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viernes, 28 de agosto de 2015

ADIVINANZAS...



Adivinanzas del día: 
Lean las citas siguientes e intenten adivinar a cual de los autores mencionados pertenecen...


I. Me pregunto con Ustedes educadores: ¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda, no desentenderse de lo que pasa alrededor? ¿Son capaces de estimularlos a eso? Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula. ¿Cómo entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, sus interrogantes, sus cuestionamientos? ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano? El diálogo, esa palabra puente, esa palabra que crea puentes.


1. Jean-Jacques Rousseau.
2. Emmanuel Kant
3. Papa Francisco

II. La evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí; eso creemos y gritamos. «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”. El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás. De ahí, la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles, ¡luchar por la inclusión a todos los niveles!

1. Martin Luther King
2. Leonardo Boff
3. Papa Francisco

III. La migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que constituyen una amenaza a la convivencia social. Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión, abrir espacios de diálogo, espacios de encuentro y así dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades. La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, creando empleo, con un crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas macroeconómicas, crear un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien cohesionado.

1. Gustavo Gutiérrez
2. Adolfo Pérez Esquivel
3. Papa Francisco

IV. ¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido, si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador, que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío, cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas? Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas.

1. Milagro Sala

2. Dom Helder Cámara

3. Papa Francisco

V. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad. No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente.  Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo.

1. Ban Ki-Moon
2. El Dalai Lama
3. Papa Francisco

VI. Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

1. Paulo Coelho

2. Pierre Teilhard de Chardin

3. Papa Francisco

VII. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

1. Pío XI
2. San Pío X
3. Papa Francisco
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-scuola-universita.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2015/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-omelia-bicentenario.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-societa-civile.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150709_bolivia-movimenti-popolari.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_11121925_quas-primas.html  

domingo, 9 de junio de 2013

HORRIBLE CAIDA I



El pensamiento de Mons. Richard Williamson
Obispo seguidor de Mons. Marcel Lefebvre
Número CCCVIII (308) - 8 de Junio de 2013
La caída de la Fraternidad San Pío X desde lo que era bajo el Arzobispo Lefebvre entre 1970 y 1991 hasta lo que ha devenido durante los últimos, digamos, 15 años, es poco menos que horrible. En una pequeña serie de “Comenti” veamos primero por qué el horror es normal en el pobre mundo que nos rodea, ya que comprender es perdonar y todos estamos necesitados de perdón; segundo, encaremos al horror, no para llevarnos al desánimo sino por el contrario para aprestarnos para la acción debido a lo peor que casi con seguridad se viene; y tercero veamos qué podemos hacer para aprestarnos para la acción, porque abajo del Cielo de Dios, Él no puede habernos dejado sin nada que podamos hacer (pero en conexión a esto es importante no volcar en la arena la poquita agua que tenemos). Para comprender cómo el horror hoy en día puede ser tan normal, comencemos con tres refinadas mentes Católicas que calibran el desafío de nuestra época.
En su gran carta Encíclica de 1884 sobre la Francmasonería, el Papa León XIII advierte cómo sus perversos principios avanzan desde (#13) despreciando a (#14) injuriando a (#15) destruyendo a la Iglesia Católica, para luego avanzar desde (#16) la ruina de todas las religiones positivas a (#17) la ruina de toda religión natural a (#18) la ruina de las grandes verdades naturales tales como la Creación y la de Providencia Dios y la inmortalidad del alma. En el siglo XXI hemos ido, lógicamente, aún más lejos, a saber, hasta incluso la ruina de la propia noción de verdad. Las mentes han sido transformadas en una papilla, incluso las de Papas, Cardenales y Obispos.
En su gran carta Encíclica de 1907 sobre el Modernismo, el Papa San Pío X vio claramente la ruina de toda verdad y pensamiento por los modernistas. Está por indigno de los Papas gritar, pero en Pascendi, Pío X usa las expresiones más enérgicas que tenía a su disposición, para castigar la pudrición mental por la cual los modernistas pudren por completo la Fe Católica. Implícitamente él dice que el modernismo es el fin del recorrido. Su dramática advertencia obtuvo para la Iglesia un respiro de medio siglo, pero con el Vaticano II la pudrición de la Fe, pudrición que él había arrojado fuera de la Iglesia, ¡fue hecha doctrina oficial dentro de la Iglesia por Juan XXIII y Paulo VI! Si los Papas pierden la mente, ¿cómo no van a perderla meros Superiores?
Una tercera mente Católica calibrando el estrago obrado sobre la Doctrina católica por el Vaticano II, fue la de Romano Amerio, un laico italiano cuyo análisis de los errores modernos, Iota Unum, era sumamente apreciado por Mons. Lefebvre. En un punto Amerio dice que si las cosas continúan en el mismo sendero que hasta ahora, eventualmente devendrá imposible hablar o escribir más, ¡todo lo que quedará será guardar silencio! Esto puede parecer inimaginable, pero solo recientemente un muy buen comentarista en Estados Unidos, el Dr. Paul Craig Roberts, casi dejó de escribir porque le había parecido que no existía ya más ningún público capaz de, o dispuesto a, pensar.
Verdaderamente, en este ensayo general para el Anticristo, si estos días no fueran acortados, como dice Nuestro Señor (Mt. XXIV, 22), todos podríamos perder nuestras mentes y nuestra Fe. Entonces, ¿quién todavía puede sentirse inclinado a tirar la primera piedra a un Papa u Obispo que están perdiendo su mente hoy día?
Sin embargo, mientras que Nuestro Señor nos prohíbe juzgar-condenar (Mt.VII,1) porque solo Dios tiene aquel perfecto conocimiento de todas las circunstancias que es necesario si uno tiene que juzgar sin error, al mismo tiempo Nuestro Señor nos ordena juzgar-discernir entre los verdaderos pastores y los mercenarios, o sea entre las ovejas y los lobos disfrazados de ovejas (Mt.VII,15). Tal es nuestra responsabilidad como católicos para salvar nuestras almas, y es por ello que echaremos pronto otra mirada al horror que está ocurriendo ahora dentro de la Fraternidad San Pío X.

Kyrie eleison

domingo, 26 de mayo de 2013

CUAL ES LA ESTRATEGIA ACTUAL DE LOS MODERNISTAS-PROGRESISTAS PARA DOMINARLA IGLESIA Y APAGAR LA FE (III)




Por el Dr. Cosme Beccar Varela
Buenos Aires, 24 de Mayo del año 2013 - 1164
ALGUNAS DE LAS IDEAS DOMINANTES DEL PENSAMIENTO ÚNICO (continuación)


9) "La fe religiosa es un sentimiento, algo interno a cada uno, una experiencia personal. Así es como debemos creer en Jesus y sólo en la persona de Él y debemos dejar de lado, como un lastre, las doctrinas y los anatemas de las estructuras y formas caducas." 


Esta doctrina falsa es el núcleo del modernismo condenado por San Pío X en la Encíclica "Pascendi". Citando al Concilio Vaticano I, San Pio X recordó que si alguien dijera que "los hombres sólo se deben mover hacia la fe por una experiencia interna individual o por una inspiración privada, sea antema". (Edición citada, pag. 223). 


Y en el juramento antimodernista que debían prestar todos los clérigos y seminaristas por mandato del santo Papa, el jurante decía: "Sostengo con toda certeza y sinceramente profeso que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero asentimiento del entendimiento a la verdad recibida de fuera *por oído*, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por Dios personal, Señor y creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz." (D.2145) 


No sé cuándo fue abolida la obligación de prestar este juramento pero estoy seguro de que ya no rige puesto que, de lo contrario, la gran mayoría del clero estaría compuesta de perjuros. De todas maneras, aunque no lo hayan prestado y no sean perjuros, son herejes, puesto que han cambiado totalmente los fundamentos y los términos de la Fe. 


Con el agravante de que hasta el Concilio Vaticano II los modernistas procedían con mayor cautela mientras que ahora lo hacen con una audacia asombrosa. Por ejemplo, hasta ese momento los modernistas actuaban como explica San Pío X en su Encíclica es decir, se sentían obligados a reconocerle algún valor a los dogmas de la Iglesia y decían que ellos eran necesarios como "instrumentos" del sentimiento religioso, aunque siempre adaptándolos a ese sentimiento que evoluciona según los tiempos y junto con la evolución del mundo profano. Los dogmas eran para ellos "precarios", "mutantes" y "vitales". Ese es el espíritu que consiguieron infundir en las partes principales y novedosas de las Declaraciones conciliares de la década del 60. 


Ahora, sin embargo, los modernistas parecen haber tirado por la borda los dogmas. Una prueba de eso es que ya no se enseña el Catecismo tradicional con sus clásicas preguntas y respuestas, sino que se "da catequesis" y ésta consiste en suscitar el "sentimiento" religioso en los catecúmenos. Me acuerdo que hace más de 40 años una catequista, en su primer "clase" les pidió a los pobrecitos niños que hicieran un dibujo de ¡cómo se lo imaginaban a Dios! Y hace unos 10 años leí atentamente el libro de "catequesis" obligatorio en la primaria de un colegio de monjas y en él se decía que la historia de Adán y Eva era una leyenda, mitológica, al igual que la creación del mundo, y otras enormidades semejantes resultantes de una interpretación "simbólica" de las Sagradas Escrituras. El libro, que según me dijeron era el manual de texto de todos los colegios religiosos tenía el "Imprimatur" y el "Nihil Obstat" de un Obispo. 


De estas nefastas ideas del modernismo resulta que si la religión es fruto del sentimiento, como el sentimiento no tiene reglas, la religión tampoco las tiene y no existe criterio válido alguno -según ellos- para distinguir la religión católica de las religiones falsas. 


Los modernistas responderán que nos distinguimos porque "amamos a Jesús y a Jesús crucificado". ¿Pero quién es el Jesús que ellos "aman"? Es un Jesús que ellos forman con sus sentimientos personales, en su "inmanencia vital", que nada tiene que ver con Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre de cuyas enseñanzas prescinden cuando no coinciden con sus sentimientos. 


Y si lo "sienten" crucificado, ¿cómo pueden olvidarse, en su ecumenismo desatado, con una especial preferencia por el judaísmo, quiénes lo crucificaron y por qué lo hicieron? 


Y al pretender identificarlo con una sonrisa constante, desprevenida y optimista, lo falsifican. Sin duda que Nuestro Señor habrá sonreído más de una vez, aunque el Evangelio no lo diga, sobre todo cuando se le acercaba algún niño. Pero esas sonrisas fugaces y afectuosas no son lo que quiso dejarnos como lo más característico de Su persona, sino una seriedad combativa y plenamente compenetrada de Su misión redentora, en combate contra la Sinagoga que lo rechazaba como puede verse en el Evangelio, sobre todo en el de San Juan que es una historia épica de nuestras Salvación.  Su rostro divino reflejado milagrosamente en la Santa Sábana es una muestra conmovedora de esa seriedad suprema. 


Se olvidan de frases como esta de Nuestro Divino Salvador: "Si el mundo os aborrece sabed que me aborreció primero a Mí que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os dije: no es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán; si guardaren mi palabra también guardarán la vuestra. Pero todas estas cosas las harán con vosotros por causa y odio de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera predicado, no tendrían culpa; más ahora no tienen excusa en su pecado. El que me aborrece a mí, aborrece también a mi Padre.  Si yo no hubiera hecho entre ellos obras tales cuales ningún otro ha hecho, no tendrían culpa.; pero ahora las han visto y me han aborrecido a mí y a mi Padre. Por donde se viene a cumplir la sentencia escrita en su Ley: *Me han aborrecido sin causa alguna*."(S. Juan 15, 18-25). 


El sentimiento que les produce a los modernistas frases como esta, de las que abundan los Evangelios, especialmente el de San Juan, es de repugnancia y no corresponden al "Jesús" que ellos se fabricaron y que, desgraciadamente, han difundido por toda la Iglesia. 


No se atreven a negarlas, pero sí a ignorarlas, por eso todos sus gestos, discursos, sermones, alocuciones y palabras están llenas de una falsa piedad por un "Jesús" que no es el verdadero y en vez de ayudar a la santificación de las almas, las deforma y aleja de Dios. 


Su mensaje deja entrever que no hay Cielo y sobre todo, que no hay infierno. El pecado es maravilloso porque nos permite sentirnos "salvados". 


El culto solemne, la magnificencia de las iglesias, los honores rendidos al orden sagrado y en especial a la Cátedra de Pedro les parecen escandalosos o por lo menos prescindibles. Esa es la lógica de una religión basada en un sentimiento, en una "inmanencia vital" que no necesita de esas demostraciones de adoración externa que ofenden la pobreza, única forma de correspondencia exterior a una religión que no adora al Dios verdadero sino a una fabricación de la psicología humana. 


Les parece falso que la Iglesia en este mundo pueda considerarse "militante" porque no hay una Iglesia que combate contra el mundo, el demonio y la carne para salvar las almas, sino una Iglesia que acompaña al mundo en su evolución constante y que se adapta a las exigencias de la carne, aunque antes hubieran sido consideradas "contra natura". Y llaman "diablo" a los sentimientos negativos que existen dentro del hombre, sin por eso afirmar claramente que haya un ángel caído en el infierno que ronda a las almas para atraerlas a su abismo de fuego eterno. 


10) "Hay que optar por los pobres." 


Por lo pronto, "optar" quiere decir elegir algo excluyendo otra cosa que es incompatible con la elegida. "Optar por los pobres" implica dejar de lado a los que no lo son. Eso no es caritativo ni cristiano. Esa fue la “opción” de Judas cuando censuró el gesto de la mujer que usó un valioso perfume para lavar los pies de Nuestro Señor Jesucristo (S.Juan 12, 3-8). Los que proponen esta "opción" suelen ser tan poco sinceros en su amor a los pobres como el Iscariote. 


En realidad, lo que quiere  decir esta consigna es que hay que optar por el PARTIDO de los pobres. De hecho, quienes propician esa opción favorecen no a los pobres sino a quienes hacen agitación social invocando falsamente a los pobres por interés político, porque los pobres son muchos, votan y hacen número en las manifestaciones. Así son los comunistas, socialistas y peronistas. A los pobres mismos sólo los favorecen selectiva y ocasionalmente, “para la foto”, cuando esa acción aporta popularidad. 


El “partido de los pobres” se forma con la gente de las clases más bajas que esgrimen su pobreza con insolencia como una bandera de guerra contra los que tienen algo. Los pobres que son débiles y buenos no les interesan a esos demagogos porque no los consideran verdaderos pobres y porque no se dejan embarcar en la lucha de clases. 


Además el concepto de pobre es impreciso. Toda la clase media es pobre, por ejemplo, comparada con los grandes empresarios y también lo son las viudas, los huérfanos aunque tengan algunos bienes, y los débiles en general, como lo somos todos frente a los que tienen poder. 


La opción por los pobres debería incluir a los enfermos pero sólo se ocupan de ellos cuando eso les permite hacer resaltar públicamente su dedicación. Tampoco se ocupan debidamente de los enfermos procurando que salven sus almas. Ante un enfermo terminal, si es que lo visitan, enmudecen, lo dejan morir sin Dios. 


El hecho es que los hospitales no dan abasto, que están mal atendidos y que no se alivian los sufrimientos de los enfermos. Esto a los que "optan por los pobres" no les conmueve. Es demasiado trabajoso y demasiado caro. En la argentina, estos demagogos tienen el poder desde hace 60 años y los hospitales están cada vez en peor estado. 


Además, las monjas de la Caridad, que antes eran los ángeles de los hospitales, han desaparecido de los hospitales por obra del laicismo dominante (que el clero "progresista" no combate), las vocaciones religiosas femeninas han disminuido dramáticamente y algunas de las que quedan delegan su labor en enfermeras profesionales asalariadas, sin que al clero "progresista", que propicia la "opción por los pobres", se preocupe por eso. 

(Continúa)

Cosme Beccar Varela

viernes, 3 de febrero de 2012

LA FSSPX NO ACEPTÓ LA PROPUESTA DEL VATICANO


Según informa desde Infocatólica Luis Fernando Pérez Bustamante, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, por Mons. Bernard Fellay, no aceptó el preámbulo que desde el Vaticano se les ha propuesto para iniciar conversaciones. Afirma en su nota que hay contradicciones en el actual Magisterio en materia de "ecumenismo" y de "libertad religiosa", y niegan que sea el Catecismo el instrumento de dicha interpretación.
Muchos especulan que el modo del diálogo con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X debe ser mediante gestos y acciones concretas. Es decir: retomando el Magisterio con claras palabras, aplicando la disciplina en ese sentido dentro de la Iglesia Católica (incluyendo a los nuevos movimientos católicos que han crecido en los últimos 40 años), y volviendo a la aplicación de anatemas a las fórmulas condenadas, de modo que las mismas no sean repetidas dentro de la Iglesia, todo ello junto con la aplicación efectiva del Motu Proprio como norma Universal. 
Es posible que desde la FSSPX vean en el Vaticano como un "doble discurso": por un lado se los acepta, y por el otro se acepta del mismo modo ciertas desviaciones del Magisterio, de la Liturgia y de la Moral. Resulta claro que si no hubo cambios en el Magisterio, las formas anteriores al Concilio Vaticano II conservan toda su validez, y han sido una vía efectiva de alcanzar la santidad por casi dos mil años, y tal vez este sea el camino viable de conversación con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. O hay "dos Iglesias" o hay una, y este es el centro del debate.
Tras la nota, publicamos otra de la misma fuente, que a continuación se stranscriben:

Y los lefebvristas dijeron no

¿A alguien le extraña que Monseñor Fellay haya dicho que no pueden aceptar lo que la Iglesia Católica les ha pedido que acepten? A mí no, desde luego. Hay cosas que no cambian por mucha buena voluntad que se quiera poner en ello. Y el lefbvrismo lleva décadas empeñado en que el Concilio Vaticano II se opone a la doctrina católica en cuestiones como el ecumenismo y la libertad religiosa. Y ante la posibilidad de interpretar los textos conciliares conforme a la tradición, no aceptan de ninguna de las maneras que el Catecismo sea el instrumento que marque dicha interpretación.
Se confirma que la división entre la Iglesia y los lefebvrianos es de carácter doctrinal. Lo cual les situa prácticamente en el mismo lugar que los protestantes, aunque obviamente las diferencias doctrinales entre católicos y lefbvristas son menores, y todavía menos graves, que entre católicos y protestantes. Pero son lo suficientemente importantes como para que los lefebvrianos digan no a lo que Roma les ha pedido que acepten.
No hace falta ser doctor de la Iglesia para entender que cuando un grupo afirma no estar de acuerdo con la doctrina que la Sede Apostólica propone como católica, está reconociendo implícitamente que no está en comunión con el Papa ni acepta su plena autoridad doctrinal y pastoral. El lefebvrismo pretende erigirse como verdadero intérprete de la Tradición y defensor del depósito de la fe, aunque ello le lleve a enfrentarse doctrinalmente al Vicario de Cristo y la Santa Sede.
No sé bien qué hará la Santa Sede ante esta negativa de los lefebvrianos. Puede que se considere que los puntos de divergencia doctrinal no sean lo suficientemente graves como para negar cualquier condición católica a la FSSPX. Pero el principio de “no acepto la doctrina que Roma pide que acepte” es en sí mismo incompatible con dicha condición.
Acabo este post citando al Papa santo que da nombre a la FSSPX:
“No permitáis que vosotros mismos seáis engañados por las taimadas declaraciones de aquellos que persistentemente claman que desean estar con la Iglesia, amar a la Iglesia, luchar para que la gente no salga de ella… sino juzgarlo por sus obras. Si ellos desprecian a los pastores de la Iglesia e incluso el Papa, si intentan por todos los medios evadir su autoridad para eludir sus directivas y juicios… entonces, ¿de qué Iglesia hablan esos hombres? Ciertamente no de la establecida sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Jesucristo mismo como la piedra angular” (Ef 2,20)
Sigamos pidiendo al Señor que se produzca la reconciliación.

Luis Fernando Pérez Bustamante

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Insiste en que existen profundas diferencias doctrinales

Mons. Fellay asegura que la FSSPX está obligada a decir no a la propuesta de la Iglesia Católica

El superior de los lefebvrianos, mons. Bernard Fellay, dijo ayer durante una homilía en el seminario tradicionalista Santo Tomás de Aquino de Winona, Minnesota, que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X «está obligada a decir que no» a la propuesta de reconciliación del Vaticano. La homilía fue publicada en el sitio del seminario. Monseñor Fellay explicó a sus seguidores que la Santa Sede «ha aceptado todas nuestras peticiones», desde el punto de vista organizativo y práctico, mejorando así la propuesta que había hecho el 14 de septiembre del año pasado, pero confirma que desde el punto de vista doctrinal todavía existe una profunda distancia.
(Vatican Insider)  La Pontificia Comisión Ecclesia Dei, encargada de las relaciones con los grupos tradicionalistas, según Fellay, pide a los lefebvrianos que acepten los “puntos controvertidos del Concilio (puntos ambiguos sobre los que hay discrepancias), como el ecumenismo y la libertad religiosa, que deben ser interpretados siguiendo la doctrina perpetua de la Iglesia. Si, pues, hay algo ambiguo en el Concilio, debéis leerlo como la Iglesia ha enseñado a hacerlo durante la historia”.
El problema, para el superior de los lefebvrianos, es que, como ejemplo de continuidad entre la doctrina tradicional de la Iglesia y las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se plantean el ecumenismo y la libertad religiosa “tal y como se interpretan en el Catecismo de la Iglesia católica, que son exactamente los puntos que nosotros rechazamos del Concilio”.
La respuesta lefebvrianos fue enviada a Roma y ahora se encuentra en la Comisión Ecclesia Dei, que la está analizando: “Están reflexionando todavía, lo que quiere decir que se encuentran, probablemente, indecisos”, comenta el superior de los lefebvristas. “Hemos dicho claramente que si nos aceptan tal y como somos, sin cambios, sin obligarnos a aceptar estas cosas, estamos listos. Pero si quieren hacernos aceptar estas cosas, entonces no lo estamos” concluyó.
“Creo que no podría haber una confusión mayor”, comenta en tono irónico el líder tradicionalista, al indicar que las palabras “tradición” y “coherencia” tienen un significado para la jerarquía católica distinto al que le atribuyen los lefebvristas. “Es por ello –resume Fellay– que nos vemos obligados a decir que no. No firmaremos. Estamos de acuerdo con el principio, pero consideramos que las conclusiones son contrarias”.

martes, 31 de enero de 2012

LA “EXPERIENCIA RELIGIOSA” O “MODERNISMO” DE MASAS (PARTES I, II y III)


Los denominados “movimientos religiosos” que se dan en la actualidad, en los cuales algunos miembros de la jerarquía cifran neciamente sus esperanzas para el futuro de la Iglesia, son, en realidad, formas de modernismo popular, como que se fundan en una falsa “experiencia religiosa” en la que un sentimentalismo emocional e ilusorio suplanta a las virtudes teologales.

LA VERDADERA EXPERIENCIA RELIGIOSA

El padre Cornelio Fabro (+1999) explica en la Enciclopedia Católica (Ciudad del Vaticano, 1950, voz “Esperienza religiosa”, vol. V. cois. 601-607) que la experiencia religiosa es cierto “contacto” que la conciencia humana busca tener con Dios. Hay, con todo, una noción de experiencia religiosa ortodoxa y conforme con la sana teología mientras que hay otras que son heterodoxas.

La noción ortodoxa de experiencia religiosa coincide con la mística, o tercera vía de los “perfectos”, que fue estudiada por la patrística, luego por la escolástica y, finalmente, por los doctores místicos por antonomasia: Santa Teresa de Ávila (+1582) y San Juan de la Cruz (+1591). El padre Reginald Garrigou-Lagrange (+1964) sistematizó y sintetizó no hace mucho la doctrina católica sobre la naturaleza de la verdadera mística en sus obras Perfección cristiana y contemplación, y Las tres edades de la vida interior, preludio de la del cielo: tratado de la teología ascética y mística. La auténtica experiencia religiosa supera toda falsa “inmanencia”, cualquier técnica gnóstico-esotérica o filosofía orientalizante con la que el hombre se forja la ilusión de poder alcanzar la autodivinización mediante sus propias fuerzas. En efecto, Dios es trascendente y, por ende, inalcanzable para las fuerzas naturales por hallarse a una distancia infinita de toda capacidad creada, tanto humana como angélica. Es creador incondicionado y redentor en uso de su libérrima voluntad, al que nada constriñe ni determina. Dios está “presente” en todo lugar y, por ende, también en el hombre, no viceversa, como pretende, según parece, la concepción antropocéntrica e inmanentista, al decir de la cual el hombre está en Dios y coincide necesariamente con Él. Además de la “presencia natural” de Dios o ubicuidad (Dios está presente en todas las cosas por el conocimiento, por el influjo o poder y por la sustancia), se da una “presencia espiritual” o racional de Dios en la inteligencia humana, la cual, partiendo de las criaturas, se remonta mediante un silogismo hasta el Creador en tanto que causa primera y lo ama con un amor natural. Se da, asimismo, una “presencia sobrenatural” de Dios en el alma de los justos por medio de la gracia santificante, en cuya virtud el hombre participa realmente de la vida divina. Dios se encarnó y nos redimió por pura misericordia, lo cual excluye toda técnica catártica o purificación iniciática por parte del hombre. Dios, además, aún teniendo en sí mismo una relación personal ad intra, quiere, ad extra, hacer participar de su vida a las criaturas racionales.
Ad intra, el Padre, al conocerse, engendra al Hijo, Verbo o Idea del Padre; el Verbo conoce al Padre a su vez, y de tal conocimiento mutuo nace un amor sustancial y recíproco: el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo (o es espirado por ambos).
Ad extra, Dios, se hace real o físicamente presente de manera sobrenatural, mediante la gracia santificante, en el alma del justo, quien conoce a Dios por conducto de la verdad infusa de la fe y lo ama gracias a la virtud sobrenatural de la caridad. El hombre puede llegar a la mística o vida unitiva, que es la única experiencia religiosa verdadera, por las virtudes teologales de la de , la esperanza y la caridad, reforzadas por los siete dones del Espíritu Santo. Además, Dios redentor nos brinda los medios suficientes (oración y sacramentos) para alcanzar la unión con Él (una unión creada y participada; limitada, por tanto), con lo que nos da la capacidad real de observar los diez mandamientos; ya que “es muerta la fe sin obras” (Santiago 2, 26).
La mística es el desarrollo ordinario de la vida espiritual, a la que son llamados todos los bautizados, mientras que los fenómenos místicos extraordinarios (visiones, estigmas, levitaciones…) son completamente accidentales y no forman parte de la naturaleza de la perfección o santidad.
La vida sobrenatural o presencia de Dios en el alma de los justos no cae de suyo bajo la conciencia humana natural, pero puede suceder que se experimente la presencia de Dios en el alma merced al don de sabiduría “Gustate et videte quoniam suavis est Dominus” (Ps, 34, 9); “El recuerdo de Jesús es dulce (…) pero su presencia es más dulce que la miel y que todas las cosas (…) el que hace la experiencia de Jesús puede decir qué es amarle” (San Bernardo de Claraval). Con todo, sería un grave error hacer de la experiencia religiosa un criterio necesario y absoluto de la vida espiritual.

FALSA EXPERIENCIA RELIGIOSA

La concepción heterodoxa de la experiencia religiosa es, sobre todo, la del subjetivismo protestante y modernista. El protestantismo introdujo en la religión con Lutero (+1564), el subjetivismo en las relaciones con Dios, igual que Descartes (+ 1560) lo introdujo en la filosofía y Rosseau (+ 1778) en la política. Martín Lutero repudió la razón y, por ende la fe en tanto que acto sobrenatural de la inteligencia y de la voluntad, y apeló a la subjetividad de la sola fides, la cual no es virtud teologal de la fe como acto de adhesión intelectual y volitiva a la verdad objetiva revelada por Dios, sino que es una “fe fiducial”, es decir, la confianza subjetiva de salvarse por sola la fe, lo que no es otra cosa, en realidad, más que la “presunción de salvarse sin méritos”. La fe fiducial y el “testimonio del Espíritu Santo” se identifican, según Lutero, con el sentimiento individual y subjetivo, que constituye para él el único criterio y objeto de la religiosidad (un objeto que coincide con el sujeto y se pierde en él). El padre Fabro define tal teoría como “disociación de la conciencia del contenido objetivo de la fe”.
En el ámbito filosófico, la modernidad laicista elevó la experiencia religiosa a criterio absoluto e independiente de todo dato objetivo. El fundador de dicha escuela fue Kant (+1804) para quien Dios mismo no es un ente real y objetivo, independiente del ser humano, sino que es tan sólo un postulado de la “razón práctica”, que siente la necesidad de una experiencia religiosa de la divinidad que la “razón pura” o teórica no puede alcanzar.
Nació de Kant una doble orientación del pensamiento: una más filosófica y racionalista: el idealismo trascendental de Fichte (+1814), Schelling (+1854) y Hegel (+1831), que pretende, siguiendo a Kant, subordinar la religión a la filosofía subjetivista; otra más bien espiritual y misticoide: el irracionalismo fideísta de Schleiermacher (+1889), que sigue a Kant sobre todo en privilegio del sentimentalismo subjetivista religioso; más aún, para Shleiermacher el “sentimiento es el único criterio de la verdad”, por la cual “la fe es puro sentimiento inmediato”.
Tal concepción subjetivista y sentimentalista comienza a tomar con el modernismo -como veremos con pormenor en la segunda parte del presente artículo-, una orientación cada vez más irracionalista; la experiencia religiosa sustituye por completo a la recta razón como a la revelación divina y a la fe teologal.
 
El protestantismo francés y Auguste Sabatier (1839-1901) con su obra Esbozo de una filosofía de la religión (París, 1879) fueron el elemento penetrante y decisivo, determinante, de la teoría subjetivista irracionalista, que insiste en el primado de la vida y de la experiencia religiosa subjetiva sobre la razón especulativa y la fe objetiva. El influjo de Sabatier fue tan fuerte que la teoría evangélica protestante estribó esencialmente, durante los pasados ciento cincuenta años, en una fenomenología de la experiencia.
Maurice Bondel (1861-1949) introdujo en el campo católico el subjetivismo y el primado de la experiencia religiosa conla nueva definición de la verdad cual adequatio rei et vitae (adecuación de la realidad y de la vida) y no ya rei et intellectus (realidad e inteligencia). El vitalismo de Henri Bergson (+1941) disolvió la religión en una experiencia psicológica íntima, mientras que el pragmatismo, con William James (1842-1910) y el ecumenismo o modernismo ascético, redujo la religión a sentimiento subjetivo que irrumpe desde la “subconciencia”, hundiéndose así cada vez más en el inmanentismo sentimentalista o racionalista y abriendo las puertas al psicoanálisis cabalístico-freudiano, que en la escuela de Francfurt convirtió en un fenómeno de masas.

EL MODERNISMO: LAS PRIMERAS ESCARAMUZAS

 
Recurrimos otra vez al padre Cornelio Fabro para su definición (Enciclopedia Cattólica, Ciudad del Vaticano. 1952, vol. VIII, voz “Modernismo”, columnas 1196-1199). Éste lo define, siguiendo a la encíclica Pascendi de San Pío X, donde apareció tal término por vez primera, como “orientación heterodoxa que se proponía renovar, poner al día y reinterpretar la doctrina católica en armonía con la filosofía moderna” (ibi, col. 1188). El modernismo es un conjunto bastante complejo de errores en todos los campos de la doctrina cristiana, pero San Pío X logró reducirlo en la Pascendi a su núcleo esencial y le dió la denominación común de “modernismo” por la manía de querer poner al día la doctrina católica en función de las exigencias del pensamiento “moderno”.
Históricamente, se traslucía ya el modernismo en la rerum novarum cupiditas, o manía de novedades, que se presentó en el siglo XIX en el ámbito católico, bajo los pontificados de Gregorio XVI, Pío IX y León XIII. Se caracterizaba por la intolerancia para con la filosofía y teología escolásticas, especialmente las tomistas. Se condenó el indiferentismo o liberalismo de Lamennais (1834); después se reprobó el fideísmo o tradicionalismo de Bautain (1840) y de Bonetty (1855) junto con el racionalismo de Hermes (1835) y  Günter (1857) y, por último, le tocó el turno al ontologismo de Gioberti (1861) y Rosmini (1887). Pío IX compendía en el Sílabo (1864), condenándolos, todos estos errores, que eran a la sazón nada más que los signos precursores de una tempestad que se desencadenaría con toda su violencia unos cuarenta eños después, bajo el pontificado de San Pío X.
El concilio Vaticano I, aunque se interrumpió a causa de la invasión de Roma por parte de las fuerzas saboyanas (1870), contuvo durante algún tiempo esta crecida de errores mediante la doctrina definida sobre las relaciones entre la fe y la razón, la fe como virtud teologal infusa, la infabilidad del magisterio pontificio y el primado  de jurisdicción del romano pontífice. Las primeras escaramuzas con el modernismo se verificaron en Francia, después de Ernest Renán (+1892) y con Alfred Loisy (+1940), quien ya había sido apartado de la enseñanza en 1893, bajo León XIII. Loisy proponía como criterios fundamentales para interpretar las Sagradas Escrituras, la historia comparada de las religiones, el examen filológico “mondo y lirondo” del texto sagrado y la arqueología bíblica.
León XIII procuró remediar tales desviaciones con la encíclica Providentissimus (1893), pues, caso de triunfar, habrían reducido la exégesis a mero análisis filológico, y el libro sagrado, a un libro humano cualquiera. El papa Pecci instituyó asimismo, en 1902, la Pontificia Comisión Bíblica para hacer frente a la orientación racionalista que estaba tomando la exégesis católica. No obstante ello, Loisy siguió  ”modernizando”, y el modernismo arraigó también en Inglaterra con Tyrrell (+1909) y en Italia con Murri (+1944), Buonaiuti (+1946) y Fogazzaro (+1911).

El grito general de la naturaleza; el consentimiento unánime de todos los pueblos, la facultad de pensar que nos distingue de los brutos y nos hace superiores a cuanto nos rodea; la creencia general de que la virtud tiene que ser recompensada y castigado el vicio (…) el vacío inmenso que dejan en el corazón humano las cosas de la tierra; la filosofía, la fe, el sentimiento íntimo, todo nos dice y asegura que nuestra alma es inmortal, que hay otra vida.
Monseñor Ezequiel Moreno y Díaz

EL DIQUE DE SAN PÍO X Y SU DESMANTELAMIENTO


Le tocó a San Pío X afrontar la herejía modernista, que ya emergía con claridad, y lo hizo ante todo con el decreto Lamentabili (3 de julio de 1907, Denzinger B., nn 2001-2065), que compendiaba en 65 artículos los nuevos errores, y luego  con la encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907). Con todo, el Papa debió intervenir nuevamente muy pronto, mediante el motu proprio Præstantia Scripturæ (18 de noviembre de 1907), pero esta vez contra las alteraciones que se intentaba hacer sufrir el decreto Lamentabili y a la encíclica Pascendi. Fulminó la excomunión contra quien los contradijera, y declaró que los contumaces u obstinados en los errores modernistas eran culpables de herejía puesto que el modernismo atentaba contra los fundamentos de la fe (Denzinger B., nn. 2114). Por último, remitiéndose a los dos documentos susodichos, publicó la fórmula del juramento antimodernista con el motu proprio Sacrorum Antistitum (1 de septiembre de 1910), para evitar que ambos textos doctrinales se quedaran en la letra muerta y no se aplicasen en la práctica.
Este juramento resumía los puntos principales de la doctrina católica y los errores modernistas que se le oponían. Los modernistas entonces se quitaron la máscara publicando un documento anónimo titulado Programma dei modernisti (Turín, noviembre de 1907), cuya idea esencial era la que mediaba una oposición irreductible entre la tradición eclesiástica y la filosofía moderna, que debía resolverse en provecho absoluto de ésta última.
San Pío X siguió construyendo el “dique contra los errores modernos” que había empezado a edificar Pío IX con el Sílabo (8 de diciembre de 1864) y que acabó Pío XII con la Humani generis (12 de agosto de 1950), la cual condenaba a la “neoteología” o neomodernismo. Por desdicha, tal dique de contención lo abrió después Juan XXIII, quien rehabilitó a todos los neomodernistas que Pío XII había condenado apenas diez años antes. La puesta al día y el diálogo con el mundo moderno fueron las preocupaciones “pastorales” principales del papa Roncalli, a quien siguió en esto Pablo VI, que concluyó la obra iniciada por su predecesor, es decir, el desmantelamiento del dique de contención que se había erigido contra los errores modernos y postmodernos.

“UNA EXPOSICIÓN MAGISTRAL Y UNA CRÍTICA MAGNÍFICA”


El modernismo procuró siempre esconderse, no aparecer, quedarse en la indeterminación para no ser condenado y poder transformar a la Iglesia ab intrínseco, desde dentro, llegando hasta la cumbre. San Pío X, sin embargo, sobre todo con la Pascendi, expone la doctrina modernista de una manera concisa y sistemática, con un dominio impresionante de la terminología y de la técnica de los adversarios (incluso de la oculta). El valor de esta encíclica lo reconocieron hasta filósofos inmanentistas como Giovanni Gentile, que la definió como “una exposición magistral y una crítica magnífica”. 
La encíclica consta de dos partes: la primera es doctrinal, y la segunda, rica en instrucciones disciplinares contra los modernistas, ya que sin modernistas no habría modernismo, y para combatir a este último es menester debelar los primeros (actiones sunt suppositorum). “Condenar el error pero amar al que yerra en cuanto tal” es una aberración semejante a la de los católicos liberales, “que adoran a Dios y respetan a Satanás”. (Pío X). Al que yerra se le ha de amar cuanto hombre capaz de conversión y de abjuración del error, nunca en cuanto a extraviado, porque de lo contrario, se amaría también su extravío.
La primera parte de la Pascendi, la doctrinal, se divide en tres puntos, en los cuales se analizan las principales etapas del modernismo.

PRIMER PUNTO: EL “FILÓSOFO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El subjetivismo y el relativismo individual y absoluto.
b) Segunda etapa: El sentimentalismo religioso de cada cual como criterio único para interpretar el significado del dogma.
c) Tercera etapa: La evolución intrínseca e ilimitada del dogma, leído a la luz de la emoción religiosa subjetiva. La consecuencia es la desfiguración de la religión católica, que se interpreta a la luz de una exaltación subjetiva y de un inmanentismo teórico radical.

SEGUNDO PUNTO: EL “CREYENTE” MODERNISTA

a) Primera etapa: El fiel se desvincula de toda objetividad y de toda autoridad extrínsica a él.
b) Segunda etapa: El fiel cae por eso en el subjetivismo, en el agnosticismo o nihilismo teológico, por lo cual toda religión depende de la conciencia subjetiva del creyente.
c) Tercera etapa: El inmanentismo, vivido por el creyente tal y como había sido teorizado por el filósofo.

TERCER PUNTO: EL “TEÓLOGO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El teólogo aplica a las formas dogmáticas el inmanentismo teorizado por el filósofo y vivido por el creyente, las cuales se transforman así en “símbolos” y “aproximaciones” de la conciencia subjetiva del hombre, junto con la que se mudan continuamente.
b) Segunda etapa: También la Iglesia, los sacramentos y las Sagradas Escrituras son puros símbolos de la conciencia colectiva de los hombres y caminan con ella.
c) Tercera etapa: Atañe a las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la óptica de la separación absoluta.
Salta a la vista que el modernismo demuele a la religión católica en su totalidad, no sólo en algunos de sus dogmas; de ahí que San Pío X lo calificara de “compendio de todas las herejías”. En efecto, sustituye el magisterio eclesiástico por la opinión  o el arbitrio subjetivo, por lo que del agnosticismo teológico se pasa al ateísmo, o directamente al nihilismo religioso (“La teología de la muerte de Dios”), con la consiguiente abolición de toda religión positiva, en especial, de la única y verdadera religión revelada, la católica-romana. Todo sazonado, como explica el padre Fabro, con un “extraño batiburillo de aspiraciones sospechosas, que valiéndose de un barniz pseudomístico (…) pretendían sostener, como lo hizo Murri en Italia, la política de la democracia moderna, que había de reemplazar la acción de la Iglesia”. Es lo que hizo luego la democracia cristiana desde de Gasperi en adelante.
La gravedad del modernismo estriba en el hecho de que procura transformar la Iglesia desde dentro y, secretamente, a la “chita callando”, transformar la noción misma de religión, de fe, de dogma y de verdad objetiva mediante el inmanentismo, que es al ama de la filosofía moderna (que va desde Descartes hasta Hegel). El padre Fabro pone de relieve que, con vistas a alcanzar tal fin, los modernistas rara vez expresan sus principios claramente y de manera sistemática, para poder así pasar inadvertidos y no ser condenados. Prefieren el método historicista al teórico, pero, por lo demás, el primero no deja de estar atiborrado de subjetivismo y relativismo; de ahí que, entre el teórico Rahner y el historicista Ratzinger, el más intrínsecamente modernista sea el segundo aunque parezca mas conservador (se podría decir parafraseando a Lenin, que “el extremismo es la enfermedad infantil del modernismo”). Fruto de tal subjetivación de la fe es la transformación de la religión cristiana y su “transubstanciación” en una vaga religiosidad inmanentista antropocéntrica y antropolátrica, que reduce toda realidad a instinto subjetivo, como la pseudorreforma luterana. El padre Fabro parangona el modernismo, y con razón, al gnosticismo del siglo II, porque ambos tienen en común la pretensión de encerrar en un principio el conocimiento o “gnosis” subjetiva y mistérica de la verdad natural y sobrenatural, de lo que se sigue la relatividad de todas las fórmulas dogmáticas y la unidad trascendente de todas las religiones.
El padre Fabro nos enseña asimismo que el peligro del modernismo, así como del esoterismo, estriba en su ductilidad, esto es, en su indefinibilidad, la cual pretende esquivar toda calificación precisa y determinada tanto en filosofía como en teología, por lo que se mantiene en lo vago, “mítico”, o poético.
Se pretende hacer pasar la “gnosis” de marras por un conocimiento íntimo, privado, secreto, por cuya virtud el hombre se autodiviniza. Tamaño inmanentismo rechaza la trascendencia, a despecho de su pretensión de no ser sólo “inmanencia” y de conciliar teocentrismo y antropocentrismo, visto que, en realidad, disuelve al hombre en Dios y deviene panteísmo o pancristismo teilhardiano. Se lee a este propósito lo siguiente en el Programa de los modernistas (Turín, 2- edición, 1911, p. 101): “el inmanentismo no es ese error grosero que la encíclica Pascendi quiere hacer creer”. Por desgracia, Juan Pablo II también afirmó algo parecido en su segunda encíclica, de 1980, Dives in misericordia (nº 1):
“Mientras que las diferentes corrientes del pensamiento humano del pasado y del presente fueron y siguen siendo proclives a separar el teocentrismo y el antropocentrismo y aun en contraponerlos, la Iglesia, en cambio, procura casarlos de una manera orgánica y profunda. Éste es uno de los puntos fundamentales, acaso el más importante, del magisterio del pasado concilio”.
El Programa de los modernistas decía también (21ª edición, pág. 127) que no rechazaba ni la Sagrada Escritura ni la Tradición, sino sólo su interpretación (o “hermenéutica”) escolástica y, sobre todo, tomista, que, en su opinión, había sido superada por el subjetivismo de la filosofía moderna. Por eso se está en sintonía plena con el Programa de los modernistas cuando se afirma, sin probar, la “hermenéutica de la continuidad”. Importa trancribir, a éste propósito, las siguientes palabras del padre Fabro (ibi, col. 1195):
“De nada sirven las protestas de aceptación íntegra de la doctrina católica que profieren algunos modernistas, ya que el modernismo introdujo, con el “principio de la inmenencia vital”, un veneno corrosivo no sólo de la esencia de la fe y de sus verdades, sino también del valor objetivo de cualquier verdad absoluta, ya se trate de una verdad de hecho o de razón, y volvió al principio de Protágoras según el cual “el hombre es la medida de todas las cosas”.
El modernismo, además, rechazó el sano realismo greco-cristiano del conocimiento, la distinción entre el orden natural y el sobrenatural, el valor lógico y ontológico de los principios primeros, evidentes de suyo, y, con ellos, la sana lógica y toda metafísica. (C. Fabro, ibi. col. 1195)
No obstante todo ello, hemos de concluir con el p. Fabro que “el modernismo, si bien deriva del subjetivismo del pensamiento moderno, con todo, no presenta ninguna consistencia teórica porque no se compromete a fondo ni lo pretende con ningún sistema o filosofía determinada, de manera que se reduce a un fenómeno de “contaminación teórica” y de concordismo superficial” (ibi).

   
Fuente: 
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/20/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-ia-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/22/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-2a-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/29/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-3a-parte/

miércoles, 7 de diciembre de 2011

RESEÑA DE "EL MODERNISMO", NUEVO LIBRO DEL P. ALFREDO SÁENZ


La siguiente es una reseña del libro "El Modernismo", Tomo XI de la colección "La Nave y las Tempestades" del P. Alfredo Sáenz SJ:
La crisis modernista de comienzos del siglo XX es una de las tempestades de la historia que han sacudido más violentamente a la Nave. El modernismo es menos un sistema definido que una nueva cosmovisión, que busca adaptar las verdades católicas al espíritu del "mundo moderno", mundo éste que se amamanta en el ideario de la Revolución francesa. En el presente libro se analiza la historia de esta herejía -o reunión de herejías", como la calificó San Pío X- para luego resumir sus principales asertos y presentar las figuras de sus propugnadores más relevantes.
San Pío X entendió que había que salirle al paso. Porque si bien es cierto, según él mismo lo señala en la encíclica Pascendi, que en todas las épocas se ha requerido la vigilancia del Pastor supremo, "lo que sobre todo urge de Nos que rompamos sin dilaciones el silencio, es la circunstancia de que al presente no es menester ya ir a buscar a los fabricantes de errores entre los enemigos declarados; se ocultan, y esto es precisamente objeto de grandísima ansiedad y angustia, en el seno mismo y dentro del corazón de la Iglesia. Son, seguramente, enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijera que ésta no los ha tenido peores, porque traman la ruina de la Iglesia no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conoce a la Iglesia".
La crisis modernista no ha terminado. Se continuó en la llamada nouvelle théologie y ahora en el progresismo católico. De ahí la actualidad acuciante del presente libro.