lunes, 23 de noviembre de 2009

LA MUNICIPALIDAD REGLAMENTO LA DEPOSICIÓN DE PILAS Y BATERIAS



El Ejecutivo Municipal de La Plata aprobó la “Guía de contenidos mínimos para los planes de gestión integral de pilas y baterías”, que deberán ser presentados por los productores, importadores, distribuidores, intermediarios y cualquier otra persona responsable de la puesta en el mercado de dichos productos, ante la Unidad Ejecutora Agencia Ambiental para su aprobación.
El Decreto, que ya rige en todo el Partido del Gran La Plata, establece que todos aquellos que comercionalicen estos elementos deberán presentar ante la Agencia Ambiental, un plan de tratamiento de estos desechos antes de 31 de marzo de 2010,.
Sobre este tema el titular de la Agencia Ambiental Municipal Sergio Federovisky dijo: “con esta medida pretendemos reducir el entierro de pilas y baterías (materiales contaminantes del suelo) en sitios de disposición final, sensibilizar y concientizar a los habitantes, además de promover la recuperación, reutilización y reciclaje de sus compuestos”.
De esta forma los responsables post consumo de las pilas y baterías agotadas deberán:
• Elaborar y presentar planes que permitan su adecuada recepción, transporte, tratamiento y disposición final, a fin de evitar efectos negativos en el ambiente;
• Ejecutar los planes de gestión integral aprobados por la Agencia Ambiental La Plata;
• Asumir la difusión de los planes de gestión integral ante los consumidores, orientando a éstos últimos respecto de la debida separación de las mismas y del sistema de recolección del implementado al efecto.
Responsabilidad post consumo
a) Productor: toda persona física o jurídica que, con independencia de la técnica de venta utilizada, fabrique y/o venda pilas y/o baterías con marcas propias; o coloque en el mercado con marcas propias pilas y/o baterías fabricados por terceros;
b) Importador: toda persona física o jurídica que introduce pilas y/o baterías fabricadas en el exterior o en el ámbito de la Ciudad de La Plata;
c) Distribuidor: toda persona física o jurídica que distribuya o suministre pilas y/o baterías en condiciones comerciales a otra persona física o jurídica o entidad que sea usuario de dicho producto;
d) Intermediario: toda persona física o jurídica que se dedica a la distribución comercialización por mayor y menor de pilas y/o baterías.
ESPECIFICACIONES (que deberán elaborar y presentar ante la Agencia los Comerciantes)
• Cantidad de puntos de recolección que se colocarán;
• Ubicación de los puntos de recolección;
• Características de los recipientes de recolección a instalar en cada punto;
o Material de los recipientes,o Capacidad de los recipientes,o Gráfica utilizada para la identificación de los recipientes que garantice el uso correcto por parte del vecino.
• Días y horarios durante el cual el punto de recolección se encontrará disponible para que los ciudadanos acerquen sus pilas y/o baterías agotadas;
o Los puntos de recolección deberán estar disponibles como mínimo de lunes a viernes durante 6 horas diarias mínimas;
• Metodología de recolección a implementar desde el punto de recolección;
o Frecuencia de recolección a implementar, indicada en días de recolección por mes. Dicha recolección deberá garantizar que los recipientes no superen su capacidad máxima y que su contenido sea retirado del punto de recolección para evitar su acopio en el mismo. o Nombre del transportista utilizado. A efectos de cumplimentar con las exigencias de la Ley 24.051 en caso de que el destino de las pilas y/o baterías sea fuera del ámbito de la Ciudad de La Plata, se deberá contratar un transportista de residuos peligrosos debidamente habilitado. o Para el caso de utilizar un sistema colectivo de gestión integral de estos dispositivos que prevea la conformación de una persona jurídica específica, ésta será la responsable de inscribirse como generador de residuos peligrosos de la Prov. de Buenos Aires a los efectos de cumplimentar con el sistema de manifiesto establecido por la Ley 24.051.o Para el caso de utilizar un sistema individual de gestión integral de estos dispositivos cada responsable deberá inscribirse como generador de residuos peligrosos a los efectos de cumplimentar con el sistema de manifiesto establecido por la Ley 24.051.o En caso de establecer un punto intermedio entre los puntos de recolección y el destino final de las pilas y/o baterías agotadas dicho predio deberá presentar Evaluación de Impacto Ambiental.
• Tratamiento dado al residuo;
o Nombre del operador contratado.
• Planes de información, difusión y concientización ciudadana a implementar

INFORMACIÓN
Los responsables post consumo deberán suministrar a la Agencia Ambiental La Plata a requerimiento de la misma la siguiente información:
• Cantidad y/o peso de pilas y/o baterías recargables agotadas gestionadas en virtud de la implementación del plan de gestión implementado;
• Porcentaje que dicha cantidad representa sobre el total de pilas ingresadas al ámbito de la Ciudad de La Plata. Cualquier modificación sustancial del plan de gestión aprobado, la cual quedará sujeta a nueva aprobación;
Asimismo los responsables post consumo deberán suministrar a los usuarios la información necesaria con respecto a las siguientes cuestiones:
• Obligación de disponer de forma diferenciada las pilas y/o baterías como residuos domiciliarios especiales;
• Funcionamiento del sistemas de gestión integral implementado;
• Puntos de recolección que no sean de su propiedad y que en consecuencia no sean responsables post consumo de las mismas;
Por último, Federovisky expresó que: “por pedido del intendente Pablo Bruera ya hemos elaborado los pliegos para llamar a licitación de un servicio para el transporte, tratamiento y disposición final de pilas y baterías en el Partido de La Plata”.

NUEVOS CREDITOS BONAERENSES PARA EL AGRO




El ministro de Asuntos Agrarios, Ariel Franetovich, y el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Guillermo Francos, se reunieron con los representes de la Mesa Agropecuaria Provincial para buscar nuevas alternativas de financiamiento para el sector.
Al término, de la reunión Franetovich explicó que "este encuentro fue organizado por expreso pedido del gobernador Daniel Scioli para lograr la creación de herramientas crediticias para el sector, especialmente para los pequeños productores que no son sujeto de crédito. Por eso les hemos solicitado a los representantes de las entidades agropecuarias que nos ayuden a conformar un registro para conocer cuántos serían los destinatarios de esta ayuda".

"El objetivo es escucharnos y analizar cómo resolvemos juntos el problema de rentabilidad del sector. La presencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires y del Banco de la Nación Argentina son claves para articular la asistencia", enfatizó Franetovich, al tiempo que se comprometió a gestionar préstamos para los productores medianos, "con el objetivo de que puedan invertir y generar valor agregado a su cadena de producción".
"Existe la voluntad del gobierno nacional y provincial de no perder más tiempo. Nuestra misión es estar cada vez más cerca de las necesidades de los productores y en ese camino estamos avanzando", concluyó el titular de la cartera agraria.
Por su parte, el presidente del Banco Provincia, Guillermo Francos, consideró que el encuentro “fue positivo porque pudimos ajustar algunos temas y ver las posibilidades que tenemos de aquí en más”, y subrayó que “desde el Banco hemos hecho un esfuerzo muy grande para estar junto a los productores, especialmente durante este año que ha sido muy duro a causa de la sequía”.
De la reunión participaron la Federación Agraria Argentina, CARBAP, la Sociedad Rural y CONINAGRO. También miembros de la gerencia del Banco Provincia, directores del Ministerio de Asuntos Agrarios, y representantes de la gerencia comercial del Banco Nación.

EL FANTASMA DEL PASADO



por Carlos Alberto Falchi


“Veo el mundo muy decadente. Basta con mirar alrededor. Berlusconi, Sarkozy, los Kirchner, Chávez o la corrupción en España.
Gente mediocre y desfachatada. Tengo la sensación de un envilecimiento general de las poblaciones.
Ojalá no tenga nada que ver con lo que se produjo en los años treinta.
Ahora hay una especie de pragmatismo, de falta de escándalo; una tendencia a darle importancia a lo que no lo tiene y a no dársela a lo que quizá sí”
ENTREVISTA: JAVIER MARÍAS Escritor, entrevista de WINSTON MANRIQUE SABOGAL –El País, Madrid - 19/11/2009


Comparto la inquietud del escritor español, ojala que la actual alineación de las clases dirigentes no nos encamine a una tragedia similar a la que ya vivió la humanidad en el siglo XX.
Los indicadores coinciden gobernantes incapaces, apegados a esquemas del pasado, añoran un mundo bipolar, olvidan que el gobernante puede tener vicios ocultos pero publicas virtudes.
Los pueblos sonríen frente a las mentiras desvergonzadas de sus dirigentes.
Pero estos señores con su corte de intelectuales” transgenicos”, repetidores de consignas, realizan ingentes esfuerzos a fin de provocar conflictos.

Y la mentira siempre la mentira.

Paolo Mieli, días pasados desde el “Corriere Della Sera, nos dio, también, un toque de atención respecto de la reaparición de los nacionalismos étnicos, advirtiendo que, si retornan, nos encontraremos con la amenaza de un mito violento.

Nos encontramos con separatismos que imponen la “identidad” como ideología.
Los argumentos de Luis D'Elia, acerca de los morochos, la reivindicación de sus lugares sagrados por parte de los “mapuches”, la intransigencia de los Vascos, las “ligas italianas”, la intolerancia sionista, el fundamentalismo islámico, responden a la misma motivación: la incapacidad de mirar hacia el futuro.

El fanático discurso racial, del “morocho” D'Elia, nos recuerda las consignas Nazis acerca de la primacía aria.

El racismo” morocho”, ocultos tras múltiples cartones pintados, asume proporciones alarmantes en nuestra patria siendo aceptado por sectores no afines.

La cumbia Villena, con sus altas dosis de mal gusto, racismo y apología de la violencia, es aceptada en los círculos de la dirigencia, cual si fuera un “Himno a la pertenencia” .

Mientras tanto “derecho-humanistas” demonizan todo posible intento de orden, reprimiendo excesos que afectan a los restantes ciudadanos, convirtiendo a estos últimos en “prisioneros de las minorías”.

La secta “derecho-humanista” ha constituido una “nueva inquisición”, persiguiendo a todo aquel que se atreva desafiar el pensamiento políticamente correcto .

El amante de Lady Chatterley‎ fue perseguida y censurada por obscena, reivindicada luego como una obra de arte, hoy recibiría la censura del Inadi por discriminadora y machista.

El objetivo, Lawrence dixit; seria obtener hombres sin testículos. En consecuencia sin agresividad, sin deseo de poder, de dominio sobre la naturaleza, sin vocacion para el combate, convertirlos en un rebaño de mascotas.

Para completar el hombre, según el deseo de los nuevos déspotas, los hombres deben vivir de las contribuciones del estado.

Al sexo opuesto, el femenino, se la despoja de sus virtudes y belleza. Mediante los “cupos” se les cierra el camino de la superación intelectual, no ocupan un espacio por “merito” sino por “cupo”, por supuesto su máxima aspiración debe ser estar en la nomina.

El Ciudadano/a que vive de la dadiva o de la contribución del mecenas, indefectiblemente se convierte en un esclavo del benefactor.

A los intelectuales “transgenicos” les recuerdo: el primer objetivo del que encara un trabajo intelectual debe ser encarar un oficio útil, que le permita obtener el sustento y ser, en consecuencia un hombre libre que afirme con orgullo puedo cobrar, como retribución por mi trabajo, por mi esfuerzo físico o intelectual, pero jamás venderé la pluma al mejor postor.

Dante era un boticario, Cervantes un hombre de armas, Tomas Moro letrado, eran hombres libres, los que optaron por recibir las dadivas de los mecenas de turno terminaron como cachorritos juguetones al servicio de sus señores.

El envilecimiento de las poblaciones de los diversos estados es notable, los políticos, secundados por intelectuales “transgenicos” aplauden. Las monedas le han cegado el pensamiento.
Los rebeldes como Ingenieros, Discepolo, Walsh , Marechal, Cortazar, Urondo, Jaureche o Scalabrini (enumeración simplemente ejemplificativa), “jugaron en la mesa de la historia, la moneda inoportuna”, pero no estuvieron con la mano extendida esperando la contribución.

Muchachos de “carta abierta”, trabajadores de la cultura, yo “comprendo que en la vida se cuidan los zapatos andando de rodillas.”

Deleita leer la colaboración de Alfredo Zaiat, en el Boletín Oficial del Progresiamo titulado “Clientelismo”. Recuerda los textos de la tan maltratada sociedad de beneficencia, elogia el reparto, pero omite recordar los fondos que se desperdician subsidiando proyectos no realizados, por las intendencias, fondos destinados a “sectores no carenciados", en el aparato de “inteligencia”, en investigaciones inútiles, contribuyendo a crear una clase parasitaria de “investigadores” y “docentes” que solo han servido para promover desordenes y “marchas” al por mayor.

La lección no fue asimilada, pareciera que se quieren reeditar los errores de la Republica de Weimar o de la republica Española, se copian las consignas y el desenfreno.

En lo económico hoy se nos anuncia que la incipiente reactivación “puede ser un espejismo de acuerdo con el banco francés Société Générale (SG), que plantea un escenario de colapso de la economía mundial en algún momento de los 2 próximos años.”

Crear la Quinta Internacional Socialista, propone, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, en la clausura del Encuentro Internacional de Partidos de Izquierda, celebrado en el Gran Salón del Hotel Humbolt., en el día de ayer. Simultáneamente reitera sus anuncios de guerra, anunciando la llegada de los primeros tanques adquiridos a Rusia, convocando a la movilización.

Fogoneando un conflicto inexistente, inventado por el “ladri-progresismo” los “mapuches” siguiendo el ejemplo de sus maestros del “ETA”, andan poniendo “bombas” en Buenos Aires.
La dirigencia “progresista” o “ladri progresista”, en su afán de retrasar el reloj nos esta colocando en situación de considerar que lo sucedido en los ’30 no fue “apenas ayer” es el mañana.
Cabe esperar que los pueblos despierten, que tiren por la borda a los “payasos” y que este circo no termine en tragedia.

CARLOS ALBERTO FALCHI.- Buenos Aires 23 de noviembre de 2009.-

CONSULADO PARAGUAYO PLATENSE SE INAUGURA EL 6 DE DICIEMBRE




En la foto: Susana Marecos, titular del Centro Paraguayo Platense, junto a Ricardo Benítez Paredes, designado cónsul honorario.


El próximo 6 de diciembre se habilitará el nuevo consulado paraguayo en La Plata., habiendo sido designado como titular de esa dependencia Ricardo Benítez Paredes, en carácter de cónsul honorario, quien afirmó que una de las prioridades será facilitar la documentación a los compatriotas que viven en La Plata, a fin de poder regularizar la radicación de los mismos, así como también para que familiares de compatriotas puedan acceder a servicios de salud y educación en el vecino país.
Recordó asimismo que el pedido de habilitación del consulado se presentó a la Cancillería en mayo de 1999, pero no pasó nada. Al asumir el gobierno Fernando Lugo, se hizo una nueva presentación, el 17 de agosto del 2008, y la resolución de creación se emitió el 14 de octubre pasado. La circunscripción consular de La Plata abarcará las localidades de Berisso, Ensenada, Brandsen, Chascomús, Magdalena y Castelli de la Provincia de Buenos Aires.
Benítez dijo que en La Plata hay 160 mil paraguayos y, sumadas las 7 intendencias más que abarcará su jurisdicción, el consulado atenderá a unos 300 mil paraguayos, según informó Agencia Nova.
El cónsul honorario agradeció las gestiones realizadas por algunos diputados y senadores, entre ellos Dionisio Ortega, para concretar el consulado en ese lugar. Por ahora, los compatriotas residentes en La Plata costearán la dependencia.

LOS PRESOS POLITICOS EN LA ARGENTINA: IRREGULARIDADES EN LOS JUICIOS





por Gerardo Palacios Hardy


Así como el hombre perfecto es el mejor de los animales,
apartado de la ley y de la justicia es el peor de todos.
Aristóteles, Política, I, 2



1. La Argentina y la guerra revolucionaria.
Haciendo a un lado tanto eufemismos cuanto hipocresías, como también subjetivismos e ideologías, es decir, con sustento nada más que en la rotundez de los hechos, es de toda evidencia que en la Argentina, a partir de la década del ’60 (y con mayor virulencia durante la del ’70), grupos o bandas entrenadas y armadas en países extranjeros (Cuba, entre ellos), lanzaron una ofensiva de violencia creciente y sostenida contra personas e instituciones privadas y estatales.



Dichas bandas pretendieron justificar sus acciones argumentando que se sublevaban contra estructuras culturales, políticas, sociales y económicas radicalmente injustas, pero, al mismo tiempo, violentas y poderosas. Por lo tanto – sostenían - no había otro medio para destruirlas que la guerra revolucionaria. Así, sus robos a bancos y empresas eran llamados “expropiaciones”, sus secuestros eran “detenciones en cárceles populares”, sus asesinatos “ajusticiamientos” o “ejecuciones”[1].



Ello no obstante, esos grupos jamás ocultaron que su objetivo final no era tan sólo la demolición de esas estructuras, sino la imposición a la comunidad política de un Estado socialista o (más directamente) comunista, ya en su variante marxista-leninista, ya en su variante trotzkista. La Argentina, igual que otros países, se vio de esa manera involucrada en una situación de guerra revolucionaria, es decir una de las tantas formas que asumía en el mundo de ese entonces un extendido conflicto político-ideológico y también militar, que muchos confundían o insertaban sin mayores precisiones en el llamado estado de “guerra fría” que disputaban las grandes potencias.



Siendo esto por demás obvio, porque como dije hasta los mismos integrantes de las organizaciones guerrilleras lo reconocían, el Estado argentino reaccionó. A título personal creo que, dicho de modo general, lo hizo bastante mal, entre otros motivos porque gran parte de la dirigencia nunca llegó a comprender cabalmente qué clase de guerra se estaba librando.



Esto se vio con claridad a partir de mayo de 1973, cuando apenas instalado el gobierno constitucional que había sucedido al régimen militar establecido cinco años antes, los flamantes diputados y senadores, casi por unanimidad, amnistiaron sin condiciones a los guerrilleros presos (entre ellos la mayor parte de los jefes) y dispusieron la eliminación de la Cámara Federal en lo Penal creada en 1971, en lo que había sido el intento tal vez más acertado de terminar legalmente en todo el país con las bandas armadas. La noche del 25 de mayo de 1973, mientras las más altas autoridades del nuevo gobierno celebraban su asunción en los salones del Consejo Deliberante, turbas organizadas y armadas, a cuyo frente iban legisladores y funcionarios de ese mismo gobierno, tomaron las cárceles de varias ciudades y pusieron en libertad a los guerrilleros presos y condenados por crímenes aberrantes. Poco tiempo después, ante el hecho evidente de que el llamado “gobierno popular” no tenía la menor intención de fundar un Estado socialista, aquellos volvieron a los robos, los secuestros y los asesinatos.



Sin embargo, no se vio entonces (ni después) en los responsables de estos hechos, el más mínimo gesto de arrepentimiento, ni siquiera de reconocimiento del error funesto que se había cometido. Y esto no fue olvidado por quienes habrían de venir después. La clase de los políticos en particular, en una actitud reiterada en nuestros días, eligió hacerse la distraída y, en los hechos, puso en evidencia su incapacidad para cerrar la caja de Pandora que había abierto con frivolidad, cuando no con malicia. La tragedia argentina se acentuó entonces, y el país fue entregado a la violencia de una guerra civil larvada, a veces ostensible, a veces subterránea, en la que, como en todas las guerras, hubo tanto hechos sórdidos cuanto de auténtico heroísmo.



2. Primera judicialización de la guerra interna.

Tras el final traumático del régimen militar que había gobernado la Argentina entre 1976 y 1983, el ciclo constitucional reinaugurado con la presidencia de Raúl Alfonsín trajo como hecho novedoso una marcada ideologización en el análisis y tratamiento de las políticas de Estado, tales como las relaciones exteriores, la defensa, la educación, la cultura y el orden familiar. Pero donde esa ideologización se dio con particular encono fue en el modo de encarar las secuelas de aquella guerra interna, imponiéndose desde el Estado una lectura asimétrica, intencionada y, por esas mismas razones, completamente falsa, que hizo aparecer a las fuerzas armadas y de seguridad como ejecutoras de un programa de exterminio (se lo llegó a llamar – y así se lo sigue llamando – genocidio, con lo que la falsificación histórica se extendió al lenguaje), cuyas víctimas habían sido miles de jóvenes que nada más se habían atrevido a soñar un país diferente.



Aquello estuvo lejos de ser un mero debate histórico-político, ya que fue mudado y transplantado al ámbito más inapropiado, los tribunales de justicia, ante los cuales comenzaron a ser citados militares de distinta graduación, imputados de toda clase de crímenes. La reacción que esto produjo y la perspicacia de unos pocos, que les hizo advertir que se estaba reabriendo la caja de Pandora, hicieron que el Congreso sancionara las leyes 23.492 y 23.521, instituyendo una amplia amnistía, para cerrar heridas que al país no le convenía que siguieran sangrando. Sin embargo, la hipocresía que ha venido signando todo este proceso, la falsificación que se pretendía del pasado reciente, el vicio de no llamar a las cosas por su nombre, hicieron que a estas leyes se las bautizara como de “punto final” y de “obediencia debida”, escamoteándose de ese modo su real significado.



La caja de Pandora no había quedado bien cerrada pero, pese a ello, los años siguientes, aún en medio de abundantes contradicciones, hicieron parecer que la Argentina estaba clausurando ese terrible período de su historia, como lo habían hecho otros muchos países después de haber vivido situaciones similares o aún peores. El indulto a los máximos jefes militares del llamado Proceso de Reorganización Nacional, en 1989, hizo creer, en efecto, que el pasado quedaba sellado, para que sirviera como experiencia para los dirigentes y como tarea para historiadores honestos.



3. Segunda judicialización y aberraciones jurídicas.



Pero, parafraseando el título de un libro célebre, la paz no fue posible. Más de quince años después de su sanción, las leyes de amnistía fueron declaradas insanablemente nulas por el Congreso, a instancias de un gobierno que ha construido su poder avivando la discordia y fomentando la venganza. Como bien ha escrito uno de los directivos de nuestra Asociación, Oscar Vigliani, esta nulificación fue una “sonora cachetada a la seguridad jurídica, impropia de un país civilizado, pues el Congreso no puede anular, es decir, privar de todo efecto a una ley; sólo puede derogarla hacia el futuro, sin afectar derechos adquiridos...”.



Esta monstruosidad jurídica fue sin embargo convalidada por la Corte Suprema, integrada con parientes ideológicos del gobierno, la cual, a través de fallos esperpénticos, ha violado o directamente desconocido los principios de non bis in idem, de legalidad o de reserva, de cosa juzgada, de igualdad ante la ley y de congruencia. Pero además quedaron habilitados nuevamente los tribunales para intervenir en hechos que claramente no son de su incumbencia, donde, como bien ha dicho el Instituto de Filosofía Práctica, “asistimos a juicios públicos conducidos por jueces prevaricadores, que convierten sus juzgados en remedos de tribunales revolucionarios, donde una plebe debidamente organizada grita sus consignas ideológicas e insulta y amenaza a acusados y testigos de la defensa”. Jueces que, para mayor escarnio de su investidura, han confundido la imprescriptibilidad de los delitos con la aplicación de la ley procesal y olvidado que la presunción de inocencia y el tipo penal son dos conquistas del derecho penal.



No me corresponde a mi hacer la crítica de estas aberraciones jurídicas, en base a las cuales se ha encarcelado ya a alrededor de 600 ex integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad, mientras se espera hacerlo con muchos más. Lo hará mi colega, consocio y amigo, Ricardo Saint-Jean, quien mostrará que se trata de presos políticos, puesto que sus procesos son simulacros y el derecho que se les aplica el disfraz de una ideología en plan de revancha.



Quiero decir simplemente que a partir de un núcleo inicial por cierto pequeño, pero que con mucha rapidez creció en cantidad y calidad, un grupo de abogados advirtió que aquí se trataba de algo mucho más grave que la culpabilidad o inocencia de aquellos hombres. Lo que se había puesto en riesgo era incluso más que el derecho; era su mismo ideal, su fin propio, esto es, la justicia. Al ponerse de un lado al gobierno y al Estado, y del otro al derecho y la justicia, la nación misma estaba otra vez en peligro. Estos abogados recordamos entonces las palabras de un gran jurista español: “Planteado un antagonismo entre el Estado y el derecho, al lado y en defensa de éste debemos militar cuantos le reverenciamos como ideal, le practicamos como ministerio elevadísimo y le tomamos como inspirador, luminar y bandera, persuadidos de que sin su amparo la sociedad retrocedería a la barbarie y el alma se hundiría envilecida”[2].



4. Justicia y Concordia. La paz social.



Con esa convicción y ese espíritu, el último 12 de agosto más de 200 abogados, reunidos en asamblea casi espontánea, fundamos la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia. Y en el manifiesto que aprobamos entonces dijimos que estamos, como el Quijote, prestos a entrar en fiera y desigual batalla. Pues bien, ¿qué combate es ese? ¿qué nos proponemos? ¿qué requiere la Patria de nosotros en este tiempo de sombras?



Nosotros tenemos la certeza de que no hay bien más precioso para la comunidad política que la paz social. San Agustín dice que la paz es un bien tan noble, que aún entre las cosas mortales y terrenas no hay nada más grato al oído, ni más dulce al deseo, ni superior en excelencia[3]. Y en efecto es así, y por eso las apelaciones a la paz son constantes y ardorosas.



Pero por eso mismo existe el riesgo de que termine por convertirse en un lugar común, ya que muy a menudo no se va más allá del vocablo – paz – y, de tanto citar el objetivo, se olvida en qué consiste, se desconocen sus requisitos, se ignoran sus condiciones. No es extraño pues que cuanto más se proclama la paz, menos se la practique; como suele suceder también con el muy mentado diálogo[4].



¿Qué se necesita, entonces, para que un común propósito de paz tenga consistencia? Pues bien, para novedades los clásicos; ellos demostraron que la justicia y la concordia son las condiciones sin las cuales no puede haber verdadera paz.



5. La paz social y la justicia.



La paz social se funda en la justicia. La paz social resulta siempre de un determinado orden en la sociedad, pero de un orden resultante de la justicia. Si ese orden no está sustentado en la justicia, no habrá paz, aún cuando la fuerza del Estado logre mantener el orden público o la seguridad.



Una situación de injusticia hará que los hombres no vivan en tranquilidad, sino en constante desasosiego. Sus actividades y las relaciones entre ellos no serán normales, sino que existirá una tensión creciente. Sin justicia no hay orden posible. Como bien escribe Félix Lamas: “La justicia, [...] se constituye en el principio formal del orden social en su totalidad, tanto en sus dimensiones económicas como políticas. El orden social verdadero o recto, pues, es un orden de justicia, constituido materialmente por una innumerable cantidad de relaciones diversas, fundadas en títulos distintos, pero integradas armoniosamente entre sí”[5].



Aplicado todo esto a cuanto venimos diciendo, alguno podría argüir que la justicia exige, entre otras cosas, que los delitos sean castigados, y que de eso se trata precisamente con estos hombres, a los que se les imputan crímenes horrendos. Pero aún sin entrar a considerar cada caso individual (lo que sería muy necesario, porque debemos recordar que en el proceso penal se juzga a personas, no a sistemas o instituciones), basta para contestar la objeción con mencionar la clásica definición de justicia, ajustada por Santo Tomás: hábito por el cual con perpetua y constante voluntad es dado a cada uno su derecho[6]. Con lo que se advierte de inmediato que a los presos políticos no se les da su derecho, por lo menos de dos modos: en primer lugar, por la violación y desconocimiento de los principios que informan ese derecho; y en segundo, porque en la mejor de las hipótesis (que no se da) el supuesto derecho se les aplica solamente en perjuicio de ellos, quedando a salvo aquellos que causaron estragos robando y matando en la guerra que ambos libraron.



Así pues, la justicia y el derecho se aplican a todos o no se aplica a ninguno. Como bien ha dicho Luis María Bandieri, “...en situaciones de guerra civil, sólo las falacias de la propaganda pueden presentar a un bando como representante del bien y la inocencia y otorgarle al contrario el monopolio de la malignidad y la crueldad. Ya hemos visto cómo, a través de la expresión ‘terrorismo de Estado’, queda en el campo un solo bando concentrador de la culpa, el bando demoníaco de los malvados”. Y más adelante agrega: “Se perpetúa así el karma de la mutua destrucción, ahora alegremente ante los tribunales, jueces de mente rebañega y sentencias armadas a fuerza de cortar y pegar, aplaudidos por el lobby de las únicas víctimas con status de tales (Madres, Abuelas, HIJOS), que han trasladado a designio la cuestión al plano moral y monopolizan la conciencia ética de la sociedad”[7].



6. La paz social y la concordia.



En la Argentina no hay justicia (muchos otros ejemplos podrían darse para probar este aserto), por lo que tampoco hay orden ni puede haber paz social. Esto se ha vuelto evidente para cualquiera que, aún sin ser abogado, tiene la mente un poco alerta. Pero aún cuando se restableciese la justicia, todavía con ello no bastaría, porque si bien la justicia es la condición de la paz, ésta no se alcanzaría si en la ciudad imperase la discordia.



En efecto, los intereses individuales suelen entrecruzarse y a veces chocan entre sí. Para evitar el conflicto y la lucha de todos contra todos, están la ley, el derecho, la justicia. Pero con eso sólo no alcanza, no basta para asegurar el orden. Es preciso buscar coincidencias, la unión de todos en pos de objetivos comunes. Caso contrario la ley, la justicia, se convierten en pura fuerza coactiva.



El hombre, ser social por naturaleza, sale de sí mismo para ponerse en contacto con los demás. Pero, ¿cómo ha de hacerlo? ¿Acaso imponiendo su voluntad, sus principios? A eso tiende por cierto el hombre moderno, que impregnado de individualismo y subjetivismo y adornado con una libertad cuya única medida es la propia libertad, se ha convertido en un ser aislado en medio de una sociedad egoísta.



San Agustín enseña que la sociedad ha de ser una multitud de hombres unidos por estar de acuerdo acerca de las cosas que aman. Pero lo primero que se debe amar es al otro. Eso implica saber renunciar a lo propio, suprimir el odio y la enemistad, evitar la generación de tensiones, abstenerse de proferir ofensas. Así se obtiene la concordia, para la cual es preciso reconocer en el otro la dignidad propia de su condición humana.



La mejor escuela del amor desinteresado es la familia. Por eso cuando aparece un hombre, como sucede entre nosotros, que propaga por cuanto medio existe que odia a esta o aquella clase de hombres, y éstos son además sus compatriotas, tenemos allí al enemigo real de una comunidad. Por eso, nada más que por eso, ese hombre debiera ser apartado, discriminado, como se hace con quien porta un virus mortal. Pero si en lugar de ello se lo protege, incluso se lo estimula y se ponen a su disposición abundantes medios de difusión, mientras que con leyes inicuas se arrincona o destruye a las familias, entonces tenemos una sociedad que marcha empecinada hacia su ruina.



Con razón pues escribe Lamas: “La paz social se funda en la justicia y consiste en una cierta concordia ordenada; implica una aceptación voluntaria (y consiguientemente, racional), de parte de los miembros del Estado, de algunos principios en función de los cuales la comunidad política puede encontrar la clave de su organización. Principios que regulan la transmisión y los límites del poder, establecen las competencias de cada uno dentro del contexto social y político y que constituyen a la vez la norma suprema y la máxima orientación de la vida colectiva”[8].



En la Argentina de nuestros días, exasperada por la siembra de enemistad y rencor entre hermanos que se hace desde los más altos niveles de poder, la concordia política es mucho más que una aspiración: es una necesidad.



Lejos de nosotros que esto se interprete como la pretensión de imponer un pensamiento único o de prohibir el disenso. Esto es precisamente lo que caracteriza a los tiranos, muchos de cuyos vicios exhiben sin pudor los mandones de turno. Por el contrario, como enseña Santo Tomás (siguiendo a Aristóteles): “la amistad no comporta concordancia de opiniones, sino en los bienes útiles para la vida, sobre todo en los más importantes, ya que disentir en cosas pequeñas es como si no se disintiera. [...] la discusión en las cosas pequeñas y en opiniones se opone, ciertamente, a la paz perfecta, que supone la verdad plenamente conocida y satisfecho todo deseo; pero no se opone a la paz imperfecta, que es el lote en esta vida”[9].



Por eso la concordia debe ser para nosotros “la unión de nuestras voluntades”[10] respecto de bienes e intereses comunes. Y aunque pueda haber concordia y no paz genuina, como sucede en una banda de ladrones, no puede haber paz si no hay concordia. La concordia política es un elemento integrante de la paz. Si la Argentina, pues, no restablece la amistad política entre sus hijos, no tendrá paz.



Tiene razón pues Luis María Bandieri cuando escribe: “Hay que volver al plano propiamente político la cuestión del terrorismo/contraterrorismo del pasado, para no resultar sorprendidos a contrapié por la cuestión del terrorismo/contraterrorismo del presente. En el plano político, el recurso a echar mano, una vez que los juzgamientos en paridad de condiciones de terroristas y contraterroristas han perdido oportunidad y sazón, es y ha sido desde miles de años atrás la fuerza del olvido: la amnistía. Ella ha sido demonizada desde el poder y cancelada por los tribunales mediante una torsión argumental donde han debido incluso dar una vuelta de campana a sus anteriores criterios algunos notorios magistrados –como en la resolución de la Corte Suprema en el caso “Simón”-. A partir de la amnistía, será posible reconstruir la concordia política y desterrar la continuación de la guerra civil revolucionaria de los ‘70 por medio de la agencia judicial, que presenciamos. Ello permitiría enfrentar los gravísimos retos de las guerras del siglo XXI sin el lastre de los enfrentamientos pasados y prevenir las nuevas formas de terrorismo y de Terror legal subrepticio fuera del círculo vicioso de las venganzas circulares y recíprocas a que conduce la actual ideología judicial. [...]”[11].





7. Necesidad de líderes virtuosos.



Restablecer la justicia y la concordia entre nosotros no es pues tarea de los tribunales, sino de líderes, de dirigentes auténticos, de verdaderos jefes, aquellos que, en el decir de Thibon, “no son unos equilibristas cuyo papel se limita a contener el desorden, sino ‘armonizadores’ que aseguran la concordia, es decir, que actúan sobre las fuerzas sociales como un buen afinador sobre las cuerdas o las teclas de un instrumento de música ajustándolas de tal manera que cada una dé la nota hasta en el desarrollo de la melodía”[12].



Dirigentes de ese calibre deben estar formados en las virtudes, especialmente en las cuatro cardinales: justicia, fortaleza, prudencia y templanza. De ellas, es sabido que la prudencia es la virtud arquitectónica de la política y la que el buen hombre de gobierno debiera lucir por antonomasia. No voy a discutirlo, porque pienso igual, pero puesto a mirar los males de nuestra Patria, tengo para mi que el vicio tal vez más notorio es la cobardía, la falta de coraje – en especial entre los varones - para hacer frente a esos males y a quienes los promueven con grosera impunidad. Por eso es posible que necesitemos líderes impregnados sobre todo de la virtud de fortaleza.



Tomás de Aquino enseña que el temor o cobardía hace que la voluntad rehuya lo que, según la razón, no se debería rehuir; y revela además lo que en verdad se ama, ya que todo temor se basa en el amor, puesto que sólo se teme lo contrario de lo que se ama[13]. Así, el dirigente cobarde rehuye lo difícil, rehuye combatir los vicios y maldades cuando están muy extendidos, porque teme la burla, el desprecio, el pasar por estar fuera de moda o del tiempo, la pérdida de la estima general, la figuración.



La virtud de la fortaleza viene en nuestro auxilio para ocuparse “principalmente de ese temor de las cosas difíciles, que pueden impedir que la voluntad obedezca a la razón”. Aunque también se ocupa de moderar la audacia, “cuando es conveniente destruir ciertos peligros para quedar seguros”[14]. La fortaleza nos equipa de dos maneras, esto es tanto para atacar cuanto para resistir, pero de estos dos actos, el segundo - la resistencia - es más difícil.



Santo Tomás explica que, en efecto, resistir, esto es, permanecer inmóvil ante el peligro, es más difícil que atacar. “Por tres razones: Primera, porque el resistir parece decir relación a otro más fuerte que acomete, mientras que el que ataca acomete como más fuerte, siendo más difícil luchar contra uno más fuerte que contra uno más débil. Segunda, porque el que resiste tiene ya sobre sí el peligro amenazándole, mientras que el que ataca lo ve como futuro, siendo más difícil no conmoverse ante el mal presente que ante el mal futuro. Tercera, porque el resistir implica mucho tiempo, mientras el ataque puede ser repentino, y es más difícil permanecer firme mucho tiempo que dejarse llevar por un impulso repentino para realizar una empresa ardua”[15]. Por lo cual las virtudes anejas o que acompañan a la fortaleza cuando de resistir se trata, son la paciencia y la perseverancia.



Líderes cultos, líderes virtuosos, líderes fuertes, líderes íntegros. No los tenemos y, sin embargo, los necesitamos con urgencia dramática. ¿Dónde encontrarlos? ¿cómo lograrlos? ¿habrá que trabajar sobre los individuos o sobre la sociedad? Nosotros sabemos que lo social no es la suma de lo individual y, por otra parte, ¿cómo lograr dirigentes de ese calibre en una sociedad descristianizada, secularizada, adormecida, superficial y poco valerosa? Si la sociedad no genera los líderes que necesita, ¿seguirá la sociedad culpando a los dirigentes? ¿no tendrá que hacer ella un profundo examen de conciencia?

8. Coda.

Estamos a las puertas del año 2010 y me pregunto si he hecho bien en hablar así de frente al inminente bicentenario de la Revolución de Mayo. Pero no puedo evitarlo. Creo interpretar fielmente a todos cuantos hemos fundado la Asociación Justicia y Concordia diciendo que no nos gusta la Argentina, nos duele la Argentina, pero por eso mismo nos damos cuenta de que la queremos. Si no la quisiéramos nos sería indiferente, no daríamos discursos, tal vez nos habríamos ido hace ya tiempo. No podemos resignarnos a vivir bajo liderazgos asentados en la vejación de la religión, de las sanas costumbres y de las instituciones, y que siembran rencor y deseos de venganza, al par que fomentan la discordia entre hermanos. No queremos aceptar que invoquen la democracia para violar los principios más elementales del orden jurídico, echar diputados electos, otorgar la suma del poder, intimidar a los jueces, destruir el federalismo, sobornar gobernadores y legisladores y ejecutar el presupuesto sin control alguno. No hay por qué soportar la extorsión, el patoterismo, la acción directa en las calles, el desorden convertido en rutina. Subleva la conciencia que hablen de ‘golpismo’ aquellos que han violentado de esta manera las instituciones.



Por todo eso hemos iniciado esta fiera y desigual batalla.



[1] La ofensiva fue también cultural, en el sentido más amplio de la expresión, lo que constituye un elemento básico de la guerra revolucionaria. Deliberadamente dejo de lado ese aspecto en esta ocasión, nada más que por razones de método.

[2] Son palabras de D. Ángel Osorio y Gallardo al inaugurar el curso de la Academia de Jurisprudencia de Madrid el 12 de noviembre de 1928, citadas por Ramiro de Maeztu, El Derecho, en Frente a la República, Madrid, Rialp, 1956, pág. 151.

[3] San Agustín, La ciudad de Dios, L. XIX, Cap. XI.

[4] Esto parece haber sido advertido por uno de nuestros políticos, Rodolfo Terragno, quien hace pocos días, a propósito de una nota periodística sobre la necesidad de un acuerdo nacional, señaló con acierto que para que tal cosa sea posible no sólo hay que coincidir en el qué sino también en el cómo: “si sólo nos centramos en los grandes títulos –federalismo, educación, combate a la pobreza, modelo productivo- dijo Terragno, “podremos firmar un acuerdo fácil pero poco consistente” (La Nación, Supl. Enfoques, 13/9/2009, pág. 3). Nosotros agregamos la paz social a esos grandes títulos, sin la cual ninguno de los demás sería factible.

[5] Félix Lamas, Ensayo sobre el orden social, Buenos Aires, Instituto de Estudios Filosóficos Santo Tomás de Aquino, 1985, pág. 209.

[6] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 58, a. 1.

[7] Luis María Bandieri, Juicio al juicio absoluto (a propósito de “Juicio al mal absoluto” de Carlos Nino) y Memorias de un conde ruso o apuntes sobre el “terror legal”. Ambos trabajos, de imperdible lectura, pueden encontrarse en www.elpartedeltorrero.blogspot.com

[8] Félix Lamas, op.cit., ed.cit., págs. 39/40.

[9] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 29, a. 3.

[10] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 29, a. 1.

[11] Luis María Bandieri, op.cit., esp. Memorias de un conde ruso etc., loc.cit.

[12] Gustave Thibon, El equilibrio y la armonía, Madrid, Rialp, 1981, pág. 120.

[13] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 125, a. 2 y 3.

[14] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 123, a. 3.

[15] Suma Teológica, 2ª-2ª, q. 123, a. 6.