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martes, 2 de julio de 2013

MANUEL BELGRANO: ESCRITOS ECONÓMICOS


 
Por Ricardo D. Díaz

Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor.
 
Licenciado Don Manuel Belgrano, Secretario del Real Consulado de Buenos Aires-15 de julio de 1796
 
(Extracto)
 
Señores:
           
            Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio, son los tres importantes objetos que deben ocupar la atención y cuidado de VV.SS.
            Nadie duda que un estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su terreno, en el que las artes se hallan en manos de hombres industriosos con principios, y en el que el comercio se haga con frutos y géneros suyos, es el verdadero país de la felicidad, pues en él se encontrará la verdadera riqueza, será bien poblado y tendrá los medios de subsistencia y aún otros que la servirán de pura comodidad.
            Atendiendo, pues, a estos principios y deseando nuestro augusto soberano que todos sus dominios logren de la mayor abundancia, y que sus vasallos vivan felices, aun en los países más distantes, tuvo la bondad de erigir este consulado para que atendiendo a los ramos de agricultura, industria y comercio, como que son las tres fuentes universales de la riqueza, hiciese la felicidad de estos países.
…………………………………………………………………………………………..
             La agricultura es el verdadero destino del hombre. En el principio de todos los pueblos del mundo cada individuo cultivaba una porción de tierra, y aquellos han sido poderosos, sabios, felices, mientras conservaron la noble simplicidad de costumbres que procede de una vida siempre ocupada, que en verdad preserva de todos los vicios y males.
………………………………………………………………………………………….
            Todo depende y resulta del cultivo de las tierras; sin él no hay materias primas para las artes, por consiguiente, la industria no tiene como ejercitarse, no pueden proporcionar materias para que el comercio se ejecute. Cualquier otra riqueza que exista en un estado agricultor, será una riqueza precaria, y que dependiendo de otros, esté según el arbitrio de ellos mismos. Es, pues, forzoso atender primeramente a la agricultura como que es el manantial de los verdaderos bienes, de las riquezas que tienen un precio real, y que son independientes de la opinión darle todo el fomento de que sea susceptible y hacerlo que prospere en todas las provincias que sean capaces de alguno de sus ramos, pues toda prosperidad que no esté fundada en la agricultura es precaria; toda riqueza que no tiene su origen en el suelo es incierta; todo pueblo que renuncie a los beneficios de la agricultura y que ofuscado con los lisonjeros beneficios de las artes y del comercio, no pone cuidado en los que le pueden proporcionar las producciones de su terreno, se puede comparar, dice un sabio político, a aquel avariento que por mayor ganancia contingente pospone imponer su dinero en los fondos de un rico, por darlo a una familia que lo gastará en el momento y no volverá capital ni intereses.
            Se ha escrito sobre los medios de fomentar la agricultura y hacer que prospere, por antiguos y modernos; y en ningún siglo más que en el nuestro, se han puesto en Europa tantas academias y sociedades, cuyo celo y trabajo merecen la estimación de los verdaderos amigos del bien común, y se han adoptado los premios para recompensar el trabajo de los sabios que se han destinado al estudio más útil de la humanidad.
 
 
 
 
Manuel Belgrano entendió esto en 1796, en el 2013 nuestro gobernantes no lo entienden ó no lo quieren entender… ¿por qué será?
 
 
Extractado de “Escritos Económicos”, Manuel Belgrano, ed. Hyspamerica, 1988 por Ricardo D. Díaz.-

EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO Y LAS BANDERAS INGLESAS




Por Silvio H. Coppola



            El Convento de Santo Domingo (la iglesia en 1909 fue elevada a la condición de basílica, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario) está ubicado en la avenida Belgrano esquina Defensa de la ciudad de Buenos Aires. A tres cuadras de la Plaza de Mayo y a cuatro de la Casa de Gobierno, donde antiguamente se ubicaba el Fuerte, lugar de residencia de las autoridades coloniales y de los primeros gobiernos patrios. Construido a partir de 1751, fue consagrado en 1783 y dirigido por la orden de los domínicos predicadores. Desde 1903 en el mausoleo existente en su atrio, se guardan los restos del general Manuel Belgrano, quien perteneciera a la orden. Actualmente el Convento tiene su aspecto original, con excepción de la torre de la derecha, construida en 1849. La de la izquierda, conserva aún las marcas de los proyectiles que dieron contra ella, en las jornadas de julio de 1807. Reflejado esto en una pintura de Eméric Essex Vidal de 1820.



            A las tres de la tarde del 12 de agosto de 1806, los ingleses vencidos, cuyos últimos soldados se habían refugiado en el Fuerte de la ciudad de Buenos Aires, rindieron sus banderas y sus armas a los pies de los vencedores. Había terminado la primera intervención militar británica en nuestro suelo, que sólo duró cuarenta y seis días. Las banderas capturadas, según promesa hecha por Liniers, fueron entregadas para su custodia al Convento de Santo Domingo.



            Pero el peligro continuaba. Así es como el 12 de septiembre de 1806, Liniers dispone la formación de milicias populares, adelantándose al concepto de pueblo en armas. Se forman regimientos según su origen, a fin de lograr mayor cohesión y espíritu de cuerpo.



            El último día de junio de 1807, con los británicos a punto de regresar en su afán de conquista y habiendo ocupado Montevideo en febrero, se realiza una parada con ocho mil hombres en la Plaza de Mayo, los que están dispuestos con fervor a defender  su patria. No eran muchos considerando la fuerza invasora que se aproximaba, pero contaban con el apoyo incondicional de la población. Es ahí cuando se da el insólito hecho de que el Cabildo de la ciudad, entrega al recién formado Tercio de Gallegos, para que tenga música apropiada, una gaita. . . . que había sido tomada al Regimiento 71 de Highlanders de Escocia el año anterior.



            El 5 de julio de 1807, habiendo sido dispersas las fuerzas patriotas en combates previos, los ingleses se disponen a entrar en la ciudad de Buenos Aires. Los esperaban, no sólo las fuerzas militarizadas, sino la espontánea intervención en la lucha, de todos los habitantes, sin distinción de clases, edades ni sexos. Ya había afirmado Domingo Matheu: “Para defender la ciudad no necesitamos generales”.

Si bien estaban los casos de Saturnino Rodríguez Peña y de Aniceto Padilla, que ayudaron al general Beresford y al teniente coronel Pack a escapar a Montevideo, pocas adhesiones habían contado los invasores en 1806. Cuando afirmara Belgrano “amo viejo o ninguno”, que pronto se transformaría en “ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo”. Por eso pudo afirmar años después el general Whitelocke en el juicio que se le siguió en Inglaterra, a raíz del fracaso de la segunda invasión: “A mi llegada esperaba encontrar una gran porción de los habitantes preparados a secundar nuestras miras; pero resultó ser un país completamente hostil, en el cual, ni por conciliación, ni por interés, nos era posible dar con un amigo que nos ayudase, aconsejase o proporcionase los datos más insignificantes”.



            Ese 5 de julio, las fuerzas británicas entraron con varias columnas en la ciudad. La que comandaba el general Crawford, que integraba el teniente coronel Dennis Pack, jefe del Regimiento 71 de Highlanders, que había jurado no volver a levantar las armas contra las fuerzas de Buenos Aires, lo hizo por la actual calle Defensa desde el bajo, tomando el Convento de Santo Domingo y atrincherándose en él. Fue un error táctico  y ahí fueron atacados por las milicias, mientras se iban rindiendo en toda la ciudad los invasores. En la torre del Convento flameaban dos banderas inglesas, que habían recuperado los momentáneos ocupantes, de las rendidas en 1806. El Convento fue ametrallado por las fuerzas patriotas y finalmente fueron vencidos sus ocupantes. Bernardo Pampillo, capitán de la 7ma. compañía del Tercio de Gallegos, recibió la espada de rendición de Crawford, en la tarde de ese día. Pero ahí y en ese sitio, no termina esta historia, pues el pueblo quería la cabeza del perjuro Pack, que entendían permanecía refugiado en el interior del Convento y que debía pagar la traición con su sangre.



            Cuenta Pastor S.Obligado en su libro “Tradiciones de Buenos Aires” (escrito hacia 1890, Edit.Universitaria de Buenos Aires, 1964, pág.28 y stes.), el desenlace de esta situación, que resumo: cuando se rindieron los ingleses en Santo Domingo, llega a caballo José Antonio Leiva, sobrino del prior, quien pide a gritos la entrega de Pack, que sabía entre los rendidos. El prior lo tenía escondido, porque sabía que si lo ubicaban lo matarían y para distraer a Leiva, le pide que baje las banderas inglesas de la torre del convento y reponga en ese lugar la española. Su sobrino lo intenta, pero con tan mala fortuna, que resbala,  cayendo desde treinta metros de altura. El flamear de las banderas atenúa la caída  y Leiva sobrevive, pero con una sordera que lo acompañaría toda su vida. Y Pastor Obligado comenta así, que fue el primer hombre que voló en Buenos Aires. Que le reconoció su heroicidad  recién en 1859.



            El martes 7 de julio de 1807, se firma la capitulación de los invasores. En ella se dispuso, entre otras cosas, la evacuación de Montevideo, la devolución de los prisioneros, las armas y las banderas.  Pero Liniers se negó a entregar las tomadas en 1806. Cuatro, que están en el Convento de Santo Domingo, al fondo de la nave lateral de la izquierda, conjuntamente con dos banderas realistas.



LA PLATA, junio 28 de 2013.


jueves, 20 de junio de 2013

EL GENERAL MANUEL BELGRANO Y LA CREACION DE LA BANDERA


 
Por. Ricardo D Díaz
 
 
   Comenzaré este artículo con una breve reseña biográfica del general Manuel Belgrano, ya que no viene mal refrescar un poco lo que muchos ya saben y, probablemente, venga bien para los que no sabían algo de lo que aquí se señala.
 
   El general Manuel Belgrano nace en Buenos Aires, el 3 de junio de 1770. Cursa sus primeros estudios en el colegio de San Carlos. Tras realizar su doctorado en leyes en Salamanca, el Rey lo designa secretario del Consulado de Buenos Aires en donde se destacó por sus iniciativas y escritos sobre economía, en los cuales realzó el rol del campo, al cual se debía favorecer ampliamente, como era lógico, y lo sigue siendo en la actualidad, dado el aporte que realiza para la alimentación de los pueblos. Él, en aquella época, lo entendió, en la actualidad nuestros gobernantes no lo entienden.
  
   También proyectó la creación de escuelas de náutica y de artes. Luego fue comandante del regimiento de patricios, secundando a Saavedra en la acción revolucionaria. Además fundó el periódico Correo de Comercio e integró, también, la Primera Junta de Gobierno como  vocal, y también fue jefe de la expedición al Paraguay en dónde fracasó, pero, un posterior juicio determinó que había obrado con todo patriotismo.
  
   Más tarde es enviado a fortificar la Villa del Rosario, en donde creó la bandera – tema que vamos a desarrollar tras este rápido resumen de sus destacadas actuaciones, resumen que hubiese querido fuese más breve, pero, en el caso de Belgrano es imposible.
 
   Después es asignado como jefe del Ejército del Norte en donde triunfa en Tucumán y Salta y más tarde es vencido en Vilcapugio y Ayohuma, tras lo cual se repliega a Tucumán en dónde entrega el mando del ejército al general San Martín.
 
  Fallece, pobre y casi abandonado, el 20 de junio de 1820.
 
  Ahora sí, pasemos al hecho que nos convoca, que es el de la creación de la bandera: a fines de diciembre de 1811, Vigodet, Capitán General Gobernador de Montevideo, consideró roto, por las hostilidades de Artigas, el “armisticio” del 20 de Octubre y reanudó las incursiones con depredaciones de su escuadrilla fluvial, de las riveras desguarnecidas del Paraná. Consecuentemente, el gobierno encargó a Belgrano que fortificase la barranca de la Villa del Rosario. Allí se instaló el 10 de febrero con su regimiento, al que agregó milicias santafecinas, y emplazó dos baterías, la Libertad y la Independencia. El 13 de febrero propuso al gobierno la adopción de una escarapela como distintivo para sus tropas y el 23 las repartió entre sus milicias como una primera manifestación de independencia a la que seguiría sin duda la declaración formal de la misma en un corto plazo, lejos de pensar que pasarían cuatro años y medio para que, mediante el empuje del general San Martín, así suceda. Belgrano puso en conocimiento del Triunvirato el hecho con la siguiente misiva: “Se ha puesto en ejecución la orden del 18 del corriente para el uso de la escarapela nacional que se ha servido señalar V.E., cuya determinación ha sido del mayor regocijo y excitado los deseos de los verdaderos hijos de la Patria de otras declaraciones de V.E. que acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América”.
 
   Las motivaciones respecto de los colores elegidos por el general Belgrano fueron que al recibir su título de Abogado, jura ante la Universidad de Salamanca y Valladolid “vivir y morir en nuestra Santa Religión y defender el misterio de la Inmaculada Concepción de María Santísima, Patrona Universal de España y de las Indias”. La túnica de la Virgen era blanca, simbolizando la pureza, y el manto era azul celeste, símbolo de la contemplación, la fidelidad y el amor. Al regresar a Buenos Aires en 1794, da una bandera azul celeste y blanca, al Consulado. Los Patricios, al celebrar la Reconquista de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806, coronan sus cabezas con los colores que habrán de ser los de la Patria. Así nació la Escarapela.
 
   Al inaugurar el 27 de febrero, la batería Independencia levantó, a modo de bandera, una gran escarapela blanca y azul celeste. El Triunvirato desautorizó esto y ordenó a Belgrano que ocultase la bandera. Un acto de cobardía de aquellos que temían declararse en forma decidida por la independencia. Pero Belgrano no recibió esa orden, ó hizo como que no la había recibido, y avanzó hacia el norte con el pabellón haciéndolo bendecir el 25 de Mayo de 1812 en Jujuy, diciendo: “¡Ea, pues, soldados de la Patria; no olvidéis jamás que nuestra obra es obra de Dios; que Él nos ha concedido esta bandera y nos manda que la sostengamos”.
   Antes, el 27 de febrero, había dicho: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y de la libertad. En fe de que así lo juráis decid conmigo ¡VIVA LA PATRIA!”

DÍA DE LA BANDERA ARGENTINA. (20 de junio).

 
 
Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Avila (LMGSM  1 y CMN 73)
 
          El 20 de junio de 1820, el "día de los tres gobernadores" moría el General Don Manuel Belgrano, creador de la Bandera Argentina, campeón de la Independencia Nacional y conductor glorioso de los Ejèrcitos de la naciente Patria. A él estos versos teñidos de azul y blanco...
 
Bandera que nos dio Belgrano
con colores del Cielo mostrada
es enseña de  pueblo glorioso
estandarte de cada alborada.
 
En el Plata está resonando
gritos de la deseada libertad
todos los pueblos soñando
romper las férreas cadenas.
 
Allí está el hombre probo
aquél para siempre imitar
empuña acerada espada
para la gloria alcanzar.
 
Historia de lucha sagrada
tiempo que no se olvidará
porque nuestra Argentina
naciendo brillante estará.
 
   Los pueblos que olvidan su pasado están negándose los futuros. Los presentes son el fruto del ayer y la semilla para el mañana. Por eso, aquellos que deforman las glorias y las tradiciones, para erigirse como eventuales modelos, en verdad socavan los cimientos de la Patria y debilitan el mañana de sus descendientes, negándoles los beneficios de la vida y la libertad. Esos valores son el legado santo, puro y maravilloso que nos dieran como herencia, aquellos que, con la talla de los próceres, tienen en la figura del General Don Manuel Belgrano, soldado de la Independencia, el ejemplo permanente a imitar.
 
VIVA LA PATRIA..! ! ! ! ! ! !

sábado, 27 de octubre de 2012

BICENTENARIO ENTREGA BASTÓN DE GENERALA A LA VIRGEN DE LA MERCED-




Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Avila (LMGSM 1 y CMN 73)

      El 27 de octubre de 1812. el General Manuel Belgrano, acordó con las autoridades de San Miguel del Tucuman, que se realizaría  la tradicional procesión honrando a la Virgen de la Merced que no pudo efectuarse el 24 de septiembre cuando en la Batalla del Campo de las Carreras se lograra la victoria sobre los realistas comandados por el Brigadier General Pío Tristan.

      La mañana de hoy, 27 de octubre de 2012, congrego en la Plaza Belgrano, en la ciudad de Tucuman, a un numeroso grupo de ciudadanos reunidos con motivo del patriótico hecho. Se reunieron a los tucumanos un conjunto de "gauchos" jujeños que desde su ciudad marcharon montados para ser parte del homenaje.

    La Imagen "viajera" de la Virgen de la Merced entro en la plaza al son de marchas militares mientras las banderas de las delegaciones se elevaban en su honor. Personalidades presentes de Tucuman y Jujuy hablaron con emoción sobre el acto y recordaron que sobre la tierra en la que se estaba  se habia luchado cubriendo con sangre criolla y española el lugar. Uno de los oradores repitió el nombre de los paisanos criollos que mirieron en el combate mientras los asistentes a coro señalaban su presencia en espíritu ante todos.

   Posiblemente este fue el unico lugar de nuestra Argentina en la que se recordó aquel momento tan singular enb el cual el General Belgrano honro a la Virgen de la Merced y la hizo generala de su ejercito. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

LA BATALLA DE LA PATRIA.



Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Ávila (LMGSM 1 y CMN 73)

La batalla librada en el Campo de las Carreras, aledaño a la ciudad de Tucumán, ha pasado a la historia como la BATALLA DE TUCUMAN pero, por sus efectos, es la BATALLA DE LA PATRIA, ya que su exito significo la continuidad de la accion patriota para el logro de la libertad.
 

 
    El 24 de septiembre de 1812, el Ejército del Norte al mando del General Manuel Belgrano, venció a las tropas realistas comandadas por el Brigadier Juan Pío Tristán, en la batalla más importante librada en el Norte del virreynato, en la región del Alto Peru. Su consideración tiene que ser vinculada, necesariamente, con la retirada estratégica que se conoce como el "Éxodo de Jujuy" (23 agosto 1812) y la posterior batalla librada en Salta (20 febrero 1813) donde se rinden los españoles. Este tríptico de la gloria, es muestra cabal de la personalidad, inteligencia y valor de aquel sublime patriota que debemos honrar: el General Manuel Balgrano.
 
   La batalla de Tucumán, como es generalmente conocida, fue un combate en el que privó la incertidumbre y  fue el resultado de la sorpresa, materializada por la acción de los valerosos paisanos convertidos en soldados, ante la necesidad de luchar por los nacientes ideales de Patria. Este episodio es, seguramente, una de la muestras que exaltan a Belgrano en todas las facetas de su múltiple personalidad. Obligado a retirarse, para no dar batalla a un adversario superior, supo jugar, como hábil estratega, las circunstancias que le permitieron que sus fuerzas inferiores en capacidad lograran vencer a las que eran reconocidamente superiores. La historia relata en las más variadas maneras esta batalla, que su éxito Belgrano considera un real milagro de su devota Virgen de la Merced, pero que la evaluación castrense atribuye a un error estratégico de Pío Tristán que sobreestimó sus posibilidades restando las capacidades de acción de los patriotas. Es posible que los realistas se encontraran en "formación de marcha" y no desplegados para el combate y que los patriotas los sorprendieron al atacar  ambos flancos desde el caserío tucumano y la zona montuosa donde operaron los paisanos montados con sus "guardamontes" y armados con "machetes cañeros". El resultado de la batalla, con la enorme cantidad de muertos y heridos españoles y la toma de tantos prisioneros, entre ellos mujeres, como así todo el parque de artillería y gran parte de los bagages indican el éxito de la operación.
 
   Este acontecimiento patrio fue recordado en dos oportunidades fastuosamente en Tucumán. Una en el año 1912, al cumplirse el "centenario" de la batalla, de lo que da cuenta el monolito  central erigido en la plaza Belgrano; otra, a los 150 años, cuando aquel es rodeado por un hemiciclo en el que está en homenaje de placas de todas las provincias argentinas.
 
  En el presente, entre el cúmulo de recuerdos y homenajes, rescatamos los versos siguientes que, en la brevedad de la poesía, encierran honor y homejane al decir así:
 
                            - Suenan los clarines
                              retumben las cajas
                              la Patria sublime
                              vamos a librar.
                            - Las armas criollas
                              de Manuel Belgrano
                              en Tucumán brillantes
                              se han de mostrar.
                            - El coraje indómito
                              de nuestros paisanos
                              cubiertos de sangre
                              con gloria singular.
                            - Alumbrando antorchas
                               radiantes de sueños
                               cual plegaria pura
                               por la libertad-
 
                 cual plegaria pura.......por la LIBERTAD. ¡ ¡ ¡ ¡ 

jueves, 23 de agosto de 2012

ÉXODO DE JUJUY - 23/8/1812 - 23/8/2012



 Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Ávila (LMGSM 1 y CMN 73)
EXODO DE JUJUY – 23 de agosto 1812 -(Una visión actual de un episodio trascendente de la Historia Patria).
La retirada estratégica del Ejército del Norte, convertida en evacuación humanitaria de los jujeños, ante la agresividad realista, muestra la siempre genialidad y el espíritu del grande de la Patria: General Don Manuel Belgrano.

                               Cuando se realiza una investigación histórica, se busca encontrar detalles que avalan lo ya conocido o aquellos, que, como “perlas”, arrojan nuevas luces, para entender y comprender lo sucedido en el pasado. Los investigadores de historia militar, generalmente, recuperan los hechos, indagando sobre tres aspectos,  lo que les ofrece el “terreno” (campo de combate), los “medios” (tropas y armamentos) y la “conducción” (personalidad del jefe), tratando de mostrar, así, como desde la armonía de las acciones, se arriba al triunfo (éxito) o el fracaso (derrota). El tema de la guerra, diríamos la “guerra civil”, en el Alto Perú, es una rica fuente sorprendente de antecedentes históricos que, en síntesis, muestran una sociedad colonial dividida, alentada a su independencia y, al mismo tiempo, preocupada por el significado que conllevaba dejar la tradicional dependencia real. Por eso, cada uno de sus episodios o momentos, tiene que ser ubicado en el amplio escenario de las luchas, ya que, evidentemente, como una firme cadena de acontecimientos, cada uno de ellos, tiene efecto en los restantes. Desde el punto de vista lógico, el análisis realizado, para dar traslado a lo acaecido, dándole vida actual, es un aporte valioso,  que contiene el efecto de hacerlo interesante, dar a las figuras del pasado la semblanza del presente. Por eso, mostrar al “Éxodo de Jujuy”, en sus realidades, trasladado a la visión de hoy, es una tarea atractiva para los historiadores, para obtener enseñanzas, con concepción didáctica, aplicables en el presente. Esta operación militar, concebida dentro de los enfrentamientos políticos, pensada como raíz y origen del futuro de la libertad, llena de orgullo a aquellos que descienden de esa estirpe de valientes que, con coraje y sabiduría, supieron enhebrar los acontecimientos, que, a lo largo de los siglos, se expresarían con el sabor a Patria.
                               Para evaluar las acciones en el norte del antiguo Virreinato del Rio de la Plata, es conveniente, iniciar el análisis, a partir de la reacción y situación en ese territorio. Juan Manuel de Goyeneche, con amplias actividades anteriores en Buenos Aires, había sido encomendado desde el Virreinato del Perú, para sofocar los movimientos independencistas. Hábil militar, con los medios adecuados, enfrentando una resistencia simple y débil en capacidades, avanza inexorable en su misión. El 19 de junio de 1811, libro la batalla de Huaqui, conocida también como del “Desaguadero”, con una amplia victoria, que le permitió la ocupación de las provincias del Alto Perú, incluyendo las ciudades de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí. Este accionar pone como llamativo, la  dureza, y aun crueldad, incluyendo “matanzas” y “destrucciones”, que lleva en el  trato a aquellos que se habían pronunciado en contra de España.  A partir de esta ocupación  realista exitosa, emprendió su marcha hacia el sur, para continuar su acción represiva. En tal sentido, designo, al recientemente ascendido Brigadier Pio Tristán, para comandar la vanguardia, compuesta por tropas seleccionadas, que, a principios de agosto del 1812, habían superado La Quiaca y se dirigían, por la Quebrada de Humahuaca, hacia la ciudad de San Salvador de Jujuy.
                               En el ámbito  patriota, el General Manuel Belgrano, designado Jefe del Ejercito del Norte, había llegado con algunos pocos efectivos a Jujuy, donde había sido recibido con beneplácito y alegría por la población, destacándose que, el 25 de mayo, había celebrado la fecha, enarbolando la bandera por el creada y motivando su juramento por las tropas y los pobladores. Los jujeños, alentados por las esperanzas de la libertad, encontraban en la figura de Belgrano, no tan solo al guía para el futuro, sino el escudo protector que cubriría, con efectividad, el derrotero al que se habían comprometido.
                                 El Gobierno porteño, consideraba imposible resistir a las fuerzas de Pio Tristán, que avanzaban recibiendo refuerzos y, detrás del cual, estaban las formaciones principales al mando de Goyeneche, prestas a concurrir en apoyo de su vanguardia. La intención del Triunvirato era dar batalla en Córdoba, donde se reforzaría a las tropas con otras provenientes de la región rioplatense y, así,  evitar perder lo poco que se tenía, con lo que se justiciaba, ampliamente, el disponer su repliegue hacia el sur.  Recordemos que, en aquel tiempo, solo Buenos Aires era la población en rebeldía, ya que los otros movimientos, habían sido anulados, al tiempo que, desde España, regresado el Rey al poder, se preparaban importantes fuerzas que, con su poder, anularían, para siempre, toda posible futura acción. Si Buenos Aires caía, todo el afán de libertad, hubiera quedado anulado, y los esfuerzos y sacrificios hubieran sido en vano, pues el único foco vigente dejaría de existir y servir de base para los movimientos futuros. La llegada del general José de San Martin, junto con otros experimentados militares, como es el caso de Alvear, está mostrando la importancia de la plaza, al tiempo, que su orfandad en calidad y capacidad , pero, al mismo tiempo, la importancia estratégica de Buenos Aires en el proceso general latinoamericano.
                                    Belgrano percibía, seguramente, que la conducción de Pio Tristán buscaba eludir el combate, sobrepasando los débiles esfuerzos de defensa, no dejándose aferrar a ellos, para mantener la libertad de acción, para avanzar con el menor esfuerzo posible,  tras el claro objetivo: Buenos Aires. Todo mostraba que este proceso estaba exitosamente en marcha, no encontraría dificultades en concretarse, y que, solo la suerte o la magnificencia divina, opondría las barreras que por los hechos concretos no podían materializar.
                                   El pueblo de Jujuy, en su mayoría, se había declarado a favor del accionar de Buenos Aires, con el acto expresivo recordatorio del 25 de mayo de 1812, en el cual se enarbolo y juro la Bandera de Belgrano, donde este expreso:
LLEGO, PUES, LA EPOCA EN QUE MANIFESTEIS VUESTRO HEROISMO Y DE QUE VENGAIS A REUNIROS AL EJERCITO A MI MANDO SI COMO ASEGURAIS QUERIES SER LIBRES…
                                   Pero, los acontecimientos se precipitan y ante la realidad de la orden recibida y los efectos sangrientos de los españoles, al recuperar poblaciones alzadas que se habían adherido a Buenos Aires, Belgrano dispone la EVACUACION de Jujuy y dice:
JUJEÑOS…LA PATRIA LES RECLAMA UN GRAN SACRIFICIO,  ABANDONAR LA CIUDAD Y LAS FINCAS, QUEMAR LOS CAMPOS SEMBRADOS, ARREAR LOS ANIMALES, SOLO DEBE QUEDAR TIERRA ARRASADA.
                                Se conoce  así, como EXODO DE JUJUY, a la operación en retirada hacia el Sur del Ejército del Norte, acompañado por la población de la ciudad y refugiados de Tarija y Chichas, a efectos no exponerse y eludir dar batalla a los españoles. El general Belgrano, al determinar la “evacuación” de la población jujeña, de alguna manera, estaba excediendo el mandato porteño y asumiendo la responsabilidad de protección de ella, aspecto que debe ser destacado. Una cosa hubiera sido el marchar con sus tropas y sus bagajes, pero otra, muy diferente, sería hacerlo con la población, que no lo quería hacer sola, sino llevando consigo todo aquello que consideraba de valor para evitar quede en manos de los realistas. Se recuerda, por ejemplo, la demora que se incurrió en la partida, a efecto de terminar de cargar algunas carretas con  bienes importantes, que sus propietarios no querían abandonar. La historia recuerda que Belgrano, en su bando, hizo saber que sería “fusilado” aquel que se quedara, pero, en la realidad, no lo hizo, y los dos que fueron ejecutados, eran soldados de sus fuerzas que desertaron y que, de no castigarse este incidente, se corría el riesgo de que algunos mas lo hicieran. Hay que ubicarse en el ambiente del momento, en el cual el temor se había adueñado de la población, que veía que sus protectores militares se alejaban, lo que les dejaba en manos de los realistas, cuya crueldad se había ya mostrado, lo que ponía en juego “vidas y haciendas” en uno de esos juegos del destino que escapan de la voluntad humana.
                                Los efectos de esta “evacuación” están claramente expresados en el parte que envía Pio Tristán, que dice:
ESTABA DESIERTO Y DESMANTELADO Y ESPANTADO POR EL ASPECTO TRISTISIMO DE AQUELLOS LUGARES DESANPARADOS Y DE AQUELLAS CALLES MUDAS Y TRISTES, DESPUES DE LA AGRADABLE ANIMACION DE OTROS TIEMPOS. BELGRANO ES IMPERDONABLE…..
                                  Para evaluar la decisión del repliegue, es interesante, saber quiénes eran los jefes realistas que conducían las operaciones contra los “insurgentes” alentados desde Buenos Aires. El jefe, era el Brigadier José Manuel de Goyeneche y Barreda, con una larga carrera militar y diplomática, comenzada como cadete en 1783 y que culminaría como Teniente General en 1814. Como detalles a tener en cuenta, fue Coronel del Cuerpo de Arribeños  y ayudante del Virrey de Melo en Buenos Aires.  Era realmente un soldado profesional, preparado para la guerra y con un alto espíritu militar y de servicio hacia el Rey español. El jefe de la vanguardia fue el Brigadier José Pio de Tristán Moscoso, también con brillantes antecedentes militares, ya que formo parte del regimiento de Soria,  con acciones en América y España. Se recuerda que Pio Tristán estudio en la Universidad de Salamanca, donde conoció y compartió con Manuel Belgrano. Es decir, eran dos hombres curtidos en la acción y decididos en los hechos, nacidos en América, pero enrolados firme y totalmente en la causa realista, con  antecedentes militares destacados y experiencia de combate adecuada, lo que lleva a pensar que la conducción de las operaciones era lógica, correcta y altamente profesional. La situación militar en el Alto Perú mostraba, claramente, un escenario en el cual las fuerzas realistas tenían y estaban en un grado de potencia para el combate altamente superior a la de los patriotas que, pese a su entrega y sacrificio, resultaban netamente inferiores.
                             Toda la situación, recordemos que era una clásica “guerra civil”, hacia que cada paso o actividad de un bando o el otro, era conocida, casi de inmediato, por el otro, así que, posiblemente, los jefes realistas, en particular Pio Tristán,  conocían las órdenes recibidas desde Buenos Aires y, eso, lo llevo a continuar el avance, sin esperar refuerzos de Goyeneche, tal como el mismo luego señalaría, como descargo, ante las derrotas que seguirían en Tucumán y  Salta. El abandono o evacuación de Jujuy, ordenada por Belgrano, fue, en realidad, parcial, ya que fue obedecida solo por aquellos que, de alguna manera, temían por sus vidas, quedando algunos  que se enrolaban en el bando realista. Este episodio ha quedado registrado en la historia, por el hecho de que, arribado a Jujuy, Pio Tristán, designa nuevas autoridades, entre los que aun estaban en la ciudad, cuyos nombres quedan registrados en las actas correspondientes. Además, como detalle de interés, se observa que los realistas no proceden a la destrucción de la ciudad, ni a tomar presos, ya que, evidentemente, no se repetía lo que había pasado, por ejemplo, en La Paz. Si bien, aquellas crueldades fueron ejecutadas por Goyeneche, todo debe hacer suponer, que su subordinado, Pio Tristán, estaría obligado y motivado, para obrar en consecuencia, lo que no sucedió pues la situación de rebeldía no quedo materializada.
                     Cuando analizamos, con los parámetros del presente, la operación del “Éxodo de Jujuy”, descubrimos en ella, una de los más brillantes “operaciones de engaño”, seguramente, no concebida como tal por el General Belgrano,  pero efectivamente materializada en los hechos, más descollantes y digna de su estudio en las academias militares. El General Belgrano, con medios (tropas y armamentos) menores a los de los realistas y con pocas posibilidades de enfrentarlos, “cumple” las órdenes recibidas de abandonar la posibilidad del enfrentamiento y retirarse. Es aquí, sin dudas, donde aparece, sublimada, una vez más, la figura del prócer, ya que no abandona a los jujeños, que se habían declarado a favor de los postulados porteños,  sino que los “lleva” en su “escape”, junto con los refugiados de Tarija y Chichas, arriesgando, posiblemente, sus propios tiempos de retirada, por el mayor peso de la acción emprendida. Pero, evidentemente, este accionar, seguramente, crea, en Pio Tristán, la idea de que Belgrano cumplirá lo ordenado por los porteños y, sin combatir, marchara hacia el Sur, lo que, consecuentemente, daba libertad de acción para el avance, lo que lo lleva a no esperar refuerzos, conforme lo pensaba Goyeneche, y comenzar una suerte de “persecución”, para aproximarse al objetivo de Buenos Aires. Posiblemente, en la mente de Pio Tristán, surgía y estaba claro que la rebelión había perdido fuerza, encontrando muestra  en  el recibimiento que había logrado en Jujuy, lo que se refuerza como idea, en el hecho de que, después de Tucumán, marcha para reorganizarse al aparente “refugio” de Salta donde, evidentemente, esperaba algunos refuerzos que lo repotenciarian para volver al cumplimiento de su misión. Durante la marcha hacia el Sur, las escaramuzas entre las avanzadas realistas y las retaguardias patriotas, muestran el hostigamiento de los primeros y la protección que dan los segundos, al proceso de evacuación, lo que lleva a confirmar, en la práctica, con hechos concretos, esta nuestra suposición histórica.
                          La fase “retirada estratégica”  (Éxodo) culminara el 24 de septiembre en Tucumán, cuando los realistas avanzan, sin avizorar los riesgos y peligros, que su osadía los estaba conduciendo, y caerán derrotados en la Batalla del Campo de las Carreras, en una operación “sorpresa”, materializada por el abrumador ataque gaucho a su columna, que, seguramente,  intenta “desbordar” la ciudad, lo que mueve a Pio Tristán a abandonar el campo de combate y buscar apoyo en Salta.  Tucumán, de esta manera, se convierte en la “Batalla de la Patria” y será la base del camino de retorno a sus hogares de los jujeños después del 20 de febrero de 1813. De esta suerte, Jujuy, Tucumán y Salta, son los diamantes de la corona en las sienes de un país que nacía y del cual era artífice singular el General Manuel Belgrano.
                      La historia está llena de episodios que conmueven al ser recordados y, ese ejercicio intelectual, desarrollado por aquellos que penetran en el pasado para investigarlo, es una manera honesta, sana y sincera de honrar a la Patria, por eso es conveniente, como una suerte de recuerdo, repetir algunos pocos nombres, dentro de una cantidad importante, de aquellos jujeños que marcharon con Belgrano, entre ellos, tenemos a: Martin Oteo, Alejandro Torres, Miguel de Bárcena, Antonio Rodrigo, Joaquín de Echeverna, Gabriel del Portal, Francisco Calderón, Rafael Eguirre, Ignacio Noble Carrillo, Saturnino de Eguia, Ventura Marguiegui, Tomas Gómez y Marino Corillaiza .
                    En el año 2010, en el Instituto Nacional Belgraniano, a instancias de la Asociación de Damas Jujeñas, como homenaje a Belgrano y Jujuy, al relatar sobre el “Éxodo Jujeño”, termine con las siguientes estrofas que a continuación rescato:
                              -. Cuando se llega a Jujuy y se siente su cálida gente
                                Cuando por sus calles se escucha su silencio estridente
                                Cuando se sabe su pasado glorioso siempre naciente
                                Sabemos que Belgrano existe y esta junto al presente.
                                -.El eslabón de la gloria al caminar es  un sendero
                                Que cuenta las tristes notas de miles de quenas
                                Recordando las luchas brillantes como derrotero.
                                -. Cuando llegamos a agosto en el jujeño señero
                                Cuando las cajas repican su ritmo de chaya
                                Cuando  brota orgullo por lo que hemos sido
                                Florece la Patria, Jujuy argentino en el cielo.
               Como dicen estas estrofas, “florece la Patria” en cada uno de los gestos y acciones, que encadenan hechos y glorias, en una sucesión de actos, en los que campea el valor y la decisión de aquellos que son nuestros padres, que soñando un país mejor, lleno de honores y noblezas, nos dieron como legado nuestra Argentina.

lunes, 9 de julio de 2012

RECORDANDO EL DIA DE LA PATRIA




Por el Tcnl. José Javier de la Cuesta Ávila (Prom. LMGSM 1 y CMN 73)


Homenaje a los congresistas en la figura del General Manuel Belgrano, hombre probo, justo y noble, que mostró, en su vida, las características de patriota, y, en sus gestos, la altura del estadista, recordando  su accionar el día anterior ante el Congreso de Tucumán, cuyos miembros, con coraje y osadía, declararon el 9 DE JULIO DE 1816 la Independencia de nuestra Argentina.


     En el Día de la Patria... ¡¡¡¡¡¡¡VIVA LA PATRIA!!!!!!

     El 8 de julio de 1816 los congresales, que estaban reunidos desde un largo tiempo atrás en Tucumán, fueron convocados a una "reunión secreta", que seria,  tanto importante como reservada, por sus alcances y consecuencias. La razón del encuentro se debía a que, el General Manuel Belgrano, que había regresado de su misión diplomática en Europa, había sido designado, nuevamente, Jefe del Ejercito del Norte y, según  se sabía, seria el orador informante, requerido para conocer y evaluar la situación, ante una serie de rumores alarmantes que corrían sobre el futuro. La noticia tenia en ascuas a los tucumanos, que se habían "jugado" por una nueva nación, y temían que todo lo hecho cayera, en esas jugadas del destino que la vida impone a los pueblos que se debaten y desean un futuro mejor

    Los congresales, llevaban ya varios meses de reuniones, se habían adoptado algunas medidas importantes, entre ellas, se destacaba la designación de Juan Martín de Pueyrredón para que gobernara desde Buenos Aires.  Había mucho que resolver y dudas sobre como hacerlo, ya que las posiciones diferían, los objetivos no eran los mismos y el mañana se poblaba de noticias que hacían que todo pareciera turbio. San Martín, desde Cuyo, había enviado una carta a Lapida, requiriendo proponga una medida singular, el acto trascendente de "declarar la independencia".  La misiva, seguramente, había sido leída y releída, pero, pese a quizás existir la voluntad, el momento hacia que se postergara. La realidad mostraba dudas y ello conducía a la falta de decisión, ese paso no se había discutido ni acordado, al salir de sus provincias, era romper con un vínculo de siglos, salir solos al mundo y prepararse para los embates que la medida despertaría. Los congresales sabían que era necesario actuar con cordura, adecuada prudencia y ajustada acción, para que el progreso no se trabe, pero que su evolución se ajuste a las posibilidades. Ellos eran hombres simples, inflamados por el deseo de hacer, pero prudentes y cuidadosos en los pasos a dar, para evitar que, en lugar de ser impulso, se transformen en barreras. La vuelta de Belgrano a Tucumán era, sin dudas, un hecho trascendente, ya que gozaba de respeto y se le reconocía sus capacidades. Los tucumanos aun tenían, en su recuerdo, aquel 24 de septiembre del 1812, en el cual, los criollos habían dejado un tendal de godos en el Campo de las Carreras, una fecha inolvidable, ya que, ese día, pasaría a la historia como el de la "Batalla de la Patria". Las palabras de Belgrano eran esperadas y, sus ideas y consejos, siempre claros e inteligentes, servirían para abonar posiciones y justificar las acciones.

   Sin dudas,  en la reunión, Belgrano, con esa calidad de maestro y esa habilidad de orador, mostró a los congresales, una realidad indiscutible. Habían pasado más de seis años de aquel 1810, España ya no era la tierra sometida por los Bonaparte y los actos reaccionarios en las colonias, similares al porteño, habían sido anulados. Como conclusión, en este escenario, solo quedaba como bandera del futuro, lo que se venia gestando en las provincias del Virreinato del Río de la Plata. El riesgo era serio, mucho mas serio de lo imaginable, ya que, evidentemente, todo hacia pensar que los ejércitos de la península, ahogarían, con su fuerza, a los gritos esperanzados que se transformarían  en ayes de dolor. La experiencia, en otras ciudades, mostraban a los godos, impulsados por su afán de vencer, que se hacia venganza, y la muerte era la sanción, ante lo que se suponía rebelión, sin ningún distingo, ya que hombres y mujeres, hasta niños, eran sometidos a la crueldad de aquel retorno.

  Pensemos ahora, lo que pudo pasar por las mentes de esos prohombres, iluminados por el deseo, pero realistas ante los hechos, sabiendo que se estaba rodeado por aquellos que negaban la libertad, y, ahora, se les proponía, y se suponía que ellos darían un paso mas adelante, se pretendía que fueran los artífices y, por ello, responsables, de la independencia. Ellos sabían, quizás en lo más íntimo,  que su gesto seria mirado como muestra de valor y coraje, pero no olvidaban que, si se fracasaba, sus vidas y haciendas, cuando no sus mujeres, hijos y parientes, corrían el riesgo de la muerte, el desprecio y el sacrificio, y terminarían siendo la forma y objeto de sanción a la osadía. Sin embargo, las palabras de Belgrano, debieron ser tan convincentes, claras y concretas, que vencieron temores, dudas y prejuicios, para la alta decisión unánime que se suscribiría al día siguiente: el 9 de julio de 1816.

  Algunas veces, los investigadores históricos, buscan el porque en nuestra tierra surgieron estos gestos y se lograron esos avances, que mostraban un afán de futuro casi inexplicable. Cuando América española, que había soñado un tiempo mejor, se derrumbaba, en el extremo sur del continente, parecía que reflorecía lo que se había soñado. Si en la búsqueda de un fundamento, ello se profundiza, se observa, que este proceso, no fueron resultado de la improvisación, sino la resultante, lógica y natural, de un desarrollo, basado en las circunstancias y alentado por los momentos, que figuras, con tinte político pero raigambre de estadistas, supieron aprovechar, para convertir promesas en hechos. Posiblemente, la respuesta a  este escenario, se encuentra al recordar, que a orillas del Plata, debido a las acciones de los ingleses de 1806 y 1807, se habían creado milicias criollas, al mando de oficiales naturales del país, diferenciándose, de esta suerte, de lo que sucedía en otras regiones, donde estas tropas eran peninsulares que cumplían una misión temporaria y, por lo tanto, su arraigo no era con estas tierras, sino con España, por lo que, finalmente, "ahogaban" las tendencias independentistas. La realidad esta señalando, de esta manera, que el hecho de que las ansias de libertad e independencia, estaban sustentadas en un real poder militar para defenderás, es decir se quería y, al mismo tiempo, se podía-

   Al día siguiente, el 9 de julio de 1816, en la solariega casona de Tucumán, se reunieron nuevamente los congresistas, seguramente la noche anterior debió mantenerlos desvelados, pero, sin dudas, las palabras de Belgrano habían calado hondo y la resolución estaba tomada, de esta manera, las Provincias Unidas en Sudamérica, asumían la responsabilidad de la independencia para presentarse al Mundo como una "nueva y gloriosa nación".

   Cuando pasan los años y los tiempos tornan leyenda el pasado, se olvidan los gestos y no se valoran las acciones, ello nos debe hacer  a los argentinos que, cada 9 de julio que se recuerde, tenga en sus alabanzas a su acción, el recuerdo permanente, constante y valedero, de aquellos que, reunidos para construir un nuevo país, arriesgaron sus vidas y futuro, dieron ese paso trascendente, que llevo a los ojos del mundo este nuestro país con sus honras y triunfos como legado que nos enorgullece.

   Traer a la memoria algunas de los párrafos del acta suscripta es, evidentemente, volver a sentir el calor patriótico de aquellos varones criollos de la naciente Patria, por ello repitamos:

                  Nosotros representantes de las Provincias Unidas en Sud América.....

                   declaramos solemnemente a la faz de la tierra.....

                   romper los vínculos que los ligan a los Reyes de España...

                   investirse del alto carácter de una nación libre e independiente.


                    En el DIA DE LA PATRIA.....              ¡¡ ¡¡ ¡¡ Viva la Patria...!! ! ! ! !