lunes, 9 de enero de 2012

CONSECUENCIAS Y REMEDIOS CONTRA EL PECADO MORTAL

Infierno

Por el P. Michel Boniface

De la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

Para salvarnos, debemos rechazar con valentía el pecado y remover los obstáculos que acumulan a nuestro paso los enemigos de nuestra alma; vivir en la gracia santificante, cumplir los divinos mandamientos y rezar cada día.

Después del pecado original, para conseguir la salvación eterna, tenemos que luchar enérgicamente contra el pecado – que es el enemigo número uno y, en cierto sentido, el único que tenemos enfrente. Tenemos que luchar también contra el mundo, demonio y carne, que no cesan de acumular obstáculos en nuestro camino como amigos y aliados del pecado. Si el mundo, es decir, los hombres que viven sin tener cuenta de la Ley de Dios, el demonio y la carne son tan peligrosos y temibles, es únicamente porque vienen del pecado y conducen a él.

Nunca nos pondremos suficientemente en guardia contra este mortal enemigo de nuestra alma, por que por un solo pecado mortal, podemos perdernos eternamente. Tener un pecado mortal es mil veces peor que tener el SIDA, cáncer y lepra juntos.

Examinemos un poco lo que es el pecado mortal, cual es su malicia, cuáles son los daños que nos hace, qué armas y remedios tenemos para luchar y triunfar de él.

¿Qué es el pecado mortal?

El pecado mortal es una trasgresión voluntaria de la Ley de Dios en materia grave. Es una rebeldía contra Dios.
Dios tiene su Ley. En su infinita sabiduría ha sabido resumirla en los diez mandamientos. La Iglesia, con Divina autoridad ha añadido algunos otros, con el fin de hacernos cumplir con mayor facilidad y perfección los divinos preceptos.

Cuando el hombre, dándose perfecta cuenta de que lo que va hacer está gravemente prohibido por la ley de Dios o de la Iglesia, quiere hacerlo a pesar de todo, comete un pecado mortal que pone completamente de espaldas a Dios y le vincula a las cosas creadas, en las que coloca su último fin renunciando a la salvación eterna.

Para que un pecado sea mortal hay tres condiciones:

1) Advertencia perfecta por parte del entendimiento,

2) Consentimiento perfecto, o plena aceptación por parte de la voluntad.

3) Materia grave prohibida por Dios.

Los efectos inmediatos del pecado son:

1) Aversión a Dios del que se separa voluntariamente al despreciar sus mandamientos, y es lo que constituye lo formal o el alma del pecado;

2) Conversión a las cosas creadas mediante su goce ilícito, que constituye lo material o el cuerpo del pecado.

3) He aquí unos ejemplos de pecado mortal que conducen al infierno. San Pablo nos advierte: “Fornicación y cualquiera impureza o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a santos, ni torpeza, ni vana palabra, ni bufonerías…Porque tened bien entendido que ningún fornicario, impuro avaro que es lo mismo que idólatra tiene parte en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas descarga la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. No os hagáis pues copartícipes de ellos” (Efesios 5, 3-7). Lo que dicen o hacen los pecadores no vale nada. NO debemos participar de sus locuras o aprobarlas.

Dios mismo nos advierte hablando de pecado graves: “NO os hagáis ilusiones. Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los maldicientes, in los que viven de rapiña, heredaran el reino de Dios”. (I Corintios. 6,9-11).

La malicia del pecado mortal

Ninguna inteligencia creada o creable podrá jamás darse cuenta perfecta del espantoso desorden que encierra el pecado mortal. Rechazar a Dios a sabiendas y escoger en su lugar a una vilísima criatura en la que se coloca la suprema felicidad y último fin envuelve un desorden tan monstruos e incomprensible, que sólo la locura y atolondramiento del pecador puede alguna manera explicarlo. El ejemplo de la pobre pastorcita de la que el rey se prendo y la desposó consigo, haciendo la reina, y que de pronto abandona el palacio real y se marcha en plan de adulterio con un miserable seductor, no ofrece sino un pálido reflejo de la increíble monstruosidad del pecado.

El mismo Dios, infinitamente bueno y misericordioso, que tiene entrañas de padre para todas sus criaturas y que nos ha dicho en la sagrada Escritura (Ezequiel 33,11) , sabemos que por un solo que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, sabemos que por un solo pecado mortal:

a) Convirtió a millones de ángeles en horribles demonios para toda la eternidad.

b) Arrojó a nuestros primeros padres del paraíso terrenal, condenándoles a ellos y a todos sus descendientes al dolor y ala muerte corporal y ala posibilidad de condenarse eternamente aun después de la redención realizada por Cristo.

c) Exigió la muerte en la cruz de su Hijo muy amado, en el cual tiene puestas todas sus complacencias para redimir al hombre culpable (San Mateo 17,5).

d) Mantendrá por toda la eternidad los terribles tormentos del infierno en castigo del pecador obstinado.

e) Todo esto son datos de fe católica: es hereje quien los niegue. ¿Qué otra cosa podrá darnos una idea de la espantosa gravedad del pecado mortal cometido de una manera perfectamente voluntaria y a sabiendas?

Los efectos del Pecado mortal

No hay catástrofe ni calamidad pública o privada que pueda comparase con la ruina que ocasiona en el alma un solo pecado mortal. Es la única desgracia que merece propiamente el nombre de tal, y es de tal magnitud, que no debería cometerse jamás, aunque con él se pudiera evitar una terrible guerra internacional que amenace destruir a la humanidad entera, o liberar a todas las almas del infierno y del purgatorio.
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Sabido es que, según la doctrina católica –que no puede ser mas lógica y razonable para cualquiera que, teniendo fe, tenga además sentido común-, el bien sobrenatural de un solo individuo está por encima y vale infinitamente más que el bien natural de la creación universal entera, ya que pertenece a un orden infinitamente superior: el de la gracia y la gloria.

Así como sería una locura que un hombre se entregase a la muerte para salvar la vida a todas las hormigas del mundo – vale más un solo hombre sacrificase su bien eterno, sobrenatural, por salvar el bien temporal y meramente humano de la humanidad entera: no hay proporción alguna entre uno y otro.

El hombre tiene obligación de conservar su vida sobrenatural, de vivir en la gracia a toda costa, aunque se hunda el mundo entero.

He aquí los principales efectos que causa el alma un solo pecado mortal voluntariamente cometido:

1) Pérdida de la gracia santificante que hacía el alma pura, santa e hija adoptiva de Dios heredera de la Vida eterna. Sin la gracia santificante nadie puede salvarse.

2) Pérdida de las virtudes infusas (caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y de los dones del Espíritu Santo, que constituyen un tesoro divino, infinitamente superior a todas las riquezas materiales de la creación entera.

3) Pérdida de la presencia amorosa de la Santísima Trinidad en el alma, que se convierte en morada y templo de Satanás.

4) Pérdida de todos los méritos adquiridos (mediante las buenas obras) en toda su vida pasada, por larga y santa que fuera.

5) Feísima mancha en el alma, que la deja tenebrosa y horrible a los ojos de Dios. “El pecado, dice San Juan Crisóstomo, deja el alma tan leprosa y manchada que mil fuentes de agua no son capaces de lavarla”.

6) Esclavitud de Satanás. El que está en el pecado mortal es esclavo de Satanás “que es príncipe de los pecadores”, dice San Agustín.

7) Aumento de las malas inclinaciones. El pecador esta debilitado y no puede fácilmente resistir contra el mal, le cuesta mucho trabajo hacer el bien.

8) Remordimiento e inquietud de conciencia, el que está en pecado mortal no tiene tranquilidad y paz en su alma ni en su familia, ni en su trabajo.

9) Reato, es decir merecimiento de pena eterna. El pecado mortal es el infierno en potencia, es decir, el que está en pecado mortal puede en cualquier momento caer en el infierno para siempre.

Como se ve, el pecado mortal es como un derrumbamiento instantáneo de nuestra vida sobrenatural, un verdadero suicidio del alma a la vida de la gracia Y pensar que tantos y tantos pecadores lo cometen con increíble facilidad y ligereza, no para evitarle al mundo una catástrofe lo que sería ya gran locura-, sino por un instante de placer bestial, por unos miserables pesos que tendrán que dejar en este mundo, por un odio y rencor al que no quiere renunciar y otras mil bagatelas y niñerías por el estilo!

Realmente tenía razón San Alfonso de Ligorio cuando decía que el mundo le parecía un inmenso manicomio en el que los pobres pecadores habían perdido por completo el juicio. Y, con razón también, la piadosísima reina Blanca de Castilla le decía a su hijo San Luis, futuro rey de Francia: “Hijo mío, preferiría verte muerto que cometer un solo pecado mortal.” Es impresionante la descripción que hace Santa Teresa del estado en que queda un alma que acaba de cometer un pecado mortal”. (A ella se lo hizo ver Nuestro Señor de una manera milagrosa); “no sería posible a ninguno pecar, aunque se pusiesen a mayores trabajos que se que se pueden pensar por huir de las ocasiones”, (Moradas primeras, c.2)

¿Cómo podemos evitar el pecado mortal?

El que quiere asegurar la salvación eterna de su alma, nada tiene que procurar con tanto empeño como evitar a toda costa la catástrofe del pecado mortal.

Sería gran temeridad e increíble ligereza seguir pecado tranquilamente confiando en realizar más tarde la conversión y vuelta definitiva a Dios. En gran peligro se podría ese pecador de frustrar esa esperaza tan vana e inmoral. La muerte puede sorprenderle en el momento menos pensado, y se expone, además, a que la justicia de Dios determine substraerle, en castigo de tan manifiesto abuso, la gracia eficaz del arrepentimiento, sin la cual le será absolutamente imposible salir de su horrible situación. Si diera cuenta el pecador del espantoso peligro a que se expone, no podría conciliar el sueño una sola noche a menos de haber perdido por completo el juicio.

He aquí, indicados nada más, algunos de los medios más eficaces para salir del pecado mortal y no volver jamás a él:

1) Asistir al santo Sacrificio de la Misa. “por que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados. ¡Cuantos pecadores, asistiendo a Misa, han recibido allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración! de hacer una buena confesión de toda su vida”! (R. Garrigou-Lagrange, el Salvador, ed. Patmos, pág. 463).

2) Confesión y comunión frecuente, con toda la frecuencia que sea menester para conservar y aumentar las fuerzas del alma contra los asaltos de la tentación. Por la salud del cuerpo tomaríamos con gusto todos los remedios y medicinas que el médico nos mandara. L salud del alma vale infinitamente más.

3) Reflexionar todos los días un ratito sobre los grandes intereses de nuestra alma y de nuestra eterna salvación. La lectura diaria meditada de la vida de los santos ayuda mucho. (Hay unos libros fundamentales: S. Francisco de Sales; Introducción a la Vida devota; S. Alfonso de Ligorio, Preparación para la muerte; El gran medio de la Oración).

4) Oración de súplica pidiéndole a Dios que nos tenga de de su mano y no permita que nos extraviemos. El Padrenuestro bien rezado y vivido, ayuda mucho.

5) Huida de las ocasiones. El pecador está pedido sin eso. No hay propósito tan firme ni voluntad tan inquebrantable que no sucumba. Con facilidad ante una ocasión seductora. Es preciso renunciar si contemplaciones a los espectáculos inmorales (se comete, además, pecado de escándalo y cooperación al mal, contribuyendo con nuestro dinero a mantenerlos amistades frívolas y mundanas, conversaciones torpes, revistas o fotografías obscenas, películas, Internet, la caja de todos los vicios etc. Imposible mantenerse en pie si no se renuncia a todo eso. La felicidad inenarrable que nos espera eternamente en el cielo bien vale la pena de renunciar a esas cosas que tanto nos seducen ahora, sobre todo teniendo en cuenta que por un goce momentáneo nos llevarían a la eterna ruina.

6) Devoción entrañable a María, nuestra dulcísima Madre, abogada y refugio de pecadores. Lo ideal sería rezarle todos los días el Santo Rosario, que es la primera y más excelente de las devociones marianas y grandísima señal de predestinación para que lo rece devotamente todos los días; pero, al menos, no olvidemos nunca las tres avemarías al levantarnos, acostarnos y a experimentar la tentación, para que nos alcance la victoria.

7) Hacer regularmente los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Hay una muerte, un juicio, una eternidad feliz o infeliz. Con el pecado no se discute. Tenemos que salvarnos cueste lo que cueste.

domingo, 8 de enero de 2012

AGUER: RECLAMÓ LA “PRESENCIA DE LOS PADRES” JUNTO A SUS HIJOS EN LA EDUCACIÓN



Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata y Presidente de la Comisión Episcopal para la Educación Católica, dedicó su habitual reflexión televisiva semanal, en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), a comentar y valorar el reciente Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la 45° Jornada Mundial de la Paz, que se celebra todos los años el 1° de Enero, cuyo título es “Educar a los Jóvenes en la Justicia y la Paz”.

Dijo que “el Papa lo dirige a todos los responsables de la educación. En primer lugar a las familias, a los padres de familia, luego a los responsables de las instituciones educativas, a los responsables políticos y a los medios de comunicación, que pueden influir positiva o negativamente en la formación de las personas”.

Luego explicó que “es importante subrayar que el centro del Mensaje se encuentra en el parágrafo 3, que propone educar en la verdad y en la libertad. Para educar en la justicia y la paz es preciso educar a las nuevas generaciones en la verdad y la libertad”.

Leyó un párrafo del texto papal que sostiene que “la libertad es un valor precioso, pero delicado. Se la puede entender y usar mal. En la actualidad un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que al no reconocer nada como definitivo deja como última medida sólo el propio Yo con sus caprichos”. Y comentó que “desde estas afirmaciones se entiende qué significa educar en la justicia. Porque la justicia no es algo que esté originalmente determinado por el derecho positivo, por las leyes, sino por el ser profundo del hombre, por la esencia de lo humano. Entonces sólo si se educa en la auténtica verdad sobre el hombre se puede educar en la justicia”.

Además afirmó que “el Cristianismo aquí hace un aporte que es fundamental: propone un dinamismo de la justicia que tiene que ser, de algún modo, superada en relaciones de gratuidad, de misericordia, de compasión” y destacó que “el concepto de Paz, en la tradición bíblica, no se identifica con la ausencia de guerra, sino que es un término plenario” que significa la plenitud de todos los bienes humanos. Significa la felicidad, la perfecta realización. La Paz es un don pero al mismo tiempo es también una tarea y supone que el hombre es consciente de la verdad que lo ilumina y que empeña rectamente su libertad; entonces va edificando una convivencia pacífica fundada en la justicia”.

Mons. Héctor Aguer comentó que el Papa se dirige a los jóvenes y que hay que destacar que “en el Magisterio y en la acción pastoral de Benedicto XVI” se nota “que hay una orientación muy clara a hablar a la joven generación, que tendrán a su cargo, dentro de algunos años, la conducción de los procesos sociales, incluso en el orden global”.

“El actual pontífice, como su predecesor, manifiesta un gran aprecio por los jóvenes y aquí los exhorta a que reconozcan lo mejor de ellos mismos. La juventud posee una gran cuota de entusiasmo, y esto es como un bagaje de esperanza lanzado hacia el futuro. Es fundamental que vayan comprendiendo las realidades fundamentales referidas a la naturaleza y destino del hombre”, manifestó

Consideró “muy interesante” un pasaje del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2012 que “habla sobre la presencia de los padres junto a sus hijos” señalando que “la presencia de los padres en la familia, una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos para poder trasmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo”…

“Espero que este Mensaje pueda ser escuchado, meditado, comprendido y aplicado. Todo iría mucho mejor en el año que recién empezamos”, culminó el prelado platense.
                      
Adjuntamos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“Hoy quiero comentarles el Mensaje que el Santo Padre Benedicto XVI ha entregado al mundo con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra todos los años el 1° de Enero. Esta fue la Jornada N ° 45; en estos 45 años tenemos todo un cuerpo de doctrina acerca de los fundamentos humanos y cristianos de la paz”.

“El Mensaje de este año se titula “Educar a los Jóvenes en la Justicia y la Paz” y el Papa lo dirige a todos los responsables de la educación. En primer lugar a las familias, a los padres de familia, luego a los responsables de las instituciones educativas, a los responsables políticos y a los medios de comunicación, que pueden influir positiva o negativamente en la formación de las personas”.

“Es importante subrayar que el centro del Mensaje se encuentra en el parágrafo 3, que propone educar en la verdad y en la libertad. Para educar en la justicia y la paz es preciso educar a las nuevas generaciones en la verdad y la libertad”.

“Dice el Papa que hay que suscitar en los jóvenes la cuestión acerca de la verdad y, especialmente, acerca de la verdad antropológica”

“En el Magisterio de Benedicto XVI se insiste, sobre todo en los últimos tiempos, acerca de la centralidad que tiene la cuestión sobre el hombre tanto en las Ciencias Sociales como en la Pedagogía y, en general, para la organización de la sociedad”

“Se propone entonces que los jóvenes aprendan a reconocer qué es lo verdaderamente humano. ¿Quién es el hombre? ¿Qué es la persona humana? ¿Cuáles son su dignidad y sus derechos? En esta cuestión se encuentra algo fundamental”.

“Dice el Papa: “La primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador. Y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad”. En esta afirmación se advierte la relación que existe entre la verdad sobre el hombre y la justicia, la convivencia justa en la sociedad”.

“Por otra parte, la verdad sobre el hombre, si es integral, ilumina el auténtico sentido de la libertad. La libertad no consiste en hacer lo que a cada uno se le antoje, sino en obrar en búsqueda de los grandes bienes propios del hombre y de acuerdo a la dignidad correspondiente”.

“Quiero destacar un párrafo. Dice el Papa: “la libertad es un valor precioso, pero delicado. Se la puede entender y usar mal. En la actualidad un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que al no reconocer nada como definitivo deja como última medida sólo el propio Yo con sus caprichos. Y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro dejando a cada uno encerrado dentro de su propio Yo”. Prosigue diciendo: “Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación. Pues sin la luz de la verdad, antes o después,  toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida, de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común”.

“Es decir que la verdad sobre el hombre implica conocer la persona, la naturaleza de la persona y de sus actos, saber qué es el bien y qué es el mal. Sin eso la libertad queda vacía de contenido y se presta para las peores aberraciones que, en el fondo, son destructivas del hombre mismo”.

“Desde estas afirmaciones se entiende qué significa educar en la justicia. Porque la justicia no es algo que esté originalmente determinado por el derecho positivo, por las leyes, sino por el ser profundo del hombre, por la esencia de lo humano. Entonces sólo si se educa en la auténtica verdad sobre el hombre se puede educar en la justicia”.

“El Cristianismo aquí hace un aporte que es fundamental: propone un dinamismo de la justicia que tiene que ser, de algún modo, superada en relaciones de gratuidad, de misericordia, de compasión. Es decir, la justicia está coronada por la caridad y la caridad es la manifestación, la participación nuestra, del amor de Dios. Todo se funda, en definitiva, en el amor de Dios”.

“Estos datos nos permiten comprender también qué puede significar una educación en la paz o para la paz. El concepto de Paz, en la tradición bíblica, no se identifica con la ausencia de guerra, sino que es un término plenario. Paz, Shalom en el hebreo bíblico, significa la plenitud de todos los bienes humanos. Significa la felicidad, la perfecta realización. La Paz es un don pero al mismo tiempo es también una tarea y supone que el hombre es consciente de la verdad que lo ilumina y que empeña rectamente su libertad; entonces va edificando una convivencia pacífica fundada en la justicia”.

“Podemos sintetizar estos argumentos en una frase bíblica: “La paz es obra de la justicia”. Y quiero citar otro pasaje del texto papal: “La paz para todos nace de la justicia de cada uno”.

“Si nosotros no tenemos una voluntad rectificada por la virtud de la justicia es difícil que podamos edificar la paz, colaborar al establecimiento de una Paz verdadera”.

“El Papa se dirige finalmente a los jóvenes. En el Magisterio y en la acción pastoral de Benedicto XVI notamos que hay una orientación muy clara a hablar a la joven generación, que tendrán a su cargo, dentro de algunos años, la conducción de los procesos sociales, incluso en el orden global”.

“El actual pontífice, como su predecesor, manifiesta un gran aprecio por los jóvenes y aquí los exhorta a que reconozcan lo mejor de ellos mismos. La juventud posee una gran cuota de entusiasmo, y esto es como un bagaje de esperanza lanzado hacia el futuro. Es fundamental que vayan comprendiendo las realidades fundamentales referidas a la naturaleza y destino del hombre”.

“Pero esto depende, en buena medida, de nosotros, de los adultos, y por eso el Mensaje va dirigido a todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en la educación”.

“Termino con una cita que me parece muy interesante, aunque puede ser considerada como accidental. Decía que el Mensaje va dirigido en primer lugar a los padres de familia y respecto a ellos el Papa dice algo que tiene un enorme valor. Habla sobre la presencia de los padres junto a sus hijos: “la presencia de los padres en la familia, una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos para poder trasmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo”…

“Me parece importante destacarlo, hoy día, donde todos estamos apurados y muchas veces los chicos no ven a sus padres por días y días”.

“Espero que este Mensaje pueda ser escuchado, meditado, comprendido y aplicado. Todo iría mucho mejor en el año que recién empezamos”.

sábado, 7 de enero de 2012

UN JUEZ TRATÓ DE "PUTAS" A LAS MADRES SOLTERAS Y DE "MARICONES" A LOS QUE PRETENDIAN UN PUTIMONIO EN ESPAÑA


En España, el juez titular del Registro Civil de Murcia, Antonio Martín Ferradal, tendrá que abonar una multa de tres mil euros por el trato dispensado a los funcionarios y a personas homosexuales, madres solteras o a extranjeros.
La Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) lo considera autor de una falta grave consistente en el "exceso o abuso de autoridad" y en la "falta grave de consideración respecto de los ciudadanos", publica el diario ABC.

El juez hablaba de "maricones" para referirse a los contrayentes cuando se trataba de personas del mismo sexo, o se refería a las madres solteras llamándolas "putas". Las parejas de éstas eran, para el magistrado, unos "cornudos".

A los extranjeros los mencionaba como "gilipollas". Martín Ferradal además, se negó en algunos casos a inscribir determinados nombres por entender que no procedía.

EXPLOSIÓN PRÓXIMA




El pensamiento de Mons. Richard Williamson
Obispo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Número CCXXXIV (234)
7 de Enero de 2012

Si algunos lectores han encontrado el “Comentario Eleison” de la semana pasada un poco sombrío para el principio del año, de veras me disculpo por ello, y prometo que el de esta semana terminará con una cita más esperanzadora. Pero en verdad, mucha gente, según me lo dicen, está todavía tranquilamente ignorante de cuan grave es la inminente catástrofe económica mundial. Peor, no se da cuenta de la gravedad pre-apocalíptica de la crisis en la Iglesia. Veamos por un momento este último punto.

La visión aún de algunos sacerdotes dentro de la Fraternidad SPX es que la Fraternidad SPX es una Congregación religiosa normal mientras que la Roma de hoy no es excesivamente anormal. Es cierto que Monseñor Lefebvre tuvo palabras muy duras sobre el Vaticano II y los “anticristos” dentro del Vaticano,  pero en el transcurso de los 20 años que han pasado desde su muerte, las cosas han cambiado para bien. Ahora tenemos un Papa, piensan ellos, que es un Tradicionalista de corazón, como lo prueban  su desbloqueo de la Misa Tridentina y su “levantamiento” de la pretendida excomunión de 1988 a los cuatro obispos de la Fraternidad. Así, con un poco de flexibilidad de cada lado, seguramente Roma y la Fraternidad SPX pueden alcanzar un cierto arreglo por el cual Roma devuelve a la Fraternidad SPX esa respetabilidad de la cual nunca hubiera tenido que ser privada, y la Fraternidad SPX puede reingresar a Roma en una procesión triunfal.   Así las dos reunidas reconquistaran el mundo para Cristo. Puede ser que las Discusiones Doctrinales de 2009-2011 evidenciaron una total divergencia doctrinal, pero esto prueba simplemente que el arreglo tiene que ser puramente práctico (!).

¡Ay de nosotros! Los sacerdotes que se dejan mecer por tal sueño, o bien no han leído Pascendi, o no entendieron lo que han leído. En su gran Carta Encíclica de 1907 San Pío X dio la voz de alarma sobre el hecho de que el Modernismo representa la mayor amenaza a la existencia de la Iglesia, porque el Modernismo es donde termina la ruta que separa el alma de la realidad natural o sobrenatural. Es el último auto-aislamiento del espíritu en el interior de su mundo de ensueños sin Dios. El error no puede ir más lejos. He aquí un ejemplo de este aislamiento:

Hacia el fin de la sección sobre el teólogo Modernista, Pascendi explica cómo el Modernista se regocija de ser condenado por la autoridad de la Iglesia. Así como una manguera de jardín no debe estar separada de la canilla que le permite regar, así la Iglesia no debe estar cortada de su fuente en la Tradición. La Iglesia necesita entonces progresar por un juego de intercambio entre el Modernismo y la Tradición. Por consiguiente necesita que la autoridad sea Tradicional y que ella ejerza su papel Tradicional condenándolos como Modernistas. De tal manera que si el Papa no los condena, ellos seguirán adelante, y si de hecho los condena también seguirán adelante ¡porque precisamente al condenarlos, el Papa está contribuyendo al progreso de la Iglesia! Cara, él pierde; seca, ellos ganan. Es el error que se encierra en si mismo. Dios no puede ganar.

Pues bien, el gran y buen Dios tiene una sorpresa en reserva para los que así piensan. Para salvar las almas El inundó todo el sistema corrompido de los hombres en el tiempo de Noé, y para salvar nuevamente las almas puede esta vez limpiarlo con una explosión. La explosión puede o no comenzar en 2012. ¿Y la cita esperanzadora? –

“Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Lc.XXI, 28). La hora es la más negra justo antes del alba.

Kyrie eleison.

viernes, 6 de enero de 2012

AÑO NUEVO



El pensamiento de Mons. Richard Williamson
Obispo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Número CCXXXIII (233) - 31 de diciembre 2011

Y así otro año termina sin que el cielo haya caído. Por décadas he estado diciendo que iba a caer, por ejemplo a un pequeño grupo de personas en Francia hace unos cinco o siete años. Entre ellos había un sacerdote de la Fraternidad SPX quien había sido seminarista en Ecône cuando yo era profesor allí al final de la década del ‘70 y principios de la del ‘80. “Su Excelencia,” dijo, “¿No estaba usted diciendo esto hace 25 años?” Pero lo dijo con una sonrisita, por eso tal vez pensaba que algún día yo podría tener razón.

¿Entonces será 2012 el año en que caiga el cielo? Un gran número de comentaristas piensan que bien podría ser el año en que la economía mundial se derrumbe. Seguramente la deuda no puede seguir apilándose en la manera que se está apilando desde hace décadas. Por ejemplo, los gastos de las obras sociales son una carga insoportable sobre el presupuesto de muchas democracias occidentales, pero casi por definición un político democrático es incapaz de tomar las decisiones drásticas necesarias para restaurar el equilibrio fiscal, porque si quiere ser reelecto no los puede tocar. Ha sido bien dicho que una democracia puede durar solamente hasta que el pueblo se de cuenta que el dinero del Estado le pertenece a él.

Entonces ¿es 2012 el año en el cual las democracias occidentales finalmente se derrumben? Tal vez. Pero tal vez no. Muchos hoy presienten que algún desastre se está preparando. Seguramente no tardará otros 30 años para ocurrir, uno dice. Pero uno ha venido diciendo esto por muchos años. Tal vez la gente está tan embriagada de liberalismo que aún las dosis de caos cada vez mayores los dejan sin preocupación. Sin embargo, mientras las ruedas del molino de Dios trituran lentamente, dice el proverbio, ellas trituran excesivamente fino. En otras palabras todas las facturas de Dios tendrán que ser pagadas, y el día de rendir cuentas vendrá, y sobre cuentas mucho mas serias que aquellas de las meras obras sociales.

¿Será este año, el año próximo, en algún momento, nunca?  Nunca, seguro que no. Vendrá en la buena hora de Dios. Relativamente el año importa poco. Como lo dice Hamlet (Act V,2), “Hay una providencia en la caída de un gorrión. Si es ahora, no es por venir; si no es por venir, será ahora; si no debe ser ahora, sin embargo vendrá: el hecho de estar preparado lo es todo”. Hay una Providencia. Hay un Dios, y su momento es el mejor de todos. “La hora de Dios es la mejor hora”, dice el proverbio alemán.

Y Dios no requiere de la mayor parte de nosotros emprender una acción para tratar de frenar el presente curso de la destrucción de la Iglesia y del mundo. Apostaría yo que muchos líderes públicos del mundo se sienten en privado sin posibilidad de hacer algo, y me pregunto si aún los maestros secretos del mundo, empujados por el infierno a dominar el globo, se sienten en todo momento seguros de que tienen su juego en la mano. “Ahora soy la Única que puedo ayudaros”, ha dicho la Madre de Dios.

Lo que Dios nos pide es de vivir en su gracia y de confiar en El. Cuando el derrumbe venga, en 2012 o en cualquier momento, desde un punto de vista humano sin duda será más bien doloroso, pero desde el punto de vista de Dios sus castigos son actos de misericordia. San Pablo cita el Libro de los Proverbios (III, 11-12): “No deseches, hijo mío, la corrección del Señor, ni tengas aversión cuando El te reprenda. Pues el Señor castiga a aquel a quien ama”. Y San Pablo continúa (Heb.XII, 7-8): “Soportad, pues la corrección. Dios os trata como a hijos. ¿Hay hijo a quien su padre no corrija? Si quedáis fuera de la corrección, de la cual han participado todos, en realidad sois bastardos y no hijos”.

Estar preparado lo es todo, como se ve en la parábola de las vírgenes sabias (Mt.XXV, 1-13).

¡Feliz año nuevo!

Kyrie eleison.