domingo, 17 de febrero de 2013

MONS. AGUER DIJO QUE EL MAJISTERIO DE BENEDICTO XVI ES “ALGO NUEVO” (¿ANTES NUNCA ENSEÑADO?)



* VER NOTA AL FINAL DEL TEXTO

En su habitual reflexión televisiva semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, comentó la renuncia del Papa Benedicto XVI y reflexionó sobre los que considera aspectos fundamentales de la enseñanza de su Pontificado y la reacción que provocó la renuncia asegurando que “lo que tenemos que hacer nosotros ahora, en este momento tan singular, tan insólito y tan importante de la vida de la Iglesia es preciso eso: ¡orar por la Iglesia!”

Comenzó señalando que “la renuncia de Benedicto XVI ha causado sorpresa y conmoción en todo el mundo. Especialmente nos ha conmovido a nosotros, miembros de la Iglesia, hijos de la Iglesia”. Y agregó que su primer pensamiento “es de agradecimiento y homenaje a este gran Papa, que es un hombre de Dios, que ama tan profundamente a la Iglesia y lo ratifica con este gesto final donde se manifiesta su amor a la Iglesia”.

El Arzobispo de La Plata destacó tres puntos fundamentales del Pontificado de Benedicto XVI. Primero rescató “su enseñanza, su magisterio, que se ha notado como algo nuevo” en encíclicas, discursos, “y sobretodo a las homilías dirigidas a los fieles, que han sido siempre de una gran profundidad y sencillez… Todo el Magisterio del Papa está centrado en Jesucristo y en la fe. El centro de la vida de la Iglesia es Jesucristo y la fe es el medio de vida por el cual nosotros adherimos a Cristo y nos unimos a Él”

Como segundo aspecto sostuvo que “el Papa Benedicto XVI ha afirmado la identidad católica en tiempos difíciles, de grandes convulsiones y de mucha discusión” y se detuvo en “la interpretación que él ha hecho, en continuidad con el Magisterio de Juan Pablo II, del Concilio Vaticano II y especialmente lo que ha llamado la hermenéutica de la reforma en la continuidad que hay que contraponer a una hermenéutica de la ruptura y de la discontinuidad”.

Y como tercer punto rescató “la intencionalidad pastoral de este Pontificado” expresado en sus viajes, visitas a parroquias, en el “trato cercano se ha mostrado siempre sencillo, acogedor” y “sobretodo en la pastoral de la cultura y en el dialogo entre la fe y la razón. El Papa Benedicto XVI en esto ha abierto caminos importantísimos… Ha mostrado la necesidad para la razón humana de abrirse a la trascendencia; sólo así podrá ser verdaderamente humana. Ha mostrado, por otra parte, los fundamentos del derecho, de la vida política, la necesidad de que se abra un espacio público a la religión, la presencia de lo religioso en la sociedad de hoy”.

Mons. Héctor Aguer se detuvo en “la cuestión de los comentarios que se han hecho en estos días” sosteniendo que “no es posible comprender a la Iglesia, entender qué es la Iglesia y comprender, por tanto, un gesto como el de Benedicto XVI, si no se tiene fe. Una persona sin fe por más gran periodista o excelente comunicador que sea una persona respetable pero sin fe no puede entender a la Iglesia”.

“Yo he ponderado las reacciones de los medios de comunicación y he visto allí muchas intervenciones razonables, comprensivas, incluso elogiosas, pero también algunos comentarios malsonantes y hasta, yo diría, innobles”. Y agregó que esas versiones “altisonantes, innobles” son “de personas que no tienen fe y entonces no saben de qué se trata. Consideran a la Iglesia, en todo caso, como una ONG internacional, un centro de poder, y no se dan cuenta que en la organización, por más compleja que sea, aunque con muchas fallas y demás, es solo el envoltorio de un contenido, y el contenido es un misterio. Ya el Concilio Vaticano II lo expresaba muy bien; comenzaba a hablar sobre la Iglesia hablando del misterio de la Iglesia”-

Y finalizó dejando “una frase del mismo Benedicto XVI, que ha dicho que el corazón de la Iglesia no está donde se proyecta, se administra y se gobierna sino que está donde se ora, ¡donde se ora! Creo que lo que tenemos que hacer nosotros ahora, en este momento tan singular, tan insólito y tan importante de la vida de la Iglesia es preciso eso: ¡orar por la Iglesia!”

Adjuntamos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“La renuncia de Benedicto XVI ha causado sorpresa y conmoción en todo el mundo. Especialmente nos ha conmovido a nosotros, miembros de la Iglesia, hijos de la Iglesia”.

“Yo he ponderado las reacciones de los medios de comunicación y he visto allí muchas intervenciones razonables, comprensivas, incluso elogiosas, pero también algunos comentarios malsonantes y hasta, yo diría, innobles”.

“Por eso el primer pensamiento mío en esta comunicación con ustedes, mis amigos televidentes, es de agradecimiento y homenaje al Santo Padre Benedicto XVI, este gran Papa, que es un hombre de Dios, que ama tan profundamente a la Iglesia y lo ratifica con este gesto final donde se manifiesta su amor a la Iglesia”.

“Por eso me gustaría destacar tres puntos fundamentales de su Pontificado, que me parece que han marcado fuertemente a la comunidad cristiana y se ha hecho notar en el mundo, incluso entre los críticos”.

“En primer lugar su enseñanza, su magisterio, que se ha notado como algo nuevo, destacado, desde el principio de su Pontificado. No me refiero sólo a las encíclicas, los numerosos y variados discursos, sino también y sobretodo a las homilías dirigidas a los fieles, que han sido siempre de una gran profundidad y sencillez. No es fácil, aún para el que está acostumbrado a hablar y que tiene, digamos, experiencia de cátedra, aunar la profundidad y la sencillez”.

“Pero lo más importante es que todo el Magisterio del Papa está centrado en Jesucristo y en la fe. El centro de la vida de la Iglesia es Jesucristo y la fe es el medio de vida por el cual nosotros adherimos a Cristo y nos unimos a Él. Esta misma dimensión parece obvia, elemental, pero es preciso subrayarla en nuestro tiempo”.

“En segundo lugar, el Papa Benedicto XVI ha afirmado la identidad católica en tiempos difíciles, de grandes convulsiones y de mucha discusión. Yo aquí quisiera apuntar, precisamente, a la interpretación que él ha hecho, en continuidad con el Magisterio de Juan Pablo II, del Concilio Vaticano II y especialmente lo que ha llamado la hermenéutica de la reforma en la continuidad que hay que contraponer a una hermenéutica de la ruptura y de la discontinuidad”.

“La Iglesia sigue una tradición que nos viene de los Apóstoles, la actualiza continuamente y la comunica intacta y siempre de un modo adecuado, procurando que sea comprensible al hombre de hoy”.

“En tercer lugar y ligado a lo anterior, rescataría la intencionalidad pastoral de este Pontificado. Podríamos pensar a propósito de este aspecto de la misión pontificia, en los viajes apostólicos del Santo Padre, en sus visitas a las parroquias, y cómo en el trato cercano se ha mostrado siempre sencillo, acogedor. Quiero pensar sobretodo en la pastoral de la cultura y en el dialogo entre la fe y la razón. El Papa Benedicto XVI en esto ha abierto caminos importantísimos en los discursos que ha pronunciado en universidades o ante el Parlamento alemán y el Parlamento inglés. Ha mostrado la necesidad para la razón humana de abrirse a la trascendencia; sólo así podrá ser verdaderamente humana. Ha mostrado, por otra parte, los fundamentos del derecho, de la vida política, la necesidad de que se abra un espacio público a la religión, la presencia de lo religioso en la sociedad de hoy”.

“Pues bien, he hecho una rápida síntesis de lo que a mí me ha parecido digno de ser subrayado de este Pontificado tan rico”.

“Pero, por último, volviendo a la cuestión de los comentarios que se han hecho en estos días, me parece que no es posible comprender a la Iglesia, entender qué es la Iglesia y comprender, por tanto, un gesto como el de Benedicto XVI, si no se tiene fe. Una persona sin fe por más gran periodista o excelente comunicador que sea una persona respetable pero sin fe no puede entender a la Iglesia”.

“Y eso es lo que ha pasado, eso es lo que se ha notado. Hemos escuchado muchas versiones altisonantes, innobles, pero de personas que no tienen fe y entonces no saben de qué se trata. Consideran a la Iglesia, en todo caso, como una ONG internacional, un centro de poder, y no se dan cuenta que en la organización, por más compleja que sea, aunque con muchas fallas y demás, es solo el envoltorio de un contenido, y el contenido es un misterio. Ya el Concilio Vaticano II lo expresaba muy bien; comenzaba a hablar sobre la Iglesia hablando del misterio de la Iglesia”-

“Para terminar les dejo una frase del mismo Benedicto XVI, que ha dicho que el corazón de la Iglesia no está donde se proyecta, se administra y se gobierna sino que está donde se ora, ¡donde se ora! Creo que lo que tenemos que hacer nosotros ahora, en este momento tan singular, tan insólito y tan importante de la vida de la Iglesia es preciso eso: ¡orar por la Iglesia!”

* NOTA DEL DIRECTOR DE DIARIO PREGÓN DE LA PLATA: En respeto a la Tradición de la Iglesia Católica, y precisamente por ella, la única "Noticia", la única "Novedad", la trajo Jesucristo, siendo Él mismo la Buena Noticia y la "Novedad" que es transmitida por la Iglesia Católica. Después de Jesucristo no existe "novedad" alguna que la Iglesia pueda proclamar. No existe autoridad alguna, ni siquiera el mismo Papa, que pueda enseñar algo "nuevo" distinto de lo que debe ser transmitido. 
Mons. Héctor Aguer, dijo textualmente acerca del Papa Benedicto XVI: "su enseñanza, su magisterio, que se ha notado como ALGO NUEVO, destacado, desde el principio de su Pontificado. No me refiero sólo a las encíclicas, los numerosos y variados discursos, sino también y sobretodo a las homilías dirigidas a los fieles, que han sido siempre de una gran profundidad y sencillez". Cualquier "novedad" no transmitida desde Jesucristo y los Apóstoles, no es más que una "novedad humana" y por tanto intrascendente (una revalorización de "lo humano" por encima de lo Sobrenatural es directamente un acto de subversión pelagiano o somipelagiano), pero en el peor de los casos hasta puede constituir una infidelidad a la Tradición. ¿Acaso no se afirma hoy exactamente lo mismo del Concilio Vaticano II y del Magisterio del Beato Juan XXIII, del venerable Pablo VI, y del Beato Juan Pablo II?
Las "novedades" del Majisterio de Benedicto XVI son públicas en todas las publicaciones impresas y webs de tipo Tradicional y Tradicionalista, unidos o no a la Jerarquía de la Iglesia, pero con un mismo argumento al respecto. ¿En qué consiste la fidelidad al Magisterio previo y a la Tradición por parte de un Papa? La respuesta, se la dejamos a los Papas... aunque si no me equivoco, ya se han pronunciado acerca de ello. ¿Una orientación para la respuesta? Sólo podemos darla con una pregunta esencial: ¿Dónde fueron puestos los límites a los cambios litúrgicos, en el Concilio de Trento y la Comisión Litúrgica de San Pío V, o por el Concilio Vaticano II y la Comisión Litúrgica del venerable Pablo VI? En la respuesta a ello está la solución del drama eclesial  íntegro que hoy vive la Iglesia Católica.
ACLARACIÓN FINAL: La palabra "Majisterio" no es un error de tipeo, y aunque suene igual, no dice lo mismo... y dejo al lector la interpretación de la cuestión.

HOMOSEXUALES HOY AGREDERÍAN LA CATEDRAL DE LA PLATA


Los homosexuales se han convocado para llevar a cabo hoy una "jornada contra la violencia homosexual".
Para ello, se han convocado a las 16 hs en Plaza Italia. Según informó el blog "La Plata Ya", la actividad se desarrolla bajo el lema "basta de rabia! jornada de amor contra el odio hacia putos, tortas, trans, travas en La Plata".
Supuestamente una lesbiana llamada "Marina" publicó en un blog que estaba con un homosexual de nombre "Rodrigo" algo que habría sucedido el domingo 10 de febrero de 2013. El relato no resulta creíble, ni por las situaciones descriptas y sobre todo por la ausencia de referencia a la conducta que ambos estaban teniendo en el momento.
Refiere que todo comenzó en Plaza Italia y terminó en la esquina de 7 y 43, a metros del bar Hemisferio, ya que un hombre de aproximadamente 35 años comenzó a gritarles “yo a los putos les pego”, y después de que recibieron golpes de él "y correr hasta la esquina del bar, otros hombres se sumaron al grito de "nosotros matamos putos" y agredieron con palos, botellas y hasta una cadena".   Según el relato, comentado por una página pro homosexual, "los cinco hombres implicados en la agresión, escaparon después de dejar a Rodrigo ensangrentado". “Durante la golpiza los cinco hombres no dejaban de gritarnos ‘nosotros matamos putos’, y a mí (Marina), mientras me golpeaban me gritaban ‘puto, puto, puta de mierda’; desplazando mi identidad hacia cualquier lugar habilitado por ellos, en la incapacidad de nombrarme lesbiana”, dice en el blog la agredida.

Extrañamente, el hecho habría sido presenciado por el personal de seguridad del bar Hemisferio, por taxistas, por todas las personas que estaban en el lugar. El relato es exagerado, desorbitado, como si cinco personas viviesen en la ciudad realizando tales acciones, o como si un hombre se dedicara a golpear gratuitamente a otros, y a él se sumaran otros sin motivo alguno, adhiriendo a las consignas.
La "jornada de amor contra el odio" convocada para las 16 hs en Plaza Italia, previsiblemente acabará con una manifestación ante la Catedral de La Plata, ya que el "amor" siempre es manifestado con daños a la Fe Católica, por puras ganas de destruírla, como es habitual, aunque la Iglesia Católica nada tenga que ver con tales hechos. 

LEX ORANDI, LEX CREDENDI ¡QUE NO SE SEPA!



Por Emilio Nazar Kasbo
Hubo una vez un feligrés “tradicional”, cuyo nombre era Tránsito, de esos que creen que la única Verdad teológica es portada por la Iglesia Católica, de esos que creen que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación, de esos que creen que quien muere en pecado mortal se va al infierno.
“Parchetto” era uno de los apodos de otro feligrés, aunque su verdadero nombre era  Butter Tiquismico. Le decían “Parchetto” porque era como un “parche” para todo. Él no soportaba a Tránsito, porque afirmaba que era un “fariseo”, de esos que se preocupan por exterioridades pero dentro le faltan “sentimientos”, un hombre de mucha intelectualidad pero de poca sensibilidad. En cambio, Parchetto se veía a sí mismo como una persona cuyas emociones en la Misa y en las actividades religiosas lo hacían vibrar, sobre todo por concurrir a esas Misas carismáticas, aunque también había tenido oportunidad de ir a las Misas del Camino Neocatecumenal, todo en un clima festivo y alegre, porque para él la Misa es una fiesta, un lugar de encuentro de amigos donde todos pueden cantar y bailar de felicidad, como bailó David en su oportunidad.
Claro, Parchetto había visto además una película hacía un tiempo llamada “Footlose” en que mostraban una ciudad pacata que no apreciaba el Rock, con una familia de tipo puritano que no daba lugar a la rebeldía juvenil. Sí, esa película reflejaba bien sus sentimientos para con Tránsito, como dos antónimos, como Homero Simpson y su vecino el señor Flanders. El “orden” ridículo, “tradicional”, del “respeto por antepasados”, era enfrentado a lo “auténtico”, a sentir la Fe, a encarnar además una causa social en que se busca solucionar los problemas reales, la pobreza, la marginalidad, la falta de servicios básicos y de oportunidades ante tanta injusticia en el mundo. En vez de tales preocupaciones, Tránsito se ocupaba de temas “teológicos”, pero… ¿quién come Teología? Lo importante, en este mundo, es comer.
Claro que además había diferencias teológicas, ambos no compartían la misma Fe, aunque parecían integrar la misma Iglesia Católica. Tránsito iba a Misa de San Pío V, en Latin, su esposa usaba mantilla, comulgaban de rodillas y en la boca, y conservaban todo lo sublime para Dios en la liturgia, acostumbraban en su familia a rezar todos juntos, la esposa de Tránsito usaba pollera, creían en el amor por siempre fundado en el Sacramento y en las gracias que el Sacramento del Matrimonio otorga, no contemplaban el método Billings como sistema anticonceptivo sino como un método conceptivo, amaban la familia numerosa como una bendición de Dios confiando siempre en la Providencia, y afirmaban ser tradicionales militantes antimodernistas. Para Tránsito, la Fe es una Gracia que Dios concede a quienes deciden aceptar ser instrumento de Su Voluntad. Claro que además creía en milagros.
Todo lo que apreciaba Tránsito, era despreciado por Parchetto. Los ritos, la liturgia, las formalidades, las precisiones teológicas… eso es para mentes fariseas, decía. Parchetto no creía en nada de eso, sino más bien que todo el universo sirve como iglesia donde encontrarse con Dios, cualquier lugar, y además Dios es tan bueno para él que Dios no condena a nadie, porque eso lo convertiría en malo, de modo que el infierno no existe para él y para todos los que piensan como Parchetto. En la Misa sin formas ni ritos, lo más importante es el sentimiento, que se logra mediante el uso de instrumentos de percusión y un buen rock, para pasarla bien. Una hora semanal es algo tedioso, así que la gente tiene que ser invitada para una diversión, porque de lo contrario se irán. El sacrificio, la mortificación, los ayunos y abstinencias, y todo lo que hace a la renuncia a las comodidades, no era más que una tontería en la concepción de Parchetto ¿Acaso Dios no creó todo bueno? ¿Por qué habría de privarme de tantas cosas buenas en este mundo? Parchetto se consideraba un hombre con una libertad plena, porque no obedecía a nadie, tampoco al Papa, sino que lo tenía por un hombre representante de la Iglesia pero que nula influencia tiene en el mundo y en la Fe. Ni Ritos, ni Mandamientos, ni precisión en la Fe, ni obediencia a nadie, sino vivir en este mundo igual que cualquier persona no católica era su deseo Para Parchetto, nada diferencia a un católico de quien no lo es. Es más, él consideraba su Fe como algo “maduro” y “adulto”, no como esa “fe infantil” de Tránsito. Parchetto enseñaba Catecismo a los niños de Primera Comunión, y les enseñaba que os milagros son hechos simbólicos, el milagro más prodigioso es que la gente comparta su comida y sus bienes, la Consagración de la Misa también es un hecho meramente simbólico que representa a la comunidad de fieles que comparten la vida en el mundo, y el Santoral es un mero cuento lleno de exageraciones sobre la vida de los Santos, que mientras más antiguos son más fantasiosa resulta ser la historia. Sí, Parchetto tenía un discurso social muy fuerte, y consideraba que Jesús vino a salvarnos de la esclavitud del egoísmo enseñándonos a compartir.
A la salida de Misa, Parchetto conocía a todos los niños que pedían limosna, conversaba con ellos, les hacía chistes y les daba alguna monedita. Él consideraba que estaba solucionando así la “discriminación” de todos los feligreses, que se apartaban de esos niños como si tuviesen lepra. Internamente se alentaba considerando que dedicaba su tiempo y esfuerzos a los “pobres, a los desposeídos, a los desvalidos, a quienes ninguna oportunidad tienen en la vida”.
Una vez, antes de retirarse Tránsito, a la salida de la Misa, en silencio, vio a una de las niñas desarrapadas con quien Parchetto usualmente conversaba. Era un día importante, y por eso se decidió: le dio un billete azul de cien Pesos a la niña, toda sucia y desgarbada, que tendría unos tres años de edad. Sí, la niña no se dio cuenta de la suma que tenía en sus manos, ni de su significado. Ese billete habría servido a Tránsito para solventar los gastos de cinco días de su familia en aquél tiempo.
En las manos de la niña, el billete de tonalidad azul fuerte, se mezcló con otros de dos Pesos, de un color más claro, tirando a celeste. Sin embargo, en la oscuridad de la noche apenas eran perceptibles… pero Parchetto lo percibió.
Tras ver el billete de 100 Pesos e identificarlo, Parchetto empezó a hablar con la niña, mostrando una gran generosidad y amabilidad:
-          Mirá, si me das ese billete que tenés en la mano, ¡yo te doy uno de cincuenta Pesos!
Y la niña se lo dio, pensando que hacía un “negocio”, porque ella no sabía distinguir la diferencia entre el billete de dos Pesos y el de cien ¡Nunca antes había recibido un billete de cien Pesos!
Mientras tanto, Parchetto pensaba en su interior:
-  Nadie se va a dar cuenta de esto… igual, 100 Pesos es mucho para ella, y con 50 le tiene que alcanzar y debiera conformarse. Yo necesito también ese dinero, y además ellos no tienen nada, así que ni se van a dar cuenta e igual se van a sentir contentos por el billete de 50 ¿Para qué quieren tanto? ¿En qué se lo van a gastar? ¡si después se lo dan al papá y se lo gasta en vino, o a la mamá y se lo gasta en cualquier coquetería superficial! Igual ellos tampoco pierden, porque 50 Pesos les tiene que alcanzar…
Y así, mostró en la práctica su “sentimiento de Fe”, y su desprecio por Dios y por los Mandamientos. Igual… ¿quién se iba a enterar? ¿Acaso Dios le iba a reclamar algo? ¿O no está justificada ampliamente la acción, en un acto de justicia, porque todos debemos compartir?
Parchetto siempre hablaba de que existen “dos Iglesias”, una compuesta por la “rama conservadora”, a la que pertenece el “fariseo” Tránsito, y otra por la “rama progresista”, que proclama la libertad y la solidaridad, sin ritos, sin límites, sin formalismos. Son dos Iglesias, son dos modos de vivir la Fe, y el Concilio Vaticano II estableció que hay que ser “progresista”, estar con el pueblo, seguir al pueblo, porque de nada sirve el cura que da la Misa solo, o que da la Misa de espaldas al pueblo y en latín, un idioma que nadie entiende. El progresista es la persona que tiene la “fe madura”, el racional, el que no teme creer en el evolucionismo, en la ciencia, en contra de los oscurantistas medievales tradicionalistas. Parchetto es de los que piensan que un día el Papa tendrá que aprobar matrimonios homosexuales, hacer ecumenismo sin límites porque todas las religiones son igualmente simbólicas, porque no hay verdad, y porque lo importante es la cuestión social, que el Papa tiene que aprobar los métodos anticonceptivos, el aborto, la eutanasia, las relaciones prematrimoniales y los organismos internacionales que los imponen como condición del otorgamiento de créditos en pos de un gobierno mundial. El tradicionalista es “pasado”, y el progresista es “presente y futuro” para él.
Claro, Tránsito no se guía por el juicio propio como Parchetto, sino que se atiene al Magisterio Eterno de la Iglesia Católica. Cree que primero es el Orden Sobrenatural, y que en pos del mismo se orienta el Orden Natural, que la inteligencia y la voluntad del creyente se hallan orientadas por la Gracia, y que la Verdad en sí es Absoluta. Para Tránsito las cosas son claras, y no existen “dos Iglesias”, porque tal afirmación fue condenada por San Pío X en la Encíclica Pascendi Gregis.
O tal vez sí haya dos Iglesias: la de siempre, y la efímera que está y estará al servicio del Anticristo… y al parecer, Parchetto pertenece a esta última. Sin odios, Tránsito siempre pasó su vida en este mundo rezando por su correligionario, aguardando que Dios iluminara su corazón y lo convirtiera a la Tradición… porque fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.
El tradicionalista y el progresista salían de Misa… ¿cuál de los dos creen que regresó a su casa justificado?
O la Iglesia de siempre, o una “iglesita falsa”. Lex orandi, lex credendi… res, non verba.

sábado, 16 de febrero de 2013

ANTE UNA RENUNCIA QUE NOS DUELE (BENEDICTO XVI)



Por Antonio Caponnetto


El riesgo de lo demasiado humano    

         Si en la historia de la Iglesia han existido casos de pontífices abdicantes -algunos de ellos, incluso, formalmente elevados a los altares, sin que la tal dimisión, al parecer, resultara obstáculo-; y si el mismo Derecho Canónico prevé la posibilidad de tan excepcional resolución, lo primero que con cierta simplicidad podría decirse es que la Iglesia seguirá su curso bajo un nuevo Papa, próximo a elegirse; y que nosotros, los fieles de a pie, continuaremos aportando lo nuestro hasta que Dios nos llame. No habría lugar para la aflicción o el enojo.

         Pero no estamos seguros de que corresponda tanta simpleza de análisis. Por lo pronto, por el texto mismo en que Benedicto explica su actitud. Nos duele como propio el abatimiento que confiesa. Sangra nuestra misma herida al saberlo preso de la infirmitas. Desvélanos el mismo insomnio ante la encrucijada y la peripecia, y nos admira que aún así,ofrezca sus últimas fuerzas para servir a la Iglesia con la oración y la clausura. Pero todo esto es demasiado humano, y si se nos permite la franqueza, podría resultar más cálculo que pálpito, más desconfianza en la fragilidad de los años que abandono confiado a la Divina Providencia. Tal vez, incluso, podría resultar demasiado común y corriente para tratarse del Vicario de Cristo. O excesivamente ordinario para quien sabe que la silla petrina antes tiene la forma de una cruz testa al piso que la de una mecedora. Importa nada lo que piense el mundo, pero importa todo no pensar u obrar como el mundo.

         Acaso por esta distinción que enunciamos se explique que dos voceros de la nadería progresista pudieron traducir a términos inequívocamente modernos y mundanos cuanto ocurre. Mejía, hablando de stress; y Bergoglio celebrando el “gesto revolucionario”, ante quienes, hasta ahora, lo acusaban de conservador a Benedicto XVI. Si el uno psicologiza y el otro ideologiza lo sucedido, no es únicamente por las sendas y burdas deformaciones doctrinales que padecen, sino por la naturaleza misma del hecho que, como decimos, trasunta una cierta perspectiva demasiado humana. Es un trono bendito el que se está abandonando. No puede ser considerado como una jubilación por invalidez. Tampoco como quien declara clausa una oficina el último día hábil de mes, en el horario de cierre, tras una despedida con aplausos y emociones a granel.

Extraños encomios a la debilidad

         El segundo factor que conspira contra la llaneza del análisis es la larga serie de conjeturas que se han echado al ruedo, sin que puedan ser sofrenadas con alguna prueba contundente en sentido contrario. Diríase que a dos campos se acomodan las tales hipótesis.

         En uno surge la inevitable posibilidad de una oscura maquinación palaciega que haya forzado la dimisión. Sobran las razones para pensarlo, pues en todos estos años los sectores progresistas no han hecho otra cosa más que pedirle al Papa la caducidad de su mandato. El tenebroso manifiesto de Hans Küng y los suyos, lanzado formalmente hacia el 2010,ha visto sus cláusulas cumplidas con esta penosa noticia anunciada en la festividad de la Virgen de Lourdes. ¿Era inevitable entregarles tamaño trofeo al coro enorme de tránsfugas que no cesan de festejar lo acontecido? ¿No había, no hay,entre la grey y los egregios, fuerzas suficientes para evitar el atropello? ¿No se supone, por sobre todo,que el heredero de Cefas, el fiel y rudo Pescador de Galilea, debe conducir la Barca tanto más cuanto las tempestades del mundo lo sacuden “por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”, como reza el mismo y doliente texto del desistimiento?

         ¿Coopera a contrarrestar este “eclipse del sentido de lo sagrado”, y estas divisiones “que desfiguran el rostro de la Iglesia y ponen en peligro su unidad”, males ambos de los que habló el pasado Miércoles de Ceniza, el que se presente el mismo Santo Padre eclipsado o doblegado por los achaques de un tiempo convulso y de una ancianidad avanzada? ¿Guarda congruencia tamaño reconocimiento, con lo dicho dos años atrás a Peter Seewald, cuando desde las páginas de la obra Luz del mundo sostuvo que "no se puede escapar en el momento de peligro y decir: que se ocupe otro”? ¿Hay acaso peligro mayor que constatar el eclipse del sentido de lo sagrado?

         Se equivocan quienes deifican al Papa -quienquiera sea- o quienes lo suponen nimbado de los atributos de los antiguos titanes. Se equivocan además quienes lo conciben al modo de un soberano hiératico, cuyo ánimo sería tan inconmovible y rígido como ciertos barrocos oropeles. Y rechazo grande sentimos por cuantos reclaman duro calvario al Pontífice desde el carnaval en que habitan. Los corajudos en pellejo ajeno nunca sirvieron de mucho. Pero vaya si yerran cuantos lo pretenden o justifican como al uomo qualunque, desvinculando su persona, necesariamente frágil, al igual que la de todos nosotros, de la misión que le cabe, necesariamente férrea y acerada, como la de ninguno de nosotros. Por algo decía el monje San Norberto de Magdeburgo, que “la silla de Pedro exige la conducta de Pedro”. El Papa no tiene dos naturalezas, como Aquél de quien es vicario. Pero tal vicaría, libremente aceptada,lo obliga al heroísmo. Al heroísmo cristiano, entiéndase; no al del Olimpo o el Walhalla. A un heroísmo que no busca el protagonismo o el resplandor personal, pero sí el de la Divina Persona,cuyos nudos le tocó atar y desatar en la tierra. No somos niños para ilusionarnos con  un pontífice repartiendo tiarazos al galope. Pero dado que no la calma sino la tempestad arrecia -intensa y dañina, como pocas veces- tampoco puede ser lo más aconsejable andar desmontando la cabalgadura.

         Desconcierta un poco, en consecuencia, este elogio de la debilidad o de la rendición que algunos plantean. No nos resulta posible imaginar a un Cristo que se pone tres caídas como plazo máximo para subir al Gólgota. Y si amamos estremecidos aquellas desplomaduras gloriosas, es porque de todas ellas, el Caído, recuperó la vertical del cielo. Ha sido el Padre Diego de Jesús, en su notable libro Mito, plegaria y misterio,el que nos recordó un texto de Lewis, según el cual, “Dios es más que un dios; no menos”. Y comentándolo acota: “el majestuoso Logos eterno, al ingresar a nuestro opaco mundo fáctico, lo hace sin dejar colgada su divinidad en el perchero del zaguán trinitario”. Los intérpretes de esta renuncia petrina como el triunfo de la relativización del Pontificado,de la kénosis del vicario para que sólo quede la guía de Jesús, parecería que quieren dejar colgada la irrepetible y singularísima y exigente majestad de la vicaría en algún perchero sin brillo de los despachos vaticanos.

Lo estratégico por encima de lo sobrenatural

         En el otro campo se mueven las conjeturas de quienes ven tras la renuncia una cuidada  estrategia  ajedrecística para asegurar la continuidad de “la misma línea”, pero en manos de un joven y vigoroso timonel. Estamos escuchando demasiado esta especie, con tanto desagrado como la de los apologistas de la responsabilidad petrina reducida no más que a la de ese hombre que cruza la calle, del que hablara Merleau Ponty.

         Haría falta la capacidad y la ciencia de Malachi Martin para descifrar esta segunda clave de la renuncia pontificia. Y aunque las novelas del célebre irlandés poseen entramados auténticos y veraces, aquí la crasa realidad sobrepuja cualquier legítima figura literaria. A fe nuestra hemos de sostener que no vemos en la personalidad del Papa Benedicto XVI ningún rasgo dominante que lo acerque al perfil de un diestro maniobrador de poderes. Antes bien, sus fragilidades y defectos, con repercusiones incluso en el delicado terreno de la integridad doctrinal, más resultan ser la consecuencia de una inhabilidad para el gobierno, que de una destreza para hacerse continuar. Se lo ve tan honorablemente ajeno a la problemática del poder, diría Guardini, como puede estarlo un hombre de contemplación y de seriedad en el estudio.

         Pero aún así, y si fuera cierta esta maniobra sucesoria tramada con un puñado de seguidores, el Santo Padre no puede ignorar que su retiro desata entonces algunos de los demonios de la democratización de la Iglesia, convirtiendo un sitial tradicionalmente monárquico en un puesto sujeto al voto arreglado. Una especie de fraude patriótico, reemplazando los atrios de Balvanera o Pompeya por los corrillos de Roma, de donde nunca se dijo que el humo de Satán se retirara. No queremos que suba Pío XIII por haber ganado las internas, tras estudiada táctica de Ratzinger. Queremos que El Espíritu Santo impere, sane, salve y vivifique.

         Algunos entendidos, que no es nuestro caso,han hecho notar que uno es el poder del orden y otro el poder de jurisdicción; y que si el ordinis potestas fuera indeleble, y por tanto inabdicable, como todo lo indica, tendríamos, tras el próximo cónclave, el caso potencialmente anómalo de un doble pontificado virtual. Si el sucesor de Benedicto lo hereda espiritualmente, será una cosa. Si lo contraría, la bicefalidad se hará notoria, siquiera por tácito contraste. Otra vez los interrogantes nos asaltan: ¿Era necesario, en medio de tamaña crisis eclesial, como pocas veces grave y confusa, someter a la Esposa y a sus hijos a tamaño estremecimiento? ¿O es que el verdadero nombre de la crisis -y ahora se nos revela- es el estremecimiento de la Esposa, que no puede evitar siquiera su Pastor Universal? ¿O es que el otro nombre de la crisis, no menos intranquilizante, es que, a fuer de habituamiento, los bautizados crean que ella no existe y que sólo es un exageración de algunos tradicionalistas?

No ha dicho aún las últimas palabras

         Conocido y útil es el principio que nos dice: interius non iudicat Ecclesia. Nadie sino Dios puede saber y pesar con justicia lo que acontece en el alma atribulada del Cardenal Ratzinger. Que se bajó de la Cruz, no podría decirse sin liviandad manifiesta. Su cuerpo y su alma, hace largo tiempo, que semejan la convexidad y la concavidad del Leño. Pero que la llevó hasta el final, tampoco podríamos decirlo; entre otras cosas, porque aún no ha sucedido ese final.

         En efecto,mientras trazamos estas líneas, el Papa sigue hablando como tal; y parece querer decirnos cosas que antes no había dicho. El 14 de febrero, en el Aula Paulo VI, improvisó una jugosísima charla ante el clero de Roma, cuyo núcleo central fue el Concilio Vaticano II. Daría la misma para un análisis aparte, si estuviéramos en condiciones de hacerlo. Porque, por un lado, describió y ratificó su entusiasmo puesto desde el principio en aquella discutida asamblea. Entusiasmo provocado por objetables razones, digamos de paso. Por otro, desenmascaró valientemente la maniobra periodística iniciada conjuntamente con el Concilio para desnaturalizarlo y tergiversarlo, hasta el punto de que “el Concilio virtual era más fuerte que el Concilio real”. Pero a modo de corolario, selló sus palabras diciendo: “Me parece que después de cincuenta años, vemos cómo este Concilio virtual se rompe, se pierde y aparece el Concilio auténtico, con toda su fuerza espiritual”.

         Es difícil ver los bienes que se han seguido de esta supuesta irrupción del Concilio auténtico, cuando es el mismo Papa el que se despide retratando con agobio que la la cizaña ocupa mayor lugar que el trigo dentro de la Iglesia. Y cuando con una lucidez llamativa reconoce ésto, que no debemos perder de vista como objeto de reflexión: “En retrospectiva, creo que fue muy bueno comenzar por la liturgia [en el Concilio]. Así se mostraba la primacía de Dios, la primacía de la adoración [...]. Luego estaban los principios: la inteligibilidad, para no estar encerrados en un idioma que no se conoce y no se habla; y la participación activa. Por desgracia, estos principios a veces se malinterpretaron. La inteligibilidad no quiere decir trivialidad, ya que los grandes textos de la liturgia - aún cuando estén, gracias a Dios, en la lengua materna - no son fácilmente inteligibles; necesitan una formación permanente del cristiano para que crezca y entre más profundamente en el misterio, y así pueda entender”. 

         Si el sucesor recoge este breve programa: no al falso participacionismo litúrgico y a la trivialización de la inteligibilidad mistérica, no será en balde su legado. Pero si esto se pensó desde siempre, ¿por qué no se fue más categórico para impedir el conjunto de “calamidades, problemas y miserias”, como llama el mismo Santo Padre en su coloquio,a los efectos de ese predominio del “Concilio virtual”? ¿Por qué no se tiene en cuenta la posibilidad de que tales males no hayan sido sólo ni principalmente causados por los medios distorsionadores, sino por algunos de los mismos padres conciliares y del apartamiento de la ortodoxia?


Te acordarás del Viento ingobernable

         Lo que juzgamos aquí, con amor filial y respeto de súbditos, son hechos; tomando la palabra juicio, principalmente en su acepción lógica. Y ese enjuiciamiento lógico de lo que sucede nos embarga de inquietud y de perplejidad.  Hubiéramos anhelado que ciertos y valiosos pasos que se dieron bajo el pontificado de Benedicto XVI para hacer respetar la Tradición, hubieran sido completados y conducidos a su plenitud. Hubiéramos deseado, simétricamente, que aquellos otros pasos vacilantes o erráticos o desencaminados, se revirtieran definitivamente. Sobre todo, porque no fueron leves esos pasos torcidos, y un fruto al menos de los mismos hoy se torna patente.  Pues es muy raro que la renuncia de un Papa sea más llorada en el Estado de Israel que entre el clero católico. Ahora sólo queda confiar en el Paráclito. Confiar y rezar intensamente; y pedir perdón por nuestros pecados, sin excluir el que podría constituir el no haber hecho lo suficiente para que las fuerzas del Pontífice no llegaran a esta extenuación.

         A falta de mejores acentos, golpeados por la tristeza doblemente cuaresmal del momento, nos alimenta en algo la esperanza, el canto dedicado a Pedro del inolvidable fraile Antonio Vallejo:

“No siempre navegaba
según su arbitrio:alguna vez, un viento
de incierto origen y de humor venático,
lo arrastró a imprevisible derrotero[...].
Siendo viejo,
a punto, ya, de coronar la suma
autoridad con el honor supremo,
se acordará del Viento ingobernable[...].

Lo sentirá cimbrar; y oirá un revuelo
de águilas y de togas; y la infame
algazara del circo.En el recuerdo
adorable, también oirá, concreta,
clara, la obscura frase del Maestro:

-En verdad, en verdad te digo,Cefas:
cuando más joven, eras tu muy dueño
de ceñirte y de andar por dondequiera;
extenderás, un día, siendo viejo,
tu diestra y tu siniestra;
y otro, no tú, te habrá ceñido y puesto
donde tú no quisieras.”

         Dios le dé a Benedicto, “siendo viejo”, y a su sucesor,siendo quien fuere, la gracia de no desertar del Viento, ni del Duc in altum, ni de la pesca milagrosa. La gracia de no ser dueño de “andar por donde quiera”, sino de preferir la diestra y la siniestra ceñidas al Madero, para salvar con sangre el honor de la Verdad.

viernes, 15 de febrero de 2013

EL BIEN COMÚN




Por Ricardo Díaz


   El Bien Común, es uno de los principios a los que habrá que volver si es que realmente queremos ser un país digno.

   Podemos definir el Bien Común como  la suma de los bienes materiales y espirituales que, alcanzados con la cooperación del conjunto y puestos a disposición de todos, permiten el logro de la felicidad y el desarrollo integral de cada uno de los miembros y del grupo que integran.

   Es decir, el Bien Común no es sólo la existencia de bienes, sino también y principalmente, la posibilidad real que tengan todos los miembros de la comunidad de acceder a ellos. Sólo podemos considerar auténticamente como Bien Común lo que es gozado por todos.
  
   La lucha para lograr el Bien Común es una obligación de todos los ciudadanos. Todos sabemos bien que al vivir en sociedad nos beneficiamos con los frutos del esfuerzo material y espiritual de los demás, y por lo tanto no podemos desconocer que nuestro propio trabajo es necesario para el bien de otros; no hacerlo así es caer en un egoísmo que lleva a romper la cadena de esfuerzos en procura del Bien Común.
  
   El Bien Común exige la prudencia de parte de cada uno y más aún de aquellos que ejercen la autoridad.  El Bien Común es la razón misma de ser de los poderes públicos. Corresponde a la autoridad facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente digna, una vida segura.
  
   En el siglo XIX, el Papa León XIII decía que “El Bien Común es delante de Dios y de la sociedad humana, la primera y última ley”.
  
   Ahora bien, si nuestros gobiernos, por ignorancia ó por complicidad, no van a reparar en todos estos principios que hemos enumerado, ¿qué podemos esperar, tanto del presente como del futuro?
  
   Si sólo transcurren, estos gobiernos, en disputas internas, intereses particulares, ambiciones desmedidas y egoísmos descontrolados, ¿dónde terminaremos?
  
   Si no rompemos con la Usura Internacional y la corrupción nacional; los enriquecimientos ilícitos avalados por jueces corruptos; las componendas políticas y la coima institucionalizada, no habrá Bien Común, sólo habrá bienes particulares materiales para los gobernantes de turno.
  
   Para que se vuelva a tener como fin el Bien Común, tendremos todos que volver a los principios aquí mencionados y actuar en consecuencia. Lo contrario será seguir por la pendiente, como hasta ahora, sin encontrar el rumbo.
  
   Por las cosas que están sucediendo actualmente en nuestra patria, pareciera que no se va a reaccionar hasta que toquemos fondo. En ese caso sólo Dios nos va a poder ayudar, siempre y cuando lo merezcamos; y para merecerlo tendríamos que ponernos ya a rezar y actuar en consecuencia.-