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lunes, 6 de mayo de 2013

DEL CATOLICISMO SOCIAL AL CATO-SOCIALISMO: HISTORIA DE UN DESVÍO




Entre las obras escritas por el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira cabe destacar especialmente “En Defensa de la Acción Católica” (1943), “Revolución y Contra-Revolución” y  “Nobleza y Élites tradicionales análogas“. Estas publicaciones constituyen un resumen de una vida: el primero es un grito en defensa de la Iglesia y, el segundo, en defensa de la Civilización Cristiana.



Contenido
•             El Modernismo
•             Una “francmasonería católica”
•             El “catolicismo democrático”
•             Roma condena, los modernistas se esconden
•             Resurge el neo-modernismo
•             La Acción Católica
•             De la izquierda de la Acción Católica nace la teología de la liberación

Los errores denunciados por Plinio Corrêa de Oliveira en su obra “En Defensa de la Acción Católica”provenían de dos corrientes distintas pero entrecruzadas: una corriente de activismo socio-político izquierdista que, nacida como componente del “catolicismo social“, dio vida al “catolicismo democrático“ del cual salió el “cato-comunismo“(o cristianos para el socialismo); y una corriente filosófico-teológica que, conocida como “catolicismo liberal“, dio origen al “modernismo” del cual salió la llamada “nouvelle théologie“.
”Mirando a mi alrededor estoy obligado a admitir que la corriente modernista está destruida, sus fuerzas estan por ahora agotadas. Debemos esperar el tiempo en que, por medio de un trabajo silencioso y secreto, habremos conseguido transbordar a la causa de la libertad una más amplia parte de los fieles“. Así se lamentaba el jesuita inglés George Tyrrell (1861-1909) después de la condenación de la herejía modernista. [1]


El Modernismo
Incubado en ambientes intelectuales de “vanguardia” bajo formas variadas y no siempre de acuerdo entre ellas, hacia fines del siglo XIX, el Modernismo quería producir profundas reformas en la doctrina y en la estructura de la Iglesia, con el pretexto de adaptarla al “espíritu de los tiempos“. Según Alfred Loisy (1857-1940), principal exponente de la corriente, “los modernistas forman un grupo bastante definido de hombres de pensamiento, unidos por el común deseo de adaptar el catolicismo a las necesidades intelectuales, morales y sociales de nuestros días“. [2] Especificando la magnitud de esta adaptación, afirmaba que el objetivo era “cambiar la Iglesia, su constitución, su doctrina y sus ritos“[3]
La adaptación querida por los modernistas no era de hecho ni superficial ni saludable. Esta habría alcanzado los mismos fundamentos de la Iglesia, comportando en la práctica su destrucción: “¡El viejo edificio eclesiástico deberá derrumbarse!”,proclamaba Loisy.[4] La misión de los modernistas, según Tyrell, era de “golpear y golpear la vieja carcasa de la Iglesia Romana“.[5] Por esto, en el acto de condenarla, San Pío X definió esta corriente como “la síntesis de todas las herejías“, especificando además: “si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas [Los modernistas] han aplicado la segur, no a las ramas, ni tampoco a débiles retoños, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas“.[6]
En Italia el movimiento modernista formó un grupo restringido entre intelectuales y sacerdotes como Tomás Gallarati Scotti, Stefano Jacini, Alessandro Casati, Antonio Fogazzaro, Giovanni Selva, Salvatore Minocchi, Giovanni Semeria e Giovanni Genocchi. Mayor interés tienen Ernesto Buonaiuti (1881-1946), primero profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario del Apollinare y después de 1915 en la Universidad de la Sapienza de Roma, y Romolo Murri (1870-1944), uno de los principales animadores de la Democracia Cristiana.
A diferencia de tantas herejías del pasado, el Modernismo no combatía a la Iglesia desde el exterior, sino que trabajaba desde el interior, alcanzando a influir hasta en ambientes altamente situados. Es siempre San Pío X quien denuncia que: “los autores del error ya no deben buscarse entre los enemigos declarados, sino que, es lo que da una suma pena y temor, se esconden en el mismo seno de la Iglesia“
Una “francmasonería católica”
En el corazón de la corriente modernista, confiriéndole su dinamismo y coordinando sus manifestaciones, había una verdadera secta semi-secreta. El mismo Papa Sarto destacaba que “los modernistas son tanto más perniciosos cuanto menos aparecen”, cuanto más obran “en secreto“.
Le idea de una secta secreta que tramaba desde dentro la destrucción de la Iglesia podrá ciertamente hacer que se levante más de una ceja, casi como se tratase de un mediocre enredo policialesco. Sin embargo, eran los propios modernistas que se jactaban de ello. “Debemos hacer una francmasonería católica“, proponía Antonio Fogazzaro por boca de uno de los personajes de la novela Il Santo,”¿Masonería Católica?¡Sí, Masonería de las Catacumbas!” [7]
El “catolicismo democrático”
Pero los miembros de esta “francmasonería católica“ no eran los únicos que querían reformar la Iglesia. Paralelamente y en conjunto con ellos actuaban también los exponentes de la corriente llamada católico-democrática.
A mediados del siglo XIX, como respuesta a las injusticias causadas por la revolución industrial, había surgido el así llamado “catolicismo social“ que, además, se había dejado influenciar en algunos de sus ambientes por doctrinas y posturas de matriz socialista. Del deseo, en si laudable pero demasiado vago y romántico, de ayudar a los pobres se pasó en algunos casos a la profesión de las ideas igualitarias. De la denuncia, a menudo justificada, de la explotación de los obreros por parte de patrones no raramente se pasó al rechazo del sistema liberal capitalista y a una visión de la sociedad de tipo marxista. Este desvío a la izquierda dio origen, hacia fines del siglo XIX, a la corriente conocida como catolicismo democrático.
Desde 1867 existía en Italia la Sociedad de la Juventud Católica Italiana, dirigida por Giovanni Acquaderni. En Junio de 1874 tuvo lugar en Venecia un congreso católico que terminó creando un movimiento a nivel nacional. Esto se concretó un año después en el congreso de Florencia, del cual brotó la Obra de los Congresos y de los Comités Católicos en Italia. La presidencia fue confiada inicialmente al mismo Acquaderni.
Algún tiempo después, sin embargo, comenzaron a manifestarse los primeros roces. Los jóvenes líderes en ascensión dentro de la Obra representaban una orientación bastante diversa, afín con las nuevas ideas. Algunos sectores de la Obra comenzaron a manifestar una fuerte infiltración modernista y católico-democrática. En 1891, los sectores más radicales influenciados por Romolo Murri fundaron los “grupos democráticos“ ubicados tan a la izquierda como para querer abandonar la etiqueta “democrática“ sustituyéndola con la de “socialista“. [8] La corriente murriana brotó en el 19° Congreso nacional de la Obra realizado en Bolonia en 1903 y la vieja guardia salió derrotada.

Roma condena, los modernistas se esconden
Profundamente descontento por el éxito del congreso y, de modo general, por la forma que habían tomado algunos sectores de la Obra, en Diciembre de 1903 San Pío X publicó el motu proprio Fin dalla prima, en el cual delineaba una “normativa fundamental para la acción social de los católicos“, en contraste neto con las ideas católico-democráticas. Frente a la posición obstinada de estos sectores de la Obra, ahora reforzado por la corriente murriana, al año siguiente se separaron oficialmente de la asociación, dejando abierta solamente la Sección guiada por el conde Medolago-Albani. [9]
Los “cristianos democráticos“ respondieron de modo insolente convocando un congreso en Bolonia, donde fue fundada la Liga Democrática Nacional, de inspiración socialista. Para aclarar de una vez por todas la situación, San Pío X publicó entonces la encíclica Il fermo proposito, en la cual condenaba la corriente cristiano democrática. Don Murri fue primero suspendido a divinis y, después, excomulgado. Abandonando la sotana, se casó en 1912.
La audacia de los modernistas provocó una respuesta análoga del Pontífice. Después de repetidas e inútiles advertencias “recordemos particularmente la encíclica Pieni l”animo (1906) y la Alocución consistorial del 17 de Abril de 1907- San Pío X fue obligado a condenar el Modernismo con el decreto Lamentabile sane exitu (Julio de 1907) y la encíclica Pascendi Dominici gregis (Septiembre de 1907), en la cual lo define como “síntesis de todas las herejías“. En el texto latino original, la acusación suena aún más fuerte: “omnium haeresum collectaneum“.
Condenados de este modo, ¿los modernistas se someterían? De ningún modo. Habituados a trabajar en la semi-clandestinidad, se enmascararon aún más. “Os aconsejo que no os liguéis con un vínculo sensible“, aconsejaba Fogazzaro. “Podéis navegar seguros bajo el agua como los peces cautos, pero pensad que el ojo agudo del Sumo Pescador o vice-Pescador os puede descubrir fácilmente y cogeros con un golpe de arpón. Ahora yo no aconsejaré nunca a los peces más finos, más sabrosos, más buscados, de congregarse. Uds. pueden comprender qué puede suceder cuando uno es cogido y sacado fuera. Y, uds. lo saben bien, el gran Pescador de Galilea ponía los pescaditos en su vivero, pero el gran Pescador de Roma los fríe“.[10]
Pero el “ojo agudo del Sumo Pescador“ vigilaba. En el motu proprio Sacrorum Antistitum (1910), S. Pío X denunciaba que los modernistas se estaban reagrupando en una “liga clandestina“ (clandestinum foedus), advirtiendo además que ellos “no han abandonado su designio de perturbar la paz de la Iglesia“ [11]

Resurge el neo-modernismo
En los años sucesivos, de las tenebrosas sinuosidades de esta liga clandestina, la chusma modernista llevó adelante el “trabajo silencioso y secreto“ propuesto por George Tyrell, estableciendo así los fundamentos de lo que Pío XII después llamaráNouvelle Théologie, sucesivamente condenada en varios documentos, especialmente en la encíclicaHumani generis. (1950) [12]
Esta es la fuente contaminada de la mayor parte de los errores teológicos contemporáneos.
”Obligados a una especie de vida clandestina“, explica Albert Besnard, O.P., “los modernistas continuaron a obrar de modo secreto, inspirando sucesivamente a la mayor parte de las contestaciones religiosas que hoy vemos en la Iglesia“. [13] Don Germano Pattaro, del Seminario Patriarcal de Venecia, precisa igualmente que: “el cambio de perspectiva se operó dolorosa y trágicamente con el modernismo que fue retomado y repropuesto en la Nouvelle Théologie“.[14]
Alfred Loisy
En el ínterin, sin embargo, intervino un factor que podría haber cambiado substancialmente la situación. Además de la facundia de sus mentores, lo que había llevado a la ruina a la secta modernista fue su escasa influencia sobre la opinión pública. El modernismo permaneció como un fenómeno de élites intelectuales y, al comienzo, hasta los nuevos teólogos padecieron con esta situación. Les faltaba un movimiento de masas que permitiese la difusión masiva de las nuevas ideas. La ocasión se presentó a fines de los años “20.

La Acción Católica
En los años “20 el Papa Pío XI emprendió la reorganización de los laicos, dando vida a la moderna Acción Católica, siguiendo un esquema que fue reproducido después en todo el mundo. En la intención del Sumo Pontífice, la AC debería constituir un vasto movimiento apto para coordinar el empeño apostólico de los seglares, bajo la guía de la Jerarquía. [15] De ahí la definición: participación de los laicos en el apostolado jerárquico de la Iglesia.
Jacques Maritain
Desgraciadamente, casi desde el comienzo existió dentro de la nueva asociación una conspicua presencia de la corriente católico-democrática y de la neo-modernista. Inspirados en pensadores como Jacques Maritain (1882-1972) y Emanuel Mounier (1904-1950), así como de teólogos como Marie-Dominique Cheng (1895-1989) y Henri de Lubac (1896-1991), núcleos de activistas se introdujeron en algunos sectores de la Acción Católica, sirviéndose de ella para la difusión de sus errores y empujándola en una dirección opuesta a la querida por el Pontífice.
Los años “30, como dice el historiador Adrien Dansette, “señalaron un decisivo cambio de dirección en el catolicismo“.[16] Fue su principal protagonista la Acción Católica, por medio de sus sectores más dinámicos que, según el caso, eran los que más sufrían esta infiltración. El cambio de dirección se realizó de dos modos.
Primeramente, las antiguas asociaciones católicas, fieles a la orientación de San Pío X, fueron absorbidas y por lo tanto neutralizadas, utilizando métodos más bien ambiguos. Refiriéndose, por ejemplo, al modo por el cual la AC fue introducida en Estados Unidos, el padre Andrew Geeley, un protagonista del hecho, revela que “fueron fundadas nuevas asociaciones, las antiguas fueron infiltradas y reorganizadas“.[17]
Por otra parte, muchos de los militantes sufrieron un proceso que podríamos llamar de trasbordo ideológico, llevando a desmantelar su mentalidad tradicional sustituyéndola por las nuevas ideas e induciendo a los más radicales a asumir posiciones francamente revolucionarias.
El desvío izquierdizante dentro de la AC no fue uniforme en todos sus sectores, ni se manifestó de modo igualmente virulento en todos los países. Es innegable, por ejemplo, que el liderazgo de Luigi Gedda, apoyado por Pío XII, frenó esta infiltración en sectores de la AC italiana. [18]
Pero desgraciadamente no fue así en todas partes. En Francia, posiblemente la principal fábrica de las nuevas ideas, el desvío fue tan grave que indujo a sectores enteros de la AC a adherir al socialismo y aún al comunismo. [19] Cuando, a comienzos de los años “70, fue fundado en Francia Cristianos por el Socialismo, cinco grupos de AC adhirieron a ellos en bloque.
El caso de la Acción Católica brasileña constituye en la especie un ejemplo paradigmático. El desvío era visible sobre todo en la JUC (Juventud Universitaria Católica). Inspirándose en Maritain, Mounier, Teihlhard de Chardin y otros pensadores, en su mayoría franceses, la JUC “tomó una tonalidad siempre más socialista“, como lo explica Luiz Alberto Gómez de Souza. [20] En 1959 la JUC saludó con entusiasmo la revolución comunista de Fidel Castro. De la JUC nació la Acção Popular (Acción Popular), que en 1962 de define como “socialista“ y en 1972 se transforma en la Acção Popular Marxista-Leninista, terminando por ser incorporada al Partido Comunista. Algunos militantes de la AC llegaron a participar de la lucha armada en los años de plomo.

De la izquierda de la Acción Católica nace la teología de la liberación

El sacerdote Gustavo Gutiérrez
En el campo teológico, el hundimiento no fue menos llamativo. Para dar un ejemplo, la famosa teología de la liberación nació en este ambiente de la Acción Católica latinoamericana. Gustavo Gutiérrez, considerado el “padre fundador“ de la corriente, era capellán de laUNEC (Unión Nacional de los Estudiantes Católicos), el equivalente peruano de la JUC. El “obispo rojo”, D. Helder Cámara, era entonces el capellán de la AC. El P. Ronaldo Muñoz, mentor de los Cristianos para el Socialismo, era líder de la JUC chilena. Fray Betto, actualmente miembro del gobierno Lula, era presidente de la JEC (Juventud Estudiantil Católica). El elenco podría continuar casi ad infinitum. Es necesario notar que la primera editora de los libros de la teología de la liberación fue MIEC-JECI (Movimiento Internacional Estudiantil Católico “ Juventud Estudiantil Católica Internacional), emanación de la AC.
El teólogo de la liberación Pablo Richard afirma claramente que: “la JUC de los años 1960 vivía ya la efervescencia del cristianismo revolucionario“ que habría dado vida a esta corriente. [21] Más explícito, Luiz Alberto Gómez de Souza explica que “fue en Brasil, y más concretamente en la Acción Católica, que comenzaron a tomar forma las instituciones que luego darían origen a la teología de la liberación“. [22]
Recapitulando el proceso, el historiador Samuel Silva Gotay afirma que la teología de la liberación “salió de la radicalización de las doctrinas y de la práctica del catolicismo social del paso del catolicismo social al cristianismo revolucionario“.[23]
La infiltración denunciada por Plinio Corrêa de Oliveira en el ahora lejano 1943 había desgraciadamente alcanzado su objetivo.
(Artículo traducido de la revista: Tradizione, Famiglia, Proprietà, Mayo 2003, Año 9 N° 2, Roma)
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[1] Citado en E. Riviére, “Modernismo”, Dictionnaire de Théologie Catholique, Vol. CC, col. 2042.
[2] Alfred Loisy, Simples Réflexions sur le Decret du Saint Office Lamentabili Sane Exitu, et sur l”Encyclique Pascendi Dominici Gregis, p. 13, in Arthur Vermeersch, “Modernism”, Catholic Encyclopedi, Caxton Publishing, Londres, 1911, Vol. X, pág. 416.
[3] In Vicente Maumus, Les Modernistas, Beauchesne, París, 1909, pág. 9.
[4] Carta al P. Marcel Hébert, in Alec Vidler, The Modernist Movement in Roman Church. Its origins and outcome, Gordon Press, New York, 1976, pág. 78.
[5] Carta del 28 de Noviembre de 1907, ibid., pág. 78.
[6] S. Pío X, Pascendi Dominici Gregis, Septiembre de 1907.
[7] Antonio Fogazzaro, Il Santo, Milán, sin Editor, 1907, págs. 44, 48
[8] Luidi Civardi, Compendio di storia dell”Azzione Católica italian, Coletti, Roma, 1956, pág. 54
[9] Para una historia de la Obra, ver Ernesto Vechesi, Il movimento católico in Italia, Società Editrice La Voce, Florencia, 1923.
[10] A. Fogazzaro, Il Santo, pág. 44.
[11] Acta Apostolicae Sedis, 9 de Septiembre de 1910, núm. 17.
[12] Cfr. La encíclica Mystici Corporis Christi (1943) yMediator Dei (1947) además de las alocuciones a los Padres Jesuitas del 17 de Septiembre de 1946 y a los Padres Dominicanos del 22 de Septiembre.
[13] Albert Besnard, O.P., “Modernismo”, in Les Religions. Les dictionnaries du savoir moderne, de Jean Chevalier., Centre d”Etude et de Promotion de la Lecture, París, 1972, pág. 306.
[14] Germano Pattaro, Curso de Teología del ecumenismo, Brescia, 1985, pág. 344.
[15] Giacomo de Antonellis, Storia dell”Azione Católica,Rizzoli, 1987, págs. 153 y ss.
[16] Adrien Dansette, Destin du catholicisme français 1926-1956, Flammarion, Paris, 1957, pág. 5.
[17] Andrew Geeley, The Catholic Experience, Doubleday & Company, New York, 1967, pág. 257.
[18] Luigi Gedda, 18 de Abril, Memoria inédita del artífice de la derrota del Frente Popular, Mondadori, Milán, 1998.
[19] Cfr. Georges Suffert, Les Catholique el la Gauche, Maspero, París, 1960; Jean-François Kesler, De la gauche dissidente au nouveau Parti Socialista. Les minorités qui ont rénové le P.S., Bibliotéque Historique Privat, Toulouse 1909; A. Latreille, J.R. Palanque, E. Deraruelle, R. Rémond, Histoire du Catholicisme en France, Spes, París, 1962, Vol. III.
[20] Luis Alberto Gómez de Souza, A JUC. Os estudantes católicos e a política, Petrópolis, Editora Vozes, 1984, p. 156.
[21] Ibid., pág., 10.
[22] Ibid., pág. 9.
[23] Samuel Silva Gotay, “Origem e desenvolvimento do pensamento cristão revolucionário a partir da radicalização da doctrina social cristà nas décadas de 1960 e 1970”, in CEHILA, História da teologia na América Latina, Edi+oeses Paulinas, São Paulo, 1981, pág. 139.

FUENTE: Accion Familia

domingo, 17 de marzo de 2013

MENSAJE DE IPCO DIRIGIDO AL PAPA FRANCISCO





En cada cónclave, el surgimiento de la "fumata bianca" en la chimenea de la Capilla Sixtina marca el momento en que el mundo católico propaga la noticia, siempre llena de alegría y de esperanza, de que la barca de Pedro tiene un nuevo timonel, así como alimenta la expectativa del solemne anuncio de "Habemus Papam", hecha por el Cardenal Protodiácono, cuando todo el mundo conoce finalmente el nombre elegido para ocupar la cátedra de Pedro. Este poder divino de la Santa Iglesia que este evento crea una comprensible emoción incluso entre muchos de los que no dicen profesar ninguna fe religiosa.
El anuncio de la elección del cardenal D. Jorge Mario Bergoglio, como el Papa Francisco, repitió una vez más todo este ritual solemne en que se mezclan esperanzas, oraciones confiadas y gestos y solemnes. Es fácil percibir que esta elección ha causado una especial conmoción y alegría entre los católicos latinoamericanos. Ver por primera vez, en el Trono de San Pedro, un Pastor oriundo del llamado Continente de la Esperanza es un factor de orgullo comprensible.
Esta elección de un primer Papa argentino reconoce el papel central de América Latina en la vida de la Iglesia y el mundo contemporáneo y, más aún, el papel fundamental que le cabrá en la edificación de la civilización cristiana.
Vienen a nuestra memoria, sobre este particular, las palabras proféticas del director del periódico “El Legionario”, el joven delegado Sr. Plinio Corrêa de Oliveira, en un artículo del 15 de octubre de 1933, titulado precisamente "La misión de América Latina":
"Este ocaso de la civilización que amenaza con ser el ocaso de la propia humanidad, nosotros vemos sólo dos factores realmente capaces de abrir para el hombre una ventana salvadora para el futuro: en el plano espiritual, la Iglesia Católica, y en el plano terrenal, América Latina.
Una antigua leyenda nos cuenta que al borde de un cierto lago había un acantilado de piedra que crecía a medida que las olas lo acometían, de suerte que nunca era sumergido, incluso en las mayores tempestades. Hoy en día, este es el acantilado de piedra, es la Cátedra de Pedro, que tiene en ciernes grandes revoluciones, burlándose de las herejías, creciendo en fuerza a medida que sus opositores crecen en rencor. [...] Fue testigo del nacimiento de todos los países de Occidente. Los ve morir sin temor por sus propios días, que no se cuentan con la brevedad de los días de una nación. [...]
Para actuar, además, ella también se sirve de factores humanos. Y de estos, el más promisorio es América Latina.
Aunque los católicos latinoamericanos hayan pecado como pecaran, no pesa sobre los hombros de sus naciones, incluso en la infancia, la culpa aplastante de la que [otros continentes] son reos. [...] Es cierto que a nosotros, como naciones, se nos podría aplicar la frase de San Agustín: “tantilus puer, et tantum peccator!” – “Tan joven y ya tan gran pecador!”
Sin embargo, nunca partió de aquí un grito de herejía. [...] A pesar de las dificultades, nuestras costumbres conservan mucho de aquella suave urbanidad que es la característica de índoles cristianas. [...] cuando, por tanto, de la inmensa caldera en que hierven los restos de nuestra civilización emergieran los primeros principios de un nuevo orden de cosas, teniendo por base el respeto a la Iglesia, a la propiedad y a la familia, , sólo la América del Sur ofrecerá al mundo un camino que se construirá, con sus regiones inmensas, que las crisis económicas no agotan, y sus pueblos de reservas morales sólidas, que para entonces habrán pasado por el crisol del sufrimiento, y en ello tendrá formado su temple de pueblos fuertes.
América del Sur será, por tanto, el gran laboratorio donde la nueva civilización católica se levantará”
Numerosos analistas apuntan a la elección y acción del Papa Wojtyla como uno de los factores decisivos para el derrumbe del Comunismo moribundo en la Europa del Este. ¡La elección y la acción del Papa Francisco puede echar por tierra a su sucedáneo criollo, el neosocialismo populista del siglo XXI, también él moribundo después de la salida de Hugo Chávez de la escena latinoamericana!
El Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, en las sendas de su inspirador, no puede dejar de anhelar al nuevo Pontífice, en quien reside el poder de las llaves, gracias especiales que inspiren sus decisiones soberanas –independientes de los juicios de los hombres- y su misión pastoral, atenta a las aspiraciones y necesidades auténticas del rebaño de Nuestro Señor Jesucristo: “Oremos para que su actuación llene de claridad los espíritus, dé fortaleza a los espíritus, y de gloria a la Iglesia santa de Dios”.
Fue con este ánimo que el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira dirigió al Papa Francisco el siguiente telegrama:

São Paulo, 14 de marzo de 2013.

A Su Santidad
el Papa Francisco,
Palacio Apostólico
00120 Ciudad del Vaticano
Vaticano

Santidad,
En este momento de júbilo para los católicos, por la elección de un nuevo Pontífice, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, sus directores, miembros y simpatizantes, dirígense a Vuestra Santidad, luego de su elección al Trono de San Pedro, para prestarle el filial homenaje de su fidelidad.
Vuestra elección llena de especial orgullo y alegría los corazones de los latinoamericanos, al ver por primera vez en el Solio Pontificio un hijo de este Continente de la Esperanza, tan amado de Dios y que a lo largo de sus cinco siglos de historia enriqueció a la Santa Iglesia con el vigor de su Fe y de su devoción.
Elevemos a Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de América, fervientes oraciones a fin de que Ella obtenga de la Divina Providencia para Vuestra Santidad sus más escogidas gracias, con vistas a conducir la Barca de la Santa Iglesia con la sabiduría y la firmeza que las tormentosas circunstancias del mundo contemporáneo imponen.
Animados por esa esperanza, rogamos a Vos, Santo Padre, nos concedáis Vuestra Bendición Apostólica.
Instituto Plinio Corrêa de Oliveira
Adolpho Lindenberg
Presidente

Fuente: 
Traducción de Diario Pregón de La Plata

sábado, 4 de agosto de 2012

EL PROBLEMA DE LOS CUATRO HERMANOS

 

La Campaña de la Fraternidad convoca a todos los brasileños a una reflexión sobre la máxima “Somos todos hermanos, somos todos iguales“. Resolví dedicar así a tal reflexión mis palabras de hoy que, si otros méritos no poseen, tienen por lo menos los de ser difundidas en un periódico de amplia circulación.

Inmediatamente, sin embargo, percibí la dificultad del tema. El brasileño, por todas las vibraciones de afectividad que suben de lo más profundo de su ser, por la claridad privilegiada con que -aún cuando es inculto- intuye las grandes verdades simples y sublimes de la vida, finalmente por la marca que en él imprime su tradición cristiana, está persuadido de que somos todos iguales y hermanos. Así, por ejemplo, la mezcla racial que tiene por fundamento la igualdad y la fraternidad de todas las razas, es una constante profunda de nuestra Historia. ¿Cómo decir , pues, a nuestro público algo nuevo sobre el asunto?

Sin duda, los mentores de esa campaña habrán pensado en esto. No habrán deseado la repetición de frases hechas, sino la evocación de aspectos olvidados o la rectificación de conceptos mal entendidos, concernientes ya sea a la igualdad como a la fraternidad. Este es el único modo de decir algo nuevo al público al respecto de esos temas.

Vencida así la perplejidad preliminar, me puse a buscar algo “nuevo” para decir. La memoria auditiva me lo trajo pronto a la mente.

Igualdad. Fraternidad… ¿cuál es el otro vocablo que falta? Ah, es Libertad. Así se reconstituía en mi espíritu la trilogía de la Revolución Francesa. Al mismo tiempo una amalgama de imágenes se presentaba en tumulto a mi atención: enseñanzas divinamente luminosas del Evangelio, conceptos lapidarios del Derecho Romano, privilegios medievales, frases líricas de Rouseau, sarcasmos de Voltaire, las matanzas y la famosa Madame Roland gritando rumbo a la guillotina “Libertad, libertad, cuántos crímenes son cometidos en tu nombre“.

* * *

No. Nada grande, nada saludable, nada durable se construye en materia de cultura y civilización sin tomar en cuenta una justa medida de libertad, de igualdad y de fraternidad.

Sin embargo, los mayores crímenes de los siglos recientes fueron cometidos precisamente en nombre de una libertad sin frenos, de una igualdad absoluta y de una fraternidad sin discernimiento. Para demostrarlo no es necesario llegar hasta la Revolución Francesa; basta considerar al hijo furibundo que ésta dio a luz: el comunismo.

El comunismo cumbre la tierra de violencia. Los ejecutores inmediatos de su acción violenta en la mayor parte de las veces nada entienden de las tan nebulosas

Cuatro niños, con personalidad, inteligencia, capacidades y apariencia diferentes

lucubraciones filosóficas y económicas de Marx. Los mueve en general un raciocinio primario, que podríamos resumir así:

a) todos los hombres son hermanos;

b) cada uno debe desear para sus hermanos todo lo bueno que tiene para sí;

c) luego, la igualdad completa es la consecuencia forzosa de la fraternidad auténtica;

d) toda desigualdad es pues una injusticia;

e) de manera que, el hermano víctima de una injusticia, tiene el derecho de pedir, y aún de imponer la igualdad en nombre de la fraternidad. Es la última consecuencia de la fraternidad.

Para quienes se dejaron enredar en este sofisma, me parece que algunas reflexiones sobre la verdadera fraternidad pueden traer algo nuevo.

* * *

En el centro del problema enunciado arriba exite una cuestión fácil de poner en términos concretos.

Imaginemos una familia con cuatro gemelos, todos hombres, enteramente parecidos por su aspecto físico, por sus gustos, por la mentalidad, por el nivel inteligencia. Entre ellos reina la más entera igualdad.

Imaginemos otra familia con cuatro hijos de diferentes sexos, edades, capacidades, por su nivel inteligencia y por su modo de ser personal. Pero ellos saben armonizar y poner en colaboración esas diversidades, por la fuerza de un mutuo y profundo afecto.

Puede preguntarse: ¿en cuál de las dos familias existen condiciones de convivencia fraterna más perfectas? En otros términos, ¿la verdadera fraternidad resulta de una igualdad completa? ¿O más bien de una igualdad fundamental templada por una escala de valores diversificados y jerarquizados?

Puesto así el problema, recordé una frase de Maurois (en la biografía de Disraeli) con respecto a un grupo de amigos: “Como todos los verdaderos amigos, ellos se parecían poco“. La amistad tiene mucha relación con el amor fraterno. Este, como aquélla, se paraliza y muere en la monotonía irrespirable de la igualdad total. Por el contrario, vive, palpita y fructifica en un clima de desigualdades proporcionadas y armónicas. Con esto se derriba la identificación comunista entre igualdad total y fraternidad perfecta. Y la “fraternidad”, en lugar de conducir a la lucha de clases y a matanzas, produce una armonía y cooperación constructiva.

Esa conclusión tan lógica me parecía muy importante para carecer del apoyo de algunas citas. Las busqué en los documentos pontificios.

Oigamos la voz del gran León XIII: “Una vez más Nos lo declaramos: el remedio para esos males no será jamás la igualdad subversiva de los órdenes sociales sino esta fraternidad que, sin perjudicar en nada la dignidad de la posición social, une los corazones de todos con los mismos lazos del amor cristiano“. (Aloc. 24 de enero de 1903, al Patriciado y a la Nobleza Romana).

En seguida, consultemos a Pío XII: “Los hermanos no nacen ni permanecen todos iguales: unos son fuertes, otros débiles; unos inteligentes, otros incapaces; tal vez algunos será anormal, y también puede ser que se torne indigno. Es pues inevitable una cierta desigualdad material, intelectual, moral en una misma familia (…). Pretender la igualdad absoluta de todos sería lo mismo que pretender dar idénticas funciones a miembros diversos del mismo organismo“. (Disc. 4/06/1953, a un grupo de fieles).

Y por fin leamos al tan citado Juan XXIII. Él afirma, refiriéndose a Pío XII:

“En un pueblo digno de tal nombre, todas las desigualdades que derivan no del arbitrio, sino de la propia naturaleza de las cosas; desigualdades de cultura, de haberes, de posición social -sin perjuicio, bien entendido, de la justicia y de la caridad mutua- no son absolutamente obstáculo a la existencia y al predominio de un auténtico espíritu de comunidad y fraternidad“. (Radiomensaje de Navidad de 1944) (Encíclica “Ad Petri Cathedram”, 29/06/1959).

Plinio Corrêa de Oliveira, en “Folha de S. Paulo”, 26 de febrero de 1969

domingo, 22 de abril de 2012

SAN LUIS MARIA DE MONTFORT Y EL ROL DE LA SSMA. VIRGEN EN LA LUCHA CONTRA LA REVOLUCION ANTICRISTIANA (2ª NOTA)



Nuestra Señora de El Buen Suceso – San Luis
María Grignion de Montfort

A
l calor de su prédica vigorosa contra laxos escépticos y amargos rigoristas, San Luis María Grignion de Montfort escribió la Carta Circular a los Amigos de la Cruz, el Tratado de la Divina Sabiduría y el Tratado de la Verdadera Devoción, “trilogía admirable, toda de oro y de fuego, de la cual se destaca, como obra maestra entre las obras maestras, el Tratado de la Verdadera Devoción…” [i] (ver artículo anterior de esta serie: Con acentos de fuego y reacción, la prédica de San Luis María Grignion de Montfort, 14-IV-12, http://argentinagrandeza.blogspot.com/).
Acción de tal envergadura se hizo sentir en el campo enemigo y así nuestro Santo fue un gran perseguido. “Un vendaval furioso, movido por los mundanos, por los escépticos enfurecidos ante tanta Fe y tanta austeridad, y por los jansenistas indignados ante una devoción insigne a Nuestra Señora, de la cual dimanaba una suavidad inefable, se irguió contra su prédica. De ahí se originó un torbellino que levantó contra él, por así decir, a toda Francia” (Plinio Corrêa de Oliveira, Introd a Revolución y Contra-Revolución para la ed. argentina, ver nota i).
Autoridades eclesiásticas mandaban interrumpir sus ‘autos de fe’ contra la inmoralidad… El Rey Sol mandaba demoler su Calvario de Pont-Château. Los Obispos le prohibían predicar en sus Diócesis, con sólo dos excepciones...
“Ante ese inmenso poder del mal, nuestro Santo se reveló profeta. Con palabras de fuego, denunció los gérmenes que minaban la Francia de entonces y vaticinó una catastrófica subversión que de ellos habría de derivar”. “El siglo en que San Luis María murió no terminó sin que la Revolución Francesa confirmase de modo siniestro sus previsiones” (ibid.).
Las regiones donde tuvo libertad de predicar, y en las que las masas humildes lo siguieron, fueron aquellas en que los chouans se levantaron, armas en mano, contra la impiedad y la subversión. Descendientes de los campesinos misionados por él, habían sido preservados de los gérmenes de la Revolución anticristiana, como una simiente preciosa de reacción católica [ii].
Analizando este episodio exponencial de la lucha plurisecular entre la Revolución anticristiana y la Contra-Revolucion podemos preguntarnos: ¿Cuál es el nexo entre el Tratado de la Verdadera Devoción a la Ssma. Virgen y Revolución y Contra-Revolución, obra pinacular de Plinio Corrêa de Oliveira sobre el fenómeno supremo de nuestros días? Intentaremos dar una respuesta, forzosamente simplificada, ante todo sintetizando ideas del autor dos veces elogiado por la Santa Sede, recomendando al lector que acuda a las fuentes[iii].
La Revolución es un inmenso proceso de tendencias, doctrinas y transformaciones derivado, en último, casi “ultimísimo” análisis, de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza.
La constelación de ideas y enseñanzas de la Iglesia y la visión del universo que Dios creó, despiertan en el hombre virtuoso y puro una amorosa admiración.
Pero si cede en algo a esos dos vicios se va creando en él una incompatibilidad profunda con esa visión.
Esta puede arrancar con una antipatía por el carácter jerárquico de la Iglesia, que más tarde puede trasladarse a la esfera del orden jerárquico de la sociedad y la familia. Llevado por tal igualitarismo nacido del orgullo, puede llegar a condenar toda y cualquier desigualdad y  jerarquía.
La impureza: la persona impura tiende al liberalismo, la irrita la existencia de un precepto, de un freno que circunscriba el desborde de sus sentidos. Siente aversión al principio de autoridad. El anhelo de un mundo anárquico, sin leyes ni poderes constituidos, es el punto extremo del liberalismo generado por la impureza.
Del orgullo y del liberalismo nace el deseo de igualdad y libertad totales, médula del comunismo.
 
La gnosis es la doctrina de la Revolución
Se configura así una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios, toda una visión gnóstica y revolucionaria del Universo, ya que la gnosis –íntimamente ligada al comunismo- odia la individuación, que es la fuente de la desigualdad y la jerarquía. (Odia el ser e impulsa el no-ser colectivista y masificante).
Sin el orgullo y la sensualidad la secular Revolución que viene destruyendo la Cristiandad no sería posible ni existiría como movimiento organizado.
Carácter moral y religioso del fenómeno revolucionario y de la lucha contra-revolucionaria
Dado el carácter moral del orgullo y la sensualidad, todo el problema de la Revolucíón y la Contra-Revolución es principalmente moral. Si es moral, tiene mucho que ver con lo religioso: moral y religión están indisolublemente conectadas. Por tanto, la lucha entre ambas es esencialmente religiosa.
Si es una crisis moral y religiosa lo que da origen al espíritu de la Revolución, sólo puede ser evitada o remediada con el auxilio de la gracia, ayuda sobrenatural concedida por Dios al ser humano debilitado por el pecado original. Pues para cumplir los mandamientos, según la doctrina católica, es necesaria la ayuda de la gracia.
El papel de la Ssma. Virgen, Medianera de todas las gracias
Proviniendo de la gracia toda preservación o toda regeneración moral auténtica, entra por los ojos el papel de la Ssma. Virgen en esta lucha. La gracia depende de Dios pero El, por un acto libre de su voluntad, quiso hacer depender de Ntra. Sra. la distribución de las gracias, pues es el canal, el acueducto, por donde ellas pasan, como enseña San Luis María. Así, su auxilio es indispensable para que no haya Revolución o para que ésta sea vencida por la Contra-Revolución.
Por lo tanto, la devoción a Ella es condición sine qua non para que la Revolución sea aplastada y venza la Contra-Revolución.


Una Nación fiel se estructura con sabiduría
“Si una Nación fuere fiel a las gracias necesarias y suficientes que recibe de Nuestra Señora, y si se generalizara en ella la práctica de los Mandamientos, es inevitable que la sociedad se estructure bien. Porque con la gracia viene la sabiduría, y, con ésta, todas las actividades del hombre entran en sus cauces.”
Contraste con la civilización contemporánea, construida sobre el rechazo de la gracia
Si analizamos el estado en que se encuentra la civilización contemporánea vemos que, construida sobre el rechazo de la gracia, alcanzó algunos resultados estrepitosos que, al mismo tiempo, devoran al hombre. Es nociva para la sociedad en la medida en que tiene por base el laicismo (negación de Dios, sus derechos, su poder y su acción), y viola el Orden Natural enseñado por la Iglesia.
Pero el problema va más allá: “La Revolución no es el fruto de la mera maldad humana. Esta última abre las puertas al demonio, por el cual se deja estimular, exacerbar y dirigir”.
Una explosión de pasiones desordenadas tan profunda y general como la que originó la Revolución no habría ocurrido sin una acción preternatural, ni los hombres alcanzarían los extremos de crueldad, impiedad y cinismo a los que la Revolución llegó tantas veces.
Y el alcance de este factor de propulsión depende de que Nuestra Señora fulmine con un acto de imperio que descargue sobre el infierno, para que éste desaparezca de la escena humana, como bien muestra San Luis María al tratar del rol de la Virgen “en estos últimos tiempos”[iv] y comentar la célebre maldición lanzada por Dios a la serpiente y sus secuaces en el Génesis: “Ella te aplastará…”[v].
“Por lo tanto, los enormes fautores de la Revolución y de la Contra-Revolución que son respectivamente el demonio y la gracia, dependen de su imperio y su dominio”.
¿Qué es, en esta perspectiva, la Realeza de Nuestra Señora? ¿Existe un régimen marial en el gobierno del universo? ¿Cuál es el papel que la Iglesia le atribuye en la derrota de sus enemigos? ¿En qué consiste la esclavitud mariana enseñada por San Luis María y qué efectos produce en el alma y en la sociedad? El Reino de María: ¿una era de fe y virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de la Ssma. Virgen sobre la Revolución?
Abordaremos estos tópicos en un tercer artículo, final, de esta serie consagrada a San Luis María Grignion de Montfort, en este mes montfortiano, en que la Santa Iglesia celebra su fiesta el 28 de abril.
(Ver notas a continuación)

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[i] Plinio Corrêa de Oliveira, Introducción especial para la edición argentina de “Revolución y Contra-Revolución”, ed online: http://rcr-una-obra-clave.blogspot.com/

[ii] M. Lidove, “Les Vendéens de 93”, Le temps qui court, pp. 31 y ss.; Louis Le Crom, montfortain, “Un Apôtre marial – Saint Louis-Marie Grignion de Montfort”, cap. XIII – Dans la future Vendée militaire, pp. 252 y ss.,  Libr. Mariale, Calvaire Montfort, Pont-Château
[iii] Introducción citada en la nota i.
[iv] San Luis María designaba como “últimos tiempos” a los que van desde los días en que él vivió (Antiguo Régimen pre-Revolución Francesa) hasta los que precederán a la venida del Anticristo. Esperaba, de conformidad con las revelaciones sobrenaturales hechas a incontables santos y almas virtuosas, y el propio mensaje de Fátima –entre otros de la Madre de Dios-, un período de triunfo del Inmaculado Corazón de María, de restauración y auge de la civilización cristiana, que podrá durar muchos siglos; período que terminará con las probaciones y apostasía finales que antecederán inmediatamente el fin del mundo.
[v] Ver Tratado de la Verdadera Devoción. Asimismo ver traducción del original francés y comentarios al respecto: http://ipsaconteret.blogspot.com/


         VIII JORNADA de CULTURA HISPANOAMERICANA
         por la CIVILIZACION CRISTIANA y la FAMILIA
            Salta, 31 de agosto y 1º de septiembre de 2012
            Por el renacer del espíritu de gesta - ¡Lo esperamos!


miércoles, 4 de abril de 2012

EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS, LA NOCHE DE LA AGONÍA

Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos
 
Nuestro Señor, en el Huerto de los Olivos, sufrió el tormento de la soledad. No de la soledad que es calma, recogimiento, oración; la soledad que es el paraíso del alma verdaderamente interior, sino la soledad creada por la indiferencia general, por la incomprensión y por el odio.
En el momento en que el Señor se preparaba para morir por la humanidad, forzoso sería que a su lado estuviesen todos los que oyeron maravillados sus palabras. Tal era la repercusión producida por sus enseñanzas, que los hombres para oírlo se internaban en el desierto sin pensar en el abrigo o en el pan.
En el momento del dolor y del peligro ¿dónde están esas multitudes? Cuando el Señor hacía milagros el pueblo entusiasmado lo aclamaba.

¿Dónde está ahora este pueblo? ¿Cómo explicar que a su lado ni siquiera figuren los leprosos a quien remedió, los ciegos y los mudos que curó, los muertos a quienes restituyó la vida? Esto se debe a que resulta fácil creer a la vista del milagro, pero es difícil afirmar nuestra Fe frente a los que no vieron milagros o no quieren creer.
Aclamar al Señor en medio de una multitud entusiasmada no es difícil. Pero soportar los sarcasmos, la incomprensión, la hostilidad, en los ambientes en que se profana la Fe, es muy difícil. Vibrar de entusiasmo cuando se escuchan las enseñanzas del Señor, es fácil. Pero poner en práctica sus mandamientos, cuando después de pasado el entusiasmo, cada uno retorna a la inexorable trivialidad de la vida cotidiana, es mucho más difícil. Es innegable que las multitudes se entusiasman por el Maestro. Su pecado no consistió en que el entusiasmo fuese débil, sino en que se quedase sólo en entusiasmo.
Y por esto en el Huerto de los Olivos el Señor está solo, y ofreciendo por cada uno de nosotros los méritos de su inmensa soledad.
* * *
Los apóstoles habían dejado todo, negocios, familia, situación, para consagrarse enteramente al Señor. En el cumplimiento del deber cotidiano supieron ser eximios. No hubo cansancios, ni calumnias, ni sarcasmos que los hiciesen desertar. Entretanto, también estos dejan solo al Señor. Duermen abatidos, huyendo así en el entorpecimiento del sueño, a la realidad de la vida, demasiado pesada para sus hombros.
¿Cómo explicar esa defección? Su generosidad fue sólo suficiente para las circunstancias comunes de la vida cotidiana, con sus pequeños reveses, con sus incontestables satisfacciones. Abandonaron todo, es verdad, pero en compensación tres de ellos vieron la gloria del Señor en lo alto del Tabor, y todos participaban a los ojos del pueblo de las grandezas del Maestro. Practicaron hasta milagros. Fueron así arrancados del anonimato oscuro y pesado que parecería ser lo normal de sus vidas. La vida cotidiana discurría pues, para ellos, de manera austera pero muy soportable.
El Señor, sin embargo, no se contenta con las almas que son generosas tan sólo en el tenor menudo de la vida cotidiana. Un día u otro una tragedia se presenta a los que El prefiere. Tragedia interior o tragedia exterior, una y otra por lo general, y en la mayoría de los casos varias tragedias que se suceden hasta la muerte. Y estos hombres flaquean.
En la vida de todos los días, no se prepararon para las grandes ocasiones, para las inmolaciones enormes, para las renuncias completas. Al final, llegada la hora de Dios, se rompió el cuadro de la existencia normal y cotidiana. El momento de la angustia, de la persecución y del dolor llegó. Y helos ahí que duermen, abandonando al Maestro.
Cada uno de nosotros puede preguntarse, tomando en consideración este cuadro: ¿hasta qué punto estoy dispuesto al heroísmo? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a dejar por Vos, Señor, todas y cada una de las cosas grandes y pequeñas que constituyen el placer de mi vida cotidiana?
Sé que por mí nada puedo. Pero sé también que con vuestro auxilio seré capaz de todo. Dadme vuestra gracia para que yo no sea de aquellos que “no pueden vigilar una hora con Vos” (Mt. 25, 46). Para que yo no me deje arrastrar por tanta cobardía, quiero en mi vida cotidiana prepararme para todo “vigilando y orando para no caer en tentación”.
* * *
A lo lejos, brillan las luces de la ciudad electa, que olvidada de Vos, ahora se prepara para el reposo y para el placer. Y es en aquella Jerusalén, bienamada entre todas las ciudades de la tierra, dentro de la cual sopla hora contra Vos un viento de incomprensión culpable y de torpe hostilidad; aquella Jerusalén que no os quiso conocer, y en cuyas murallas ahora se prepara el deicidio. Os odian aquellos a quien amasteis. Congréganse para mataros precisamente aquellos a quienes quisisteis reunir a vuestro alrededor como la gallina reúne a sus polluelos. Sois, Señor el gran rechazado.
Después quedó de nuevo yermo el Huerto de los Olivos.
Pero su nombre no se apagó nunca de la mente humana. Para siempre, de todos los rincones de la Tierra, hacia allí afluyeron y afluirán hombres llenos de respeto, de gratitud y de amor. Ellos consideran como honra y como gracia besar la tierra vulgar de que está hecho. Llevan para sus casas como joyas de valor las hojas de los olivos que allí crecen. Nunca un cristiano sufrió dolores y angustias, sin que ellas se aliviasen pensando en los grandes tormentos del Huerto. De él se puede decir “bienaventurado lo llamarán todas las generaciones”, porque en él se dio la inmensa inmolación de alma del Hijo de Dios.
Fuente: Acción Familia