lunes, 18 de abril de 2011

LA PROCESIÓN ATEA VA POR DENTRO

Pasion de Jesucristo

Por Juan Manuel de Prada

16 de abril de 2011

Me estremecieron las declaraciones de uno de los convocantes de esa «procesión atea» que pretendía desfilar la tarde de Jueves Santo: «Representamos un frente ideológico. Un frente dedicado, única y exclusivamente, a castigar las conciencias católicas. Nuestro propósito es hacer daño. Y no nos andamos con contemplaciones». No se me escapa que el odium fidei es un sentimiento inextinguible, cuyas ascuas no se apagarán nunca, mientras el mundo sea mundo; pero me había habituado a considerar que, en esta fase democrática de la Historia, el odium fidei se manifestaba bajo expresiones menos furibundas, más sibilinas o asépticas, englobadas bajo lo que hemos dado en denominar «laicismo». Las declaraciones de ese convocante de la «procesión atea» me han permitido comprender que ambas expresiones del odium fidei pueden ser simultáneas y concurrentes, que puede haber un Estado que muy democráticamente imponga una idolatría política de obligado cumplimiento, a la vez que sus más furibundos paladines se ocupan de «castigar» y «hacer daño» a los recalcitrantes que se resistan a obedecerla. De hecho, los odiadores más sañudos de la religión sólo afloran allá donde previamente se ha impuesto una idolatría política que sibilinamente la combate. De todos es sabido que unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces. Y declaraciones tan sañudas como las de ese convocante de la «procesión atea» sólo adquieren un sentido pleno si las interpretamos a la luz de otras de apariencia más sibilina, como las que esgrimía Peces-Barba en un artículo reciente: «Cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos». Para que nadie interprete malévolamente que Peces-Barba está promoviendo la organización de guetos judíos, diremos que se refiere a los católicos.

La «procesión atea» ha sido, en fin, prohibida, por razones más bien colaterales y hasta peregrinas, tal vez porque los odiadores sibilinos de la religión, muy en su papel de polis buenos, consideraban que en esta ocasión los odiadores más sañudos —los polis malos— se habían excedido en su ímpetu. Pero esta «procesión atea» no era sino un aspaviento histriónico; y la verdadera procesión del odium fidei va por dentro. No emplea —de momento— el palo, sino el veneno sutil de la propaganda; y así, envenenando las conciencias, se logra crear el caldo de cultivo que a la larga permitirá sacar el palo del armario sin escándalo. En una célebre obra de C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Screwtape, un diablo veterano y de alcurnia, dedica a un diablo segundón y bisoño una serie de consejos que faciliten su misión en la tierra; entre los cuales se halla éste: «Queremos que la Iglesia siga siendo pequeña, no sólo para que los menos hombres posibles aprendan a conocer al Enemigo, sino sobre todo para que quienes se vuelvan contra él se coloquen en ese estado de exaltación enfermiza y de fariseísmo agresivo característicos de una sociedad secreta».

Esta es la verdadera procesión del odium fidei que juzgo preocupante: la que, a la vez que propaga el ateísmo, pretende caracterizar a los católicos como una secta de fanáticos encerrada en una ciudadela. Y contra esa secta de peligrosos fanáticos sólo vale el «palo», como propugnaba Peces-Barba: la mofa y el escarnio elevados a la categoría de rutina, el confinamiento en un gueto de ostracismo, la muerte civil dosificada en pequeñas dosis. Quien lo probó lo sabe.

REFLEXIONES PARA SEMANA SANTA

Sagrado Corazón de Jesús

Por Plinio Corrêa de Oliveira,  en “O Legionário”, nº 764, 30 de Marzo de 1947

La verdadera piedad debe impregnar el alma humana y, por lo tanto, debe despertar y estimular también la emoción. Pero la piedad no es sólo emoción, y ni siquiera es principalmente emoción. La piedad brota de la inteligencia, seriamente formada por un estudio catequético cuidadoso, por un conocimiento exacto de nuestra Fe y, por lo tanto, de las verdades que deben regir nuestra vida interior.

La piedad reside también en la voluntad. Debemos querer seriamente el bien que conocemos. No nos basta, por ejemplo, saber que Dios es perfecto. Necesitamos amar la perfección de Dios, y por lo tanto debemos desear para nosotros algo de esa perfección: es el anhelo de la santidad. “Desear” no significa apenas sentir veleidades vagas y estériles. Sólo queremos seriamente algo, cuando estamos dispuestos a hacer todos los sacrificios para conseguirlo. Así, sólo queremos seriamente nuestra santificación y el amor de Dios, cuando estamos dispuestos a hacer todos los sacrificios para alcanzar esta meta suprema. Sin esta disposición, todo el “querer”, no es otra cosa que ilusión y mentira. Podemos sentir la mayor ternura en la contemplación de las verdades y misterios de la Religión, pero si de ahí no sacamos resoluciones serias, eficaces, de nada valdrá nuestra piedad.

Es lo que se debe decir especialmente en los días de la Pasión de Nuestro Señor. No debemos acompañarlo sólo con ternura en los diversos episodios de la Pasión: esto sería excelente, pero insuficiente. Debemos dar a Nuestro Señor, en estos días, pruebas sinceras de nuestra devoción y amor.

Estas pruebas las damos cuando hacemos el propósito de enmendar nuestra vida, y de luchar con todas nuestras fuerzas por la Santa Iglesia Católica.

La Iglesia es el cuerpo Místico de Cristo. Cuando Nuestro Señor interpeló a San Pablo, en el camino de Damasco, le preguntó: “¿Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?“ Saulo perseguía a la Iglesia, pero Nuestro Señor afirmaba que era a El mismo a quien Saulo perseguía.

Si perseguir a la Iglesia es perseguir a Jesucristo, si hoy también la Iglesia es perseguida, hoy Cristo es perseguido. La Pasión de Cristo se repite de algún modo también en nuestros días.

¿Cómo se persigue a la Iglesia? Atentando contra sus derechos o trabajando para apartar a las almas de Ella. Todo acto por el cual se aparta de la Iglesia a un alma, es un acto de persecución a Cristo. Toda alma es, en la Iglesia, un miembro vivo. Arrancar un alma a la Iglesia, es arrancar un miembro al Cuerpo Místico de Cristo. Arrancar un alma a la Iglesia, es hacer a Nuestro Señor, en cierto sentido, lo mismo que a nosotros nos harían si nos arrancaran la niña de los ojos.

Si queremos, pues, condolernos con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditemos sobre lo que el sufrió a manos de los judíos, pero no nos olvidemos de todo cuanto todavía hoy se hace para herir al Divino Corazón.

Y esto tanto más, cuanto Nuestro Señor, durante su Pasión, previó todo cuanto sucedería después. Previó, pues, todos los pecados de todos los tiempos, y también los pecados de nuestros días. El previó nuestros pecados, y por ellos sufrió anticipadamente. Estuvimos presentes en el Huerto como verdugos, y como verdugos seguimos paso a paso la Pasión hasta lo alto del Gólgota.

Arrepintámonos, pues, y lloremos.

La Iglesia sufridora, perseguida y vilipendiada, está delante de nuestros ojos indiferentes o crueles. Ella está delante de nosotros como Cristo delante de la Verónica. Apiadémonos de los padecimientos de Ella. Con nuestro cariño, consolemos a la Santa Iglesia de todo cuanto Ella sufre. Podemos estar seguros de que, con esto, estaremos dando al propio Cristo un consuelo idéntico al que le dio la Verónica.

Tibieza

¿Y entre nosotros? Esta Fe que tantos combaten, persiguen, traicionan, gracias a Dios nosotros la poseemos.

¿Qué uso hacemos de ella? ¿La amamos? ¿Comprendemos que nuestra mayor ventura en la vida consiste en ser miembros de la Santa Iglesia, que nuestra mayor gloria es el título de cristiano?

En caso afirmativo “y cuán raros son los que podrían en sana conciencia responder afirmativamente” ¿estamos dispuestos a todos los sacrificios para conservar la Fe?

No digamos en un asomo de romanticismo que sí. Seamos positivos. Veamos fríamente los hechos. ¿No está a nuestro lado el verdugo que va a colocarnos en la alternativa de la cruz o de la apostasía? Todos los días, la conservación de la Fe nos exige sacrificios. ¿Los hacemos?

¿Será bien exacto decir que, para conservar la Fe, evitamos todo lo que puede ponerla en riesgo? ¿Evitamos las lecturas que la pueden ofender? ¿Evitamos las compañías en que ella está expuesta a riesgos? ¿Buscamos los ambientes en que la Fe florece o echa raíces? ¿O a cambio de placeres mundanos y pasajeros, vivimos en ambientes en que la Fe se marchita y amenaza arruinarse?

Todo hombre, por el propio instinto de sociabilidad, tiende a aceptar las opiniones de los otros. En general, hoy en día, las opiniones dominantes son anticristianas. Se piensa de modo contrario a la Iglesia en materia de filosofía, de sociología, de historia, de ciencias positivas, de arte, en fin de todo. Nuestros amigos siguen la corriente. ¿Tenemos el coraje de discrepar? ¿Resguardamos nuestro espíritu de cualquier infiltración de ideas erradas? ¿Pensamos con la Iglesia en todo y por todo? ¿O nos contentamos negligentemente en ir viviendo, aceptando todo cuanto el espíritu del siglo nos inculca, y simplemente porque él nos lo inculca?

Es posible que no hayamos expulsado a Nuestro Señor de nuestra alma. Pero ¿cómo tratamos a este Divino Huésped? ¿Es El objeto de todas nuestras atenciones, el centro de nuestra vida intelectual, moral y afectiva? ¿Es El Rey? ¿O simplemente, existe para El un pequeño espacio donde se le tolera como huésped secundario, poco interesante y un tanto inoportuno?

Cuando el Divino Maestro, gimió, lloró, sudó sangre durante la Pasión, no lo atormentaban sólo los dolores físicos, ni los sufrimientos ocasionados por el odio de los que en el momento le perseguían. Lo atormentaba aún más todo cuanto contra El y la Iglesia haríamos en los siglos venideros. El lloró por el odio de todos los malos, los Arrios, Nestorios, Luteros; pero lloró también porque veía delante de sí, el cortejo interminable de las almas tibias, de las almas indiferentes, que sin perseguirlo, no lo amaban como debían.

Es la falange incontable de los que pasan la vida sin odio y sin amor, los cuales, según Dante, quedaban fuera del infierno, porque ni en el infierno había para ellos un lugar adecuado.

¿Estamos nosotros en este cortejo?

Es la gran pregunta, a la que con la gracia de Dios, debemos dar respuesta, en los días de recogimiento, de piedad y de expiación en que debemos entrar ahora.

Fuente: Acción Familia

AYÚDALE A CRISTO A CARGAR SU CRUZ… TIEMPO DE COMPARTIR

a Cruz

Aunque es elección libre de cada hombre acercarse o alejarse de Dios, nosotros podemos ayudar a través de Catholic.net dar a conocer quién es Cristo, para que conociéndole lo amen. Este es el cierre de la Campaña de Cuaresma.

Autor: | Fuente: www.es.Catholic.net

”La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical” , (cf. Enc. Deus caritas est, 12).

Llega a su fin la Cuaresma e inicia la Semana Santa. Ojalá que todo este tiempo de reflexión, oración y propósito de enmienda haya provocado una compunción en nuestro corazón, para sentir junto con Cristo su dolor y ayudarle a cargar su cruz, pero no para quedarnos ahí, sino para caminar con Él hacia su Resurrección, mirando hacia el futuro con esperanza, sabiendo que Cristo, todo bondad y comprensión, nos dará lo que realmente necesitamos, poniéndolo sobre la mesa e invitándonos a un gran banquete. Nosotros sólo debemos aceptar su invitación y “hacer todo lo que Él nos diga” (cf. Jn. 2, 5)

Catholic.net ayuda a Cristo a poner esta mesa, le ayuda a llenarla con sus contenidos, oraciones, secciones especiales de Cuaresma, servicios interactivos, en una palabra, ayuda al encuentro con Él. Además ofrece acompañamiento espiritual con sus consultores virtuales, que están para atendernos en este camino de crecimiento espiritual.

Aunque es elección libre de cada hombre acercarse o alejarse de Dios, nosotros podemos ayudar a través de Catholic.net dar a conocer quién es Cristo, para que conociéndole lo amen. No permitamos que las cosas sigan igual, pudiendo estar mejores; no permitamos que Dios desaparezca de la vida de muchos hombres y mujeres; no perdamos la capacidad de apreciar lo que significa la presencia de Dios en nuestras vidas y en la vida de los demás. Ayudemos a otros a volverse a Él.

Si como dice el Papa en su mensaje para la Cuaresma 2011... “aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. ...liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo” lograremos hacer de esta Cuaresma una Cuaresma diferente, especial, porque habremos hecho algo valioso y grato a los ojos de Dios, salir de nosotros mismos en beneficio de nuestro prójimo.

Catholic.net nos invita a liberarnos de nuestro egoísmo, hacer una obra buena que deje huella, acompañar a Cristo en el camino de Su Pasión, apoyando con nuestra limosna a que este portal permanezca de pie y actualizado, para beneficio de millones de personas que reciben diariamente de manera gratuita la Palabra de Dios.

“Para celebrar la Resurrección del Señor - la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año Litúrgico - lo más adecuado es dejarnos guiar por la Palabra de Dios” (Mensaje del Papa para la Cuaresma 2011).

¡Ayúdale a Jesús a cargar su cruz en esta Semana Santa! anímate a ser parte de los bienhechores que con una aportación económica, no importa si es grande o pequeña, logran como los primeros apóstoles, darle el sí a Cristo, cada uno en la medida de sus posibilidades.

Por favor, danos una limosna. Es muy fácil con un click aquí.
Muchas gracias y Dios los bendiga.
Pilar Bacha de Camargo
Dirección de Administración y Recaudación
www.Catholic.net

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1. Ver la Encíclica «Deus caritas est» completa.
2. Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2011

domingo, 17 de abril de 2011

LA SEMANA SANTA ¿SEMANA DE VACACIONES O DE LUTO?

Sentencia de Pilatos

El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo forman el Triduo Sacro. Son los días de la Semana Santa, de la semana más importante de la historia de la humanidad. Porque para nada hubiera servido la creación si no hubiera habido la salvación.

Cristo se hizo nuestro Cordero que carga con nuestros pecados. Cristo quiere “morir a fin de satisfacer en nuestro lugar a la justicia de Dios, por su propia muerte”, dice Santo Tomás de Aquino en su “Suma Teológica” (IIIa parte, cuestión 66, 4).

La Semana Santa es la Semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

La Pasión significa los sufrimientos y la muerte de Cristo en la Cruz. Pasión, Redención, Salvación y vida eterna para nosotros están vinculadas. Sin los sufrimientos, la Cruz y la muer­te de Cristo no hay salvación para ti, pecador ingrato.

Cristo acepta ser maltratado, para que tú no lo seas eternamente; Cristo acepta ser flagelado para que tú no seas flagelado por los demonios y el fuego en el infierno.

Cristo acepta gustar la tremenda sed de la crucifixión; acepta gustar la muerte amarga de la Cruz, para que tú no gustes la sed eterna de Felicidad. Cristo acepta ser deshonrado en la Cruz para que tú no seas deshonrado y confundido en el día del Juicio Final.

Y tú, hijo ingrato, ¿qué haces en esos días de la Semana Santa mientras que tu Señor está muriendo en tu lugar para salvarte? ¿Cómo los utilizas? ¿A dónde vas? ¿Por qué los profanas?

Si en esos días tu patrón te dispensa de trabajar porque es Semana Santa, Semana de Luto, Semana de la Muerte del Hijo de Dios; tú deberías saber muy bien que esos días santos no son días de vacaciones, ni de disipación, ni de playa. Son días de penitencia, de oración y de lágri­mas.

El Hijo de Dios hecho hombre está luchando contra el demonio y la justicia divina para librar­te. Sí, para librarte a ti y a tu familia del más grande peligro que pueda existir: el de la perdición eterna. Sábelo, incúlcalo a tus hijos para que sean agradecidos con su Salvador.

La Sangre que borra tus pecados es la de tu Bienhechor: Nuestro Señor Jesucristo. Es Dios mismo Quien te lo dice: “Sin efusión de sangre no hay remisión de pecados” (Hebreos, 9, 22). Ningún hombre puede conseguir por sí mismo el perdón de sus pecados. Debe buscarlo en otra parte: ¿dónde? en la Sangre del Hijo de Dios que murió en la Cruz el Viernes Santo. San Pablo dice: “En Él, por su Sangre tenemos la redención, el perdón de los pecados...” (Efesios, 1, 7).

Sobre todo no digas que no has pecado y no necesitas del perdón. Si lo dijeras, manifestarí­as tu gran ceguedad e ignorancia. “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», lo hacemos men­tiroso y su Palabra no está en nosotros” (I San Juan, 1, 8).

El hombre no puede ofrecer sacrificio propiciatorio por sus pecados. Nuestro Señor Jesucristo se hizo propiciación por nuestros pecados. Él se ofrece el Viernes Santo en Sacrificio propiciatorio por ti. Sólo, mediante la Sangre de Cristo, puedes purificarte, puedes liberarte de las cadenas del pecado y de la "tiranía del demonio.

Y en estos días durante los cuales Cristo está en los tormentos de la Cruz para merecerte la salvación, tú, pecador necesitado, tú te vas a la playa, a pasearte, divertirte, quizás a acumular más pecados a los que ya hayas cometido. ¡Despiértate, hermano mío, despiértate de tu letargo! ¡Sé agradecido con tu Bienhechor!   ¡Actúa como católico verdadero!

Ve al templo a ver y a escuchar lo que en tu lugar está padeciendo Cristo. Has de saber que la ingratitud atrae el castigo de Dios más bien que su misericordia. No seas, pues, ingrato sino agradecido.

La gratitud cristiana consagra el Triduo Santo para conocer más lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo por nosotros e impulsarnos a la penitencia, a la sincera conversión y a la enmienda de nuestra vida tibia y mediocre.

El Jueves Santo es el día en que el Señor Jesús antes de ir a su Pasión te dejó el Memorial de su Muerte. Para aplicar los frutos de su Pasión a tu alma, instituyó el Sacramento de su Amor que es la Sagrada Eucaristía y el Sacerdocio para consagrarla. Él dijo: “haced esto en memoria mía”, para recordarnos lo que padeció por puro amor hacia los ingratos que somos; para comu­nicar a nuestras almas la santidad y el remedio contra el pecado mediante la digna recepción de su Cuerpo.

Y  ¡tú irías a divertirle en ese día! No sabes que Cristo dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene la Vida Eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre esta en Mí y Yo en él” (San Juan 6, 54-56). Y tú que pretendes ser discípulo de Cristo ¿por qué te privas del Pan celestial que sana, purifica, santifica y pacifica tu alma y tu hogar? Si por tu culpa no apro­vechas del remedio que Cristo te ofrece ¿por qué te quejas de tener problemas en tu vida, fami­lia y trabajo?

El Viernes Santo es para que grites con y en la Iglesia misericordia para ti mismo y para todo el género humano. El Viernes Santo es para que participes en las exequias de Cristo, escuchan­do el Evangelio de la Pasión y las Siete Palabras que son las últimas recomendaciones de Cristo, Nuestro Redentor.

Aprovecha el Viernes Santo para confesar con lágrimas tus iniquidades, lavar tu alma de la lepra del pecado con la Sangre de Cristo, participar en la Pasión de tu Salvador, para tener parte con Él en su victoria.

El Viernes Santo, sufrió Cristo para merecerte el ser librado del pecado que es el más horri­ble cáncer que pueda existir, y del infierno, que es la más grande de las desgracias.

Y tú ¿irías de vacaciones con tantos otros neo-paganos quizás para matarte en el camino de la ingratitud? El Viernes Santo es para que hagas el Vía Crucis, medites lo que padeció por ti tu Señor, para darte cuenta de lo que merece el pecado.

Lee los últimos capítulos de San Mateo, Marcos, Lucas y Juan, o ve la Pasión de Mel Gibson para que te des cuenta del precio que Cristo pagó para librarte del poder del pecado y del demonio y hacerte hijo de Dios. El Viernes Santo es día de ayuno y penitencia, silencio y lágrimas y no día de playa y placeres.

El Sábado Santo es día de Luto. Hombres y mujeres deberían vestirse con ropa de luto para acompañar a la Santísima Madre de los Dolores. El Sábado Santo debería servir para meditar con espanto lo que merece el pecado, porque si al Justo que cargó con nuestros crímenes así se lo castiga, ¿que será del culpable si muere con su pecado?

En resumen, hermano mío, escucha a Dios mismo que dice a cada uno de nosotros: “No tar­des en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo” (Eclesiástico, 5, 8.).

Aprovecha la Semana Santa para convertirte al Señor, porque la sincera conversión y el ver­dadero arrepentimiento aseguran el Perdón de los pecados; dan la Paz al alma y, al fin, la Vida Eterna.

Tomado del boletín dominical “Fides” Nº 900, año 2010.

Fuente: http://statveritasblog.blogspot.com/2011/04/la-semana-santa-semana-de-vacaciones-o.html

PRESENTARÁN EL MIN, MOVIMIENTO NACIONALISTA ARGENTINO, EL PRÓXIMO 4 DE JUNIO

Peron-Dios-Patria-Hogar

Según trascendidos, acompañados por la marcha compuesta en honor al 4 de junio de 1943, el Movimiento por la Identidad Nacional (MIN) hará su acto de lanzamiento el día 4 de junio de 2011.

Esa fecha conmemora la fundación del Grupo de Oficiales Unidos, del cual participara el Coronel Juan Domingo Perón.

El lugar del lanzamiento será en lugar a confirmar, y pretende constituir un espacio abierto al nacionalismo.

La referida marcha en honor al 4 de Junio tiene la siguiente letra:

Renació la esperanza en los hogares
brilla el sol con más fuerza y esplendor
ondea majestuosa en tierra y mares
la bella y arrogante bicolor

La justicia apoyada en fuerte brazo
une al grande y al pobre en su equidad
cobarde si no habéis de dar el paso
invencible de la argentinidad.

4 de Junio, jornada redentora de la Patria
el civil de bien y el soldado leal
guardan tu gloria inmortal...
4 de Junio, olímpico episodio de la historia
triunfa la razón, grite el corazón:
¡ honradez, libertad y honor!