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viernes, 28 de agosto de 2015

ADIVINANZAS...



Adivinanzas del día: 
Lean las citas siguientes e intenten adivinar a cual de los autores mencionados pertenecen...


I. Me pregunto con Ustedes educadores: ¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda, no desentenderse de lo que pasa alrededor? ¿Son capaces de estimularlos a eso? Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula. ¿Cómo entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, sus interrogantes, sus cuestionamientos? ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano? El diálogo, esa palabra puente, esa palabra que crea puentes.


1. Jean-Jacques Rousseau.
2. Emmanuel Kant
3. Papa Francisco

II. La evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí; eso creemos y gritamos. «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”. El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás. De ahí, la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles, ¡luchar por la inclusión a todos los niveles!

1. Martin Luther King
2. Leonardo Boff
3. Papa Francisco

III. La migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que constituyen una amenaza a la convivencia social. Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión, abrir espacios de diálogo, espacios de encuentro y así dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades. La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, creando empleo, con un crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas macroeconómicas, crear un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien cohesionado.

1. Gustavo Gutiérrez
2. Adolfo Pérez Esquivel
3. Papa Francisco

IV. ¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido, si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador, que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío, cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para sus problemas? Pueden hacer mucho. Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas.

1. Milagro Sala

2. Dom Helder Cámara

3. Papa Francisco

V. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad. No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente.  Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo.

1. Ban Ki-Moon
2. El Dalai Lama
3. Papa Francisco

VI. Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

1. Paulo Coelho

2. Pierre Teilhard de Chardin

3. Papa Francisco

VII. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

1. Pío XI
2. San Pío X
3. Papa Francisco
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-scuola-universita.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2015/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-omelia-bicentenario.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-societa-civile.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150709_bolivia-movimenti-popolari.html

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_11121925_quas-primas.html  

viernes, 14 de marzo de 2014

A UN AÑO DEL PONTIFICADO DE FRANCISCO


Por Antonio Caponnetto

 

Amigos:

En el número 107 de Cabildo (enero-febrero 2014) publiqué la presente nota. Bastante más ampliada y retocada la hago circular ahora por este medio, con la esperanza de que pueda prestar algún servicio.

 

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            El próximo 19 de marzo, Festividad de San José, se cumple un año de la asunción pontificia del Cardenal Bergoglio.

 

            Otros estarán capacitados para hacer un balance exhaustivo, completo y erudito. Lo esperamos con necesidad espiritual. Otros no querrán hacerlo, limitándose a un aséptico encogimiento de hombros, a una aprobación irrestricta y apriori de carácter papolátrico o a una condena en bloque de todos sus dichos y quehaceres; y otros –me temo que los más- se desvivirán en panegíricos de burdo tinte mundano, como ya viene sucediendo para desconcierto de la católica grey, pues tales encomios gozan del beneplácito del homenajeado, o al menos de su tácita aquiescencia. Lo que no resulta aconsejable para ninguna práctica de la tan declamada humildad.

 

            De mi parte –y hablo deliberadamente en primera persona, pues no quiero involucrar a nadie en este juicio- debo decir, con genuino dolor de súbdito, que lo que he podido analizar objetivamente hasta hoy confirma y potencia cuanto escribí en su momento en mi obra La Iglesia traicionada, editada en el año 2010.

 

            En efecto, el Cardenal Bergoglio, devenido ya en el Pontífice Francisco, es un hombre que conspira contra la Verdad. Y lo hace de los cuatro modos posibles más comunes: por vía de la mentira, del error, de la confusión y de la ignorancia.

 

            Como los ejemplos se multiplican, para nuestra hiriente desazón y pesadumbre impar, sólo pondremos un caso: su tratamiento de la cuestión judía. Y como este tratamiento tiene  su vez un sinfín de facetas –desde dedicarles públicas ternezas a los hebreos que a otros católicos se les niega, hasta permitirles sus ritos cultuales en el Vaticano, acompañando activamente los mismos; desde remitirles misivas con un afecto no simétrico hacia los descalificados por “cristianos restauracionistas”, hasta felicitarlos por sus fiestas, aunque ellas supongan la virtual negación de Cristo como Mesías- nos limitaremos a lo enseñado en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium; esto es, a una expresión formal, institucional y oficial de su magisterio petrino.

 

            -Es mentira que la Alianza entre Dios y el pueblo judío “jamás ha sido revocada” (Evangelii Gaudium, 247). Se prueba de muchas y complementarias formas –yendo a los Padres, a los Doctores, a los Santos, a las encíclicas, los concilios, las bulas, los textos litúrgicos, a Tomás de Aquino y al Catecismo de primeras nociones- pero está dicho en la Sagrada Escritura, sin posibilidades de equívoco. De modo expreso, por ejemplo en Hebreos 8,6-9: “porque ellos no permanecieron fieles a mi alianza, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor”. “Mirad, días vendrán, dice el Señor, en que concluiré una alianza nueva con la Casa de Israel y con la Casa de Judá, no conforme a la alianza que concerté con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto” (Jeremías, 31, 31-34). Y de modo no menos expreso, pero con lenguaje simbólico, queda probado en la Parábola de la Higuera Estéril o de Los viñadores Homicidas.

 

            No; es exactamente al revés: la Alianza fue revocada; lo que no quiere decir –como bien lo explica el Apóstol- que la misericordia de Dios no pueda reinjertar a los israelitas contritos, conversos y vueltos humildemente hacia el Autor de la Vida que “matásteis”(Hechos 3,13-15) y al Señor de la Gloria que “crucificásteis” (I Cor.2,8).Se supone que para eso estábamos hasta hoy, entre otras cosas, los católicos, para procurar la conversión de los judíos, no para mantenerlos en sus idolatrías, agasajándolos con comida kosher.

 

            -Es error sostener que “creemos juntos [católicos y judíos] en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos [los judíos]la común Palabra revelada” (Evangelii Gaudium,247).

 

            El único Dios que actúa en la historia es Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Ni un catecúmeno de parroquia barrial puede desconocer que los judíos no creen en la Santa Trinidad, ni en Jesucristo como verdadero Dios Hijo del Padre. Y no pueden creerlo, precisamente porque rechazan una parte sustancial de la “Palabra revelada” que es el Nuevo Testamento. La “común Palabra revelada” que podríamos tener, si por ella se alude al universo veterotestamentario, está toda ordenada, encaminada y dirigida a la aceptación de Cristo, como desde siempre enseñó el Magisterio. Luego, al negar los judíos su natural y sobrenatural coronación y desenlace, deja de ser un patrimonio “común”. Por el contrario, se convierte en crucial y dramática divisoria de aguas.

 

            -Es confusión afirmar que “si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo”, igual podemos “compartir muchas convicciones éticas y la común preocupación por la justicia y el desarrollo de los pueblos” (Evangelii Gaudium, 249). La confusión es presentar “las convicciones cristianas” con un cierto aire de lamento o de reproche hacia las mismas, por no permitir una comunión más plena y totalizadora con los israelitas. La confusión es partir de la base de que “las inaceptables” para el Judaísmo, son “algunas” de nuestras “conviciones”, y no las formulaciones dogmáticas del Credo, empezando por la que dice: “Et in Iesum Christum, filium eius unicum, Dominum Nostrum”. La confusión es pensar que “la común preocupación por la justicia” se puede mantener en pie si el Verdadero Dios no es la fuente y la razón de la Justicia; si las “convicciones éticas” no remiten del ethos al nomos y al logos divinos de Jesucristo. La confusión es hablar del “desarrollo de los pueblos” como supuesto factor de unidad, cuando no es ni puede ser el mismo el concepto de desarrollo popular para quien niega o acepta la Reyecía Social de Jesucristo. La confusión es pensar que podemos obrar en común en acciones inmanentes y temporales, cuando nos separan tajantes e irrevocables diferencias trascendentes e intemporales. La confusión, en suma, es no querer advertir ni manifestar que esas obstaculizantes convicciones no son materia opinable. Han sido pagadas al altísimo precio de la sangre derramada en el Calvario. Efusión en la cual, los judíos, cumplieron y cumplen el trágico protagonismo de verdugos.

 

            -Es ignorancia “lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto [los judíos], particularmente aquellas que involucran o involucraron a cristianos (Evangelii Gaudium, 248). Es ignorancia de los innúmeros fraudes con que han enmascarado y enmascaran esas presuntas persecuciones. Es ignorancia de la peligrosa teología dogmática hebrea sobre el holocausto, que destrona a Cristo como víctima para colocarlo como victimario. Es ignorancia del carácter teórico y práctico de persecutores activos que han ejercido los hebreos contra los cristianos, y que aún hasta hoy siguen ejerciendo. Es ignorancia del historial de crímenes y de latrocinios mediante los cuales Israel se constituyó en Poder Mundial. Es ignorancia de las Actas de los Mártires, de los Hechos de los Apóstoles y del santoral pasado y presente que incluye un sinfín de víctimas de la vesania judía. Es ignorancia incluso de que la plana mayor del judaísmo “argentino”, recibida cordialísimamente por el Papa, no sólo representa las antípodas de un supuesto ideal de Iglesia de los pobres, puesto que sus miembros constituyen una voraz oligarquía, persecutora y expoliadora de los que menos tienen, sino que es responsable ineludible de un sinfín de ataques y de vejámenes a las instituciones y tradiciones cristianas de la patria. ¡Cuánto habría que decir al respecto!¡Y cuánto de lo sucedido recientemente por culpa y causa de ellos! ¡Qué cantidad de imperdonables olvidos comete Francisco frente a estos personajes siniestros, al sentarlos a su mesa sin pedirles el más mínimo acto de contrición por la larga lista de iniquidades perpetradas!

 

            Mentira, error, confusión e ignorancia. Se analice el tema que se analizare, tras un año de pontificado, estas son las cuatro y trágicas notas dominantes que aparecen. Quede en claro que hemos tomado apenas un ejemplo representativo. Tomar el conjunto demandaría mucho más que esta nota. No nos place ser cronistas de la apostasía; quisiéramos acaso merecer el anhelo de ser testigos de la Verdad.

 

 

Respuestas rápidas a preguntas difíciles

 

            ¿Quiere decirse con lo antedicho que no hubo nada bueno durante este año de Pontificado?

           

            Cuanto de bueno se hizo o se pudo haber dicho no lo ignoramos ni nos cerramos a que se nos lo haga notar. Mucho menos juzgamos intenciones, y en absoluto es éste un juicio al Papado o ad personam. El que no quiera entender la diferencia es, redondamente, un necio. Sólo vemos con dolor y preocupación la prevalencia de las funestas notas características ya enunciadas. Prevalencia recurrente, dañina y generalizada. A la par que “lo bueno” ejecutado es lo que obviamente se supone que, como mínimo, debe manifestar un Pontífice o cualquier bautizado fiel. De todos modos, en buena hora puedan señalarse bondades; y no nos las quite el Señor. Antes bien las incremente.

 

            ¿Basta esta constatación real o potencial de lo bueno para tranquilizar las conciencias?

 

             Conformarse cada vez con menos es el principio del pecado de la tibieza, según Santo Tomás. Mala cosa si hemos llegado al punto de darnos por satisfecho porque el Papa aún sigue rezando el rosario. Mala cosa si, en virtud de este conformismo absurdo, seguimos callando lo que indefectiblemente ha de ser dicho. Mala y pésima cosa si seguimos forzando la hermenéutica de la continuidad, allí donde se manifieste la alevosa, culpable y patética ruptura. Si hay algo que ya no se soporta es el malabarismo de aquellos que  –a veces con santo afán, otras con irresponsable torpeza- siguen haciendo de cuenta que todo cuanto acontece en Roma es normal y corriente. Como si el anuncio del Anticristo y de sus fieras propedéuticas fuera un cuento de los hermanos Grimm. Tampoco se soporta la irresponsabilidad de los otros que ven al mismísimo demonio tras absolutamente todos y cualesquiera de los detalles de cuanto acontece hoy en el Vaticano. Que haya entrado el humo de Satán y que no se haya declarado su expulsión ni constatado su retirada, es una cosa. Y gravísima, por decir lo menos. Pero de allí tampoco se sigue que hay un diablo escondido tras cada pliego de los cortinados curiales.

 

            ¿Pero algunos o todos estos extravíos señalados no vienen de lejos, o de las últimas décadas, y aún del pontificado de Benedicto XVI?

 

            Por cierto que sí. Lamentablemente así son las cosas; aunque lo legítimo sería matizar juicios y lo prudente graduar responsabilidades con sumo cuidado. Mas en este año transcurrido los tales extravíos se han exacerbado, radicalizado y popularizado, y han gozado de la horrorosa pleitesía y de los aplausos del mundo y de la Jerarquía Eclesiástica como nunca antes. De allí la perentoriedad e inevitabilidad de referirnos al tema, con tono imprecatorio y urgido. Por eso, es cierto, no es ésta la primera vez que hablamos; y es de temer que no podrá ser la última.

 

             ¿Nosotros somos la derecha yanki que acusa al Papa de comunista?

           

            No; que no se nos confunda con liberales asustados ni con modernistas prudentosos, ni con conservadores escandalizados, ni con arqueologistas de la Fe o neoconservadores de sus prebendas. Ojalá el Papa hablara más y mejor sobre las verdaderas raíces teológicas y los auténticos responsables del Imperialismo Internacional del Dinero, al que supo referirse Pío XI. Ojalá se diera cuenta de que su denostada usura la practican aquellos a los que sienta a su mesa, kipá insolente en ristre. Ojalá tumbara con el cayado firme en la diestra a tantos calvinistas santones encerrados en prelaturas y a tantos fabricantes de vocaciones que terminan siendo mercaderes de conciencias y de patrimonios.

 

            Pero la verdad es que, al menos y en principio, desde una perspectiva católico-argentina (legítima perspectiva, porque Francisco no es un ser desgajado de nacionalidad y hace lo posible para que se note), el Papa obra como lo que se conoce técnicamente “un compañero de ruta” del Comunismo. Basta leer la obra de Nello Scavo, La lista de Bergoglio. O de considerar la actitud conciliadora y amable que tiene para con la tiranía marxista de los Kirchner, cada vez más culpable de corrupciones múltiples y de idelogismos castristas. Su conducta en este ámbito, como en otros análogos, puede ser calificada de escandalosa, a fuer de oportunista, de contemporizadora con lo políticamente correcto y de tolerante frente a descarados agentes del gramscismo. No hay representante destacado de las izquierdas nativas o internacionales que no haya encontrado un interlocutor válido y un hospitalario anfitrión en Francisco. Y hasta no hay degenerado multimediático o estulto futbolero que no haya sido acogido en su regazo. Los réprobos parecen ser quienes queremos estar en las antípodas, o a quienes él juzga como tales. Hasta ridiculizaciones o desaires públicos les ha aplicado en ocasiones, faltando a la mentada misericordia.

 

            ¿Hay antecedentes de pontífices tan mal encaminados?

 

            Unos cuantos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Quien estudie, por ejemplo, el llamado Siglo de Hierro, difícilmente entenderá cómo la Barca sobrevivió a tamaños desafueros. ¿Pero no eran sólo desarreglos morales el de aquellos Papas, dejando a salvo la integridad doctrinal? No necesariamente fue así. Varios de esos pontífices que consumaron acciones malas, las hacían porque primero había en ellos una traición a la doctrina católica. Erraron en sus actos porque traicionaron enseñanzas, definiciones, doctrinas y principios de la Iglesia. Incluso principios ortodoxos por ellos mismos definidos. El Magisterio quedó comprometido, la Fe lastimada. Y hasta sucedió en ocasiones lo predicho por Nuestro Señor: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mt. 26,31). ¿Esto no es mal de muchos, consuelo de zonzos? No; esto es tomar a la historia como maestra de vida, a la esperanza como guía insustituible; y es no olvidarse de dos promesas del Señor. Una, que rezaría por Pedro para que no desfalleciera su Fe. Otra, que las fuerzas del infierno no prevalecerán. Creemos firmísimamente en ambas promesas de Jesucristo.

 

            ¿Francisco responde a un plan para destruir a la Iglesia?

 

            No puede extrañar que haya más de un plan atentatorio contra la Esposa de Cristo. Se conocen unos cuantos a lo largo de la historia y del presente, y rechazar su existencia por el sólo prurito anti-conspirativista sería tan desacertado como ver un complot en cada solapa tenuemente levantada.

 

            Hay al respecto un hecho que llama la atención. Tiene su fuente precisa y pública de documentación. El artículo The word from Rome, de John Allen Jr., aparecido en The National Catholic Reporter, el 21 de enero de 2005.

                       
             Sucedió que uno de los más encumbrados rabinos de Israel, Joseph Ehrenkranz, tuvo a su cargo la co-organización de un encuentro judeo-católico, que se llevó a cabo en Roma primero, con la anuencia y la bendición presencial de Juan Pablo II, y en Auschwitz después, con la comitiva  orando y comiendo en común. Los obispos católicos asignados al suceso estaban presididos por el Cardenal Keeler, de Baltimore y el Arzobispo Timothy Dolan, de Milwaukee. Vuelta la singular entente judeo-católica a Roma, fue recibida y agasajada por la Comunidad de San Egidio. Allí entonces, y a modo de epítome del extraño tour, tomó la palabra el susodicho Ehrenkranz, y dijo: a) que sería difícil  mantener esta unión judeo-católica tras la muerte de Juan Pablo II, pues habría que hallar a alguien  "con su misma sensibilidad" al respecto; b) que la hipótesis de un futuro Papa latinoamericano dificultaría algo más el proyecto, pues los latinoamericanos están menos experimentados en esto diálogos; c) que "una excepción, sin embargo, sería el Cardenal Jorge Bergoglio, el Cardenal jesuita de Buenos Aires" (sic).

             La conclusión parece obvia. Ocho años antes de que el Cónclave lo eligiera Papa, el Kahal ya había puesto sus esperanzas en él. Y dos cosas tristes no deberían dejar de decirse aquí: que el Kahal no ha sido nunca ajeno a los planes contra la Iglesia; y que, a juzgar por las evidencias diarias, los altos mandos judíos y masones están conformes con la gestión del Papa Francisco. Al menos hasta este primer aniversario de su nombramiento.

 

            ¿Se puede decir que Francisco es un hereje? San Pío X, en la pregunta 229 de su Catecismo Mayor, nos dice que el hereje es el que niega "las definiciones ex catedra del Papa", o el que "rehúsa con pertinacia creer alguna verdad revelada por Dios y enseñada como de Fe por la Iglesia, por ejemplo los arrianos, los nestorianos y las varias sectas protestantes". Según esta definición, Francisco no  ha negado hasta ahora una definición ex catedra, como la Asunción de María  a los Cielos, ni alguno de los 14 artículos del Credo, como la creencia en la resurrección de la carne, ni alguna verdad revelada como el misterio de la Trinidad. Ergo, llamémoslo con palabras duras y veraces, pero en principio no estaría imposibilitado de ser Papa por ser hereje, según la tradicional doctrina católica.

            Es cierto no obstante que el Cardenal Bergoglio, en tanto tal, arrastra un triste historial de promoción de heterodoxias y de sincretismos desconcertantes cuanto funestos, y que el festival babilónico de la inter-religiosidad lo ha tenido como partícipe activo. Y es cierto que también dice San Pío X (Pregunta 177 de su Catecismo Mayor) que "los que rechazan las definiciones de la Iglesia, pierden la Fe y se hacen herejes". Con lo que no resultaría impropio llamarlo a Francisco heretizante y sujeto en tan delicado terreno a rodar cuesta abajo, hacia una pendiente aún más escabrosa. No lo permita Dios, y oremos devotamente por ello, pero tómese cabal conciencia de la delicada situación que vivimos al tener a un hombre con estos atributos en la Sede de Pedro.

            La Sede, entonces, estaría privada de un Papa sabio, ortodoxo, defensor de la integridad de la Fe y de la recta y segura doctrina católica, apostólica y romana. También de un Papa con talante señorial y jerárquico, pero ese es otro tema. Es demasiado lo predicho como para permanecer mudo o indiferente. Es demasiado como para no dar, filial y amorosamente, la voz de alarma. Es demasiado como para no irrumpir en llanto. Y por si nadie lo ha advertido, de eso se trata: de la inefable tristeza que expresara el Dante con su famoso verso: “¡oh navecilla mía, que mal cargas!”.  “Cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas” (Lc. 21,28). Procuramos tomar este consejo del Señor y cumplirlo; pero al levantar la cabeza no se nos pida que la mirada no esté nublada por el llanto. Somos peregrinos esperanzados, no titanes insensatamente triunfalistas.

            ¿Cabe una lectura parusíaca de cuanto ocurre?

             Creemos firmemente que sí, y lo hemos escrito en ocasiones. Aunque pocos al respecto más entonados que Federico Mihura Seeber para dilucidar estos aspectos. La posibilidad de estar viviendo en la Iglesia de Laodicea no es un despropósito. La posibilidad de la presencia del Anticristo entre nosotros, y de sus anunciantes, servidores o preparadores del terreno, aún entre los primeros dignatarios eclesiásticos o empezando por ellos, tampoco. Decir tales cosas no es ser pesimista ni aguafiestas (a no ser que echemos agua a la fiesta del mundo, en cuyo caso estaríamos cumpliendo con nuestro deber). Muchísimas veces recordamos con Castellani que el Apocalipsis no es una novela de terror sino un libro de Esperanza. Es hora de poner en práctica este dictus castellaniano.

Epílogo galeato

            Recuerdo, a modo de cierre, que esta es una nota periodística escrita a título personal. No es el dictamen de una Junta de Teólogos ni el motu proprio de una Sagrada Congregación, sino la opinión  de un laico católico, perplejo y dolorido por cuanto ocurre. Si falla mi juicio y con razones se me enmienda, los argumentos rectificatorios no me hallarán indócil. Pero no discutiré más con papólatras obtusos, ni con los defensores de lo indefendible, ni con los que dan lecciones de “extremo coraje” o “suprema coherencia” amparados en el anonimato, ni con chiquilines o maduros que no entienden ni atienden. Si más no digo en mis exposiciones sobre estos temas, no es porque me paralice alguna debilidad, de las tantas que humanamente pueden quebrarme. Es, sencillamente, porque sólo sostengo aquello de lo que me cabe el más seguro convencimiento posible, intelectual y moral.

            A mí –de carne y hueso, de nombre y apellido, de cara públicamente expuesta- me persiguen los obispos putoides, el curerío felón y las sedes episcopales capturadas por inauditos malandras. A mí, supuesto línea media según los paladines del inquieto mouse, me guillotinan los libros para que no circulen (hablo sin metáforas), me cierran las parroquias para que no disponga de ámbitos católicos desde los cuales expresarme, y hasta me llegan amenazas larvadas de excomuniones diocesanas. No obstante, temo más a convertirme en un perro mudo que a la jauría eclesial, cebada hoy y dispuesta a las peores mordeduras.

            Aconsejo rezar piadosamente por el Papa. Rezar hasta el alba y rezar durante el día entero. Pedir por la rectitud de sus intenciones y de sus resoluciones. Conservar la cabeza sobre los hombros, sin ceder a las tentaciones de los que se han fabricado una eclesiología propia. Priorizar la vida contemplativa. Participar de la belleza litúrgica. Implorar al Cielo un cambio de rumbo. Aceptar la voluntad de Dios si nos ha tocado enfrentar un tiempo de apostasía. Gritar entonces desde los tejados todo lo que corresponda para salvar el honor de la verdad, hoy conculcada y vilipendiada. Cumplir con las obras de misericordia, para que no pueda acusársenos de desoír la voz de quien con todo derecho nos lo pide. Perder el miedo a ser tomado de desobediente o de alarmista. Y sobre todo, no dejarse vencer por la mentira, el error, la ignorancia y la confusión.

            Permítaseme elevar, una vez más, como lo hice un año atrás, ante la extraña dimisión de Benedicto XVI, esta

Oración a San Pedro

 Ecclesia mergi non potest

                                                                                     San Agustín, Sermón 252


Tenías puesto un mote pero te fue cambiado,
ya no el Simón hebreo: quien oye y obedece,
las manos que religan los nombres y el destino,
te bautizaron roca, la que no se estremece.

Tenías por la sangre un firme apelativo,
aquel que de Jonás se origina y procede
pero quien iba a darte el pábilo y la lumbre
te dio por nombradía la piedra que no cede.

Tenías una patria, en la agreste Betsaida
conminada a la pena de cilicio y ceniza,
pero un nuevo linaje te darían en Roma,
el gallo por escudo, las llaves por divisa.

Tenías un oficio en playas galileas
donde redes y peces se batían en lucha,
pero te fue quitado, y otra barca sin anclas
desde entonces tus voces obedece y escucha.

Tenías una espada que equivocó el momento
de talar enemigos o imponer la justicia,
te alistaron en cambio ejércitos perennes,
la invisible victoria de la aérea milicia.

Tenías una vida de nauta sin borrascas
-las orillas seguras, el velamen riente-
pero te fue exigido navegar mar adentro
y enfrentar al que brama como león rugiente.

Tenías una muerte previsible, serena,
tal vez en una noche de musical adagio,
te pidieron la sangre clavado a la madera,
Orígenes lo cuenta, lo pintó Caravaggio.

Tenías la exigencia del amor navegante
seguro en la cubierta, casi un gesto cobarde,
te volvieron testigo del Amor abrasado,
un amor que tres veces te examina en la tarde.

Nombre, patria u oficio; espada, vida y muerte,
la calma de la arena o la sombra de un cedro,
la juventud viajera, la vejez peregrina,
desde que fuiste Suyo, nada fue tuyo, Pedro.

Danos en esta hora de vigilia y quebranto
la esperanza de un puerto, el frescor del olivo,
sotérrense las puertas del infierno y se escuche:
¡Señor, tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo!

)

lunes, 18 de noviembre de 2013

EDUARDO AMADEO, LOS "NAZIS POR REZAR EL ROSARIO", Y EL PAPA FRANCISCO QUE PIDE HACER LIO


Por Emilio Nazar Kasbo

El PAPA FRANCISCO dijo en la Jornada Mundial de la Juventud 2013 en Brasil: "HAGAN LIO". Ahora resulta que por cumplir sus órdenes, hay problemas.
El diputado Eduardo Amadeo, que es de Comunidad San Egidio, según me han referido, es una excelente persona, y para las feministas ES UN "AUTORITARIO FACHISTA" porque firmó una Solicitada junto con mucha gente más EN CONTRA DEL ABORTO.

Acerca del Episodio de la Catedral, el diputado Amadeo ha dicho en su Facebook (https://www.facebook.com/EduardoPAmadeo):
"Con disculpas por la repetición, estos son los "curas" que fanatizan a los jóvenes que ayer estuvieron al borde de la tragedia en la Catedral. NUNCA MAS!!" 

No alcanzo a entender qué es "estuvieron al borde de la tragedia en la Catedral". No sé si "la tragedia" era terminar de rezar el rosario en medio de un griterío de gente que obliga a alzar la voz para poder rezar, o cuál otra tragedia.

Por otra parte, no sé qué es "los cristales rotos" ¿por una rotura de vidrieras? Si hubo deportados ¿fue en esa misma fecha? ¿por qué no se llama "la noche o el día de la deportación", o algo así?

Evidentemente, el daño a la propiedad privada es un mal. La persecución por odio racial además de ser injusta, ha sido condenada por el Magisterio de la Iglesia en una Encíclica llamada "Mit Brenender Sorge" (o algo así). Ningún católico puede sostener semejantes aberraciones, porque automáticamente deja de ser católico. Quien no acata esa Encíclica, es porque en realidad no es católico.

Las aberraciones del nazismo fueron condenadas por la Iglesia Católica en pleno auge de las mismas, cuando era "políticamente incorrecto", y cuando ni los mismos judíos hacían reclamos por ese tema. La primera voz pública en este tiempo fue de la Iglesia Católica.

Ahora bien, ¿quienes rezaron el Rosario, son calificables de nazis? NO. Lo que reclamaban en su caso fue que se realizara una Misa por las almas del purgatorio de quienes hayan podido ser víctimas de alguna violación. ¿Está mal eso? NO. Porque otra cosa es llamar "holocausto" con alcance teológico sustitutivo del ÚNICO HOLOCAUSTO DE LA HUMANIDAD: EL DE JESUCRISTO, y eso además de ser blasfemo es herético si lo sostiene un católico, y el acto deviene en una profanación de la Catedral.

Antes, por su formalismo, había violaciones que pasaban inadvertidas a los fieles. Debe estimarse como criterio para valorar el alcance de los hechos la sensibilidad de los fieles por el escándalo que hayan producido... La violación de un lugar sagrado hace a quienes la producen reos del delito de profanación (canon 1376)" (comentario al Código de Derecho Canónico). Efectivamente, si en el ámbito de la Catedral Metropolitana se otorga rango de "holocausto" a uno de los genocidios del Siglo XX, efectivamente se profana la Catedral porque se injuria al único Holocausto que ha redimido a TODA LA HUMANIDAD, pero que será motivo de SALVACIÓN DE MUCHOS (no de todos, porque quienes vayan al infierno, por mera lógica consecuencia).

Estoy de acuerdo con el Dr. Eduardo Amadeo en la cuestión de no aceptar el aborto. Pero en la Catedral Metropolitana se trató de una CUESTIÓN ESPIRITUAL. No fue reivindicado ningún régimen político, y no se puede tildar de "nazi" a quien reza el Rosario a la Virgen María (que era descendiente de la Tribun de David, por si no lo sabe...) Mal puede llamarse "antisemita" al que sigue la prédica del Verbo Encarnado en su Naturaleza Humana en el marco del pueblo de Israel... Es más, el Apóstol San Pablo era un judío fariseo, el Apóstol San Mateo era un recaudador de impuestos judío, San Pedro (el primer Papa) era un pescador judío... ¿Es esto "antisemitismo"?

Me parece además que el Inadi es una institución anticatólica y discriminatoria del Catolicismo. Que no actúa ante ofensas al Catolicismo. Además, quienes estuvieron rezando el Rosario en realidad (y tal como han difundido numerosos medios) SON UNA MINORÍA. Y como tal, el INADI TIENE LA OBLIGACIÓN DE PROTEGER A LOS INTEGRANTES DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X, NO DENUNCIARLOS.

Efectivamente, esta obligación de defender a las minorías, está establecida por LEY. Y si el INADI no cumple en la defensa de esta minoría, frente a las agresiones que han sufrido en la Catedral (han sido tildados por los agresores como "nazis", "fascistas", los han golpeado, les han gritado, le han reboleado la boina identificatoria a uno de los manifestantes por haber expresado el criterio de PROFANACIÓN QUE SE ESTABA DESARROLLANDO EN LA CATEDRAL METROPOLITANA CATÓLICA, al punto de que por un acto de fuerza fueron obligados a abandonar el rezo del Rosario debiendo retirarse del lugar por la violencia de la presencia policial, ante los ruegos amenazantes del Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Poli, el responsable de tal PROFANACIÓN.

¿Es así o no es así? Simplemente hay que ver los videos para saber quiénes han sido los agresores, hay que leer la Ley para saber que EL INADI DEBE DEFENDER A LOS QUE REZARON EL ROSARIO, y que EL CODIGO DE DERECHO CANONICO CONDENA LAS PROFANACIONES.

La Iglesia Católica no es sincrética. Y el Modernismo ha sido condenado hace 100 años. Cualquier Cardenal, Obispo, Sacerdote o feligrés modernista, NO ES CATÓLICO. Y esta es la mayoría. ES DECIR, EL INADI DEBE ENCONTRARSE, EN EL CASO DE LA TRADICIÓN CATÓLICA, EN DEFENSA DE ESA MINORÍA Y NO EN SU CONTRA.

A estudiar e ilustrarse sobre esto. Si llegan a otra conclusión, avísenme.
En su oportunidad, denuncié al Inadi ante el mismo Inadi por discriminatorio, ante la presentación de obras blasfemas. Asimismo, he denunciado al Inadi en instancias de la Justicia Federal. Como los hechos discriminatorios del INADI se van sumando año a año con nuevas denuncias, se va suspendiendo la prescripción de esos delitos (porque lo que se denunciaron, han sido delitos, en los cuales el mismo Inadi ha estado involucrado en forma directa e indirecta).

lunes, 22 de julio de 2013

LOS PIES DE HIERRO Y BARRO: LA RUPTURA POSTCONCILIAR CON EL MAGISTERIO TRADICIONAL


ESTUDIO IMPACTANTE DEL "MAGISTERIO" PONTIFICIO POST CONCILIAR QUE DEMUESTRA CLARA RUPTURA 

Por J. R. G. Cipitria (Sofronio)
Muchos son los que han querido demostrar la ruptura con la Tradición que supuso el Concilio Vaticano II y el magisterio que le siguió; unos lo intentaron desde la teología sacramental, otros desde la dogmática, menos desde el derecho canónico; todos, sin embargo, han acumulado numerosas pruebas del intento de fundar una nueva religión.
No obstante, y a pesar de la existencia de tantos hechos objetivos, ninguno ha convencido mayoritariamente a la masa de católicos de que tal ruptura, evidente, suponga un abandono de la fe católica; esta dificultad de convencer a los hermanos se debe a varios factores, de los que señalo sólo dos:
a) a la gran masa de católicos que incumplen con el deber de conocer la fe que profesan, estando sumidos en una ignorancia sobrecogedora;
b) porque esa nueva fe proclamada por la jerarquía se apoya, en parte, en una verdad siempre católica para proclamar un nuevo ‘credo’ que ya no es católico; de ahí proviene la gran dificultad de distinguir.
Ese nuevo ‘credo’ es el humanismo; “es cierto”, diremos con este nuevo ‘magisterio’, que la promoción de la dignidad humana buscada solamente en tanto y en cuanto glorifica a Dios, es finalidad de la Iglesia católica, pero buscada en sí misma (como fin simpliciter y no como finis quo, usando la terminología del Aquinate) es finalidad del orgullo humano engañado por el diablo, latrocinio de la Gloria de Dios, de la cual se muestra celoso y probablemente, la definitiva faz del Anticristo.
La modesta aportación de este escrito no pretende manifestar la evidencia de la ruptura desde sesudas disquisiciones teológicas que otros han hecho mucho mejor y menos, desde sutiles distinciones jurídicas en las que soy lego, sino desde un metodología más asequible a todos; puesto que hoy todo el mundo, o casi, sabe sumar y restar, mi humilde estudio se basará en algo objetivo e indiscutible: en las matemáticas y en una somera representación estadística en gráficos sencillos.
En efecto, este simple método lo he aplicado a las citas que cada encíclica añade, bien a pie de página, pero en general al final del documento.
¿Pero qué es una cita? Una cita es nota de ley, doctrina, autoridad o cualquier otro texto que se alega para prueba de lo que se dice o refiere, según el R.A.E; citar es, pues, ‘referir, anotar o mencionar los autores, textos o lugares que se alegan o discuten en lo que se dice o escribe’, ora nombrados a continuación de la cita, ora con un número que refiere al autor o texto citado al pie de la misma página o al final del documento; esta segunda modalidad es el objeto de este estudio. Bien, esta definición es simple y todo el mundo la entiende.
Entonces, puesto que las citas se pueden usar a modo de cimiento, aval, garantía sobre el que uno apoya su doctrina, pero también en el sentido adverso, es decir, como sentencia de alguien sobre la que el autor muestra su disconformidad, discrepa o rivaliza, será necesario, en primer lugar, saber en cuál de los dos sentidos se usan las citas en las encíclicas estudiadas.
El resultado podría ser que todas sean usadas como apoyo de lo que se dice; o también que todas se anotaron para expresar en lo que se disiente; pero podría ser, igualmente que unas lo fueran en un sentido y otras en el contrario, aun en el mismo texto.
Pues bien, no he encontrado ninguna cita que se haya escrito para ilustrar sobre una doctrina que ha sido condena o para discrepar de la misma, sino que todas las referencias tienen el objetivo de fundamentar sobre ellas el texto escrito, incluso en las notas referidas a los autores laicos, al menos en aquella parte que se trae para ilustración del lector. Es decir, tanto cuando se cita al magisterio preconciliar, como al Concilio Vaticano II, así como al magisterio de los papas postconciliares, a rabinos o agnósticos, las menciones alegadas, no otras, son utilizadas para sostén de lo afirmado en el texto de la encíclica.
Para el presente estudio he procedido a clasificar 2.971 citas y notas de la totalidad de las encíclicas escritas desde Pablo VI a Francisco, que hacen un total de 25 – 7 de Pablo VI con 305 notas; 14 de Juan Pablo II con 2.381 notas en total; 3 de Benedicto XVI que suman 235 menciones y una firmada por Francisco con 50 referencias al pie del documento, número dispar según la lengua de traducción tomada del Vaticano, ya que algunas traducciones no están completas-. Como Juan Pablo I no llegó a publicar ninguna encíclica, no aparece en este breve análisis.
Las ediciones de las encíclicas usadas para este trabajo siempre han sido las oficiales de laLibreria Editrice Vaticana, a través de la web oficial del Vaticano.
Todas las notas se han distribuido en los siguientes rubros:
1º MAGISTERIO TRADICIONAL.
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio anterior al concilio Vaticano II, bien de anteriores Concilios Ecuménicos, sean de Bulas, Cartas Apostólicas, exhortaciones, audiencias…, de Romanos Pontífices anteriores a Juan XIII.
2º MAGISTERIO MODERNO.
A. MAGISTERIO CONCILIAR
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio de los textos del Vaticano II (constituciones, decretos, declaraciones y notas; discursos de apertura y clausura,…).
B. MAGISTERIO POSTCONCILIAR
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio de los Romanos Pontífices a partir de la fecha de la convocatoria del citado Concilio, 25 enero 1959, y no del final del mismo; la razón de esta elección, en general 1960, es que desde el mismo discurso de su convocatoria y a medida que se iban sucediendo declaraciones sobre el evento, celebrando sesiones y aprobando constituciones, todas éstas pasaron a nutrir las fuentes del magisterio de los papas, sin que todavía se hubiera clausurado el Concilio; encontramos así varias citas al discurso de su convocatorio y al de apertura y a su espíritu de “abrir las ventanas para que penetre el aire del mundo” que ya no pertenece al magisterio tradicional.
Como el Concilio supuso, para muchos, como una carta magna que abría una especie de ‘Caja de Pandora’, me pareció interesante señalar la cantidad y porcentaje, también, del magisterio postconcliar, es decir las auto referencias de los papas al nuevo magisterio que ellos mismos iban creando o al de sus inmediatos predecesores.
C. CITAS LAICAS
Como el magisterio iba, por una parte, desdeñando las referencias preconciliares a medida que se sucedían los papas y pasaban los años y, por otra, referenciándose los papas a sí mismos o a su inmediato sucesor, fueron apareciendo nuevas citas que ya nada tenían que ver con ningún magisterio, sino con este devenir lógico del Concilio Vaticano II cuyos funestos frutos padecemos, cada vez más alejado de las fuentes de la tradición, hasta el punto que quise, también, especialmente en los dos últimos papas, señalar la cantidad y porcentaje de citas laicas, es decir, referencias a pensadores ajenos al catolicismo.
Por último debo decir que un buen porcentaje de citas son entresacadas de teólogos, Santos Padres, doctores y cómo no, también de las Sagradas Escrituras. Sin embargo no he querido clasificar ni tener en cuenta las mismas por lo siguiente: De citar, por ejemplo, a Santo Tomás, para nada se deduce que se esté de acuerdo con lo que él quiere decir con su habitual precisión escolástica porque, o bien se pudiera referir la cita a una sentencia sacada del contexto del Santo Doctor u ocultar un desacuerdo radical con la metafísica que subyace en el Aquinate; no sería ninguna garantía de tomismo referirse, por ejemplo, a alguna conclusión del Santo Doctor de la Iglesia, incluso sobre la Eucaristía y a la vez aprobar una definición herética de la Misa en el nº 7 del capítulo II del Novus Ordo Missae, como ocurrió ya; y advertido, tuvo que corregir Pablo VI, o como se dice en ‘castizo’ borrar con el codo lo que había escrito con la mano. Respecto a las citas bíblicas ídem; éstas pueden ser usadas ora para avalar un magisterio auténtico conforme a lo manifestado siempre por la Iglesia, ora para introducir ideas propias tales como el novedoso concepto de la libertad religiosa o el herético de que todas las religiones son caminos de salvación; la experiencia nos dice que toda clase de herejes hicieron decir a los textos bíblicos lo que no expresaban, desde Arrio a Lutero hasta el día de hoy, y que hasta el mismo diablo las sabe y quiere usar a su favor, como consta en el Nuevo Testamento.
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE PABLO VI
Puesto que tres de las siete encíclicas de Pablo VI fueron promulgadas antes de la clausura del Concilio Vaticano II, parecería ser lo más lógico que entre las notas y citas de sus textos sobreabundaran con mayoría aplastante las referidas al magisterio pre-conciliar. Sin embargo, ya se aprecia en él una tendencia que no hará más que ir aumentando en sus sucesores; en efecto, de casi dos milenios de magisterio pontificio sólo lo cita 49 veces, mientras que a un Concilio recién clausurado, o aun estando en la última sesión o en intercesión, ya lo refiere en 66 ocasiones; pero si a esta cantidad le sumamos las citas a sus propias encíclicas o a las de su inmediato predecesor, Juan XIII, imbuidas ya del espíritu que se manifestaría en el Concilio se alcanzan la totalidad de 92 referencias para el magisterio moderno, frente a 49 del magisterio preconciliar.
Entre el resto de notas no magisteriales, que no he querido clasificar según lo señalado más arriba, se podrán encontrar las sorprendentes referencias a Marie-Dominique Chenu, que fue apartado de la docencia tras la condena de su libro Une École de Théologie [Una Escuela de Teología] (1937), pero más tarde erigido perito del Concilio Vaticano II por Juan XXIII; a Maritainsobresaliente defensor del personalismo y de la condenada libertad religiosa; o a Henric de Lubac, que en 1950 fue apartado de la enseñanza luego de la condena del neomodernismo o nouvelle théologie, por parte de la encíclica Humani Generis de Pío XII; como todo católico debiera conocer, Pío XII imputó a la “neoteología”, uno de cuyos mayores exponentes era De Lubac después de Teilhard, los cargos de “relativismo dogmático, historicismo, indiferencia para con las esencias inmutables y abandono de la filosofía escolástica”. Mientras que para Teilhard hubo que esperar a Pablo VI y, sobre todo a Juan Pablo II, De Lubac fue rehabilitado ya por Juan XXIII, quien lo invitó al Concilio Vaticano II y lo readmitió en la docencia; y unos años más tarde Juan Pablo II canonizó su pensamiento, elevándolo a cardenal.
En resumen, se constata una inclinación a tomar como casi exclusivos de las fuentes del magisterio los textos del Concilio Vaticano II y del papa que lo convocó, si bien todavía persiste, quizá por la aun escasa producción de nuevo magisterio, una cierta referencia al magisterio preconciliar.
CUADRO I
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS EN SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO II
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL EN PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


CUADRO III
( DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES Y MAGISTERIALES MODERNAS (DESDE EL 1960 EN PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE JUAN PABLO II
Si con Pablo VI se manifestaba ya una tendencia a desalojar las reseñas del magisterio anterior al Concilio Vaticano II, en Juan Pablo II se confirma definitivamente esta disposición, hasta el punto de que se puede hablar ya con él de una verdadera ruptura con el magisterio anterior a 1960, dada la casi ausencia de citas a la más que milenaria enseñanza de pontífices y Concilios Ecuménicos.
Por otra parte, resulta insólito el gran número de citas referidas al nuevo magisterio postconciliar- 30 años apenas- en relación al milenario magisterio preconciliar: 578 citas y 127, respectivamente (véase cuadro IV); e incluso respecto al propio Concilio Vaticano II:578 citas y 502 respectivamente. No es irrazonable pensar que la razón se deba a la necesidad de exponer nuevas doctrinas que no están en el depósito de la Fe y que el propio Sínodo Vaticano II, sólo apuntó de una forma confusa o ambivalente; por ejemplo, toda la nueva teología de Juan Pablo II sobre la confusión entre el orden natural y la gracia, que aparece en casi todo su magisterio y, especialmente, en sus primeras tres encíclicas está referida al despliegue del embrión contenido Gaudium et Spes: «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre»; pero está idea, aunque expresada entonces con ambigüedad programada, ya está condenada en el Concilio de Éfeso y no se encuentra en ninguna parte del magisterio de la Iglesia; dado, pues, que este concepto fue parte de la predicación de Juan Pablo II, le fue necesario referirla por doquier al magisterio postconciliar escrito por él mismo en su mayor parte y que desarrollaba esa nueva y desconocida teología conciliar.
Es ésa, quizá, la razón de que Juan Pablo II sea, de entre todos los papas, el que más se cita a sí mismo; y eso de forma tan abrumadora, que a falta de un estudio psicológico sobre tan reiterada y fea actitud, parece que la causa más probable sea su demostrada persistencia en afianzar doctrinas novedosas.
Respecto a las citas no magisteriales, se encuentran entre ellas varias curiosidades liberales; por ejemplo, las reseñas a la Declaración de los Derechos Humanos; pero también insólitas ausencias que nos dejan perplejos; v.g., mientras que abundan citas de las Sagradas Escrituras en la mayor parte de su magisterio, como notas al pie de los documentos, disminuyen drásticamente en las encíclicas que abordan aspectos novedosos, hasta llegar a la inexistencia de citas bíblicas al pie en el texto de ‘Ut Unum Sint’; de seguro, cabe pensar, porque nada en las Escrituras Sagradas sostenía su tesis de fondo ecumenista: pues ningún texto bíblico da apoyo a esta moderna doctrina de empeño ecuménico; si bien, en honor de la verdad, existen citas de las Escrituras Sagradas dentro de ese escrito suyo.
Para los que, a pesar de la ínfima representación del magisterio tradicional en sus documentos, no aprecien la absoluta tendencia a la ruptura con las fuentes tradicionales(CUADRO VII), siempre según las citas, han de saber que en las poquísimas menciones a la tradición, casi siempre se añaden a las mismas algunas más modernas; por ejemplo, si se cita a Pío XII, en la misma nota se añaden una o varias referencias al C. V. II o a otras encíclicas modernas, razón por la cual se puede decir, que aun ni las pocas referencias a la Tradición son puras.
CUADRO IV
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE JUAN PABLO II, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


CUADRO V
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL EN JUAN PABLO II, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO VI
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES Y MAGISTERIALES MODERNAS (DESDE EL 1960) EN JUAN PABLO II, SEGÚN SUS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO VII
(EVOLUCIÓN DE TENDENCIAS EN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
Apréciese la prácticamente desaparición de citas de la Tradición con Juan pablo II
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE BENDICTO XVI
La ruptura en las citas del magisterio tradicional, formalizada en las encíclicas de Juan Pablo II, se profundiza aún más con Benedicto XVI, alcanzando sólo un insignificante 3% del conjunto de las citas de papas y concilios antes de 1960.
Es de destacar que, de la suma de citas del magisterio moderno sólo 13 se refieren al Concilio Vaticano II, mientras que 169 reseñan el magisterio postconciliar, sobre todo el de su inmediato predecesor, Juan Pablo II; pareciera, a la vista de este hecho, que aquella constitución, casi ‘superdogma’ –el Vaticano II- que fijara los principios de una revolución sin precedentes en la Iglesia, fuese ya insuficiente para el pleno desarrollo de una nueva doctrina desplegada, teológica y canónicamente por Juan Pablo II e inaugurada litúrgicamente por Pablo VI. Como para un ecumenismo condenado no había textos en la Tradición ni en las Sagradas Escrituras que sirvieran de aval, tal vez por eso, no se citan las Sagradas Escrituras en las notas al pie de sus encíclicas, si bien existen en los textos mismos, aunque escasas-v.g., sólo 36 para una larga encíclica estructurada en 6 capítulos y una conclusión, sobre un tema donde abundan los textos bíblicos: el amor y la verdad, en ‘Caritas in Veritate’- ; para proclamar la vigencia de la Antigua Alianza con los judíos que rechazan a Cristo, mucho menos se encuentra magisterio ni textos bíblicos y para una salvación universal, ni rastro de tal barbaridad existe. Ahora bien, como los textos del Vaticano II fueron de una ambigüedad premeditada, según el testimonio del modernista radical Edward Schillebeeckx, perito conciliar y consejero del cardenal Alfrin e inspirador del herético Catecismo Holandés, no es iluso pensar que a Benedicto XVI le fuera necesario acudir a un magisterio más descarriado: el de su inmediato predecesor Juan pablo II; otras razones se pueden sumar a este hecho, sin contradecirlo, la necesidad psicológica de contentar a toda una muchedumbre de‘juanpablistas’ tocando poder y necesitados, algunos, de contener los escándalos que, como una bomba de relojería dejada por su inmediato predecesor, iban a estallar a su tiempo, para así no decepcionarlos y evitar sentir en su piel la furia de su rechazo; inquina que, posiblemente, no pudo vencer al fin, según varias interpretaciones de ‘vaticanistas’ sobre la causa cierta de su dimisión. 
Si bien ya con Juan Pablo II se nota un despertar a citar autores laicos, es con Benedicto XVI cuando toman verdadera ‘carta de ciudanía’. Debería dejar perplejo a cualquier católico consciente de su fe, ver como Benedicto XVI introduce, no un en acto como doctor privado, profesor…, sino en el magisterio auténtico citas del ‘El Banquete’ de Platón; del historiador Salustio; de Juliano el Apóstata († 363) tomadas de Ep. 83: J. Bidez, L’Empereur Julien. Œuvres complètes, París 19602, I, 2a, p. 145; del luterano H. Köster: ThWNT, compañero de estudios de  Rudolf Bultmann; del novelista Jean Giono; de Bacón; de Kant; de la obra ‘Negative Dialektik’ deAdorno; de Georgias de Leontini ((485 a. C.-380 a. C.) y hasta un fragmento del filósofoHeráclito.
Debido a esta última observación, hemos confeccionado el grafico sobre las fuentes modernas de manera distinta a la anterior, añadiendo a las del Concilio Vaticano II y a las postconciliares las fuentes laicas. La suma de las 3 sería con este nuevo método el 100%, sobre el cual representamos cada una de las partes en que dividimos el llamado magisterio moderno en este estudio. Siempre dejamos fuera de la contabilidad las citas antiguas y bíblicas por la razón comentada al comienzo de este breve análisis. Igualmente procederemos con las citas del Papa Francisco, dado que entre ellas y en continuidad con Benedicto XI, se introducen citas de fuentes mundanas. 
CUADRO VIII
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE BENEDICTO XVI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


CUADRO IX
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL
EN BENDICTO XVI , SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


Impresionante reducción de citas preconciliares en un Papa que era considerado favorable a la Tradición
CUADRO X
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES, MAGISTERIALES MODERNAS Y LAICAS EN BENEDICTO XVI, SEGÚN SUS NOTAS

DE SUS ENCÍCLICAS)




LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE FRANCISCO
Todavía es pronto para acopiar datos sobre las citas de las encíclicas de Francisco, porque sólo ha firmado una – ‘firmar’ es un verbo distinto que ‘escribir’ y por eso no supone que quien escribe un texto sea el mismo que lo firma-, aunque a través de ella y sus pocas referencias –un total de 50-, se puede observar la continuidad en el desprecio de las citas al magisterio pre-conciliar, salvo para fundamentar su autoridad; es como si no hubiera habido casi ningún pronunciamiento de los más de 200 Romanos Pontífices desde el año 66-67 –fechas entre las que se estiman escritas las Cartas de San Pedro- hasta 1962; como si lo que cientos de Papas sentenciaron y dos decenas de Concilios Ecuménicos definieron, amén de unas cuantas docenas de concilios particulares cuyas definiciones hicieron suyas y aprobaron los papas, fueran de tan exiguo valor que justificara el más absoluto olvido de sus textos.
Se observa, igualmente, que aquella tendencia, iniciada por su inmediato predecesor, de incluir en el magisterio citas laicas, ajenas a la Iglesia, se consolida y aumenta hasta proporciones muy difíciles de justificar en la encíclica de Francisco. Así encontramos en su texto, desde una definición del existencialista judío Martin Buber, tomada del Rabino de Kock, hasta una referencia a la obra de Rousseau, ‘Emile’, pasando por una aceptable de Romano Guardini y, también una nota, inaceptable, de la obra de la segunda época de G. H. von Wright; periodo en que sus escritos caen bajo la influencia de Habermas y la escuela de Franfurk,; esta cita, por ejemplo, está sacada del libro ‘cultura y valor’, escrito por el filósofo del círculo de Viena Ludwig Wittgenstein. Lo mismo sorprende que en lugar de tomar las citas místicas de los contemplativos ortodoxos españoles o alemanes u otros santos de la Iglesia, se traigan referencias a poetas, como T. S. Eliot. Este sesgo de erudición sobre el pensamiento no católico, confirma la sospecha de que el firmante no es la misma persona que el escribiente.
CUADRO XI
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE FRANCISCO XVI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


CUADRO XII
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL
DE FRANCISCO , SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO XIII
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES, MAGISTERIALES MODERNAS Y LAICAS EN FRANCISCO, SEGÚN SUS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)


CONCLUSIÓN
Hasta aquí los números que, s.e.u.o, son incuestionables. Cualquiera, con tiempo y paciencia, llegará a los mismos resultados si sabe sumar y restar, porque la fuente es pública. Quien los negara manifestaría odio a la verdad, rechazo de la luz e irracionabilidad.
De estos resultados se infiere, sin forzar la razón, que cuanto menos hay en las encíclica,s que son objeto de este modesto estudio, un menosprecio o poca estimación e indiferencia y un despego casi total del Magisterio Tradicional; puesto que a lo que se ama se nombra, así como hace el esposo hablando de su amada a sus amigos, con lo que se desprecia se muestra indiferencia con el silencio, por aquella sentencia popular que dice:’no hay mejor desprecio que no hacer aprecio’.
Pero acallar o reducir a la ínfima expresión 1893 años de magisterio (si tomamos como fuente de magisterio el Denzinger, encontramos que el primer documento del Romano Pontífice que en él aparece data de entre los años 67 a 79; desde estos años hasta 1960 nos da un periodo, aproximado, de 1893 años), que contiene el objeto material de la fe católica, sólo puede tener un fin: la proclamación de una nueva fe ¿De qué fe se trataría? Como el lector habrá supuesto, no me he limitado a ‘contar’, sino que durante unos años he tratado de meditar en los brutales cambios habidos desde el Concilio Vaticano II. Esas innegables revoluciones plasmadas en la Misa, sacramentos, Oficio Divino, catecismo, mística, ascética, derecho, monacato, devaluación de la vida contemplativa, exacerbación de la voluntad y la emoción…, cuyos podridos frutos padecemos, esconden una nueva fe, un nuevo Símbolo cuyo caldo de cultivo aún se está formando ¿Podríamos formular, al menos, parte de ese nuevo ‘símbolo’ o ‘credo’ surgido del ‘magisterio’ moderno, distinto del católico Tradicional? Creo que sí, con la ayuda de otros estudiosos, pero eso será objeto de otro trabajo, si Dios lo quiere. Sin embargo, algunos elementos de esa moderna ‘fe’, que ya no es católica, los podemos resumir en estas breves sentencias:
I.-La proclamación de un humanismo integral ‘católico’; donde ‘católico’ es un adjetivo más. (Dios creo por el hombre, GS,39; único al que Dios ha amado por sí mismo. GS, 24). Este humanismo hurta la Gloria de Dios; porque quien se propone un bien como fin en sí mismo, está hallando en ese bien su propia perfección, de donde se sigue que, si Dios se propusiera su gloria extrínseca como fin en sí, y no su propia e intrínseca  bondad, implicaría que para Dios la creación sería una perfección agregada que lo haría mejor, cosa absurda y herética; el magisterio moderno dixit: [...] Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros y más que nadie somos promotores del hombre, Discurso de clausura del Concilio Vaticano II.
II.- La confusión entre naturaleza y gracia; para el ‘magisterio’ moderno la gracia humaniza a hombre con el fin de llevar al hombre a ser hombre, por lo que la gracia se subordina a la naturaleza. El magisterio auténtico, sin embargo, confiesa algo contrario: la gracia perfecciona a la naturaleza para llevar al hombre a ser hijo adoptivo de Dios, por lo cual la naturaleza se subordina a la gracia. Huelga poner citas sobre este error moderno, ya que todo el magisterio de Juan Pablo II está plagado de estos textos más propios de Prometeo que de la fe católica. Tal error tiene consecuencias sobre la doctrina católica relativas a la perfección del intelecto por el magisterio para adecuarlo a la Revelación e, incluso, sobre la caridad cristiana.
III.- Las notas de la nueva iglesia y sus conceptos erróneos: 1)El Reino de Dios incoado en la tierra se identifica con la Humanidad; 2) El Reino de Dios se extiende más allá de la Iglesia visible a las almas de buena voluntad, en razón de la dignidad humana de toda persona, incorporadasquodammodo a Cristo Encarnado; 3) De allí que no sea necesario ni obligatorio ingresar a la Iglesia, que es Sacramento universal de salvación, porque el testimonio de vida de la sociedad eclesiástica es una eficaz ayuda a la humanización de los hombres; 4) La Iglesia visible continúa la presencia y acción de Cristo en orden al crecimiento del Reino-Humanidad, a manera de signo e instrumento, porque Ella misma es Sacramento. La consecuencia es, no estarían todos llamados a pertenecer a la Iglesia de Cristo. He aquí como resume gráficamente este punto el EL R.P. ALVARO CALDERÓN F.S.S.P.X., en su obra ‘Prometeo’, subtitulada ‘La religión del hombre’ que pueden leer en español aquí, la que recomiendo leer.
IV.- El nacimiento de una nueva religión. Siguiendo al Padre Rafael Arizaga, cuya obra hemos citado en el párrafo anterior, tomamos un gráfico suyo para entenderlo mejor:
V.- La gravísima sensación que deja el magisterio conciliar y el que le sigue de que Jesucristo es imperfecto Dios: “Si un pagano acudiera a los textos del Concilio Vaticano II para hacerse una idea de quién es Jesucristo para los católicos, nos parece cierto que no vería que creemos que es Dios, sino una cierta entidad inferior. Se omite la profesión simple y clara de esta verdad fundamental, y las expresiones de uso constante hacen pensar, por una parte, en una distinción de sujetos de atribución entre Jesucristo y Dios -lo que pertenece a la herejía nestoriana- y, por otra, que el Hijo no es simpliciter Dios -lo que pertenece a la herejía arriana-. Y esta penosísima impresión no es despejada sino acentuada en el magisterio posterior al Concilio” (Prometeo, P. Rafael Harizaga).
Termino, pues, este modesto estudio escrito bajo un título que hace referencia a una de las visiones del Profeta Daniel –quien lea entienda-, con el humilde propósito de alertar a los lectores católicos sencillos y animarlos a defender la fe de siempre con San Pablo:
“Os exhorto, hermanos, que observéis a los que están causando las disensiones y los escándalos, contrarios a la enseñanza que habéis aprendido, y que os apartéis de ellos; porque los tales no sirven a nuestro Señor Cristo, sino al propio vientre, y con palabras melosas y bendiciones embaucan los corazones de los sencillos”. Rom. XVI, 17-18.
“Jamás se vence el error con el sacrificio de un derecho cualquiera de la Verdad” (San Atanasio)
16 de julio, Conmemoración de la Virgen del Carmen.
J. R. G. Cipitria