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domingo, 1 de julio de 2012

UN SECRETITO DE CRISTINA FERNÁNDEZ: ALICIA KIRCHNER FUE FUNCIONARIA DEL PROCESO MILITAR



En la foto: Boleta de la campaña electoral menemista del año1995 en que Alicia (Kirchner) fue candidata a Intendente de Rio Gallegos y para concejal el secretario general de la gobernación durante la dictadura, Carlos Muratore.

Alicia Kirchner, ocupó un puesto de no poca importancia durante TODA la dictadura militar.
Tuvo rango de viceministro en la provincia de Santa Cruz, durante el período que va de 1975 a 1983.
Es decir, comenzó como funcionaria de un área que operaba conjuntamente con el ex ministro de Bienestar Social de la Nación José López... Rega.
Fue Subsecretaria de asuntos sociales de la provincia. Y tan buena fue su gestión que la Dictadura Militar instalada en la provincia en marzo de 1976 la confirmó en el cargo y lo perdió recién cuando retornó la democracia.
Sí, lo perdió recién cuando los militares se fueron. Todo esto se encargó de ocultarlo en su CV, haciendo creer que su función se desarrolló en dos períodos diferentes, uno en 1975, y el otro en 1983, cuando en realidad fue ininterrumpido.
Tan buen vínculo tuvo con sus jefes militares, pues para ellos trabajaba, que incluso cuando cambiaban los ministros y hasta el gobernador interventor, ella quedaba.
Joyita.

Fuente: Tábano Informa

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA VERDADERA HISTORIA




Para evitar el olvido y divulgar la verdad a quienes no lo saben, ó no lo leyeron en los libros de Historia, especialmente las jóvenes generaciones, inocentes protagonistas de ese olvido.

- Nuestra memoria colectiva es tan escasa (tal vez ex-profeso deseamos no recordar hechos dramáticos como sistema de autodefensa emocional) que parece que nadie recuerda lo sucedido aquel 25 de mayo de 1973.  Quizás porque ya pasaron 38 años.

- Se puede catalogar como uno de los días mas trágicos de nuestra historia y casi le adjudicaría a ese momento la génesis del drama que comenzaríamos a vivir luego, tras asumir la Presidencia de la Nación el dentista de San Andrés de Giles, el Dr. Héctor "Tío" Cámpora.

- Ese día, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno el presidente de facto Gral. Alejandro Agustín Lanusse traspasaba la banda presidencial a Cámpora bajo los aplausos que bajaban desde los palcos y balcones, poblados por figuras como la actriz Soledad Silveira, el cura Mujica, el periodista Osvaldo Papaleo y su esposa Irma Roy, el "Brujo" José López Rega, Raúl Lastiri y su esposa Norma López Rega, el cineasta Juan Carlos Gené (luego Director de Canal 7), Jorge Taiana (quien luego haría estallar una bomba en el bar El Ibérico el 4 de mayo de 1975, matando a un mozo e hiriendo a varias personas, en plena democracia), José Ber Gelbard, el Secretario del Movimiento Justicialista Juan Manuel Abal Medina y los terroristas Dardo Cabo, Rodolfo Galimberti, Fernando Vaca Narvaja, entre otros.

- La entrega de la banda presidencial por parte del Gral. Lanusse al "Tío Cámpora" no fue acompañada por el Himno Nacional, sino por la marcha "Los Muchachos Peronistas".


- Concluido el acto, el Dr. Esteban "Bebe" RIGHI, (chaqueño, de 34 años en ese momento, especialista en Derecho Penal) y flamante Ministro del Interior, un joven lleno de "ideales", se trasladó al Departamento de Policía y entre otras barbaridades cometidas, ordenó desarmar a todo el cuerpo de la Policia Federal.

- Mientras Cámpora se saludaba y fotografiaba con el presidente cubano Osvaldo Dorticós y con el chileno Salvador Allende, RIGHI ordenaba al Servicio Penitenciario Federal abrir las puertas del penal de Villa Devoto, para poner en libertad a la totalidad de su población carcelaria.

- Juan Manuel Abal Medina (hermano de Fernando, asesino de Aramburu y amante de Nilda Garré), partió con sus acólitos desde la sede del Partido Justicialista en Boedo 127, que se trasladaron al penal de Villa Devoto para efectivizar la "orden presidencial".

- Ese día salieron “libres” criminales de toda laya y color, asesinos y hasta reconocidos narcos internacionales como Francois CHIAPPE.

- A los pocos minutos, se incendiaron cientos de autos y colectivos alrededor de Plaza de Mayo y los muros de la Casa de Gobierno fueron pintados con la leyenda "Casa Montonera" por los "compañeros combatientes".


ESTAMOS HABLANDO DEL AÑO 1973, AUN NO ESTABAN NI VIDELA NI MASSERA.

- Hoy, 38 años después de aquella "La Noche Negra del 25", una camarada de ruta de aquel grupo de terroristas,  "Todoterreno", desagradable y perversa guerrillera (R.E.) Nilda "Comandante Teresa" Garré, hace lo mismo: destruye las FF.AA. y tras cartón, descabeza a la Policía Federal y la desarma, mientras que Esteban Righi, hoy con mucho más kilos, hipertenso, lleno de colesterol y aburguesado millonario, es nada menos que... el Fiscal General de la Nación Argentina.

- Solo 38 años para repetir aquella torpe y maldita decisión que tanto daño nos produjo.
La memoria de los argentinos... ¿Dónde está...?

- Qué ironías tan dolorosas para el hombre común, aquel que solo quiere vivir en paz, que estos dos indignos de nuestro respeto, sean hoy quienes dirigen parte de nuestros destinos como sociedad y como Nación, compartiendo cartel en el triste y desolador espectáculo de lo que están haciendo con nuestro país...

- Seguramente repararemos el tejido social que estos tipos han destrozado, y volveremos a ser una sociedad respetuosa de todas las obligaciones y merecedora de todos los derechos que esta banda de terroristas nos ha robado.

- Tal vez no falte tanto para recuperar la memoria perdida e iniciar el recorrido del camino de la dignidad y unidad nacional.

No perdamos la memoria para no repetir el pasado más oscuro... ¡¡¡divulguemos la verdadera Historia y no la fábula de "los jóvenes idealistas" (eufemismo de asesinos), que les quieren hacer creer a quienes no vivieron esa terrible época!!!

 
Fuentes: Hemeroteca del Honorable Congreso de la Nación. Consultas en 17 diarios y periódicos de todo el país. Acceso libre. www.benbiv.gov.ar

FUENTE DE LA NOTA:

lunes, 5 de marzo de 2012

VIDELA:"LA ÚNICA VÍA ES SACARLOS (A LOS K) DEL GOBIERNO"; “NO SALIMOS A CAZAR PAJARITOS, SINO AL TERRORISMO Y A LOS SUBVERSIVOS”



En esta segunda entrega de la entrevista concedida en exclusiva a CAMBIO16, el exdictador, lejos de moderar sus declaraciones, persiste en mantener una visión radical de sus actuaciones al frente del país y no se arrepiente de la “caza al terrorista” que causó miles de desaparecidos

Tras la publicación de la primera parte de esta entrevista en Cambio16, en Argentina se armó un revuelo de proporciones inimaginables. Cierta izquierda, que supuestamente dice defender los derechos humanos y los valores democrático, incluso llegó a censurar a quien suscribe estas líneas por haber entrevistado al general Jorge Rafael Videla, en un ejercicio por tratar de imponer la autocensura y el silencio acerca de los sucesos que acontecieron en Argentina en las décadas pasadas. El comienzo de la censura es el inicio del totalitarismo. Quien teme a la verdad e impone un discurso basado en el pensamiento único sin posibilidad de objetarlo está defendiendo una forma de dictadura sutil, supuestamente inocente y anclada en las ‘verdades’ oficiales aceptadas por todos; pero, en definitiva, estamos ante una nueva forma de dictadura bajo ligeros ropajes democráticos.


La crisis Argentina de la década de los setenta
¿Cómo juzga a la figura de Héctor Cámpora (1973)?

Los jóvenes peronistas más radicales le llaman al presidente el “tío Cámpora”, lo cual revela la afinidad entre este sector del movimiento con el presidente. Centenares de montoneros que habían perpetrado delitos y habían sido arrestados por las fuerzas de seguridad salen en libertad por decisión del presidente Cámpora. Esta gente, desde luego, no sale arrepentida ni con deseos de integrarse en el sistema democrático, sino directamente con la idea de continuar con la revolución y seguir por la vía violenta, incluso matando.

Simultáneamente a estos hechos, el Congreso refrenda ese indulto y queda, digamos, legalizado de facto. Ni que decir tiene que estos jóvenes estaban armados e iban a continuar por la vía violenta su objetivo de hacer la revolución.

Amnistía y olvido quedaban así refrendados. Ese fue el comienzo de los hechos que vinieron después; Perón no estaba en el país y, cuando tuvo conocimiento de los hechos, parece que no le agradaron. Estos jóvenes no actuaban de acuerdo con los principios que tenía Perón, que pasaban más por un reencuentro, un acuerdo entre todos los argentinos para solucionar los problemas, y tampoco estaban en la línea de su pensamiento.

Este desacuerdo se confirma cuando llega Perón a Argentina y no puede aterrizar donde estaba previsto, debido a que se había desatado una batalla campal donde estaba programado aterrizar y porque los propios peronistas se habían enfrentado entre ellos por el liderazgo del movimiento; se habla de que hubo entre un centenar y dos centenares de muertos.

La recepción a Perón degeneró en un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda del peronismo por monopolizar la figura del líder y controlarlo durante su llegada.

Y el liderazgo, siguiendo sus patrones, tenía que dirimirse por la fuerza de las armas. El avión de Perón tiene que aterrizar en un aeropuerto militar por razones de seguridad y le recibe el vicepresidente que estaba en Buenos Aires.

Perón toma conciencia de que las cosas no le van a resultar tan fáciles como él pensaba y que está juventud maravillosa de antes le iba a traer problemas; tendría que tomar medidas para evitar que la situación se desbordase y ya toma posiciones, considerando que estos jóvenes no eran tan idealistas sino revolucionarios, claramente. Tiempo después, consciente de la situación tan adversa que asume, provoca la renuncia de Cámpora y se hace un llamado a elecciones, en donde Perón sale elegido mayoritariamente con su esposa como vicepresidente. Perón, en esas elecciones, sale elegido con un alto porcentaje de votos, más del 62% del censo, y decide poner orden en un estado de cosas y en un movimiento que ya no compartía sus ideas.


Videla cree que Perón no controlaba aún la situación tras la muerte de José Ignacio Rucci

Hay un episodio que lo conmueve a Perón, que es el atentado contra el dirigente gremial José Ignacio Rucci, que es asesinado y ahí, el presidente dice: “Me cortaron las piernas”. Fue un acto doloroso y mostraba que Perón no dominaba todavía la situación, mostrando a las claras que el oponente ya no tenía miramientos y estaba dispuesto a llegar hasta el final. Perón, entonces, en una reunión secreta con los dirigentes peronistas, en Olivos, da a entender a través de una directiva que se acabaron los miramientos hacia estos actos y que había acabar de una vez, incluso por la violencia, respondiendo a este tipo de acciones violentas y terroristas.

Esta decisión dio lugar a que se produjeran una serie de acciones encubiertas. Y lamentablemente la mano ejecutora de este grupo que operaba bajo las órdenes y el consentimiento de Perón era el ministro de Bienestar Social, José López Rega, que organiza la Triple A, las famosas tres A (Alianza Anticomunista Argentina), un hombre de confianza del presidente que se dedica a ejecutar las órdenes que le da el viejo general y que no siempre se atienen a la legalidad. De esta manera, se van dando los primeros pasos y pone orden en el país, pero, sin embargo, el líder ya no es el de antes y tiene la salud muy desgastada.

Hasta el último aliento da todos sus esfuerzos por normalizar y por trabajar en su proyecto, que desde luego no era el de los jóvenes “idealistas”, sino el de normalizar el país de una vez por todas tras los excesos cometidos.

Mará Estela Martínez de Perón, expresidenta de Argentina
¿Como juzga el papel de María Estela en todos estos acontecimientos?

El general Jorge Rafael Videla, tras María Estela Martínez de Perón

Perón muere y le sucede automáticamente su mujer, María Estela Martínez de Perón, tal como se preveía legalmente. La mujer de Perón, desde luego, no estaba preparada para ser presidenta, y mucho menos en las circunstancias en las que estaba viviendo el país.

Para afrontar la situación que vivíamos, se necesitaba carácter, conocimiento, capacidad para tomar decisiones y prestigio, rasgos de los que carecía totalmente esta señora. El gobierno de María Estela va perdiendo fuerza. Era una buena alumna de Perón, eso sí, ya que desde el punto de vista ideológico se situaba en la extrema derecha del peronismo y el marxismo le provoca un rechazo total.

En un almuerzo con varios generales, una treintena si mal no recuerdo, llegó a ser muy dura con el marxismo. En ese sentido, no quedaban dudas de que la dirección ideológica estaba encaminada, pero le faltaban fuerzas y conocimientos para llevar a cabo el combate, la lucha, y poner orden.

Incluso para poner coto a las actividades de López Rega, que mataba por razones ideológicas, pero que también lo hacía por otras razones para cobrarse algunas cuentas pendientes. La situación, como ya he dicho antes, era muy difícil, reinaba un gran desorden. A Isabel se le hizo saber este estado de cosas y destituye finalmente a López Rega, que lo envía de embajador itinerante al exterior. Así se cumplía el deseo de muchos, entre los que me encontraba, que no queríamos que este hombre siguiera al frente de sus responsabilidades.

La acción del terrorismo sigue por su cuenta. Aquel calificativo de que eran “jóvenes idealistas” por pensar distinto hasta el extremo de masacrarlos quedó en evidencia, era una vulgar patraña.

Esta gente estaba entrenada en el exterior, principalmente en Cuba, Siria, Libia y otros países, y luego dentro del país con instructores foráneos; además tenían armamentos y equipos de alto nivel ofensivo, incluso de tecnologías avanzadas. Todo ello reforzado con fábricas de armas y explosivos que llegaron a operar y tener dentro del territorio argentino. Tenían capacidad para matar y hacer daño a la sociedad argentina. Como remate a toda esta estructura, estaba la crueldad que les distinguía, no eran ángeles sino terroristas.

Incluso la revista Time, en un artículo de la época, establecía que si comparábamos a terroristas argentinos, alemanes e italianos, en términos de crueldad, los europeos eran infinitamente más humanos que los de nuestro país.

Huelgan más comentarios. Con esos “jóvenes idealistas” y sus crueles métodos nos teníamos que enfrentar entonces.

Así llegamos a finales de agosto de 1975, en que soy nombrado Comandante en Jefe del ejército argentino, y en los primeros días del mes de octubre, a principios, somos invitados los comandantes de las tres fuerzas a una reunión de gobierno presidida por Italo Luder, que ejercía como presidente por enfermedad de María Estela, en las que se nos pide nuestra opinión y qué hacer frente a la desmesura que había tomado el curso del país frente a estas acciones terroristas.

Con acuerdo de las otras dos fuerzas, yo hube de exponer cuatro cursos de acción, que no viene al caso detallar ahora, que culminó con la selección de parte del doctor Luder del cuarto curso de acción, que era el más riesgoso, en cuanto que confería más libertad de acción, pero que garantizaba en no más de un año y medio que el terrorismo sería derrotado.

Los cursos de acción del 1 al 3 eran más contemplativos, pautados con el fin de evitar errores, pero –de ser seguidos– irían a dilatar sin término el caos en el que se vivía.

El acuerdo se firmaba, bajo estos decretos, para combatir el terrorismo en todas sus formas y hasta el aniquilamiento definitivo; por otras razones, más tarde, cuando fuimos juzgados, se le preguntó a Luder por el término aniquilar e hizo un excelente exposición en términos semánticos sobre la cuestión, que se resume en reducir a la nada; no tiene otra interpretación. A partir de ese momento, de hecho y de derecho, el país entra en una guerra, pues no salimos como Fuerzas Armadas a cazar pajaritos, sino a combatir al terrorismo y a los subversivos.

Estamos preparados, como militares, para matar o morir, estábamos en una guerra ante un enemigo implacable, aunque no mediara una agresión formal, estábamos en una lucha. Así, a principios de octubre de ese año, entramos en una guerra de una forma clara. Desde el punto de vista del planeamiento no fue sorpresa porque el ejército ya jugaba con hipótesis de conflicto, una de las cuales era un desborde sorpresivo terrorista que sobrepasara a las fuerzas de seguridad y que se tuvieran que emplear a las Fuerzas Armadas para detener la amenaza. Teníamos esa contingencia prevista y, ante tal eventualidad, lo único que teníamos que hacer era salir a luchar con los planes previstos.

El Proceso de Reorganización Nacional
¿Qué lograron en términos económicos durante el llamado Proceso
de Reorganización Nacional (1976-1982) que usted lideró?
En lo económico, también se había mejorado, aunque teníamos riesgos inflacionarios que no voy a ocultar ni minimizar. Pero sí se había logrado la confianza del exterior, sobre todo a través de créditos para la Argentina para remozar el aparato productivo del país que estaba seriamente desatendido. Había, además, una gran paz social y se aceptó, mediante un acuerdo con los gremios, que los salarios estuvieran sujetos a la productividad y no a otros elementos; el que más trabaja más ganaba, simplemente.

Teníamos un desempleo peligroso, podemos decir, pero no alto, del 2,5%. Digo peligroso porque no permitía flexibilidad en el mercado de trabajo. Y la clase política no daba muestras ni ansiedad de que el periodo se agotase y se iniciase una nueva etapa política; nos seguían con atención y desconocían cómo había sido la guerra, que parecía haber ocurrido en una nebulosa. Los políticos no querían meterse mucho en estos asuntos y los dejaban para aquellos que manejaban la seguridad del país, responsabilidad que recaía en nosotros en aquellos momentos.

Entonces, y volviendo a los retos planteados tras el 24 de marzo de 1974, si el Proceso había cumplido sus objetivos, ¿por qué no abandonaron el poder?
El Proceso había cumplido sus objetivos a mediados del año 1978, este es un punto crucial que quiero destacar. La pregunta era: si el Proceso había cumplido sus objetivos, ¿por que no darlo por terminado? No había otra razón de ser, las cosas ya se habían hecho. O había que darle otro sentido. Y si así era, el Proceso iba a languidecer porque no tenía otra razón de ser en aquellos momentos.

Nunca se planteó oficialmente esta cuestión que era crucial y fundamental. Había un sector perfeccionista de las Fuerzas Armadas que decía que ahora las cosas están bien y vamos a embarcarnos en otros problemas, a seguir trabajando hasta que las cosas sean perfectas, pero no era así, creo yo, porque los hombres no llegan nunca a la perfección absoluta. Los hombres no son perfectos, solo Dios lo es.

Era tan sólo una forma de justificar el quedarse en el poder por quedarse. Y había un sector que decía que a este Proceso que habíamos
comenzado había que darle otra razón de ser.

¿Hablamos, entonces, de que las Fuerzas Armadas estaban divididas en ese momento?
Este asunto sobre la naturaleza del Proceso no fue tratado oficialmente, pero el debate estaba ahí, subyacía esa división acerca de que dirección se quería tomar y había sus matices sobre cómo afrontar el futuro.

Había que dar otra naturaleza, otro contenido al Proceso, pero también estaba la posibilidad de abandonarlo de una forma definitiva. Luego estaba el conflicto con Chile por las islas del canal de Beagle, y tenga en cuenta que estuvimos a punto, en diciembre de 1978, de llegar a una guerra. También quedaba el camino de una salida política ordenada de un Proceso que se había mostrado exitoso en el desempeño de sus funciones; en ese momento se podía negociar desde una posición óptima. Yo mantenía que el Proceso, en esos momentos, tenía que ser capaz de dejar su descendencia, es decir, hacer política de una forma que las Fuerzas Armadas transcendieran más allá del periodo histórico que ya habíamos superado.

¿Cómo? Dejando la herencia de un Proceso exitoso a los políticos que eran nuestros aliados y amigos, ese era el camino de entonces que yo defendí. Pero hay hubo otros problemas, ya que la política se hace con ideas y con hombres; las ideas eran las del Proceso, que llevamos adelante, y luego estaban los hombres, que tienen nombre y apellidos.

Si en aquellos momentos se hubieran antepuesto los nombres y apellidos de algunos que estaban participando en el proceso, se hubiera
roto la cohesión de las Fuerzas Armadas y este era un valor que no podíamos poner en juego y arriesgar. No podíamos darnos el lujo de romper la cohesión de las Fuerzas Armadas, estaban todavía en juego muchas cosas. Lamentablemente, en ese dejar pasar el tiempo el Proceso en sí languideció y llegó muy desgastado, sin presión externa, hasta fines del año 1979, en que la Junta hizo públicas las bases políticas del Proceso y las sometía a la opinión de toda la comunidad argentina a cuyo frente se situaría el ministro del Interior de entonces para escuchar a todas las voces cualificadas de la sociedad argentina para consultarlos sobre esas bases o modificarlas. O, en su defecto, después de escuchar a todas las partes, enriquecerlas con nuevos aportes. Se trataba de establecer un diálogo productivo entre las autoridades y la sociedad argentina sobre estas bases políticas, pero había dos preguntas ineludibles:

1) ¿Si era conveniente la revisión del acuerdo en la guerra que habíamos librado contra la subversión?; y
2) ¿si estuvo justificado el levantamiento militar del 24 de marzo de 1976? La respuesta a la primera llegó al 70 por ciento y a la segunda al
80 por ciento del acuerdo nacional, respectivamente.

Las víctimas del terrorismo
¿Por qué ustedes no le dieron un reconocimiento a las víctimas del terrorismo en Argentina, cuando es un asunto importante y todavía no resuelto en su país?
Tiene usted razón, tenía que haberse abordado este asunto. El término víctima del terrorismo no fue tenido en cuenta, se veían muertos y víctimas por atentados, pero los consideramos víctimas como tales de estas acciones subversivas.

Hubo también secuestros y asesinados, pero nunca se les vio como víctimas del terrorismo.

En este momento, y visto con esta perspectiva, es algo que no se hizo.

Se reivindicó a los combatientes, también se trabajó en la reivindicación de los presos políticos, que somos nosotros, y ahora se trabaja en esta última reivindicación, en la de las víctimas del terrorismo. Al margen de los combatientes y muertos, y de los presos políticos que estamos pagando un servicio a la patria, faltaban las víctimas del terrorismo y hay ya gente que está trabajando en este asunto, en la búsqueda de esa reivindicación, aunque si bien es cierto que todavía no se ha tenido éxito en lograr ese justo y merecido reconocimiento a ese colectivo por el que usted pregunta.

Videla critica que la presidenta de Argentina no persiga a las víctimas “del otro lado”

Es un trabajo en el que se lleva trabajando desde hace años, pero este gobierno se niega a reconocer sistemáticamente que existieran víctimas del otro lado, ya que si lo hiciera tendría que juzgar a los terroristas que produjeron aquellos hechos y actos que provocaron la existencia de víctimas. Fíjese que hasta en el gobierno de Menem había paridad y cierto respeto a las fuerzas de las dos partes que lucharon o se enfrentaron en aquellos años, incluso emite varios decretos que tienen una dirección simétrica hacia las dos partes.

Reconoce con exactos argumentos a las dos partes. Pero el gobierno actual se ha caracterizado por la asimetría y nos ha considerado solo a nosotros como la parte beligerante, como el demonio que tiene que ser condenado y encarcelado. El otro demonio, los terroristas o los guerrilleros, no existen, eran simplemente “jóvenes idealistas”. Y los esfuerzos que se han hecho en presentar casos de víctimas con nombres y apellidos siguen abiertos esperando el sueño de los justos; la justicia, en un caso, llegó hasta la segunda instancia, pero ahí se extinguió la acción y la lucha sigue. El gobierno sólo reconoce a las víctimas de una de las partes, pero les niega todos los derechos a la otra.

Hay un tema importante: ¿es cierto que se intentó recrear la Cámara Federal en lo penal y que no se encontraron jueces voluntarios?
Fue real, fue tal como dice. La comunidad judicial de entonces estaba amedrentada. A partir de la amnistía de Cámpora, que terminó con todos los condenados por actos violentos en la calle, los jueces, por el contrario, fueron asesinados, cesanteados y tiroteados.


Esa era la realidad de entonces, de antes de que llegáramos al gobierno.
Este asunto no se llegó a tratar oficialmente, pero quiero señalarle que tampoco se encontraban los jueces que quisieran trabajar en el desarrollo del proyecto. No se pudo hacer, simplemente. Aunque quiero decirle algo, los decretos de Luder nos dieron todo el poder y competencias para desarrollar nuestro trabajo e incluso excedían lo que habíamos pedido; Luder, prácticamente, nos había dado una licencia para matar, y se lo digo claramente. La realidad es que los decretos de octubre de 1975 nos dan esa licencia para matar que ya he dicho y casi no hubiera sido necesario dar el golpe de Estado.

El golpe de Estado viene dado por otras razones que ya expliqué antes, como el desgobierno y la anarquía a que habíamos llegado.

Podía desaparecer la nación argentina, estábamos en un peligro real. No es que los militares nos levantáramos un día de la cama y nos hubiéramos dicho: ¡vamos a ir de cacería o a matar “jóvenes idealistas”! Nada de eso, había otras razones de otra índole. Pero realmente Luder nos había dado para la guerra todas las formas y medios que necesitábamos, en nosotros estaba el ser prudentes o no, queriendo reconocer que en algunos casos hubo excesos.

El papel de las Juntas Militares
¿Por qué la Junta no dio instrucciones más precisas, incluso por escrito, de lo que estaba haciendo y de las órdenes que impartía?
Creo que órdenes existieron y fueron precisas, no puedo entrar en detalle ahora en todas ellas. Las órdenes estaban y los que las impartieron, que fueron asumidas por cada uno de los miembros de la cadena de la mando que las dieron. Creo, sinceramente, que fue así.

¿Cómo juzga al almirante Eduardo Massera? ¿tuvo diferencias con él?
Hubo diferencias, claro, él era esencialmente un hombre político, algo que yo no era. Era un hombre muy político, quizá se equivocó eligiendo la profesión de militar y se dedicó a la profesión equivocada.

¿No es sorprendente también que se hayan juzgado a oficiales y suboficiales que aquellos días tenían apenas una veintena de años o algo más?
Mire, yo digo que si el juzgado en este caso, independientemente de su edad, lo es en función de haberse excedido en el cumplimiento de una orden está bien juzgado.

Los demás, le aseguro, son todos juicios políticos, como parte de esa venganza, de esa revancha, como parte de ese castigo colectivo con que se quiere castigar a todas las Fuerzas Armadas. Este plan sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la justicia. Hoy, la República está desaparecida, no tiene justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurídico; el mismo parlamento no tiene contenidos, está compuesto por ganapanes que temen que les vayan a quitar el puesto y se venden al mejor postor. No hay nadie en la escena política con lucidez capaz de hacerles frente. El país tampoco tiene empresarios, porque están vendidos al poder. Hoy, las instituciones están muertas, paralizadas, mucho peor que en la época de María Estela Martínez de Perón. Lo que me permite decir que no tenemos República porque no tenemos a las grandes instituciones del Estado funcionando.

La justicia, el Congreso y las demás instituciones, por no hablar de otros aspectos, no existen; las realidades no son así.

El futuro del país
¿Cómo ve la Argentina de hoy, tiene esperanzas de que haya algún
cambio?
La suerte nuestra, la de los militares detenidos, está en que el país se encamine por otra dirección. Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente, no estaríamos presos.

Yo digo que estamos en una situación hoy muy negativa, totalmente negativa, hemos perdido una gran oportunidad en las últimas elecciones de sentar puntos de apoyo a una oposición sólida y que actuara responsablemente para cambiar este estado de cosas al que me refería antes. Hablo de un cambio, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo. Esta situación de inmediato no va a cambiar, lamentablemente, porque no veo el actor, el líder, y no creo en los iluminados.

La política se hace con hombres e ideas y ahora no los hay, ahora Argentina no los tiene.

No hay tampoco movimientos de opinión sistemáticos contra este gobierno, todos viven bajo el temor del qué dirán, de que les dejen hacer, en definitiva. Todo es miedo y temor, y vivimos permanentemente
bajo ese miedo. Y cuando una sociedad vive bajo el miedo no puede esperar que esté en un actitud de coraje para enfrentar un gobierno que de por sí no tiene reparos y no se detiene ante nada. Un gobierno arbitrario, con espíritu totalitario, y que no se detiene ante nada y ante nadie, que ha perdido la vergüenza y etcétera, etcétera, etcétera. Este es el panorama de la Argentina de hoy y de seguir, que todo parece que seguirá igual, permanecerá en el futuro inmediato.

No hay solución en el corto plazo. Luego está la pretensión permanente de seguir escarbando en el pasado, colocándonos a los militares en la vereda de enfrente como unos indeseables. Hay que comenzar a pensar en el futuro, pero sin concordia no hay futuro. En consecuencia, creo que tiene que haber un diálogo amplio y superador de todos los sectores de la opinión pública para lograr abandonar esos puntos de fricción que
están impidiendo en este momento esa concordia. Por ejemplo, hay que encontrar una solución para resolver el famoso problema de los desaparecidos y ofrecérsela a la sociedad argentina. Son una realidad, son un invento, son una especulación política o económica, ¿qué son realmente los desaparecidos?

Así sucede con otras cosas más que no han sido cerradas y siguen presentes en nuestra vida. Repito: ese diálogo tiene que blanquear esa situación conflictiva que vivimos hoy, superar a través de la concordia nuestras diferencias y tirar hacia adelante con un proyecto de nación basado en un proyecto de vida en común, algo que le falta a la Argentina de hoy. Lo que decía Ortega y Gasset: un proyecto de nación y de vida en común. ¿Qué político ha dicho lo que quiere para la Argentina de hoy? Nadie. Estamos en el puesto que ganamos sin ansias de cambiar nada. Tenemos que despertar, apagar las pasiones y mirar hacia el futuro con otras miras, pensando en los próximos diez años cuando menos. Y en ese encuentro que debe de buscar un punto en común para el diálogo hay que dejar de lado todas tensiones y rigideces que nos han paralizado.

A punto está de que en Argentina estamos sin oposición y un país no puede vivir sin oposición. Los que ejercen el gobierno lo hacen con pretensiones de crear un caudillato sin que nadie los critique y todo el mundo asienta. ¿Se saldrán con la suya?


El presente de Argentina bajo los Kirchner
¿En qué ha fallado este gobierno, qué le diría a los argentinos sobre el mismo?
Si algo tiene Argentina es su riqueza agropecuaria, somos o éramos el granero del mundo, y el agro ha sido borrado de la estructura nacional. Este gobierno ha asociado el campo con la oligarquía y como enemigo de ese socialismo que ellos pregonan, no podemos esperar de esta gente una solución, la única vía es sacarlos del gobierno y no a través de un golpe de Estado, sino a través de los cauces democráticos.

Yo, en las últimas elecciones habidas en el país, esperaba a que apareciera un líder o un movimiento para hacer frente a lo que vivimos, que todos los dirigentes de la oposición se unieran para combatir esta lacra y salir hacia adelante, pero bueno, no apareció y no fue así. Quisiera ser optimista, pero no puedo, aunque siga peleando desde la cárcel, desde aquí. Quiero dar a conocer al mundo lo que pasa. La consigna del prisionero de guerra es la evasión, mientras que para el preso político la lucha es otra, que es el campo de la política y que es antipático quizá para los militares.

Hoy hay que ganar la guerra política a través de los mensajes y los medios de comunicación, y esa es nuestra función: no quedarnos de brazos cruzados.

Desde que está en prisión, ¿le visitan sus antiguos aliados y amigos, o lo han olvidado desde entonces?
Algunos, algunos, pero no pasan de cinco. Nuestra sociedad, que la componen también mis amigos, la argentina, fue la protagonista de la tremenda guerra que vivimos, porque era un combate contra la sociedad argentina y cambiarla a través del modelo marxista que preconizaban esos grupos alzados en armas. Ese proyecto estaba en plena expansión en América Latina y la sociedad argentina fue objeto y sujeto de ese proyecto totalitario.

Esa sociedad se defendió a través de su brazo armado de esa agresión que sufría de unos grupos armados bien conocidos. Luego está la figura del chivo expiatorio, que han sido los militares, y la sociedad argentina actuó de una forma cobarde y dejando abandonado a su ejército, que fue el principal actor en ese conflicto defendiendo a su país de esa verdadera agresión.


Las fuerzas armadas argentinas hoy
¿Cómo se explica ese proceso de destrucción de las Fuerzas Armadas y de indefensión de la Argentina que denuncian algunos militares?
Porque es la revancha de los derrotados, de los “jóvenes idealistas” de Perón, que no lograron sus objetivos, que pasaban por tomar el poder. Con Cámpora lo habían conseguido, en parte. Como ese proyecto revolucionario que tenían de hacerse con el poder se vio frustrado por las Fuerzas Armadas (que, cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional, salieron a reprimirlos y a enfrentarlos), fuimos los ejecutores de parar ese proyecto. Nos preguntaron qué hacer ante la amenaza armada que tenía el Estado y dimos la respuesta que había que dar, que era que nos sacaran a nosotros a hacer frente a esa amenaza. No queda otra vía, claro. Y los derrotamos con las armas en la mano, claramente, y eso los actuales gobernantes, que son herederos de aquellos grupos subversivos, no nos lo perdonan.

¿Por qué, en definitiva, en ninguna parte de América Latina se da esta situación de más de un millar de militares detenidos, procesados y condenados?
Es cierto, esta situación no se da en otras partes del continente. Así es, como usted dice. La explicación es el espíritu de revancha y venganza que anima a este gobierno.

¿Cómo es posible entender actitudes como la del general Martín Balza sobre las fuerzas armadas, e incluso las tareas en las que él participó entonces?
La sensación es que es un canalla, un hombre que se vendió al enemigo para escalar posiciones. Pregunto: ¿cuántos años lleva de embajador? Siete u ocho años. Un trepador vendido por poder y dinero. Él me envió tres cartas en el pasado y muestra su subordinación, afecto y aprecio hacia mí. No eran unas cartas burocráticas, sino escritas sinceramente
y algunas incluso a mano deseando mi libertad, solidarizándose conmigo y esperando un “nuevo amanecer”. Ahora se vende por ansias de poder y denigra a sus antiguos compañeros, ¡qué miserable!


¿Qué mensaje le daría a los soldados que están detenidos actualmente y a sus familias, que también sufren en sus carnes esta situación?
Yo creo que el mensaje explícito y tácito, que es al que yo me atengo, que es la conducta, el ejemplo y el modo de vida, que siempre han sido mis guías, en los buenos y en los malos momentos.

¿Por qué renunció su abogado defensor cuando iba tan avanzado su proceso?
Entrábamos en otra etapa, pasábamos de la etapa instructora a la de los juicios orales y públicos. Era más de lo mismo, con público y publicidad, más de lo mismo, un circo, en definitiva. Entonces, llamé a mis abogados y les dije: ustedes cumplieron su tarea y ahora se trataría de que dejaran para la historia, por escrito, todas las irregularidades y arbitrariedades de las que hemos sido objeto. Que quede escrito y haya constancia de todo lo sucedido para que la gente, en el futuro, conozca lo que realmente sucedió. El abogado soportaba un enorme sacrificio para el desempeño de sus funciones y casi tenía que dejar su trabajo.

La real motivación por la que se fue, para que no quedara duda, era que no se prestaba gratuitamente a esa parodia de juicio sin justicia y sin derecho.

¿Recibiría a algún líder montonero en aras de llegar a la concordia?
Tal como están las cosas, en estos momentos, definitivamente no. En un proceso final, llegado el caso, no aceptaría un diálogo de igual entre unos militares que luchamos por defender a las instituciones de la nación con los cabecillas de una organización armada formada por subversivos, creo que ese no es el punto de partida.

No creo que se puedan equiparar las dos partes, no se puede establecer una concordia desde un punto de partida en que todos somos iguales. Yo hablo, además, de un diálogo entre las partes que sea representativo en la sociedad, pero no de establecer una concordia sin justicia.

Ricardo Angoso
Corresponsal de Cambio 16

jueves, 21 de abril de 2011

EL DESTEÑIDO ESPEJO DEL ‘74

peron isabelita lopez rega

Por Enrique Guillermo Avogadro

“La soledad es el miedo

que se teje callando,

el silencio es el miedo

que matamos hablando,

¡y es un miedo el coraje

de ponerse a pensar

en el ultimo viaje …

sin gemir, ni temblar!”

Eladia Blazquez

Si quisiéramos buscar en el espejo de nuestra historia situaciones similares a las que estamos viviendo, deberíamos remontarnos a 1974 y 1975, aunque la imagen aparecería sumamente desteñida. Todos sabemos como terminó ese periodo.

Entonces, como ahora, la figura mas importante de la política argentina se acababa de morir, y su viuda había alcanzado la cima del poder. Entonces, como ahora, la situación económica se había tornado insostenible por la inflación y el atraso en materia de tarifas. Entonces, como ahora, las alas derecha e izquierda se enfrentaban, pero con otros métodos.

En el caso de Juan Perón, su influencia directa sobre la realidad había durado mas de tres décadas. En el caso de don Néstor (q.e.p.d.), solo siete años.

María Estela Martínez de Perón había llegado a la Vicepresidencia por decisión exclusiva de su marido, después que el debilitado líder viera fracasar su propósito inicial de sentar, a su diestra, a Ricardo Balbín y enterrar así el enfrentamiento suicida de los argentinos. La formula Perón-Perón se debió, entonces, a la necesidad de continuar arbitrando entre las distintas corrientes que integraban al Movimiento.

Cristina Fernández de Kirchner también ocupó la Presidencia por una difícil elección interna en la cual votó solo su cónyuge, que continuo reteniendo el poder real hasta su muerte, y que le ha dejado, como le ocurrió a “Isabelita”, un vacío imposible de llenar: el del arbitro equilibrista.

El oficialismo actual esta presenciando una lucha por el poder, que hoy lleva al campo de batalla a La Cámpora y a la CGT de Moyano, al “cristinismo” a ultranza vs. el “pejotismo” territorial, a los antiguos “jóvenes idealistas” vs. los postkirchneristas. Ese escenario, en el cual don Néstor (q.e.p.d.) sabia desenvolverse tan bien, hoy carece de un operador verdadero, mas allá de las meras maniobras electorales que personas como el “Chueco” Mazzon llevan adelante, con singular pericia pero efímera vida.

Cuando digo que el reflejo vuelve empañado del espejo hablo, sin lugar a dudas, de la imbécil y asesina ideología que llevo a tantos jóvenes de entonces a matar y a morir, en notoria contraposición con la actual, que solo piensa en las prebendas y en las billeteras.

Entonces también el Poder Ejecutivo tenia frente a si un problemón, determinado por el atraso cambiario y de tarifas, caída en el ingreso real de los trabajadores y creciente inflación. “Isabelita”, por determinación de López Rega, designó Ministro de Economía a un hombre de éste, que no encontró mejor solución que el “rodrigazo”.

¿Qué hará el Ministro del futuro Presidente que sea –incluida doña Cristina si, contra todas mis expectativas, decidiera presentarse- aun esta por verse, pero las mismas bombas de tiempo están plantadas en el futuro inmediato, agravadas por el descomunal gasto público y la insoportable voracidad fiscal. Salvo que consiguiera recuperar muy rápidamente la confianza en el Gobierno argentino en materia de seguridad jurídica y, con ello, recibir las indispensables inversiones, no tendrá muchos otros caminos para desenredar la perversa madeja inventada por el kirchnerismo.

Porque, si de futuro se trata, parece que la viuda de don Néstor (q.e.p.d.) no tiene demasiado interés en el. Si no fuera así, seria difícil encontrar una explicación –que exceda la profunda vocación por mejorar la caja oficial para continuar con el clientelismo y la corrupción- al decreto de necesidad y urgencia mediante el cual modifico una ley (marco en el cual fueron realizadas las inversiones de las ex AFJP’s) sin consultar al Congreso y desconoció –¡otra vez!- una sentencia concreta de la Corte Suprema de Justicia, que limita el uso de ese instrumento.

El pavoroso silencio de esta, que ha omitido generar el obligado pedido de juicio político a los funcionarios que incurrieron en tal delito, empaña un poco más, si cabe, esa imagen impoluta que tanto alaban muchos argentinos de todo pelaje.

Lo mismo sucede con todo el mundo empresarial del país que, compartiendo el dañino cortoplacismo que nos impregna y contamina, cree que el futuro se limita a la semana que viene, y que debe, cobardemente, transar con el gobierno de turno para mantener las prebendas que le permiten medrar, sin comprender que lo que esta en juego ahora mismo es su propia supervivencia.

El lunes por la tarde, mientras anunciaba descuentos en medicamentos para jubilados y la extensión del subsidio a las embarazadas, doña Cristina no pudo evitar caer en la tentación de referirse a este nuevo episodio de vulneración de las instituciones.

Lo hizo desde un ángulo sumamente curioso, porque exigió, en nombre de los cuarenta millones de habitantes, que una empresa privada distribuyera más dividendos que los que deseaba. Recurrió a un “relato” –así se llama ahora al dibujo de una falsa realidad- en el que los accionistas mayoritarios de Siderar aparecieron como unos criminales que impedían que se diera subsidios alimentarios a los desnutridos o mejores mensualidades a los jubilados. Peor aun, contó su teoría como si fuera una obligación de quienes poseen la mayoría de una sociedad inclinarse ante la voluntad de una minoría.

Incurrió, así, en varios disparates que llevan a una sola opción: ignora las normas mas elementales del derecho, confirmando que no se recibió de abogada, o es una cínica de marca mayor.

Lo primero que cabe decir es que, si al momento de concretar las ex AFJP’s sus inversiones en empresas privadas el marco jurídico existente (que impedía la concentración del voto en exceso del 5%) hubiera sido distinto, seguramente esas inversiones no se hubieran concretado. Después, la expropiación lisa y llana que hizo el Gobierno de todo el sistema de jubilaciones y ahorros privados fue una nueva alteración del ese marco jurídico, y permitió reunir en una sola mano, el Estado, dispersas inversiones realizadas por distintas entidades.

Luego, hay que explicar a quienes no son abogados ni expertos en materias societarias, que las empresas privadas son administradas por el directorio, cuya integración depende de la asamblea de accionistas, órgano máximo de expresión de la voluntad de estos. Ese directorio, anualmente, presenta a la asamblea un informe de la marcha de los negocios sociales y, en caso de existir ganancias, propone a los accionistas que hacer con ellas.

En general, puede decirse que se destinan a la constitución de reservas para momentos de crisis, a reinversiones en el propio negocio o a dividendos a distribuir entre los accionistas. La decisión final la adopta la asamblea, por mayoría de votos presentes. Entonces, la pretensión de doña Cristina de obligar a Siderar a distribuir mas dividendos constituye una injerencia inaceptable del Estado sobre una persona privada, aunque esta sea jurídica y no física.

La Presidente, en la alocución que cito, tan ponderada por la claque habitual de aplaudidores compulsivos, se permitió, además, decir que esos dividendos que pretende se repartan no la beneficiarían a ella, ni a su Ministro de Economía o a su Administrador de la ANSES, sino que seria alegremente repartido entre los habitantes del país.

Es sabido que este es el mas corrupto gobierno del que se tenga memoria en la Argentina, y que han sido precisamente los Kirchner quienes literalmente se robaron los fondos de Santa Cruz, entre otras muchas canalladas de similar tenor. Pretender que estos se#ores, amparados por los rápidos sobreseimientos de un juez con pasado prostibulario, administraran sanamente en el futuro los bienes públicos, parece cosa de risa, si no fuera tan trágica.

Nótese, además, que la suma que la Presidente pretende que Siderar distribuya –unos seis mil millones de pesos- implicaría para el Estado, dada su participación en el capital de la empresa, un ingreso del orden de los mil quinientos millones. Si, por arte de magia, los famosos fondos –provenientes, recordémoslo, de la venta de YPF a Repsol, que tanto apoyo don Néstor (q.e.p.d.) cuando era Gobernador- fueran devueltos por los Kirchner y reaparecieran en las arcas publicas, el Tesoro recibiría ¡cuatro veces más dinero!

La reiterada y lloriqueante mención a “el” en el discurso presidencial, que esta vez contuvo algunos sabios consejos del fallecido a su cónyuge supérstite referidos a los pobres, no hace más que aumentar la indignación frente a un Gobierno que, a fuerza de ser tan corrupto, se ha transformado en un verdadero genocida. Con la plata que se han robado –en los negocios brutales con Venezuela, en la sobrefacturación de obras publicas, en las actividades vinculadas con el narcotráfico y hasta en la falsificación de medicamentos para enfermos terminales- se podrían construir hospitales y viviendas dignas y dotar de agua corriente y cloacas a grandes conglomerados humanos que hoy, después de ocho años de kirchnerismo, han aumentado sensiblemente su tamaño.

La abrumadora y machacona cita de cifras de distribución de riqueza, de pobreza e indigencia, todas medidas con el falso termómetro del INDEC de Moreno, fue un nuevo agravio a la sensatez y a la inteligencia de los argentinos. Tanto como lo fue, al día siguiente, su desafío a la empresa a presentarse a elecciones, si pretendía desafiar al poder que doña Cristina ejerce.

Debe considerarse, también, que este nuevo ataque a las instituciones y a los grandes protagonistas de la economía agudizara la aversión al riesgo argentino en los inversores.

Sin la presencia de estos, y con el gasto publico enfocado solo al cortoplacismo y al clientelismo, resultará imposible que la Argentina crezca en desarrollo humano, que la riqueza que genera el tan favorable escenario internacional se distribuya mejor, que la mayor capacidad industrial permita crear más y mejores puestos de trabajo, que se amplíe la oferta de bienes y, con ello, que se reduzca la inflación.

En una nueva confirmación al aforismo “cada pueblo tiene el gobierno que se le parece”, las más recientes e incuestionables pesquisas realizadas muestran que mis compatriotas, por abrumadora mayoría, están conformes con la vocación estatista que hoy encarna el Gobierno.

Después de la pésima privatización de YPF por don Carlos Saúl, realizada con el esencial lobby de don Néstor (q.e.p.d.) entre los gobernadores remisos y de la tan curiosa “renacionalización” de una parte importante del capital de la petrolera y de la conducción de esta, un 67% de los argentinos cree que habría que reestatizarla. Como dijo Ricardo Salda#a esta semana, en su impagable nota “Y la nave va …”, solo el “síndrome de Estocolmo” que padecemos como sociedad puede explicar esta reiterada prueba de la estupidez nacional.

Para concluir, y dado este nuevo y gran paso hacia un futuro chavismo en la Argentina, solo cabe formular una pregunta: ¿alguien puede imaginarse la foto de doña Cristina entregándole mansamente la banda y el bastón a un sucesor de distinto palo?

En la respuesta, quizás, este contenido el futuro.

Bs.As., 20 Abr 11

sábado, 24 de octubre de 2009

JUAN DOMINGO PERON MURIO ANTES DEL 1 DE JULIO DE 1974


En la foto: Juan Domingo Perón, María Estela Martínez de Perón y José López Rega.

Por Juan Andrés Bello

(Especial para Diario Pregón de La Plata)

Contaré una historia que me refirió un galeno a quien llamaré J.C., en un almuerzo que compartimos con conocidos, acerca de un secreto no divulgado de la muerte del General Juan Domingo Perón.

Hablando de diversos temas, confesó una hecho que personalmente considero poco conocido, atento que en algunas biografías que tuve acceso sobre el General Juan Domingo Perón, se hace referencia que su muerte acaeció el día primero de julio del año 1974.

Lo que a continuación pasaré a narrar contraría dicha información, y si bien han pasado muchos años de su deceso considero que es importante se tome conocimiento de lo relatado por alguien que dijo ser testigo directo de los hechos, y pueda arrojar algún dato nuevo a la Historia. Por consiguiente, se esclarecerían además hechos y situaciones de aquél momento histórico.

Durante el almuerzo con el galeno J.C., el mismo por casualidad se refirió a que fue testigo de un hecho que da por tierra a la historia “Oficial”, aquella que con el aval del tiempo de la costumbre desplaza en muchos casos a la realidad.

En la conversación mantenida con el médico, y como si tal cosa fuera “la cosa”, me refirió una anécdota que le tocó vivir en su juventud cuando hacía poco tiempo que se había recibido.

El mismo fue llamado junto con otro colega a la quinta de Olivos, la residencia Presidencial. Era el día 26 de junio del año 1974, a las 16,30 hs aproximadamente, y el objetivo del llamado era hacer un electro cardiograma al presidente Juan Domingo Perón.

Al presentarse ante el portón de la mansión, y después de ser atendidos, el personal de seguridad les solicitó que esperen por unos momentos. Posteriormente se apersona en el ingreso una persona, que para su sorpresa era José López Rega. Este los saluda y les expresa su pesar, al tiempo que manifestaba apesadumbrado: “hace una hora, ha muerto el General”.

La sorpresa que sintieron los médicos fue mayúscula, pero se vio superada cuando él les ordenó y exibió que guardaran “silencio” ante la muerte del líder, expresándoles que en ese momento la Vicepresiente María Estela Martinez de Perón se encontraba en el exterior, y por consiguiente de anunciarse en ese momento el deceso del Presidente podría sobrevenir un grave problema político a nivel nacional.

Con tal información y órdenes imperativas, partieron consternados nuevamente para el nosocomio en donde desarrollaban sus actividades, seguros de haber sido protagonistas de un hecho histórico.

El relato durante el almuerzo compartido continuó incluso con derivaciones sobre hechos que sucedieron años después, pero esa será tela para otra historia.

El lector se preguntará “¿y qué?, Si murió un día u otro ¿qué me importa?”. Sin embargo, tal vez la incógnita propia de la curiosidad haga su labor, y se ponga a indagar con algún conocido sobre la cuestión que, por esas casualidades, como la de encontrarme con quien me relató este hecho desde su propia experiencia, pudiera haber sido testigo de un hecho similar. ¿A quién puede constarle la veracidad de esta versión que me relataron, y que contradice todo lo escrito hasta hoy?

Pero en fin la Historia no es letra muerta, no todo se dijo y se dice, ni consta en los libros o en Internet, y cuando en algunas ocasiones se miente la mentira aparentemente debe ser mantenida.

Pero la luz de la verdad con el tiempo se asoma, y lo narrado puede ser el puntapié inicial para que algunos investigadores puedan hurgar y confirmar o no lo expresado. O tal vez será mejor… “no hablar de ciertas cosas”.