miércoles, 22 de febrero de 2012

GENTA: SOCIOLOGÍA ANTIMILITAR EN EL COLEGIO MILITAR

Por Antonio Caponnetto
EL GENERAL RATTENBACH
El pasado 13 de febrero hicimos circular una nota titulada La fregona de Buckingham. Hacíamos referencia en la misma a la gravísima significación que posee el hecho de que, para Cristina Kirchner, el General Benjamín Rattenbach debe ser tenido como un “orgullo de los argentinos y un verdadero hijo del ejército sanmartiniano”.
  
Así se expresó pública y oficialmente desde la Casa de Gobierno, el 7 de febrero del corriente, en el acto de firma del Decreto de Desclasificación del Informe Rattenbach, con la presencia estelar del hijo del homenajeado,también militar.
  
Esa gravísima significación a la que aludimos se debe, por un lado, al hecho de que Rattenbach ha manifestado en toda su carrera una ideología precisamente contraria y opuesta a la de alguien que debería ser objeto de orgullo, porque es la ideología de los enemigos de Dios, de la Patria y de las Fuerzas Armadas. Por otro lado,y consecuente con esta cosmovisión, el aludido general fue uno de los artífices de la deshonrosa desmalvinización comenzada en tiempos del Proceso, con la anuencia de cierta cúpula castrense y dialécticamente en contra de aquellos jefes que alentaron la guerra justa, o anhelaron al menos un final no signado por la rendición incondicional.
  
Envuelta en las exasperantes contradicciones y sinuosidades propias del peronismo, Cristina Kirchner ha decidido montar su show malvinero rindiéndole tributo a un personaje siniestro.
  
Sobre este personaje pronunció palabras clarividentes y veraces Jordán Bruno Genta, hace más de treinta y cinco años. Nos place reproducirlas ahora, para aprovechamiento de los argentinos de bien. Aparecieron en el períodico Combate, Buenos Aires, edición del 18 de julio de 1966, página 3, bajo el título Sociología Antimilitar en el Colegio Militar.
  
Antonio Caponnetto
  
  
SOCIOLOGÍA ANTIMILITAR
EN EL COLEGIO MILITAR
Por Jordán Bruno Genta
La Sociología y Psicología son dos carreras universitarias que están de moda. Sociólogos y psicólogos se producen en serie y se introducen de inmediato en todas partes para conducir a las almas y orientar la convivencia.
   
Ambas disciplinas se encaran desde un punto de vista empírico, positivista, experimental, como ciencia de fenómenos; esto es, sin consideración alguna de la naturaleza del hombre y del fin de su existencia. Se prescinde pues de la Religión y de la Metafísica, de todo juicio de valor y de fin, como si se tratara del estudio de los fenómenos físicos.
  
Claro está que dicha pretendida neutralidad religiosa y moral en aras de la objetividad científica, no excluye realmente ni el supuesto religioso ni el metafísico. Por el contrario, es parte de la irreligiosidad y de una pseudometafísica materialista; se niega la presencia de lo religioso y de lo metafísico en los fenómenos sociales tanto como en los fenómenos psíquicos.
  
El Gral. Benjamín Rattenbach se ha ajustado a este criterio empírico y positivista al redactar un manual titulado El sector militar de la sociedad, que se usa oficialmente en el Colegio Militar de la Nación.
  
No puede ser más pobre, ni más vulgar, ni más desmoralizadora la idea que pueden formarse de la institución militar, los futuros oficiales a través de las páginas de este libro. El autor decribe las características comunes de las Fuerzas Militares con la misma indiferencia de un botánico al describir y clasificar las raíces, tallos u hojas. De ahí su aclaración inicial sobre el criterio científico que sigue en su estudio: la sociología “es una de las ciencias sociales que busca mediante procedimientos empíricos el conociminto de la sociedad humana. Se puede decir que la sociología militar, es una ciencia social empírica que persigue sólo el conocimiento” (p. 24).
  
Lo que no dice el Gral. Rattenbach es qué clase de conocimiento y qué valor tiene para el futuro oficial. No dice que se trata de un conocimiento superficial, superfluo y de valor negativo, porque deja de lado la cualidad moral, el sentido interior, la característica distintiva esencial que acusan los fenómenos sociales.Y por esta grave omisión, el examen se limita a las características comunes, materiales y externas, que por sí solas, hacen que se confunda un acto de coraje heroico con un asesinato alevoso y cobarde, tal como se advierte en el capítulo VI de este increíble manual, donde se tratan “las contradicciones morales” que afectan al sector militar (p. 90 y ss).
  
Es notorio que los fenómenos sociales de matar, espiar, engañar, atacar por la espalda a uno o a muchos semejantes, tengan lugar en la guerra o en la paz y sean obras de militares en servicio o de pistoleros en atracos, se parecen como una gota de agua a otra, si atendemos únicamente como lo hace el Gral. Rattenbach a las características comunes, superficiales, materiales y externas. Y es así como tan irrisoria comparación se puede aventurar el insólito juicio de los pacifistas cuáqueros o trasnochados.
   
 “En el sector militar se enseñan y aplican ciertos principios que, indudablemente, representan una   propia, subsiste en este campo la inversión del precepto moral civil en cuanto al significado del homicidio y la muerte. Más aún, todavía se admira y se consagra como héroe a aquel que logra destruir a muchos adversarios en un acto de arrojo o de temeridad. Un proceso parecido sufre el problema del espionaje” (p. 99).
  
El subrayado nos pertenece. Hemos querido destacar ese “todavía se admira y se consagra como héroe” en la pluma de un general argentino y en la formación ética de los cadetes que llevan, uno y otros, la réplica del corvo de San Martín.
  
Quiere decir que, según el Gral. Rattenbach, llegará tiempo en que el arrojo de San Martín, de Dorrego, de Lavalle, de Lamadrid, dejará de admirarse y de ser consagrado como heroico.
  
Causa estupor que el Colegio Militar de la Nación, se enseñe a los futuros oficiales de nuestro Ejército que las más altas virtudes militares y guerreras están en contradiccion con los principios morales que rigen al resto de la sociedad, como si hubiera una moral civil y una moral militar; como si los principios morales que rigen en el cuartel fueran bárbaros, crueles, el todo está permitido y el fin justifica los medios, frente a los principios civilizados, pacíficos, que mandan obrar el bien y no hacer el mal, por ejemplo, “no matar”.
  
El soldado que mata en la guerra en que se juega el destino de la Patria, su Soberanía, su Honor, no lo hace porque se cree dueño de las otras vidas, ni de la propia, ni movido por odio personal hacia el adversario, ni en procura de su propio interés. Lo hace porque está en juego un bien que vale más que la propia vida temporal y la de los otros, porque el Bien Común es más importante que el bien particular, porque pertenecemos a Dios, a la Patria, a la Familia, y nos debemos a estos principios de vida más que al cuidado de lo que en nosotros es de la muerte; porque sin esos bienes la vida sería peor que la muerte. Hasta el poeta pagano Horacio canta:
“Por la Ptria morir es dulce y noble.
También la muerte al desrtor acosa,
ni perdona a rodilla que se dobla
ni a espalda que se vuelva temerosa”.
  
Y el Padre Castellani, en versos inspirados por el gran Péguy insiste:
  
“Dichoso aquel que muere por su casa y su tierra
pero sin haber hecho dolo ni causa injusta […]
Dichoso aquel que muere para que siga indemne
la vida de un niñito, la gloria de un país”.
  
Lo que vale para morir, vale igual para matar, porque es la vida que se hace don en uno y otro caso, es la sangre que se derrama inocentemente por una causa justa y solemne.
  
¿Cómo se puede confundir con el asesinato o con el suicidio, con el que desprecia la vida del otro o la propia? ¿Cómo se puede confundir a un soldado que dispara su ametralladora en defensa de su Patria, con un pistolero que dispara su ametralladora en el atraco de un banco?
  
Son dos fenómenos sociales materialmente parecidos, pero moralmente opuestos en orden al mismo principio supremo de la moral cristiana: “Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo”.
  
En principio, el hombre debe respetar la vida de otro hombre, pero en el caso concreto y extremo de la defensa de su Religión, de su Patria, de su casa, de su prójimo, debe matar si es preciso. Y entonces muere y mata por amor.
  
No hace falta apelar aquí a otros argumentos ante cosa tan notoria; tampoco hace falta insistir en otros temas tratados por el Gral. Rattenbach, para poner en evidencia el espíritu antimilitar y antisanmartiniano de su libro, así como su pluralismo y relativismo éticos.
  
Es increíble que manuales como El sector militar de la sociedad puedan ser escritos por un general, editado por el Círculo Militar, y usados oficialmente en la formación de los jóvenes que se preparan para morir y matar en defensa de la Patria y del Occidente Cristiano.
  
Si en cualquier época sería un contrasentido manifiesto, en la presente que se caracteriza por la Guerra Revolucionaria, en la que domina el aspecto doctrinario y la subversión social, resulta suicida; una contribución activa al desarme moral de los hombres de armas.

OMISION QUE TRONCHA LA FIGURA DEL GENERAL BELGRANO. INVITACION AL ACTO DEL INB DEL 24 MARZO 2012



Por Tcnl. José Javier de la Cuesta Ávila (LMGSM 1 CMN 73 VGB) (+)

   El INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO ha cursado una invitación al acto a realizarse el 24 de marzo para recordar el "199 Aniversario de la victoriosa Batalla de Salta", " Bicentenario de la Creación de la Escarapela Nacional" y "Bicentenario de la Creación de la Bandera Nacional", incluyendo en su texto la siguiente nomina de acciones que caracterizan a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano:
 
Numen de Mayo
Estadista y Paradigma del Funcionario Publico
Fundador de las Academias de Náutica, Dibujo y Matemáticas
Pionero de la Educación Pública
Promotor del Rol Social  de la Mujer
Fomento la Agricultura, animo la Industria y protegió el Comercio
Economista político, Periodista, Ecologista y Abogado
Protector de los Pueblos Originarios y Primer Constitucionalista
Prócer de la Independencia Hispanoamericana
Precursor del Panamericanismo
Creador de la Bandera Nacional
Padre de la Patria.

    La lectura de los hechos citados, que configuran la figura del prócer, son una muestra cabal de su personalidad, proyectada sobre los tiempos y destacada por un accionar prístino y honesto, que sirve de modelo y ejemplo digno de destacar. Sin embargo, una lectura mas profunda de lo detallado, especialmente teniendo en cuenta que la invitación se refiere a la "conmemoración"  del "199 Aniversario de  la victoriosa Batalla de Salta", destaca, claramente, que existe una "omisión" en el conjunto detallado que se hace de las acciones del General Don Manuel Belgrano, y, es su desempeño en los hechos de armas, en los que actuó, llevando su personalidad a los mas altos valores que hacen al espíritu de los hombres. Belgrano derrotado en Asunción y victorioso en el Norte (Tucumán y Salta), se asocia con el capitán que lucha en el Buenos Aires colonial ante las invasiones inglesas o el general que en Vilcapugio y Ayohuma es vencido por el poderío español, pero que deja una valla infranqueable a los godos, que el genio de San Martín, el arrojo de Güemes y el sacrificio de los criollos, harían de pedestal a lo que hoy tenemos como Nación. El sabia que las armas daban poder, pero que los espíritus se ganaban con el convencimiento y la dignidad de las causas, rol en el cual paso a ser maestro genial.

   Manuel Belgrano, es el ciudadano que se hace soldado, para cumplir sus deberes y, sin una preparación previa castrense, logra con su inteligencia, responsabilidad y calidad personal, conducir las unidades del naciente ejercito criollo a la acción. Su esencia militar, es descripta por el mas noble exponente de la Historia, el General Don José de San Martín, que destaca y reconoce las dotes de estratega y conductor que aquel ha hecho gala. La milicia, sin dudas, es una cuestión vocacional, no una ocupación circunstancial, que se pone a prueba cuando el riesgo y el temor anonada por los peligros, pero que, en su proyección, alienta, despierta y proyecta a ofrendar lo mas valioso de los seres humanos: la vida. Eso es lo que lograba Belgrano, despertar en aquellos criollos, que no sabían de combatir, pero que si sabían pelear, como lo mostraría el arrojo en loa campos de combate. Como se puede olvidar esta faceta de este hombre singular, orgullo de los argentinos, padre de la Patria.

   La trilogía del "Éxodo Jujeño", la "Batalla de Tucumán" y la "Batalla de Salta", constituye la construcción de una real barrera de protección a los sueños y las ansias de libertad, que habían germinado  los porteños en Buenos Aires, y  estaba amenazada de caer por los empujes godos, que avanzaban desde Lima y mostraban una "ferocidad" criminal hacia los pueblos levantados.

    Olvidar a Belgrano, en su rol magnifico de general conductor de ejércitos, es tronchar una de las partes mas maravillosas y destacadas del prócer. Lo triste y realmente doloroso, es que esta omisión la realiza el organismo altamente prestigioso, que durante décadas lo ha honrado y que, con sus mensajes, ha mostrado permanentemente los alcances magistrales de su figura, con la certeza de que los miembros que lo integran, jamás desdecirán los cientos de declaraciones, mensajes, conferencias, etc. en los que se estudio a Belgrano en todas y cada una de sus facetas, que unidas en un mismo ser, exaltan los valores de la Patria. Belgrano estadista, abogado, periodista, maestro y, lógicamente, también militar.

Notas: (*) El suscripto a "anulado" su participación con miembro adherente del "Instituto Nacional Belgraniano",  con gran pesar, como un gesto aislado, que busca recuperar la total figura del prócer que tanto dio a la Patria y al que tanto le debemos los argentinos.

SYLVINA WALGER: "LO QUE DICE VIDELA ES CIERTO… NO HAY JUSTICIA, HAY VENGANZA"



La periodista y escritora Sylvina Walger fue militante Montonera en los setenta y exiliada durante el Proceso de Reorganización Nacional. Sin embargo, es a la vez muy crítica del kirchnerismo, de Mario Firmenich y de La Cámpora.
En una entrevista radial, distinguió los "montoneros lúcidos" de "montoneros arbitrarios y no democráticos". La visión de una ex militante de los setenta que ve el país de manera diferente, en una entrevista con MDZ Radio.
“Es terrible lo que voy a decir… Videla, lo que dijo, es cierto… Acá no hay justicia, hay venganza” afirmó la periodista y escritora Sylvina Walger aunque de inmediato aclaró que eso “no lo hace menos sanguinario” al dictador que gobernó el país con la Junta Militar entre 1976 y 1981.
Walger una semana antes de la entrevista, había redactado una columna polémica sobre el conflicto de Malvinas y sus consecuencias, en el diario La Nación. Y desde entonces ha estado recibiendo duras críticas desde distintos sectores del oficialismo.
En sus declaraciones radiales, criticó a Mario Firmenich por el horror de aquellos años, por la “locura mesiánica” de Montoneros, la organización a la que ella pertenecía, y trató a La Cámpora de “analfabetos que no conocen la historia argentina”.
En una entrevista con el programa “Te digo lo que pienso” que se emite por MDZ Radio, Walger se explayó en estos temas, a propósito de su columna sobre Malvinas y de la enorme cantidad de comentarios negativos que recibió de “blogueros pagos que no leyeron la nota”, según dijo.
 “Aquello no era para liberar a nadie. Al final era la lucha por el poder” resumió la periodista, que dijo sentirse “prohibida” por el kirchnerismo.
Afirmó además que en La Cámpora son “analfabetos” que “no conocen Historia Argentina”.

CUANDO AL CURA LE MANDARON MONTAR UN BURRO


Por el P. Juan Antonio Ruiz, LC
(fragmento de la nota original)
Un amigo sacerdote fue destinado durante un verano a trabajar en Kazajistán, país que, en ese momento, empezaba a saborear su independencia. Al llegar ahí, se dio cuenta de la escasez de sacerdotes y de la grandeza de la misión en ese país. De hecho, pudo visitar lugares que no habían sido evangelizados nunca, el sueño de todo misionero.
Un día acompañó a otro sacerdote, un polaco, a celebrar la misa en un pueblo. Se trataba de una localidad perdida y pensaban que no serían recibidos sino por algún despistado. De hecho, a unos pocos metros antes de llegar al pueblo, un policía detuvo el coche y les obligó a bajarse y a montar un burro: «Tienen que entrar así». Sin entender lo que de verdad estaba sucediendo, se subieron a los lomos de los jumentos. Al llegar al área de la localidad, su estupefacción fue mayor cuando comprobaron que toda la gente salía a recibirlos con palmas y flores, recibiendo al primer sacerdote de su historia.
El gentío los condujo hacia el centro del pueblo, a la plaza principal. Ahí, sentada en una silla, una anciana los miraba sonriente. Le ayudaron a levantarse y cuando tuvo a los sacerdotes delante de ellos, se arrodilló y dijo: «¡Bienvenido, Jesucristo!». El sacerdote polaco pensó que a la pobre mujer le fallaba ya el quinto piso y, benévolo, le respondió que no era Jesucristo, sino un ser humano como ella. La viejecita volvió a responder: «No, padre. Usted es Jesucristo para nosotros, pues nos trae, por primera vez, la Eucaristía».
Indagaron quién era esa buena señora. Lo que averiguaron les dejó atónitos: esa viejecilla había enseñado el catecismo a todo ese pueblo durante el tiempo del comunismo ateo de la Unión Soviética. Sin la posibilidad de tener sacerdotes, fue gracias a ella que todos ahí profesaban la fe católica.
Hubiese dado cualquier cosa por conocer a esa viejecilla. Y no sé ustedes, pero ¡cómo echo de menos mujeres así en nuestra civilización occidental! No que nos las haya, pero ¡son ya tan pocas! Mujeres valientes, que van contracorriente, que saben poner prioridades en sus vidas, que su amor es auténtico. Estoy convencido que el mayor mal que se ha hecho a la humanidad ha sido una mal entendida liberalización de la mujer, en donde nos han robado a las madres de familia, a las educadoras de los valores más elementales, a las novias fieles y alegres a la vez, a las chicas entusiastas pero que saben vivir con modestia, a las esposas que reparten amor a manos llenas. Y los hombres, al no tener esa columna, es como más fácilmente caen a su vez en sus propios males; esos que, tantas veces, las mismas mujeres les achacan.
Fuente:  http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=11190

UN ANÁLISIS MARXISTA DEL ESTADO KIRCHNERISTA



Por Agustín Laje

Siendo una de las teorías más conocidas de Marx −y de hecho sobre la que se asientan en gran medida los presupuestos de explotación que se le adjudican al sistema capitalista−, la plusvalía, en términos simples y concretos, refiere al trabajo no remunerado del asalariado. El filósofo alemán se preguntaba de dónde provenían los beneficios del empresario, concluyendo que había una porción de lo trabajado por sus hombres (“plusvalor”) que aquél apropiaba injustamente generando una situación de explotación.

Valga destacar que la teoría es disparatada por lo simplista de principio a fin. En efecto, toda producción se origina conjugando los llamados “factores de la producción” (recursos de la naturaleza, capital y trabajo), recayendo sobre el empresario la responsabilidad de reunirlos, combinarlos, administrarlos, innovar y arriesgar. La idea de plusvalía pretende, al contrario, que la cantidad de trabajo es la única causa del valor de cambio de las cosas, con lo cual, y si esto fuera así, una empanada de barro debiera costar en el mercado lo mismo que una de carne, por ejemplo. Pero todos sabemos que eso no es cierto, y se debe a que no sólo las horas de trabajo determinan el precio de un producto.

No obstante esto último, cabe reconocer que el concepto de plusvalía −en tanto apropiación de porciones del trabajo ajeno− es paradójicamente interesante para el análisis de la Argentina actual.

Si algo ha caracterizado a la gestión kirchnerista desde mayo de 2003 a la fecha, eso ha sido el paulatino y desmesurado crecimiento del Estado en desmedro de los derechos individuales de sus ciudadanos. Desde los parasitarios planes sociales (que expropian a los que trabajan en beneficio de quienes no lo hacen), pasando por las viandas y servicios de divertimento y ocio “para todos” (financiados con el dinero de quienes no los consumen), hasta los improductivos emprendimientos que el Estado encara cuando quiere jugar a ser empresario (cuyo déficit, como el de Aerolíneas Argentinas que pierde 2 millones de dólares diarios, lo pagamos entre todos), constituyen algunos ejemplos ilustrativos.

Así como Marx se preguntó de dónde provenían los ingresos del capitalista, resulta ahora interesante preguntarse de dónde provienen mayoritariamente los ingresos del “Estado de Bienestar”. En efecto, dado que en esta vida nada es gratis, la obesidad estatal debe financiar tanto su ineficiencia connatural como sus políticas de corte clientelista de alguna manera. O bien lo hace a través de un sistema tributario que conciba al ciudadano casi como un esclavo y lo despoje en altas proporciones del fruto de su trabajo, o bien emitiendo dinero espurio sin sustento en bienes y servicios que provoca inflación y disminuye el valor real del dinero de las personas, expropiándolas así indirectamente. En definitiva, lo cierto es que de una u otra forma, el Estado obeso se financia metiendo la mano en el bolsillo de la gente. Así de simple.

En la Argentina kirchnerista ambos mecanismos están puestos en marcha: según diferentes investigaciones privadas, la carga impositiva entre impuestos directos e indirectos (sin contar la inflación), va desde el 40% hasta el 60% de los ingresos anuales de los ciudadanos. ¿Qué quiere decir esto? Que de 365 días que tiene un año, los argentinos trabajamos entre 146 y 219 días −dependiendo el caso− no para nuestro propio provecho, sino por pura servidumbre. A ello deberíamos sumarle los efectos nocivos de una inflación que va, dependiendo la fuente, desde el 9.5% en hipótesis de mínima, hasta el 30% en hipótesis de máxima. Téngase en cuenta, por si hiciera falta aclararlo, que a quienes afecta en mayor medida la inflación no son a las clases pudientes sino a los sectores de menores ingresos.

A la luz de estos datos de la realidad, es difícil no recordar la plusvalía de Marx y preguntarse en esos mismos términos, aunque invirtiendo su idea: ¿no estamos asistiendo no a la cacareada “explotación del hombre por el hombre”, sino a la explotación del hombre por el Estado?

(*) Agustín Laje tiene 23 años y es autor del libro “Los mitos setentistas”.
www.agustinlaje.com.ar
@agustinlaje