lunes, 27 de enero de 2014

EL OCASO ESPAÑOL Y EL AMANECER BRITÁNICO EN AMÉRICA SEGÚN EL VIRREY ABASCAL


Por Fernando de Estrada

“Realismo mágico” es una expresión difundida en el mundo para calificar a la literatura contemporánea de los países latinoamericanos. Si se tratara de su historiografía y su política difícilmente podría conservarse el primer término del binomio, mientras el segundo ahondaría su sentido. En efecto, existe en esas naciones una tendencia vehemente a interpretar la política y la historia política como instrumentos de transformación de la realidad, de considerarlas herramientas para dar forma a un deseo, o sueño, o proyecto. Este “idealismo mágico” antecede al análisis de las cuestiones y las predispone para ser entendidas como la paulatina realización de alguna ideología, sea cual fuere el contenido de ella. No es extraño así que sucesos y figuras con densidad importante queden postergados en la medida que no calcen dentro de tales explicaciones evolutivas.
Y tampoco es extraño, por consiguiente, que en las recordaciones de fecha redonda de las independencias de los países iberoamericanos quede en muy módico rincón José Fernando de Abascal, virrey del Perú entre 1805 y 1815. Pese a su exclusión del grupo protagónico entre los evocados, Abascal representó la posición más auténtica del partido realista en lo que comenzó como guerra civil y acabó como guerra de emancipación; su figuración y sus ideas merecen, pues, atención más concienzuda a la hora de interpretar aquellos acontecimientos. Un acercamiento a esta tarea se logrará con la lectura de la “Memoria de Gobierno” que este enérgico virrey presentó ante la Corona española al cesar en sus funciones.
Éstas no suponían originalmente dirigir el gobierno del Perú, sino encabezar el del Río de la Plata como reemplazante del virrey Gabriel de Avilés. El cambio de destino lo sorprendió iniciado ya el viaje hacia Buenos Aires, desde donde continuó por tierra hasta Lima, a la cual arribó el 26 de julio de 1806. El largo trayecto no le significó un disgusto, pues, como buen funcionario real, lo aprovechó para familiarizarse con la realidad americana. En sus palabras, el viaje terrestre de mil trescientas leguas “me dio a conocer con anticipación una parte muy considerable del territorio que venía a mandar, su local situación, el carácter y costumbres de sus naturales: y finalmente me hizo capaz de sus más precisas y urgentes necesidades, para poder hablar de todo de una manera que no es fácil ejecutarlo quando se procede con relaciones”.
La experiencia no resultó alentadora. Abascal había llegado con la convicción de que el sistema de Intendencias, establecido unos treinta años antes por los Borbones de España a imitación de los Borbones de Francia, era una institución muy eficaz; así se opinaba en la metrópoli, pero una visión más aproximada demostraba que la burocracia había malogrado las posibilidades del sistema. Las partidas presupuestarias solían derivarse a gastos diversos de los establecidos y ello iba en detrimento de la organización general del virreinato. Pero instituciones más tradicionales como los Bienes de Comunidad y la Caja General de Censos de Indios colmaban mucho de aquellas deficiencias y, señala Abascal, “una ligera idea sobre tan ventajosos establecimientos...hubiera bastado para destruir la injuriosa nota que han esparcido contra nuestro Gobierno acerca de la estudiada rusticidad y barbarie en que dicen los extranjeros y aun algunos desnaturalizados españoles se ha procurado mantener a estos naturales, y (hubiera bastado también) para hacer la apología de los soberanos de España”. Es evidente que la leyenda negra de la colonización española ya estaba suficientemente desarrollada.
La jurisdicción que correspondía gobernar al nuevo Virrey se había estrechado con relación a sus antecesores. La autoridad que Lima ejerció originalmente sobre las posesiones españolas de toda América del Sur fue reduciéndose hasta la situación que encontraba Abascal, poco después de la separación de la Capitanía General de Chile y de Guayaquil; el Río de la Plata constituía desde 1776 un virreinato aparte en el cual se había integrado la región del Alto Perú, cuya pérdida ocasionaba consecuencias económicas a las autoridades y el comercio de Lima. Pero el pasado casi imperial del primer virreinato se negaba a marcharse del todo y pretendía mantenerse con las formas de una burocracia arcaica, cuyos vicios había advertido Abascal ya en su largo viaje terrestre de arribada.
“El celo de mis predecesores para extirpar semejante abuso no fue bastante a conseguirlo ni lo podrá ser nunca si en los Jefes Subalternos de Rentas, encargados de la ejecución y que son el órgano por donde el Superior puede encaminarse para realizarlos, reina la indolencia y les falta el amor al servicio y a la Patria”, se lee en la Memoria, que casi enseguida agrega: “La muchedumbre de estos (empleados) hace que sirva cada uno en particular por un corto estipendio, que apenas puede sufragar a sus propias necesidades, y una dolorosísima experiencia acredita que los hijos de éstos, por falta de educación, quedan sin destino alguno pues no hay que pensar que ellos desciendan al servicio de un particular; ni en el doméstico pueden tener lugar sus cortas disposiciones, porque... éste se halla enteramente resignado a la gente de color”.
La gente de color era en su mayoría esclava, y la mención de la esclavitud abunda en la Memoria pues para Abascal se trata de una institución que, al margen de los aspectos morales, resultaba desastrosa para la economía y la vida social del Perú. Según el virrey, las necesidades de mayor cantidad de mano de obra hubieran debido satisfacerse mediante el trabajo de hombres libres que con su esfuerzo obtuvieran propiedad y dominio de los oficios. “A vista pues de tantos perjuicios como la introducción de negros ha traído a la población, a la verdadera riqueza del país y a las rentas, manténganse enhorabuena los hacendados en la posesión de un permiso (de poseer esclavos) que los empobrece, en lugar de asegurar y adelantar sus capitales, pero no sea de ningún modo a costa del bien general, y aun del individuo en particular que no es propietario”.
Para Abascal, la esclavitud, el latifundio improductivo y la desocupación entre la población libre son problemas que se entrelazan estrechamente: “Los terrenos productivos se hallan repartidos en manos de grandes propietarios que para su cultivo los trabajan con negros africanos quedando muy pocos a los naturales (...). El mayor valor de estos fondos consiste en el número de esclavos, y consumiéndose éstos con el excesivo trabajo y malos alimentos, de muy ricos y poderosos hacendados vienen a quedar en la clase de indigentes cuando no tienen medio de reponer esos brazos en tiempo oportuno para continuar la labor de sus terrenos propios”. Y pasa enseguida Abascal a enumerar con minuciosidad de contable los costos económicos de la esclavitud, en comparación de los cuales el trabajo libre resulta más aconsejable también en este orden de las consideraciones materiales.
No estaba, ciertamente, en las facultades del virrey desarraigar enérgicamente estos males, pero no por ello omitió cuanto estaba en sus manos hacer, y que consistió en lo que actualmente se denomina obra pública, que en este caso fueron puentes y caminos. Comprobó sin asombro que la maquinaria burocrática no le proveería de fondos con la diligencia necesaria y recurrió a ese tipo de instituciones vecinales cuya eficacia había observado a lo largo de su camino a Lima: “El escollo en que se tropieza generalmente para la ejecución de estas obras es la falta de fondos para costearlos calculado el valor de ellas en todo; pero esto es una dificultad de muy poco momento, pues al principio bastaron sólo unas veredas seguras, y unos puentes provisionales construidos con la mayor economía, que el tiempo con mayores proporciones hará más cómodos y firmes. Los pueblos han tenido la obligación de asistir personalmente a estos reparos y lo han cumplido...”. “A beneficio de estas mejoras en los caminos se transportarán a mayores distancias los frutos peculiares de un suelo a otro, y el menor precio de las conducciones aumentará los consumos y el producto no sólo de los terrenos que ahora se hallan en cultivo, sino de otros muchos que en el día son eriazos por falta de exportación. Ni las tierras repartidas a los originarios del país han sido tan productivas como pudieron serlo, pues dificultándoseles a éstos su transporte, las cosechas se han limitado en general al preciso consumo de sus familias. La propiedad de esas mismas tierras que corresponde por derecho de reversión al Estado y sus muchos sobrantes son un medio que se presenta oportunísimo para colocar infinitas familias de mestizos, redimiéndolos de la miseria en que han vivido y de la mala reputación que se han granjeado por los vicios, y sobre todo el de la embriaguez, a que se han entregado por falta de toda ocupación”.
Como todos los caminos, los recomendados por Abascal llevaban a alguna meta, que en este caso era los puertos de la costa, pues el virrey era partidario de superar la economía de subsistencia y practicar la de exportación, lo cual le hacía “recomendar de nuevo lo más esencial, que consiste en la construcción de puentes y mejora de los caminos, mediante los cuales puedan extraerse las propias lanas y algodones en rama a menos precio que el que hoy tienen por los crecidos transportes, hasta ponerlos en estado de embarque. Estos nuevos artículos de exportación agregados a la quina, producción de las montañas de este Reino, al cacao de Guayaquil ...y otros que la prolija investigación del comerciante o su codicia adelantare, como son resinas, gomas, bálsamos y drogas medicinales; formarán una balanza de contraposición más ventajosa al comercio de él y a sus habitantes, para lo cual es necesario tener presente la bien sabida máxima que así como la ociosidad es madre de la miseria, del mismo modo el trabajo y útil ocupación de los hombres es la única fuente donde debe ocurrirse a buscar su verdadera felicidad”.
Este programa de reformas lo veía el virrey dificultado por el auge del contrabando, fenómeno muy difundido en los dominios españoles cuyo efecto perjudicial para el erario consistía no tanto en la introducción de mercaderías competitivas de la producción local sino en la pérdida de oro y plata, fundamento del sistema monetario de entonces. Resulta interesante cómo este fiel funcionario de la Corona formula con plena libertad y espontaneidad su crítica al importante Real Decreto que en 1778 había establecido la libertad de comercio en los puertos americanos. Según Abascal, esa norma tan preciada en la metrópoli contribuía a acentuar los efectos negativos del contrabando, y las cosas no podrían mejorar mientras no se contara con una flota mercante propia: “Pero si fue grande este error hablando en economía, aun es mucho mayor en política, porque dando campo abierto a los extranjeros para fomentar su Marina, la nuestra será tanto menor, cuanto las otras se adelanten y engrandezcan”.
Llegado a este punto, Abascal pasa a especificar sus quejas y califica de fatal la concesión adjudicada a Gran Bretaña para la caza de ballenas en los mares del Perú con el consiguiente uso de sus puertos. Y recomienda como “el único medio, el más fácil y el más proficuo para los intereses del comercio, a los de este Público y a los de Sus Majestades el establecimiento de una Compañía de Pescadores Nacionales, cuando no haya sujetos que se animen en particular a emprenderla, para que la ocupación sea libre y disfruten todos de ella”.
La reflexión de Abascal acerca de que los acuerdos con Inglaterra habían sido más funestos en lo político que en lo económico expresaba una convicción muy profunda. Hay que recordar que la Memoria fue redactada en época de relaciones cordiales entre España y Gran Bretaña, casi inmediatamente después de haber contribuido ésta en modo decisivo a la expulsión de Napoleón de la península. Sin embargo, tal cambio de circunstancias no opaca los recelos de Abascal, que no endulza retroactivamente sus percepciones experimentadas a poco de llegar a Lima: “La comunicación y frecuente trato con extranjeros desde el año de 789, época desgraciada en que se les concedió la entrada en estos mares para la pesca de ballenas y otras particulares licencias para la introducción y venta de algunas especulaciones mercantiles, hizo desaparecer también desde entonces la felicidad con que el Gobierno ordenaba y disponía sus providencias al bien común. Se han generalizado desde entonces las ideas de rivalidad cuya semilla si es cierto que está en el corazón de los americanos no es menos evidente que necesitaba avivarse con el soplo de los extranjeros porque es claro en que dado caso que en algún tiempo pudiesen conseguir el designio de la independencia de España ese mismo momento sería el de su esclavitud para con los ingleses, pues con el estado inmaturo en que está la América coincide el despotismo de aquella nación en los mares por donde han de traficarse los frutos de las colonias a los lugares de su consumo. Entre los dos extremos de corresponder a una nación en una clase a la que impropiamente se le ha dado el título de colonos y la vergonzosa dependencia de otra que no conoce límites en su ambición no hay medio y nadie dudaría en decidirse por el primero como el más justo y benéfico, si no se hubiese trabajado sobre la ceguedad de los americanos para abrazar el segundo”.
Abascal aspiraba sin duda a desempeñarse como un gobernante reformista e ilustrado mientras tomaba el pulso a sus nuevas funciones virreinales, pero al tiempo que esto ocurría la ciudad de Buenos Aires capitulaba ante una fuerza militar inglesa, circunstancia que posiblemente no asombró al virrey de Lima pero sí le obligó a derivar su atención principal a las consideraciones políticas y militares. En su Memoria relata que su apreciación de la situación le hizo prever que las siguientes etapas de la invasión tendrían alcance continental y consistirían en la ocupación de territorio en Chile –menciona la isla de Chiloé- para proceder después a asaltar al Perú por vía marítima. Si bien las intenciones que en ese momento abrigaba el general inglés ocupante de Buenos Aires, William Carr Beresford, no podían ser ésas a causa de lo reducido de su ejército, los proyectos de la más formal expedición británica arribada al Plata el año siguiente correspondían completamente a las estimaciones de Abascal.
En la Junta de Guerra celebrada el 10 de septiembre de 1806, el virrey comunicó a los jefes militares su intención de adelantarse a la estrategia británica y dirigir él personalmente una fuerza que pasaría a Chile para obtener allí refuerzos, cruzar la cordillera de los Andes y desplazarse hasta Buenos Aires para reconquistarla. El plan se suspendió al conocerse la recuperación de la plaza por Santiago de Liniers, operada el 12 de agosto, pero la permanencia de la flota inglesa en el río de la Plata determinó que los preparativos bélicos continuaran y se prosiguiera con la organización de las milicias y otros cuerpos militares en el Perú, a la vez que se remitía una remesa importante de armamento a Buenos Aires, que llegó apenas a tiempo para su utilización en la exitosa defensa de 1807.
En la Memoria se aprecian las señales de perplejidad que manifestó entonces el virrey del Río de la Plata, Rafael de Sobremonte y que no escaparon a la perspicacia de su colega del Perú. Uno de tales indicios consistió en su no aceptación del armamento ofrecido, que de todos modos hizo su trayecto a Buenos Aires y tuvo el uso recién referido. Pero lo que mostró inconfundiblemente la debilidad que afligía a Sobremonte en aquellas circunstancias fueron las resoluciones del Cabildo Abierto reunido en Buenos Aires el 14 de agosto, según opinión de Abascal “celebrado sin previo conocimiento del Gobierno, bajo el especioso pretexto de afirmar la victoria obtenida sobre el enemigo, pero cuyo verdadero espíritu era la deposición del virrey”. Destaca Abascal que la autoridad de Sobremonte quedó mellada entonces, pero tanto que al conocerse en febrero del año siguiente la caída de Montevideo en poder de las tropas inglesas y la ineficacia demostrada nuevamente por el virrey, éste fue separado de sus funciones por una Junta de autoridades de Buenos Aires, que transfirió el mando político al Tribunal de la Real Audiencia y el militar a Liniers. La medida era de tipo provisional, para regir hasta que las autoridades centrales en España resolvieran definitivamente el escabroso asunto.
Los miembros de la Audiencia consideraron como un presente griego lo que a ellos se refería y participaron reservadamente al virrey del Perú su convicción de que se había dado un paso fuera de la legalidad y que por lo que hacía a soluciones provisorias lo más indicado sería que Abascal asumiera las funciones quitadas a Sobremonte en razón de la igualdad de jerarquía entre los cargos.
Abascal no precisaba la exhortación para sentirse preocupado con los acontecimientos, de manera que no vaciló en responder afirmativamente, aunque haciéndose presente de momento en el Plata a través de un representante sin duda ilustre, pues se trataba del marqués de Avilés, antaño virrey del Río de la Plata y luego del Perú, inmediatamente antes de Abascal.
Pero la iniciativa no contó con el apoyo del Cabildo de Buenos Aires, que objetó las condiciones militares de Avilés a la par que se derramaba en elogios para con las de Abascal, invitándolo a que fuese él quien se presentara y se pusiera al frente del gobierno en todas sus ramas. Avilés prefirió desistir de su intervención, y la llegada de los ingleses seguida por su derrota volvió ociosa de momento a la cuestión. No obstante, Abascal conservó sus recelos respecto a las intenciones separatistas que sospechaba en los porteños y esa misma desconfianza la extendió a Liniers, pese a los elogios que nunca le escatimó en el orden personal.
En este contexto, la actitud de Abascal con relación al partido nucleado en Buenos Aires alrededor de Martín de Álzaga desmiente una vez más la visión clásica de inveterado realista atribuida a este personaje. Por el contrario, su influencia sobre los autores de la secesión de Montevideo resultaba para Abascal prueba suficiente de que el alzaguismo conspiraba a favor de la independencia al procurar el derrocamiento de las autoridades legales del virreinato del Plata; mayor evidencia la encontró en la tentativa de golpe de Estado ejecutada por Álzaga y los suyos el 1º de enero de 1809. La separatista Junta de Montevideo, presidida por Francisco Javier de Elío, se ocupó además de rescatar a los vencidos de aquella asonada y darles generoso asilo en su ciudad amurallada. Esta escisión terminó superándola la Junta de Regencia designando a Baltasar Hidalgo de Cisneros nuevo virrey del Río de la Plata con la consiguiente jurisdicción sobre todas las regiones en pugna, cosa que no agradó del todo a Abascal por cuanto veía la decisión como debilitamiento del principio de autoridad. Tal sentimiento se le volvió más profundo al enterarse de que Cisneros entraría a Buenos Aires llevando junto a sí a Elío como jefe de las fuerzas militares del Virreinato, decisión que sólo serviría para agudizar las disensiones. A este respecto es interesante la observación de Abascal de que este error tuvo como peor consecuencia la reanimación de resentimientos entre criollos y peninsulares. A su juicio, en Buenos Aires estos acontecimientos preparaban la declaración de independencia para cuando se presentara una circunstancia favorable, la cual se manifestó en mayo de 1810.
Son interesantes los argumentos jurídicos opuestos por Abascal a los de la Junta de Buenos Aires para sostener su ilegitimidad. La discrepancia jurídica adquirió relevancia mayor al pretender la Junta extender su poder a todo el territorio del Virreinato. Abascal invocó entonces los pedidos que le formularon los gobernadores del interior del Virreinato del Río de la Plata para que, dada la situación extraordinaria, se volviera a la organización política anterior a la creación de este Virreinato en 1776 y pasaran sus provincias interinamente a la jurisdicción del Perú. Este enfrentamiento de criterios corresponde a las dos posiciones de derecho político que explican jurídicamente el conflicto iniciado en 1810 y concluido con la batalla de Ayacucho en 1824 que conocemos como guerra de la Independencia.
A lo largo de la Memoria de Abascal se destaca la profunda desconfianza del virrey para con la diplomacia de Portugal, país al cual considera firme aliado, casi satélite, de Gran Bretaña. En 1808, al producirse la invasión de Portugal por Napoleón, la familia real y su corte emigraron a Brasil, acontecimiento que merece este comentario de Abascal:
“Los anales de la América Meridional presentan como uno de los acontecimientos más notables y acaso como el más peligroso para su existencia política el de la imprevista traslación de la Real Familia de Portugal a sus Estados del Brasil. Este solo suceso sin antecedente orden ni prevención alguna por parte de nuestro soberano, y en tiempos tan inmediatos al de las mayores empresas de su aliado Inglaterra contra estas posesiones dan una idea bastantemente clara del apoyo de sus gobernadores para hacer variar el espacio pacífico de estas regiones y estar al reparo y a la defensa contra las asechanzas de una nación émula perpetua de nuestras glorias, y compañera inseparable de la que sin cesar ha aspirado a la posesión de nuestras riquezas”.
Que las aprensiones del virrey estaban justificadas se entiende cuando, renglón seguido, se lee en su Memoria que apenas establecida en Río de Janeiro la corte portuguesa propuso al gobierno de Buenos Aires un tratado que legitimara el sistema de contrabando que venían desde antaño practicando en el Plata tanto Portugal como Inglaterra. La iniciativa, que tendía a que el Cabildo procediera de por sí, hubiera significado una independencia de hecho en relación con España y el inicio de un protectorado portugués con apoyo británico. Pero de momento las cosas quedaron allí pues Napoleón inició su guerra contra España y ésta pasó a ser aliada de sus dos enemigos tradicionales Inglaterra y Portugal, sin que esto trajera alivio a Abascal.
En efecto, escribe, “de este modo, haciéndose comunes los intereses de ambas naciones, fue preciso que variase el plan de los proyectos combinados en aquel gabinete (el de Portugal) con precisa inteligencia de los ingleses en ellos...Suspendiendo por entonces las miras que podían haberse concebido contra la América española, nunca dejó- de trabajarse aunque de diversa manera sobre su aniquilación y ruina”.
Para Abascal esos peligros quizás hubieran sido suficientemente conjurados en caso de haber permanecido Liniers a cargo del Virreinato del Río de la Plata, pero Cisneros carecía de las condiciones necesarias y su ineptitud condujo a la formación de la Junta del 25 de mayo de 1810. A ésta la consideraba Abascal resultante tanto de la influencia extranjera como de la exacerbación de las diferencias fomentadas artificialmente entre peninsulares y criollos, o como expresa el virrey, entre forasteros y patricios. Juicio tan negativo lo ratifica de manera especial al recordar el pedido de auxilio que la Junta le formulara cuando su política en la Banda Oriental dio oportunidad a la entrada en ella de tropas portuguesas, primer paso de lo que algunos años después se transformaría en la ocupación del territorio y por tanto en confirmación de los ominosos pronósticos de Abascal.
Las ocupaciones de la guerra frustraron desde entonces las reformas institucionales proyectadas y en parte ejecutadas por el virrey del Perú. Pero las circunstancias hicieron de él un instrumento de transformación de la realidad americana hasta un punto que seguramente él no intuyó. Pues, sin quererlo y como efecto de la incomunicación con España, se desempeñó como un soberano independiente, inclusive asumiendo facultades prohibidas a los virreyes como la concesión de grados militares superiores. ¿Cómo no hacerlo si se había hecho cargo de una tarea mucho más importante como era la de organizar los ejércitos peruanos que estuvieron a punto de sofocar los movimientos de emancipación sudamericana y derrotar a San Martín y a Bolívar?
Abascal concluyó sus funciones virreinales en 1815, cuando podía suponer razonablemente que América y España volvían a su unidad en la monarquía. Sin embargo, se estaba abriendo entonces la segunda etapa de la guerra de la Independencia y es legítimo preguntarse, sin apelación ninguna al realismo mágico, si en caso de haber permanecido en el Perú ese gran defensor de la Corona hispana devenido soberano de hecho no habría debido anticiparse a la prudencia política de sus colegas de Méjico y fundar un Estado independiente para asegurar la paz entre españoles de una y otra orilla del Atlántico (*).

(*) Las citas han sido tomadas de la Memoria del virrey Abascal preparada por Vicente Rodríguez Casado y José Antonio Calderón Quijano y editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-americanos de la Universidad de Sevilla), Sevilla, 1944. 

FUENTE: 
UCALP - Instituto de la Realidad Nacional, Director: Fernando de Estrada
año 12 | noviembre – diciembre de 2013 Nº 56

domingo, 26 de enero de 2014

LA IGLESIA VISIBLE Y LA IGLESIA OFICIAL


Reenvío de un anónimo

Debido más que nada a la profunda crisis que padece desde un tiempo la Iglesia Católica, por demás evidente, consideramos oportuno contribuir con el siguiente análisis, a fin de intentar esclarecer las inteligencias, rechazando decididamente todo intento de asumir un compromiso con las ideas y principios del Mundo.
Esta palabra, mundo, se toma en el sentido con que se entiende en el Evangelio de San Juan, el siguiente:
NUEVO  TESTAMENTO
Traducción directa del Original Griego
Por Monseñor Doctor Juan Straubinger
EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
Capítulo 1
1 EN el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios.
2 Él era, en el principio, junto a Dios:
3 Por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho.
4 En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
6 Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan.
7 El vino como testigo, para testimonio acerca de la luz, a fin de que todos creyesen por Él.
8 Él no era la luz, sino para para dar testimonio acerca de la luz.
9 La verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 Él estaba en el mundo; por Él, el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció.
11 Él vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.
12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el poder de llegar a ser Hijos de Dios: a los que creen en su nombre:
13 Los cuales no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros - y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre - lleno de gracia y de verdad.
Punto de partida
Innegablemente a partir del Concilio Vaticano II, se han sucedido cambios tan profundos y evidentes en el seno de la Iglesia, que, comparados con lo que hasta este Concilio la representaba, ha significado la inserción de “algo nuevo”, en reemplazo de “lo anterior”.
Cuando una cosa, objeto, asunto o materia, es definida con claridad, exactitud y precisión en su significación, lo que permite comprobar que tiene existencia verdadera y efectiva, que existe realmente, fuera del sujeto que la conoce, coincidiendo por completo entre lo definido y lo observado, es decir, su conocimiento objetivo en contenidos y formas, la modificación de alguno de estos, produce una alteración en la primer cosa, objeto, asunto o materia, observada, de suerte tal que es necesario definirla nuevamente.
Por ejemplo, al mencionar la palabra tomate, es claramente identificado como la fruta de color rojo, y con características generales similares, en todas sus variedades existentes.
Si por efecto de la investigación científica, se obtuviera uno de color azul, para que sea identificado como tomate propiamente, debería aclararse que se trata de una nueva variedad indicando además las características nuevas, y si mantiene las demás a pesar del cambio.
De ahí en más el tomate deberá ser identificado de la siguiente forma: el reconocido por todos, el de color rojo: tomate, y la nueva variedad: tomate  azul, más las indicaciones si han variado, o no, sus características conocidas, y si se le agregaron otras.
Vale decir, que los nombres con que se identifican y representan las diferentes cosas, objetos, asuntos o materias, implican indefectiblemente la relación directa entre contenido y forma; no van separados, son parte de un todo.
Así, al tomate lo acompañan: el color, el olor, su pulpa, sus semillas, la textura de su piel y brillo, su utilización, su sabor, su forma de acuerdo a la variedad. 
Estas características generales, son las que se denominan como sus notas.
Estas son las que en su conjunto, le dan las notas de visibilidad al tomate.
Las del tomate, no son las del pepino, ni las del pimiento, ni las del zapallo.
Cada cual las tiene propias.
Pero lo importante es destacar, que cada cosa, objeto, asunto o materia, tiene sus notas propias, y estas son las que condicionan su visibilidad, es decir, el ser en sí.
El mismo simple razonamiento se puede aplicar a diferentes casos.
Las Notas de la Iglesia
Vamos seguidamente y de forma simple, a conocer y verificar esas notas que identifican singularmente a la Iglesia Católica.
Son cuatro, las que siempre se enseñó que mostraban su visibilidad:
1.    Es Una,
2.    Es Santa,
3.    Es Católica,
4.    Es Apostólica
Es Una
Analicemos el siguiente ejemplo de simple comprobación: Una Parroquia donde se celebra la Misa con ritos modificados que dicen representar la Cena Eucarística, al caso, focolares, pentecostales, carismáticos, conservadores dei, rockclesiales, comparada con otra Parroquia en donde se celebra la Misa de San Pío V, llamada Tradicional o Tridentina, ¿se puede decir que ambas parroquias tienen las mismas notas, que presentan la misma visibilidad?  
Veamos otro ejemplo también de simple comprobación: Un obispo cree en esto (En Argentina, Mons. Baseotto), ese en eso otro (En Argentina, Mons. Laguna), aquél en aquello otro (En Argentina, Mons. Angelelli), diferentes entre sí y hasta diríase contrapuestos.
Las mismas diferencias, más otras, pueden verse incluso entre diferentes Colegios Episcopales, Congregaciones, y Seminarios, entonces, la Fe común no los une, es distinta, los catecismos también son distintos y hasta contradictorios, y hay algunos con flagrantes errores, verdaderas herejías, entonces, ¿se puede decir que tienen las mismas notas, que presentan la misma visibilidad?  
¿Dónde estará entonces la verdadera visibilidad a seguirse?
¿Con aquél Obispo?
¿Con este otro?
¿En aquella Parroquia?
¿En esta otra?
¿Dónde estará la verdadera Misa?
¿En los Focolares?
¿En los Carismáticos?
¿En los Pentecostales?
¿En los Rockclesiales?
¿En los Conservadores Dei?
¿En los Tradicionalistas?
Pensemos con detenimiento:
¿Esta variedad y multiplicidad de experiencias y contradicciones, son las nuevas notas de la Visibilidad de la Iglesia, y de la Unidad de la Fe?
¿Acaso ha despertado el Espíritu Santo de un prolongado letargo de casi 2.000 años, y ahora convalida todo, bajo el nuevo esquema que se promociona, de la multiplicidad de carismas?
¿Dónde está la Unidad de la Iglesia?
¿Dónde es la Unidad de la Iglesia?
Ya no hay notas de  Unidad en la Iglesia.
Es Católica
Esta palabra de origen griego, significa universalidad, lo que comprende y es común a todos; en consecuencia, la Catolicidad es la Unidad de la Fe realizada en el mundo entero.
Pero si esa Unidad en sus notas no es visible, ¿cómo puede certificarse su universalidad? Esto es un imposible. No hay prácticamente Catolicidad en el mundo actual.
Como la variedad y multiplicidad de experiencias son ahora los signos distintivos, las notas de la visibilidad de la Iglesia, al validarse todas las múltiples y libres interpretaciones, ya sin la anterior necesidad de guardar en su original expresión, la transmisión de las tradiciones que se hacían de generación en generación, el criterio de verdad se ha modificado de manera tal, que cada cual tiene su modo de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo, y todo recibe el saludo y asentimiento de la validez, en aras de fomentar al máximo posible, la aparición, emanación, de los carismas.
El concepto de unidad, exige la presencia terminante, categórica, de la unión y conformidad, como propiedad de todo ser,  en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere.
Si la Unidad de la Fe reclama esta claridad en sus notas de visibilidad, ¿qué representan entonces la variedad y multiplicidad de experiencias y contradicciones, sino justamente su contracara?
No hay más Catolicidad.
Las disputas y confrontaciones parroquiales han llegado a las más altas esferas de la jerarquía eclesial, ¿o el proceso inicial fue justamente al revés?, y así vemos las respuestas amenazantes de obispos alemanes, franceses, belgas, y otros, como también las sostenidas silenciosas desobediencias de que fuera objeto Benedicto XVI.
No sólo hay un estado de indisciplina, sino además el sostenimiento de doctrinas erróneas.
¿Dónde está la Catolicidad de la Iglesia?
¿Dónde es la Catolicidad de la Iglesia?
Entonces no hay notas de Catolicidad en la Iglesia.
Es Apostólica
Siempre se enseñó que la Iglesia, fundada por Nuestro Señor Jesucristo, provenía de los Apóstoles.
Fueron enviados por Él, según consta en Marcos 16: 15-18: Y les dijo: “Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación. Quien creyere y fuere bautizado, será salvo, mas, quien no creyere, será condenado. Y he aquí los milagros que acompañarán a lo que creyeren: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán las serpientes; y si bebieren algo mortífero no les hará daño alguno; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.
¿Cómo se podría reinterpretar al tiempo presente este mandato de Jesús?
¿De qué manera a la Tradición Apostólica se la podría explicar al amparo de las nuevas notas de visibilidad?
Simple: bajo la significación potenciada y decisiva del transcurrir del tiempo.
"La Tradición Apostólica tiene por sí misma la necesidad de su actualización, se construye con el aporte de cada generación, de generación en generación. Por esta causa el pasado es indicación del tiempo ya transcurrido.
Y así como el calendario muestra la sucesión del tiempo, de los años, lo que llamamos la Historia, de igual modo, por analogía, las primeras expresiones de recuerdo del pasado, la Tradición, son los primeros momentos del reloj de la Historia.
Por consiguiente, la Iglesia lleva la Tradición con Ella de siglo en siglo, la hace, la va construyendo, la va mejorando, la va actualizando. Lo que pasó, pasó, ha sido superado, como valor constante, desapareció.
Un peldaño y una suma de peldaños".
Toda la Tradición se encuentra en la Iglesia de hoy, y el antes, es una etapa que en su momento fue necesaria, pero ahora ya no, como lo será la actual en el futuro, por esto es que cuando se pretende volver a reflotar el pasado, el querer aferrarse a la Tradición primigenia, representa un freno, un retroceso en el proceso de construirla, y este es el error flagrante de los tradicionalistas, de los integristas, de los lefebvristas, y personifica un paso hacia el esclerosamiento del camino de expresión, de la variedad y multiplicidad de carismas con que el Espíritu Santo nos quiere bendecir en el presente.
No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso no significa nada ahora, excepto claro está, como etapa inicial y superada por la evolución necesaria de las cosas.
¿Cuál es entonces esta nueva Tradición?
¿A qué está enlazada?
¿Cómo está vinculada con el pasado?
Se ha acuñado como respuesta, una expresión nueva, polivalente, según sea el caso y la necesidad: La Tradición, es la Tradición…….viva.
Pero al someter a la Tradición a esta nueva expresión, se tiene un concepto erróneo, equívoco, porque para quienes son sus sostenedores, los llamados católicos posconciliares, católicos progresistas, o católicos modernistas, el ser viva  es por evolutiva, y no porque sea perenne, imperecedera, eterna, Fuente de Vida Eterna.
Y obviamente siguiendo este camino, se termina rompiendo con el pasado verdadero, con esa Fuente.
Si la Tradición se construye, si la Verdad igualmente es construida, si todo está en estado de movimiento, por la necesidad de actualizarlo todo, siguiendo la misma lógica se puede concluir, que se expresan criterios de verdad en la evolución permanente del dogma, es decir, del anti dogma.
Estas son otras de las notas del actual concepto de la visibilidad.
El Santo Papa Pío X, en la encíclica “Pascendi”, condena estos términos: “Tradición viva”, “Iglesia viva”, “Fe viva”, en el sentido que los posconciliares, modernistas, lo entienden, es decir, de la evolución que depende de las circunstancias históricas.
Esta nueva forma de interpretar la eclesiología, es común a las diferentes corrientes que se diferencian de la Tradición, puesto que aceptan en diversos grados, las nuevas doctrinas e interpretaciones surgidas a partir del Concilio Vaticano II, o posconciliaridad.
Vemos así por ejemplo, una base común de origen entre supuestos irreconciliables: progresistas, modernistas, conservadores dei, moderados, rockclesiales, que bajo el amparo de la válida variedad y multiplicidad de experiencias, mantienen y pujan por espacios de influencias, donde el cuidado de los intereses sobrepujan cualquier buen intento en el sentido virtuoso.
Por esta inversión de prioridades, la obediencia ciega a autoridades igualmente viciadas de modernismo, han trocado de virtud a defecto y a vicio, absorbiendo todo el liberalismo posible.
¿De qué sirven cuidar modos y formas de apariencia tradicional, por eso su nombre de conservadores, cuando al promover la adhesión al CVII y a la jerarquía eclesial modernista, potencian el peligro cierto de alejar a la Almas de su salvación Eterna?
¿Dónde está la Apostolicidad de la Iglesia?
¿Dónde es la Apostolicidad de la Iglesia?
Entonces no hay notas de Apostolicidad en la Iglesia.
La Santidad
Al no haber ya criterio de verdad, sustentado en la Verdad, sino en la evolución y construcción de la verdad, necesariamente la santidad de vida estará no ya en Cristo únicamente, sino en cualquier religión que exista y que vaya a aparecer en el futuro.
No únicamente en Cristo y en Su Iglesia se pueden salvar ya las Almas.
Hay nuevas posibilidades, nuevas formas.
El ecumenismo ha venido a descubrir, por medio de la variedad y multiplicidad de experiencias y de  nuevos carismas, estas “espléndidas realidades”.
Por eso es que el ecumenismo liberal se manifiesta públicamente con actos de un simbolismo sin igual, para promocionarse.
Las reuniones ecuménicas de Asís, en el Santuario de Fátima, en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, entre muchísimas más, son la muestra evidente e irrefutable, de hasta dónde el liberalismo ha penetrado en la Iglesia.
Las notas de estas nuevas realidades son tan claras, como definitivas.
¿Quién puede entre los Sacerdotes y Fieles medianamente instruidos, llamarse a engaño o argumentar ignorancia?
No hay ya en la Iglesia la Unidad de la Fe; y esto es muy grave, porque es la base de toda visibilidad de la Iglesia.
La Catolicidad, es la Fe Una en el espacio.
La Apostolicidad, es la Fe Una en el tiempo.
La Santidad, es el fruto de la Fe Una, que se concreta en las Almas por las Gracias del Buen Dios, mediante los Sacramentos.
A estas alturas ya es momento de que nos preguntemos:
¿Dónde está la Iglesia que contiene las notas de visibilidad?
¿Dónde es la Iglesia que contiene las notas de visibilidad?
En la Iglesia que vemos todos los días, no está, y si no está, tampoco es; algunos han dado en llamarla Iglesia Oficial, porque es la que detenta el actual usufructo, ejercicio, del poder.
Esta Iglesia que buscamos y que no está en la Oficial, es la Iglesia Visible, que más allá de la circunstancia histórica presente, en la cual Ésta, la Única Verdadera sobre la cual las puertas del infierno no prevalecerán, pareciera estar ausente, sustituida por otra nueva y diferente, usurpada por personeros de una secta, que buscan su ruina y eliminación.
 Pero la Iglesia Verdadera, sí está Presente, sí está Viva, en el sentido de no evolutivo ni ausente, representada en la Tradición casi bimilenaria.
La Tradición NO ES la Iglesia, pero la representa.
Roma es Su Casa, no la de esta gente, que usurpa, sino la Roma Eterna.
Recemos entonces por la conversión de los modernistas que ocupan Roma, para que nuevamente de las notas de su visibilidad restauradas, encontremos de nuevo en La Paz de Cristo Redentor, la alegría profunda de la Caridad.  
Y si no se convierten,…………………….
Que la Santísima Virgen María y Su Hijo, nos Bendigan siempre, y nos den el coraje necesario para pelear el Buen Combate.


 Fuente: Eduardo Sebastián Gutiérrez (por mail reenviado)

SENTIDO COMUN SIRIO



Por Mons. Richard Williamson
Obispo seguidor de Mons. Marcel Lefebvre
Número CCCXXXIX (339), 11 de enero, 2014

Un excelente resumen a nivel político de cómo y porqué el mundo se ha vuelto hoy tan malo, está presentado en YouTube por una “Chica partisana siria” (“Syrian Girl Partisan”). Ella es una joven patriota siria que da ocho razones por las cuales el Nuevo Orden Mundial (NOM) odia a Siria y está haciendo todo lo que puede para derribar al actual gobierno sirio, y reemplazarlo por títeres del NOM. Los Católicos tampoco deben permitir que la propaganda y las mentiras occidentales, envenenen sus espíritus, ni deben afirmar que la política no tiene nada que ver con la religión. El NOM está dominado por el sueño loco de eliminar tanto el Reinado Social de Cristo Rey cuanto el orden natural Divino del mundo. He aquí las razones de la chica siria:--
1. El Banco Central de Siria es propiedad del Estado y controlado por el Estado para así estar al servicio de la economía nacional y del pueblo sirio, en lugar de enriquecer los banksters (NOTA DE LA EDICIÓN: mezcla de banqueros y gangsters) internacionales de los países occidentales y de Israel, que imponen sobre casi todas las naciones del mundo préstamos usureros que provocan crisis al generar deudas artificiales, por medio de las cuales estas naciones están efectivamente esclavizadas.
2. Siria no debe nada al Fondo Monetario Internacional. El FMI tiene el papel de policía financiera de los banksters internacionales, encargada de cobrar las deudas internacionales. Toda nación avisada se mantiene afuera del alcance de las garras del FMI, lo que Siria ha logrado con éxito, pero a los banksters no les gusta para nada tal sabiduría.
3. Siria ha prohibido las semillas genéticamente modificadas, o “comida Frankenstein” porque Bashar El Assad quiere proteger la salud de su pueblo. “Comida Frankenstein” significa el control de la alimentación, que implica control de la población. Claro que el NOM favorece la “comida Frankenstein” (los EEUU la impusieron al Iraq que conquistaron).
4. La población de Siria sabe a qué atenerse en cuanto al NOM, cuya dominación de los políticos títeres del mundo a través de sus grupos de reflexión y sociedades secretas, está abiertamente en discusión en los medios de comunicación y universidades de Siria. Tal transparencia es anatematizada por el NOM, a quien le conviene encubrir sus operaciones con la mayor oscuridad posible. .
5. Siria posee masivas reservas de petróleo y de gas, y se esfuerza por explotarlas independientemente de las gigantescas compañías petroleras occidentales como Shell y Texaco. Al NOM le gusta el petróleo, pero no le gusta por nada la independencia petrolera.
6. Siria se opone de una manera clara e inequívoca al Sionismo y a Israel. En años recientes hasta los pérfidos medios de comunicación occidentales han reaccionado a la virtual transformación de Palestina en un mega-Gulag. Siria denuncia este brutal apartheid de Israel. Evidentemente los lobbies judíos alrededor del mundo se unirán usando toda su influencia para poner fin a tal firme oposición a sus compañeros judíos en Israel.
7. Siria es uno de los últimos estados musulmanes laicos en el Oriente Medio, y se rehúsa a reconocer cualquier superioridad de este pueblo que todavía pretende ser el pueblo elegido de Dios (a pesar de que ya van 2,000 años desde la aparición del Dios Encarnado, Jesucristo, quien dejó de elegir su Pueblo por la raza y empezó a elegirlo en cambio por la Fe – Romanos III, IV, etc.). Los mismos lobbies castigarán todo rechazo de su superioridad, sea religiosa o racial.
8. Siria mantiene y protege orgullosamente su identidad nacional, política y cultural, mientras que el NOM se esfuerza en disolver todas las naciones (menos una) en un único rebaño conglomerado de ovejas humanas dispuestas a recibir al cercano Anticristo.
Miren el video original de nueve minutos, “Syrian Girl Partisan” en YouTube, o lean el excelente resumen del comentarista argentino en actualidad.rt.com/expertos/salbuchi. (Este “Comentario Eleison” se inspira ampliamente en el texto de Adrián Salbuchi). Cuales quieran sean las otras culpas de las naciones musulmanas, ¿quién puede negar que ellas están haciendo mucho más que las corruptas y decadentes naciones occidentales para resistir al Nuevo Orden Mundial sin Dios?

Kyrie eleison

BILLOT II Y BILLOT III



Comentarios Eleison
Por Mons. Richard Williamson
Obispo seguidor de Mons Marcel Lefebvre

BILLOT II

Número CCCXXXVII (337) - 28 de diciembre 2012
No es solamente basado en los nombres de las siete iglesias de Asia (cf. “Comentario” # ), sino también basado en el contenido de las siete Cartas dirigidas a ellas (Apoc. II y III) que el Cardenal Billot establece la conexión entre las Cartas y siete períodos principales de la historia de la Iglesia. De especial interés en este sentido es la Carta a la iglesia de Sardes (Apoc.III, 1-6) que correspondería a nuestra propia Edad, la quinta, la Edad de la Apostasía. Después de evocar la riqueza, lujuria y prosperidad material asociadas con Creso, famoso gobernante de Sardes, Billot escribe:--
“Como es de esperarse, esta iglesia parece estar en un estado de declinación espiritual. La Apostasía y la decadencia están por todos lados, pero, mientras que la mayoría de las almas abandonan la religión, hay unas pocas que permanecen fieles a Cristo. El ángel dice, ‘Con todo, tienes en Sardes algunos pocos nombres que no han manchado sus vestidos’. Pero: ‘Se te tiene por viviente, pero estás muerto!’ El nombre (pero no la realidad) de la vida, del conocimiento, de la libertad, de la civilización, del progreso; y estás muerto, sentado en la oscuridad y a la sombra de la muerte porque, la luz de vida, la cual es Nuestro Señor Jesucristo, ha sido rechazada. De allí que al Obispo de Sardes se le dice: ‘Ponte alerta y consolida lo restante, que está a punto de morir’. Y, por sobre todo, se le recomienda aferrarse indefectiblemente a todas las tradiciones de los Santos Apóstoles, sin desviarse en lo más mínimo del significado que ellas tenían para los Padres de la Iglesia, con la excusa de, o bajo la apariencia de, un entendimiento más profundo: ‘Recuerda, pues, tal como recibiste y oíste; y, guárdalo, y arrepiéntete’. Eso basta en cuanto a la Quinta Edad. Pero lo que sigue es para regocijarse un poco más”. Y el Cardenal sigue su camino con las Sexta y Séptima Edades.
Los lectores que nunca han leído los siete primeros versículos del Apocalipsis III en conexión con nuestros propios tiempos, estarían interesados en hacerlo. La conexión es notable y no co-incidental.
Es notable porque “consolida lo restante, que está a punto de morir” corresponde exactamente a la Contra-reformación salvando del Protestantismo al Catolicismo, a los Papas anti-liberales salvando de la Revolución al remanente de la Iglesia, al Arzobispo Lefebvre (y otros) rescatando del Vaticano II a la Tradición, y, ahora, a la Resistencia batallando para salvar lo que se pueda salvar de su Fraternidad colapsando en el liberalismo. Seguramente los Católicos pueden sentirse animados desde esta perspectiva, que su larga y aparentemente desesperanzada acción de retaguardia viene de un pasado distante y encaja, ciertamente, en un futuro al final triunfante. Es por ello que Dios nos ha dado el libro del Apocalipsis.
Tampoco es la conexión co-incidental. Nuestro Señor prometió a Sus Apóstoles (Jn. XVI, 12-14) que Su Espíritu, el Espíritu Santo estaría con ellos y con sus sucesores a lo largo de las edades para revelarles a ellos lo que ellos en aquel momento solamente necesiten saber. Fue solamente cuando la Guerra de los Treinta años (1618-1648) estaba estragando Alemania, que al Venerable Holzhauser se le fue dado el entendimiento de las Siete Edades escondidas dentro de las Cartas a las siete iglesias de Asia. Así mismo fue solamente cuando la Revolución Rusa estaba justo por estallar, que necesitamos a Nuestra Señora asegurándonos en Fátima que al final Su Corazón Inmaculado triunfará. Cierto, la Iglesia está siendo, en este preciso momento, eclipsada (ver en Internet los fragmentos de la película de la Misa pública celebrada recientemente en Brasil por el hombre de Iglesia en blanco), pero, aun así, no hay necesidad ni justificación para que nosotros nos hagamos liberales.
Kyrie eleison.
BILLOT – III
Número CCCXXXVIII (338), 4 de enero, 2014
Los líderes actuales de la Fraternidad San Pio X están trabajando constantemente y astutamente para insertarla en el armazón de la Iglesia oficial, la cual está constantemente y astutamente adelantando a empujones las ideas Revolucionarias y Conciliares de libertad (libertad religiosa), igualdad (colegialidad) y fraternidad (ecumenismo). A pesar de ello, estos líderes seguramente toman en serio al Cardenal Billot. Ellos deberían meditar en las reflexiones que él hace sobre nuestra Quinta Edad de la Iglesia que se siguen de su exposición de las Siete Iglesias en el Epílogo del primer volumen de su celebrado Tratado de la Iglesia de Cristo. Aquí están algunas de esas reflexiones traducidas y adaptadas libremente del latino:--
“Nuestra propia edad sería entonces la Quinta Edad, la Edad de la deserción, la apostasía y el liberalismo, que viene entre el fin del Sacro Imperio Romano y lo que San Pablo llama una “vida de entre muertos” (Rom. XI, 15). ¡Que así sea! Ello nos da a todos en medio de nuestras tan muchas y tan grandes tribulaciones de hoy en día (El Cardenal escribió esto en 1927 - ¿Qué hubiera escrito en el 2013?) esperanza para una restauración futura y –perdonen la expresión- Contra-revolución. Ya hoy en día muchos líderes científicos, políticos y economistas están reconociendo y admitiendo con libertad cuán envenenados están los frutos de la Revolución Francesa de 1789 que proclamó que la única y sola fuente de todos los males del mundo fue el desdén de los “derechos del hombre”. ¡Que frivolidad! ¡Qué tontería! ¡Que estupidez!
“La libertad de los Revolucionarios resulta en la tiranía de los fuertes sobre los débiles, su igualdad resulta en unos pocos millonarios enseñoreándose aún más sobre las personas (¡uno piensa en Wall Street, 2013!), su fraternidad resulta en conflictos internos y un odio implacable de clases. Algunas personas asumen esto, mientras que muchos no ven el carácter esencialmente diabólico de la Revolución. Sin embargo, aquellos que van más allá de la superficie ven que la cuestión religiosa subyace en todas las cuestiones que actualmente agitan a la humanidad: que la plaga del liberalismo político y económico se origina en el liberalismo ateo y anti-Cristiano expuesto arriba, que el orden social de ninguna manera puede ser restaurado a menos que los principios de la Iglesia una ve z más dirijan la vida pública.
“¡Que este reconocimiento de la teoría conlleve frutos prácticos! De todo corazón, clamamos por tal restauración, sabiendo como las leyes paganas bajo las cuales vivimos hoy en día pueden aún permitir a los individuos ser Cristianos (en el 2013, ¿Por cuánto tiempo más?), pero hacen que una sociedad Cristiana sea del todo imposible. Por consiguiente, buscamos sobre todo el Reino de Dios y su justicia sin despreciar el resto que nos será agregado (cf. Mat. VI, 33). Dice San Pablo, ‘la piedad es útil para todo’. Así mismo lo es la influencia de la Iglesia ‘teniendo la promesa de la vida presente y de la venidera’” (cf. I Tim. IV, 8).
No es difícil ver aquí como el Cardenal no fue una de las muchas almas que él menciona que no ven a través del falso “glamour” del mundo moderno. Muy por el contrario, su firme asidero de la doctrina católica le permite describir nuestros propios tiempos, casi un siglo más tarde.
¡Priorato de la FSPX! Despertad de vuestro tonto sueño de convertir a los liberales que ahora controlan la Iglesia y parad de pretender con un flujo de Declaraciones ambiguas que vosotros estáis aun defendiendo la Tradición. Vuestras acciones prueban lo contrario y ¡las acciones hablan más que las palabras en Declaraciones! “Se os tiene por vivientes, pero estáis muertos. Poneos alertas y consolidad lo restante, que está a punto de morir. Recordad, pues, tal como recibisteis y oísteis del Arzobispo, y ponedlo en práctica y arrepentíos”.

Kyrie eleison