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sábado, 20 de julio de 2013

OPINIÓN: DÍA DEL AMIGO, 20 DE JULIO



Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón


El 20 de julio se conmemora el día del amigo. Lo recordábamos en una reunión de varios, mientras tomábamos mate. Uno se acordó de Atahualpa, que había definido: el amigo es uno mismo en el cuero de otro. Se agregó que ese concepto no es original de Atahualpa, sino que nos viene de Aristóteles; lo que de ningún modo es un reproche a don Ata sino un elogio, porque hace muy bien el poeta al transmitirnos conceptos de la tradición griega, tradición conservada por la cristiandad y que es legítima herencia del pueblo criollo.

Una señora hizo el elogio del festejo desde el punto de vista de que no es un invento del comercio con el palmario propósito de aumentar sus ventas, no: el día del amigo tiene fecha fija, el 20 de julio, y no está dependiendo de los sueldos recién cobrados ni de fomentar la salida de los productos que se van quedando viejos sin salir de las estanterías (o de las góndolas) ni especula con las vacaciones escolares; lo han instaurado los norteamericanos en recuerdo del primer viaje a la Luna, la constante y fiel amiga de la Tierra; amiga consecuente, invariable, perseverante; excelente ejemplo de amistad.

Otro de la rueda se entusiasmó con este concepto; no sabía que la inspiradora del festejo era la amistad de la Tierra con su compañera Luna; agregó que entonces lo que debiera conmemorar el  día no era al amigo, sino más bien al amor, pues la Luna es la eterna enamorada de la Tierra, como lo muestra manteniéndose siempre en su entorno y mostrándole invariablemente la misma cara, como si estuviera embobada en su contemplación, deleitándose de su perpetua compañía.

Entonces la viejita que nos cebaba mate intervino para sujetar esa expansión del entusiasmo.

No – dijo – La Luna no es el amor sino sólo la amistad. Una característica inseparable del amor es la de ser productivo, la de fructificar. ¿Cómo va a ser amor una compañía que nunca se multiplica en hijos? El amor, verdadero amor, da frutos. Las otras relaciones pueden ser muy placenteras, muy gustosas, muy deleitables, pero no son amor, lo que se dice amor, verdadero amor.

Todos los presentes asentimos. No se había incorporado a la rueda ninguno de los que llaman amor a cualquier relación pecaminosa.



DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN

jorgeloboaragon@hotmail.com

jorgeloboaragon@gmail.com

lunes, 14 de enero de 2013

DR. JORGE LOBO ARAGÓN CONTRA LAS MAFIAS: “ESTA ES UNA LUCHA QUE HAY QUE LIBRAR Y NO TENGO MIEDO”.



El letrado tucumano afirmó que no se dejará intimidar y que siente desprotección ante la falta de respuesta de las autoridades.

Los puntos
Las denuncias formuladas por el abogado Jorge Lobo Aragón le valieron amenazas telefónicas en su estudio
El letrado tiene más de 800 publicaciones, nacionales e internacionales sobre organizaciones delictivas mafiosas en la provincia
Lobo Aragón le pedirá a Susana Trimarco que lo apoye en la presentación de un proyecto para combatir a las mafias en Tucumán

En base a la denuncia presentada por el letrado Jorge Lobo Aragón por amenazas en la fiscalía de turno, consta que las mismas fueron por teléfono y anónimas. El abogado dialogó con El Tribuno (de Tucumán) y explicó que siguen en diversas manifestaciones. “Son amenazas constantes paulatinas a través del tiempo, no sólo he recibido amenazas por teléfono en las que me decían que si seguía haciendo publicaciones iba a ser boleta, hay que sumarle que cada vez que salgo hay un remis de la flota de estos personajes de los cuales yo hablo, que me siguen hasta mi domicilio haciéndome señas de luces y demás. Que es una forma de intimidar”.
Se le consultó si radicó alguna denuncia sobre este accionar. “Los remises de acuerdo a la ley no deben tener identificaciones. Cinco estrellas va en contravención de la ley, muchos de ellos ni siquiera tienen patente, justamente es una manera de decir ‘somos nosotros, no nos hagan nada’, con lo cual la policía, la municipalidad, los inspectores de tránsito le tienen miedo. Cuando se produce un choque sabemos que de pronto llegan cinco, diez o quince móviles al lugar del hecho con una actitud de amedrentamiento”.
El enfrentamiento con los Ale es de larga data con el abogado, desde los comienzos de los años noventa cuando era Juez de Instrucción. “Después de haber sido Juez y Fiscal, y de haberles dictado prisión preventiva, ya en el ejercicio de la profesión han sido casi permanentes (las amenazas) en mi estudio hemos sufrido una balacera, detonación de explosivos de gran tamaño. Yo le dicté la prisión preventiva a Adolfo Angel Ale, Rubén Ale, Said Ale, que es el padre y con orden de captura a miembros de su familia, como así también a los que en ese momento se llamaban el comando Atila, que eran parapolicías en un sonado caso del crimen del oficial Salinas”.
Lobo Aragón recuerda y comparte una experiencia anecdótica. “En esa época a raíz de las amenazas, como juez de instrucción tuve que dictar la prisión preventiva de oficio desde un hotel fuera de la ciudad pagado por la Corte, rodeado de policías y no en tribunales. O sea, que en ese entonces los Ale ya intimidaban y obligaban a que un juez salga de la esfera de tribunales para dictar una prisión preventiva. Algo inusual, inusitado y único”.

Una aliada contra las mafias
PEDIRÁ A TRIMARCO HACER UN PROYECTO EN CONJUNTO
El abogado Lobo Aragón quiere sumar a la madre de Marita Verón.
“En cuanto a las causas de Ale, en cualquier momento voy a hablar con Susana Trimarco para que solicitemos que a todas las causas que se encuentren en tribunales se les hagan auditorías, para que la Corte Suprema a través de la Superintendencia especifique en forma puntual cuál es el trámite que tienen. De todas las causas que hay en la provincia y que la sociedad se de cuenta de la lentitud de la justicia y de la impunidad con la que se manejan estos personajes en la justicia. En donde se le tiene permanentemente miedo”.
Lobo Aragón tiene una amplia experiencia en el manejo del tema mafias. Con más de ochocientas publicaciones en su haber, que siguen creciendo, el letrado recibió el apoyo de organizaciones del país y del exterior. “A raíz de las publicaciones que he hecho, soy del club de prensa a nivel nacional, con lo cual me han llegado adhesiones de solidaridad, no solamente a nivel nacional, sino también internacional de España, Perú y demás países. Pero lo más gracioso es que he puesto en conocimiento de la Fiscalía de turno de Feria, he puesto en conocimiento al Ministerio de Seguridad Ciudadana, del Colegio de Abogados, de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia hace más de dos días y no tuve ni siquiera un llamado telefónico. La falta de seguridad, contención y respuesta de la justicia realmente da que pensar”.
En cuanto a las causas, afirma que “tengo cinco querellas en contra de los Ale, no sólo en contra de Ángel y de Rubén Ale, sino también de su hijo”, expresó el abogado.

Fuente: Diario El Tribuno de Tucumán - 11/1/2013

martes, 30 de agosto de 2011

CARTA ABIERTA A UN HIJO




Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón (*)

Queridos hijos:

Ahora que los veo pasar de niños a hombres y mujeres  quiero hablarles de cómo cambiarán sus vidas. Quiero hablarles de sus nuevas realidades: aquellas en las que el bueno no triunfa siempre y la guerra en la televisión es noticia, no película.

Quiero prepararlos para las nuevas sensaciones que vienen con la edad, para el dolor y la alegría que ocasiona un gran amor, para las satisfacciones que genera una amistad verdadera y la tristeza tan profunda que deja la traición.

Quiero enseñarles a enfrentar los problemas con juicio, con firmeza y sin temor.

 Quiero que comprendan que a pesar de la corrupción social, económica y política que vivimos a diario, todo en la vida es factible, cambiable, fácil de resolver y manejable por métodos honestos.

Voy a ponerles a su disposición las herramientas necesarias para formar sus personalidades, para elaborar su futuro, para fortalecer su carácter.

Con ellas descubrirás que para ser un hombre o una mujer sana deberán ejercitar su cuerpo, nutrir su intelecto, apoyarse en la religión, ayudar a su prójimo, obedecer las leyes, luchar por sus ideas y respetar las ajenas.

También reconocerás las oportunidades y sabrán aprovecharlas, sin perjudicar a los demás ni abusar de los incautos.

Quiero, por sobre todo, que aprendan a decidir por si mismo y a aceptar responsabilidades por sus acciones, para que nunca se lamenten de haber permitido que otros forjaran sus destinos, para que nunca miren hacia atrás con nostalgia por lo que pudo haber sido, sino que siempre se sientan plenamente satisfecho por lo que fue.

Yo alabaré sus triunfos y sufriré con ustedes sus desventuras. Seré cómplice de sus logros y sus fracasos y en lo bueno y en lo malo seré incondicional con ustedes.

Aprenderán que no están solos en este mundo; que son parte importantísima de un núcleo familiar y social que  se extiende a medida que se relacionan con su medio; que mientras más grande sea su círculo social, más se enriquecerá sus vidas pero mayores también serán sus responsabilidades morales con todo el que los rodea.

Por ello deberán reflexionar siempre antes de actuar, para poder calibrar con certeza las consecuencias de sus actos y su potencial efecto sobre aquellos que los quieren.

Quiero enseñarles, hijos míos, que pueden ser buenos sin que abusen de ustedes; que se puede ser valiente sin arriesgar inútilmente la vida; que no serán menos hombre o mujer porque lloren o sientan miedo o les sean fieles a su pareja; que vale más la pena ganarse el respeto de un enemigo que la adulación de un amigo; que se puede ser justo sin ser implacable, discreto sin ser retraído, religioso sin ser fanático.

Sé muy bien que el camino del adolescente es difícil de transitar. Lo sé porque lo he recorrido y logré llegar airoso al otro lado.

Por eso les digo que le tengan respeto pero no les teman, porque llevan consigo una prenda de incalculable valor: cuentan con el apoyo incondicional de su padre. En todo y para siempre.

Su Padre.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo del Dr. Jorge B. Lobo Aragón por gentileza de su autor.

jueves, 28 de julio de 2011

OBEDIENCIA DEBIDA


Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón
No conozco los códigos de justicia militar ni lo que en la práctica se disponga para procurar que las órdenes de un jefe sean fielmente acatadas por sus subordinados, como es imprescindible en las tareas de ellos. Para servir a la patria se requiere subordinación y valor. Es lógico. Aunque, en principio, estoy en contra de la obediencia debida.
Entiendo que se exagera. El militar puede desobedecer lo que le parezca impropio para el servicio de la patria. De hecho, los militares levantan como paradigma de conducta la figura del General San Martín, de quien se recuerda, y se celebra, una célebre desobediencia. Fue una desobediencia debida. Cuando San Martín en Chile preparaba la campaña del Perú, se le ordenó volver con sus tropas para sofocar la rebeldía de los caudillos federales de las provincias; y el general no acató la orden. Dejó ejemplo de que el militar puede, y debe, desobedecer la orden recibida si con ello se hace un mejor servicio a la patria.
Aldo Rico alguna vez explicó que no hay tal obediencia debida que obligue a los militares a actuar contra su conciencia. Los que emplearon la violencia no lo hicieron contra su voluntad, por una imperiosa y ciega obediencia, sino pensando que así cumplían con su deber. El militar tiene la obligación de emplear hasta la máxima violencia para vencer al enemigo. ¿Se quiere algo más espantoso y aterrante que matar a un prójimo de sangre y hueso?  Y el militar debe hacerlo porque esa es su función. Por eso es que se considera tan digna y honorable la carrera militar, por tratarse de hombres que superan sus humanas limitaciones en busca del bien general, del bien de la patria. De modo que el militar que ha hecho lo que más espantoso nos resulta, matar a otro hombre, no lo ha hecho por una ciega obligación mecánica de acatar lo que un superior le ordena, por una obediencia debida, sino por una vocación de franquear sus propias barreras humanas, de imponerse sobre sus melindres, de superar los dictados de su fuero interno en aras de la patria. Por eso muchas veces se ha relacionado la milicia con la nobleza.
Los militares que han matado a subversivos no han acatado una obediencia debida sino que han cumplido con el deber que les imponía su estado militar, la forma de servicio asumida por ellos.
Sabemos que se han hecho barbaridades y que se han cometido equivocaciones. Los militares no han estado obligados a cometer barbaridades, y las equivocaciones son equivocaciones, no la consecuencia de una orden. En todo caso si estaba equivocado el que daba la orden otro la cumplía interpretando que era su deber, no que esté obligado a obedecer todo lo que se le mande.
 Se ha matado guerrilleros y se han mantenido en secreto sus nombres; nos parece una violencia inicua y abusiva no entregar los cuerpos para que sus deudos los velen y sepulten. Sin embargo se dijo que esto se debió a la necesidad de que el enemigo, al no conocer sus bajas, los siguiera dando por vivos. Puede ser. Seguramente se ha exagerado con mantener ese secreto, pero no ha sido un secreto por pura obediencia sino que, en alguna medida, tuvo un fin militar.
Soy un abogado enamorado de mi quehacer. Creo que uno de los grandes logros históricos del derecho ha sido la abolición de la tortura. Antes se torturaba por orden de los jueces y bajo su supervisión, para obtener confesiones abreviando el trámite de la investigación. El primer país que rechazó las confesiones logradas bajo tormento fue el reino de Aragón. De ahí viene el refrán: niega que negarás, que en Aragón estás, pues no podía torturarse al reo; en otras partes la pertinaz negación implicaba graves consecuencias. Aunque, después de siglos de abolida, se sabe que a veces se la aplica, y no los jueces a la luz del día sino personal subalterno como única forma de conseguir información que se considera valiosa. En la guerra contra la subversión se la ha aplicado en muchos casos, procedimiento que condeno con energía. Condeno la tortura, aunque reconozco que el estado de Israel, moderno y democrático, la incluye entre sus instituciones legales. ¿Será porque allí se vive una paz precaria, una paz con sobresaltos guerrilleros?  Igual la condeno, pero reconociendo que soy un abogado y un padre de familia argentino; si fuera israelí, viviera allá y tuviera que mantener la seguridad de un pueblo, quizás no la condenaría con tanta facilidad.
¿Que las torturas que se han aplicado aquí no han tenido sólo el objeto de obtener información sino que en muchos casos se ha obrado con perversidad, con saña, con maldad propia de desalmados?  Aunque no me conste, creo que es así. Y los que procedieron de esa manera no pueden tener ninguna obediencia que los exima de sus culpas. También se sabe, o por lo menos se sospecha, de casos en que las fuerzas de represión cometieron saqueos. Pruebas no tengo, pero en su momento se dijo que una delegación de la policía federal que actuaba aquí fue despachada de vuelta debido a que sus miembros procedían con ánimo de pillaje, como salteadores; los reemplazaron gendarmes que habrían tenido, al parecer, mejor conducta. Ninguna obediencia puede justificar estas conductas y a los saqueadores, en el caso de ser aprehendidos, debiera aplicárseles todo el rigor de la ley. Nadie puede justificar que se hayan cometido depredaciones y latrocinios en nombre del orden ni justificados por una irracional obediencia ciega.

martes, 19 de julio de 2011

DÍA DEL AMIGO



Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón

El 20 de julio se conmemora el día del amigo. Lo recordábamos en una reunión de varios, mientras tomábamos mate. Uno se acordó de Atahualpa, que había definido: el amigo es uno mismo en el cuero de otro. Se agregó que ese concepto no es original de Atahualpa, sino que nos viene de Aristóteles; lo que de ningún modo es un reproche a don Ata sino un elogio, porque hace muy bien el poeta al transmitirnos conceptos de la tradición griega, tradición conservada por la cristiandad y que es legítima herencia del pueblo criollo.

Una señora hizo el elogio del festejo desde el punto de vista de que no es un invento del comercio con el palmario propósito de aumentar sus ventas, NO: el día del amigo tiene fecha fija, el 20 de julio, y no está dependiendo de los sueldos recién cobrados ni de fomentar la salida de los productos que se van quedando viejos sin salir de las estanterías (o de las góndolas) ni especula con las vacaciones escolares; o la falta de nafta, lo han instaurado los norteamericanos en recuerdo del primer viaje a la Luna, la constante y fiel amiga de la Tierra; amiga consecuente, invariable, perseverante; excelente ejemplo de amistad.

Otro de la rueda se entusiasmó con este concepto; no sabía que la inspiradora del festejo era la amistad de la Tierra con su compañera Luna; agregó que entonces lo que debiera conmemorar el  día no era al amigo, sino más bien al amor, pues la Luna es la eterna enamorada de la Tierra, como lo muestra manteniéndose siempre en su entorno y mostrándole invariablemente la misma cara, como si estuviera embobada en su contemplación, deleitándose de su perpetua compañía.

Entonces la viejita que nos cebaba mate intervino para sujetar esa expansión del entusiasmo.

No – dijo – La Luna no es el amor sino sólo la amistad. Una característica inseparable del amor es la de ser productivo, la de fructificar. ¿Cómo va a ser amor una compañía que nunca se multiplica en hijos?  El amor, verdadero amor, da frutos. Las otras relaciones pueden ser muy placenteras, muy gustosas, muy deleitables, pero no son amor, lo que se dice amor, verdadero amor.

Todos los presentes asentimos. No se había incorporado a la rueda ninguno de los que llaman amor a cualquier relación pecaminosa.

miércoles, 29 de junio de 2011

LA FAMILIA


Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón

Leemos en la Biblia que habían sido creados ya el agua y el fuego, la roca, el árbol. Todos los animales de la tierra, del aire y del mar. La creación, sin embargo, estaba incompleta, era como una bien preparada casa que espera a su señor. Fue finalmente creado Adán, a quien habían de servir todas las creaturas. Pero tampoco quedaba así completa la creación. Estaba el hombre, pero faltaba la mujer. Estaba el hombre, pero faltaba lo que daría sentido a su vida. Estaba el hombre, pero sólo medio hombre. Estaba casi todo pero faltaba todo, porque faltaba el amor. El agua y el fuego y el árbol y los animales no sólo iban a satisfacer las necesidades físicas del hombre, sino que estaban llamados a dar belleza y armonía para un mejor entendimiento del amor. Y entonces, cuando al amor del hombre y de la mujer llegó, estuvo completa la creación. Con las mujeres, entró el amor en la tierra. Ellas han inaugurado el amor.
Hoy el mundo entero clama por la vigencia del amor, porque las naciones del mundo se han acercado y tienen necesidad de entenderse, de dialogar. Pero no puede haber amor en el mundo, no puede haber amor en la sociedad si no hay amor en la familia. Todas las comunidades necesitan amor, pero sólo la familia tiene un sacramento para elaborar el amor. Y esto será así hoy,  y en año 2015, y siempre.
San Juan Crisóstomo llama a la familia pequeña iglesia, porque toda familia cristiana es una comunidad de fe y de amor, el primer ambiente social, el primer ambiente eclesial.
Visto así, qué absurdo resulta ese razonamiento de algunos padres que dejan a los hijos crecer sin darles ninguna religión, para que llegados a adultos elijan la fe que han de abrazar. Ya es tarde, tardísimo. A nadie puede decírsele: “crezca m’hijito, conozca la vida, guste el mal y el bien, examine, siente, experimente, arrástrese por el barro y también suba a las alturas y entonces, cuando haya probado todo, va a poder elegir con conocimiento de causa”. ¿Por qué esto es absurdo? Porque la fe no es una escuela filosófica ni una concepción política de la vida, que puede tomarse, dejarse, cambiarse por otro sistema igualmente verdadero. No. La fe es una vida vivida minuto a minuto, día por día, bebida en la familia. En el seno de una familia cristiana, imperfecta, por supuesto, frágil como todas las cosas humanas, pero que tiene la constante preocupación de vivir en Dios; que procura, que lucha, que trabaja por vivir en Dios. Aunque en esa familia hubiese pecados, y hasta pecados graves, pecados que la misma familia repudie y trate de enmendar.
Por eso, porque la familia es tan importante y tan sagrada, necesita de un sacramento que la proteja. Un sacramento, que es prolongación de la vida de Jesús. El matrimonio es el único sacramento que tiene como materia al ser humano: el bautismo tiene el agua, la eucaristía el pan, la santa unción el óleo. El matrimonio a los esposos. Por eso, a los largo de la vida, cada vez que marido y mujer ponen esa metria que son ellos mismos en buenas condiciones, libre de pecado, renuevan el sacramento, se entregan gracias sacramentales. Por eso se dice que es un sacramento permanente: es Jesucristo viviendo entre marido y mujer, y para que siga viviendo sólo hace falta el sí de aceptación, la renovación de ese sí que se pronunció en el altar el día del casamiento. El sí del amor en la tolerancia, en la comprensión, en la indulgencia, en el olvido de uno mismo, en la capacidad de perdonar. El día que no quiere pronunciarse ese sí, todo se terminó. Se han desconectado, no circula más la corriente de gracia. Está Jesús ahí entre los dos, porque Jesús no abandona, pero son marido y mujer los que lo han dejado de lado. Le han dado la espalda.
Los seres humanos nos diferenciamos de los animales en que podemos conocer el bien, en abstracto. Los animales conocen esta agua buena o este pasto bueno, pero a nosotros nos es dado comprender lo que nos conduce a Dios, incluso males aparentes. El problema no está en las dificultades sino en cómo reaccionamos frente a las dificultades. Jesús no nos prometió evitarnos la cruz: nos prometió que tendríamos fuerzas para llevarla. No está en nosotros evitar el dolor, pero con la ayuda de Dios podemos evitar que nos amargue y nos derrumbe.
La institución matrimonial necesita protección, exige protección porque es muy importante. Cómo será de importante la familia que de los 33 años que tenía Jesús para realizar su misión sobre la tierra, eligió vivir 30 años en familia.
En estos tiempos nuestros se está abriendo camino, en forma insidiosa, la idea de que la familia como institución debe ya desaparecer, que el amor debe nacer, crecer y vivir libremente, sin leyes que lo condicionen. Que lo realmente válido es la relación de pareja sin papeles entrometidos en algo tan privado como es el amor. Esto lo oímos a cada rato en la televisión, en las declaraciones de muchos actores, en las revistas, en diversos sectores de la sociedad. Todos sabemos que en la vida hay choques, crisis, dificultades, desfallecimientos. Entonces hace falta, en bien de la sociedad, la fuerza de una ley exterior que proteja al amor, y esto no es una imposición, como no es una imposición cubrir al que tiene frío: es atender su necesidad. El juramento que une a marido y mujer hasta la muerte protege no sólo a la pareja, protege a la sociedad. No es cuestión de decir: “es cierto que he dado mi palabra ante el altar, pero me he enamorado de otro, y entonces voy a tener que quebrantar esa promesa”, porque con este argumento se lesiona toda la estructura moral y hasta el orden internacional, puesto que en todos los planos de la vida en un mundo civilizado, la palabra empeñada debe ser un compromiso sagrado.
El  dado frente al altar no significa aceptar una atadura, sino que es el compromiso de quererse sin dejar de luchar por esto jamás; no es condena a mantenerse al lado del otro cuando la vida juntos ha perdido atractivos, sino determinación de ingeniárselas para que la vida unidos sea atractiva siempre. La armonía es una tarea que se emprende se continúa se cultiva y se trabaja. Poco a poco se va aprendiendo a ser casados, cuidando la convivencia, protegiéndola de peligros, vigilando cada día. Haciendo el aprendizaje de estar unidos.
Hablar de unidad matrimonial no quiere decir sacrificio de la propia personalidad. No es matrimonio ideal el que dice “nunca tenemos ni un sí ni un no entre nosotros”. Esto es como tener un espejo delante de uno. Y eso no enriquece. No enriquece ser la sombra del otro; hay que recordar que se han casado por ser diferentes, hombre y mujer. Y hay que procurar seguir siendo distintos, diferentes porque un Dios sapientísimo los hizo así. El sexo nos marca fisiológica y psicológicamente. No es sólo nuestro cuerpo el que está sexuado sino toda nuestra personalidad.
Por eso es tan aconsejable que cada uno cultive sus talentos naturales para que haya una confrontación no belicosa, no agresiva, sino enriquecedora. Es obligación de estado cultivar los talentos que Dios nos ha dado. Y descubrir los talentos del otro. Todos somos pinceladas de la múltiple, infinita personalidad de Jesús, y esto lo descubre el amor.
Por supuesto que no es fácil. Pero Dios sólo pide lo que podemos y nos ayuda en  lo que no podemos. Caminar sobre las aguas era imposible para Pedro, pero, si Jesús lo dice, así lo hará. Es sólo cuando su confianza disminuye, frente a las olas, que, dudando, comienza a hundirse. Nosotros tenemos que pedir fuerzas y tener confianza.
El verdadero amor nunca es ciego; parece, pero en realidad es indulgente con los defectos del otro, y hasta podría decirse que ama los defectos del otro. Suele decirse que no amamos las cualidades sino que las admiramos, y lo que amamos son los defectos. En realidad no los amamos, sino que nos parecen perfectamente tolerables. Un marido decía con mucha razón: mi matrimonio comenzó cuando no amé más a mi mujer sólo porque me gustaba ella, sino porque es mi mujer”. Poder decir desde el fondo del alma: “te quiero porque eres mi marido, te quiero tal como eres, aunque seas menos de lo que yo pensaba, aunque no seas como yo quisiera que fueses”.
El darse cuenta de que el amor es sobre todo donación, nos hace capaces de comprender que el sentimiento puede estar o no estar, pero eso no exime de amar siempre al otro, de hacer siempre la propia parte aún cuando no hubiere correspondencia a ese amor. ¿Que esto es difícil? ¡Claro! Es heroico. Y para el heroísmo estamos llamados los cristianos. Qué error el de suponer que porque un matrimonio ande flojo, o se haya enfriado, o se haya desunido, haya derecho a abandonarlo. No. ¡Entonces es cuando hay que amarlo más! Hay que amar ese hogar, el propio, con sus defectos, con su atmósfera gris y melancólica, amarlo y dedicarse a cuidar esa lama tan débil que siempre está por apagarse. Si un hogar armonioso necesita un corazón cálido, un hogar enfermo precisa un amor ardiente. No se puede renunciar. Y, en último caso, cuando el marido no puede ser considerado como condición para la propia felicidad, podrá ser considerado como condición para la propia salvación. Tendrán que dar cuenta, uno del otro, ante Dios.
La armonía familiar es una victoria. Aún en los casos en que pareciera haber un milagroso acuerdo entre todos, en el fondo hay un esfuerzo constante de adaptación, una vigilancia diaria para que mis aristas, las costados de mi personalidad imperfecta, no choquen con las aristas del otro. La unión es siempre fruto del esfuerzo. Esa unión que se funda en el amor, en la disponibilidad, en el servicio, en la entrega; esa unidad que Jesús quiere sobre la tierra. Esa unidad que el Señor pide al Padre en su oración sacerdotal, en su última oración antes de la Pasión. Fíjense cómo será difícil para nosotros -que no la alcanzamos sino con ayuda de la gracia- que Jesús no la recomienda a sus discípulos. No les dice: “sean unidos como mi Padre y Yo para que el mundo crea”. No. Se dirige directamente al Padre y le implora: “Que todos sean uno, como Tú y Yo somos uno”... Quería que fuéramos un solo cuerpo, una misma cosa. Pensemos en un herido, que tiene enyesado un brazo, el brazo derecho. Con toda seguridad el brazo izquierdo se esforzará por ayudar al otro, y por momentos será muy cansador, pero el brazo izquierdo seguirá empeñándose, puesto que el derecho no puede. Esto nos sirve para comprender de qué manera somos miembros de un mismo cuerpo. Así, cuando ayudamos a otro no tenemos que sentirnos santos por eso; si mi hermano no puede yo tengo que ayudarlo como se ayudaría él mismo si pudiera, como un brazo suple al otro. Así, de esa manera. Y a nuestra vez, cuando nosotros necesitemos ayuda no nos sintamos humillados. Demos gracias al hermano que nos ayuda, y sobre todo a Dios que hizo el corazón del hombre capaz de caridad.
Los padres debemos tener muy claro el respeto que nos merecen nuestros hijos. En una familia cristiana debe haber diálogo que consiste, fundamentalmente, en saber escuchar. Más todavía: el diálogo que debemos tener es el encuentro personal con Jesús en cada encuentro con los miembros de nuestra familia. Si es Jesús el que tenemos delante, si reconocemos esta realidad que aceptamos por la fe, todo lo que digamos a nuestros hijos, y lo que ellos nos digan, tiene un sentido profundo. Pero hay diálogo familiar en la medida en que hay diálogo conyugal. Solo el poder decirse todo, respetuosamente, marido y mujer, posibilita la entrega total. Y cuando se advierte de que a pesar de la delicadeza con que se señalan los errores, esto duele, se comprenderá cómo se hiere a los hijos cuando se les muestra un poco despiadadamente sus defectos. El diálogo con los hijos, sobre todo con los adolescentes y los jóvenes, debe ser sumamente cuidadoso, sincero, afectuoso y constructivo. No debemos tratar de imponer una forma, sino de poner a su servicio la propia experiencia. Cuando dialoguemos con nuestros hijos y nos resulte difícil, no nos escandalicemos. No hay que olvidar que somos dos generaciones sólo parcialmente contemporáneas.
Según el plan de Dios, el jefe de la comunidad familiar es el hombre. No por ser más capaz, ya que no siempre es más capaz. Ni por, más inteligente ni más virtuoso. Sino porque Dios hizo así las cosas y puso al hombre como cabeza de la familia. De hecho, en la familia de Nazareth los mensajes de Dios a través del Ángel eran a San José y no a María. La jefatura del padre de familia no es soberbia, ni ser el centro, ni tomar la actitud del que manda. En el lenguaje cristiano el mayor es el que sirve, el que lava los pies, el que ama más. Es difícil. A Jesús no le resultó fácil subir al calvario y entregarse a los verdugos. En la vida hay muchas dificultades para seguir a Dios. Cuesta, y hay desfallecimientos y crisis. No les tengamos miedo a las crisis. Que en el orden de la naturaleza las crisis se resuelven solas. Las crisis de las plantas, por ejemplo, se disipan con la primavera. Pero cuando es la persona humana la que está en crisis, como es libre, libremente tiene que hacer el esfuerzo de entrar en primavera, de superar la crisis. Porque tenemos que superarlas. Tenemos que ser testigos de la alegría cristiana, que es independiente de las cosas positivas y negativas que nos pasan. ¿Acaso los mártires no iban a la arena del circo, o al cadalso, o a los tormentos, cantando?
Una de las crisis que llegan a perturbar, hoy en día, la armonía familiar, es la crisis de los valores femeninos. Hasta no hace mucho tiempo se exigía a la mujer lo que se daba en llamar virtudes propias de su sexo, y se le toleraban -diríamos que hasta se le fomentaban- ciertas fallas que para esa época eran como adornos de su personalidad. Así la mujer podía ser ignorante, y muchos opinaban que debía serlo para no empañar con el brillo de su inteligencia el brillo más o menos auténtico de los hombres de su familia. Podía ser débil, podía ser caprichosa, y hasta podía ser frívola. Hoy las cosas han cambiado diametralmente. La mujer, evidentemente, no puede seguir siendo una eterna adolescente, y su presencia en la sociedad es un hecho. En muchos sentidos, esto es muy saludable, para que la mujer ponga su sello de mujer en donde le toque actuar. Porque la mujer en la cátedra, en la profesión, en la función pública, en la política, tiene que actuar a la manera femenina, a lo mujer; es así como enriquece al mundo. Es muy importante no confundirla. Porque se la invita a ser libre y a ser auténtica y en muchos casos esto se interpreta mal. La libertad es la capacidad de poseerse, de controlarse, de dominarse a sí misma, de tener un juicio propio, de actuar sin presiones; y vemos cómo es común que la mujer interprete la libertad como el no tener frenos, y en realidad se deja usar, se deja manejar y menospreciar y hasta degradar. Entonces las vemos liberadas de todo pudor, o luchando para que se le reconozca el derecho al aborto, el derecho a matar al hijo que ha engendrado, tal vez en forma aturdida en esas fugaces relaciones a las que, también en nombre de la liberación, cree tener derecho. ¿Y la autenticidad? Se supone que es auténtico quien libera sus instintos, no se hace violencia y es espontáneo. “Soy como soy”, dicen muchas chicas, “y por lo tanto soy auténtica”. La autenticidad es otra cosa: auténtica es una persona que se propone un ideal de vida (de vida, no de pensamiento) y lucha por ser fiel a ese ideal. Lo procura con todas sus fuerzas. Es importantísimo, por eso, que la mujer retome su propia dignidad, tome conciencia de este valor que va perdiendo, para que pueda construir su vida. Los seres humanos construimos nuestras vidas, inexorablemente. Y si renunciamos a construirla, también de alguna manera la construimos, porque construimos así una vida abdicante. La vida del que renuncia a construir su vida es la vida de un renunciante.
La mujer de hoy tampoco puede ser débil, ni siquiera con esa debilidad física que hacía pensar erróneamente en una idéntica debilidad moral. Es tanto el esfuerzo que se le exige, que debe cuidar inteligentemente de su salud, y en especial de ese aspecto particularmente vulnerable de la salud femenina que son los nervios. El siglo pasado, y a principios de este siglo, el histerismo era considerado casi como una coquetería más. Era la época de los desmayos y la jaqueca por cualquier contrariedad. Después, aún cuando el histerismo había pasado de moda, las mujeres podían seguir siendo, por lo menos, nerviosas. Hoy deberían tener nervios de acero. Pero como no son de acero, y tienen la sensibilidad y las vibraciones de las cuerdas de violín, hay que controlarlos. Es muy importante, sobre todo para las madres, el cuidado del desgaste de sus nervios y el cuidado de los nervios de sus hijos. Una forma eficaz de proteger los nervios es organizarse, no dejarse dominar por las ocupaciones sino controlarlas, ser una la que maneje las propias tareas. Saber que hay cosas importantes y cosas menos importantes; saber dejar de lado lo que no fuere imprescindible. Para esto el cristiano tiene una receta válida: vivir el momento presente. Esto preserva el equilibrio. El momento que ha pasado, bien o mal hecho lo que hice, ya pasó, ya está en la economía del Señor. Y en su misericordia, porque Dios sabrá sacar algo bueno hasta de nuestras equivocaciones, si las confiamos a su misericordia. El momento que va a venir, el día de mañana, no ha llegado todavía; lo dejemos ahí para vivirlo cuando llegue. Tenemos que vivir hoy este momento que pasa. Este momento es toda nuestra vida, entonces lo vivamos a fondo, serenamente, a pleno. Es muy bueno hacer esta experiencia. Vamos a ver cómo nos ubicamos en la voluntad de Dios y, de paso, nos libramos del estrés.
Es primordialísimo que las mujeres estén atentas a qué es lo que pide el Señor: tal vez, salir a trabajar afuera, en ciertos casos, pero teniendo bien claro que quedarse en la casa, atendiendo a los hijos, no es estéril ni frustrante, y les permite realizarse plenamente. En el hogar la mujer está llamada a ser la psicóloga, la observadora, la que interpreta, la que concilia, la que aconseja, la que descubre la vocación, la que despierta un ideal, la que sostiene en la lucha, la que vela la paz, la gran aproximadora, la que da sentido a la vida que en el hogar se vive. Esta tarea doméstica toma su justo valor si pensamos en el papa Juan Pablo en su encíclica Labores exercens dice: “Será un honor para la sociedad el posibilitar que la madre se dedique a sus hijos. Y en Familiaris consortio dice que “se debe superar la mentalidad según la cual el honor de la mujer deriva más del trabajo exterior que de la actividad familiar. Pero esto exige”, dice, “que los hombres estimen y amen verdaderamente a la mujer con todo el respeto a su dignidad personal, y que la sociedad desarrolle las condiciones adecuadas para el trabajo doméstico"
Muy bien: a este ser humano diferente, la mujer, postergada durante siglos, exigida hasta los límites de sus posibilidades en los tiempos actuales, confundida por un feminismo que pretende masculinizarla, engañada sobre el verdadero concepto de su liberación; a esa mujer, así como están las cosas, a esta altura de la civilización y del progreso, la Iglesia le propone María como modelo. María, esa mujer joven, casi adolescente, que fue capaz de recibir el anuncio del Ángel con una fe dolorosa y difícil, exponiéndose al comentario de la comunidad en una época en que el quebrantamiento de la virginidad en una mujer comprometida, era castigado con la muerte a manos de esa comunidad que la lapidaba. María, esa mujer que siguió sin vacilaciones a su marido que la llevaba a Egipto, de pronto, en medio de la noche, dejándolo todo, ropa, casa, muebles, para partir a un país desconocido y extraño, a vivir no sabía cuánto tiempo.
Muy bien entonces. La mujer de hoy, haga lo que haga, ocupe el lugar que ocupe, para ser realmente mujer, mujer capaz de evangelizar con su vida, tiene que procurar vivir las riquezas de su interioridad, sin dispersarse, sin enloquecerse, sin multiplicarse inútilmente. Humilde y dócil como María, fuerte frente al dolor, alegre y abierta a la comunidad.
Tener una entrega profunda, maternal, hacia quienes la rodean. Decir a los demás, desde el fondo del alma: estoy aquí, ahora, a tu disposición. Te acepto tal cual eres. Acepto que no estés orientado todavía hacia tu perfeccionamiento. Acepto que tus defectos sigan siendo molestos, sobre todo para ti mismo. Quieres mejorar y yo quiero ayudarte en este empeño; quiero ayudarte a encontrar tu camino, porque el prestarte esta ayuda es, al fin de cuentas, mi camino. ¿Debo decirte la verdad? Sí, pero en la medida en que puedas recibirla y no te dañe. ¿Debo entregarme a ti? Sí, en cuanto eso sea bueno para ti. Esa sosegada, libre disposición en favor del otro. Esa convivencia que se asienta en Dios, que toma su fuerza de Dios, que se nutre de Dios.
Ser maternales, pero a lo grande, generosamente, abriendo el corazón a todos. También a los que no han encontrado a Dios todavía. Acogerlos en el alma. No juzgar a nadie. Ni siquiera a los que hacen el mal, o manejan la droga, o pervierten a la juventud. Ser madres también de ellos, como María, porque están confundidos, ciegos, solos, perdidos y sin Padre.

jueves, 9 de junio de 2011

INMORALIDAD Y DELITO

Sergio Shoklender y Hebe de Bonafini en Cuestion de Pesos

Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón

Que algunas inmoralidades se denuncien, se verifiquen, y que el Estado dé vuelta la cara como diciendo “nada tengo que ver con esto” es en la práctica, lo mismo que patrocinar, promover, apadrinar la inmoralidad, que queda expuesta ante la ciudadanía sin que nada la evite, la corrija ni, menos aún, la castigue.

Encontrar el modo de afianzar la moral, difundirla, prestigiarla, seguramente es difícil. Y aceptar, el mal es general, no lleva a la solución de nada. Podemos pensar que debiera principiarse por el delito, que tiene más fácil definición que la inmoralidad. Pero para luchar contra la delincuencia se precisa de una base moral. Entonces hay que comenzar por combatir la corrupción de la moral, acreditarla, esclarecerla, y recién estaremos en condiciones de encararnos con la delincuencia.

Una convención interamericana, aprobada por ley nacional, impone a los gobiernos su deber de adoptar las medidas para detectar, sancionar y erradicar la corrupción. No dice que se deba combatir el delito, pues  cae de maduro que los países aceptan la obligación de poner en vigencia su legislación, y todos tienen sus códigos penales para que se cumplan, no para adorno de bibliotecas.

Se pretende que el Estado sólo ha de investigar y sancionar conductas desviadas, procedimientos antijurídicos, prácticas delictivas. Ni se la menciona a la moral. Creo, al contrario, que si  hubiera denuncias contra el poder administrador debiera ser éste el que se apure a poner la uña para que baile el trompo, y no esperar que le acumulen pruebas de delitos y suficientemente graves  para condenar, sino que él mismo, con las herramientas que tiene en la propia administración, averigüe, investigue y sancione, reprima, corrija y escarmiente toda inmoralidad. Y entonces, si de la investigación surgiese, además, la comisión de delitos, se dé intervención, por supuesto, a la justicia para que haga lo que deba hacer.

El Estado debe aceptar su deber de comportarse con moralidad, y no sólo el de no delinquir. Y si a un administrador se le hace el favor de avisarle que en su área se cometen anormalidades, él mismo, agradeciendo al denunciante, debe buscar soluciones, no establecer requisitos ni vías judiciales para la presentación de pruebas.

En  distintas administraciones  que fueron ejemplos de corrección, se cometieron deslices. Que los presidentes se supone no conocieron, a pesar de ser responsables de la administración del Estado. Pero que, de conocer, debieron haber corregido. Si ante las irregularidades el poder administrador va a esquivar el bulto, pretendiendo que sólo se han de corregir delitos verificados por el Poder Judicial, no las simples corrupciones, entonces, por supuesto, la inmoralidad ha de proliferar al amparo de esta protección oficial.

viernes, 3 de junio de 2011

UN TUCUMANO DE VERDAD

Jorge B Lobo Aragon

Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@hotmail.com

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Carta a mi amigo el Dr. Francisco Bénard

Cuando don Diego de Villarroel fundaba la Ciudad y al mismo tiempo la provincia, puesto que la ciudad tendría un ámbito sobre el que se extendería la actividad de los ciudadanos. Fue explícito, claro. Fundó en nombre de la Santísima Trinidad; de la Virgen María, madre de Dios; de los santos apóstoles Pedro y pablo, príncipes de la Iglesia, con una especial mención al apóstol Santiago, “luz y espejo de las Españas”, referencia que está imponiéndonos una vocación de Patria; y muy especialmente el fundador nos ofrece el patronazgo “de el bien aventurado arcángel San Miguel”, capitán de las milicias celestes cuyo activa beligerancia con el demonio debe servirnos de ejemplo y guía.

Villarroel la llama a su ciudad San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión. Nos pone ante una promesa, que es la promesa de nosotros, los destinatarios y herederos de su obra. Nosotros nos prometemos a la tierra, fecundarla y fructificaría – es decir; amarla – sin exigirle que ella quede obligada a una compensación.

Hago este homenaje porque la ciudad, síntesis visible y concreta de la comunidad, merece tener en cuenta a hombres como mi amigo. Y porque nosotros necesitamos recordar los orígenes para entender nuestros compromisos actúales. Y para asumirlos con responsabilidad.

Lo primero que hace el fundador es crear el cabildo, para que la comunidad naciente tuviera su justicia, ya que es impensable una sociedad sin justas relaciones entre sus integrantes, Y les da a los alcaldes ordinarios “sendas varas de justicia con cruz, encima”. Nos está diciendo que lo primero es la justicia, y que la justicia lo ha de tener por encima a Dios. Y a nadie más que Dios.

Traza la plaza de la ciudad y en su centro hace plantar el poste de la justicia, palo y picota, la pena que se ha de aplicar a quienes transgredan las justas leyes. La sociedad tendría presente que había voluntad de cumplir las leyes, y que por lo tanto los delitos no quedarían impunes, y en consecuencia los honrados vecinos trabajarían en paz. Puede pensarse que aludir a la historia es ocuparse de cosas perdidas, de épocas que nada tienen que ver con la actualidad. Y nos damos con que no es así.

A través de la historia vuelve la voz de don Diego, el fundador, para recordarnos que puso como primacía y centro de nuestra comunidad a la justicia, justicia que ha de ser libre, que primero de todo sólo se ha de reconocer a Dios Nuestro Señor, y a nosotros, a los ciudadanos de su ciudad, nos da como patrón y guía al arcángel, que no es un arcángel cualquiera sino que es el campeón de la lucha por las causas justas.

jueves, 2 de junio de 2011

DISCRIMINACIÓN: SIGNIFICADO

Religion en la escuela

Por el Dr. Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@hotmail.com

jorgeloboaragon@gmail.com

El verbo "discriminar"... es nuevo... La academia lo incorpora a su diccionario de 1925 como regionalismo de la Argentina y Colombia, y recién después se integra al caudal de la  lengua  general. En  su  sentido  más  directo significa, separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. Vale decir que la discriminación es la facultad de la inteligencia humana; el que piensa discrimina; discriminar es propio de inteligentes. En cambio “discrimen” es término arcaico, proviene del latín y significa riesgo, peligro inmediato. Pero pareciera que el viejo discrimen le ha pasado su sentido malo, amenazador y expuesto, a la tan límpida, necesaria y útil discriminación. De tal modo que si se habla de discriminar, muchos entienden que es un pecado espantoso, una aberración una afrenta a los derechos humanos.

Si en un grupo de alumnos fueran unos ciegos y otros sordos, seria excelente discriminarlos, enseñándoles a unos música y a otros pintura. Lo contrario, empeñarse en que todos aprendan lo mismo – o que ninguno aprenda nada  – no sería nada discriminatorio pero bastante estúpido.

Se condena la enseñanza de la religión con el simplísimo argumento de ser discriminatoria. Es claro que discrimina. Eso es lo que tiene de bueno. Discrimina por que da enseñanza a quienes la aceptan y a los chicos cuyos padres la rechazan no se les enseña. La naturaleza les ha dado a los padres la función de educar a los hijos. A ellos les corresponde la educación por derecho natural. El Estado también puede entremeterse, pero solo para suplir las fallas de los padres, su falta de tiempo o de condiciones y para fijar los contenidos mínimos de ciertas profesiones. LA IGLESIA ESTÁ OBLIGADA A INTERESARSE POR QUE EL SEÑOR AL FUNDARLA LE ORDENÓ: “...id y enseñad a todas la naciones...”. De allí que en los hechos fuera la organizadora de la enseñanza pública de los niños y a su sombra en la edad media surgieran las universidades.

Lo verdaderamente aberrado es que se pretenda conocer la historia y la cultura de este mundo ignorando la religión, que la ha nutrido de principios y que – defendida o atacada – ha estado en la raíz de conflictos, debates, polémicas, redenciones.

El 4 de mayo de 1946 el Cardenal Primado de Hungría, José Mindszenty, presentó un lúcido reclamo a fin de que se enseñe religión a los chicos. Los soviéticos empeñados en que la religión se ignorase, lo rechazaron. En aquellos tiempos los niños argentinos gozaban la libertad de aprenderla en las escuelas, los que quisieran. Los otros no. Luego no se discriminaría: que no la aprenda nadie ¡y listo ¡

jueves, 17 de febrero de 2011

JUSTICIA NORBERTO OYARBIDE


Por el Dr. Jorge Lobo Aragón


La discriminación es necesaria
. , muchas veces no sólo necesaria sino también indispensable y buena, justa. Tengo que limpiar un jardín. ¿He de arrancar todas las plantas para tirarlas o he de discriminar cuáles son bellas y merecen quedar como adorno, y cuáles simples yuyos que tapan a las otras y acaparan las fuerzas del suelo? Si se tratara de un campo de cultivos, ¿no sería mi obligación discriminar el trigo, capaz de producir el pan para los hombres, de la cizaña que le disputa los nutrientes de la tierra? Si he de trabajar un bosque, ¿correspondería que lo tale indiscriminadamente, o que discrimine las plantas que ya han llegado a su pleno desarrollo?

Discriminar las cosas, unas de otras, es razonables, naturales, justas, necesaria. Y si es necesario discriminar tratándose de simples plantas, ¿no será también bueno discriminar en la justicia quiénes estarán en condiciones de desempeñarse como jueces? ¡Pues es claro que sí! y las leyes,atendiendo al sentido común, ya han dispuesto abundantes discriminaciones.

Primera: no cualquiera puede ser juez, necesita el título de abogado. Conocemos hombres inteligentísimos, sabios, honestos, justicieros, pero que no son abogados. La ley los discrimina: no pueden ser jueces. Y parece que la experiencia avala este criterio. Los que no sean abogados, ¡afuera!

El juego es una actividad lícita. No sólo es lícito sino promovido por el Estado, que encuentra en él una fuente de recursos. Todos podemos ir a la timba sin que la ley nos acuse por eso. El comercio no sólo es lícito sino benéfico, tanto que el Estado ha creado organismos para dirigirlo, difundirlo y fomentarlo. De modo que todos los ciudadanos tenemos derecho a ser comerciantes y timberos. Y sin embargo la ley orgánica de la justicia nacional establece (artículo 9°) que la magistratura judicial es incompatible con el ejercicio del comercio, y que a los jueces les está prohibido practicar juegos de azar. Es decir que la ley discrimina: hay actividades lícitas, que cualquiera puede ejercerlas, pero los jueces no.

Y está muy bien que así sea. El juez no puede ejercer actividades autorizadas a otros simplemente porque él es juez. Se procura que el juez sea íntegro, incorruptible, y -para afianzar esa integridad- que no pueda ser víctima de presiones. El comerciante, el jugador, tratan cuestiones de dinero con gente que puede pretender que “favor con favor se paga”. El juez no puede estar sujeto a esos peligros. Por eso la ley discrimina.

La ley no especifica si homosexuales, travestis y prostitutos pueden o no pueden ejercer la magistratura.Simplemente dice que a los jueces les está prohibido “ejecutar actos que comprometan la dignidad del cargo”. Que un juez sea filmado mientras fornica dentro de un prostíbulo rufianesco,¿no compromete la dignidad del cargo? No digamos que fornica sino que “hace el amor”, y al prostíbulo llamémosle “escuela”,¿no queda la libertad del juez más comprometido que la del que concurre a lugares destinados a juegos de azar o la del que compra y vende algunas baratijas?

Hay discriminaciones que son buenas y sabias. Los jueces no pueden dedicarse a actividades que son lícitas y permitidas a todos los demás. El juez está obligado a mantener su dignidad y su independencia de criterio, y lo que amenace a esos dos valores -dignidad e independencia- es motivo suficiente para que se lo discrimine del cargo.

Por último existen discriminaciones naturales que son insoslayables.

DR. JORGE B. LOBO ARAGON

jorgeloboaragon@hotmail.com

jorgeloboaragon@gmail.

sábado, 29 de enero de 2011

“ETICA Y MORAL” DIFERENCIAS

Impuestos

Por el Dr.Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@hotmail.com

Generalmente las unimos, hacemos de la ética y de la moral una misma cosa, lo que está bien si con estas palabras sólo queremos señalar un comportamiento como el que se espera de alguien HONORABLE.

Conviene, sin embargo, distinguir qué es la ética y qué es la moral para analizar mejor sus alcances, sus implicancias.

ÉTICA Y MORAL

La Ética es una parte de la filosofía. Fundamental, puesto que trata de las obligaciones del hombre, de su conducta, acorde a la razón y con el objeto de convivir en una sociedad armónica, en la que todos puedan cumplir con sus deberes naturales. Hablamos de filosofía y comprendemos que nos adentramos en un terreno difícil, ámbito de la razón; de hecho, hay filósofos, grandes filósofos, de magnífica sabiduría y profundidad, que disienten entre sí, que no se ponen de acuerdo, un campo en el que unos niegan el andamiaje argumental construido por otros. ¿Puede pensarse, entonces, que la ética es inútil, ya que los filósofos no llegan a resultados rotundos, apodícticos, innegables, como los de las ciencias físicas y matemáticas? No es así, porque las discrepancias se refieren, por lo general, a aspectos de menor incidencia en la práctica, y todos los filósofos -todos los de la civilización occidental y cristiana- coinciden en lo fundamental sin dejar dudas en cuanto a las aplicaciones.

La Moral, en cambio, no es ciencia sino su ejercicio, el empleo de las buenas costumbres, de las prácticas de quienes son considerados virtuosos en una sociedad. Un ejemplo: la ética señala la virtud de la monogamia. El presidente Clinton, y el Italiano y muchos otros se ha apartado de esa virtud al tener relaciones que él llama impropias; correspondería llamarles inmorales, ya que transgreden los principios sustentados por la sociedad a la que pertenece. Lo mismo que hace Clinton, y otros, en otra sociedad, por ejemplo entre musulmanes que aceptan varios matrimonios simultáneos, hubiera sido bien visto, se hubiera considerado moral, de haberse realizado a la vista, sin ocultaciones. La moral musulmana lo hubiera aprobado (si no lo hacía a escondidas); LA ÉTICA LO RECHAZA.

LOS PRINCIPIOS DE LA ÉTICA SON OBLIGATORIOS PARA TODOS Y EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS.

Sí, es cierto que la ética condena el robo, y que el robo se justifica en determinadas circunstancias de hambre, de necesidad imperiosa; no se debe matar, aunque se pueda hacerlo en defensa propia, de la madre, de la mujer, del hijo, de la patria. Es muy malo mentir, y sin embargo el médico con toda tranquilidad le miente a un enfermo desahuciado para sostenerle el ánimo. Aunque, en general, las obligaciones sean para todos y en todas las circunstancias, los casos que justifican el abandono, la suspensión de la norma, han sido muy bien estudiados y puntillosamente expuestos por la teología moral.

HAY QUIENES ESTÁN MÁS COMPROMETIDOS

Sin embargo hay quienes, en razón de su oficio, están más comprometidos que los demás a cumplir las normas. Es el caso de los políticos, obligados a ser veraces, honestos, fieles cumplidores. Si pueden hacerse distingos entre las obligaciones morales de un político y las de un ciudadano común, es que el político está mucho más obligado que otros. El simple ciudadano tiene que atender sus problemas personales, en cambio el político atiende los asuntos de toda la sociedad; si uno cualquiera echa una mentirilla habrá, quizás, algunos pocos perjudicados; cuando el político miente es toda una comunidad la afectada; si un individuo roba, coimea, defrauda, se queda con un vuelto, aplica medidas en su propio provecho, dañará a sus patrones, sus subordinados, sus socios, en cambio los políticos pueden, con las artimañas que idean para quedarse con dineros ajenos, perjudicar el comercio, el desarrollo, el trabajo, el intercambio internacional de una comunidad entera. (Por supuesto que no voy a dar datos de los grandes daños sufridos por la nación a causa de las estafas de los políticos, porque no tengo pruebas, pero todos sabemos a qué me refiero).

Por eso el político debe ser juzgado con muchísima mayor severidad que los que se dedican a otras actividades. Está en boca de todos, el concepto de que nadie es culpable mientras el juez no lo condene. Está bien, así debe ser, pero sólo en materia criminal, cuando se acusa de delitos. Las inmoralidades, como la mentira, el engaño, el aprovechar la ignorancia, la buena fe o el descuido de los demás, no son delitos tipificados por el código, por lo tanto nunca un juez va a condenar esas faltas. Sostener que alguien es inocente porque la justicia no lo condene conduce a un error que desgraciadamente se generaliza: los inmorales, los que transgreden las normas de corrección, son culpables, muy culpables, nada más que la sociedad ha establecido penas para los que cometen delitos y no para los inmorales, ni menos para quienes apliquen preceptos de una ética ajena a la sana doctrina. Hay una razón más fuerte que los obliga con mayor rigor que a los demás prójimos, y es que la vida pública se suele tomar como ejemplo, como modelo de las conductas privadas. El que se siente inclinado a largarse por un mal camino puede razonar: ¿por qué no voy a hacer esto yo, si legisladores, gobernadores, presidentes, ministros, hacen cosas peores?

CONSECUENCIA DE LOS MALOS EJEMPLOS

Y más aún: si la moral se funda en las conductas que son bien vistas, aceptadas, valoradas por un medio social, ¿ese medio no se expone a que su moral decline, se corrompa, se pervierta, por culpa de los malos ejemplos que desde arriba dan los políticos indecorosos? El individuo de cualquier oficio que no siga los dictados de la ética, corre el riesgo de que a su alma se la lleve el diablo. El político que tenga una conducta igualmente mala, además de ser llevado por el diablo bien se merece la condena, la reprobación, el vituperio, la censura de toda la sociedad, por que sus faltas contra la ética afectan a la moral de su medio.

Se crean departamentos estatales con el objeto de vigilar la aplicación de las normas éticas en la vida pública. Por la naturaleza de la materia no debiéramos ilusionarnos en cuanto a sus resultados. La ética, por ser sabiduría, tiene su ámbito adecuado en universidades y academias. Los organismos burocráticos podrán, sí, ejercer alguna vigilancia sobre los aspectos en que las incorrecciones se extienden hasta el campo de la delincuencia. Y nada más. Las faltas que quedan al margen del delito, libres de la incumbencia de la justicia, eran condenadas por la religión; la sociedad moderna, que rechaza lo religioso como cartabón de lo bueno y de lo malo, tropieza, de entrada, en cuáles serán las normas que servirán para juzgar las conductas. Ha cundido el criterio de que sólo lo delictivo es condenable, así que se corre el peligro de considerar como aceptables todas las inmoralidades que no se hubiesen tipificado como delitos.

El pueblo desea una sociedad austera, decente, limpia, honesta. En la lucha por ella no debe declinar la vigilancia en órganos burocráticos que se muestren como vigilantes de la ética. Sería fatal. Lo único que podría dar resultados es que ese mismo pueblo vigile la moral de sus políticos y los condene con energía y severidad. Por los delitos, si los hubiere, sí, que intervengan los jueces y que actúen como sea su deber; pero por las inmoralidades, sobre las que la justicia no tiene jurisdicción, debe ser el pueblo, la opinión pública, la que se pronuncie cada vez que haga falta y con todo el rigor correspondiente.