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martes, 2 de octubre de 2012

¿SARTO, SIRI?




El pensamiento de Mons. Richard Williamson
Obispo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Número CCLXXII (272) - 29 de septiembre de 2012

En un sermón de la Fiesta de San Pío X me encontré pronunciando “casi una herejía”: Me preguntaba en voz alta si José Sarto hubiera desobedecido a la destrucción de Paulo VI de la Iglesia, si en lugar de morir como el Papa Pío X en 1914, él hubiera muerto como Cardenal, digamos en 1974. En La Fraternidad San Pío X eso debe sonar como una herejía porque, ¿como la sabiduría del Patrón celestial de la FSPX podría ser defectuosa? Sin embargo la cuestión no es infundada.
En los años 1970, el Arzobispo Lefebvre hizo visitas personales a un cierto número de los mejores cardenales y obispos de la Iglesia con la esperanza de convencer siquiera a un puñado de ellos para ofrecer una resistencia pública a la revolución de Vaticano II. Acostumbraba decir que tan solo media docena de obispos resistiendo juntos hubieran podido seriamente obstruir el debacle Conciliar de la Iglesia. Por desgracia, ni siquiera el sucesor que Pío XII había esperado, el Cardenal Siri de Génova, haría un gesto público en contra del grupo que ocupaba el poder en la Iglesia. Finalmente, Monseñor de Castro Mayer dio el paso, pero solamente en los años ’80, cuando la Revolución Conciliar se había bien incrustado en la cúpula de la Iglesia.
Entonces, ¿cómo fue posible que las mejores de las bien adiestradas mentes hayan podido ser tan oscurecidas? ¿Cómo ni siquiera un mínimo de los mejores hombres de Iglesia de la época no haya sido capaz de ver lo que el Arzobispo estaba viendo, por ejemplo que la “ley” instalando el Novus Ordo de la Misa no era de ninguna manera una ley, porque pertenece a la propia naturaleza de la ley ser una ordenanza de la razón para el bien común? ¿Cómo Monseñor Lefebvre pudo encontrarse relativamente tan solo al no permitir que un principio tan básico del sentido común pueda ser pisoteado por respeto a la autoridad, aún cuando la propia sobrevivencia de la Iglesia estaba amenazada por el Vaticano II y la Nueva Misa? ¿Cómo puede la autoridad haber así llegado a pesar más que la realidad y la verdad?
Mi propia respuesta es que durante los siete siglos pasados, la Cristiandad ha estado deslizándose progresivamente hacia la apostasía. Durante 700 años, con interrupciones nobles como la Contra-reforma, la realidad del Catolicismo ha sido lentamente carcomida por la fantasía cancerosa del liberalismo, que consiste en que el hombre se libera de Dios al liberarse la naturaleza de la gracia, el espíritu de la verdad objetiva, y la voluntad del bien y del mal objetivo. Durante un período muy largo, 650 años, los prelados católicos se aferraron a la realidad y la defendieron, pero al fin la fuerza de la fantasía glamorosa de modernidad, cada vez más fascinante, penetró sus huesos haciendo que la realidad pierda su agarre en sus mentes y voluntades. Faltando la gracia, como lo dijo Santo Tomás Moro hablando de los obispos ingleses de su época que estaban traicionando la Iglesia Católica, ellos dejaron que la fantasía de los hombres pesara más que la realidad de Dios, y que la autoridad pesara más que la verdad. Hay lecciones prácticas para el clero así como para los laicos también.
Estimados colegas, adentro y afuera de la FSPX, para servir a Dios, guardémonos de reaccionar como José Siri cuando en realidad necesitamos reaccionar como José Sarto, con sus magníficas denuncias de los errores modernos en Pascendi, Lamentabili y Notre Charge Apostolique sobre el “Sillon”. Y para obtener la gracia que necesitamos en esta crisis, la más tremenda de toda la historia de la Iglesia, necesitamos tremendamente rezar.
Seglares, si los horrores de la vida moderna os hacen tener “hambre y sed de justicia”, alégrense, si pueden, que los horrores los mantengan en la realidad, y no duden que si perseveran en vuestra hambre, “seréis hartados” (Mt.V, 6). Bienaventurados los pobres en espíritu, los mansos, los que lloran, dice Nuestro Señor en el mismo lugar. En cuanto a la protección más segura para evitar que vuestros espíritus y vuestros corazones sean presos de la fantasía, recen cinco, o mejor quince, Misterios diarios del Santo Rosario de Nuestra Señora.
Kyrie eleison.

lunes, 20 de agosto de 2012

MAX THURIAN, EL OTRO NOMBRE DE TAIZÉ



El verano de 1996, el 15 de agosto, a los 75 años, moría en el seno de la Iglesia Católica el converso del calvinismo Hermano Max Thurian, fundador con el Hermano Roger de la Comunidad Ecuménica de Taizé. Su pertenencia a la Iglesia Católica se vio coronada con su ordenación sacerdotal de manos del Obispo de Nápoles, Cardenal Ursi, el 3 de mayo de 1987. 
Muchos no podían entenderlo puesto que del Hermano Thurian ni entonces ni antes ni después se supo hubiera abjurado de los errores de sus orígenes herejes. Las declaraciones de un importante miembro de la curia papal pretendieron atajar las dudas al fundamentar su catolicismo en «su espíritu ecuménico y su personal solicitud de ser acogido por la Iglesia.»
A guisa de anécdota recordemos que cuando Pío XII pensaba definir el Dogma de la Asunción de la Virgen, el Hermano Max se opuso con denuedo preguntándose: «¿Y dónde está eso en la Biblia...?»
El 30 de septiembre de 1992 el Papa Juan Pablo II había nombrado al ya Padre Thurian miembro de la Comisión Teológica Internacional. En dicho organismo representaría un papel importante y por ello muy criticado por quienes acostumbraban reunirse con él, y con el Hermano Roger, en su residencia de Roma durante el Concilio Vaticano II. Más todavía por los progresistas puesto que, justo en tal año, contrariando antiguos posicionamientos el P. Thurian criticaba las libertades heréticas a que arrastraba, por su propia naturaleza, el «engendro de la nueva misa de Bugnini y Pablo VI.»
Todavía cuatro años después, en 1996, el P. Thurian insistía en su «total insatisfacción por las reformas post-conciliares que han despojado a la Misa de su misterio». Y a pocos días de su muerte L’Osservatore Romano incluía un artículo suyo titulado “La exigencia de la verdad”, en el que una vez más lamentaba la anarquía de ordinarios y religiosos que «hacían tabla rasa del respeto a la Tradición exigido por el Concilio». Subrayemos esta anarquía como bastante rara, incluso inexplicable, en la disciplina de la Iglesia. A no ser que exista previo consentimiento, tácito o expreso, del Papa.
Para valorar las palabras del Padre Max Thurian téngase en cuenta que participó muy activo en la Comisión Conciliar para la Reforma Litúrgica y colaboró en la confección de la Misa Nueva, al lado del masón Bugnini. [Esto de masón lo afirman las cuatro listas en que figura su nombre: una, la de los obispos alemanes; otra, la de la policía italiana; la tercera, del periodista Pecorelli y, finalmente, la del polígrafo Ricardo de la Cierva.]
La historia del Hermano Max convertido en Padre Thurian, o del teólogo calvinista hecho liturgista católico, puede llegar a ejemplo del deseado y verdadero ecumenismo. Viene esto a propósito para subrayar el detalle común a muchos conversos en la dificultad de ingresar en la Iglesia limpios de adherencias a su herejía. En especial si de un ex calvinista se trata. Esto es una realidad repetida en la historia, aun salvando la bondad de intenciones. Veamos una posible muestra.
Max Thurian escribió el libro “María, Madre del Señor y figura de la iglesia”, en el que nos decía respecto a la siempre Virgen cosas como las que siguen:
«La virginidad de María constituye un indudable dato objetivo del texto del Nuevo Testamento. [...] Dios formó en las entrañas purísimas de María Santísima un cuerpo como el nuestro y creó un alma como la nuestra. A este ser humano, en el instante mismo de su concepción, se unió el Hijo de Dios, es decir, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y así el que era Hijo de Dios quedó hecho hombre sin dejar de ser Dios. Este es el misterio de la Encarnación.» (Ed. Hechos y Dichos, Zaragoza, 1966.)
¿Qué se desprende de estas afirmaciones? Pues que el Hermano Max no creía en la divinidad de Jesús en la misma forma en que nosotros creemos. Para empezar, el feto que es “utilizado” por Dios ¿de quién era? ¡Y, además, con alma! Es claro que en ese "ser humano" no se engendra el Hijo de Dios; ya hay engendrado "un ser humano". El cual no lo fue por la fuerza del Altísimo. La que, según la tesis protestante, se espera para luego. Por tanto...
El autor ex-calvinista nos propone más una posesión que la Encarnación, en lo que siempre los católicos hemos creído. Así, la Tradición apostólica enseña que el feto del vientre de María no fue soporte, cuerpo poseído, sino Dios mismo formándose hombre en su vientre. No fue un feto divinizado, sino dios mismo hecho hombre en “las entrañas purísimas de María Santísima”. Lo afirma con incontestable claridad San Juan: Es el Verbo el que se hace carne y no la carne la que se diviniza. ( Jn 1, 14) La diferencia es tan enorme como sus efectos.
Les anticipo que estas conclusiones no son mías sino luz de placentera plática con algunos de mis hijos que me hizo entender el porqué de cambiar en la misa la traducción de la consagración del pan: “Esto es mi cuerpo”, en lugar de como se dijo siempre «Este es...». En “Este”, el cuerpo es. En “esto”, puede ser o no ser, pues que primero es pan, es un “esto” que todavía no es lo que nosotros creemos.
Cristo ya se había referido al pan que el iba a dar para la vida eterna. ¿Puede creerse que en el gran momento del Cenáculo Cristo dijo a sus discípulos: Tomad y comed, esto es mi cuerpo, refiriéndose al pan? Lo razonable es que hubiera dicho: Este es el pan de que os hablé. Pero los evangelistas cuentan que fue: "Este es mi cuerpo". Hablaba de su cuerpo y,por tanto, si señalaba al pan era con referencia a la víctima que sería ese pan. Como lo fueron el trigo y las uvas del Sumo Sacerdote Melquisedec. Lo cual, "después de haber cenado", y no como parte de la cena, se remachaba con el cáliz de la Nueva y Eterna Alianza.
Ahora los católicos nos vemos obligados a un ejercicio de magia: colocamos sobre la oblea la fe de modo que nosotros la "hacemos” cuerpo de Cristo, ensombreciendo la verdad de que sólo por la acción sacerdotal es cuerpo de Cristo independientemente de que lo creamos o no. Esta es la razón de que los comunistas en España, o el Mau-Mau en África, cometían sacrilegio cuando arrasaban sagrarios. Aunque no creyeran en la Eucaristía. Y, más aun, es la razón de la triste fórmula por la que recibimos la comunión diciendo: “Amén”, que significa asentimiento. El "ministro de la comunión" enseña la hostia y afirma: "El Cuerpo de Cristo" y nosotros respondemos: "Amén". Es decir, "así sea", “sí creo”.
Así, con nuestro decir o no decir es lo que resuelve el problema de la ambivalencia para que los católicos comulguemos el Cuerpo de Cristo o que, simplemente, los protestantes coman nada más que pan. Juntos en la parroquia haciendo cola para comulgar y cada cual toma lo que quiere sin concordar en lo que es. Por eso, ahora los protestantes pueden ir a Misa sin reparo. Por eso los apóstatas autorizados pastoralmente (?) nos obligaron a comulgar de pie y sin la unción espontánea de la presencia divina, hoy tan difuminada o definitivamente perdida. Por eso muchos de nuestros malos pero obedientes pastores nos obligaron, con violencia en mayores y con catequesis adulteradas en los niños, a comulgar con la mano. Como lo hacen los protestantes con esos cestitos que en sus oficios se pasan los fieles de bancada en bancada.
Este post debe terminar afirmando del Padre Thurian que le creo sincero con Dios hasta la gloriosa rectificación de sus antiguos errores. Nada nuevo en la Iglesia, empezando por San Agustín. Y que su cercanía con los muñidores de la nueva liturgia le llevaron a aborrecer y criticar con escandalosa indignación los desaguisados producidos en la Misa de Pablo VI. Para mí no es casualidad que fuera llamado al Padre en los brazos de la Virgen, justo en el día de su fiesta de agosto. Max Thurian, ruega por nosotros.

Fuente: 

lunes, 16 de abril de 2012

LA SOBERANIA NACIONAL



Por: Ricardo Díaz


“El hombre, tal como Dios lo quiere y la Iglesia  lo abraza, no se sentirá jamás firmemente consolidado en el espacio y en el tiempo sin territorio estable y sin tradiciones”

                                              --- Pío XII ---



  Mucho se está hablando en estos días acerca de la Soberanía, a raíz del tema de Malvinas principalmente. Pero, a veces nos preguntamos si sabemos bien ó si tenemos bien claro de qué hablamos cuando hablamos de Soberanía.
    En principio debemos tener en cuenta que, generalmente, se habla de soberanía popular. Ya en el siglo XIX, en esta bendita Patria nuestra, el señor Sarmiento habló de soberanía popular cuando dijo “hay que educar al soberano”, sin tener en cuenta que muchos años antes, el filósofo francés Joseph de Maestre, se había pronunciado al respecto en su obra “Estudio sobre la soberanía”, con muy buen sentido del humor y fina ironía: “El pueblo es soberano, dicen. ¿Y de quién? De sí mismo, aparentemente. El pueblo es súbdito. Aquí hay seguramente algún equívoco, si es que no hay un error, ya que el pueblo que manda no es el pueblo que obedece…. El pueblo, se dirá, ejerce la soberanía por medio de los representantes. Esto comienza a entenderse. El pueblo es un soberano que no puede ejercer la soberanía. Pero cada individuo varón de ese pueblo tiene derecho a mandar a su turno durante cierto tiempo. Por ejemplo, si suponemos veinticinco millones de franceses, y setecientos diputados elegibles cada dos años, comprenderemos que, si estos veinticinco millones fueran inmortales, y los diputados fuesen nombrados por turno, cada francés, sería periódicamente rey más o menos cada tres mil quinientos años. Pero como durante ese lapso no se deja de morir cada tanto, y por otra parte lo electores no son dueños de elegir como gusten, la imaginación se espanta ante el terrorífico número de reyes condenados a morir sin haber reinado”
   Este párrafo, por sí sólo y con un toque de humor, lo dice todo. Y nosotros podríamos agregar, en una palabra, que la “soberanía popular” no existe. Pero en este país, en que se ha practicado la demagogia a altos niveles; en el que se ha elevado la demagogia a la categoría de arte, con tal de ganar elecciones, el concepto de soberanía popular se ha  predicado, extendido y machacado hasta el hartazgo.
   Pero nosotros vamos a referirnos a una Soberanía muy superior, mucho más alta, que es la Soberanía Nacional. Para ello hemos de volver a Pío XII quien al respecto expresó: “Un nuevo orden fundado en las normas morales prohíbe absolutamente que sean lesionadas la libertad, la integridad y la seguridad de otra naciones, cualquiera que sea su extensión y capacidad de defenderse”.
   Como vemos, Pío XII habló, en primer término, de libertad. Esto es esencial, si un gobierno no tiene libertad de acción cómo podrá gobernar para el bien común. Estará subordinado a lo que le dicten desde el exterior, sea el Poder Internacional del dinero, sea otra nación superior, me refiero superior económica y militarmente, no moralmente. Por ejemplo: Gran Bretaña ejerce soberanía sobre nuestras islas Malvinas, gracias a su superioridad militar y económica, pero es una inmoralidad, ya que se trata de un robo, lisa y llanamente. Ladrones de guantes blanco, dijo alguien refiriéndose a los elegantes y flemáticos ingleses. Nuestro Señor Jesucristo les diría: “Hipócritas fariseos, sois como los sepulcros, limpios por fuera y llenos de podredumbre por dentro”. Claro, resulta que después de haber sometido por largos años a gran parte de África, a la India y a ciudades como Hong Kong, vienen a hablarnos a nosotros sobre la “autodeterminación de los pueblos”, refiriéndose a los kelpers, ó ciudadanos de segunda. Espectacular e increíble, un fariseísmo o hipocresía mayor no puede existir en toda la historia de la humanidad.
   Por eso decía, hace muchos años, el filósofo y mártir de la Fe Católica, profesor Jordán B. Genta que “La liberación económica de la nación depende del ejercicio real de la Soberanía Política y de una libertad de acción suficiente para servir al Bien Común”.
  Fueron por todos estos principios que se sacrificaron nuestros héroes de la guerra de la independencia y derramaron su sangre, como lo hicieron también nuestros héroes de Malvinas. Pero cual fue la respuesta de los sucesivos gobiernos: continuar la entrega metódica y sin límites de nuestra soberanía nacional, con YPF a la cabeza, al poder mundial. Y encima tenemos que soportar ahora mansamente que nos reten desde la Madre Patria diciéndonos que si se lesiona a Repsol se lesiona a toda España. Una España, por otra parte, con una crisis descomunal, mas de cinco millones de desocupados; un reajuste ordenado por el FMI impresionante que será realizado sobre el sector de la salud y la educación nada menos. Creo que si el pueblo español reacciona, va a ser peor que el tsunami de Indonesia o de Japón.
   Volviendo a nosotros, comparemos esta actitud de nuestros gobiernos respecto de la entrega del país, con la actitud asumida por don Juan Manuel de Rosas, a quien el General Don José de San Martín dedicó estas palabras en una carta a su amigo Tomás Guido: “…de todas modos, yo estoy bien tranquilo en cuanto a las exigencias injustas (de Inglaterra y Francia) pues todas ellas se estrellarán contra la firmeza de nuestro Juan Manuel” (27 – XII – 1847).
   Otras palabras que también se referían a este tema, fueron las del Cnel M. A. Seineldín, quien expresara que “El uni-imperialismo no acepta rebeliones… limita las soberanías nacionales y se mete donde quiere, con intenciones `humanitarias´”.
   Claro, el imperio del norte invade zonas petrolíferas, con la excusa de que son naciones que tienen armas nucleares peligrosas para la humanidad -se ve que las de ellos no son tan peligrosas- y así se metieron en Irak, y ahora van por Irán,  y se ve que Corea también debe tener petróleo, porque ya están apuntando hacia este país que, ciertamente tiene armas nucleares, pero no tantas como tienen los humanitarios salvadores del mundo en sus distintas y distantes bases desparramadas por todo el mundo, incluyendo Argentina.
   Pero todo esto lo pueden hacer porque tienen una Soberanía basada en el Poder Nacional. Sobre este tema y refiriéndose a nuestro país, el director del periódico “patria Argentina”, Santiago R. Alonso, conmemorando el 30ª aniversario de la Guerra de Malvinas dijo: “A partir del momento que se decida ser dueño de nuestro destino nacional – con una fuerte voluntad política -  es imprescindible reconstruir nuestro Poder Nacional. La Argentina carece hoy de Poder. Y el Poder Nacional es la causa material de la Soberanía Política. Sin Poder es imposible hacer efectiva la Soberanía Nacional. Este es un  dato del realismo político que debe ser tenido en cuenta y cuya importancia está sobradamente comprobada por la experiencia histórica”…”La refundación de las Fuerzas Armadas al servicio exclusivo y excluyente de los intereses y objetivos vitales de la Nación, constituye una exigencia primaria en la reconstrucción del Poder Nacional Argentino”.
   Bien, creo que ha quedado bastante claro de que se trata la Soberanía Nacional. Lo único lamentable es que nosotros no podamos quedarnos tranquilos como el General San Martín, porque, lamentablemente, carecemos de un Juan Manuel.
   Pero quiero concluir esta nota con palabras del mencionado profesor J.B. Genta: “La mediatización y el servilismo de los gobiernos por el Imperialismo Internacional del Dinero, supone la renuncia a la Soberanía Política. Si los poderes multinacionales, monopolistas e insaciables pueden operar al margen del Bien Común es porque no existe o ha dejado de existir la soberanía, aunque se mantengan las formalidades aparentes y las representaciones en la UN y en la OEA”.-

martes, 31 de enero de 2012

LA “EXPERIENCIA RELIGIOSA” O “MODERNISMO” DE MASAS (PARTES I, II y III)


Los denominados “movimientos religiosos” que se dan en la actualidad, en los cuales algunos miembros de la jerarquía cifran neciamente sus esperanzas para el futuro de la Iglesia, son, en realidad, formas de modernismo popular, como que se fundan en una falsa “experiencia religiosa” en la que un sentimentalismo emocional e ilusorio suplanta a las virtudes teologales.

LA VERDADERA EXPERIENCIA RELIGIOSA

El padre Cornelio Fabro (+1999) explica en la Enciclopedia Católica (Ciudad del Vaticano, 1950, voz “Esperienza religiosa”, vol. V. cois. 601-607) que la experiencia religiosa es cierto “contacto” que la conciencia humana busca tener con Dios. Hay, con todo, una noción de experiencia religiosa ortodoxa y conforme con la sana teología mientras que hay otras que son heterodoxas.

La noción ortodoxa de experiencia religiosa coincide con la mística, o tercera vía de los “perfectos”, que fue estudiada por la patrística, luego por la escolástica y, finalmente, por los doctores místicos por antonomasia: Santa Teresa de Ávila (+1582) y San Juan de la Cruz (+1591). El padre Reginald Garrigou-Lagrange (+1964) sistematizó y sintetizó no hace mucho la doctrina católica sobre la naturaleza de la verdadera mística en sus obras Perfección cristiana y contemplación, y Las tres edades de la vida interior, preludio de la del cielo: tratado de la teología ascética y mística. La auténtica experiencia religiosa supera toda falsa “inmanencia”, cualquier técnica gnóstico-esotérica o filosofía orientalizante con la que el hombre se forja la ilusión de poder alcanzar la autodivinización mediante sus propias fuerzas. En efecto, Dios es trascendente y, por ende, inalcanzable para las fuerzas naturales por hallarse a una distancia infinita de toda capacidad creada, tanto humana como angélica. Es creador incondicionado y redentor en uso de su libérrima voluntad, al que nada constriñe ni determina. Dios está “presente” en todo lugar y, por ende, también en el hombre, no viceversa, como pretende, según parece, la concepción antropocéntrica e inmanentista, al decir de la cual el hombre está en Dios y coincide necesariamente con Él. Además de la “presencia natural” de Dios o ubicuidad (Dios está presente en todas las cosas por el conocimiento, por el influjo o poder y por la sustancia), se da una “presencia espiritual” o racional de Dios en la inteligencia humana, la cual, partiendo de las criaturas, se remonta mediante un silogismo hasta el Creador en tanto que causa primera y lo ama con un amor natural. Se da, asimismo, una “presencia sobrenatural” de Dios en el alma de los justos por medio de la gracia santificante, en cuya virtud el hombre participa realmente de la vida divina. Dios se encarnó y nos redimió por pura misericordia, lo cual excluye toda técnica catártica o purificación iniciática por parte del hombre. Dios, además, aún teniendo en sí mismo una relación personal ad intra, quiere, ad extra, hacer participar de su vida a las criaturas racionales.
Ad intra, el Padre, al conocerse, engendra al Hijo, Verbo o Idea del Padre; el Verbo conoce al Padre a su vez, y de tal conocimiento mutuo nace un amor sustancial y recíproco: el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo (o es espirado por ambos).
Ad extra, Dios, se hace real o físicamente presente de manera sobrenatural, mediante la gracia santificante, en el alma del justo, quien conoce a Dios por conducto de la verdad infusa de la fe y lo ama gracias a la virtud sobrenatural de la caridad. El hombre puede llegar a la mística o vida unitiva, que es la única experiencia religiosa verdadera, por las virtudes teologales de la de , la esperanza y la caridad, reforzadas por los siete dones del Espíritu Santo. Además, Dios redentor nos brinda los medios suficientes (oración y sacramentos) para alcanzar la unión con Él (una unión creada y participada; limitada, por tanto), con lo que nos da la capacidad real de observar los diez mandamientos; ya que “es muerta la fe sin obras” (Santiago 2, 26).
La mística es el desarrollo ordinario de la vida espiritual, a la que son llamados todos los bautizados, mientras que los fenómenos místicos extraordinarios (visiones, estigmas, levitaciones…) son completamente accidentales y no forman parte de la naturaleza de la perfección o santidad.
La vida sobrenatural o presencia de Dios en el alma de los justos no cae de suyo bajo la conciencia humana natural, pero puede suceder que se experimente la presencia de Dios en el alma merced al don de sabiduría “Gustate et videte quoniam suavis est Dominus” (Ps, 34, 9); “El recuerdo de Jesús es dulce (…) pero su presencia es más dulce que la miel y que todas las cosas (…) el que hace la experiencia de Jesús puede decir qué es amarle” (San Bernardo de Claraval). Con todo, sería un grave error hacer de la experiencia religiosa un criterio necesario y absoluto de la vida espiritual.

FALSA EXPERIENCIA RELIGIOSA

La concepción heterodoxa de la experiencia religiosa es, sobre todo, la del subjetivismo protestante y modernista. El protestantismo introdujo en la religión con Lutero (+1564), el subjetivismo en las relaciones con Dios, igual que Descartes (+ 1560) lo introdujo en la filosofía y Rosseau (+ 1778) en la política. Martín Lutero repudió la razón y, por ende la fe en tanto que acto sobrenatural de la inteligencia y de la voluntad, y apeló a la subjetividad de la sola fides, la cual no es virtud teologal de la fe como acto de adhesión intelectual y volitiva a la verdad objetiva revelada por Dios, sino que es una “fe fiducial”, es decir, la confianza subjetiva de salvarse por sola la fe, lo que no es otra cosa, en realidad, más que la “presunción de salvarse sin méritos”. La fe fiducial y el “testimonio del Espíritu Santo” se identifican, según Lutero, con el sentimiento individual y subjetivo, que constituye para él el único criterio y objeto de la religiosidad (un objeto que coincide con el sujeto y se pierde en él). El padre Fabro define tal teoría como “disociación de la conciencia del contenido objetivo de la fe”.
En el ámbito filosófico, la modernidad laicista elevó la experiencia religiosa a criterio absoluto e independiente de todo dato objetivo. El fundador de dicha escuela fue Kant (+1804) para quien Dios mismo no es un ente real y objetivo, independiente del ser humano, sino que es tan sólo un postulado de la “razón práctica”, que siente la necesidad de una experiencia religiosa de la divinidad que la “razón pura” o teórica no puede alcanzar.
Nació de Kant una doble orientación del pensamiento: una más filosófica y racionalista: el idealismo trascendental de Fichte (+1814), Schelling (+1854) y Hegel (+1831), que pretende, siguiendo a Kant, subordinar la religión a la filosofía subjetivista; otra más bien espiritual y misticoide: el irracionalismo fideísta de Schleiermacher (+1889), que sigue a Kant sobre todo en privilegio del sentimentalismo subjetivista religioso; más aún, para Shleiermacher el “sentimiento es el único criterio de la verdad”, por la cual “la fe es puro sentimiento inmediato”.
Tal concepción subjetivista y sentimentalista comienza a tomar con el modernismo -como veremos con pormenor en la segunda parte del presente artículo-, una orientación cada vez más irracionalista; la experiencia religiosa sustituye por completo a la recta razón como a la revelación divina y a la fe teologal.
 
El protestantismo francés y Auguste Sabatier (1839-1901) con su obra Esbozo de una filosofía de la religión (París, 1879) fueron el elemento penetrante y decisivo, determinante, de la teoría subjetivista irracionalista, que insiste en el primado de la vida y de la experiencia religiosa subjetiva sobre la razón especulativa y la fe objetiva. El influjo de Sabatier fue tan fuerte que la teoría evangélica protestante estribó esencialmente, durante los pasados ciento cincuenta años, en una fenomenología de la experiencia.
Maurice Bondel (1861-1949) introdujo en el campo católico el subjetivismo y el primado de la experiencia religiosa conla nueva definición de la verdad cual adequatio rei et vitae (adecuación de la realidad y de la vida) y no ya rei et intellectus (realidad e inteligencia). El vitalismo de Henri Bergson (+1941) disolvió la religión en una experiencia psicológica íntima, mientras que el pragmatismo, con William James (1842-1910) y el ecumenismo o modernismo ascético, redujo la religión a sentimiento subjetivo que irrumpe desde la “subconciencia”, hundiéndose así cada vez más en el inmanentismo sentimentalista o racionalista y abriendo las puertas al psicoanálisis cabalístico-freudiano, que en la escuela de Francfurt convirtió en un fenómeno de masas.

EL MODERNISMO: LAS PRIMERAS ESCARAMUZAS

 
Recurrimos otra vez al padre Cornelio Fabro para su definición (Enciclopedia Cattólica, Ciudad del Vaticano. 1952, vol. VIII, voz “Modernismo”, columnas 1196-1199). Éste lo define, siguiendo a la encíclica Pascendi de San Pío X, donde apareció tal término por vez primera, como “orientación heterodoxa que se proponía renovar, poner al día y reinterpretar la doctrina católica en armonía con la filosofía moderna” (ibi, col. 1188). El modernismo es un conjunto bastante complejo de errores en todos los campos de la doctrina cristiana, pero San Pío X logró reducirlo en la Pascendi a su núcleo esencial y le dió la denominación común de “modernismo” por la manía de querer poner al día la doctrina católica en función de las exigencias del pensamiento “moderno”.
Históricamente, se traslucía ya el modernismo en la rerum novarum cupiditas, o manía de novedades, que se presentó en el siglo XIX en el ámbito católico, bajo los pontificados de Gregorio XVI, Pío IX y León XIII. Se caracterizaba por la intolerancia para con la filosofía y teología escolásticas, especialmente las tomistas. Se condenó el indiferentismo o liberalismo de Lamennais (1834); después se reprobó el fideísmo o tradicionalismo de Bautain (1840) y de Bonetty (1855) junto con el racionalismo de Hermes (1835) y  Günter (1857) y, por último, le tocó el turno al ontologismo de Gioberti (1861) y Rosmini (1887). Pío IX compendía en el Sílabo (1864), condenándolos, todos estos errores, que eran a la sazón nada más que los signos precursores de una tempestad que se desencadenaría con toda su violencia unos cuarenta eños después, bajo el pontificado de San Pío X.
El concilio Vaticano I, aunque se interrumpió a causa de la invasión de Roma por parte de las fuerzas saboyanas (1870), contuvo durante algún tiempo esta crecida de errores mediante la doctrina definida sobre las relaciones entre la fe y la razón, la fe como virtud teologal infusa, la infabilidad del magisterio pontificio y el primado  de jurisdicción del romano pontífice. Las primeras escaramuzas con el modernismo se verificaron en Francia, después de Ernest Renán (+1892) y con Alfred Loisy (+1940), quien ya había sido apartado de la enseñanza en 1893, bajo León XIII. Loisy proponía como criterios fundamentales para interpretar las Sagradas Escrituras, la historia comparada de las religiones, el examen filológico “mondo y lirondo” del texto sagrado y la arqueología bíblica.
León XIII procuró remediar tales desviaciones con la encíclica Providentissimus (1893), pues, caso de triunfar, habrían reducido la exégesis a mero análisis filológico, y el libro sagrado, a un libro humano cualquiera. El papa Pecci instituyó asimismo, en 1902, la Pontificia Comisión Bíblica para hacer frente a la orientación racionalista que estaba tomando la exégesis católica. No obstante ello, Loisy siguió  ”modernizando”, y el modernismo arraigó también en Inglaterra con Tyrrell (+1909) y en Italia con Murri (+1944), Buonaiuti (+1946) y Fogazzaro (+1911).

El grito general de la naturaleza; el consentimiento unánime de todos los pueblos, la facultad de pensar que nos distingue de los brutos y nos hace superiores a cuanto nos rodea; la creencia general de que la virtud tiene que ser recompensada y castigado el vicio (…) el vacío inmenso que dejan en el corazón humano las cosas de la tierra; la filosofía, la fe, el sentimiento íntimo, todo nos dice y asegura que nuestra alma es inmortal, que hay otra vida.
Monseñor Ezequiel Moreno y Díaz

EL DIQUE DE SAN PÍO X Y SU DESMANTELAMIENTO


Le tocó a San Pío X afrontar la herejía modernista, que ya emergía con claridad, y lo hizo ante todo con el decreto Lamentabili (3 de julio de 1907, Denzinger B., nn 2001-2065), que compendiaba en 65 artículos los nuevos errores, y luego  con la encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907). Con todo, el Papa debió intervenir nuevamente muy pronto, mediante el motu proprio Præstantia Scripturæ (18 de noviembre de 1907), pero esta vez contra las alteraciones que se intentaba hacer sufrir el decreto Lamentabili y a la encíclica Pascendi. Fulminó la excomunión contra quien los contradijera, y declaró que los contumaces u obstinados en los errores modernistas eran culpables de herejía puesto que el modernismo atentaba contra los fundamentos de la fe (Denzinger B., nn. 2114). Por último, remitiéndose a los dos documentos susodichos, publicó la fórmula del juramento antimodernista con el motu proprio Sacrorum Antistitum (1 de septiembre de 1910), para evitar que ambos textos doctrinales se quedaran en la letra muerta y no se aplicasen en la práctica.
Este juramento resumía los puntos principales de la doctrina católica y los errores modernistas que se le oponían. Los modernistas entonces se quitaron la máscara publicando un documento anónimo titulado Programma dei modernisti (Turín, noviembre de 1907), cuya idea esencial era la que mediaba una oposición irreductible entre la tradición eclesiástica y la filosofía moderna, que debía resolverse en provecho absoluto de ésta última.
San Pío X siguió construyendo el “dique contra los errores modernos” que había empezado a edificar Pío IX con el Sílabo (8 de diciembre de 1864) y que acabó Pío XII con la Humani generis (12 de agosto de 1950), la cual condenaba a la “neoteología” o neomodernismo. Por desdicha, tal dique de contención lo abrió después Juan XXIII, quien rehabilitó a todos los neomodernistas que Pío XII había condenado apenas diez años antes. La puesta al día y el diálogo con el mundo moderno fueron las preocupaciones “pastorales” principales del papa Roncalli, a quien siguió en esto Pablo VI, que concluyó la obra iniciada por su predecesor, es decir, el desmantelamiento del dique de contención que se había erigido contra los errores modernos y postmodernos.

“UNA EXPOSICIÓN MAGISTRAL Y UNA CRÍTICA MAGNÍFICA”


El modernismo procuró siempre esconderse, no aparecer, quedarse en la indeterminación para no ser condenado y poder transformar a la Iglesia ab intrínseco, desde dentro, llegando hasta la cumbre. San Pío X, sin embargo, sobre todo con la Pascendi, expone la doctrina modernista de una manera concisa y sistemática, con un dominio impresionante de la terminología y de la técnica de los adversarios (incluso de la oculta). El valor de esta encíclica lo reconocieron hasta filósofos inmanentistas como Giovanni Gentile, que la definió como “una exposición magistral y una crítica magnífica”. 
La encíclica consta de dos partes: la primera es doctrinal, y la segunda, rica en instrucciones disciplinares contra los modernistas, ya que sin modernistas no habría modernismo, y para combatir a este último es menester debelar los primeros (actiones sunt suppositorum). “Condenar el error pero amar al que yerra en cuanto tal” es una aberración semejante a la de los católicos liberales, “que adoran a Dios y respetan a Satanás”. (Pío X). Al que yerra se le ha de amar cuanto hombre capaz de conversión y de abjuración del error, nunca en cuanto a extraviado, porque de lo contrario, se amaría también su extravío.
La primera parte de la Pascendi, la doctrinal, se divide en tres puntos, en los cuales se analizan las principales etapas del modernismo.

PRIMER PUNTO: EL “FILÓSOFO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El subjetivismo y el relativismo individual y absoluto.
b) Segunda etapa: El sentimentalismo religioso de cada cual como criterio único para interpretar el significado del dogma.
c) Tercera etapa: La evolución intrínseca e ilimitada del dogma, leído a la luz de la emoción religiosa subjetiva. La consecuencia es la desfiguración de la religión católica, que se interpreta a la luz de una exaltación subjetiva y de un inmanentismo teórico radical.

SEGUNDO PUNTO: EL “CREYENTE” MODERNISTA

a) Primera etapa: El fiel se desvincula de toda objetividad y de toda autoridad extrínsica a él.
b) Segunda etapa: El fiel cae por eso en el subjetivismo, en el agnosticismo o nihilismo teológico, por lo cual toda religión depende de la conciencia subjetiva del creyente.
c) Tercera etapa: El inmanentismo, vivido por el creyente tal y como había sido teorizado por el filósofo.

TERCER PUNTO: EL “TEÓLOGO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El teólogo aplica a las formas dogmáticas el inmanentismo teorizado por el filósofo y vivido por el creyente, las cuales se transforman así en “símbolos” y “aproximaciones” de la conciencia subjetiva del hombre, junto con la que se mudan continuamente.
b) Segunda etapa: También la Iglesia, los sacramentos y las Sagradas Escrituras son puros símbolos de la conciencia colectiva de los hombres y caminan con ella.
c) Tercera etapa: Atañe a las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la óptica de la separación absoluta.
Salta a la vista que el modernismo demuele a la religión católica en su totalidad, no sólo en algunos de sus dogmas; de ahí que San Pío X lo calificara de “compendio de todas las herejías”. En efecto, sustituye el magisterio eclesiástico por la opinión  o el arbitrio subjetivo, por lo que del agnosticismo teológico se pasa al ateísmo, o directamente al nihilismo religioso (“La teología de la muerte de Dios”), con la consiguiente abolición de toda religión positiva, en especial, de la única y verdadera religión revelada, la católica-romana. Todo sazonado, como explica el padre Fabro, con un “extraño batiburillo de aspiraciones sospechosas, que valiéndose de un barniz pseudomístico (…) pretendían sostener, como lo hizo Murri en Italia, la política de la democracia moderna, que había de reemplazar la acción de la Iglesia”. Es lo que hizo luego la democracia cristiana desde de Gasperi en adelante.
La gravedad del modernismo estriba en el hecho de que procura transformar la Iglesia desde dentro y, secretamente, a la “chita callando”, transformar la noción misma de religión, de fe, de dogma y de verdad objetiva mediante el inmanentismo, que es al ama de la filosofía moderna (que va desde Descartes hasta Hegel). El padre Fabro pone de relieve que, con vistas a alcanzar tal fin, los modernistas rara vez expresan sus principios claramente y de manera sistemática, para poder así pasar inadvertidos y no ser condenados. Prefieren el método historicista al teórico, pero, por lo demás, el primero no deja de estar atiborrado de subjetivismo y relativismo; de ahí que, entre el teórico Rahner y el historicista Ratzinger, el más intrínsecamente modernista sea el segundo aunque parezca mas conservador (se podría decir parafraseando a Lenin, que “el extremismo es la enfermedad infantil del modernismo”). Fruto de tal subjetivación de la fe es la transformación de la religión cristiana y su “transubstanciación” en una vaga religiosidad inmanentista antropocéntrica y antropolátrica, que reduce toda realidad a instinto subjetivo, como la pseudorreforma luterana. El padre Fabro parangona el modernismo, y con razón, al gnosticismo del siglo II, porque ambos tienen en común la pretensión de encerrar en un principio el conocimiento o “gnosis” subjetiva y mistérica de la verdad natural y sobrenatural, de lo que se sigue la relatividad de todas las fórmulas dogmáticas y la unidad trascendente de todas las religiones.
El padre Fabro nos enseña asimismo que el peligro del modernismo, así como del esoterismo, estriba en su ductilidad, esto es, en su indefinibilidad, la cual pretende esquivar toda calificación precisa y determinada tanto en filosofía como en teología, por lo que se mantiene en lo vago, “mítico”, o poético.
Se pretende hacer pasar la “gnosis” de marras por un conocimiento íntimo, privado, secreto, por cuya virtud el hombre se autodiviniza. Tamaño inmanentismo rechaza la trascendencia, a despecho de su pretensión de no ser sólo “inmanencia” y de conciliar teocentrismo y antropocentrismo, visto que, en realidad, disuelve al hombre en Dios y deviene panteísmo o pancristismo teilhardiano. Se lee a este propósito lo siguiente en el Programa de los modernistas (Turín, 2- edición, 1911, p. 101): “el inmanentismo no es ese error grosero que la encíclica Pascendi quiere hacer creer”. Por desgracia, Juan Pablo II también afirmó algo parecido en su segunda encíclica, de 1980, Dives in misericordia (nº 1):
“Mientras que las diferentes corrientes del pensamiento humano del pasado y del presente fueron y siguen siendo proclives a separar el teocentrismo y el antropocentrismo y aun en contraponerlos, la Iglesia, en cambio, procura casarlos de una manera orgánica y profunda. Éste es uno de los puntos fundamentales, acaso el más importante, del magisterio del pasado concilio”.
El Programa de los modernistas decía también (21ª edición, pág. 127) que no rechazaba ni la Sagrada Escritura ni la Tradición, sino sólo su interpretación (o “hermenéutica”) escolástica y, sobre todo, tomista, que, en su opinión, había sido superada por el subjetivismo de la filosofía moderna. Por eso se está en sintonía plena con el Programa de los modernistas cuando se afirma, sin probar, la “hermenéutica de la continuidad”. Importa trancribir, a éste propósito, las siguientes palabras del padre Fabro (ibi, col. 1195):
“De nada sirven las protestas de aceptación íntegra de la doctrina católica que profieren algunos modernistas, ya que el modernismo introdujo, con el “principio de la inmenencia vital”, un veneno corrosivo no sólo de la esencia de la fe y de sus verdades, sino también del valor objetivo de cualquier verdad absoluta, ya se trate de una verdad de hecho o de razón, y volvió al principio de Protágoras según el cual “el hombre es la medida de todas las cosas”.
El modernismo, además, rechazó el sano realismo greco-cristiano del conocimiento, la distinción entre el orden natural y el sobrenatural, el valor lógico y ontológico de los principios primeros, evidentes de suyo, y, con ellos, la sana lógica y toda metafísica. (C. Fabro, ibi. col. 1195)
No obstante todo ello, hemos de concluir con el p. Fabro que “el modernismo, si bien deriva del subjetivismo del pensamiento moderno, con todo, no presenta ninguna consistencia teórica porque no se compromete a fondo ni lo pretende con ningún sistema o filosofía determinada, de manera que se reduce a un fenómeno de “contaminación teórica” y de concordismo superficial” (ibi).

   
Fuente: 
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/20/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-ia-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/22/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-2a-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/29/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-3a-parte/

lunes, 23 de enero de 2012

¿CÓMO DEBE SER UNA FAMILIA VERDADERAMENTE CATÓLICA?

• Que la modesta morada de Nazaret sea modelo de una santa vida familiar.

“Oh, hombres, volved la mirada a Nazaret, entrad en aquella modesta morada. Mirad a aquel carpintero, custodio santísimo de los secretos divinos, que con sus sudores sustenta a la familia humilde y elevada más que la de los césares de Roma; observad con qué veneración y respeto ayuda y venera a aquella Madre, su esposa inmaculada y pura: mirad al que se cree Hijo del carpintero (Mateo, 13, 55), virtud y sabiduría omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, y sin el cual nada ha sido hecho (Juan, 1, 3), cómo ningún hombre puede sin Él hacer nada, y que, sin embargo, no se desdeña de los pequeños servicios de la casa y del taller y de estar sometido a María y a José. Contemplad un tan grande modelo de santa vida familiar, espectáculo que maravilla a las jerarquías angélicas, que lo adoran” (S.S. Pío XII, A los recién casados, 15 de abril de 1942).

• El esposo debe tomar ejemplo de San José en el ejercicio de la autoridad.
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“Tomad ejemplo de San José. Él contemplaba frente a sí a la Santísima Virgen, mejor, más alta y más excelsa que él mismo; un respeto soberano le hacía venerar en ella a la Reina de los ángeles y de los hombres, a la Madre de Dios. Sin embargo, él permanecía y continuaba en su puesto de jefe de la Sagrada Familia, sin faltar a ninguna de las altas obligaciones que le imponía semejante título” (Pío XII, A los recién casados, 10 de septiembre de 1941).

• La esposa que aprenda de María Santísima, modelo perfectísimo de virtudes domésticas.

“La Madre divina es también y sobre todo un perfectísimo modelo de las virtudes domésticas, de aquellas virtudes que deben embellecer el estado de los cónyuges cristianos. En María tenéis el amor más puro y fiel hacia el castísimo esposo, amor hecho de sacrificios y delicadas atenciones; en ella la entrega completa y continua a los cuidados de la familia y de la casa, de su esposo y, sobre todo, del querido Jesús; en ella la humildad que se manifestaba en la amorosa sumisión a San José, en la paciente resignación a las disposiciones, ¡cuántas veces arduas y penosas!, de la Divina Providencia, en la amabilidad y en la caridad con cuantos vivían cerca de la casita de Nazaret” (Pío XII, A los recién casados, 3 de mayo de 1939).

• Toda familia, pues, puede y debe ser santa.

“Filii sanctorum sumus! (Tobías, 2, 18). Queridos hijos e hijas: debéis, pues, persuadiros bien de que vuestra nueva familia podrá y deberá ser una familia santa, es decir, inviolablemente unida a Dios por la gracia. Inviolablemente: porque aquel mismo sacramento que exige la indisolubilidad del vínculo conyugal, os confiere una fuerza sobrenatural contra la cual serán impotentes, si vosotros lo queréis, las tentaciones y las seducciones; las pérfidas insinuaciones del disgusto cotidiano, de la calma habitual, de la necesidad de novedad y de cambio, la sed de las experiencias peligrosas, la atracción del fruto prohibido, no tendrán poder alguno contra vosotros, si conserváis este estado de gracia, con la vigilancia, la lucha, la penitencia, la oración” (Pío XII, A los recién casados, 6 de noviembre de 1940).

• Y convertirse como en un cenáculo frente a las tormentas de la vida.

“Tened siempre vuestro cenáculo, un asilo de retiro y de oración en vuestro propio hogar doméstico. Allí encontraréis el reposo después de las más duras jornadas, en la fidelidad a vuestras promesas y en la unión perfecta de vuestras almas: Perseverantes unanimiter (Hechos, 1, 14); allí viviréis bajo la mirada de María cum Maria matre Iesu (ibid.), cuya imagen os reunirá cada noche para la oración en familia: unanimiter in oratione. Mejor aún, toda vida personal y familiar puede resultar una oración incesante: perseverantes unanimiter in oratione” (Pío XII, A los recién casados, 27 de marzo de 1940).

• Para sobrellevar las pruebas, la familia precisa la energía diaria de la comunión eucarística.

“La familia necesita, como base suya, la íntima unión no sólo de los cuerpos, sino sobre todo de las almas, unión hecha de amor y de paz mutua. Ahora bien, la Eucaristía es, según la bella expresión de San Agustín (Tract. in Ioan. 26, 13), signo de unión, vínculo de amor, signum unitatis, vinculum caritatis, y une por eso y como que suelda entre sí los corazones.
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“Para sostener las cargas, las pruebas, los dolores comunes, a los que no puede sustraerse familia alguna, por bien ordenada que esté, os es necesaria una energía diaria: la comunión eucarística es generadora de fuerza, de valor, de paciencia, y con la suave alegría que difunde en las almas bien dispuestas, hace sentir aquella serenidad que es el tesoro más precioso del hogar doméstico” (Pío XII, A los recién casados, 7 de junio de 1939).

• Y que Cristo y su Santísima Madre presidan la vida del hogar.

“Haced que vuestra casa sea y parezca cristiana. Que el Sagrado Corazón sea Rey de ella; que la imagen del Salvador crucificado y la dulcísima Virgen María tengan puesto de honor, para hacer manifiesto a los ojos de todos que en vuestra morada se sirve a Dios y que los visitantes y amigos deben, como vosotros mismos, desterrar de ella todo lo que pueda violar su santa ley: conversaciones deshonestas, palabras mentirosas, cóleras o debilidades culpables; sino también para recordaros que Jesús y María son los más constantes y amadísimos testigos y como asociados a los sucesos de vuestra familia: júbilos que os auguramos numerosos, dolores y pruebas que nunca podrán faltar” (Pío XII A los recién casados).

• Que las familias cristianas aprendan a orar como se oraba en el hogar de Nazaret.

“El Evangelio, es verdad, no nos dice expresamente cuáles eran las plegarias que se hacían en la casa de Nazaret. Pero la fidelidad de la Sagrada Familia a la observancia de las prácticas religiosas nos ha sido explícitamente atestiguada, aunque no había ninguna necesidad de ello, cuando, por ejemplo, San Lucas nos cuenta (Lucas, 2, 41 y ss.) que Jesús iba con María y José al templo de Jerusalén por la Pascua, según la costumbre de aquella fiesta. Es, pues, fácil y dulce representarnos esta Sagrada Familia en Nazaret a la hora de la acostumbrada oración. En el alba dorada o el violáceo crepúsculo de Palestina, sobre la pequeña terraza de su casita blanca, vueltos hacia Jerusalén, Jesús, María y José están de rodillas; José, como cabeza de familia, recita la oración; pero es Jesús quien la inspira, y María une su dulce voz a la grave del santo patriarca.


“¡Futuros cabezas de familia! Meditad e imitad este ejemplo, que muchos hombres de hoy olvidan. En el recurso confiado a Dios encontraréis no solamente las bendiciones sobrenaturales, sino la mejor seguridad de aquel «pan cotidiano», tan ansiosamente, tan laboriosamente y a veces tan vanamente buscado” (Pío XII, A los recién casados, 3 de abril de 1940).

• A ejemplo de ellos, en el hogar han de orar todos, porque también los hombres son frágiles y necesitan la oración.

“Hay jóvenes que piensan que en el mundo, a partir de cierta edad, la oración es un incienso cuyo oloroso humo conviene dejar a las mujeres, lo mismo que ciertos perfumes de moda; otros acuden en alguna ocasión a la misa cuando les es cómodo; pero se creen, según parece, demasiado grandes para arrodillarse y no lo bastante místicos, como dicen algunos, para acercarse a la sagrada comunión. Tampoco faltan muchachas jóvenes que, aun habiendo sido educadas con todo cuidado por sus madres o por buenas religiosas, se creen eximidas, una vez casadas, de las más elementales normas de prudencia: lecturas, espectáculos, bailes, distracciones peligrosas, todo les es permitido.
 
“Pero en una familia verdaderamente cristiana, el marido sabe que su alma es de la misma naturaleza y no menos frágil que la de su mujer y la de sus hijos; por eso añade a la de éstos su oración diaria, y así como se complace en verlos en torno suyo en la mesa familiar, no deja de acercarse con ellos a la mesa eucarística” (Pío XII, A los recién casados, 24 de julio de 1940).

• Que no se pierda la bella tradición del Santo Rosario en familia.

“En el nombre de Nuestro Señor os lo suplicamos, queridos recién casados: empeñaos por conservar intacta esta bella tradición de la familias cristianas, la oración de la noche en común, que recoge al fin de cada día, para implorar la bendición de Dios y honrar a la Virgen Inmaculada con el rosario de sus alabanzas, a todos los que van a dormir bajo el mismo techo. Vosotros dos, y después, cuando hayan aprendido de vosotros a unir sus manecitas, los pequeños que la Providencia os haya confiado, y también, si para ayudaros en vuestras labores domésticas os los ha puesto el Señor a vuestro lado, los criados y colaboradores vuestros, que también son vuestros hermanos en Cristo y tienen necesidad de Dios” (Pío XII, A los recién casados, 12 de febrero de 1941).

Fuente: Consejos del Papa Pío XII a la Familia Cristiana. 
Stat Veritas. http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/

sábado, 12 de noviembre de 2011

PÍO XII EN PERSONA Y ENCUBIERTO SALVÓ A JUDÍOS, REVELA HISTORIADOR JUDÍO



El Venerable Papa Pío XII no solo ayudó a salvar a casi 900 mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial sino que también él mismo y en persona ayudó a varios de ellos en la ciudad de Roma, según afirma un experto historiador judío.
Hace poco Gary Krupp conoció el relato de una judía cuya familia fue rescatada gracias a la intervención directa del Vaticano. "Hay una carta inusual, escrita por una mujer que aún vive en el norte de Italia, quien dijo que participó con su madre, su tía y otros parientes en una audiencia con Pío XII en 1947".
Junto a Pío XII estaba su Secretario de Estado, el entonces Mons. Giovanni Montini, que sería luego el Papa Pablo VI.
"Su tía miró al Papa y dijo: ‘usted estaba vestido como franciscano’, y miró a Montini quien estaba a su costado y le dijo ‘y usted como un sacerdote común. Me sacaron del gueto y me llevaron al Vaticano’. Montini le dijo inmediatamente: ‘silencio, no repitan esta historia".
Krupp cree que estas afirmaciones son ciertas porque están en la línea del carácter de Pío XII quien "necesitaba ver con sus propios ojos cómo eran las cosas".
"Solía salir en su carro a zonas bombardeadas de Roma, y ciertamente no tenía miedo. De la misma forma lo puedo ver entrando al gueto para ver lo que estaba sucediendo", afirma el experto historiador.
Krupp y su esposa Meredith son los fundadores de la Pave the Way Foundation iniciada en 2002 para "identificar y eliminar los obstáculos no teológicos entre las religiones". En 2006 líderes católicos y judíos le solicitaron investigar el "escollo" de la reputación del Papa Pío XII durante la guerra. Con este descubrimiento, Wall, un neoyorkino de 64 años cree que finalmente ha logrado un gran avance.
"Somos judíos. Crecimos odiando el nombre de Pío XII. Creíamos que era antisemita, creíamos que era un colaborador de los nazis, todas las cosas que se dicen de él, las creíamos".
Krupp está de acuerdo con las conclusiones de otro historiador judío y diplomático israelí, Pinchas Lapide, quien afirma que las acciones del Papa Pío XII y del Vaticano permitieron salvar a aproximadamente 897 mil judíos durante la guerra.
Pave the Way tiene unas 46 mil páginas de documentación histórica que sostiene esta afirmación, que ahora ofrecen en su sitio web junto a numerosas entrevistas con testigos presenciales e historiadores.
"Creo que es una responsabilidad moral, esto no tiene nada que ver con la Iglesia Católica. Sólo tiene que ver con la responsabilidad judía de reconocer a un hombre que en realidad salvó a un enorme número de judíos en todo el mundo mientras estaba rodeado de fuerzas hostiles, infiltrado por espías y bajo amenaza de muerte".
Krupp explicó que una de las formas de esta ayuda se dio a través de la red de nunciaturas apostólicas en todo el mundo con las que se sacaba a los judíos perseguidos en Europa. Por ejemplo, entre 1939 y 1945 el Vaticano solicitó 800 visas para entrar a la República Dominicana. Esta acción y otras similares permitieron salvar a más de 11 mil judíos solo de esa forma.
Pave the Way también tiene evidencia que demuestra que la reputación que manejan los enemigos de la Iglesia sobre el Papa Pío XII nace como una conspiración de la KGB rusa. Un exoficial de esta institución, Ion Mihai Pacepa, precisa que todo fue complot soviético.
Krupp precisa que los comunistas querían "desacreditar al Papa luego de su muerte, para destruir la reputación de la Iglesia Católica y, más importante para nosotros, para aislar a los judíos de los católicos. Tuvieron éxito en esas tres áreas".
En su opinión todo esto está cambiando ahora. Cuando lo escuchan hablar, dice Krupp, "muchos judíos han estado extremadamente agradecidos. ‘Me siento feliz de escuchar eso. Nunca quise creer esto de él (Pío XII), especialmente los que lo conocimos".
Fuente: ROMA, 08 Nov. 11 / 08:35 am (ACI/EWTN Noticias)

viernes, 11 de noviembre de 2011

CUANDO HUGO WAST FUE RECHAZADO POR LOS NAZIS


Por Emilio Nazar Kasbo

¿Ser judío es sinónimo de ser anticatólico? ¿Es Jesús el Mesías o no lo es? ¿Ser judío es sinónimo de repudio a Jesús, descendiente de la familia de David, y de todos sus seguidores? ¿No será esto “discriminación”? ¿Tiene un Juez civil autoridad para determinar cuestiones que son teológicas? ¿Qué Tribunal debería dirimir una cuestión semejante?

TRIBUNAL CANÓNICO
En la actualidad, sólo dos posibilidades caben: o el Tribunal Canónico, o el “Kahal” (del cual muchos niegan su existencia, ya que es fruto de la novela de Gustavo Martínez Zuviría, y por tanto un elemento folklórico inexistente, en cuyo caso sólo queda la primera alternativa referida).
Efectivamente, ninguna autoridad civil puede pronunciarse sobre materia teológica, ya que no es la Teología su función, sino que ésta se halla reservada a la autoridad competente en materia precisamente teológica.
Gustavo Martínez Zuviría jamás fue acusado ni sentenciado por nazi, y nada más alejado de la realidad. Hay “cosa juzgada” sobre esta cuestión, ya que no puede ser procesado un difunto por un crimen que además no cometió. Es lógico que ser católico implique el rechazo del judaísmo, del sionismo, del islamismo, del budismo y de toda otra postura teológica que niegue la Verdad de Jesucristo, que creemos que es Jesucristo mismo. Porque para los católicos, la Verdad no es un “ente abstracto”, sino que es una Persona: Jesucristo. De allí que “la primera ley de la historia es no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la verdad”, como dijo oportunamente el Papa SS. León XIII.

DIEZ MANDAMIENTOS
Los católicos compartimos con los judíos los Diez Mandamientos. Los judíos los viven como el cumplimiento de una norma, y los católicos los respetamos con libertad en la búsqueda de no ofender a Dios a causa de la violación de los mismos, los cumplimos por Amor a Dios. Porque los Diez Mandamientos no son sólo para respetarlos entre católicos, sino que es para con toda persona, ya que el Amor a Dios y al prójimo es el mandato, una orden de amar a todas las personas.
Sin embargo, tal orden de amar dada por Jesús (algo que hasta parece un contrasentido), llega al límite de amar al enemigo. Quien no ama a su enemigo, no puede llamarse por tanto católico. Sin embargo, ese amor al enemigo no es suicida, sino que implica el respeto al mismo, y la oración para que la Gracia de Dios llegue a su alma y se convierta. Ese es el verdadero amor al enemigo: que éste, descubriendo que vive en el error, ame a Jesucristo y la Iglesia Católica que El mismo fundara.
¿De qué sirve todo lo dicho, a quien no cree? Visto con ojos materialistas, una persona que reza está perdiendo el tiempo porque Dios no existe, y hasta toda la Liturgia se convierte en un acto sin importancia y sin sentido.

EL MEJOR DE LOS TRATOS
Precisamente, toda persona, católica, judía o no católica en general, es objeto del mejor de los tratos y del mayor amor brindado por los católicos. Y así debe ser. Precisamente, esta es la “no discriminación” que desarrolla el catolicismo, tal como lo enseñara San Benito, Abad: " "Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela" (año 480 DC - Prólogo de la Regla de San Benito de Nursia, Italia, citando al Profeta Isaías, Is 58,9; 65,24)
El amor al prójimo y al enemigo no significa amar al error, al mal, ni al pecado. Todo lo contrario. De allí, que resulta excluyente, y por tanto habrá odio al error, al mal y al pecado, ya que esto es consecuencia natural. En un mundo donde no hay “verdad”, se acaba negando la Verdad que es Jesucristo mismo, y es allí donde se percibe la contradicción. Se ama al pecador, no al pecado; y la Iglesia Católica está compuesta por pecadores arrepentidos que acuden al Sacramento de la Confesión y a los Sacramentos para remediar en todo lo posible los errores, defectos, pecados y males que se pueden ocasionar en la vida cotidiana. Efectivamente, la Iglesia Católica está compuesta por personas imperfectas, víctimas del Pecado Original… pero al parecer, los “perfectos” son quienes tienen la autoridad de juzgar a los católicos, y de “tirar la primera piedra”…

PERSONAS HONRADAS
¿Todos los judíos son delincuentes? No, pero todos son pecadores, igual que el resto de la humanidad, en virtud del Pecado Original, exceptuando a Jesús y a Su Madre, la Virgen María, prometida ya desde el Génesis. Existen numerosos judíos que son personas honradas, y que practican numerosas virtudes.
Es más, hay numerosos judíos que no viven en condiciones económicas óptimas (y mucho menos los que cometen la grave decisión de convertirse al Catolicismo, o de casarse con una persona católica, motivo por el cual acaban siendo discriminados por su colectividad). Existen personas judías que son muy respetables, que son muy capaces. Nadie lo niega, y no hay por qué negarlo. Pero no escapan a las consecuencias del Pecado Original…
Hay un libro que se titula “La mafia judía en Argentina”, publicado por un mismo miembro de dicha colectividad… el cual ha sido censurado y no se consigue en las librerías. ¿Acaso si un judío comete un delito… no es un delincuente? ¿Y si un judío comete un delito contra otro judío, como se describe en “El violinista sobre el tejado”? ¿Un fiscal que halla culpable a un judío por haber cometido un delito… es un antisemita? He aquí un error de diagnóstico. Como afirma un libro sobre humor judío editado por la comunidad judía de La Plata: “un chiste judío contado por judíos, es un chiste judío; un chiste judío contado por no judíos, es antisemitismo”. ¿Cómo puede ser posible semejante contradicción? ¡Como si los gallegos debieran alzar la voz contra el “antigalleguismo” a raíz de los chistes que sobre ellos se hacen! Todos somos seres humanos, y merecemos el mismo trato como tales ante la Ley.

“ODIO AL JUDÍO ES ANTICATÓLICO”
En un comunicado en que “La Organización Judía para el Diálogo Interconfesional, (OJDI), deplora que las autoridades de la "Exposición del Libro Católico" de La Plata hayan denominado a la Sala de Lectura y vides de la Exposición del Libro Católico con el nombre de Gustavo Martínez Zuviría, conocido en su obra literaria como Hugo Wast”, a la vez se permite citar el siguiente texto del prólogo: “el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como al prójimo”.
La misma colectividad judía reconoce tales palabras. ¿Es semejante texto compatible con antisemitismo o nazimo o con racismo alguno?
A continuación, detalla la cita la diferencia de ideas y de Fe: “el odio a las doctrinas de la Sinagoga, la autoridad civil y religiosa del judaísmo, que persigue la destrucción de la Iglesia Romana… es auténticamente católico”. ¿Se refiere acaso a cometer daño alguno a la persona o bienes de los judíos? De ninguna manera, ya que de ese modo se violaría el amor al prójimo además de los Mandamientos específicos que todo católico debe respetar. ¿A qué hace referencia entonces? A los errores judíos vistos desde el catolicismo, y por tanto, a una cuestión teológica, que es consecuencia de ser dos religiones distintas; si fuesen la misma religión en la actualidad, tal diferencia no existiría; y no hay términos medios posibles en el orden lógico racional siquiera: sólo puede haber UNA Religión verdadera.


WAST RECHAZADO POR LOS NAZIS
En 1935 fueron editados “El Kahal” y “Oro”, y Hugo Wast comenzó a recibir cartas de alemanes radicados en la Argentina, solicitando traducir las obras, para editarlas en Alemania. Es claro desde el principio que se trata de una novela de ficción, y el marco de la misma no es una cuestión política ni sionista como centro argumental, sino el sentido bíblico del Apocalipsis.
Wast accedió al pedido del profesor en Física, Dr. J. Würschmidt, radicado en la provincia de Tucumán, quien afirmaba tener contactos con la editorial Herder (Holle & Co.) de Friburgo, Alemania. Hugo Wast indicó a Würschmidt que se contacte con su representante en España, quienes le editaban sus libros. Würschmidt se contacta, pero la Guerra Civil española estalla, con el alzamiento del Generalísimo Francisco Franco, y se interrumpe la comunicación durante los dos años siguientes.
Würschmidt vuelve a contactarse en 1937 con Hugo Wast, escribiéndole una carta en que anticipaba la posibilidad de que surgieran problemas ideológicos con el proyecto (por parte de los nazis). Luego, en diciembre de 1937, Wast recibe una carta y el contrato de la Editorial Holle & Co para editar las obras, cuya traducción sería realizada por el profesor Würschmidt.
En febrero de 1938 se firmó el contrato entre Wast y la Editorial, y el profesor finalizó la traducción ese mismo año, enviándola a Alemania. La Embajada de dicho país, en un gesto de buena voluntad, colaboró con todas las partes participantes del proyecto. Sin embargo, los meses iban transcurriendo y la Editorial Holle no se decidía a editar la obra. Por tal motivo, los editores de Wast decidieron escribir a la Editorial en mayo de 1939, exigiendo el cumplimiento del contrato.
   
CUESTIÓN TEOLÓGICA
Fueron los abogados representantes de la Editorial Holle & Co quienes respondieron el 3 de mayo de 1939, dirigiéndose a los editores de Hugo Wast, informándoles que la obra “ha sido objetada” por las autoridades alemanas. Esto convertía en imposible editar el libro “en su actual redacción”, pues en esa versión no se contempla al judaísmo como una cuestión de raza. Asimismo, piden la anulación del contrato, o cambiar partes de éste, particularmente su final.
En respuesta, los editores de Wast contestaron a los abogados Ponfick y von Koblinski, el 3 de junio de 1939, pidiéndoles que les envíen las modificaciones que contemplaban para analizarlas.
Sin embargo, antes de recibir la contestación, los editores de Wast reciben una nueva carta de los mencionados letrados el 27 de junio, anunciando que ni aun efectuando cambios podría ser editada la obra. Adujeron que la principal razón de dicha determinación, consistía en que Wast trataba el tema como una cuestión religiosa, lo cual era considerado como una “falsificación” por las autoridades alemanas. Los abogados pidieron la anulación del contrato y “El Kahal-Oro” terminó sin ser editado en la Alemania del Tercer Reich.

¿ANTISEMITISMO TEOLÓGICO?
¿Podremos hablar de un odio a la Iglesia Católica imperante en ciertos sectores judíos? ¿Por qué está bien ser anticatólico y está mal ser antijudaísta (no anti-judío, aclaremos nuevamente)?
Como puede observarse de la cronología, la línea literaria de Martínez Zuviría no era ni ideológica, ni política, ni siquiera económica, sino teológica. Este era el meollo de la cuestión que fue rechazado por los nazis, y por el cual el pensamiento de Hugo Wast es imposible de catalogar siquiera como afín a dicho régimen en tal sentido.
Citemos entonces, como ejemplo, a un tradicional anticatólico, Horacio Verbitsky, quien desde su pluma del oficialista diario Página 12 (que comparte su capital con los diarios La Nación y Clarín, La Razón y El Día de La Plata, por ejemplo), el 9 de mayo de 2010 escribió:
“La mayoría de los autores que han señalado el antisemitismo del nacionalismo católico y del catolicismo integral lo analizan como un fenómeno argentino y omiten que ni GMZ, ni Octavio Pico ni Julio Meinvielle se apartaban del tradicional antijudaísmo católico que, con fundamentos teológicos, dominó todo el siglo XIX europeo y que en el siglo XX compartieron los papas Pío XI y Pío XII. Sólo acentuaban algunos aspectos con más énfasis que otros, tal como también hacía el Episcopado local. Uno de esos matices: En 1923 el Episcopado auspició la primera edición de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, el libelo antisemita inventado por la policía zarista en Rusia. Pero en 1935 aceptó los cuestionamientos a su autenticidad. Sin inmutarse, Hugo Wast comentó: “Serán falsos, pero se cumplen maravillosamente”.”

¿RAZA O RELIGIÓN?
Aquí vemos asociados a Martínez Zuviría, Octavio Pico y Julio Meinvielle en la misma línea de los Papas Pío XI y Pío XII… incluso este último Papa referido con causa de canonización abierta. Verbitsky llama “antijudaísmo” a salvar la vida de miles de judíos y a la proclama de Encíclicas que condenaron el nazismo antes que cualquier organización judía osara hacerlo en su tiempo.
En vez de ser agradecidos, arrojan piedras hoy hasta a quienes felicitaron personajes como Golda Mayer en tu tiempo.
¿Existe un “antisemitismo teológico”? Si los judíos alemanes no son semitas, sino descendientes de eslavos en general, y si la religión no se transmite genéticamente… ¿de qué antisemitismo teológico habla Verbitsky? ¿Qué tribunal teológico juzgará esta cuestión?
Yo me pregunto si Horacio Verbitsky antes de publicar sus notas, le pregunta al Rabino Samuel Levin de Argentina qué es lo que piensa de todas las cosas que promociona y "vende" en sus artículos, incluyendo la cultura bosta de la "merda d'artista" que difunde... Y no lo hace porque obtendría más de una censura.

SENTIDO DE LA VIDA
La Iglesia Católica transmite la Tradición desde el mismo Jesucristo.
Pero supongamos que hay una persona que ama el oro, tiene todas sus expectativas puestas en las riquezas, y llega el último día de su vida y acaba con su último aliento abrazado a un lingote… ¿acaso es ese el sentido de la vida? ¿Acaso será la lujuria al grado de avalar y promover lo antinatural, como lo expone la Escuela de Frankfurt?
Desde la Iglesia Católica, los católicos tenemos el mandato de amar al prójimo, y no se amaría al prójimo si no se le señalara el Camino que es Jesucristo mismo. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y crea, y el hecho de que una persona viva en pecado mortal es grave porque de morir en tal condición irá al infierno, por rechazar a Dios.
  
¡VIVA CRISTO REY!
Los católicos nos preocupamos por la denominada “cuestión social”, pero sea cual sea el sistema que oprima a los católicos, siempre estará en algún lado Cristo presente en la Eucaristía hasta el Fin de los Tiempos. La ambición de la avaricia para nosotros no es el centro de la vida, y la lujuria del desenfrenado sexual mucho menos, ya que ambos son vicios. Sin embargo, el católico tiene sus deberes y obligaciones, así como sus propios derechos, en el marco de la justicia social y del trabajo.
¿Hay una persona que quiere ser (o considerarse) dueño del mundo, y decir que él es “dios” y que todo el mundo lo adore como tal? Allá él. Un pobre infeliz… que acabará igual o peor que el referido que acaba sus días abrazado al lingote de oro. ¿De qué le servirá, si pierde su alma y la condena al infierno de donde jamás podrá salir? Ser dueño del mundo es una condición imaginaria, porque ningún Presidente o “Rey” es dueño de todo, incluso de los pensamientos de sus súbditos.
Los católicos sólo reconocemos como Rey Universal y Señor de la Historia a Jesucristo. A El, que es La Verdad, nos debemos. En El procuramos vivir, pues de ese modo no hay muerte.