domingo, 19 de enero de 2014
PAPA FRANCISCO VISITARÍA ARMENIA EN 2015 PARA LOS 100 AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO
miércoles, 1 de enero de 2014
LA IGLESIA ARMENIA
viernes, 27 de enero de 2012
EL TESTIMONIO DE UN DESCENDIENTE DE SOBREVIVIENTES DEL GENOCIDIO ARMENIO EN MARDIN
Por Emilio Nazar Kasbo
Maximiliano Gabriel Tarzian lleva el nombre de su abuelo, Gabriel, como segundo nombre. “Todos sufrimos el genocidio y llevamos la sangre de mártires”, afirma refiriéndose a los descendientes de víctimas fatales o no del Genocidio de 1915 en Mardin.
“Mi apellido es Tarzian y mi viejo me dijo que "ian" significa "hijo de"; entonces si le quitas el "ian" queda Tarz”, consigna.
A CASI 100 AÑOS
El relata que las historias sobre Mardin le han sido contadas “más de mil veces” en reuniones familiares a lo largo de los años.
Distintos familiares coincidían en describir la misma historia, siendo que al presente la gran mayoría de ellos murieron. “Los recuerdo todos los días, con mucho cariño, eran personas geniales”, afirma sobre los familiares ya fallecidos. Es lógico: en el año 2015 se cumplirán 100 años del inicio del primer genocidio del Siglo XX y del primer Genocidio Científico de la Humanidad: el genocidio islámico turco contra los armenios. Son muy pocos los que hoy pueden dar un testimonio directo de los hechos.
Mientras tanto, Turquía sigue con una postura absolutamente negacionista, sin reconocer el genocidio.
LA MEMORIA
“A mi tía Ivonne en su vejez la traje a vivir a casa, -continúa relatando Tarzian- porque cuando yo tenia 8 años le prometí no enviarla a un geriátrico y cumplí. El 16 de Enero de 2012 hizo un año de su fallecimiento. Ella y su hermana Regina, mi madrina, me contaron infinidad de veces muchas historias de la familia y de lo que paso en Mardín”
Tarzian a su vez cuenta más detalles: “Mi tía Ivonne, que fue una “segunda madre” para mí, me contó como Mons. Maloyan tenia información de que lo iban a buscar los turcos, como finalmente lo hicieron. Lo torturaron para que hable, querían que les diga a quiénes había ayudado a fugarse y el mártir no habló. Un mártir, que Dios lo bendiga.”
MONS. MALOYAN
“El tío abuelo de mi abuelo era obispo de la Iglesia Armenia en Mardin y tenía contacto directo con Mons. Ignacio Maloyan, -consigna-. Tengo una sola foto de él en un cuadrito en algún lado en mi casa”, en el cual “está vestido igual que Mons. Maloyan en la foto mas conocida que hay de él”.
Maloyan supo uno o dos días antes de que lo que se venía y se quedó. ¡Qué coraje, sabiendo lo salvajes que son los turcos! Mi padre recuerda que su tío Juan, cuando le preguntaban sobre el Genocidio, entre dientes y con bronca solo decía: "turcos contra Dios…"
“El Beato Mons. Ignacio Maloyan en persona ayudó a mi abuelo y a sus primos hermanos a escapar de la matanza disfrazados de seminaristas, porque Mons. Maloyan ya sabía días antes que venían por él los musulmanes. Solo pensar en la adrenalina que habrán sentido al hacerse pasar por seminaristas… ¡es increíble! Así, mi abuelo y sus primos hermanos lograron escapar del Genocidio contra los armenios. Además, le dio un relicario que contiene una Astilla de la Cruz de Cristo, que luego del Vaticano le enviaron un documento que lo autentifica. Mi abuelo Gabriel Tarzian hablaba dos idiomas en Mardín, uno era el árabe y el otro idioma no recuerdo cual era. Pero en Argentina aprendió el castellano”, refiere.
“Mi papá tenia un cuadro de Maloyan y lo donó a la Iglesia Armenia Católica de Capital Federal (Buenos Aires)”, recuerda.
MARDIN Y LOS ARMENIOS
“En los libros de historia figura que Armenia fue el primer país en convertirse al cristianismo del mundo. Llevamos sangre de mártires en las venas”, afirma Tarzian.
“Con mi padre abogado, se cortaron 7 generaciones de sastres en Mardin”, asevera. “Somos sobrevivientes de un genocidio real, pero además de ese dolor tenemos otras cosas que son buenas en común, como la comida y música de nuestros ancestros, que es de toda esa área de Anatolia y alta y baja Mesopotamia. Creo que todos estamos muy interconectados, hasta cuando veo a las Kardashian en el canal E, digo ¡qué bárbara! ¡Una mujer perfecta, y le gusta el keppe!, y sé bien "implícitamente" que también sufrió el genocidio”, comenta.
“Espero que algún día Turquía madure y reconozca el genocidio”, concluye.
El cuadro que refiere Tarzian, ha sido colocado en un importante lugar en la Catedral Armenia Católica de la ciudad de Buenos Aires.
lunes, 25 de octubre de 2010
SABER VIVIR, SABER QUÉ HACER POR LOS DIFUNTOS, Y SABER MORIR
Por Emilio Nazar Kasbo
Para Dios no hay anónimos. Dios conoce mejor que nadie la propia vida, no necesita que se la expliquemos. Somos nosotros quienes necesitamos de Dios para que Él nos explique. Y Dios nos explicó todo lo que necesitamos saber encarnándose y haciéndose verdadero hombre para convivir con nosotros y mostrarnos el Camino al Reino de Dios que es Jesucristo mismo. Y Jesucristo dejó la Iglesia fundada en cabeza de San Pedro para atravesar el hilo de los tiempos y llegar hasta el fin del mundo con el Evangelio.
Porque el Evangelio es la Buena Noticia que marca la senda de aquello que desprecia el mundo: la Bienaventuranza.
El hijo de un amigo judío recientemente ha fallecido. He visto su desconsuelo, su angustia, su pesar y su desesperación. “¿Qué es lo que piensa que sucedió con su hijo?”, le pregunté. “Nada, no existe más”, me respondió entre lágrimas.
LA BIBLIA
Efectivamente, muchos judíos no creyeron nunca en la Resurrección que Jesucristo vino a revelar no sólo con la resurrección de Lázaro mostrando en vida su poder sobre la vida y la muerte, sino con su propia Resurrección. Muchos jamás llegaron a comprender las frases del Antiguo Testamento en que se habla de la Resurrección de los muertos, ni aun en el caso del Rey Saúl y la pitonisa de Endor a que se hace referencia en I Samuel (I de Reyes) 28 especialmente los versículos 12 y 15 ss.
Pero la Resurrección primera y más importante es la de Jesucristo, ya anunciada en el Antiguo Testamento, como en Sal. 16, 9-10; I Cor, 15. Pero al momento de la Resurrección de Jesús, también resucitaron con Él quienes aguardaban en el Sheol (Mateo 27, 52-53), y también se puede ver la resurrección al fin de los tiempos (I Tesalonicenses 4,13-18 y I Corintios 15, 51-58). En el Antiguo Testamento, el Libro de Daniel es apocalíptico, y en el capítulo 12 describe la Gran Tribulación en el versículo 1, y la resurrección en el versículo 2 como un suceso inmediatamente posterior.
Isaías (26, 19) habla explícitamente de la resurrección: “vivirán tus muertos; resucitarán los muertos míos. Despertad y exultad, vosotros que moráis en el polvo; porque el rocío de luz es tu rocío, y la tierra devolverá los muertos”, que en los versículos siguientes lo relaciona el despertar de los cuerpos muertos con el momento en que Cristo juzgue al mundo.
REX IVDÆORVM
Sucede que mi amigo judío no es creyente ni del judaísmo ni de nada. Para él todos los templos son espacios sin sentido y debieran destruirse, incluyendo iglesias, sinagogas y mezquitas. De allí la visión materialista y su consecuencia: la angustia del ateo.
Dios es quien nos amó primero, y en quien somos persona por seguir a Dios Encarnado en la Segunda Persona, en el Verbo, que es Jesucristo. Ser persona no depende de nuestra elección libre de Dios, sino que es un don que Dios nos da, y que nosotros libremente hemos de aceptar. Se es persona aunque no se acepte a Dios, aunque se lo rechace, como Luzbel rechazó a Dios y perdió la espiritualidad sobrenatural para quedarse sólo con sus cualidades naturales como ángel caído. Luzbel no dejó de ser un ángel al rechazar a Dios y convertirse en Lucifer para condenarse como ángel para siempre con vida infeliz por su apartamiento de Dios que es la Felicidad. El ser humano tampoco deja de ser persona por rechazar a Dios, conservando todas sus facultades y potencias del alma… pero la diferencia está en la Felicidad que es vivir en Gracia de Dios.
Pero sin Dios, la vida es una paradoja, un hecho sin sentido. Si Dios, no hay Felicidad, sino breves relámpagos de alegría mundana que se extinguen tan rápido como llegan. Tenía otro amigo judío, David Fridman, ya fallecido, quien vivía en un geriátrico y estaba muy entrado en años, y cada día venía a decir: “hoy estamos, y mañana también”… hasta que un día dejó de decirlo porque había fallecido.
Sí, al parecer muchos miembros de la colectividad judía tratan de sobrellevar el misterio de la muerte mediante el humor. Así, tal vez llegan a ver los pasajes que hemos referido de Isaías o de Daniel como meras metáforas, o incluso como algo cómico.
A Jesucristo mismo se le burlaron, se reían de Él, pero su sentencia grabada en la Cruz continúa vigente: INRI, que en Latín es IESVS·NAZARENVS·REX·IVDÆORVM, y que traducido significa “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”.
Su Trono por siempre es la Cruz (que marcaba lo más despreciable para el mundo que gobierna Satanás), y su Corona era de espinas, y tal como había sido profetizado, le arrancaron los pelos de la barba, lo escupieron y su manto fue rifado. Muchas burlas de los judíos hacia los cristianos vienen de este espíritu, de no comprender el sentido de la vida, de la muerte y de la resurrección.
INSEGURIDAD Y CONTROL TOTAL
El otro efecto que parece darse en la colectividad judía, es la inseguridad en esta vida, que sin expectativas de la Justicia de Dios se convierte en una doble vía: o aceptar la Ley para vivir como Dios ha pedido hasta la muerte siguiendo la fórmula para no equivocarse hasta que termine esta vida con cierta paz y seguridad, o rechazar esa Ley siguiendo el lema “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, ya que la muerte igualará a quien sigue la Ley de Dios con quien no la sigue. Esta es la consecuencia de una concepción donde la Justicia de Dios no existe, y mucho menos su Misericordia. El hombre está en este mundo como una pasión inútil, al decir de los existencialistas, y cada cual vive la vida como le plazca. ¿Te hace bien ser judío y seguir los Mandamientos? Entonces hacélo ¿Te hace bien ser católico y tener la Esperanza en lo que Jesucristo que es Dios reveló? Entonces hacélo. Grave error es esta concepción inmanentista, ya que la Verdad es independiente del sentirse bien o no, y no depende de una condición psicológica sino de una realidad externa a la persona que ha de reconocer como acto de Sabiduría o ignorar como un acto de necedad. Dios existe y se encarnó en Jesucristo sin dejar de ser Dios en el seno virginal de María, aunque nosotros no creamos en Él.
La consecuencia de la visión inmanentista es la vida en la inseguridad del dolor. El peor de los males es el dolor, y de entre todos es la irremediable muerte. Surge así la concepción hedonista y pelagiana: a consecuencia de el Pecado Original es banalizado como una “metáfora” o como un “cuento para ingenuos”, a la vista surgen males sociales inexplicables así como tragedias personales cuyo sentido el hombre es incapaz de develar. ¿Cuál es el mayor mal? La muerte colectiva, y como en la concepción judía de ser el “pueblo elegido” las únicas personas son los judíos y el resto son “goim” (meros animales parlantes), el mayor mal es un genocidio donde mueren muchos judíos, siendo éste el único que cuenta respecto de toda otra muerte o genocidio, aunque sean más numerosos, más crueles, anteriores o posteriores. Cabe destacar además que los judíos como pueblo elegido de Dios perdieron su primogenitura en favor de los cristianos, como Esaú respecto de Jacob por un plato de lentejas, al rechazar a Jesucristo como Rey Eterno espiritual para optar por el mesianismo temporal que les interesaba.
¿Qué es lo que dará seguridad a semejante ser humano inseguro en un mundo donde deberá afrontar el dolor físico, psicológico y económico? Precisamente, la medicina, la psiquiatría y el Becerro de Oro, Mamón, el dios del dinero. Con el dinero se puede conseguir poder, se puede pagar una buena medicina costosa y se puede vivir lo más cómodamente posible hasta que un día llegue ineludiblemente la muerte para reducir en nada a ese hombre tan preocupado.
Por otra parte, eliminado el mesianismo espiritual que ha tenido la realización en Jesucristo y su promesa del Reino de Dios al decir “Mi Reino no es de este mundo”, minimizado como un “cuento para ingenuos” ante el cual sólo cabe la burla, la inseguridad humana se convierte hacia el mesianismo temporal de un gobernante que tenga todo el poder del mundo para traer todo el bien a los suyos y todo el mal a quienes considere sus enemigos.
La mayor seguridad en el mundo (del cual su verdadero dueño es Satanás), es ese gobierno mundial que a todos ha de controlar, porque la inseguridad social se erradica con el control total del mundo en cabeza de el hombre más poderoso del planeta.
La incredulidad burla acerca del mensaje de Jesucristo que se extiende espíritu católico, conlleva a la credulidad materialista y mesiánica temporal.
SABER VIVIR
Dios ha inserto en cada persona que nace un “manual de instrucciones automático”, que se llama Sindéresis, y que es una facultad que permite desde la más tierna niñez conocer qué es lo bueno y qué es lo malo, como parte del sentido común… a no ser que ese sentido común sea alterado por factores culturales para aceptar como “normal” a lo antinatural que es contrario a la norma.
Pero no solamente gozamos de la Sindéresis, que nos hace responsable al actuar mal, sino que además el Evangelio es la opción permanente que aguijonea a creyentes y no creyentes, en un llamado de atención desde que nacemos hasta el último instante de nuestra vida.
¿Quién dice cómo hay que vivir? Unos viven de un modo, otros de otro, y cada cual hace lo que le plazca mientras no moleste a los demás. Semejante concepción individualista y relativista, no es más que un combate a Jesucristo de modo directo.
Jesucristo dice cómo hay que vivir, cómo se han de vivir los Mandamientos con libertad y no con espíritu formalista, cómo se ha de cumplir con la Ley, cómo se debe amar a Dios y al prójimo. Jesucristo nos enseña cómo vivir, y si hacemos el intento de imitarlo “en las buenas y en las malas”, de seguirlo el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, también estaremos con Él el domingo de Pascua. Ese es el camino de la santidad.
Saber vivir es tener la Fe a pleno y tratar de vivirla con la mayor coherencia posible, más allá de nuestros pecados, de nuestros vicios y de nuestros defectos. Jesucristo nos ha dejado el instrumento de la Confesión, para que podamos limpiar nuestro interior preparando el ingreso de Él en forma de Pan Vivo bajado del Cielo. Esa es la Eucaristía. Para confesarse y recibir la absolución, es necesario el firme compromiso de abandonar el pecado, que arrastra hacia la perdición del alma, y el propósito serio de evitar nuevas caídas. El destino del alma está en juego.
QUÉ HACER POR LOS DIFUNTOS
Cuando alguien fallece, en la actualidad se piensa en “los trámites”, en “el papelerío”. Antes se pensaba en otras cosas… antes se pensaba en la Extrema Unción en situaciones graves de peligro de la vida de una persona, y si fallecía se pensaba en los rezos, en llamar al cura para el responso y en la Misa de cuerpo presente. Días de duelo y de reflexión seguían al velorio.
Sabemos que al morir la persona se enfrenta al Juicio Particular, a la espera del Juicio Universal que se dará al final de los tiempos. Son los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno – Gloria. Al final, el alma se salva por la Misericordia de Dios y el Amor que tenga a Dios, o no se salva arrastrada por vicios y pecados graves a la infelicidad por siempre.
A su vez, quien muere con pecados veniales va al Purgatorio, donde lavará tales pecados para entrar con la mayor limpieza al Reino de los Cielos y estar en plena presencia de Dios, en lo cual residirá la propia Felicidad.
Por la Comunión de los Santos, podemos rezar por los difuntos. Sólo no es posible rezar por las almas condenadas, por aquellos que murieron rechazando explícitamente a Jesucristo y en odio a la Fe. Sin embargo, no sabemos quiénes son tales almas, ya que la Misericordia de Dios y el arrepentimiento final de la persona siempre es desconocido. Por eso, si bien la norma general indica que no podemos rezar por las almas condenadas (que se llaman precitos), sí podemos hacerlo puntualmente por determinadas personas en tanto no estén incluidas en tal grupo. Efectivamente, podemos rezar por las almas más necesitadas de la Misericordia de Dios, pero no por las almas condenadas cuyo destino ha quedado congelado al momento de su muerte como la voluntad de los ángeles caídos al rechazar a Dios.
En un mundo donde las personas concebidas son abortadas intencionalmente para ser arrojados a la basura, es necesario volver a dar el culto a los muertos como siempre se ha hecho en la Iglesia Católica. No son 144 mil personas los que se salvarán, como dicen en la secta de los testigos de Jehová, sino que tal es una cifra simbólica de un número perfecto múltiplo de 7, y que marca una cierta cantidad de personas por los que Jesucristo murió (es decir, no murió por “todos”, sino “por muchos”).
El día de todos los fieles difuntos nos marca en ese sentido. En la muerte de personas cercanas, Dios nos está diciendo algo, nos llama la atención, y nos dice que un día también a nosotros nos llegará el turno de enfrentarnos ante Él. En la calavera que tengo a la vista en el Estudio, está grabado en la frente del cráneo: “fui lo que tú eres, serás lo que yo soy”. ¿De qué servirá nuestro paso por el mundo si no ha sido consagrado en cada instante a la Eternidad de Dios que es Amor, para brindarse caritativamente al prójimo?
SABER MORIR
Se muere como se ha vivido. ¿Qué diferencia a un armenio de un judío? Judío es una religión, una descendencia racial semita (de Isaac, a diferencia de sus primos descendientes de Ismael), y una nacionalidad ligada a la identidad religiosa. Los armenios también, porque armenio es un rito litúrgico, una descendencia común racial (caucásica armenoide), y una nacionalidad ligada a la identidad religiosa cristiana. Los judíos fueron el pueblo elegido por Dios en el Antiguo Testamento; los armenios son el pueblo elegido por Jesucristo para convertirse en la primer Nación Cristiana de la Historia; los judíos tienen apego por el dinero, los armenios saben ganarlo con mucha eficiencia; los judíos tienen la angustia de una vida inmanentista, los armenios tienen la Esperanza de la Resurrección en Jesucristo; los judíos consideran como mayor tragedia sus muertos durante la II Guerra Mundial, los armenios miran la vida con alegría al saber que las víctimas del silenciado genocidio atroz causado por los islámicos turcos otomanos ha sido motivo de muchos martirios de almas que hoy están en la Visión Beatífica de Dios tras haber muerto perseverando en la Fe hasta el último aliento.
El genocidio contra los armenios fue el primero del Siglo XX, es el único genocidio negado por los victimarios (ni siquiera minimizado o banalizado), además del primer genocidio científico de la Humanidad, fue el más cruel y sanguinario en el modo de ser llevado a cabo, y dio a la cristiandad numerosos mártires católicos. La diferencia entre un armenio y un judío, es que los armenios seguimos a Dios que nació como hombre en medio del pueblo judío y que fue el rabino que dejó el Evangelio: Jesucristo.
La diferencia entre un judío y un armenio no es sólo racial. La diferencia está en la condición psicológica para asumir la tragedia de muertes numerosas de la propia identidad religiosa y nacional.
Quien vive en las Virtudes cardinales y Teologales, seguramente tendrá el don de saber morir con la confianza de que su alma se conducirá directamente hacia Dios. Quien vive una vida en el pecado, cambiando la Felicidad de Dios por todo aquello que ensucia el alma, será arrastrada irremediablemente a la angustia. El primero sabe morir, el segundo ya está muerto, porque el pecado es la muerte, y cuanto más grave es el pecado más aun se está muerto… aunque al espejo aparezca un cuerpo saludable.
Ante un espejo no se perciben las cualidades internas de la persona, del mismo modo que un cirujano jamás descubrirá las virtudes de su paciente escudriñando con camaritas sus órganos internos, incluso su cerebro o su corazón. Esa es la mirada materialista. “Muere joven, y serás un cadáver bello”, afirmaban los románticos alemanes que predicaban “vivir el momento” (el “carpe diem”). ¿Pero de qué servirá la belleza al cadáver, y por cuánto tiempo se conservará? Tal es el lema de quien vive en el pecado, de quien es un muerto que habla y camina. Sólo el amigo conoce qué es lo que hay dentro de tal paciente… y no hay persona más cercana ni más amigo que Dios mismo.
TESTIMONIO HASTA EL FINAL
Pero además hay otra forma de morir, y es la de quien por testimonio de Jesucristo halla la muerte, siguiendo el mismo final del Rey de los Judíos y del Universo entero por los Siglos de los Siglos. Ese es el testimonio de los mártires. Y al momento de analizar la vida de los mártires, quienes purgan todos los pecados en su misma muerte testimonial, se percibirá que algunos llegan a ese sublime momento como coronación de una vida de coherencia en la búsqueda de la santidad.
En el pueblo de Mardin en la provincia de Diarbakir (antiguamente llamada Dikranakert, capital del Imperio Armenio de Tigranes el Grande), los muertos durante el Genocidio Islámico Turco contra los armenios lo fueron en testimonio de Jesucristo. Antes de masacrarlos, había una afirmación previa: “islamizate, reconocé que Mahoma es el profeta y salvarás tu vida”, que recibía por respuesta ante la exigencia de apostasía: “si afirmo eso estaría diciendo una mentira, condenaría mi alma por toda la eternidad, todo lo que hay en el mundo no vale nada a cambio del destino de mi alma, no puedo renunciar al testimonio de Jesucristo como Hijo de Dios”. La consecuencia fue la muerte… y la posterior conversión de muchísimos de los asesinos que guardaron en su memoria el rostro de quienes morían con la Paz de Jesucristo con total serenidad enfrentando con gallardía la muerte (tras haber sido torturados muchas veces). No habían cometido delito alguno, ni siquiera contra las leyes del islam, sólo habían proclamado que no renunciarían a la Fe. Así murió también Mons. Ignacio Maloyan, el obispo armenio católico de Mardin, junto a todo el grupo de armenios católicos que lo secundaron. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?”, preguntan los Salmos de David.
Este es el testimonio de los muertos. ¿Todavía quedan ganas de burlarse de ellos? ¿Todavía quedan ganas de burlarse de Jesucristo? Un día esas burlas se transformarán en angustia para los pérfidos y los apóstatas.
Jesucristo está en el último lugar donde lo hemos abandonado, esperando que volvamos a ser sus amigos. “Estoy a la puerta y llamo”, nos dijo. El golpea en la puerta de nuestro corazón para que lo abramos y habite como huésped por la Eucaristía. A cada instante nos llama.
Los infelices no entran al Cielo: sólo tienen lugar en el infierno. Y para ser Feliz, no hay más Camino que Jesucristo mismo. La disposición a ser un mero instrumento del Evangelio es propia, los méritos son de Dios.
sábado, 12 de junio de 2010
95 AÑOS DE LA BRUTAL TORTURA Y MARTIRIO EN MARDIN (ACTUAL TURQUIA) DEL OBISPO IGNACIO MALOYAN
En la aldea de Kara-Kenpru, cerca de Amida, en Turquía, beato Ignacio Maloyan, obispo de Mardin, en Armenia, y mártir durante el genocidio de los cristianos de aquella región por obra de los perseguidores de la fe.
Por no haber querido abrazar otra religión, después de haber consagrado el pan para la refección espiritual de sus compañeros de cautiverio, fue fusilado junto con un ingente número de cristianos, ofreciendo su sangre para obtener el fruto de la paz (1915).
Ignacio Maloyan (Shoukrallah), hijo de Melkon y Faridé, nació en 1869, en Mardin, Turquía.
Su párroco, notó en él indicios de una vocación sacerdotal, por lo que lo envió al convento de Bzommar, Líbano; tenía catorce años.
Después de terminar sus estudios superiores en 1896, el día dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, fue ordenado sacerdote en la Iglesia del convento de Bzommar, pasó a ser miembro del Instituto de Bzommar y adoptó el nombre de Ignacio en memoria del famoso mártir de Antioquía.
Durante los años 1897-1910, el padre Ignacio fue nombrado párroco en Alejandría y El Cairo, donde su buena reputación se propagó rápidamente.
El Patriarca Boghos Bedros XII lo nombró como su asistente en 1904. A causa de una enfermedad que afectó sus ojos y una asfixiante dificultad para respirar, regresó a Egipto y permaneció allí hasta 1910.
La Diócesis de Mardin estaba en un estado de anarquía, por lo que el Patriarca Sabbaghian envió al Padre Ignacio Maloyan para restablecer el orden.
El 22 de octubre de 1911, los Obispos del Sínodo reunido en Roma eligen al Padre Ignacio como Arzobispo de Mardin. Él se hizo cargo de sus nuevas funciones y planeó la renovación de su destrozada Diócesis, fomentando especialmente la devoción al Sagrado Corazón.
Lamentablemente, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, los armenios residentes en Turquía (que fueron aliados de Alemania) comenzaron a soportar sufrimientos inenarrables. De hecho, el 24 de abril de 1915 marcó el comienzo de una verdadera campaña de exterminio. El 30 de abril de 1915, los soldados turcos rodearon el Obispado Católico Armenio y las iglesias en Mardin, bajo el argumento de que eran escondites para armas.
A principios de mayo, se reunieron el Obispo y sus sacerdotes, él les informó de la situación peligrosa que se veía venir. El 3 de junio de 1915, soldados turcos se llevaron al Obispo Maloyan arrastrado con cadenas a los tribunales con otras veintisiete personalidades católicas armenias. Al día siguiente, veinticinco sacerdotes y ochocientos sesenta y dos creyentes estaban encadenados.
Durante el juicio, el jefe de la policía, Mamdooh Bek, pidió al Obispo convertirse al Islam. El obispo respondió que él nunca traicionaría a Cristo y su Iglesia. El buen pastor le dijo que estaba dispuesto a sufrir todo tipo de malos tratos e incluso la muerte y en esta estaría su felicidad.
Mamdooh Bek le golpeó en la cabeza con la parte trasera de su pistola y ordenó que le pusieran tras las rejas. Los soldados le encadenaron los pies y las manos, lo arrojaron sobre el suelo y le golpearon sin piedad. Con cada golpe, al Obispo se le escuchó decir "Oh Señor, ten piedad de mí, oh Señor, dame fuerza", y pidió a los sacerdotes presentes la absolución. Por eso, los soldados volvieron a golpearle y le arrancaron las uñas de los pies.
El 9 de junio, su madre lo visitó y lloró por su estado. Pero el valiente Obispo la alentó. Al día siguiente, los soldados reunieron cuatrocientos cuarenta y siete armenios y los subieron en camiones. El convoy militar tomó la ruta del desierto.
El Obispo alentó a sus feligreses a permanecer firmes en su fe. Luego, se arrodillaron y el oró a Dios que los ayude a aceptar el martirio con paciencia y coraje. Los sacerdotes concedieron a los creyentes la absolución. El Obispo tomó un trozo de pan, lo bendijo, recitó las palabras de la Eucaristía y lo dio a sus sacerdotes para distribuir entre la población.
Uno de los soldados, testigo ocular, relató esta escena: "A esa hora, vi una nube que cubría a los prisioneros y de todos lados se emitía un aroma perfumado. Había una mirada de alegría y serenidad en sus rostros". Como todos los que van a morir por amor a Jesús.
Después de dos horas a pie, hambrientos, desnudos y encadenados, los soldados atacaron a los presos y los mataron ante los ojos del Obispo. Luego de la matanza llegó el turno del obispo Maloyan.
Mamdooh Bek pidió entonces Maloyan de nuevo a convertirse al Islam. El soldado de Cristo contestó: "Yo he dicho que voy a vivir y morir por la causa de mi fe y la religión. Me enorgullezco en la Cruz de mi Dios y Señor". Mamdooh se enfadó mucho, le apuntó con su pistola y disparó a Maloyan. Antes que él respirara su último aliento gritó en voz alta: "Dios mío, ten piedad de mí; en tus manos encomiendo mi espíritu".
Fue beatificado el 7 de octubre de 2001 por S.S. Juan Pablo II.
Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Ignacio, contacte a:
Patriarcat Arménien-Catholique
Rue de l’Hopital Orthodoxe
Jeitaoui
2400 Beyrouth, LEBANON
- o -
Institut du Clergé Patriarcal de Bzommar
5081 Bzommar, LEBANON
Fuente: www.catholic.net / www.santopedia.com
martes, 21 de abril de 2009
IGNACIO MALOYAN: UN VERDADERO MÁRTIR DEL PRIMER HOLOCAUSTO DEL SIGLO XX
Con motivo de conmemorarse el 94 aniversario del inicio del primer "genocidio científico" de la humanidad iniciado por el Imperio Turco Otomano el día 24 de abril de 1915, en el cual Ignacio Maloyan fue torturado y masacrado, junto a un grupo inicial de 27 personalidades armenias, que posteriormente se amplió a casi 450, produciéndose una gran masacre en la ciudad de Mardin (ciudad perteneciente a la Armenia Histórica, actualmente en territorio de Turquía).
La tortura, masacre y martirio al que fueron sujetos no fue señal de cobardía ni de pusilanimidad, sino de testimonio de la Verdad de Jesucristo hasta entregar la vida, con entereza, en la seguridad del Evangelio, como signo de la fuerza del Espíritu Santo.
Reproducimos a continuación la biografía de Mons. Ignacio Maloyan, el obispo mártir de Mardin, publicada en la página www.es.catholic.net:
Su párroco, notó en él indicios de una vocación sacerdotal, por lo que lo envió al convento de Bzommar, Líbano; tenía catorce años.
Después de terminar sus estudios superiores en 1896, el día dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, fue ordenado sacerdote en la Iglesia del convento de Bzommar, pasó a ser miembro del Instituto de Bzommar y adoptó el nombre de Ignacio en memoria del famoso mártir de Antioquía.
Durante los años 1897-1910, el padre Ignacio fue nombrado párroco en Alejandría y El Cairo, donde su buena reputación se propagó rapidamente.
El Patriarca Boghos Bedros XII lo nombró como su asistente en 1904. A causa de una enfermedad que afectó sus ojos y una asfixiante dificultad para respirar, regresó a Egipto y permaneció allí hasta 1910.
La Diócesis de Mardin estaba en un estado de anarquía, por lo que el Patriarca Sabbaghian envió al Padre Ignacio Maloyan para restablecer el orden.
El 22 de octubre de 1911, los Obispos del Sínodo reunido en Roma eligen al Padre Ignacio como Arzobispo de Mardin. Él se hizo cargo de sus nuevas funciones y planeó la renovación de su destrozada Diócesis, fomentando especialmente la devoción al Sagrado Corazón.
Lamentablemente, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, los armenios residentes en Turquía (que fueron aliados de Alemania) comenzaron a soportar sufrimientos inenarrables. De hecho, el 24 de abril de 1915 marcó el comienzo de una verdadera campaña de exterminio. El 30 de abril de 1915, los soldados turcos rodearon el Obispado Católico Armenio y las iglesias en Mardin, bajo el argumento de que eran escondites para armas.
A principios de mayo, se reunieron el Obispo y sus sacerdotes, él les informó de la situación peligrosa que se veía venir. El 3 de junio de 1915, soldados turcos se llevaron al Obispo Maloyan arrastrado con cadenas a los tribunales con otras veintisiete personalidades católicas armenias. Al día siguiente, veinticinco sacerdotes y ochocientos sesenta y dos creyentes estaban encadenados.
Durante el juicio, el jefe de la policía, Mamdooh Bek, pidió al Obispo convertirse al Islam. El obispo respondió que él nunca traicionaría a Cristo y su Iglesia. El buen pastor le dijo que estaba dispuesto a sufrir todo tipo de malos tratos e incluso la muerte y en esta estaría su felicidad.
Mamdooh Bek le golpeó en la cabeza con la parte trasera de su pistola y ordenó que le pusieran tras las rejas. Los soldados le encadenaron los pies y las manos, lo arrojaron sobre el suelo y le golpearon sin piedad. Con cada golpe, al Obispo se le escuchó decir "Oh Señor, ten piedad de mí, oh Señor, dame fuerza", y pidió a los sacerdotes presentes la absolución. Por eso, los soldados volvieron a golpearle y le arrancaron las uñas de los pies.
El 9 de junio, su madre lo visitó y lloró por su estado. Pero el valiente Obispo la alentó. Al día siguiente, los soldados reunieron cuatrocientos cuarenta y siete armenios y los subieron en camiones. El comvoy militar tomó la ruta del desierto.
El Obispo alentó a sus feligreses a permanecer firmes en su fe. Luego, se arrodillaron y el oró a Dios que los ayude a aceptar el martirio con paciencia y coraje. Los sacerdotes concedieron a los creyentes la absolución. El Obispo tomó un trozo de pan, lo bendijo, recitó las palabras de la Eucaristía y lo dio a sus sacerdotes para distribuir entre la población.
Uno de los soldados, testigo ocular, relató esta escena: "A esa hora, vi una nube que cubría a los prisioneros y de todos lados se emitía un aroma perfunado. Había una mirada de alegría y serenidad en sus rostros". Como todos los que van a morir por amor a Jesús.
Después de dos horas a pie, hambrientos, desnudos y encadenados, los soldados atacaron a los presos y los mataron ante los ojos del Obispo. Luego de la matanza llegó el turno del obispo Maloyan.
Mamdooh Bek pidió entonces a Maloyan de nuevo a convertirse al Islam. El soldado de Cristo contestó: "Yo he dicho que voy a vivir y morir por la causa de mi Fe y la Religión. Me enorgullezco en la Cruz de mi Dios y Señor". Mamdooh se enfadó mucho, le apuntó con su pistola y disparó a Maloyan. Antes que él respirara su último aliento, gritó en voz alta: "Dios mío, ten piedad de mí; en tus manos encomiendo mi espíritu".
Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Ignacio, contacte a:
Patriarcat Arménien-Catholique
Rue de l’Hopital Orthodoxe
Jeitaoui
2400 Beyrouth, LEBANON
- o -
Institut du Clergé Patriarcal de Bzommar
5081 Bzommar, LEBANON
sábado, 18 de abril de 2009
"¡92 AÑOS DE IMPUNIDAD!", por Virginia Digdanián de Granieri
¡92 AÑOS DE IMPUNIDAD!
Por Virginia A. Digdanián de Granieri
En la foto: Mons. Ignacio Maloyan, obispo de Mardin (Armenia histórica, actual Turquía), quien fuera torturado, martirizado y masacrado junto con numerosos armenios.
Transcribimos una carta de lectores publicada en el Diario El Día de La Plata (www.eldia.com.ar/edis/20070504/opinion0.htm) de Virginia A. Digdanián del año 2007, siendo vicepresidente del Club Mardin de La Plata, cuando se cumplían los 92 años del inicio del Genocidio Turco Otomano contra los armenios el día 24 de abril de 1915.
Cabe destacar que el Club Mardin de La Plata fue fundado el día 10 de junio de 1943, en conmemoración de la muerte del Obispo Armenio Católico de la ciudad, Mons. Ignacio Maloyan. Los miembros del Club Mardin de La Plata son descendientes de armenios arabizados, y por tanto muchas veces discriminados por la misma colectividad armenia, por el simple hecho de no conocer el idioma.
El Club Mardin no se integró a quienes pertenecían a la Iglesia Siriana Ortodoxa ni con los miembros del Club Libanés en La Plata, ni constituyeron un Club Sirio, a pesar de compartir con todos ellos el conocimiento del idioma árabe (ya que Mardin fue un centro de gran represión del idioma armenio y de su cultura). Las diferencias eran su raíz armenia y católica, que llevaron a constituir un Club independiente de los demás.
A continuación, el texto de la Carta de Lectores:
¡El 24 de abril de 1915, el emporio turco comenzó la matanza contra los armenios, siendo el primer genocidio del siglo XX. Turquía necesitaba ampliar su territorio y recomponer su economía, por lo tanto su objetivo consistió en invadir pueblos cuya cultura generaba progreso y prosperidad.
¡Mis mayores residían en Mardin, perteneciente a la aparquía armenia católica. Por lo tanto, fueron víctimas de ese vandalismo incalificable, pues usurparon sus derechos, sembrando muerte, tortura, violaciones, vulneraron su honor. Y destruyeron escuelas, bibliotecas e incendiaron iglesias en las que se refugiaba la población indefensa. Esos hechos dieron origen a la gran diáspora por parte de los sobrevivientes, pues el invasor trataba de destruir todo vestigio de la cultura cristiana armenia.
¡La familia Digdanián llegó a la Argentina que era eminentemente católica, dispuestos a comenzar una nueva vida cimentada en la paz. Constituyeron su hogar y a sus hijos les transmitieron su cultura, su religión y sus costumbres; jamás doblegaron su dignidad ni renunciaron a su fe. Hombre y mujeres de bien amaron a este hospitalario país como a su propia patria, a la que no retornaron jamás.
¡En 1943 fundaron una institución a la que denominaron Mardin en homenaje a su lejana e inolvidable tierra. No reclamaron venganza, pero nuestra obligación es no olvidar. El 24 de abril se cumplieron 92 años del genocidio que costó la vida a un millón quinientas mil personas. ¡Son 92 años de impunidad!.

