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martes, 27 de septiembre de 2011

UCALP: DISCURSO DEL DR. CARLOS L. BOSCH DEL 20/9/2011



Estimados amigos:
         Hace pocos días recibí la grabación de una entrevista a Solzhenitzyn realizada hace algunos años en París. El periodista le leyó allí unos párrafos del libro 1914 donde se relata que un muchacho interrumpe el paseo meditabundo de Tolstoi y le pregunta: “Tolstoi, discúlpeme que interrumpa sus pensamientos, pero he viajado de muy lejos para preguntarle esto¨ ¿Cuál es el fin de la existencia humana en la tierra? Tolstoi responde: servir el bien y contribuir a la instauración del reino de Dios en la tierra. Está bien, dice el joven, ¿pero cómo? ¿por el amor, acaso? Sin duda, responde Tolstoi, exclusivamente por el amor.
El periodista pide la opinión de Solzhenitzyn sobre este dialogo. Solzhenitzyn medita unos segundos y dice: “Mi objeción es la siguiente: en el siglo XX hemos caído muy bajo, nos hemos hundido en un abismo, pero pese a estar en el abismo, se sigue poniendo al amor como exigencia. Considero que eso es prácticamente imposible; si le decimos hoy a la humanidad entera que se amen entre ellos no se llegará a nada; hay que ofrecerle algunos estados intermedios para llegar a eso; uno de ellos es el de no reaccionar contra la justicia, no ofender a la justicia; no hacer lo que no queremos que nos hagan.”
         Oyendo esta grabación  me  saltó a la cabeza algo muy elemental: sin justicia, sin disposición de los hombres a la justicia, y también sin un orden social que administre la justicia y la declare y la imponga cuando es necesario, no hay sociedad posible. Sin justicia es la ley del más fuerte, es el caos.
 Solhentzin nos está diciendo que sin esa actitud básica de no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, sin ese ideal primario de justicia, no hay sociedad posible. Y nos está diciendo, de paso, que en nuestra época  existe  una enorme carencia de  este  ideal primario.
Ese ideal primario de justicia, de hacer lo justo, de propugnar lo justo, campea cada vez más por su ausencia enla Argentina. La justicia está gravemente enferma. Lo vemos a diario. Lo vemos cuando la sociedad admite que los alumnos de un colegio impongan por la fuerza quiénes y qué se les va a enseñar; lo vemos cuando los piquetes se instalan en las calles con cuidadosa protección policial paralizando la ciudad; lo vemos cuando un ministro o secretario impone con matones su voluntad en la empresa Papel Prensa y se ríe públicamente del juez que, por cierto, no reacciona; lo vemos aquí, en La Plata, cuando el anciano general Sain Jean es obligado a comparecer esposado ante el tribunal pese a la enfermedad que lo aqueja y pese a los dictámenes médicos la comprueban.
Lo vemos cada vez más y cada vez más a menudo.
En el aula magna de la facultad de derecho de Buenos Aires, se celebró hace poco un acto de desagravio a un juez de la Corte Suprema, el doctor Raúl Zaffaroni, a quien nuestra asociación pidió la renuncia ante las noticias comprobadas y confesadas de que en una cantidad de departamentos de su propiedad se ejercía la prostitución organizada. La noticia de un diario sobre este acto de desagravio decía: “Que el acto se hiciera en la Facultad de Derecho, con presencia y discurso de su decana Mónica Pinto y el rector de la UBA, Ruben Hallu, tuvo un gran peso simbólico y de respaldo hacia Zaffaroni. En el salón de actos no cabía ni un alfiler. Cerca de mil personas había, según calculaban quienes regulaban el desembarco del público en las butacas de terciopelo rojo. Las primeras filas estaban llenas de pañuelos blancos, entre ellos los de Hebe de Bonafini –por la Asociación Madres de Plaza de Mayo– y Nora Cortiñas y Marta Vázquez –de Madres Línea Fundadora–, estaban las Abuelas de Plaza de Mayo, el Nobel de la Paz AdolfoPérez Esquivel, políticos como Aníbal Ibarra, Vilma Ibarra, María Elena Naddeo, María José Lubertino y Héctor Recalde, el ministro de Trabajo Carlos Tomada, juristas como David Baigún, Arístides Corti y Eduardo Barcesat, jueces federales, secretarios, académicos y estudiantes. 
Este grupo de personas, señores, lo sabemos todos perfectamente, junto con otras conocidas que ocupan los principales puestos políticos nacionales, es el que maneja actualmente la Argentina. Esta gente que desagravia con tanto entusiasmo a un juez de la Corte sorprendido in franganti en el comercio prostibular domina hoy los resortes políticos y culturales del país.
A la pregunta sobre qué le pasa a  la Justicia en la Argentina, cabe la respuesta evidente: le pasa, en general, lo mismo que según Solzhenitzyn, y también según Santos Discépolo, le pasó al siglo XX. Que es lo que le sigue pasando al siglo XXI.
         Un filósofo amigo dice en un libro reciente que vivimos en un mundo en el que se está cumpliendo lo dicho en la carta a los Tesalonicenses sobre la venida del Anticristo, cuando dice que Dios les envía un poder engañoso para que crean en la mentira y sean condenados cuantos no creyendo en la verdad, se complacen en la iniquidad.
         Dice este amigo filósofo que lo que se está dando en este mundo de hoy es precisamente eso: creer en la mentira. Es decir, no el ser engañados y creer que lo mentiroso es lo verdadero, sino directamente adherir a la Mentira, sabiendo que es Mentira.
La mayor parte de los jueces que integran nuestra administración de justicia actual, al menos la justicia federal penal, se han plegado a la Mentira, especialmente aunque no solamente en este tema de los juicios por los denominados crímenes de lesa humanidad. Sus solemnes gestos de pretendida imparcialidad no disimulan su conciencia de que presiden parodias y no juicios verdaderos, en los que no dictarán sentencias  basadas en la ley y en las pruebas aportadas.
Adhieren a la Mentira sabiendo que es Mentira.
Saben perfectamente que esos juicios no deberían estar tramitando y saben que los acusados por hipotéticos crímenes de hace treinta años están irremediablemente condenados desde antes de comenzar el juicio.  Porque saben que los acusados son objeto de una rabiosa persecución política y que esa persecución no admite sentencias absolutorias.
Saben que en cada uno de estos juicios se traicionan los principios del derecho penal. No se atreven siquiera a pensar en la posibilidad de declarar que esos presuntos crímenes están prescriptos, que las leyes y tratados penales no pueden aplicarse retroactivamente, que la amnistía es un derecho definitivamente adquirido, que los indultos no pueden ser anulados. Saben estos jueces que presenciarán una secuencia de testimonios perfectamente orquestados desde la Secretaría de Derechos Humanos y saben que hay una firme e indoblegable decisión política de condenar a los imputados por el crimen fundamental de haber aplastado la subversión en los años setenta.
Y saben algo más: saben que si no cumplen esa decisión política, perderán sus cargos. O sus ascensos. O su tranquilidad.
Las condenas son irremediables.
Aceptan por ello estos señores magistrados, salvo honrosas excepciones, participar servilmente en la feroz persecución desatada por los ex terroristas y oportunistas políticos contra los oficiales y suboficiales y policías que los derrotaron con las armas en aquella terrible guerra sucia que azotó a la Argentina de los setenta. Y, además, hacen lo necesario para martirizarlos, obligando a los oficiales y suboficiales, a los hombres probos y corajudos como JaimeSmart y a los ancianos y enfermos a comparecer esposados ante la jauría ululante y henchida de odio.
Y así los juicios continúan, interminables. Pese a las amnistías, pese a los fallos judiciales firmes que en su momento las avalaron, pese a los indultos, pese a la irretroactividad de la ley, pese a los testigos falsos, y sobre todo pese a la evidencia de la persecución política. Pese a todo, los juicios continúan, se inician y se reinician día a día por la evidente razón de que han sido cuidadosamente pergeñados, no sólo como una venganza de los terroristas contra sus enemigos de ayer, sino –y sobre todo- como un ariete destructivo de las fuerzas armadas y de las fuerzas policiales argentinas.
Los planificadores de esta guerra judicial han pensado bien las cosas y han concluido que para terminar con la Argentina como Nación cristiana necesariamente hay que destrozar material y moralmente a sus Fuerzas Armadas porque en el seno de ellas –pese a las infinitas y terribles torpezas cometidas por sus propios jefes- en la organización de estas fuerzas, con todas sus grandes virtudes y terribles defectos, se encuentra una reserva esencial de la nacionalidad, del orden y de la jerarquía de los valores fundamentales de nuestra sociedad. Su solo carácter de fuerzas armadas, con sus marchas, sus tradiciones, su visión cristiana de la vida, su enaltecimiento del coraje, del patriotismo y del honor, las convierten necesariamente en  el reservorio de la nacionalidad y de la defensa de los valores tradicionales.  . 
De ahí el ataque furibundo que destroza su orgullo colocando a su frente una retorcida mujer montonera, que humilla a sus mandos y los somete permanentemente al deshonor. Por eso también la persecución insidiosa y permanente contra todos los ex oficiales que obedeciendo las órdenes la enfrentaron en los 70. Por eso también esta terrible humillación mediática del pseudo matrimonio de dos militares maricones.
Si tuviera que elegir dos actos simbólicos de la destrucción moral de las Fuerzas Armadas y de la Justicia, estos podrían ser: el primero, el de las fuerzas armadas, la imagen de aquel infeliz general trepado a un banquito –frente a la canalla que así se lo exigía- para bajar el retrato de quien había sido su comandante. El segundo símbolo, el de la Justicia destruida, el acto universitario de desagravio al señor Zaffaroni que mencioné más arriba.
Hace pocos días, el Dr. Alfredo Solari leyó su alegato defensivo de un grupo de militares ante el Tribunal Oral n° 5 de Buenos Aires. Les puedo asegurar a ustedes que ponía la piel de gallina presenciar la secuencia de verdades de a puño con las que Solari abofeteaba, frente a frente, a los jueces de dicho tribunal, mostrándoles con hechos y documentos hasta que punto han perdido el derecho de llamarse jueces de la Nación.
Esto es lo que está pasando en la Argentina.
Esto sucede cuando con toda impudicia y sin escándalo alguno el señor Luis Duhalde es colocado nada menos que al frente de la Secretaría de Derechos Humanos. Parece uno de esos chistes que mis nietos me formulan algunas veces: ¿Cuál es el colmo de los Derechos Humanos? Y la respuesta risueña: “tenerlo a Luis Duhalde como su director”.
Si un país ha podido llegar a este colmo impresionante sin que estallen indignados los medios de prensa y radiales y sin que a mucha gente le importe absolutamente nada, si ha podido aceptar tranquilamente que una ex terrorista sea la comandante de las fuerzas armadas y ahora de las fuerzas de seguridad, ¿qué más se puede esperar? ¿Qué más bajo que eso se puede caer?
Pero basta de lamentos. Gerardo Palacios Hardy ha de estar sulfurándose en su asiento, ya que acaba de escribir en un artículo que la buena resistencia existe en la Argentina, aunque no parezca. Todavía es débil, indecisa, dice, está falta de líderes. Pero está también cada vez más enojada. ¡Cuidado con el derrotismo!, advierte, que estar derrotado no es lo mismo que estar vencido.
Nuestra Asociación de Justicia y Concordia fue creada, precisamente, para enfrentar este ambiente negativo, para luchar contra toda esta impudicia, para clamar contra estos montoneros encumbrados en los altos puestos del poder de turno que no van a durar para siempre.
Fundamos esta Asociación, que crece día a día, en medio del triunfo del enemigo, en medio de nuestros militares encarcelados, en medio de las muertes en prisión de muchos de ellos, en medio de un proceso casi ya triunfante de destrucción de nuestras fuerzas armadas, en medio del exitismo incontrolable de un kirchnerismo ensoberbecido y de una justicia aplastada y olvidada del significado de su juramento de impartir justicia.
Nacimos como Asociación precisamente cuando agonizan las fuerzas armadas, cuando agonizan las fuerzas de seguridad y cuando agoniza la justicia. Y sobre todo cuando gran parte de nuestra sociedad parece adormecida en medio de todo este oprobio.
No nacimos, por ende, para rendirnos porque el presidente de la Corte, señor Lorenzetti, se haya plegado de lleno a la venganza y a la persecución, o porque Luis Duhalde siga a cargo de los derechos humanos o porque Verbitzki siga repartiendo su veneno día a día y cada vez con más medios económicos para hacerlo.
Quienes creamos esta Asociación estamos convencidos de que no podemos mirar para otro lado mientras estos marxistas disfrazados de peronistas, y los oportunistas que se les adhieren destruyen sistemáticamente nuestra patria, mientras siguen empeñados en destruir, una por una, la totalidad de nuestras instituciones y de nuestro orden jurídico, mientras pervierten a nuestras juventudes con manuales de estudios inmorales y mentirosos, con el dominio de los medios televisivos y radiales, con la persecución despiadada a los medios que no trabajan para ellos.
Nuestra Asociación persigue y seguirá persiguiendo sin desmayo el retorno del orden, de la Justicia y de la Concordia en la Argentina. Justicia que requiere que nuestros jueces despierten de una buena vez y dejen de temblar, y Concordia que exige que los buscadores del odio, de la venganza y de la persecución abandonen los puestos directivos que hoy ocupan y vuelvan a sus casas –o a la cárcel muchos de ellos- a rumiar sus resentimientos en soledad.
Por eso decidimos denominar a nuestra asociación con esos dos vocablos –Justicia y Concordia- que denuncian los dos males contrarios que envenenan a nuestra sociedad: la corrupción de la justicia al someterla a los dictados de intereses ideológicos y la destrucción de la concordia incentivando la mentira, venganza y el odio.
Queremos restaurar la justicia en la Argentina. No sólo buscamos que vuelvan a ser jueces los hombres que integran la administración de la justicia, sino que queremos restaurar también, fundamentalmente, la idea misma de la justicia en nuestra sociedad. La necesidad imperiosa de que vuelva a brillar en la Argentina, en el conjunto de los argentinos, la virtud de la justicia como un valor esencial a su existencia.
         Y queremos restaurar la concordia entre los argentinos. No por cierto con falsos abrazos con quienes persisten en su idea de destrucción de la Argentina, sino con todos aquellos que, aun cuando enfrentados ayer, por encima de sus múltiples diferencias políticas actuales hoy quieren una Argentina en la que impere el orden, la libertad y en donde las instituciones funcionen como tales. 
Permítanme ahora detenerme un momento para formular dos o tres preguntas de auto-examen:
¿No será que los de Justicia y Concordia estamos completamente equivocados?
¿No será que los jueces federales que juzgan a los hombres de las fuerzas armadas y de seguridad creen sinceramente que imparten justicia y que así actuarían aunque el gobernante de turno fuera la Junta Militar y no el gobierno de los Kirchner?
¿No será que el ex presidente Kirchner y la presidenta actual no están manejando la justicia como un arma de odio y de venganza, sino guiados exclusivamente por el amor a la patria y a la justicia y lo mismo harían si la imputada de cometer crímenes de lesa humanidad fueran Bonafini, o Luis Duhalde o Verbistzky o Kunkel?
No hace falta responder estas preguntas, me parece.
         Hace algunas semanas, caminando hacia la salida de la cárcel de Marcos Paz después de haber visitado y charlado con varios de los presos militares y policiales allí detenidos, me asaltó la pregunta de por qué diablos estas visitas carcelarias a gente que sufre semejante injusticia resultan tan impresionantemente aleccionadoras para el visitante. Por qué uno sale de allí, digamos, tan notablemente reconfortado.
         La respuesta, me dije mientras trasponía las últimas puertas del penal saludado siempre amablemente por los guardias penitenciarios, es evidente: uno sale reconfortado y con nuevos bríos porque siente que ha estado con hombres que quieren realmente a su país, que sufren enormemente la prisión que padecen, pero que también sufren por lo que le pasa a la Argentina. Uno siente, en definitiva, que ha estado con hombres patriotas, ese espécimen que está  lamentablemente en  extinción; hombres que aman a su patria.
         Queda poco de eso afuera, o está muy callado. Pero allí adentro sí que queda. Yo no digo que cada preso político sea un patriota, pero sí que los hay en gran cantidad.
Marcos Paz, Campo de Mayo, Ezeiza, Bower y otras muchas cárceles del interior del país, son hoy un reservorio de argentinos patriotas encerrados por impulso de la subversión triunfante y la complicidad de muchos de nuestros tribunales, especialmente el más alto tribunal del país. La cárcel, la persecución, la arbitrariedad judicial, la venganza subversiva, el odio, la indiferencia política y social por su suerte y las privaciones a las que la sociedad los somete como premio por haber obedecido a sus superiores en el combate contra la subversión, no han conseguido extinguir ese patriotismo sino que más bien parecen haberlo acentuado.
         Es claro que habrá allí, como en cualquier lado, buenos y malos, honestos y deshonestos, mejores y peores, pero es indudable que uno percibe en el conjunto, como si se palpara, el fuerte amor hacia esta patria nuestra, más allá de sus congéneres desagradecidos y acomodaticios.
Desean la libertad y el regreso al hogar con ansia desesperada, pero la adversidad –tal vez porque son soldados- en lugar de envilecerlos los ha hecho crecer en hombría y en patriotismo. Se mueren muchos de estos hombres de sesenta, setenta y ochenta años o más, por falta de la debida atención médica, pero mantienen alto el espíritu de sacrificio y los oficiales siguen dando ejemplo de templanza.          
Y termino ahora preguntando: ¿Nos queda algo para ser optimistas?
Sí, señores. Pese a todo lo negativo que nos rodea, nos queda algo. Nos queda mucho, en realidad.
Nos queda el interior de la Argentina, los hombres de las provincias, los hombres del campo que en su momento mostraron lo que son capaces cuando advierten que se quiere destruir el país. Esa gente sigue estando, muchas veces a pesar de algunos dirigentes que, como decía Almafuerte parecen tener “la cobarde intrepidez del pavo, que amaina su plumaje al primer ruido”. La gente está. Sólo espera apoyar a alguien que con patriotismo real represente la verdadera reacción. Alguien que, frente a este cachivache destructivo que llaman “modelo”, no les ofrezca un poco más o menos de eso mismo, como ocurre con la oposición política, sino que proponga un verdadero gobierno para una Argentina fuerte y sana.
Nos quedan nuestros hombres presos en Buenos Aires y en el interior, formidables faros de coraje y de honor que cada miércoles que los visitamos allí en Buenos Aires, o cuando lo hemos hecho en Santa Fe, Salta, Corrientes, Chaco, Córdoba, nos dan ejemplo de un patriotismo inclaudicable.
Nos quedan esas mujeres, esposas, hermanas e hijas de militares y policías, luchadoras sin desmayo que han sido y son nuestro ejemplo diario de entrega y de lucha.
Nos quedan los jueces probos, que los hay todavía.
Nos queda quedan Universidades como esta que hoy nos recibe y nos permite cantar verdades cuando tantos callan.
Nos quedan, pese a todo, tantos militares en actividad y tantos policías honestos, que esperan les devuelvan sus banderas sanmartinianas para volver a formar patriotas.
Nos queda esta Asociación por la Justicia y la Concordia, que en poco tiempo reunió a 400 integrantes y crece día a día.
Nos quedan ustedes aquí presentes. Y también nos queda una gran masa de argentinos que aunque hoy parecedesprevenida en cuanto a esta destrucción sistemática de las bases en las que se asienta su propia historia y su propio destino, sin duda en algún momento reaccionará y apoyará la buena causa para que el orden, la Justicia y la Concordiaretornen a nuestro país.
         Y por sobre todas las cosas, nos queda nuestra Madre, la Virgen María, quien ruega a su Hijo por este buen combate. Y nos queda nuestro Jefe imbatible, único Rey y Señor de la Historia, Jesucristo, quien nos asegura la gran victoria final, pase lo que pase en el camino.

lunes, 19 de septiembre de 2011

CONFERENCIA EN LA UCALP: "DELITOS DE LESA HUMANIDAD Y SU ENJUICIAMIENTO"


El martes 20 de septiembre, a las 19 hs., en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de La Plata, se realizará una importante conferencia sobre “Los Delitos de Lesa Humanidad y su Enjuiciamiento. El Caso Argentino”. 
Los disertantes serán el Dr. Alberto Solanet, el Dr. Carlos Bosch y Fernando Goldaracena.
                                                                                                                                                                                    
La conferencia se desarrollará en las aulas 10 y 11 de la Facultad de Derecho de la UCALP, ubicada en calle 57 entre 13 y 14 de La Plata

sábado, 25 de septiembre de 2010

CORRIENTES: DISCURSO DEL DR. CARLOS BOSCH POR LOS PRESOS POLÍTICOS

a Presos Politicos

Estimados amigos:

Empiezo disculpándome por traer a colación, aparentemente fuera de tema, un viejo y excelente libro que tengo en mi biblioteca, escrito por un ruso blanco, el General, Atamán cosaco, Piotr Nicolaievich Krasnov. El libro se titula “Del Aguila Imperial a la bandera roja”.

Allí relata el autor, en forma novelada, y en gran medida autobiográfica, la caída de Rusia bajo las garras del comunismo destructor. El protagonista, Sablín, que empieza siendo un joven cadete militar y llega a general en la 1era guerra, va viendo cómo a su alrededor son destruidos todos y cada uno de los valores sobre los que estaba construida su vida de amor a Dios, a la Patria, al Zar, a su familia, y al Ejército.

En los comienzos de la Revolución aparece cada tanto un tío del joven militar, un liberal de esos que pinta Dostoievski en su obra “Demonios”. Este tío liberal al principio clama enfervorizado a favor del pueblo que despierta a su libertad y a la democracia y terminará por fin con el oscurantismo de la Iglesia, con el Ejército y con la autocracia del Zar. Este pobre infeliz termina –como era de esperar- completamente desesperado cuando advierte lo que se le viene encima con la liquidación de todo el antiguo orden y de todos los valores tradicionales.

Traigo a colación este libro en esta reunión, estimados amigos, porque creo que en cierto modo esto es lo que está viviendo nuestra patria en estos tiempos tan oscuros.

Ciertamente, no están Lenín y Trotsky por aquí soliviantando al soldado campesino contra sus oficiales, con el apoyo inconsciente de los idiotas útiles de turno clamando por la libertad sin límites. Tampoco están marchando por las rutas de nuestro país, al menos por ahora, las hordas soliviantadas por la propaganda comunista, matando a diestra y siniestra a cuanta autoridad o burgués encuentren en su camino.

Pero no estamos muy lejos de cosas, aunque no idénticas, sí semejantes. Como dice Abel Posse en un artículo reciente: Alguien puede estar soñando con alguna convulsión nostálgico-revolucionaria que dejaría a nuestro gobierno ante los mismos dilemas y ambigüedades que vivió el famoso Kerenski, en 1917, apretado entre sus flojeras revolucionarias y su realidad de dirigente burgués.

Sabemos que el mundo entero vive una época oscura, un período de degradación y derrumbamiento cultural, especialmente los valores de jerarquía, de orden, de patriotismo. Muchas de las cosas que pasan, como el aborto, la homosexualidad, la doctrina del género, el infanticidio, la desjerarquización y tantas otras cosas de ese estilo no los hemos inventado aquí.

Lo que sí parece cosa primordialmente nuestra, aunque no exclusiva, y nos acerca más que el resto del mundo a aquella Rusia del 17, es la feroz persecución desatada, sobre todo en estos últimos años, contra los soldados que lucharon contra la subversión en aquella década del 70. Y, junto con ello, la consecuente destrucción del orden jurídico en la República, el notable quiebre de la administración de Justicia y el aplastamiento y ahogo de las Fuerzas Armadas y de seguridad.

Nadie puede hoy dudar de que el orden jurídico sobre el que está asentada la vida pacífica de nuestras familias es quebrantado día a día desde las altas esferas del poder, y hoy casi brilla por su ausencia. ¿O acaso no hemos oído a la presidente de la República –cual adherente entusiasta de la revolución permanente- tomar el micrófono para alentar a los estudiantes a que salgan a hacer piquetes por las calles? ¿O no la vemos alentar día a día el odio y la discordia? ¿O vilipendiar a algún juez porque alguna sentencia es contraria a sus intereses?

El ejemplo cunde, y de arriba hacia abajo se desparrama rápido. El desprecio del orden, la inseguridad y la tensión social aumenta minuto a minuto. La maltratada policía no controla más el delito, porque no se lo permiten y porque se les ha quitado hasta el orgullo de ser policía. Los soldados penitenciarios de las cárceles se ven obligados a mantener encerrados en sus prisiones a soldados como ellos, a hombres que como ellos han querido y quieren el orden y la paz y han luchado por ello.

Como en la Rusia de 1917, hemos permitido pasivamente –y seguimos permitiendo- que frente a nuestros ojos adormecidos por la politiquería y la estupidez de todos los días sean destruidas paulatinamente nuestras fuerzas armadas y nuestras fuerzas policiales que constituyen el nervio central de la seguridad nacional.

Nuestra sociedad se autodestruye en medio del sopor y del sueño. Nuestros hijos, rodeados de mentiras y disvalores, crecen en la oscuridad.

Basta abrir cualquier diario en cualquier momento, prender la televisión o la radio durante un minuto, para advertir que la opinión pública, la de los hombres y mujeres comunes que trabajan diariamente durante todas las semanas para cuidar, alimentar y educar a sus hijos, esa verdadera opinión pública está completamente abombada por el formidable y ensordecedor bombardeo de noticias estúpidas sobre si Kirchner reta a Scioli, si Scioli dijo o no esta u otra frase, si el ministro Fernández o el Sr. Timerman dijeron esto o aquello, si Moreno humilló o boxeó a otro empresario mentecato y se burló del juez con sus ridículas compadreadas.

Mientras tanto, en medio de este enorme batifondo de frases y contrafrases sin sentido, sigue adelante sin cesar este gran teatro de los juicios de lesa humanidad, en el cual los jueces, instalados en los estrados de las salas de audiencia, esconden tras sus rostros impasibles su consciencia de que no están presidiendo juicio verdadero alguno, que los acusados por crímenes de hace treinta años están irremediablemente condenados antes de comenzar el juicio por el único crimen comprobado de haber aplastado la subversión de los setenta, que los testigos no son tales testigos sino emisarios de los subversivos encaramados en el gobierno y enemigos a muerte de los imputados.

Las pruebas no interesan. La condena está cantada y es en general irremediable.

Sin temblarles el pulso muchos de estos jueces firman sentencias y ordenes de prisión inmediata traicionando principios fundamentales del derecho, puesto que pese a saber perfectamente que esos hombres son objeto de una rabiosa persecución política, no levantan un dedo en defensa de la Justicia que juraron solemnemente impartir. Con pleno conocimiento de que en todos esos juicios se traiciona, uno a uno, los principios básicos del derecho penal, salvo algunas honrosas excepciones no se atreven siquiera a pensar en la posibilidad de declarar en sus sentencias que esos presuntos crímenes están prescriptos, que las leyes y tratados penales no pueden aplicarse retroactivamente, que la amnistía es un derecho definitivamente adquirido, que los indultos no pueden ser anulados.

Por no despertar la indignación del gobierno de turno, la gran mayoría de ellos llega al colmo de negar la prisión domiciliaria a estos perseguidos pese a la evidencia de que las prisiones no están preparadas para atender debidamente a hombres de entre sesenta y ochenta años, motivo por el cual van muriendo uno a uno en sus prisiones.

Esos jueces –repito que salvo algunas excepciones- llegan a sus casas y se emocionan tal vez frente al televisor por la difícil situación de los mineros chilenos hundidos en el fondo de una montaña, pero sus conciencias adormecidas y acomodadas no les permiten advertir que ellos mismos, incumpliendo su deber de magistrados, mantienen sepultados, en peores condiciones, a los hombres que cuando tenían 20 ó 30 años acataron las ordenes de sus superiores para defendernos a todos.

Cito nuevamente algunos párrafos de Abel Posse en el artículo aludido, cuando dice que a los militares:

“Se los discriminó judicial y jurídicamente, alterando uno de los fundamentos básicos del derecho (argentino y mundial): la no retroactividad de la ley, especialmente la penal. Se anularon indultos con irritante parcialidad…También se fabricó una visión casera de los delitos de lesa humanidad (¡excluyendo al terrorismo!). Ametrallar a conscriptos indefensos bañándose, como pasó en el ataque terrorista al regimiento de Formosa, es monstruoso y de lesa humanidad, sea que los asesinos hayan vestido uniforme o lo hayan hecho con boinas guevaristas como las que usaba Gorriarán Merlo. Se negó a los oficiales toda exculpación por el juramento de obediencia y verticalidad ante sus mandos, principio básico de todas las fuerzas armadas del mundo, sin el cual sería imposible actuar y comandar en guerra.”

“De modo que … los que ejercieron la violencia por orden del Estado carecen de toda esperanza legal. Los violentos del otro sector, con sus miles de atentados, reciben un trato inaceptable en sociedades civilizadas.
… Esto hace que se desmorone el edificio legal desde sus bases romanas y germánicas e instaura un inédito caos, al afectar el rigor de la razón jurídica.

“Desde ahora, la ley a medida de la voluntad política dominante será una anomalía que podría extenderse más allá del tema de los años ‘70.

Como dice Posse, el drama actual de la Argentina no se detiene en la injusticia que padecen estos mil prisioneros políticos y sus familias, privados de los derechos que tiene cualquier otro procesado penal, privados incluso de verdaderos procesos que garanticen sus defensas y encerrados en cárceles que, debido a la edad de estos hombres, se convierten en cámaras de muerte.

El drama es, además, que esta persecución feroz y sistemática es el pivote sobre el cual gira y se desarrolla el proceso de destrucción de todo nuestro orden jurídico y de todas nuestras instituciones, especialmente esas tres instituciones sin las cuales no hay Argentina posible: la Justicia y las Fuerzas Armadas y policiales, ambas paulatinamente corrompidas, desarmadas y deshonradas por esta terrible epidemia subversiva que asola a nuestra Argentina de hoy.

Estimados Amigos, la Asociación por la Justicia y la Concordia nació precisamente como una reacción natural y espontánea de una gran cantidad de abogados escandalizados por todas esas barbaridades que se estaban cometiendo frente a ellos y que surgían evidentes de la simple lectura de los diarios.

Los profesionales que fundamos o adherimos a la Asociación, compuesta al principio sólo por abogados y ahora también por médicos y otras profesiones u oficios, no hemos tenido relación alguna previa, salvo casos excepcionales, con los militares o policías perseguidos ni tampoco profesionalmente con los juicios de esta naturaleza.

Menos aún con el gobierno del Proceso por el cual muchos de nosotros no tenemos la menor simpatía.

A los abogados, a los médicos y a nuestros asociados nos ha unido la común indignación provocada por la injusta e implacable persecución desatada contra aquellos jóvenes oficiales veinteañeros de aquel entonces, hoy sexagenarios o septuagenarios o octogenarios, que obedeciendo ordenes superiores salieron, sin medir consecuencias personales, a jugar sus vidas en defensa de la patria, en defensa de todos nosotros.

Por eso reaccionamos. Reaccionamos porque con la sola lectura de los periódicos advertimos la tremenda injusticia que se está cometiendo contra estos hombres de armas. Reaccionamos al advertir que los jueces federales –muchos de ellos ya puestos en entredicho por la sociedad desde hace tiempo- renuncian a su deber sagrado de impartir justicia para salvar sus puestos o para satisfacer odios ideológicos. Reaccionamos porque la Justicia en la Argentina está siendo destrozada por algunos pocos subversivos encaramados en el poder. Reaccionamos para tratar de despertar a los políticos atontados por pequeñeces y mezquindades personales mientras a su alrededor se hunde la Argentina en un fango irremediable. Reaccionamos con la idea de hacer reaccionar a la sociedad también adormecida; para hacerle notar a esta sociedad que aquí, en su propio país, hay injustamente sepultados mil argentinos a los cuales la Argentina debe que en los setenta no se instaurara en el país un gobierno castrista.

Reaccionamos, en fin, para reclamar la libertad inmediata de estos soldados y policías, para reclamar el regreso de la Justicia en la República Argentina y para reclamar que le sean devueltas al país sus fuerzas armadas y sus fuerzas de seguridad que garantizan nuestra paz y tranquilidad.

Como reaccionaríamos –quede esto en bien en claro- si aquellos subversivos y terroristas de entonces fueran perseguidos hoy y encarcelados por sus crímenes de antaño con el mismo desprecio del orden jurídico, del instituto de la prescripción, de la irretroactividad de las leyes y de la cosa juzgada.

¿Podrá obtenerse nuestro objetivo?

No lo sé. Tampoco San Martín, Belgrano y los hombres de 1816 sabían si la Argentina de entonces, recién nacida, superaría las mil amenazas que por todos lados parecían indicar la imposibilidad de la independencia nacional. Pero declararon la independencia. Y lucharon contra viento y marea. Hagámoslo también nosotros. En todo caso sabemos que luchamos por el Bien, por la Verdad, por la Patria. En definitiva, por Dios.

Muchas gracias.

jueves, 20 de agosto de 2009

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE MARCOS PAZ EN DETALLE



En la foto: Mons. Jorge Bergoglio ¿sabe de las violaciones a los Derechos Humanos, legislación nacional y Tratados Internacionales incorporados a la Constitución Nacional contra el P. Christian von Wernich, según las denuncias que se están realizando en la actualidad, como en la presente nota del Dr. Cosme Beccar Varela? ¿Qué actitud debería asumir el garantismo vigente?

Por Cosme Beccar Varela


INTRODUCCIÓN:
Ayer publiqué el informe de la visita al penal de Marcos Paz en donde se encuentra secuestrado el Padre Christian von Wernich, junto con otros integrantes de las FFAA y las de Seguridad, sin razón legal alguna, sin juicio, sin el más mínimo respeto de la Constitución ni de la ley.

Como complemento de ese informe publico ahora copia de las denuncias efectuadas por el Padre von Wernich en el Juzgado Federal de Morón, a cuya jurisdicción corresponde el mencionado penal y en el Tribunal Oral Nro. 1 de La Plata, "tribunal popular" inicuo que lo condenara brutal e ilícitamente a cadena perpetua, en una parodia de juicio con una sala repleta de arpías de plaza de mayo exigiendo la cabeza del "procesado".

Ninguna de estas denuncias tuvo el menor andamiento. Los jueces, con el descaro que los caracteriza, las ignoraron y no tomaron ninguna medida, ni siquiera llamaron a ratificarse al Padre von Wernich.

Este desprecio supino por la ley y por la más elementales reglas de humanidad (¿son estos los defensores de los "derechos humanos"?) los hace pasibles, por lo menos, de la condena contenida en el art. 18 de la Constitución Nacional que dice así

" Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice".

La responsabilidad de esos jueces está prevista en el Código Penal, sin perjuicio de los demás delitos que el Padre pide que se investiguen, tales como "tortura" y "abandono de persona". Pero en esta tiranía la desvergüenza y la impunidad son totales. Nadie le pide cuentas a los poderosos ni nadie les reclama por las ululantes violaciones del derecho que cometen todos los días.

Estas denuncias del Padre son nada más que las que afectan a su vida y su integridad física. Podría haber hecho muchas otras que implican torturas físicas y morales, pero ante la inutilidad de éstas es comprensible su desaliento y su desconfianza en la utilidad de tales denuncias. Sin embargo, las que publico son suficientes para que el lector se entere de lo que está pasando en los "campos de concentración" del régimen kirchnerista. A ver si nos decidimos a actuar de una vez por todas.

Los primeros que deberían hacerlo son los Obispos, empezando por aquel en cuya diócesis está incardinado el Padre, por el Primado de la Argentina Monseñor (
Jorge Mario) Bergoglio y por el famoso "tradicionalista" Monseñor (Héctor) Aguer. Ellos no deberían limitarse a protestar, deberían movilizar a todos los católicos en una campaña nacional para exigir la anulación de la inicua sentencia, la libertad del Padre von Wernich y un trato respetuoso y adecuado para él en el interín. Lo mismo deberían exigir para todos los demás secuestrados respecto de los cuales conste la misma falta de justicia en su encarcelamiento, porque son todos hijos de Dios y todos son ovejas del rebaño de Nuestro Señor Jesucristo confiadas a su cuidado.

Lo que sufre el Padre von Wernich es igual a lo que padecen los demás secuestrados de las FFAA y de Seguridad. Gracias a Dios y a la carta de lectores en "La Nación" de
Carlos Bosch, el Gral. Verplaetsen pudo salir de ese infierno y fue trasladado al Hospital militar. Pero hay muchos otros que padecen sin esperanzas y para todos debe exigirse la libertad. Los mismos tiranos saben que sus "juicios" no valen nada de nada. Son parodias infames que no resisten el menor análisis. Para no decir que la mayoría de los secuestrados ni siquiera ha pasado por una de esas farsas judiciales sino que yacen olvidados tras las rejas en virtud de inicuas e ilegales resoluciones de "prisión preventiva" que ya duran años y años.

Huelga decir que si el Padre von Wernich u otro muere como consecuencia de estos malos tratos, los reponsables y quienes lo consientan serán culpables de homicidio.



* * *

TRANSCRIPCION DE LAS DENUNCIAS DEL PADRE VON WERNICH

Escrito judicial de fecha 8/7/2008

Secretaría N° 5 – Causa N° 4295 – Juzgado N° 2

Denuncia
Marcos Paz, Julio 8/08

Señor
Juez Federal
Morón – Bs. As.


Christian Federico von Wernich, LE 5.812.677, de 70 años de edad, sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana, por derecho propio, haciendo uso del art. 67 de la Ley 24.660, alojado en condición de interno en el Pabellón 5 del Módulo 4 del Penal de Marcos Paz, Complejo Penitenciario Federal II, me presento y digo:

I. Objeto

Vengo por el presente a denunciar que las conductas obradas por el personal de este Complejo Penitenciario que infra identifico y sus jefes y/o directores y/o superiores jerárquicos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, constituirían la comisión, según los hechos que seguidamente paso a narrar y el derecho vigente que invocaré, de los delitos de “abandono de personas” y “torturas” consumados en perjuicio del suscripto.

II. Hechos

En mayo de 2007 fui trasladado, por resolución del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata (Bs. As.), desde donde estaba alojado, el Cuerpo de Policía Montada de la Policía Federal en Buenos Aires a este Complejo Penitenciario.

Se me traslada primero a la UP N° 28 del Palacio de Tribunales de la calle Lavalle en Cap.Federal y allí se me realiza un examen médico y se me encuentra un “pico de hipertensión”.

Días mas tarde, ya alojado en este Penal de Marcos Paz, Módulo N° 2 enfermería, se me lleva al Hospital del Penal para un chequeo médico, radiografía y electrocardiograma.

El Dr.
Walter Sosa cuando analiza la radiografía y el electrocardiograma que me habían sacado, me dice que “tengo un soplo en el corazón y arritmias”, que tendría que hacerme un “chequeo profundo” y “control” para mayor seguridad y conformidad de su diagnóstico. Me pregunta si “tengo Obra Social” para elegir un lugar y ser derivado al mismo.

Frente a este diagnóstico que el Dr. Sosa me transmitiera, comienza en mi una preocupación por mi estado de salud que creía mejorada.

Pasado el tiempo, esa preocupación se acentúa y el nerviosismo crece pues no puedo observar si continuaba ese diagnóstico ya que no fui llevado al chequeo que el Dr. Sosa me anticipara se haría.

Esto fue en mayo de 2007. Pasó más de un año y nunca fui controlado por el médico especialista en corazón, Dr. Sosa.

A medida que pasaban los meses, y hasta hoy en día, esa preocupación persiste y me “tortura psicológicamente” al sentirme “abandonado” por el Servicio Médico de este Penal Federal.

Y esta “tortura psicológica” y “abandono” se agudizó frente a los traumáticos fallecimientos por problemas cardíacos, de los internos Mario Jaime que estaban en mi Pabellón el día 28 de Junio del corriente año y de Carlos Versellone el día 4 de julio, alojado en el Pabellón 6.

III. Derecho

1) Invoco aplicable el derecho establecido en:

- La Constitución Nacional, art. 18 (in fine), art. 75 inciso 22 en cuanto ha incorporado con jerarquía constitucional la “Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes” (particularmente los arts. 1.1 y 2; 2.1; 4.1 y 2; 6.1 y 2; 12; 13 y 16.1 y 2); de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” (particularmente en los arts. 5 y 8); la “Convención Americana sobre DD.HH. – Pacto San José de Costa Rica” (particularmente en lo relativo al art. 5 inciso 1 y 2), y normas concordantes.

2) Fundo el derecho de denunciar en lo normado por:

- El Código Procesal Penal de la Nación art. 174 ss. y cc.
- La ley 24.660 ut supra mencionada y su Decreto (reglamentario) N° 1136/97 art. 125 y c.c.

3) Todo sin perjuicio del principio “iura novit curia”

IV. Prueba

Pretendo valerme de la siguiente , sin perjuicio de que pudiera ofrecer y producir oportunamente:

- Documental:

- Mi historia clínica del Hospital del Cuerpo de Policía Montada de la Policía Federal, donde la médica cardióloga me controlaba por mi hipertensión y me medicaba.

- La “historia clínica” de mi internación y estudios realizados por el Dr.
Bertolozi en el Sanatorio Güemes de Cap. Fed. en los años 1976/77/78.

- La “historia clínica” que el Dr.
Mario Lugones tendrá cuando me atendía en su consultorio privado en los años 1980 en adelante. La fecha exacta no recuerdo.

- La “historia clínica” del Penal de Tribunales (CPF N° 28) cuando me medicaron por ese pico de hipertensión.

- La “historia clínica” de este Penal Federal y su hospital.

V. Petitorio

Por lo expuesto a V.E. solicito:

- Se me llame a declarar a ratificar la presente denuncia a fin de darle posteriormente, el tratamiento de ley.

- Se investigue el hecho denunciado previa formación del debido sumario judicial.

- Oportunamente se resuelva condenando o absolviendo a quienes resulten culpables o inocentes respectivamente.

- Preventivamente se adopten las medidas necesarias, de carácter correctivo, para evitar la reiteración de sucesos de índole del referido.

- Puedan los internos, cuyo diagnóstico lo amerite, ser trasladados a centros asistenciales de alta complejidad ya que en el Hospital local del Penal se carece de los elementos modernos necesarios.

Provea de conformidad

Será Justicia

P. Christian Padre Christian von Wernich
Interno CPF II M4 P5


Escrito judicial de fecha 10/7/2008

Entregado al celador, hora 15:45

Marcos Paz, Julio 10, 2008

Señor Juez Federal
Juzgado N° 2
Morón – Bs. As.


Christian Federico von Wernich, LE 5.812.677, de 70 años de edad, por derecho propio, haciendo uso del art. 67 de la Ley 24.660, alojado en el Módulo 4 Pabellón 5 del CPF II, me presento y digo:

I. Objeto

Habiendo presentado denuncia el día 8 del cte. mes y como está en su Juzgado, vengo por la presente a ampliar información sobre hechos denunciados y nuevos que paso a detallar:

II. Hechos

En el día de la fecha, julio 10, tenía turno según se me había informado, en el médico oculista del CPF N° de Ezeiza.

A las 09:45 soy llevado al Módulo N°3, ingresos/egresos y judiciales, para trámites internos de rigor.

A los 10 minutos se me informa que regresaría a mi pabellón pues se suspendía el viaje. Ingreso al pabellón a eso de las 10:15 hs. aproximadamente.

Luego a las 12:30 hs. la Sub Directora del Hospital “intra muros” Subalcaide Dra.
Babenco me informa que no fui llevado a la consulta médica oftalmológica pues “no estaba la orden judicial para mi traslado.” Que habían hablado telefónicamente al Juzgado –no me informó qué juzgado- y que le dijeron que “solicitara nuevo turno” y se enviaría la autorización correspondiente.

Quiero informarle que ya el juzgado o Tribunal Oral N° 1 de La Plata había autorizado dos consultas anteriores. Tengo entendido, no he leído esa autorización, que mi abogado Dr.
Cerolini solicitó esas autorización para que “tantas veces como sea necesario” sea llevado a la consulta si el facultativo necesitara un chequeo posterior.

También me informó la Sub Directora del Hospital Dra. Babenco, que en el día de hoy o mañana el Dr.
Walter Sosa, médico cardiólogo a quien denunciara penalmente en ese escrito que obra en su juzgado, me realizaría un chequeo.

Le manifesté a la Dra. Babenco que me negaría a ser revisado por el Dr. Sosa pues al haberlo denunciado penalmente por “torturas psicológicas” y “abandono de persona” debía resguardar mi vida y que no era ético ni competente ser atendido por quien yo denunciara oportunamente.

La Dra. Babenco me informó que debería ser controlado médicamente.

Le informo que mi afección sería cardíaca y que para ello un especialista debería hacerlo. Que también la Secretaria del juzgado, el día martes 8 en horas de la tarde fue informada por mi del problema y que ese control se debería realizar “extramuros”, cosa que ella, la secretaria, estuvo de acuerdo ya que solicitaría al Dr.
Corazza del Juzgado Federal de La Plata, la correspondiente autorización para ello.

III. Petitorio

Por lo expuesto a V.E. solicito:

- Se tenga por informado de esta situación que se ha producido y el por qué rechazo el control del Dr. Walter Sosa.

- Se adjunte a mi denuncia por “tortura psicológica” y “abandono de persona” el presente escrito.

- Preventivamente se adopten las medidas necesarias, de carácter correctivo, para evitar nuevas “torturas psicológicas” sobre mi persona pretendiendo ser atendido por quien he denunciado, en este caso el médico cardiólogo Walter Sosa.

Provea de conformidad
Será Justicia
P. Christian
Christian F. von Wernich
Sacerdote
Interno CPF II M4 P5


Escrito judicial de fecha 2/12/2008

Entregado celador Vera hora 10:30 en mano

Marcos Paz, diciembre 02, 2008

Señor
Juez Federal
Juzgado Federal N° 2
Morón – Bs. As.

Atención: Dra.
Bárbara Moramarco
Dra. Ana Stucchi
Secretaría N° 5 Causa 4295

Christian Federico von Wernich, LE 5.812.677, de 70 años de edad, por derecho propio y estando alojado en el CPF II Módulo 4 y Pabellón 5 vengo a exponer negativa a ir al Hospital Municipal de Marcos Paz para un estudio médico que solicitara la Dra. Gomez que es la que me atiende como médica del CPF II.

El estudio médico consiste en “ecodopler” y en estudios cardíacos.

Mi negativa a que esos estudios se realicen en el HM de Marcos Paz se debe a que el médico cardiólogo de dicho Hospital es el Dr. Walter Sosa con quien tengo una denuncia en el Juzgado de SS causa 4295.

En el “acta de negativa” que firmara junto al Jefe de Turno Adj. Ppal.
Victor Fernandez a las 09:45 hs. del día de la fecha dice: “por hoja adjunta manifiesto motivos de mi negativa”.

En la parte que se me pregunta si tengo algo mas que agregar, digo: “Si, adjuntaré nota de la negativa al Juzgado Federal N° 2 de Morón”.

En la hoja adjunta a dicha acta manifiesto: “… No creo ético que la persona que me haga los estudios médicos sea la misma persona – o la que él designe – con la que llevo una querella.”

“El Dr.
Daniel Gomez Rojo, de la DN de Sanidad del SPF, DN, está interiorizado de este tema y también la Dra. Babenco, Sub Directora del HPC CPF II.”

“El Dr. Gomez Rojo fue notificado el día 07 de agosto en forma personal en el Pabellón, durante una visita que nos hicieron. La Dra. Babenco se la notificó el día 10 de julio del cte. año.”

Habiendo hecho uso del art.67 ley 24.660 y no teniendo nada más que notificar.
Será Justicia
P. Christian
Padre Christian von Wernich M4/P5




Escrito judicial de fecha 9/6/2009

Fax para Tribunal: (0221) 427-0169 / 421-8681.-

Marcos Paz, Junio 09, 2009

Tribunal Oral Federal N° 1
La Plata – Bs. Aires

Atte:
Liliana SCHEINKAN
Secretaria Ejecución

Christian Federico von Wernich, LE 5.812.677, de 71 años de edad, por derecho propio haciendo uso del art. 67 de la ley 24.660, alojado en el Pabellón 5 del Módulo 4 del CPF II en Marcos Paz (Bs. As.), me presento y digo:

I Objeto:

Vengo por la presente a ampliar denuncia que hiciera, vía telefónica, en el día de ayer lunes 08 del corriente año a las 08:50 horas a la Secretaria de Ejecución Dra. Liliana SHEINKAN sobre graves irregularidades que estoy viviendo en mi lugar de alojamiento “ut supra” por violación al art. 18 de la Constitución Nacional, el art. 9 de la ley 24.660, Decreto Nacional 303/96 sobre “Organización Régimen Carcelario” en su art. 41 y violación de los DD.HH. en “tortura sicológica” con el agravante de “abandono de persona” establecido en el Código Penal por parte del Señor Director del Complejo II, Sr.
Ramirez; el Sr. Director Nacional del SPF Dr. Marambio; el Ministro de Justicia de la Nación Dr. Fernandez y el Director del Hospital del Complejo II Dr. Goncalvez por los hechos denunciados y ampliación de los mismos que paso a detallar:

II Hechos:

1) El día domingo 07 del corriente mes, a las 11:30 horas aproximadamente, se corta el suministro de agua corriente al Pabellón sin aviso previo y sin ningún comentario o aviso posterior.

Hasta el día de hoy, martes 09, hora 08, me encuentro sin agua potable con algunos de los graves inconvenientes que paso a detallar:

a) En este Pabellón son muchos internos mayores de 65 años – entre los que me encuentro – que debemos tomar medicamentos en distintos horarios. Al no tener agua potable y al no haber provisto el Servicio Penitenciario botellas, no se pudo tomar el medicamento en horario.

b) No fue posible ningún tipo de higiene tanto personal como de la celda.

c) No fue posible limpieza de platos, vasos y cubiertos teniendo que comer y retirar los alimentos en elementos sucios con el posible contagio de algún virus.

d) No fue posible lavar ropa.

e) No fue posible el beber algo caliente como mate, te, etc. para mitigar el intenso frio reinante.

f) Total abandono del SPF y sus responsables de proveer agua para beber.

g) Y todo otro problema que la falta de agua durante 45 horas provoca en la persona humana y sus graves consecuencia de deshidratación, enfermedades, etc.

También denuncio la “irresponsabilidad y abandono de persona” que vivo en cuanto a la entrega de medicamentos por parte de la Farmacia y que la médica de planta receta.

Esto no es la primera vez que sucede.

El día 12 de Mayo, en una nota al Director del Módulo 4 Sr. Mansilla le comunicaba la peligrosa realidad de entregar remedios cambiados o fuera de día con demoras de meses algunos de ellos. Esta irregularidad ya la he denunciado en el Tribunal o Juzgado Federal N° 2 de Morón, Secretaría 5 Causa 4295, Secretaría Dra. Bárbara Morarmarco. Hacía responsable de estas irregularidades muy graves al Dr. Goncalvez, Director del Hospital del Complejo. Frente a las reiteradas situaciones e irregularidades me hace pensar que hay una “persecución intencional”. Así lo hice saber al Director del Módulo Sr.
Mansilla. ¿Acaso abuso de poder?

III Petitorio:

1) Se investigue los hechos denunciados.

2) Se investigue que ha hecho el SPF en el problema agua potable pues no es la primera vez que sucede.

3) Que medidas tomarán para evitar la mala entrega de remedios y su demora para recibirlos. También para evitar los próximos cortes de agua.

4) Se evite todo acto de represalia sobre mi persona por denunciar irregularidades muy graves y violaciones a los DD.HH.

Será Justicia
P. Christian
Padre Christian von Wernich M4/P5

EL "GULAG" ARGENTINO Y LA INDIFERENCIA PERVERSA DE LOS ARGENTINOS


En la foto: El Padre Christian von Wernich, a quien autorizaron a celebrar Misa en prisión, pero nadie puede asistir.

Por Cosme Beccar Varela

Hace unos 20 años, más o menos, había en San Isidro una familia de apellido Puccio que se dedicaba a secuestrar gente e inclusive, si no recuerdo mal, mataron a una o más de sus víctimas. El padre era el jefe de la banda, los hijos, unos rugbiers "cancheros". cómplices, y el sótano de su casa particular, situada en el centro mismo de San Isidro, también usada como local de un negocio, era la mazmorra en que retenían a sus desventuradas capturas. Cuando digo el centro de San Isidro, lo digo literalemte, porque era una casa grande, linda, en la esquina de 25 de Mayo y Martín y Omar, a tres cuadras de la Catedral, a media cuadra del Colegio del mismo nombre, a tres cuadras del Club Atlético San Isidro donde uno de los Puccio descollaba como un gran "rugbier" amigo de "todo el mundo" y a cuatro cuadras de la Estación de trenes.

Esa canallesca actividad duró mucho tiempo y sólo se descubrió porque uno de los secuestrados consiguió escaparse.

El caso fue horrible porque ocurrió en medio de un pueblo (mi pueblo natal) habitado por gente de familia generalmente honesta. Muchos de ellos compraban cosas en el negocio de los Puccio y caminaban por encima del sótano en el que, dos metros más abajo, yacían las víctimas de esos criminales. ¿Nunca oyeron un ruido sospechoso? ¿Nunca dudaron de esos Pucció llegados de no se sabe donde (porque no eran familia de San Isidro)? ¿Nunca se les ocurrió cómo habian hecho para capitalizarse, comprar esa casa y montar un negocio próspero?

Esa incuria, ese desinterés por la verdad, esa falta de vigilancia, esa pachorrienta convivencia con los criminales, es un pecado que San Isidro nunca reparó hasta ahora. No tengo duda de que eso habrá de pesar, y mucho, en el Juicio Final.

Valga este antecedente como prólogo de lo que voy a escribir ahora sobre un asunto infinitamente más grave y que afecta no sólo a San Isidro sino a toda la Nación Argentina.

* * *
Ayer, 18 de Agosto, fuí a la cárcel de Marcos Paz a visitar al Padre Christian von Wernich y al Gral. Verplaetsen, conmovido por la situación de éste último que había revelado la carta de Carlos Bosch que publiqué en el nro, 919 de este periódico. Y, desde luego, por la del Padre von Wernich, sacerdote inocente de las viles acusaciones que le enrostran mediante testigos falsos, y también por la de los demás secuestrados pertenecientes a las FFAA y de Seguridad.

El lugar es siniestro. Uno llega arrastrándose por suburbios en los cuales están de alguna manera encarcelados compatriotas míos, gente de trabajo, que lucha desesperadamente por no hundirse en la miseria en esta Argentina tiranizada por ladrones al servicio del marxismo.

Me dolía enormemente imaginarme al padre de familia de alguna de esas casuchas iniciando su "via crucis" cotidiano rumbo al trabajo, con dos horas de colectivo y tren por delante, una jornada agotadora y otras dos horas de lo mismo en condiciones equivalentes al transporte de ganado. Y para colmo, por la noche, con el peligro constante de ser asaltado, robado, o de encontrarse, al volver a su casa, con la triste noticia de que su mujer o su hija habían sido violadas o sus hijos molidos a golpes o asesinados para robarles un par de zapatillas.

Y eso todos los días, días tras día, con el fantasma horrendo de la desocupación acechando. ¡Pobres compatriotas míos! ¡Y yo sin poder hacer nada por ellos, porque no tengo ningún poder (porque sin poder no se puede hacer NADA por ellos)!

Se llega a la cárcel por un camino infecto, supuestamente pavimentado, pero tan mal hecho (es una de las glorias de las gobernaciones peronistas de Duahlde, Solá, Scioli, etc.), que es mejor ir por la tierra de los costados que arriesgarse a caer en un pozo del "pavimento", de medio metro de profundidad.

Se ladea un reformatorio de jóvenes delincuentes, se atraviesa un basural hediondo y se llega a un descampado en el medio del cual hay una serie de edificios denominados irónicamete "residencias" 1, 2, 3 y 4 y que son precisamente las cárceles del penal de Marcos Paz (localidad autodenominada irónicamente, supongo, "ciudad del árbol").

Todo el personal de subordinados es de una amabilidad elogiable. Pero a pesar de ellos, no pueden ocultar el hecho de que son los decididos custodios de casi una centena de secuestrados de la tiranía, y que si uno de ellos intentara recuperar su libertad y no pudieran detenerlo, dispararían contra él hasta matarlo. Y estoy seguro de que lo harían, por más amables que parezcan en este encuentro soleado y pacífico. Las tiranías cuentan con innumerables servidores a sueldo que son "buenas personas" pero que pasan a ser criminales, aunque les pese, cuando su puesto está en juego.

Llegué acompañado por el heroico Ernesto Martín Rodriguez, antiguo compañero de luchas patrióticas. que me fué guiando, mapa en mano, por los intrincados vericuetos del itinerario.

En la guardia de la entrada me enteré con alegria que el Gral. Verplaetsen había sido trasladado a un Hospital, con lo cual el criminal tratamiento que le habían dado hasta ese momento, había cesado. Eso debe agradecerse a Carlos Bosch que tuvo la valentía de denunciar su situación mediante una "carta de lectores" en "La Nación" que reproduje en "La botella al mar".

Sólo nos quedaba ver al Padre von Wernich. Desde la guardia hasta la "residencia" nro. 4 en la cual estaba "alojado" había una gran distancia. Dijeron que nos mandarían un "móvil" para trasladarnos. Pero después de esperar 30 minutos inútilmente por ese "móvil" caminamos, hasta que a mitad del viaje nos recogió un omnibus destartalado que transporta a las visitas.

Atravesamos varias puertas enrejadas, nos anotamos en los registros, pasamos a una sala de espera y finalmente llegó el P. von Wernich con quien estuvimos un rato largo. Mucho menos largo que el tiempo que él lleva encerrado en esa jaula. Está entero, sin amargura, dejando todo en manos de Dios, pero de su conversación podía entenderse cual es la situación de los secuestrados. El almuerzo se entrega a las 15 hs., la comida "de la noche" a los 17,30hs., los "menús" son grasientos e insalubres, no los dejan hablar entre ellos, a no ser en los momentos en que pueden estar en el "gimnasio" (una especie de potrero alambrado), los guardias de inferior nivel son amables, pero los Superiores son crueles.

El Padre no puede hacer nada sin permiso del juez Rosanzky, presidente del Tribual que lo condenó a cadena perpetua sin pruebas, sin razón y sin Justicia. Y a todo lo que le pide él le dice que "¡NO!". Puede decir Misa pero no se permite a los otros secuestrados asistir a ella. Los pasillos enormes retumban y todo el día se oyen las radios y el sonido de la TV. Un infierno, aunque el Padre estoicamente no se queja, a no ser de la TV que está justo arriba de su celda, que atruena día y noche, y de la falta de agua que padecieron durante tres días sin una gota, ni para tomar un remedio.

Se indigna cuando relata que entre los prisioneros de "lesa humanidad" (el cinismo de los tiranos es repugnante: ellos, los asesinos terroristas, se atreven a acusar de crímenes de "lesa humanidad" a quienes defiendieron el orden interior contra los inhumanos máximos que son ellos mismos), hay uno que está acusado de haber tenido una "pasantía" de un mes en una cárcel en la que estaban presos algunos de los "bonzos" del terrorismo (ahora poderosos integrantes del gobierno tiránico), cuando tenía 19 años. Se llama Pedro Guerrero. Por el sólo hecho de estar en la lista del personal de la cárcel (el joven pertenecía profesionalmente a la Fuerza de guarda-cárceles) fué secuestrado y hace tres años que está en esa mozmorra sin condena, o sea, excediendo todos los límites de la ley para la prisión preventiva, para no hablar de la monstruosidad que implica acusarlo de haber estado como aprendiz de su propia profesión en su lugar de trabajo.

Y todo eso que padece el Padre von Werrnich es para toda la vida, según la sentencia de los jueces inicuos presididos por Rosansky. Hay otros que ni siquiera tienen una parodia de "sentencia", sino que están secuestrados bajo capa de "prisión preventiva" excediendo todos los plazos legales. La Constitución no rige en ese "gulag". Tampoco rigen las leyes procesales. Ni hay jueces que digan el Derecho. Sólo hay verdugos disfrazados de jueces que obedecen las órdenes de los tiranos o que actúan con una parcialidad repugnante dictada por su odio al catolicismo, a las FFAA y a la Argentina tradicional.

* * *

Eso está pasando en la Argentina hoy, 19 de Agosto del 2009 y desde hace por lo menos seis años. En la misma Argentina en que los camaradas y los compatriotas de esas víctimas miran para otro lado para no enterarse de que esta monstruosidad existe. Les resulta más cómodo olvidarse de esos sufrientes para poder gozar de la vida (los que no tienen que correr desesperadamente para no caer en la miseria, pero en libertad, al menos y por ahora).

Curiosamente, los camaradas de armas de estos secuestrados, aunque desarmados y humillados diariamente por la terrorista que funge de ministro de Defensa, tienen poder suficiente para hacer cesar esta ignominia. Pero prefieren hacerse los distraídos. Los retirados se limitan a dejar sentada su tímida protesta con más alguna marcha insignificante de vez en cuando. Y el resto de la ciudadanía, empezando por las clases cultas, ni se acuerdan de que esta brutalidad existe. Como los pasajeros del "Titanic", gozan cada minuto de los que les quedan para gozar. No saben cuantos, pero mientras dura, sigue el baile.

Esto es mucho peor que el caso de los Puccio en San Isidro. Pero si le horroriza el recuerdo de la crueldad de esos criminales y le escandaliza la indiferencia frívola de los sanisidrenses, debo decirle que nosotros somos mucho peores, porque lo que ocurre en Marcos Paz y en las demás mazmorras de la tiranía, es público -luego no puede alegarse ignorancia- y afecta no a un secuestrado sino a 500, más a todos los integrantes de sus familias que sufren con ellos Además, no han sido muertos uno o dos de los secuestrados, sino 58 (hasta ahora) y la perspectiva es de que mueran muchos más.

Todos se escandalizan -y hacen bien- ante el horror de los campos de concentración nazis (no se horrorizan, en cambio, con el "gulag" soviético, ni con los bombardeos de Hiroshima, Nagasaki y Dresden efectuados por americanos e ingleses), pero sabiendo que a poca distancia de sus respectivos hogares hay hombres que padecen estas injusticias atroces no se escandalizan en lo más mínimo. Dios nos pedirá cuenta de eso, no tengan la menor duda. Y tal vez la cuenta se adelante y debamos sufrir, cuando esta tiranía termine de consolidarse por causa de nuestra criminal indiferencia, lo que no queremos ni imaginarnos que pueda ocurrir en esta tierra del tango y del futbol.