aires.

Durante las dos huelgas de hambre de los guerrilleros del ERP y del MTP, llamamientos de solidaridad de todo el mundo se agolpaban en Buenos Aires. Todos pedían un tratamiento humano y la libertad de los presos, aun cuando en la Argentina existía un estado de derecho y las penas contra los insurgentes habían sido adoptadas por tribunales civiles independientes. Toda la izquierda occidental peticionaba por Gorriarán y sus camaradas. Esa presión internacional llevó a los presidentes De la Rúa y Duhalde a indultar a los atacantes de La Tablada.

En Cuba es diferente. La semana pasada murió en la isla Orlando Zapata Tamayo, un albañil y plomero negro de 42 años, que se hallaba en huelga de hambre hacía más de dos meses. Juzgado sumariamente en marzo de 2003, Zapata Tamayo fue uno de los escarmentados en la llamada Primavera Negra ejecutada por el gobierno de Fidel y Raúl Castro. Fundador del pequeño grupo disidente Alternativa Republicana y activista incansable en pro de la liberación de sus compañeros de causa, Zapata era considerado un “mercenario” por el régimen.

En Cuba, cuyo gobierno se proclamó marxista-leninista en 1961, gobierna un partido único, el Comunista, desde entonces. Ser opositor es ser subversivo y plantear cambios equivale a ser mercenario. Organizaciones internacionales consideran que en Cuba hay por lo menos 200 presos políticos. Zapata no se había alzado, no atacó unidades militares, ni cometió actos de violencia, esos mismos hechos armados que en varias partes del mundo, desde Irlanda hasta el País Vasco y desde el Medio Oriente hasta Colombia suelen ser considerados como expresión del derecho de los pueblos a rebelarse contra la injusticia.

Sin embargo, ningún gobierno protestó en América Latina. Tampoco lo hizo la Argentina, donde los Kirchner se describen como paladines de los derechos humanos y donde gobierna un equipo político que incluye a varias personas que empuñaron los armas entre los años ‘60 y ‘70.

Nadie critica ni condena a Cuba. La violación de los derechos humanos en Guantánamo o en Gaza son condenadas de inmediato y sin falta, como corresponde. Pero cuando en Cuba se fusila o se encarcela a opositores, ni la izquierda, ni la socialdemocracia, ni el centro izquierda tienen nada que decir. Se callan. Con Cuba nadie se quiere meter.

No solo el progresismo hace silencio. El derechista presidente mexicano Felipe Calderón invito al general Raúl Castro a la reciente cumbre de Cancún, pero en cambio excluyó al presidente hondureño Porfirio Lobo, que llegó al gobierno por elecciones libres: Las naciones del hemisferio, salvo Estados Unidos y Canadá, entienden que Castro es un presidente que gobierna una democracia, pero Lobo en cambio no lo es. Ni Cristina Kirchner ni un solo de los otros 32 jefes de Estado que suelen embriagarse de pasión libertaria se animaron a decir una sola palabra sobre esa triste muerte cubana.

Como dijo el corresponsal del diario catalán “La Vanguardia” en América Latina, Joaquín Ibarz, “quienes se rasgan las vestiduras por los crímenes cometidos por las dictaduras militares de derecha; los que recuerdan los desaparecidos y ajusticiados en el continente durante los últimos cuarenta años, miran hacia otro lado cuando corresponde hablar de las violaciones de derechos humanos en Cuba”.

Para el ensayista y antropólogo mexicano Roger Bartra, un intelectual mexicano de izquierda, “la muerte de este compañero cubano es algo muy doloroso; la izquierda, más que nadie, debería denunciarlo como prueba de que en Cuba hay una dictadura insoportable”. Esta convencido de que “es increíble que la izquierda democrática no se levante para criticar estas atrocidades”.

Lo notable es el silencio y la anomia que estos hechos suscitan, como si Cuba agarrotara todas las conciencias libres, las que sienten terror de ser acusados de “reaccionarios” o estar al servicio del “imperialismo yanqui”. ¿Acaso en la Argentina se pronunciaron sobre este hecho la UCR, la Coalición Cívica o incluso el PRO, presuntamente “de derecha”?.

Bartra, que es profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), subraya que presidentes de derecha, como el colombiano Álvaro Uribe y el mexicano Felipe Calderón, “no quieren alborotar el gallinero de los Chávez, de los Evo Morales, de los Castro. Como son muy escandalosos, cualquier mención crítica a Chávez, a Morales y, sobre todo a Cuba, levanta un griterío infernal que espanta a muchos mandatarios. Asustados, prefieren la tranquilidad y así optan por no tomar partido. Además, les resulta más cómodo llevarse bien con los Castro. Si uno los critica abiertamente, contestan muy agresivamente, por eso les tienen miedo. Es terrible”.

El silencio del presidente brasileño Lula da Silva fue más evidente; estaba en La Habana cuando murió Zapata Tamayo. Además, el brasileño había ignorado previamente una carta de 50 disidentes solicitándole una declaración a favor de la liberación de los presos políticos, con mención especial del agonizante Zapata, a quien Amnistía Internacional consideraba un “preso de conciencia”. El asesor de Lula para temas internacionales, Marco Aurelio García, defendió la decisión brasileña de no condenar específicamente a Cuba por la muerte de Zapata: “Hay violaciones de los derechos humanos en el mundo entero”, se excuso resbaladizamente.

Hipocresía, miedo, pragmatismo obsceno y sobre todo una cínica negativa a manejarse con principios éticos dominan hoy la política exterior de este parte del mundo. En esa pesadilla, la Argentina no desentona.

* Fuente: www.pepeeliaschev.com

domingo, 15 de noviembre de 2009

DECLARAN DE LESA HUMANIDAD RECUPERACIÓN DEL REGIMIENTO TRAS EL VIOLENTO ASALTO A LA TABLADA

En la foto: Raúl Alfonsín, presidente en 1989, recorre el regimiento de La Tablada después de haber ordenado su recuperación tras la sangrienta masacre provocada por los integrantes del movimiento izquierdista "Todos por la Patria"

El juez federal Germán Andrés Castelli declaró como delitos de lesa humanidad los cometidos durante el copamiento al cuartel militar de La Tablada.

Se trata de ejecuciones y torturas contra integrantes de la agrupación Movimiento Todos por la Patria (MTP), cuando, el 23 de enero de 1989, atacaron el Regimiento de Infantería ubicado en La Matanza. La Justicia consideró estos delitos como "imprescriptibles".

Además, Castelli ordenó tomar declaración indagatoria a dos militares por su presunta vinculación con el homicidio de Iván Ruiz y de José Alejandro Díaz, dos de los atacantes que habrían sido capturados con vida y posteriormente ejecutados, luego de encontrarse bajo custodia y el control exclusivo de los agentes militares que recuperaron el cuartel.

El magistrado aseguró que los militares "además de cumplir exitosamente la misión encomendada, aprovecharon el extraordinario poder otorgado, el dominio del escenario de los hechos, la estructura y los recursos estatales, para sobrepasar, sigilosamente, el poder presidencial, y así planificar y ejecutar graves violaciones al derecho humanitario internacional, que incluyó dificultar las investigaciones; todo lo cual, además, constituye un crimen de lesa humanidad".
La Justicia Federal de Morón ordenó la detención de dos militares acusados por presuntas torturas y fusilamientos de integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), durante el intento de copamiento del Cuartel de La Tablada, en enero de 1989.
Se trata del ex general Alfredo Arrillaga, quien ya se encuentra detenido acusado por delitos cometidos durante la guerra contra la subversión en tiempo de la dictadura, y del mayor Jorge Eduardo Varando, quien está procesado y camino al juicio oral por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 en el marco de la democracia, hecho que precedió a la caída de Fernando De la Rúa, quien aún no fue apresado ya que no fue hallado en el domicilio al que una delegación policial concurrió a detenerlo.
Varando, según investiga la Justicia, era custodio privado del Banco HSBC, situado en proximidades de Plaza de Mayo, escenario de la sangrienta represión, desde donde se efectuaron disparos contra manifestantes. Arrillaga, por su parte, era el comandante a cargo de la recuperación del cuartel, según una orden impartida por el entonces presidente argentino, Raúl Alfonsín. Para ese entonces, estaba beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, pese a que había sido investigado por la denominada "Noche de las Corbatas", ocurrida en junio de 1977 en Mar del Plata, cuando fueron secuestrados, desaparecidos y asesinados varios abogados locales.
El juez Germán Castelli, a cargo de una investigación impulsada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), resolvió que los nueve presuntos fusilamientos y los 20 supuestos casos de torturas durante y después de los episodios de La Tablada son "delitos de lesa humanidad".
Además, estableció mediante un examen de ADN –aunque no con 100% de certeza- que uno de los cuerpos que desde 1989 permanecían como NN corresponde a José Alejandro Díaz, uno de los presuntos fusilados después de rendirse, al fracasar el intento de copamiento de La Tablada.
En febrero de 2008, el juez Castelli pidió al Poder Ejecutivo la desclasificación de archivos reservados sobre los episodios de La Tablada, y obtuvo una aceptación parcial por parte de la presidenta Cristina Kirchner, que admitió la liberación de esos documentos pero sólo para su conocimiento.
No obstante, el juez determinó que, con los elementos que tenía reunidos en el marco de la investigación, podía avanzar en al menos dos casos de presuntos fusilamientos: el de Díaz y el de otro integrante del MTP, Iván Ruiz, cuyos restos habían sido identificados en 2000.
En una resolución de una treintena de páginas, el juez, con la intervención del fiscal federal Sebastián Bazo, resolvió que "los delitos investigados en la presente causa... además de vulnerar el derecho humanitario internacional, constituyen crímenes de lesa Humanidad y, por ende, resultan imprescriptibles".
En ese contexto, ordenó las declaraciones indagatorias de Varando y Arrillaga y notificó al Juzgado Federal Nº3 de Mar del Plata que este último debía quedar detenido también a disposición de la Justicia Federal de Morón.
La investigación por las presuntas violaciones a los derechos humanos por los hechos de La Tablada se disparó a partir de un fallo de la CIDH, que "sostuvo que nueve atacantes que sobrevivieron y fueron capturados por los militares que recuperaron el cuartel fueron ejecutados extrajudicialmente". Por otra parte, el organismo internacional concluyó que los trece sobrevivientes del ataque, como otros cómplices aprehendidos fuera del cuartel, fueron torturados por agentes del Estado", evaluó el juez en su resolución.
Tras una profunda investigación, la resolución estableció que "a la luz de lo expuesto, el resultado de los informes mencionados dan plena razón a las conclusiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en punto a que (los nueve presuntos fusilados) habrían perecido en el lugar, en manos de agentes del Estado y, a su vez, pone en evidencia la fragilidad de los argumentos del Estado argentino".
Sin embargo, los atacantes del Regimiento, quienes fusilaron incluso a soldados conscriptos de 18 años de edad, tras un tiempo de cárcel quedaron libres, incluyendo a Gorriarán Merlo, quien había realizado en su oportunidad una huelga de hambre pidiendo por su libertad. ¿Serán nuevamente juzgados por delitos de lesa humanidad por los mismos hechos cometidos, y Fray Antonio Puigjané volverá otra vez a la cárcel?
La resolución excluye a Raúl Alfonsín (Comandante en Jefe de las FFAA art. 86 inc 15 CN vigente). El fallo sostiene que "los militares ...aprovecharon el extraordinario poder otorgado, el dominio del escenario de los hechos, la estructura y los recursos estatales, para sobrepasar, sigilosamente, el poder presidencial".
Sin embargo, la responsabilidad última es de quien imparte las órdenes, y se declara como inocente al verdadero responsable: el Presidente constitucional.
Sin embargo, la Ley 24.873 publicada en el Boletín Oficial el 23 de junio de 1998, dispone en su artículo 1: "Distínguese con una condecoración a los miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales que por su participación en defensa de la Constitución Nacional, resultaron muertos o heridos de gravedad en los hechos de violencia acaecidos ... en La Tablada en enero de 1989 ..."
¿El Congreso encubrió crímenes de "lesa humanidad" al sancionar la Ley? ¿El Congreso hizo apología del delito? ¿No debería el Juez citar en su indagatoria a todos los diputados y senadores que aprobaron la Ley, así como involucrar al Presidente?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MURIÓ SEINELDÍN Y ES VELADO EN O'HIGGINS 2842 DE CAPITAL FEDERAL




Mohamed Alí Seineldin, nacido en Concepción del Uruguay, falleció el 2 de septiembre de 2009, a los 75 años tras surfrir un paro cardíaco. Será velado en O’Higgins 2842 de Capital Federal.
El ex coronel fue trasladado de urgencia al Sanatorio Otamendi, ubicado en el barrio porteño de Barrio Norte, pero cuando arribó al centro de salud se encontraba sin vida.

En 1957 egresó del Colegio Militar de la Nación, con el grado de Subteniente del arma de infantería. Posteriormente, prestó servicios en el Colegio Militar de la Nación y la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral”. Cuando completó sus estudios superiores en la Escuela Superior de Guerra, se le otorgó el título de Oficial de Estado Mayor. Más tarde se desempeñó como profesor en esta misma escuela.

Fue jefe de los cursos de "Comandos" del Ejército; y participó en los combates en la Provincia de Tucumán contra grupos que respondían al Ejército Revolucionario del Pueblo.

En oportunidad de suscitarse el conflicto con Chile, fue trasladado hacia la Patagonia. En 1981 y 1982 fue Jefe del Regimiento de Infantería 25, en Sarmiento, Provincia de Chubut, al frente del cual participó en la Guerra de Malvinas.

Luego de su ascenso al grado de Coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, por el Gobierno Nacional. En ese cargo se desempeñó durante 1985 y 1986.

En 1988, Seineldín encabezó la rebelión militar carapintada de Villa Martelli, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, que concluyó con un supuesto acuerdo entre el líder carapintada y el general Isidro Cáceres (jefe del ejército).

El segundo y más violento alzamiento militar liderado por Seineldín tuvo lugar el 3 de diciembre de 1990, durante la presidencia de Carlos Menem. Ese día, unos 50 soldados se hicieron con el control de instalaciones militares en El Palomar, Provincia de Buenos Aires, y el Edificio Libertador, el Regimiento de Patricios, entre otros.
El mismo día, el gobierno declaró el estado de sitio durante 60 días. Los rebeldes se rindieron el 4 de diciembre y ese mismo día se levantó el estado de sitio.

El ex coronel fue juzgado por un tribunal militar y, condenado a cadena perpetua, es confinado en Campo de Mayo. El 25 de mayo de 2003 se oficializa el indulto presidencial de Eduardo Duhalde tanto al ex militar como al guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, además siete ex militares involucrados en el alzamiento carapintada.

Tras ser liberado trabajó como supervisor de una empresa de vigilancia privada y colaborador de un pequeño empresario agrícola en la provincia de Catamarca.

Seineldín se consideraba a sí mismo un oficial encuadrado dentro de la rama nacionalista del Ejército argentino, antiimperialista y crítico del Fondo Monetario Internacional.
El ex capitán Gustavo Breide Obeid contó que en sus últimos días Seineldín "estaba muy activo", llevando a cabo acciones de apoyo y ayuda médica en localidades humildes de Chaco y Santiago del Estero.
Según Breide Obeid, en declaraciones efectuadas a un medio televisivo, Seineldín continuaba en contacto con muchos de sus subordinados. "No sólo era querido por el sector militar, que lo veían como un hombre de bien, sino también por muchos civiles".