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jueves, 7 de noviembre de 2013

EFEMERIDES DEL 7 DE NOVIEMBRE: LA REVOLUCION DEL SUD


Gral. Prudencio Ortiz de Rozas (1800 - 1857)

Todo problema histórico, aunque surja de un episodio, adquiere consistencia y su aclaración atrae al espíritu, siempre que se lo vincule a las líneas generales del proceso de una época en su parte medular y en su trascendencia.  El hecho del alzamiento de los hacendados del Sud, del 29 de octubre de 1839, a pesar de la brevedad de su duración -poco más de una semana-, implica un complejo de cuestiones importantes para la historia de la época de la Confederación.  Sin duda alguna, el período de 1838 a 1841 fue el más difícil para el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, encargado de las relaciones exteriores y negocios generales del país, denominado entonces Confederación, e investido con la Suma del Poder Público.  Será en este período que pondrá a prueba la eficacia del poderoso instrumento de gobierno votado por la Junta de Representantes y el plebiscito popular, y con un vigor personalísimo, ejercerá la autoridad, quedando a cargo de sus decisiones el destino de la patria.

Tanta autoridad consiguió adquirirla por sus condiciones de carácter y la tenacidad con que se había impuesto sobre las masas de la campaña, y en especial, la de la zona sud y oeste de Buenos Aires.

No está de más explicar, en forma breve y comprensiva, las transformaciones operadas en la campaña, que adquieren relieve, a partir de 1822, debido a las cuestiones interiores e internacionales.  En el momento de estallar la revolución de 1810, las guardias defensoras de las estancias bonaerenses consistían, únicamente, en las que se habían avanzado en la segunda mitad del siglo XVIII: Chascomús, Ranchos, Lobos, Navarro, Luján, etc., eran baluartes permanentes contra el indio.  La acción del blanco no pasaba del sud del Salado; los establecimientos ganaderos más adelantados llegaban a su orilla norte.  No obstante las defensas fijas y los blandengues, los indios se infiltraban constantemente y causaban serios perjuicios con sus depredaciones.

La revolución emancipadora trajo la crisis de la pérdida de la Banda Oriental.  Buenos Aires extraía buena parte de sus productos ganaderos de aquellos campos.  La guerra civil empezó a dificultar la industria en esa región y fue necesario buscar compensaciones en nuestro desierto, ensanchando las fronteras interiores.  Era necesario traspasar la línea de la época colonial.  La invasión portuguesa a la Provincia Oriental, concluyó con nuestra soberanía en esta región, lo que motivó que se acentuara aún más el avance hacia el desierto en busca de ganados, propiciándose el establecimiento de las estancias, en forma permanente, vale decir, afincando a los industriales.  A esto, agréguese el factor comercio de exportación, que significó un fuerte drenaje de ganado, especialmente vacuno.  Los saladeros, con su faena intensiva, agudizaron la crisis.

Muchos estancieros con sus propios medios corrieron la aventura heroica de penetrar en el desierto; entre ellos Rosas, se estableció sólidamente en el Salado y se convirtió en jefe de milicias.  Mas pronto se advirtió que esto era un problema de Estado.  Durante la administración de Martín Rodríguez se hizo una gran entrada, mediante una poderosa expedición en la que participó el propio Gobernador y que, saliendo de la Guardia del Monte, llegó hasta las serranías de Tandíl y El Volcán.  Este episodio de la conquista del desierto para la civilización merece un ensayo especial, que espero algún día poder llevar a término.  Baste decir por el momento, que realizó la fundación del fuerte Independencia, “situado en un seno al pie de la serranía (El Tandil) circundándolo”, como asentó Reyes en 1823. (1)

Cabe agregar que la acción gubernativa fue precedida de una Memoria presentada por la “Comisión de hacendados” a fin de proyectar nuevas fronteras de la campaña, integrada por Antonio Dorna, Joaquín Suárez, Mauricio Pizarro, Lorenzo López, Juan Manuel de Rosas, Pedro Capdevila, José María Rojas y J. Pacheco.  Rosas asentó una disidencia en mérito a sus conceptos muy personales sobre el asunto.  El avance de 1823, de gran importancia, tuvo un renovado impulso en 1828; pero en esta oportunidad, Rosas investía la función de comandante general de campaña, en virtud del nombramiento hecho por el presidente Vicente López y Planes.  El esfuerzo de 1828 fue un gran salto, con la colaboración de Estomba, Rauch y otros jefes.  La pasión política ha torcido la verdad de lo que se practicó en ese año, y que consistió en una realización de doble carácter: avanzar la línea de fortines defensivos y atraerse al indio mediante el trato pacífico.  La nueva línea proyectada constaba de cuatro fuertes, siendo el más avanzado, Protectora Argentina, que al mando inmediato de Estomba, fue la base de la población de Bahía Blanca.

El plan de 1828 se informó en un nuevo criterio de gobierno, cuya finalidad fue civilizar a los indios en tolderías que se instalaron próximas a las poblaciones y en donde se comenzó a inculcarles el hábito del trabajo.  Un periódico de 1828 asentaba que la “dirección que el comisionado de Rosas ha dado a nuestras relaciones con los salvajes, acabarán indudablemente de convertirlos en una población útil”.  Pero lo más importante fue el fomento y planificación de las estancias en el lejano Sud, dentro de la línea de 1828. 

Túvose conciencia de lo que se hacía; tan es así que, cuando ya estaba en plena ejecución la obra, se consideró que los nuevos avances podían contener 18 millones de cabezas de ganado.  Además, en la costa, desde Buenos Aires a Bahía Blanca, se pensaba utilizar para la salida de los productos, puertos naturales como ser: Atalaya, Bocas del Salado, Tuyú, etc., hoy anulados por el ferrocarril.  Y en el terreno de las previsiones, se creyó llegar más lejos: a la Patagonia.  En ese mismo año 1828, con una visión de grandeza futura se asentó esta profecía sintomática: “prescindiendo de las diferentes Bahías, que están contiguas a la Bahía Blanca, siguen luego la Bahía de la Unión, la de Todos-Santos, la de San Blas, el Río de Patagones, el Puerto de San Antonio, las dos Bahías que forman la Península de San José, el Puerto Deseado…. ¿Quién no juzgará, al oír esta nomenclatura de puertos que esta provincia es llamada por la naturaleza a extenderse hacia el Sud, ser marítima y su marina hacer un rol importante entre las Naciones?”.

Estos fueron los ideales inspirados en una precisa orientación económica.  En la consecución, se afianzaría Rosas, teniendo la primera prueba de su ascendiente cuando en 1829 pudo levantar la campaña, después de muerto Dorrego.  Vencida a raíz del pacto de Barracas del 24 de agosto de 1829, la revolución unitaria de Lavalle y de la Logia, Rosas siguió como comandante de campaña.

Concesión y posesión de las tierras bonaerenses

Según la Ley de Enfiteusis de Bernardino Rivadavia, las tierras públicas se entregan en enfiteusis por el término de 20 años, y el enfiteuta debe pagar un canon anual del 8% en las tierras de pastoreo y del 4% tratándose de tierras de agricultura.  No se limita la extensión de la tierra que puede entregarse, ni se impone la obligación de mejorarla.  Además el monto del canon no lo establece el gobierno sino un jury de vecinos del enfiteuta, los que a su vez también son enfiteutas, por lo que la tasación resulta muy baja.  También el enfiteuta puede transferir libremente el dominio útil sin necesidad de una autorización del Estado y sin que éste tenga derecho a cobrar un tanto por ciento por esa transferencia (laudemio), como es común en los contratos privados de enfiteusis.

El 19 de setiembre de 1829 el gobernador Juan José Viamonte expidió un decreto para la colonización de las tierras, garantizando vidas y propiedades mediante el establecimiento de una fortaleza militar.  El artículo 2° del decreto establecido por el general Viamonte sugería el cumplimiento de las siguientes condiciones para hacerse acreedor a las donaciones de tierras de la campaña: “Primera, a transportarse con su familia o gente de faena, al lugar que se le señale. Segunda, a poblarlo en el término de un año con un capital que no baje de cien cabezas de ganado vacuno, y en proporción caballar, o a emprender siembra, cuyo producto equivalga a aquel capital. Tercera, a levantar un rancho de paja y abrir un pozo de balde”. Sin embargo, el artículo 3° señalaba que “estas condiciones no serán obligatorias para los compradores mientras la fuerza pública no proteja las nuevas poblaciones”, es decir, que podía adquirirse cualquier derecho, sin poblar, a pretexto de falta de protección, lo que suponía, además, que podían acapararse esos derechos sobre baldíos sin ningún límite.
               
Más importante aún parece ser el artículo 11° del decreto de 1829, según el cual cada poblador contaba, a partir de la fecha de emisión del decreto, con diez años para disponer libremente de su propiedad, derecho que caducaba en 1839. Que, a su vez, si dentro de este período el poblador cumplía con unas pocas condiciones del renombrado decreto, la concesión de las tierras pasaba a tener carácter de posesión, así los pobladores no tuvieran consigo los títulos correspondientes. Estas facilidades, no obstante, pudieron ser cumplidas a medias en los tiempos de Juan Manuel de Rosas, porque hacia 1839 todavía se llevaban a cabo malones que arrasaban todo tipo de propiedades, y, además, porque varios de los propietarios de las tierras de la campaña, al integrar el bando unitario, sufrieron las expropiaciones del gobierno federal.

La confusión parecería agravarse si tenemos en cuenta que Rosas, por decreto del 28 de mayo de 1838, transformó a los primitivos enfiteutas en propietarios territoriales.  Claro que, un año más tarde, estallaría la unitaria y subversiva “Revolución de los Libres del Sur” y que había sido financiada y auspiciada por Francia.  Ante un hecho semejante, y para restablecer el orden nacional, se hizo imperioso expropiar a los hacendados que participaron en aquél estallido.

Se inicia el movimiento revolucionario

Mientras Lavalle organizaba su ejército en Corrientes, se producía en la campaña del sur de Buenos Aires el movimiento revolucionario.  Los directores de este movimiento, pretendieron asociar a él a los coroneles, del Valle y Granada que mandaban regimientos en Dolores y en Tapalqué; pero cuando hubo adherido a la revolución el coronel Ramón Rico, que era el segundo jefe de del Valle, se prescindió de este, y en cuanto a Granada no hubo quien se atreviera a abordarlo francamente de temor de comprometer el éxito de la empresa, pues el comandante Lacasa que fue enviado cerca de él con este objeto sólo se atrevió a iniciar en el secreto a varios de los oficiales subalternos de la división acampada en Tapalqué. (2)  A mediados de octubre Pedro Castelli, el agitador principal del movimiento, celebró una conferencia en la estancia de Juan Ramón Ezeiza con los coroneles Rico, Crámer y con Francisco Ramos Mexía.  Allí se contaron los recursos militares de que podían disponer y que los constituían  unos dos mil hombres bien montados, inclusive un escuadrón veterano a las órdenes de Rico y que éste reuniría oportunamente.  Se acordó, además, que el día 6 de noviembre efectuaría el movimiento en Dolores y Crámer en Chascomús; y que Castelli, con las fuerzas que tuviera reunidas, se situaría en este último punto para apoyar a sus compañeros e incorporarlos a sus filas cuando se presentasen las fuerzas de Rosas.

Una circunstancia imprevista por ellos los obligó a anticipar el movimiento que esperaban hacer en combinación con el general Lavalle, cuando éste se dirigiera a Buenos Aires, como se lo había manifestado desde Entre Ríos.  Rosas sabía que se conspiraba en la campaña del sur de acuerdo con Lavalle; y calculaba fundamentalmente que este general desembarcaría por la costa sur o norte, disponiendo como disponía de los buques de la escuadra francesa, pudiendo ser apoyado por las fuerzas de éstos como ya lo había sido, y guarecerse en aquéllos con su fuerza en el caso de un contraste.  Los emigrados argentinos en Montevideo no ignoraban tampoco estas circunstancias.  El doctor Alberdi, entre otros, le escribía a este respecto al jefe del estado mayor del ejército de Lavalle: “Tenga presente que para caer en la campaña de Buenos Aires no necesitan de inmensos recursos, si han de evitar, como deben hacerlo, encuentros por ahora.  Le repetiré una frase que Rosas ha dicho hace un mes, y está de acuerdo con todo lo que nosotros hemos pensado desde el principio.  Rosas ha dicho: “los unitarios son muy rudos: ellos no ven que a la mulita se la debe agarrar por la cabeza y no por el rabo”.  Es pues preciso que en el instante en que ustedes puedan hacer una travesía del rabo a la cabeza, la hagan volando, porque de lo contrario la cosa ha de ser eterna”. (3)

Fuera o no cierta la frase gauchesca y exacta que le atribuían a Rosas, el hecho es que éste calculaba que Lavalle vendría sobre Buenos Aires porque, u obtendría ventajas en Entre Ríos, y entonces esta provincia reunida a la de Corrientes podían contrabalancear el poder de la de Santa Fe y permitirle acometer con mayores fuerzas el centro de los recursos que se le oponían;  o era derrotado, y entonces las mayores probabilidades en su favor estaban también en Buenos Aires donde se le incorporarían todos los elementos de resistencia que había en la campaña, con más los que pudiera proporcionarle en todo caso la escuadra francesa.

Firme en esta idea, Rosas quiso destruir esta base de resistencia armada en la campaña de Buenos Aires, y como ya hubiere tenido avisos de frecuentes reuniones que se hacían con diversos objetos, y no se le ocultaba que los hacendados que las fomentaban tenían afinidades serias con los que habían preparado la conjuración Maza, les hizo pasar una nota a los jueces de paz de algunos partidos del sur, en la que les comunicaba que el gobierno sabía que allí se conspiraba, y les ordenaba en consecuencia que remitieran a la ciudad en calidad de presos a cuatro de los más acérrimos unitarios, a los cuales el gobierno el gobierno no designaba por sus nombres, porque tenía la conciencia de que los jueces de paz los conocían perfectamente.  En esto último no se engañaba tampoco Rosas, porque el juez de paz de Dolores, Manuel Sánchez, como el de la Lobería, José Otamendi, estaban al habla con los revolucionarios, a quienes dieron cuenta inmediatamente de lo que ocurría, para que resolvieran lo que debía hacerse.

Los momentos no permitían ya vacilar: o los jueces de paz cumplían las órdenes recibidas, o los revolucionarios lo impedían haciendo estallar el movimiento.  Castelli, Rico y Crámer se decidieron por esto último.  Al efecto, Rico llegó al pueblo de Dolores en la madrugada del 29 de octubre, y reuniéndose a los principales amigos mandó batir generala.  Acudieron a la plaza como unos doscientos ciudadanos armados de lanza, a los cuales les manifestó que el objeto de la reunión era elegir autoridades que responderían al levantamiento de la campaña del sur contra el gobernador Juan Manuel de Rosas, y que no debían dejar las armas hasta no dar en tierra con el “tirano”.  Cuatro vecinos condujeron de la sala del juzgado de paz a la plaza el retrato de Rosas.  Rico lo acribilló a puñaladas, y arrancándose la divisa y el cintillo federal que había llevado hasta entonces, los hizo pedazos invitando a sus amigos a que hicieran otro tanto.  Después de nombrar juez de paz a Tiburcio Lenz y de asumir él el mando de todas las fuerzas del departamento, se dirigió a las afueras del pueblo donde se le incorporaron los contingentes enviados por los promotores del movimiento.

Mientras Crámer procedía por su parte en Chascomús, Rico aprovechaba los momentos lanzando sus partidas hasta el Tandil y por todas las estancias desde Dolores hasta esta banda del Quequén Grande por la costa, con orden de traerse los hombres, armas y caballos que encontrasen.  A las estancias de Rosas mandó Rico comisiones especiales que trajeron cuanto pudieron conducir.  “Don Gervasio Rosas –le escribía Rico al capitán Zacarías Márquez el 3 de noviembre- fue prendido por López y éste sorprendió El Tala tomando toda la gente de esos establecimientos, lo mismo que el armamento y municiones.  A Camarones he mandado a Pedro Nanzo con una partida para que me traiga la gente de esas estancias, municiones, armas, etcétera, etcétera, y como medida de precaución he arrestado a Almada, yerno de Morillo….”. (4)  Por su parte Castelli se situó con sus fuerzas en las inmediaciones de Chascomús después de haber tentado un golpe sobre la división al mando del coronel Granada que permanecía fiel al gobierno. (5)  El total de las fuerzas revolucionarias allí reunidas se elevaba a unos dos mil hombres cuando el coronel Prudencio Rosas recibió las primeras noticias de la revolución por los partes del coronel Vicente González, jefe del Regimiento Nº 3.

El coronel Rosas hizo volar un chasque a la ciudad para darle cuenta de estas novedades al gobernador, su hermano; y en la madrugada del 3 se puso en marcha sobre Chascomús, al frente del escuadrón  de línea del número 6 de su mando, anticipándole al coronel Granada que se le incorporara con la división del sur (6).  Juan Manuel de Rosas dormía tranquilamente en su casa cuando llegaron a la ciudad las primeras noticias de la revolución.  Los oficiales de su secretaría Reyes, Rodríguez y Torcida, se hallaban a esa hora en el teatro Argentino.  Un empleado les impuso de lo que pasaba y entonces acudieron a su oficina.  A medida que llegaban los partes, Reyes se los llevaba a Rosas y éste le decía desde su cama que lo dejase, que estaba bien, y seguía como durmiendo.  Esta escena se repitió aún tratándose de pliegos urgentes, Rosas ni dejaba la cama, ni tomaba disposición alguna. (7)  ¿Cómo explicarse esta inacción cuando le noticiaban que sus enemigos proclamaban su derrocamiento y su muerte en esa campaña del sur, cuna de su poder y de su influencia?.

La crónica cuenta que el general San Martín, después de la terrible noche de Cancha Rayada, se acostó a dormir al pie de un árbol, o a aparentar que dormía, para contemplar los destinos de América más que nunca comprometidos y que dependían de la fortaleza de su espíritu; y que cuando supo que su ejército re reunía bajo las órdenes de Las Heras, sintió que podía ser todavía obra suya la independencia.  En medio de su aparente indiferencia, Rosas contemplaba también perdidas las posiciones del partido que lo había levantado, si por sobre las resistencias armadas de sus enemigos interiores y exteriores, esa revolución del sur tenía realmente las proporciones que le asignaban.  Porque si bien es cierto que en robusta opinión debía de apoyarse para vencer todas esas resistencias, como las venció, no lo es menos que ninguna sacudió tanto su espíritu como la de la campaña del sur en 1839.  Eran los nobles gauchos del sur, con quienes él había compartido las privaciones, las penas y las rudas fatigas de sus mejores años; de quienes él había sido amigo, protector, todo, durante el largo interregno de las primeras luchas pos la patria, cuando la campaña yacía en completo desamparo, y antes que él hubiese ocupado los diferentes cargos públicos a los cuales ellos mismos lo exaltaron, porque en él cifraban su cariño y su esperanza; eran esos nobles gauchos los que proclamaban su derrocamiento y su muerte!…

Esta idea atormentaba a Rosas.  En el fondo de su alma debía de sentir algo como el eco de mil truenos que chocaban con estrépito.  Porque él no podía colocarse en actitud de medir la justicia con que sus enemigos lo combatían.  El era parte de la contienda, y les imputaba a éstos últimos otro tanto de lo que a él le imputaban.  El consideraba el hecho en sí, aislado, desnudo, de la revolución del sur, y lo encontraba monstruoso.  El esperó la revolución de parte de los unitarios, que eran sus enemigos irreconciliables desde que ocupó el gobierno, después que aquéllos fusilaron al gobernador Coronel Manuel Dorrego.  Per de aquéllos entre quienes él había pasado toda su juventud, consagrado al rudo batallar por la existencia, hasta que le fue dado proporcionarse grandes satisfacciones con su propio esfuerzo, y repartirlas entre cuantos lo rodeaban, y dignificarlos por el trabajo, y hacerse merecedor del agradecimiento, -de los gauchos del sur- ¡jamás! Algo como esa esperanza a que suelen aferrarse ciertos hombres que motivos tienen para contar con el sufragio de los demás; -de que las cosas que les tocan de cerca aparecen peores de lo que son-, brilló en el alma de Rosas en esos momentos de prueba para él.  El hecho no era tan monstruoso como a primera vista se le había presentado.  No eran los gauchos del sur los que levantaban banderas de muerte contra él.  Eran sus enemigos los que arrastraban a los gauchos que de ellos dependían.  Y la borrasca que rugía en su pecho se aplacaba entre el dulce vaivén de esta esperanza que acariciaba cuando se resistía a leer los partes que de la revolución le transmitían.

Porque no eran los partes de tal o cual movimiento de fuerzas, lo que Rosas ansiaba leer.  El tenía los hilos de la revolución; y por que los tenía había prevenido lo conveniente a los jefes de campaña, distribuyendo armas y buenas caballadas al general Pacheco en el norte; al coronel Rosas en el Azul; al coronel del Valle en el Tandil; al coronel Granada en Tapalqué; al coronel González en el Monte; al coronel Quesada en Mulitas; al coronel Ramírez en Morón; al coronel Aguilera en San Vicente.  Todos estos jefes debían estar listos a la primera señal, y lo estuvieron cuando estalló el movimiento en Dolores, como se ve por las notas de todos ellos fechadas a 1, 2 y 3 de noviembre. (8)  Lo que Rosas esperaba con ansiedad era una carta de su hermano el coronel Prudencio, en la cual éste debía hacerle saber, tan aproximadamente como lo consiguieran sus partidas destacadas en las principales estancias el sur y el conocimiento que él y sus subalternos tenían de quien las poblaban, el número de gauchos que había engrosado las filas revolucionarias y el modo cómo lo habían verificado.  Rosas recibió esta carta al amanecer del día 2 de noviembre, y entonces pudo darse cuenta cabal de la situación.  En ella se le decía que en la misma forma conminatoria como se había sacado los peones de sus estancias y de las de los Anchorena, se había procedido en las demás estancias, para reunir poco más de mil gauchos a los planteles que tenían los promotores del movimiento.  Rosas vio que su prestigio no estaba quebrado todavía en la campaña, y que plantándose allí podía levantarla en su favor, aun en el caso improbable de que los revolucionarios obtuvieran alguna ventaja sobre las fuerzas que inmediatamente lanzó sobre ellos.  A esas mismas horas escribió a su hermano Prudencio diciéndole que una vez que se incorporase la división del sur marchase sobre los revolucionarios; que si los batía, desarmase inmediatamente a todos los paisanos revolucionarios y les ordenase que se dirigieran a sus respectivos domicilios, y en caso contrario que tomase posiciones y esperase las fuerzas que al mando de los coroneles Ramírez, Aguilera y Costa iban a incorporársele.

Entre tanto Castelli, Rico y Crámer, viendo frustradas las esperanzas que tenían en que se les plegarían las fuerzas del gobierno acantonadas en el Azul y en Tapalqué, se propusieron neutralizarlas, ya que no querían comprometer todavía un combate con ellas.  Al efecto le hicieron saber por chasque al cacique Catriel, situado con su tribu en Tapalqué, que Rosas había muerto, que en la ciudad había estallado una revolución la cual apoyaban en la campaña las fuerzas de Granada y de del Valle, y que a él no le quedaba otro camino que incorporarse a los que habían tomado las armas para seguridad de todos en la campaña, y a fin de no ser sacrificado por las fuerzas más próximas a él.

Estas noticias produjeron un efecto estupendo en la tribu de Catriel.  Los indios se prepararon a vengar la muerte de Rosas a quien amaban; y el cacique le declaró al comandante Echevarría que haría matar a cuantos se le presentasen en los toldos, y que se preparaba para dirigirse al Azul con todos sus indios de pelea porque allí se encontraban los que habían muerto a Rosas.  La desesperación de los indios rayaba en locura y no hablaban sino de asesinar y de saquear.  A duras penas el comandante Echevarría y el mayor Bustos pudieron aplacarlos diciéndoles que esas noticias eran falsas, y que en breve iban a convencerse de ello porque enviaba un chasque a la ciudad pidiéndole al gobernador que remitiese algunos indios de Tapalqué, que se hallaban en ella, y que hubiesen visto a Rosas. (9)

Batalla de Chascomús

Simultáneamente los principales jefes de la revolución, dirigieron una nota colectiva al contraalmirante francés en la que invocando “la afinidad que reinaba entre los principios que los animaban a ellos y a los súbditos de S. M. Luis Felipe”, le pedían libre tránsito y un salvoconducto para que el portador de tal comunicación llegase al campo del general Lavalle..  “Nos es grato comunicar al señor contraalmirante, agregaban, que no reconociendo los ciudadanos que suscriben ninguna clase de enemigo en el extranjero, esperamos que los puertos del Salado y Tuyú, que están en nuestro poder, abriguen cualquier pabellón ultramarino, por más enemigo que sea del tirano que domina nuestra patria”. (10)  Al día siguiente el comandante Villarino dirigía otra nota al mismo contraalmirante pidiéndole a nombre de los jefes revolucionarios que estacionara alguna fuerza naval en el Tuyú o en la boca del Salado, a lo que aquél accedió igualmente.

Por su parte el coronel Prudencio Rozas se movió del Azul en la tarde del 3, al frente de unos mil cuatrocientos soldados, veteranos en su mayor parte, y llevando de segundo jefe al coronel Nicolás Granada.  Mientras el coronel del Valle esperaba sus órdenes al frente de las milicias reunidas del Tandil, él siguió su marcha llegando en la tarde del 5 a la estancia de Villanueva, cerca del Salado, y acampando en la noche siguiente en la costa de este río, cerca de Chascomús.  En la madrugada del 7 atacó a las fuerzas de Castelli y de Rico.  Estas lo recibieron valientemente, pero el combate quedó librado desde luego a la iniciativa de los jefes subalternos, dada la poca disposición de Castelli para dirigirlo.  Las cargas de la caballería veterana deshicieron las filas revolucionarias.  Muerto Crámer, distinguido oficial francés, y el único que hubiera podido siquiera efectuar una retirada hacia el Tuyú donde habría encontrado la protección de los buques franceses que bloqueaban ese puerto.  Pedro Castelli fue envuelto en la dispersión de los suyos, dejando en el campo de batalla más de cien hombres fuera de combate y cerca de 400 prisioneros.  El coronel Rosas dio inmediatamente libertad a estos últimos, haciéndoles saber que el gobernador de la Provincia prefería creer que habían sido engañados y obligados por la fuerza a tomar las armas, a castigarlos como rebeldes y traidores unidos a los franceses que hostilizaban la República.  En la persecución subsiguiente a la batalla fue muerto el infortunado Castelli, y su cabeza puesta a la expectación en la plaza de Dolores; pagándose así tributo a esa bárbara ejemplarización que fue la regla en las guerras medievales, y que se ha aplicado hasta en estos últimos tiempos en los países de habla española.  El coronel Rico, más feliz, se retiró al Tuyú embarcándose con 500 hombres en los buques franceses para incorporarse al general Lavalle, y llegando al campo de éste en los primeros días de enero de 1840.

Así concluyó la revolución del sur.  La rapidez con que fue sofocada únicamente con las fuerzas que tenía reunidas el coronel Prudencio Rozas, mostró que ella no tenía la importancia que al principio se le atribuyó.  Y el haber los que la llevaron a cabo declarado que su causa era común con la de los franceses que agredían al país, no sólo la privó de mayores adhesiones, sino que exacerbó a la opinión, y dio pábulo a que todas las clases de la sociedad reprodujeran a su vez declaraciones de adhesión al gobierno federal y a la persona de Rosas.  El mismo día que tenía lugar la batalla de Chascomús, Rosas le dio a la legislatura cuenta de lo que hasta ese momento se sabía dejando “a su patriotismo, libertad y saber, el resolver lo que estime conveniente”.  La legislatura se declaró en sesión permanente para deliberar sobre este asunto.  El diputado Torres resumió la cuestión así: “Si abominable es la rebelión contra la autoridad legal en circunstancias ordinarias, doblemente es en las extraordinarias en que nos hallamos, cuando la Confederación Argentina y el sabio magistrado que la dirige hacen los mayores esfuerzos para conservar nuestra libertad e independencia; cuando los que han cometido aquel crimen agregan el de traición a la patria.  Sí, señores, en instantes en que nos vemos hostilizados por el enemigo más tiránico y odioso que ha tenido la América del Sur, unos cuantos hijos desnaturalizados se le han unido para entregar nuestra patria a esos incendiarios agentes franceses…. Exprésele la sala al poder ejecutivo que ponga en ejercicio todas sus facultades, que obre con la energía que reclaman las circunstancias, y que con la firmeza que lo caracteriza castigue y contenga los males”.  Todos los diputados se pronunciaron en este orden de ideas, y con fecha 9 de noviembre la legislatura declaró que el motín realizado en Dolores y Monsalvo por los unitarios unidos a los franceses, era un crimen de alta traición a la causa de la libertad e independencia americana, que los promotores de ese motín quedaban fuera de la ley, y que los que se habían resistido a incorporarse a las filas de los sublevados eran beneméritos de la patria.

Los diputados Lahitte, García, Mansilla, Argerich y Villegas presentaron en seguida el célebre proyecto por el cual los representantes del pueblo ponían a disposición del gobernador Juan Manuel de Rosas, sus personas, sus bienes y su fama “para el sostén de las leyes, de la independencia nacional y de la santa causa de la libertad del continente americano”.  El diputado Pedro Medrano, que lo fue del congreso que declaró en Tucumán la independencia argentina, se puso de pie para aclamar ese proyecto en estos términos: “Un veterano como yo en la revolución, un diputado cuya voz han oído sus compatriotas desde que se dio el grito de libertad, el que en el año 16 gritó desde las faldas del Aconquija: “¡orden, argentinos, fin a la revolución, principio al orden!”, debe ser oído cuando se trata como ahora de un asunto vital para la patria…..  Reunámonos  cuanto antes alrededor del gobierno y auxiliémoslo del modo que nos sea posible para conjurar la tormenta que amaga con tan funestos males a nuestra patria”.  El proyecto fue sancionado por aclamación, y al comunicárselo a Rosas este agradeció el ofrecimiento a cuyo favor los argentinos triunfarían “de los tiranos que intentaban insultar las leyes, y ofreciendo igualmente a los representantes del pueblo su persona, bienes y fama para el sostén de las leyes y de la independencia nacional”. (11)

A ejemplo de la legislatura, las parroquias, partidos de campaña, corporaciones, ciudadanos distinguidos, etc., reprodujeron sus votos de adhesión al Restaurador de las Leyes y a la causa de la federación, ofreciendo ya sus personas para salir a campaña contra los unitarios, ya sus bienes para sufragar los gastos de la guerra que iba a recomenzar sin dar cuartel.  La Gaceta Mercantil de noviembre y diciembre registra todas estas declaraciones particulares y colectivas; y por los términos en que éstas están concebidas se comprende que las pasiones habían llegado a un grado de ensañamiento político tal, que no podía menos de producirse en breve una crisis tremenda que envolvería todas las fuerzas comprometidas en la acción militante, a través de un campo de desolación y de sangre.  Prueba de ello daba la Gaceta Mercantil que respondiendo a la prensa de Montevideo, decía en esos días: “Está anonadado de un solo golpe el más escandaloso motín contra la autoridad de la ley y contra la independencia nacional.  Los crímenes de los salvajes unitarios salen de la órbita de lo común.  Su alevosía infame acaricia las cadenas y besa la inmunda planta de los asquerosos franceses enemigos de la libertad americana.  La opinión pública que ha vencido todas las resistencias se levanta más irritada y poderosa.  La justicia, la libertad han fulminado su fallo soberano.  Los salvajes unitarios serán exterminados.  Los tiranos franceses verán consumirse sus planes feroces por el odio de los pueblos.  Soberanía, dignidad, es el decidido voto de los pueblos.  Será cumplido o denodadamente perecerán antes que abatirse al deshonor y a la asquerosa esclavitud”.

Y para que tales manifestaciones hicieran aparecer la opinión unánime a favor de la causa federal y de la persona del gobernador Rosas, los vecindarios de Dolores y Monsalvo, donde tuvo lugar el movimiento revolucionario, aclamaron nuevamente las autoridades locales que acababan de ser depuestas, y suscribieron un acta en la cual declaraban que habían cedido al imperio de la fuerza, y reproducían sus votos de adhesión al Ilustre Restaurador de las Leyes.  El acta del vecindario de Dolores está suscrita por doscientos cuarenta y siete ciudadanos, entre los que figuran el mismo juez de paz Sánchez, destituido por los revolucionarios y los Ramírez, Almada, Vigorena, Peralta, Suárez, Serantes, Gauna, etc.  La del partido de Monsalvo esta suscrita por setecientos ochenta y seis ciudadanos entre los que figuran José M. Otamendi, Roque Baudrix, los Funes, Lara, Albarellos, Gómez, Imbaldi, Leloir, Pinto, Gil y demás hacendados conocidos y pudientes.

Referencias

(1) J. M. Reyes – “Memoria Geográfica de la Campaña hecha el año de 1823 al establecimiento de la nueva línea de defensa al Sud de la provincia de Buenos Aires, presentada por….. al Ministro Francisco de la Cruz”.
(2) Véase “Biografía del general Lavalle” por Lacasa, página 137.
(3) Carta de Alberdi a Chilavert del 29 de octubre de 1839. Archivo de Adolfo Saldías.
(4) Véanse estas cartas de Rico y la nota del comandante del Tandil, publicadas en la Gaceta Mercantil del 12 de noviembre de 1839.
(5) Véase las notas de Granada en la Gaceta Mercantil del 8 de noviembre de 1839.
(6) Comunicación del coronel Prudencio Rozas.  (Véase Gaceta Mercantil del 8 de noviembre de 1839).
(7) Referencias de los señores Antonino Reyes y Pedro R. Rodríguez.
(8) Véase estas notas en La Gaceta Mercantil del 8 y 9 de noviembre de 1839.
(9) Véase la nota de Echevarría publicada en La Gaceta Mercantil de 9 de noviembre de 1839.
(10) Suscriben esta nota Castelli, Sáenz Valiente, Ezeiza, Rico, Lens, Ramos Mexía, Madero, etc.  Véase la Gaceta del 12 de noviembre.
(11) Véase Diario de sesiones de la Junta, tomo XXV, sesión 655.  Véase la Gaceta Mercantil del 16 de noviembre de 1839.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Publicación “Palabra Hernandista”, N°1, Enero-Marzo 1972.
Ravignani, Emilio – Rosas, Interpretación real y moderna – Ed. Pleamar – Buenos Aires (1970).
Revista “Todo es Historia”, N° 81, Febrero de 1974.
Saldías, Adolfo – Historia de la Confederación Argentina – Ed. El Ateneo – Buenos Aires (1951).
Turone, Gabriel Oscar – Leyendas verdaderas del Martín Fierro – Buenos Aires (2008).
www.revisionistas.com.ar

miércoles, 23 de enero de 2013

ROCA Y SU APORTE A LA ARGENTINA



Por Carlos Belgrano
Amigos:
Me ha llegado un correo, cuya autoría es de la Sra Malu Kikuchi.
En líneas generales, es una reproducción correcta de la biografía del General Roca y la semblanza que la autora traza sobre la infamia de reemplazar su ecuestre en Rio Gallegos, es también correcta.
Y si damos por supuesto lo inevitable de tal cambio, me viene a la memoria una cita, si mal no recuerdo, de David Viñas, quien afirmaba, "que algunas estatuas son ùtiles para recordar a nuestros héroes y otras solo para que las caguen las aves".
Confío que la infalibilidad de la naturaleza, habrá de forzar a las palomas, para que el monumento al "bizco", sea un enorme depósito de estiércol.
Sin perjuicio de ello, he de reiterar, lo que afirmé en varias oportunidades, respecto de Julio Argentino Roca.
Pasando incluso por alto, la atinada amonestación de la Sra Kikuchi, sobre el fraude y la corrupción, que no creo, hayan sido más que matices aislados.
El verdadero error del Tucumano, a pesar de contar con el inmenso mérito de incorporar la Patagonia al territorio nacional, y evitar gracias a la mediación británica, que no cayese en poder de los Chilenos, que de por sí lo ha incorporado en la primera línea de nuestros grandes Patriotas, fue la de no entregar los inmensos territorios arrebatados a los indígenas, a los colonos que por millardos, ingresaban en esos momentos al puerto de Buenos Aires.
Su desatino de repartir tierras a sus subordinados, que las vendieron por monedas, porque en su mayoría era unos paniaguados, validó la circunstancia para que una treintena de "familias patricias" se adueñaran del oeste y sureste de Buenos Aires, toda La Pampa y gran parte de Rio Negro.
Si en lugar de favorecer a sus amigos de la High Society Porteña, como los Unzué, Peralta Ramos, Santamarina, Duhau, Guerrero, Menéndez, Behety, Braun y otros tantos, hubiese instado el asentamiento de Colonias Agrícolo Ganaderas, como los yankees lo hicieron contemporáneamente a él, los "populismos" yrigoyenista y peronista, quizás nunca hubiesen visto la luz.
Porque el universo poblacional, se habría fragmentado y los bolsones de pobreza que principiaron en los "caños" de Puerto Nuevo en lo treinta, serían un mero holograma.
Y con nuestra ingente riqueza, la República Argentina, sería líder indiscutida de exportaciones cárnicas y cerealera con valor agregado, que es lo que no sucedió.
Atentamente Carlos Belgrano.-

NOTA DEL DIRECTOR DE DIARIO PREGÓN DE LA PLATA: La nota de Kikuchi a que hace referencia la nota, afirma que fue Julio Argentino Roca quien incorporó extensiones territoriales de la Patagonia a la Argentina, lo cual es una afirmación falsa. Roca fue masón, y eso explica la diferencia de su metodología con la utilizada por el Brigadier Don Juan Manuel de Rosas en la expansión civilizadora sobre los territorios que desde la época hispánica pertenecían al Virreynato. Al Virreynato del Río de La Plata pertenecían todos los territorios de la región hacia el oeste, llegando al Océano Pacífico, exceptuando la pequeña región de la Capitanía de Chile. La diversa naturaleza del Virreynato con la Capitanía justifica tal división geográfica, y acredita la soberanía argentina que llegaba hasta el Pacífico.

martes, 20 de noviembre de 2012

EN RECUERDO DE LA VUELTA DE OBLIGADO



Por Silvio H. Coppola
En la ciudad de La Plata, hay una plaza en el cruce de las avenidas 13 y 60, que según hace saber un cartel en ella colocado, recibe el nombre de Máximo Paz. Político que fuera gobernador de la provincia de Buenos Aires en el período 1887-1890. O sea de pertenencia a la llamada generación del 80. Según su contemporáneo Carlos D’Amico en su libro “Buenos Aires, sus hombres, su política”, fue uno de los principales responsables de la venta de tierras de la provincia y de la enajenación del Ferrocarril del Oeste a favor de capitales ingleses. Sin embargo no es motivo de cuestionarlo sin otros argumentos en esta breve nota, pero el caso es que nadie en la zona sabe quién era este señor y qué hacía para que su nombre designara a la plaza del barrio. No obstante cuando hace unos años el Concejo Deliberante de la ciudad, resolvió como justo homenaje a Juan Manuel de Rosas, cambiar el nombre de la plaza por el del Restaurador, que sí sabían todos o casi todos su participación en le formación de la patria, un grupo de vecinos del barrio, se alarmó por tamaño agravio a la persona de Paz y por designar con el nombre del Ilustre Restaurador al sitio en cuestión. El caso es que con o sin disposición legal, la plaza volvió de hecho a su antigua denominación, que por lo visto, nadie se preocupó en cambiar, por ignorancia, por desidia, por interés, por cobardía intelectual o incluso por convicción. Así estamos ahora, viendo sin embargo que no obstante esta pequeña miserabilidad, vamos progresando en busca de verdades históricas y valorando hechos por demás importantes, en su justa dimensión, separando así los puramente banales. Con el peligro generado por el grupo gobernante, de adulterar y mentir con relación a la historia reciente, principalmente la relativa a la década de los 70, lo que es también hacer política y de la peor especie, para salvar de cualquier manera, sus propias responsabilidades, personales e ideológicas. Pero podemos señalar hoy en día, con relación a un nuevo aniversario del 20 de Noviembre, Día de la Soberanía Nacional, que así como es imposible imaginarse la batalla de Maipú o el cruce de los Andes, sin el general San Martín; o Tucumán y Salta sin Belgrano; o el éxodo oriental sin Artigas, llegará a ser imposible imaginar el Combate de la Vuelta de Obligado sin Rosas, hecho que precisamente tendría que haber sido recordado hoy con la importancia que merece, aunque cabe destacar su incorporación plena oficial, al estrado de los hechos gloriosos de la patria.
Y una acotación sobre los hechos históricos. La navegación de los ríos interiores de un país, es soberana del estado ribereño y sometida a las reglamentaciones que el mismo dicte. Tal principio era plenamente vigente en el siglo XIX y lo sigue siendo aún. Por defenderlo, en relación a los ríos Paraná y Uruguay, el 20 de Noviembre de 1845, fuerzas de la Confederación Argentina, al mando del general Lucio Mansilla y según lo ordenara Juan Manuel de Rosas, como Gobernador de la provincia de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, vallaron el Paraná a la altura de la Vuelta de Obligado (proximidades de San Pedro), enfrentándose con las fuerzas navales conjuntas de la Gran Bretaña y de Francia, envueltas en actos de fuerza y piratería contra las naciones más débiles. Si bien la defensa fue derrotada por la superioridad de los armamentos, la feroz resistencia patriota, disuadió a los invasores de volver a intentar el paso del río. Lo que quedó reconocido formalmente al poco tiempo merced a los tratados firmados con Gran Bretaña y Francia. Así se estableció (Tratado Southern-Arana del 24 de noviembre de 1849) que la navegación del río Paraná “. . .era interior de la Confederación Argentina sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del Uruguay en común con la República Oriental” y (Tratado Arana-Lepredour mayo de 1850) donde se especifica que la navegación del río Paraná era interior argentina “. . . sujeta a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del Uruguay en común con el Estado Oriental”.
Todo esto que había sido logrado con el derrame de sangre argentina, por una ironía de la política, años después y según lo estableció la Constitución Nacional de 1853, fue dejado de lado, estableciéndose que la navegación de los ríos interiores de la República, era “. . .libre para todas las banderas”(situación que se mantiene vigente y que sólo fue rozada por la reforma de 1949). Puede decirse que esta libertad, tenía destinatarios ciertos en Gran Bretaña y en Francia e incluso en el Brasil, lo que al poco tiempo trajo la enorme calamidad de la Guerra del Paraguay. Al respecto se interrogaba Arturo Jauretche ¿si la navegación, que era exclusivamente nuestra pasó entonces a ser libre, qué ganamos con el cambio? Indudablemente fue una claudicación a cambio de nada, una capitis diminutio para los derechos soberanos de nuestro país, acabándose así con la navegación propia de cabotaje y la construcción ribereña de embarcaciones, amén de la sensación de postración de un sentir nacional.
Dado que la historia oficial liberalanatematizó la figura de Rosas y a todo lo relacionado con su gobierno, sus logros y sus políticas fueron denostadas y olvidadas, como se ignoró y abandonó el recuerdo del Combate de la Vuelta de Obligado. No obstante eso, en 1955, había un monolito y unas cadenas simbólicas en el lugar. Las que fueron destruidas en ese año por los libertadores en el gobierno, época de la inventada y falaz Línea Mayo-Caseros. Fueron los últimos estertores de la historia oficial de la época. Es propio de la naturaleza humana, pensar que todo tiempo pasado fue mejor, pero en algo se puede afirmar que hemos progresado. Es en el recuerdo y homenaje a la sangre argentina vertida en la Vuelta de Obligado.
LA PLATA, noviembre 20 de 2012

domingo, 16 de septiembre de 2012

PROCLAMA





"Compatriotas:

 Ninguno de vosotros ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad, de su avaricia, y de su infidelidad, y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad; ha desvirtuado las leyes, y hécholas insuficientes para nuestro bienestar; ha generalizado los crímenes y garantido la impunidad; ha hecho desaparecer la confianza necesaria en las relaciones sociales y obstruido los medios honestos de adquisición; en una palabra,  ha disuelto la sociedad y presentado en triunfo la alevosía y la perfidia. La experiencia de todos los siglos nos enseña “que el remedio de estos males no puede sujetarse a formas, y que su aplicación debe ser pronta y expedita”…

“Habitantes todos de la ciudad y campaña: la Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación para probar nuestra virtud y constancia; resolvámonos pues a combatir con denuedo a esos malvados que han puesto en confusión nuestra tierra; persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida, y sobre todo, al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esta raza de monstruos no quede uno entre nosotros, y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y espanto a los demás que puedan venir en adelante. No os arredre ninguna clase de peligros, ni el temor a errar en los medios que adoptemos para perseguirlos. La causa que vamos a defender es la de la Religión, la de la justicia y del orden público; es la causa recomendada por el Todopoderoso. Él dirigirá nuestros pasos y con su especial protección nuestro triunfo será seguro."

PROCLAMA DEL BRIG. JUAN MANUEL DE ROSAS AL ASUMIR SU 2º GOBIERNO EL DÍA 13 DE ABRIL DE 1835


Saldías, Adolfo “Historia de la Confederación Argentina”, Tomo 2, Editorial EUDEBA, Buenos Aires 1973, págs. 6 y 7.

(Como advertían antes en algunos filmes: “Cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia”. UD. ¿QUÉ OPINA? ¿SERÁ CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

Fuente: Fundación Historia y Patria - fundhispa@arnetbiz.com.ar

viernes, 1 de junio de 2012

GUILLERMO MORENO: “ESTAMOS CERCA DE LA REVOLUCIÓN”



Por Emilio Nazar Kasbo

“Cerca de la Revolución, el pueblo pide sangre” (Charly García)

En una charla organizada por el grupo Maure el último día de mayo de 2012, Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior, hizo declaraciones sobre diversos temas. Pero nos concentraremos en sus dichos en tanto implican un análisis político.

Corralito desde el 2011
Moreno reconoció que el Gobierno detuvo una corrida bancaria a fines de 2011.
“Paramos la corrida bancaria del año pasado, que fue una corrida en serio, y no esta estupidez que tenemos ahora”, expresó, relatando cómo consiguió frenar el retiro de depósitos bancarios que se produjo en noviembre de 2011. Particularmente, sus dichos marcan una endeble situación bancaria, que esconde un descalabro financiero.
También dijo que la discusión sobre la 125 fue una pelea “con la oligarquía”, y que “esta pelea sigue”.
Mientras semejante discurso era pronunciado, el Gobernador bonaerense Daniel Scioli aprobaba el revalúo del impuesto Inmobiliario y los diputados el mismo día aprobaban el paquete impositivo oficialista.

Amontonados en el afano
“Decimos que estamos unidos y organizados. Por ahora estamos unidos y amontonados. Organizados dependerá de los compañeros. Pero estamos bastante más organizados que en la 125. La verdad que estamos menos organizados de lo que estaba el peronismo en la década del 50 e incluso en los 70. Quizás seamos muchos menos los que heredamos esta doctrina y esta ideología, pero yo creo que nunca estuvimos más cerca”, declaró.
Ahora bien, ¿qué es lo que “une” el modelo oficialista? La corrupción, la prebenda y la compra de militancia, a costa del trabajo de quienes no participan de tales vicios.
El “chupamedismo”, la obsecuencia y sumisión de los aduladores son los elementos que “suman” el modelo que pretende ser “popular”, cuando en realidad carece de la espontaneidad del libre patriotismo nacionalista.
Moreno no desconoce esto. Por eso dice “estamos unidos y amontonados”. Los une el “afano”, la complicidad delictiva, tal como resulta de muestra el “caso Schoklender”. Están amontonados, porque son una masa corrupta, no son un grupo de personas ordenadas jerárquicamente en pos de la virtud. Y evidentemente, la “fidelidad” del mercenario dura lo mismo que la paga.

Economía desencajada
Por otra parte, la economía nacional (que permite la corrupción gubernamental que carcome el trabajo de la población honrada), también se encuentra desencajada. La producción agropecuaria tiene un costo que es igualado o superado por su mero transporte.
Así dijo a continuación Moreno: “El precio del gasoil define finalmente el precio de la leche”. Por eso, llega a su ilógico silogismo falto de verdad material en sus premisas: “si la energía define estructuralmente el precio de la logística, entonces, la gran pregunta es: ¿a qué precio de barril de petróleo la Argentina consigue que el conjunto de sus trabajadores trabajen? …El precio del barril del petróleo define finalmente nuestra tasa de desocupación”, concluyó.
Tales preguntas corresponden a una economía stalinista. ¿Quién es el que define los precios? El Estado desvinculado de la producción, y manipulado por un grupo de funcionarios que desde su criterio de laboratorio establecen qué es lo que quieren y desde allí elaboran presupuestos que los llevarán a conclusiones antinaturales.
Es más, la pregunta de Moreno no involucra a los trabajadores y a los gremios, a los empresarios y cámaras empresarias, a los profesionales y colegios o consejos profesionales, sino que los excluye de plano. La pregunta de Moreno es del Estado para el Estado, y la respuesta es la del Gobierno en base a su arbitrario criterio.

Cuestión de número venal

 “Los imperios están distraídos. No hay partido de oposición. No hay partido militar. Están desordenados. Y nosotros somos estos que somos. Pero somos muchos más que ellos. Y encima tenemos un líder. Teniendo líder, sabemos lo que hay que hacer y del otro lado están bastante desordenados. Estamos bastante cerquita de la revolución”, arengó el secretario de Comercio Interior.
¿A qué “imperios” se refiere Moreno? La Unión Soviética no existe más. Hoy sólo hay un “imperialismo” cada vez más concentrado. Las potencias que se ven es el neocomunismo capitalista de China y el actual Estados Unidos socialista de Barack Obama, junto a la Europa demócrata-socialista. Siempre es el mismo perro, aunque con distinto collar… todos tienen o implican la ideología de la lujuria subversiva propia de la Escuela de Frankfurt. ¿En qué están “distraídos” los “imperios”? ¿En la implantación de la homosexualidad y de toda perversión sexual a escala global?
En el sistema partidocrático, reconoció Moreno que “no hay partido de oposición”, y además, en ese marco, la “oposición” carece de sentido, pues en el gobierno haría lo mismo que el oficialismo. Se trata de una aporía partidocrática.
¿Cuál es la ventaja del oficialismo? Moreno dice: “somos muchos más que ellos”. Efectivamente, es una cuestión de número. Pero de un número comprado, de un número de mercenarios que se inclina a son del dinero.

Cerca de la revolución
Luego, si la partidocracia no es oposición… ¿La oposición dónde está? En la gran parte de la población argentina, que es antidemocrática y corporativista (es decir, partidarios de la democracia orgánica), y que es una oposición cualitativa. Es la partidocracia contra la meritocracia.
¿Por qué dice Moreno que “estamos bastante cerquita de la revolución”? ¿Acaso no están el Gobierno? ¿Acaso no han sancionado las leyes más antinaturales que se pueda alguien imaginar, en la avanzada de las naciones más degeneradas y sodomíticas del mundo? Por lo visto, esto no es suficiente.
El “modelo K” es revolucionario, y por tanto debe responder a su misma lógica disgregadora. Es un modelo de unión por casual yuxtaposición en base a intereses efímeros. ¿Qué le falta a esta “revolución” que según el funcionario no se ha concretado? Le falta aplastar a toda oposición real.

Gatopardismo
Evidentemente, la intención de provocar el mayor caos social (que por lo visto es política gubernamental), que aturde al ciudadano normal, es a fin de provocar una reacción, especulando con que la misma sea controlada y aplastada por el mismo gobierno. Una “revolución” aplastada (real o ficticia, digitada por el mismo gobierno o no), es un acto de propaganda que permite perpetuar el Gobierno.
Mirando los alrededores geopolíticos, se comprueba que Hugo Chávez también hizo lo mismo: armó una revolución que él mismo aplastó. El libreto está escrito, y así es aplicado sistemáticamente en cada país, incrementando la experiencia con los precedentes.
Una “ruptura constitucional”, habilitaría a una nueva elección de la presidente prosionista Cristina Wilhelm… ¿acompañada por Rokjés de Alperovich como vicepresidente públicamente prosionista?

La opción real
Pero ¿Qué sucedería si los planes oficialistas fueran sobrepasados por los hechos, y se les escapara de las manos? ¿Qué sucedería si se implantara un gobierno militar que diera paso a un gobierno civil, pero de Orden Natural y Sobrenatural?
El peligro de embarcarse en intentonas golpistas, lleva a digitar desde el poder y el gobierno el orden gregario que por naturaleza toda sociedad esconde. Es decir, que las decisiones “de arriba” queden como una cuestión “de arriba” y no involucren a cada persona como integrante de la sociedad en una familia como célula base que se integra en las instituciones vecinales y políticas de la Patria. El problema de todo “golpismo” es el “gatopardismo”, el cambiar todo para que nada cambie, la omisión del ciudadano virtuoso como parte de una política virtuosa.
Ningún nacionalista se plegaría a un movimiento espúreo por motivos politiqueros o meramente temporales, sino que el nacionalista argentino, católico por origen, raíz y esencia, es la restauración nacional. El nacionalista no es golpista, es restaurador. El nacionalista no busca el bien personal, sino el Bien Sobrenatural en el marco de la unidad de destino en lo universal.
El nacionalista argentino, que es católico, busca traducir la Doctrina Social de la Iglesia a las realidades políticas temporales.
La opción real es que haya un nuevo gobierno al estilo del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas en la Argentina. Pero por el momento, a nadie se vislumbra con tales condiciones.

lunes, 16 de abril de 2012

LA SOBERANIA NACIONAL



Por: Ricardo Díaz


“El hombre, tal como Dios lo quiere y la Iglesia  lo abraza, no se sentirá jamás firmemente consolidado en el espacio y en el tiempo sin territorio estable y sin tradiciones”

                                              --- Pío XII ---



  Mucho se está hablando en estos días acerca de la Soberanía, a raíz del tema de Malvinas principalmente. Pero, a veces nos preguntamos si sabemos bien ó si tenemos bien claro de qué hablamos cuando hablamos de Soberanía.
    En principio debemos tener en cuenta que, generalmente, se habla de soberanía popular. Ya en el siglo XIX, en esta bendita Patria nuestra, el señor Sarmiento habló de soberanía popular cuando dijo “hay que educar al soberano”, sin tener en cuenta que muchos años antes, el filósofo francés Joseph de Maestre, se había pronunciado al respecto en su obra “Estudio sobre la soberanía”, con muy buen sentido del humor y fina ironía: “El pueblo es soberano, dicen. ¿Y de quién? De sí mismo, aparentemente. El pueblo es súbdito. Aquí hay seguramente algún equívoco, si es que no hay un error, ya que el pueblo que manda no es el pueblo que obedece…. El pueblo, se dirá, ejerce la soberanía por medio de los representantes. Esto comienza a entenderse. El pueblo es un soberano que no puede ejercer la soberanía. Pero cada individuo varón de ese pueblo tiene derecho a mandar a su turno durante cierto tiempo. Por ejemplo, si suponemos veinticinco millones de franceses, y setecientos diputados elegibles cada dos años, comprenderemos que, si estos veinticinco millones fueran inmortales, y los diputados fuesen nombrados por turno, cada francés, sería periódicamente rey más o menos cada tres mil quinientos años. Pero como durante ese lapso no se deja de morir cada tanto, y por otra parte lo electores no son dueños de elegir como gusten, la imaginación se espanta ante el terrorífico número de reyes condenados a morir sin haber reinado”
   Este párrafo, por sí sólo y con un toque de humor, lo dice todo. Y nosotros podríamos agregar, en una palabra, que la “soberanía popular” no existe. Pero en este país, en que se ha practicado la demagogia a altos niveles; en el que se ha elevado la demagogia a la categoría de arte, con tal de ganar elecciones, el concepto de soberanía popular se ha  predicado, extendido y machacado hasta el hartazgo.
   Pero nosotros vamos a referirnos a una Soberanía muy superior, mucho más alta, que es la Soberanía Nacional. Para ello hemos de volver a Pío XII quien al respecto expresó: “Un nuevo orden fundado en las normas morales prohíbe absolutamente que sean lesionadas la libertad, la integridad y la seguridad de otra naciones, cualquiera que sea su extensión y capacidad de defenderse”.
   Como vemos, Pío XII habló, en primer término, de libertad. Esto es esencial, si un gobierno no tiene libertad de acción cómo podrá gobernar para el bien común. Estará subordinado a lo que le dicten desde el exterior, sea el Poder Internacional del dinero, sea otra nación superior, me refiero superior económica y militarmente, no moralmente. Por ejemplo: Gran Bretaña ejerce soberanía sobre nuestras islas Malvinas, gracias a su superioridad militar y económica, pero es una inmoralidad, ya que se trata de un robo, lisa y llanamente. Ladrones de guantes blanco, dijo alguien refiriéndose a los elegantes y flemáticos ingleses. Nuestro Señor Jesucristo les diría: “Hipócritas fariseos, sois como los sepulcros, limpios por fuera y llenos de podredumbre por dentro”. Claro, resulta que después de haber sometido por largos años a gran parte de África, a la India y a ciudades como Hong Kong, vienen a hablarnos a nosotros sobre la “autodeterminación de los pueblos”, refiriéndose a los kelpers, ó ciudadanos de segunda. Espectacular e increíble, un fariseísmo o hipocresía mayor no puede existir en toda la historia de la humanidad.
   Por eso decía, hace muchos años, el filósofo y mártir de la Fe Católica, profesor Jordán B. Genta que “La liberación económica de la nación depende del ejercicio real de la Soberanía Política y de una libertad de acción suficiente para servir al Bien Común”.
  Fueron por todos estos principios que se sacrificaron nuestros héroes de la guerra de la independencia y derramaron su sangre, como lo hicieron también nuestros héroes de Malvinas. Pero cual fue la respuesta de los sucesivos gobiernos: continuar la entrega metódica y sin límites de nuestra soberanía nacional, con YPF a la cabeza, al poder mundial. Y encima tenemos que soportar ahora mansamente que nos reten desde la Madre Patria diciéndonos que si se lesiona a Repsol se lesiona a toda España. Una España, por otra parte, con una crisis descomunal, mas de cinco millones de desocupados; un reajuste ordenado por el FMI impresionante que será realizado sobre el sector de la salud y la educación nada menos. Creo que si el pueblo español reacciona, va a ser peor que el tsunami de Indonesia o de Japón.
   Volviendo a nosotros, comparemos esta actitud de nuestros gobiernos respecto de la entrega del país, con la actitud asumida por don Juan Manuel de Rosas, a quien el General Don José de San Martín dedicó estas palabras en una carta a su amigo Tomás Guido: “…de todas modos, yo estoy bien tranquilo en cuanto a las exigencias injustas (de Inglaterra y Francia) pues todas ellas se estrellarán contra la firmeza de nuestro Juan Manuel” (27 – XII – 1847).
   Otras palabras que también se referían a este tema, fueron las del Cnel M. A. Seineldín, quien expresara que “El uni-imperialismo no acepta rebeliones… limita las soberanías nacionales y se mete donde quiere, con intenciones `humanitarias´”.
   Claro, el imperio del norte invade zonas petrolíferas, con la excusa de que son naciones que tienen armas nucleares peligrosas para la humanidad -se ve que las de ellos no son tan peligrosas- y así se metieron en Irak, y ahora van por Irán,  y se ve que Corea también debe tener petróleo, porque ya están apuntando hacia este país que, ciertamente tiene armas nucleares, pero no tantas como tienen los humanitarios salvadores del mundo en sus distintas y distantes bases desparramadas por todo el mundo, incluyendo Argentina.
   Pero todo esto lo pueden hacer porque tienen una Soberanía basada en el Poder Nacional. Sobre este tema y refiriéndose a nuestro país, el director del periódico “patria Argentina”, Santiago R. Alonso, conmemorando el 30ª aniversario de la Guerra de Malvinas dijo: “A partir del momento que se decida ser dueño de nuestro destino nacional – con una fuerte voluntad política -  es imprescindible reconstruir nuestro Poder Nacional. La Argentina carece hoy de Poder. Y el Poder Nacional es la causa material de la Soberanía Política. Sin Poder es imposible hacer efectiva la Soberanía Nacional. Este es un  dato del realismo político que debe ser tenido en cuenta y cuya importancia está sobradamente comprobada por la experiencia histórica”…”La refundación de las Fuerzas Armadas al servicio exclusivo y excluyente de los intereses y objetivos vitales de la Nación, constituye una exigencia primaria en la reconstrucción del Poder Nacional Argentino”.
   Bien, creo que ha quedado bastante claro de que se trata la Soberanía Nacional. Lo único lamentable es que nosotros no podamos quedarnos tranquilos como el General San Martín, porque, lamentablemente, carecemos de un Juan Manuel.
   Pero quiero concluir esta nota con palabras del mencionado profesor J.B. Genta: “La mediatización y el servilismo de los gobiernos por el Imperialismo Internacional del Dinero, supone la renuncia a la Soberanía Política. Si los poderes multinacionales, monopolistas e insaciables pueden operar al margen del Bien Común es porque no existe o ha dejado de existir la soberanía, aunque se mantengan las formalidades aparentes y las representaciones en la UN y en la OEA”.-

lunes, 26 de marzo de 2012

LAS FALACIAS DE BANEGAS LYNCH (H) SOBRE ROSAS




Por el Dr. Edgardo Atilio Moreno

El economista liberal Alberto Banegas Lynch (h) escribió un articulo titulado “Juan Manuel de Rosas: perfil de un tirano”; que se publicó el 9 de febrero del 2012, en el blog del Centro Para la Prosperidad Global “The Independent Institute”, y en otros sitios de Internet como “libertadyprogresonline.org”.
La nota, de entrada nomás, se despacha con los típicos insultos a la figura del ilustre Caudillo. Con la misma mesura y honestidad de los unitarios del siglo XIX, Lynch considera a Rosas un tirano y un imitador de Calígula. A partir de semejante introito uno se da cuenta que nada serio y objetivo podrá encontrar en ese texto; no obstante ello, y desafiando lo aconsejable para estos casos, nos adentramos en su lectura.
¿Y qué es lo que encontramos a continuación? Una trascripción de los argumentos en contra de Rosas que escribió el historiador Isidoro Ruiz Moreno en el diario La Nación del 8 de noviembre de 1999, y que fueron oportuna y prolijamente refutados por el Instituto Juan Manuel de Rosas, en su Revista Nº 57 de octubre/diciembre de 1999.
En aquella nota Ruiz Moreno decía que Rosas “se declaró enemigo de la gesta independentista de 1810 tal como él mismo lo especificó posteriormente en un discurso el 25 de mayo de 1837”.
Pues bien, si uno lee aquel famoso discurso del Restaurador, no tiene la menor duda de que este historiador liberal hace una pésima interpretación del mismo. A decir verdad hay que tener mala fe para encontrar allí una oposición a la gesta independentista; por el contrario, esta clarísimo que Rosas apoyó y reivindicó el Mayo que se desenvolvió fiel a nuestra tradición histórica, y que solo repudió al Mayo masónico y jacobino de los liberales.
Así mismo afirma que “cuando se produjeron las invasiones inglesas, Rosas se retiró a su estancia”. Esto de ser cierto no sería para nada condenable, atento a que por entonces don Juan Manuel era casi un niño; sin embargo es bien sabido, y está perfectamente documentado, que no obstante su edad combatió en aquellas gloriosas jornadas, y lo hizo con bravura (ver: carta de Liniers a los padres de Rosas y lo dicho por Saldías).
Por otro lado, también le reclama a Rosas que “inició una guerra no declarada con Bolivia que descuidó de tal manera que se perdió Tarija”.  Otra extravagancia. ¿De dónde tanta preocupación de un liberal por la pérdida de territorios cuando sus principales ideólogos no se cansaron de predicar que el mal que aqueja a la Argentina es la extensión, y en virtud de ello perdimos el Alto Perú, Paraguay, la Banda Oriental, las Misiones Orientales, el Estrecho de Magallanes, etc.?
Lo de la guerra con Bolivia se debió a que el dictador boliviano apoyaba a los unitarios de Salta y Tucumán, y pretendía además incorporar estas provincias a sus dominios. Por cierto que hay también ciertas razones de “pesos”, que extraña que los liberales las soslayen siendo que son tan afectos a las cuestiones crematísticas y desprecian como de un anacrónico nacionalismo todas aquellas que tengan que ver con la Unidad Nacional, la Soberanía y el Honor Nacional; nos referimos aquí a los perjuicios económicos que sufría nuestro país por culpa del gobierno de Santa Cruz, que gravaba con un impuesto del 40% las mercaderías destinadas a ultramar introducidas a Bolivia desde las provincias argentinas. (Ver por ejemplo carta de Heredia a Rosas del 21/01/1837).
Más adelante, Ruiz Moreno nos recuerda que Rosas “en 1838 propuso ceder las Malvinas a los acreedores ingleses”. Viejo lugar común de la historia oficial explicado mil veces.
En realidad existen solo dos borradores confidenciales (que estrictamente hablando no tienen mucho valor como documentos, pues no cumplen con los requisitos que exige la crítica externa e interna) en los que se habla de indemnización y transacción respecto a las islas. Se trataría en todo caso de un proyecto de propuesta que no llegó a concretarse y que tenía como finalidad hacer reconocer a los ingleses que no eran propietarios de las Islas, pues eventualmente estarían dispuestos a comprarlas. Pensar de otra forma es creer que quien constantemente defendió nuestra soberanía en otras ocasiones, en esto actuaría en forma diferente. Solo el odio a Rosas puede mover a eso.
Luego Ruiz Moreno toca el tema del bloqueo francés, y aquí nos muestra todo su patriotismo. Al igual que sus antepasados ideológicos se pone de lado de Francia, y dice que Rosas lo estimuló “para desviar la atención de los problemas internos”. La verdad de los hechos es que Francia buscaba hace tiempo una excusa para intervenir (Manuel Moreno desde Londres ya lo advertía en 1833); por eso los agresores presentaron una nota inaceptable reclamando la libertad de unos franchutes delincuentes comunes, la destitución de quienes los arrestaron, la baja de dos milicianos franceses, y el trato de nación mas favorecida. Una insignificancia, al parecer, para el académico de marras; quien además nos informa que en “el tratado Makau-Arana se aceptaron los reclamos franceses”; aunque parece que los franceses y los unitarios no se enteraron de ello, ya que hasta el mismísimo Florencio Varela dijo: “Bochornoso es comparar el ultimátum de la Francia del 23 de septiembre de 1838 con lo que se ha conseguido”… “En una palabra, lo único que se ha conseguido es el reconocimiento de un principio que no hay que registrar en un tratado, porque el que perjudica a otro le debe indemnización”. Ironías aparte, no hay dudas que un historiador tiene que ser muy miope como para no ver todo lo que la Confederación Argentina obtuvo en ese Tratado. Claro que el animus injuriadi lo puede todo.
Así pues, Ruiz Moreno prosigue con su retahíla de falacias y a continuación  recurre al ya polvoriento reproche según el cual “Rosas firma el Pacto Federal por el que se comprometió a convocar a un Congreso Constituyente, lo cual nunca cumplió”. Bueno, habría que notificarle a este hombre que el Pacto Federal no habla para nada de un Congreso Constituyente, solo de una Comisión Representativa, e invita a las provincias a reunirse cuando estén en “plena libertad y tranquilidad”.
Por fin termina sus dichos con la cantinela de que Rosas “gobernó al país bajo un régimen de terror, en un sistema unitario centralizado y que nunca visitó el interior del país, salvo una vez a Santa Fe”. ¿Que documentación aporta?, ninguna, solo sus propias palabras. Y ya sabemos que lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega.
A todo esto Banegas Lynch, para rematar su libelo, nos deja una truculenta serie de citas injuriantes al Restaurador proferidas por personajes como Mitre, Echeverria, Sarmiento y Levene; como si tuvieran algún valor probatorio los dichos sin fundamento de sus mas acérrimos enemigos; los cuales además fueron los responsables de la falsificación de nuestra historia. Hacer eso es querer probar una mentira citando a la propia mentira.
Inclusive mete en esa misma bolsa putrefacta al general San Martín citando una supuesta carta a Gregorio Gómez del 21 de septiembre de 1839 en la que éste desaprueba cierta actitud persecutoria de Rosas respecto de algunas personas de las cuales el Libertador tenia buen concepto; carta que tal como ha sido probado por el historiador Eros Nicola Siri es apócrifa, y que además aunque no lo fuera, está totalmente descontextualizada.
Si se quiere saber realmente lo que pensaba San Martín de Rosas, hay numerosos documentos al alcance.  En ellos se puede constatar que el Libertador aprobaba “con placer” el gobierno “firme” de Rosas (carta a Tomás Guido del 6 de abril de 1830), y consideraban que no había otra forma de “cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra, que el establecimiento de un gobierno fuerte, o más claro, absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer” (carta a Guido del 17 de diciembre de 1835).
En esas cartas que la historia oficial trató de ocultar esta clarísimo no solo que el Libertador apoyaba la obra de Rosas sino que condenaba a los unitarios que se unían a las potencias extranjeras. En efecto, en una carta del 10 de junio de 1839 decía: “lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria… una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. En otra, del 2 de noviembre de 1848, se alegraba por los triunfos del Restaurador diciéndole: “a pesar de la distancia que me separa de nuestra Patria, usted me hará justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo pa mi achacosa vejez”.
Están también –obviamente- las cartas en las que San Martín apoya la forma en que Rosas defendió nuestra soberanía. En ellas además se puede ver la confianza que tenía en el Restaurador. En una decía por ejemplo: “yo estoy tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que puedan tener estos gabinetes, por que todas ellas se estrellaran contra la firmeza de nuestro don Juan Manuel” (carta a Guido del 27 de diciembre de 1847).
Y tenemos sobretodo el Testamento del Libertador; en el cual dispone que: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido, el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”. Este acto jurídico de gran trascendencia aventa cualquier duda al respecto y constituye el mayor halago y tributo que argentino alguno pueda haber recibido.
Y una cosa más. San Martín al final de su vida le dirá a Rosas lo siguiente: “...como argentino me llena de un verdadero orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor, restablecidos en nuestra querida patria: y todos esos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. Sinceramente… Que goce Ud. de salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino. Son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota que besa sus manos” (6 de mayo de 1850).
Que sigan pues los liberales con sus injurias, falacias, y ocultamientos. Nosotros en tanto seguiremos cumpliendo los deseos postreros del general don José de San Martín: colmando a don Juan Manuel del “justo reconocimiento” que se merece.