domingo, 14 de abril de 2013
LOS OBISPOS AUXILIARES DE LA PLATA HABLARON DE LAS INUNDACIONES EN LA PLATA DURANTE EL PROGRAMA CLAVES PARA UN MUNDO MEJOR
domingo, 12 de septiembre de 2010
LA SENADORA LILIANA NEGRE DE ALONSO EN LA UCALP: “ESTAMOS COMO ADORMECIDOS”
En la sede Buenos Aires de la Universidad Católica de La Plata, se inició el ciclo de conferencias mensuales titulado “Pensar la Patria”, con una exposición de la senadora nacional Liliana Negre de Alonso sobre el tema “Mujer, Compromiso y Futuro de la Argentina”.
Ante una nutrida asistencia, la senadora puntana explicó el desarrollo del tratamiento legislativo de la Ley de Matrimonio Igualitario y como se utilizaron diferentes “chicanas reglamentarias” -según sus expresiones- que aceleraron el tratamiento y posterior aprobación en el Senado de la Nación de esta ley.
También presentó un video sobre el trabajo federal y participativo que llevó adelante como presidenta de la Comisión de Legislación General de la Cámara de Senadores antes de la sanción de la ley. En las imágenes se observaron testimonios y se mostraron las numerosas y multitudinarias marchas por la familia, realizadas en todo el país, que mostraban la opinión de la ciudadanía contraria a la ley.
La senadora Negre de Alonso explicó como a pesar de los cientos de miles de firmas en contra de la ley “un grupo de 72 personas -los 72 senadores de la Nación- aprobó una ley que no es un respeto a las minorías, sino un agravio a la gran mayoría del pueblo argentino”.
Manifestó que “en la sociedad argentina estamos como adormecidos y la clave es el voto. Debemos hacer valer el voto. Es necesario que sepamos bien a quienes estamos votando para evitar que se siga este proceso de corrupción política que se vive hoy y que atenta contra nuestra instituciones y pone en riesgo el futuro de la Argentina”.
Puso énfasis en “la necesidad de participar en la actividad política con compromiso y desde las auténticas convicciones” y llamó la atención sobre los problemas que traerá esta ley poniendo como ejemplo el nuevo tratamiento que se da desde el Ministerio de Educación al tema de familia y como hay que analizar ahora el aspecto de la “libertad de conciencia”
La legisladora de la provincia de San Luís contó detalles de cómo fueron “mutando” votos de senadores, subsidios entregados a cambio de los votos en algunos casos, el viaje a China de dos legisladoras nacionales y de cómo se había elaborado una alternativa, sobre cinco proyectos, con una ley que contemplaba las uniones civiles y garantizaba la casi totalidad de los reclamos de la minoría homosexual, pero que “intempestivamente impugnó sin motivos reales y de manera llamativa el senador Pampuro –a cargo de la Presidencia Provisional- y a pedido del senador Pichetto”.
Liliana Negre de Alonso hace poco recibió la distinción “Monseñor de Andrea” por su “importante labor en defensa de la familia argentina”, luego del trabajo realizado como presidenta de la Comisión de Legislación General de la Cámara de Senadores, en el marco del tratamiento de la ley, finalmente aprobada por escaso margen, que equipara al matrimonio natural de un hombre y una mujer con la convivencia de dos personas del mismo sexo.
En la conferencia, la senadora estuvo acompañada en el estrado por Pablo Rodríguez Barnes, secretario general de Administración y Finanzas de la UCALP, y por el periodista Héctor Tito Garabal, director de Prensa y Comunicación Institucional de la UCALP.
Al término de la conferencia Rodríguez Barnes agradeció, en nombre del rector Rafael Breide Obeid y de la comunidad educativa de la UCALP, a la senadora Liliana Negre de Alonso su presencia, su trabajo y su compromiso como así también su presencia en la sede Buenos Aires de esa casa de altos estudios.
martes, 1 de junio de 2010
TITO GARABAL ES EL NUEVO DIRECTOR DE PRENSA DE LA UCALP
El Rector Rafael Breide Obeid designó como nuevo Director de Prensa de la Universidad Católica de La Plata al periodista Héctor Tito Garabal, según informó el Prof. Néstor Adrián Sequeiros, Secretario General de Extensión de la UCALP
El nuevo responsable de prensa y comunicación institucional de la UCALP tiene una variada y dilatada trayectoria profesional en el ámbito de los medios de comunicación social.
Tito Garabal es el creador y conductor del programa televisivo “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), que cumplió 20 años de emisiones ininterrumpidas, en la televisión abierta de la Argentina siendo el primer y único noticiero de buenas noticias, gestos solidarios y acciones positivas.
Entre sus antecedentes profesionales cabe mencionar que fue durante más de 20 años Director de Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, conductor de varios programas radiales y televisivos, director de varias radios, colaborador de diarios y revistas, responsable de prensa de numerosas entidades e instituciones como Cáritas Buenos Aires, CONSUDEC, la Campaña Nacional Más por Menos, y otras.
El nuevo Director de Prensa de la UCALP también ejerció como Profesor de Química y Catequista y es uno de los pocos periodistas vaticanistas del país. Es autor del libro “El Viaje comienza ahora”, preside la Asociación Civil Areópago y es el creador y director general de las puestas teatrales: “Teresa: la Obra en Musical” y “Wojtyla, el Musical”.
De ahora en más, Tito Garabal, tendrá a su cargo la tarea de prensa que permitirá a la UCALP intentar mantener una fluida comunicación institucional tanto entre la propia comunidad universitaria como con los medios de comunicación social y, a través de ellos, con toda nuestra sociedad.
sábado, 5 de septiembre de 2009
“NECESITAMOS EVANGELIZAR LA CULTURA” DIJO MONS. HÉCTOR AGUER
En su reflexión televisiva semanal, en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV) conducido por Tito Garabal, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, se refirió a la necesidad de trabajar en la evangelización de la cultura.
Este fue el tema del “IV° Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos del Cono Sur” del cual participó como representante del Pontificio Consejo de la Cultura de la Santa Sede del cual es miembro.
“El Papa Juan Pablo II sostenía que la fe no arraiga plenamente en un pueblo si no se hace cultura. Es decir sino impregna los criterios de juicio, los valores determinantes, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de un pueblo. La cultura es, en el fondo, el estilo de vida de un pueblo determinado”, dijo.
Ponderó que “tanto en América Latina como en la Argentina existe un sustrato cultural que, desde sus orígenes, está marcado por la fe cristiana” pero lamentó que “ese sustrato cultural fue alterado por la presencia de ideas, de modelos de conducta, de ideologías contrarias a esta tradición cultural originaria, y contrarios a la Palabra de Dios, al Evangelio, a la predicación cristiana”
Mons. Héctor Aguer recordó que “la clave” es “cómo se cristianiza esta cultura a la cual vemos tantas veces con indiferencia, con hostilidad, respecto de los valores cristianos y que, por tanto, está también en trance de una progresiva deshumanización”. “¿Cómo se la transforma? Sólo por la presencia testimonial y coherente de cristianos que vivan de un modo auténtico su fe. Es decir que sean verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo. ¿Para qué? Para que Cristo sea reconocido como el salvador del mundo y el Señor de la historia y para que nuestros pueblos, los pueblos de América Latina, tengan vida plena en Él. Hasta la semana próxima si Dios quiere”.
Adjuntamos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“Días pasados estuve en la Ciudad de Asunción, en Paraguay, participando del “IV° Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos del Cono Sur” y allí tomé conciencia de cuanta gente ve este programa, “Claves para un Mundo Mejor”, en ese país”.
“Aprovecho entonces para saludar a los hermanos paraguayos que nos están viendo. Debo decirles que me llamó la atención que resulté ser bastante conocido, por lo menos entre las personas con las cuales estuve en aquellos días y me mencionaban esta presencia semanal televisiva”.
“Ese encuentro ha sido importante porque, como ocurre periódicamente, ha servido para revisar un propósito fundamental de la Iglesia hoy día. Esto es la evangelización del cultura”.
“Este nombre, este concepto de “Evangelización de la Cultura” u otro que es recíproco y prácticamente sinónimo que es “Inculturación del Evangelio” se ha convertido en un lenguaje común en el discurso pastoral de nuestros días pero apunta a algo que ha ocurrido siempre. Cuando Jesús envió a sus apóstoles, antes de volver al Padre, les brindó un mandato misionero: “vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos”.
“Ese mandato podría traducirse o interpretarse así: vayan e inculturen el Evangelio en todas las naciones. O bien: vayan y evangelicen, cristianicen todas las culturas. Por eso el Papa Juan Pablo II sostenía que la fe no arraiga plenamente en un pueblo si no se hace cultura. Es decir sino impregna los criterios de juicio, los valores determinantes, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de un pueblo. La cultura es, en el fondo, el estilo de vida de un pueblo determinado”.
“Ahora bien: la presencia del cristianismo en el mundo, la presencia de los cristianos que son portadores de la luz y la gracia del Evangelio, tiende a impregnar la vida concreta de una población, a hacerse cultura”.
“En nuestros días, nosotros encontramos problemas muy serios en este capítulo de la misión pastoral de la Iglesia”.
“Tanto en América Latina como en la Argentina existe un sustrato cultural que, desde sus orígenes, está marcado por la fe cristiana. Ha quedado mucho de aquella primera evangelización y de los aportes posteriores de tal manera que podemos decir que en los pueblos de América Latina hay una concepción bíblica del hombre, hay una referencia esencial a los principales misterios de la fe cristiana como Cristo Salvador, a su Pasión y Resurrección, a la Virgen Santísima como Madre del Pueblo y de la Iglesia”.
“Sin embargo ese sustrato cultural fue alterado por la presencia de ideas, de modelos de conducta, de ideologías contrarias a esta tradición cultural originaria, y contrarios a la Palabra de Dios, al Evangelio, a la predicación cristiana”
“Entonces la evangelización de la cultura, en este momento, supone no solo un acercamiento, una empatía para conocer cual es el terreno en el cual nos estamos moviendo sino también un discernimiento crítico. Esto es que sepamos detectar donde están los desvalores que afectan a ese sustrato cultural para irlos purificando y para ir transformando desde dentro esa cultura vívida de tal manera que ella sea plenamente humana y que responda a los valores fundamentales que recibimos de la revelación de Cristo”.
“La V° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, en Brasil, proponía que cada bautizado, cada miembro de la Iglesia se reconozca a sí mismo como discípulo misionero de Jesucristo. Allí está la clave: como se transforma, como se cristianiza esta cultura a la cual vemos tantas veces con indiferencia, con hostilidad, respecto de los valores cristianos y que, por tanto, está también en trance de una progresiva deshumanización”.
“¿Cómo se la transforma? Sólo por la presencia testimonial y coherente de cristianos que vivan de un modo auténtico su fe. Es decir que sean verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo. ¿Para qué? Para que Cristo sea reconocido como el salvador del mundo y el Señor de la historia y para que nuestros pueblos, los pueblos de América Latina, tengan vida plena en Él. Hasta la semana próxima si Dios quiere”
domingo, 23 de agosto de 2009
MONS. HECTOR AGUER HABLÓ DE LA IMPORTANCIA DE LA CATEQUESIS
En la foto: Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Con motivo de haberse celebrado el 21 de agosto el Día del Catequista, en su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (AMÉRICA TV) conducido por Tito Garabal, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, destacó que “la catequesis supone, la educación en la fe de aquellos que han recibido el anuncio del Evangelio”.
Recordó que se eligió esta fecha porque “es la fiesta litúrgica de San Pío X, el Papa que fue catequista toda la vida. También siendo Papa fue un auténtico catequista. Advirtió que el problema fundamental de esa época, a principios del siglo XX, era la ignorancia religiosa… ¿No es éste acaso también el problema de nuestra época?”. Agregó que con su Encíclica “Acerbo nimis” hizo pública “la amargura” por “la ignorancia religiosa” buscando “movilizar en la Iglesia la intención catequística, la pasión catequística”.
El prelado manifestó que “cuando pensamos en la catequesis, por lo general, pensamos en la catequesis de los niños... Pero la Iglesia nos está hablando, cada vez con más frecuencia, acerca de la necesidad de un itinerario catequístico permanente”.
Transcribimos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“El 21 de agosto es el Día del Catequista. Pocos saben de esta fecha. Seguramente sí saben los catequistas que la celebran con alegría y con veneración”.
“¿Por qué el 21 de agosto? Pues porque es la fiesta litúrgica de San Pío X, el Papa que gobernó la Iglesia entre 1903 y 1914 y que fue catequista toda la vida. También siendo Papa fue un auténtico catequista”.
“San Pío X, advirtió que el problema fundamental de esa época, a principios del siglo XX, era la ignorancia religiosa… ¿No es éste acaso también el problema de nuestra época?”
“Por eso el Papa escribió una encíclica que comenzaba con las palabras latinas “Acerbo nimis”, haciendo referencia a la amargura que provoca este hecho, para movilizar en la Iglesia la intención catequística, la pasión catequística y para que en todas las comunidades, diocesanas y parroquiales, existiera lo que entonces llamaba la Cofradía de la Doctrina Cristiana”.
“Desde entones la catequesis ha evolucionado enormemente y se ha constituido, en la Iglesia Católica, como un organismo importantísimo. Es una dimensión fundamental de la vida de la Iglesia”.
“Y me gustaría explicar brevemente porqué es así.”
“El proceso de evangelización tiene tres etapas. Primero es el Anuncio del Evangelio a aquellos que no creen, a aquellos que no conocen a Jesús ni están unidos a Él por medio de la fe. Una vez que ellos han creído viene el momento de educación sistemática de esa fe, de profundización y adquisición de un conocimiento adecuado de las cosas de Dios; allí es donde se ubica la catequesis. La catequesis supone, entonces, la educación en la fe de aquellos que han recibido el anuncio del Evangelio y han creído en él”.
“Una vez terminado ese proceso catequístico viene la instrucción ordinaria de los fieles a lo largo de la vida corriente de la comunidad cristiana que se hace de un modo particular en la homilía del domingo y en otros gestos y otros programas que pueden adoptarse tanto en las diócesis como en las parroquias”.
“Por eso la catequesis tiene un papel central y cualquiera que se asoma un poco a la vida concreta de la Iglesia advierte que efectivamente es así”.
“Cuando pensamos en la catequesis, por lo general, pensamos en la catequesis de los niños. Es decir, la catequesis de los niños para recibir los sacramentos que completan la iniciación cristiana. Pero la Iglesia nos está hablando, cada vez con más frecuencia, acerca de la necesidad de un itinerario catequístico permanente”.
“Existe una catequesis para preparar a los papás al bautismo de los hijos, existe una catequesis para preparar a los novios para la celebración del matrimonio cristiano, existe catequesis familiar, existe también catequesis en los colegios. Entonces más allá de la preparación para recibir los sacramentos el cristiano tiene que darse cuenta de que a lo largo de toda la vida tiene que profundizar en la fe recibida y eso se realiza siempre a través de una catequesis”
“De allí el papel importante que la Iglesia reconoce al catequista, a los catequistas, en la comunidad cristiana. Por eso quiero aprovechar esta oportunidad para saludar a todos los catequistas de la Iglesia, especialmente a los que nos están viendo, con motivo de la celebración de su día”.
“Yo insisto, últimamente, en algo que me parece de máxima importancia: la catequesis no puede ser una actividad aislada, algo que los catequistas ejercen de un modo profesional en la parroquia o en la capilla, por ejemplo, sin que el resto de la comunidad cristiana se entere, sin que participe de algún modo”.
“Los catequistas tendrían que recibir siempre el apoyo de la oración de los demás fieles, la ayuda de auxiliares que les asistan para tantas tareas que van rodeando al acto catequístico mismo, como, por ejemplo, la visita a los papás, el seguimiento de los chicos que faltan a los encuentros, preparar entretenimientos para el encuentro catequístico, etc.”.
“La comunidad cristiana tiene que advertir que la catequesis es en realidad una dimensión fundamental de la vida de la Iglesia y que, en grado diverso, todos somos responsables de la catequesis correctamente hecha de acuerdo al espíritu de la Iglesia, con fervor y actualizada a las necesidades concretas de los catecúmenos y catequizandos, porque de eso depende, en buena medida, el futuro de la Iglesia”.
domingo, 15 de marzo de 2009
AGUER: LA CRISIS ECONÓMICA Y LAS INTERVENCIONES DEL ESTADO
AGUER: LA CRISIS ECONÓMICA Y LAS INTERVENCIONES DEL ESTADO
Armonizar Principios de Subsidiariedad y Solidaridad
En su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (AMÉRICA TV), conducido por Héctor “Tito” Garabal, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, comentó que un “problema que es típicamente argentino” es que “se suele confundir al Estado con el gobierno de turno” y por eso “el bien común puede quedar sometido a intereses subalternos que son los intereses políticos del gobierno de turno. La pequeña política se impone sobre la Política verdadera, la que se escribe con mayúscula.”
Dijo que “en estos tiempos de crisis global observamos que los Estados, en distintas partes del mundo, intentan reencauzar la actividad económica con intromisiones que no se permitirían en tiempos normales” y que “la Doctrina Social de la Iglesia ha establecido principios claros sobre el particular”.
“Esta Doctrina sostiene que la intervención del Estado en materia económica tiene que guiarse por dos principios que se armonizan entre sí: por un lado, el principio de subsidiariedad, que implica que una instancia superior no debe asumir las competencias y la libre actividad de las instancias inferiores; y por otro lado el principio de solidaridad, que requiere que, en razón del bien común, el estado intervenga para que haya una mayor igualdad social y para evitar el abuso de unos sectores contra otros”, explicó el prelado platense.
Reconoció que “no es fácil armonizar estos dos principios” y por eso “la solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar fácilmente en asistencialismo, mientras que la subsidiariedad sin solidaridad corre el peligro de alimentar formas de localismo egoísta”.
“Para respetar estos dos principios fundamentales la intervención del Estado en el ámbito económico no debe ser ni ilimitada ni insuficiente sino proporcionada a las exigencias reales de la sociedad” pues “la función primordial del estado” es establecer un marco jurídico en el ámbito económico que permita regular las relaciones de los distintos factores que actúan en la economía de una sociedad”.
Por último Mons. Héctor Aguer indicó que hay “otro factor que no hay que olvidar” que “es la confianza” pues “la intervención del Estado teniendo en cuenta la historia nacional, puede provocar un cierto resquemor, o incluso espanto; sin confianza es muy difícil que se pueda reconocer la objetividad de esa intervención, su necesidad, sus límites, sus finalidades. Podría aplicarse a este asunto el famoso refrán: el que se quemó con leche cuando ve una vaca, llora”.
A continuación, el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“En estos tiempos de crisis global observamos que los Estados, en distintas partes del mundo, intentan reencauzar la actividad económica con intromisiones que no se permitirían en tiempos normales”.
“Esto indica que existe una conciencia de que en situaciones críticas o extraordinarias el Estado puede asumir posiciones de suplencia en la actividad económica y, además, en condiciones normales debe ejercer un papel regulador con miras a asegurar el bien común. Incluso se suele interpretar la actual crisis como una falla en la debida regulación del Estado ante el despropósito de la especulación financiera”.
“Este problema se plantea también entre nosotros. La Doctrina Social de la Iglesia ha establecido principios claros sobre el particular”.
“Esta Doctrina sostiene que la intervención del Estado en materia económica tiene que guiarse por dos principios que se armonizan entre sí: por un lado, el principio de subsidiariedad, que implica que una instancia superior no debe asumir las competencias y la libre actividad de las instancias inferiores; y por otro lado el principio de solidaridad, que requiere que, en razón del bien común, el estado intervenga para que haya una mayor igualdad social y para evitar el abuso de unos sectores contra otros”.
“Pero no es fácil armonizar, en la práctica, estos dos principios. De hecho en el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” nos encontramos con esta descripción: “la solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar fácilmente en asistencialismo, mientras que la subsidiariedad sin solidaridad corre el peligro de alimentar formas de localismo egoísta”.
“Para respetar estos dos principios fundamentales la intervención del Estado en el ámbito económico no debe ser ni ilimitada ni insuficiente sino proporcionada a las exigencias reales de la sociedad”.
“Esto es porque la función primordial del estado, de acuerdo a la Doctrina de la Iglesia, es establecer un marco jurídico en el ámbito económico que permita regular las relaciones de los distintos factores que actúan en la economía de una sociedad”.
“Quizás no es fácil aplicar concretamente, ante una circunstancia especifica, estos dos principios y observar esta armonía entre la subsidiariedad y la solidaridad. Es una afirmación tradicional en la Doctrina Social de la Iglesia –ya lo decía Juan XXIII en la Encíclica “Mater et Magistra”- que si la intervención del estado es excesiva o si se prolonga por demasiado tiempo, más allá de las necesidades, corre el riesgo de sofocar la iniciativa privada y a las distintas instituciones que participan en la actividad económica e incluso ir implantando una situación de tiranía en lo político o en lo económico”.
“La intervención concreta debe decidirse en función de la prudencia, que es la virtud propia del gobernante”.
“Como digo: en ciertos casos concretos debe intervenir el estado con esta medida o no, los principios tienen que ser aplicados de acuerdo a la prudencia”.
“Pero, además, hay otro problema que es típicamente argentino. Entre nosotros, tradicionalmente, se suele confundir al Estado con el gobierno de turno. El Estado, en realidad, pasa a ser el gobierno. Muchas veces los sucesivos gobiernos han tomado medidas contrastantes, unos después de otros, sin advertir que si no se establecen políticas de Estado es muy difícil que el Estado mismo cumpla adecuadamente su papel. El bien común puede quedar sometido a intereses subalternos que son los intereses políticos del gobierno de turno. La pequeña política se impone sobre la Política verdadera, la que se escribe con mayúscula”.
“Otro factor que no hay que olvidar es la confianza. La intervención del Estado teniendo en cuenta la historia nacional, puede provocar un cierto resquemor, o incluso espanto; sin confianza es muy difícil que se pueda reconocer la objetividad de esa intervención, su necesidad, sus límites, sus finalidades. Podría aplicarse a este asunto el famoso refrán: el que se quemó con leche cuando ve una vaca, llora”.
lunes, 9 de marzo de 2009
Mons. Héctor Aguer: "La inseguridad, un problema político"
En su reflexión semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), conducido por Tito Garabal, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, habló sobre la inseguridad. Se refirió a alguna de sus causas, sus riesgos y lo presentó como “un tema de los más graves de la actualidad” y destacó que “la inseguridad no es un asunto policial, sino un problema político de primera magnitud. Su dolorosa vigencia es un signo elocuente de lo mal que anda la Argentina”.
Lamentó que crea “crispación” social y que si bien “todos quisiéramos una solución rápida, la solución profunda requiere otros acomodamientos en la sociedad argentina”. “Habría que advertir que sin políticas a largo plazo, sin una consideración objetiva y completa del problema no va a haber una solución”, dijo.
El prelado platense explicó que “pareciera que el Estado, en las distintas jurisdicciones, no alcanza a tutelar debidamente la vida y los bienes de los ciudadanos. Y esta es una impresión generalizada. No quiere decir que la inseguridad sea una sensación subjetiva; por eso hablo de la proliferación del delito, que es el sentido objetivo del fenómeno de la inseguridad”.
Aseguró que relaciona “la proliferación del delito con la miseria. No digo con la pobreza, sino con la miseria… La miseria, la marginación, la exclusión de las condiciones de una vida digna, arrastran consigo miseria moral y exponen a las peores tentaciones”.
Tras observar que esta situación no se daba hace décadas, entre los motivos del problema de la inseguridad mencionó “la difusión amplísima e invasiva de la droga” que “se ha difundido capilarmente la droga en nuestra sociedad, amparada por complejas redes de complicidad”; “la fragmentación de la familia y la pérdida de su rol educativo”; una “decadencia de la cultura popular, de la que han desaparecido ciertos valores fundamentales”; “problemas morales y religiosos” pues falla “la comunicación de las verdades religiosas y de la encarnadura de estas verdades religiosas en la vida personal y social. Si Dios no cuenta en la vida de la gente, la sociedad se torna cada vez más inhumana”.
“Esta breve exposición tiene que acabar en una exhortación: todos tenemos que poner las barbas en remojo para contribuir a la solución de un problema que es muy complicado, que tiene múltiples facetas. Pero al Estado le cabe diariamente la obligación de tutelar la vida y los bienes de la población. Cuando digo el Estado estoy pensando en los tres poderes del Estado”.
Mons. Héctor Aguer por último aludió “al papel de la Justicia” pues la “la opinión pública suele afirmar que con mucha frecuencia los delincuentes entran por una puerta de la comisaría o del juzgado y salen por otra, todo en el mismo día. O las leyes, o el procedimiento seguido para su aplicación, carecen de la fuerza necesaria para poner en caja a la delincuencia”.
“Probablemente, una solución cabal del problema no se logre sino después de mucho tiempo y de una reconstrucción del tejido social que está profundamente dañado. La inseguridad no es un asunto policial, sino un problema político de primera magnitud. Su dolorosa vigencia es un signo elocuente de lo mal que anda la Argentina”.
Transcribimos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“Hoy quiero hablarles de un tema que ya hemos abordado en estas columnas semanales, un tema de los más graves de la actualidad: la inseguridad. Más bien deberíamos decir la proliferación del delito”.
“Pareciera que el Estado, en las distintas jurisdicciones, no alcanza a tutelar debidamente la vida y los bienes de los ciudadanos. Y esta es una impresión generalizada. No quiere decir que la inseguridad sea una sensación subjetiva; por eso hablo de la proliferación del delito, que es el sentido objetivo del fenómeno de la inseguridad”.
“La crispación que se crea en la sociedad, la mezcla de miedo y de indignación provoca esa sensación de que uno está en permanente peligro, puede llevar a reacciones desmesuradas y a proposiciones imprudentes. Por eso habría que encuadrar seriamente el problema”.
“Sin duda el Estado tiene un deber inalienable que es el de tutelar el orden social y asegurar la vida y los bienes de la población. Y esto supone una tarea cotidiana. Pero si nos fijamos en las causas reales de esta situación, de esta proliferación del delito, que no se daban hace veinte, treinta o cuarenta años; habría que advertir que sin políticas a largo plazo, sin una consideración objetiva y completa del problema no va a haber una solución”.
“Todos quisiéramos una solución rápida, pero la solución profunda requiere otros acomodamientos en la sociedad argentina”.
“Personalmente relaciono la proliferación del delito con la miseria. No digo con la pobreza, sino con la miseria. Santo Tomás de Aquino ya indicaba que para practicar la virtud hace falta una cierta cantidad de bienes materiales. La miseria, la marginación, la exclusión de las condiciones de una vida digna, arrastran consigo miseria moral y exponen a las peores tentaciones”.
“Después hay que sumar también algo inédito en la Argentina, la difusión amplísima e invasiva de la droga. Todos sabemos muy bien que muchos de los delitos y sobre todo la gravedad de muchos de ellos, está determinada por esto. Es insuficiente, al parecer, lo que se hace en esta materia y el problema es mucho más grave porque ya se ha difundido capilarmente la droga en nuestra sociedad, amparada por complejas redes de complicidad”.
“Pensemos en otras causales, como por ejemplo la fragmentación de la familia y la pérdida de su rol educativo. En la mayor parte de los delincuentes que pueblan nuestras cárceles, se comprueba, que no han tenido una familia detrás, que no ha habido una familia educadora, una familia que brinde amor y oriente la vida de los hijos”.
“La pérdida del sentido auténtico de la familia es un drama silencioso que se ha agrandado terriblemente en la Argentina. Estoy hablando de la familia en serio: la familia basada en el matrimonio. Hoy día se habla ligeramente de vivir en pareja y demás, pero la familia como ámbito de crecimiento integral, como hogar, como escuela de vida, está muy menoscabada”.
“Menciono otro hecho: existe una especie de decadencia de la cultura popular, de la que han desaparecido ciertos valores fundamentales como el respeto, el sentido de la justicia, la solidaridad, el valor de la palabra dada, el sentido del esfuerzo y del deber. Todo eso está también seriamente afectado”.
“Voy a ir más lejos todavía: hay problemas morales y religiosos. Pongo un ejemplo. Treinta o cuarenta años atrás una persona se iba a confesar después de cuarenta años sin pisar una iglesia y solía decir: “padre yo no tengo pecados, yo no mato ni robo”. De los diez mandamientos del decálogo sólo se acordaba de dos, pero se acordaba de dos que son fundamentales: no matar y no robar. Parece que actualmente esos dos mandamientos claves del orden natural ya no significan nada para muchísima gente”.
“Me pregunto si los ladrones y criminales de hoy han aprendido alguna vez que matar y robar son pecados graves. Por eso, aquí hay una falla en la comunicación de las verdades religiosas y de la encarnadura de estas verdades religiosas en la vida personal y social. Si Dios no cuenta en la vida de la gente, la sociedad se torna cada vez más inhumana”.
“Esta breve exposición tiene que acabar en una exhortación: todos tenemos que poner las barbas en remojo para contribuir a la solución de un problema que es muy complicado, que tiene múltiples facetas. Pero al Estado le cabe diariamente la obligación de tutelar la vida y los bienes de la población. Cuando digo el Estado estoy pensando en los tres poderes del Estado”.
“Quiero aludir de un modo particular al papel de la Justicia. La opinión pública suele afirmar que con mucha frecuencia los delincuentes entran por una puerta de la comisaría o del juzgado y salen por otra, todo en el mismo día. O las leyes, o el procedimiento seguido para su aplicación, carecen de la fuerza necesaria para poner en caja a la delincuencia”.
“Probablemente, una solución cabal del problema no se logre sino después de mucho tiempo y de una reconstrucción del tejido social que está profundamente dañado. La inseguridad no es un asunto policial, sino un problema político de primera magnitud. Su dolorosa vigencia es un signo elocuente de lo mal que anda la Argentina”.

