Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Sacheri. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Sacheri. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de noviembre de 2012

EL EPISCOPADO MIENTE, MIENTRAS LA IZQUIERDA CRITICA A LA IGLESIA CATÓLICA POR SUS DECLARACIONES ANTE EL PROCESO MILITAR




Por Emilio Nazar Kasbo
Durante la 104º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, en su documento del día 9 de noviembre de 2012, fue abordada la actuación de la Iglesia Católica en tiempos del Proceso Militar.
Vivimos en la Argentina del año 2012, tras 9 años de dictadura oficialista en la cual los militares son detenidos como delincuentes de "lesa humanidad" por el solo hecho de haber sido militares entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983 (tiempos del régimen militar denominado Proceso de Reorganización Nacional), y en el país donde los militantes de los Ejércitos terroristas que conformaron un Estado paralelo en nuestro país durante la década de 1970 salen a decir públicamente y con detalles cómo fue cada operativo que realizaron, cada asesinato, secuestro o acto bélico, y no sólo son absueltos por la Justicia (por el Joder Judicial), sino que además reciben indemnizaciones importantes, cargos públicos y premios por doquier.
Los militares entregaron el poder a sus mismos contendientes de la década de 1970, y luego fueron desarmados. Esta es la situación actual: las Fuerzas Armadas de Argentina hoy son virtuales, no reales.
Desde los grupos de poder y centros de desinformación mediática de izquierda, así como también de los medios masónicos de orientación liberal, han salido a criticar sin prestar la menor atención al Documento, que por supuesto nadie leerá. Los consumidores de información no se preocupan por profundizar los temas, y se quedan siempre con la versión que su medio preferido les ofrece. Los consumidores de información renuncian a pensar, siguiendo a periodistas que previamente antes de realizar su labor, también han renunciado a pensar. Muchos no comprenden que el principal móvil de la absoluta mayoría de los medios periodísticos y de los periodistas, es el dinero, y se venden como mercenarios inclinando la balanza por la versión de quien más dinero les aporta.
Comienza el documento diciendo: “Muy apreciados hermanos y hermanas: 1. Como creyentes y pastores, queremos ser servidores de la reconciliación, en medio del pueblo argentino, y como parte de él. Estamos felices de haber recibido esta vocación. Reconocemos sin embargo nuestra limitación y pobreza, para una tarea tan amplia y exigente. Pero en este Año de la fe, renovamos nuestra confianza, “porque Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14). Él ha restablecido la paz por la sangre de su cruz (cf Col 1,20).”
El documento del Episcopado continúa afirmando que “La patria argentina ha vivido momentos difíciles y críticos, a lo largo de sus doscientos años de historia. Un tiempo especial de desencuentro y de enfrentamientos dolorosos, fue la década del 70. Han pasado muchos años y siguen surgiendo interrogantes acerca de los hechos ocurridos, y de la responsabilidad que tuvieron personas e instituciones. Al volver sobre aquellos hechos, es preciso tener en cuenta el contexto socio-político de la época, y los diversos actores que entonces intervinieron.” (N° 2).
Resulta lógico que sigan apareciendo interrogantes, porque el Gobierno militar de aquél entonces los produjo inicialmente, en combinación con los ejércitos terroristas que actuaban en el país, ya que mientras unos empezaron pasando “a la clandestinidad” causando el espanto social, y los otros siguieron con la producción de “desaparecidos”. En el medio, tras el paso del tiempo, surgieron intereses económicos que desviaron la inicial causa política e ideológica que enfrentó a ambos.
El Episcopado, en boca de su actual Presidente, salió al cruce de declaraciones del ex Excelentísimo Presidente General Jorge Rafael Videla, quien refiriera la vinculación de su gobierno con la cúpula eclesiástica católica. En realidad, el Episcopado salió a ofrecer una versión “políticamente correcta” a los medios de comunicación, al afirmar que “Algunas afirmaciones recientes, a partir de las declaraciones del ex-presidente “de facto” J. R. Videla, atribuyen a quienes entonces conducían el Episcopado, alguna complicidad con hechos delictivos. Como ha respondido el actual presidente de la Conferencia: que haya habido “una suerte de connivencia es totalmente alejado de la verdad de lo que hicieron los obispos involucrados en ese momento” [la presidencia del Episcopado] (La Nación 5/8/12).”
Cabe destacar que el Episcopado no existe como “órgano” de la Iglesia, y que se trata simplemente de la reunión de los Obispos de un país, no de una institución que forme parte de la Jerarquía de la Iglesia, o que sea intermediaria entre los Obispos y el Vaticano. Por otra parte, pretender una “complicidad con hechos delictivos” sería una frase la existencia de Obispos como Jaime de Nevares, Miguel Hessayne y Enrique Angelelli, que estuvieron particularmente involucrados de modo directo con la subversión terrorista. Incluso Mons. Enrique Angelelli, según ha trascendido, solicitó al Capellán de la Fuerza Aérea de La Rioja que utilizando su cargo permitiera que grupos montoneros se apropiaran de armamentos para sus atentados terroristas… hecho que efectivamente constituye un delito, en un acto que impide que sea abierta cualquier causa de canonización, como muchos pretenden, ya que además era explícito militante de la corriente modernista devenida en tercermundista materialista, la cual derivara en la Teología de la Liberación, condenada por el Magisterio de la Iglesia. Mal podría canonizarse semejante candidato.
Asimismo, continúa el Documento afirmando: “3. Conocemos los sufrimientos y reclamos de la Iglesia, por tantos desaparecidos, torturados, ejecutados sin juicio, niños quitados a sus madres, a causa del terrorismo de Estado. Como también sabemos de la muerte y desolación, causada por la violencia guerrillera. No podemos ni queremos eludir la responsabilidad de avanzar en el conocimiento de esa verdad dolorosa y comprometedora para todos. A pesar de que la historia vivida no se deja desentrañar fácilmente, y tampoco la responsabilidad que cabe a cada persona, nos queda la preocupación por completar un estudio demorado pero necesario.”.
Es importante destacar que no sólo los Militares produjeron “desaparecidos, torturados, ejecutados sin juicio, niños quitados a sus madres”, sino que la condición de “desaparecido” ya surgía cuando el militante subversivo realizaba su “pase a la clandestinidad” (ya que la clandestinidad es una real desaparición de la persona), y que además existen niños que han desaparecido (o muerto) a manos de los mismos militantes subversivos sin que a la fecha se conozca su paradero, a la vez que los actos terroristas abarcaron torturas (como en el caso de Argentino del Valle Larrabure, quien acabó muerto), ejecuciones sin juicio (como la determinación de asesinar a José Ignacio Rucci), y todo ello en el marco de acciones militares llevadas a cabo por los ejércitos terroristas financiados desde la Internacional Comunista, desde Cuba, y por los delitos que los mismos cometían cuando la Unión Soviética dejó de prestar financiamiento a tales acciones a la vez que Cuba se dio cuenta de que las mismas no prosperarían (extorsiones, amenazas, chantajes, robos, estafas y accionar delictivo de todo tipo fueron los recursos de financiamiento de ese Estado paralelo).
Es decir, en la Argentina hubo en la década de 1970 dos Estados: el formalmente constituido, y los Ejércitos compuestos por los militares subversivos que respondían a la intención de la formación de un nuevo Estado en el Noroeste argentino, y que a su vez esperaban alcanzar el poder formal en la Argentina, puesto que las cabezas de dichos movimientos subversivos constituían otro Estado paralelo, con sus fuerzas militares y armamento, con sus intelectuales, con sus colaboradores y con la ciudadanía que podía serles afín. ¿Acaso las acciones desarrolladas por ese Estado paralelo, que llevaba a cabo una inteligencia paralela, no eran también un Terrorismo de Estado? Pero esto no se puede decir, porque no es políticamente correcto. Nada nuevo se dice en este artículo, ya que esto ha sido reconocido por los propios documentos de quienes sí asumen sinceramente sus responsabilidades sobre los hechos de la década de 1970, respecto de sus actuaciones, sin aceptar la versión oficial que se pretende imponer desde el Gobierno: que todos los desaparecidos eran estudiantes universitarios de promedio 10, excelentes en conducta y en sus notas, ejemplares en su familia y en su Fe, de elevada moral y cumplimiento de los Mandamientos de Dios, que mientras estaban estudiando fueron secuestrados por militares malos, quienes el día 24 de marzo de 1976 se levantaron con la idea de salir a hacer un golpe de Estado de la noche a la mañana, interrumpiendo la ordenada y feliz vida de todo el pueblo, y con todo el pueblo en contra de los militares, los cuales querían secuestrar y matar gente inocente por mera diversión como política de Estado. Esta versión que difunde el actual gobierno, no la cree ni Magoya.
El documento afirma que los Obispos que precedieron a los actuales han ofrecido “su palabra y testimonio”, y dicen que no pueden “conocer a fondo cuánto supieron personalmente de lo que estaba sucediendo. Ellos intentaron hacer cuanto estaba a su alcance por el bien de todos, de acuerdo con su conciencia y juicio prudencial. ...Reconocemos, además, que no todos los miembros de la Iglesia pensaron y actuaron con idénticos criterios.” Es importante reconocer que las homilías eran públicas, que la Argentina, tanto en tiempos de “democracia” (con Héctor Cámpora, Juan Domingo Perón, o María Estela Martínez de Perón), como en tiempos de “dictadura”, operó ese Estado paralelo compuesto en su rama militar por ejércitos subversivos, y que hubo sacerdotes y Obispos de ambos lados. Los mismos gobiernos democráticos referidos lanzaban frases aterradoras contra los subversivos, que no frenaban su acción armada y su penetración cultural con infiltración social.
A esta altura del Documento, es importante saber que no existió institución alguna, civil o religiosa, que emitiera comunicados como la Iglesia Católica condenando los excesos, advirtiendo sobre las situaciones que se vivían, incluso en los más difíciles momentos de la Dictadura Militar, cuando la mera sospecha de oposición podía implicar la muerte del sospechoso. Ni los judíos, ni los musulmanes, ni los protestantes, ni ninguna otra religión se pronunció en tono crítico alguno. Es más, quienes se pronunciaron, lo hicieron en el sentido “políticamente correcto” de su tiempo, el cual hoy es justamente “políticamente incorrecto”. Sería bueno que los Rabinos, los imanes y los Pastores protestantes informaran a la comunidad argentina de sus pronunciamientos (muchos de los cuales han sido reflejados en los diarios de la época).
Prosigue el documento: “5. De entre tantas declaraciones y publicaciones, ofrecemos algunos ejemplos: “Someter a una persona a la tortura para arrancarle informaciones o confesiones... siempre es ilícito” (Declaración de la CEA, 16/3/72). “No será vano reiterar que para todo cristiano, no excluidos quienes ejercen autoridad, aún a costa de la eficacia inmediata, hoy como siempre y en toda circunstancia conserva su valor ético: el fin no justifica los medios” (Carta colectiva CEA, Reflexión cristiana para el pueblo de la Patria, 7/5/1977).” Es decir, las advertencias acerca del empleo de torturas y de los medios empleados para alcanzar los fines. El ex Presidente Videla refirió en una declaración judicial que fue Italo Argentino Luder quien ante una propuesta de tres niveles de acción para poner freno a la subversión, eligió el más acelerado, de más breve plazo, pero con mayor margen de error. El documento del Episcopado indicaba al Gobierno militar de 1972 que no debía aplicar torturas, y al Gobierno militar de 1977 que los cristianos que ejercen la autoridad (en este caso, Jorge Rafael Videla de modo concreto y a toda otra autoridad de su tiempo), se les reiteró que “el fin no justifica los medios” (se entiende, empleados para poner freno a la subversión), y ello “aun a costa de la eficacia inmediata”.
Sin embargo, merece un análisis y observación la frase de que “el fin no justifica los medios”, porque es falsa. El fin sí justifica los medios. Si una persona tiene por fin viajar desde América a una ciudad de Europa para sus vacaciones, debe elegir medios adecuados a tal fin. Si el medio no tiene relación con tal fin, si pretende viajar en ferrocarril o en auto desde América a Europa, no podrá alcanzar la meta planteada. La frase, mal atribuida a Nicolás Maquiavelo (que jamás la pronunció), es además deformada y mal aplicada. En realidad, debe expresarse del siguiente modo: “un buen fin no puede ser alcanzado por malos medios”.
Continúa el documento consignando que “Unos años más tarde, el documento Iglesia y Comunidad Nacional (1981), condenó de varias maneras todo tipo de violencia. En síntesis: la lucha armada nunca es un camino legítimo para la búsqueda de logros sociales, por más buenos que parezcan. Por eso es reprobable la violencia ejercida por la guerrilla, que aún operando durante el gobierno democrático, atentó contra la vida de personas e instituciones. Pero menos aún puede legitimarse la violencia ejercida por el Estado, fuera de la ley, ni por grupos paramilitares. Es el Estado el responsable de tutelar los derechos de todos (cf ICN 33. 97. 133). Y en esa ocasión dijeron los obispos: “Porque se hace urgente la reconciliación argentina, queremos afirmar que ella se edifica sólo sobre la verdad, la justicia y la libertad, impregnadas en la misericordia y en el amor” (ICN 34). En pleno gobierno de facto, la Iglesia reprendía a los ejércitos armados guerrilleros, y al mismo tiempo la violencia ejercida por el Estado, fuera de la ley, o por grupos paramilitares, llamando a la reconciliación. Y tal concordia entre los argentinos es una materia pendiente, debido a que el Gobierno actual ha elegido la vía de la confrontación antes que la amistad.
Un mea culpa fuera del tarro es el punto 6, ya que la responsabilidad de las acciones gubernamentales no son achacables a la Iglesia. Sostiene el documento: “En el año 2000, la celebración del gran Jubileo, fue una oportunidad importante e inspiradora, que motivó a la Iglesia a revisar su vida y a pedir perdón, como pocas instituciones lo hicieron. En aquella ocasión, imploramos la misericordia de Dios: “porque en diferentes momentos de nuestra historia, hemos sido indulgentes con posturas totalitarias, lesionando libertades democráticas, que brotan de la dignidad humana”; y también “porque con algunas acciones u omisiones hemos discriminado a muchos de nuestros hermanos, sin comprometernos suficientemente en la defensa de sus derechos” (Encuentro Eucarístico Nacional, Córdoba, septiembre del 2000)”. No se trata de pecados de la Iglesia, sino que en su caso de los hijos de la Iglesia, quienes al cometer pecados mortales quedan fuera de ella, con peligro para la salvación de su alma. Cabe destacar que las “posturas totalitarias” no sólo son las de un Gobierno militar, sino también las ideologías materialistas que sustentaban los grupos armados guerrilleros. La Iglesia Católica no pidió perdón por sí, sino por los pecados de sus hijos. Lo extraño, en el caso de Argentina, es el pedido de perdón por pecados que jamás fueron cometidos. Además, la Libertad se basa en la Verdad, y si no se posee la Verdad, no hay Libertad, porque eso es lo que Jesucristo enseñó. No existen "libertades democráticas", porque el calificativo "democráticas" implicaría la existencia de otras libertades alternativas. La libertad es inherente a la naturaleza humana, no a su dignidad, y se define como la preferencia reflexiva de lo mejor. La dignidad humana, no brota de modo directo de la naturaleza humana, sino de su ser como creatura de Dios, y por ello el hombre halla su dignidad cuando se reconoce como hijo de Dios y hermano de Jesucristo, quien siendo Persona de la Santísima Trinidad asume la naturaleza humana, restaurando la dignidad extraviada por el Pecado Original. ¿Qué tiene que ver esto con la "democracia"? Nada. Hablar de "libertad democrática" es una contradicción en los términos, porque la libertad se da ante un pluralismo de situaciones igualmente buenas e indiferentes entre sí al momento de la elección, pero no se puede hablar en el mismo sentido cuando el objeto elegido implica una jerarquía entre las diversas opciones, en cuyo caso ha de optarse por lo mejor o caer en el libertinaje de elegir lo menos bueno o lo peor. La "libertad democrática" es la libertad de lo indiferente, en cuyo caso no puede poner en juego ninguna virtud de relevancia, porque si lo que se elige es indiferente (democrático), no existe lesión alguna. Hay una falla, un error filosófico y teológico en el documento del Episcopado en este sentido.
Además, el documento expresa lo siguiente: “7. Queremos estar cerca de cuantos sufren todavía por hechos no esclarecidos ni reparados. Cuando la justicia es demasiado largamente esperada, deja de ser justicia, y agrega dolor y escepticismo. Sabemos que en miles de familias hay heridas abiertas y angustiosas, por lo acontecido después del secuestro, detención o desaparición de un ser querido. Compartimos el dolor de todos ellos y reiteramos el pedido de perdón a quienes hayamos defraudado o no acompañado como debimos.” ¿Saben a quién han “defraudado” o no han “acompañado” como debieran? Y no en tiempo pasado, sino en tiempo presente: a las víctimas de actos terroristas, de hechos subversivos, a los familiares de las víctimas mortales o no, víctimas de asesinato, tortura, secuestro, extorsión, chantaje y de todo tipo de hechos producidos por los violentos ejércitos terroristas. Pero esto tampoco es políticamente correcto mencionarlo, así que supongo que debe haber hecho bien el Episcopado en esconder el tema. Total, después saldrán a pedirles perdón, dentro de 50 o 90 años a los descendientes y familiares de tales víctimas por no haberlos atendido.
Como al parecer los Obispos tienen amnesia de lo que sucedió en la década de 1970 en Argentina, dicen lo siguiente: “8. Nos sentimos comprometidos a promover un estudio más completo de esos acontecimientos, a fin de seguir buscando la verdad, en la certeza de que ella nos hará libres (cf Jn 8,32). Por ello nos estamos abocando a revisar todos los antecedentes a nuestro alcance. Asimismo alentamos a otros interesados e investigadores, a realizarlo en los ámbitos que corresponda. De nuestra parte, hemos colaborado con la justicia, cuando se nos solicitó información, de la cual podíamos disponer. Además, exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes.” Como los Obispos no saben qué sucedió, tienen que promover un estudio más completo de esos acontecimientos. El Cardenal Jorge Bergoglio no se acuerda de nada, el libro de Horacio Verbitsky acusándolo junto al Gran Rabino de Buenos Aires de que concurrían ambos a la ESMA ¿entra en la colaboración “con la justicia” que refieren los Obispos hoy? ¿Y Verbitsky no sabe nada de lo que sucedió con la gente que él mismo denunció en la ESMA? ¿Los Obispos no saben que “la justicia” está politizada al inventar un sistema penal paralelo de “lesa humanidad” donde no existen derechos para los simples sospechados de los hechos que se les atribuyen? ¿Los Obispos no saben que están muriendo presos políticos en cautiverio, que no hay garantías constitucionales y mucho menos la del “debido proceso”, que no se respeta ni siquiera la condición de la edad de los ancianos que están muriendo en cautiverio? ¿Por qué no le preguntan al modernista Cardenal Mejía acerca del asesinato de Jordán Bruno Genta y de Carlos Sacheri? ¿O ahora nadie sabe nada de nada? Todo esto muestra que tenemos un Episcopado “políticamente correcto” que además es tan mentiroso como cuando informó a Roma que en la Argentina es tradición inmemorial recibir la Comunión en la mano, para imponer obligatoriamente el hecho a todos los feligreses, un hecho que en 1983 era visto como una aberración litúrgica en Argentina. Sí: el Episcopado es mentiroso, y después se excusa en la “búsqueda de la verdad” cuando la Verdad la conocen y la esconden. No hay búsqueda de la Verdad cuando la misma se conoce y se posee. Los Obispos parece que la siguen buscando… igual que la buscaba Poncio Pilatos con su pregunta al mismo Jesucristo, a quien tenía delante de sí.
Concluye el documento llamando a la “amistad social” y la “reconciliación”, no como forma de impunidad, sino reconociendo lo que sea deplorable, con arrepentimiento de los responsables (que como se refiere en este escrito, no son solamente los militares, en la parcial visión de la izquierda que realiza de este documento), y en la reparación en justicia de los daños causados.
Los siguientes son los dos últimos puntos del documento:
9. Seguimos comprometidos y empeñados en promover la fraternidad y la amistad social en el pueblo argentino, para lograr caminar juntos en la búsqueda del bien común. La reconciliación no es “borrón y cuenta nueva”, y menos impunidad. Es necesario: el empeño en la búsqueda de la verdad, el reconocimiento de cuanto sea deplorable, el arrepentimiento de quienes sean culpables, y la reparación en justicia de los daños causados (cf JUAN PABLO II, Jornada por la Paz 1997). También debemos reconocer que el perdón y la reconciliación son dones de un Dios, que nos hace hermanos.
10. En este Año de la fe, que estamos comenzando con la Iglesia en todo el mundo, y en el camino del Bicentenario de la Patria (2010-2016), renovamos nuestra vocación de servidores de todos, en especial de los que más sufren. La Virgen María, al pie de la cruz, experimentó el dolor por la muerte de su Hijo. A Ella le pedimos que abrace con ternura a cuantos esperan el consuelo de la verdad, la justicia y la paz. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿QUÉ ERAN PAX Y EL IDO-C DEL CONCILIO VATICANO II?



Reproducimos a continuación unos párrafos textuales del libro de Carlos Sacheri titulado “La Iglesia clandestina”, donde refiere la conexión entre PAX y el IDO-C como centros de divulgación del “Espíritu” del Concilio Vaticano II, junto a sus vinculaciones marxistas materialistas, acreditando la infiltración modernista en la Iglesia Católica.

La tendencia progresista a la exaltación del hombre y a la creencia de un progreso histórico necesario de la humanidad, lleva fatalmente a la asimilación del comunismo, en la medida en que éste aparece como la última (y, como tal, la mejor) etapa del mundo moderno. Tal tendencia filocomunista no ha dejado de ser aprovechada y estimulada por el aparato del partido comunista internacional, pues ello le sirve de instrumento excepcional para captar a los católicos y llevar, por medio de estos últimos, la dialéctica práctica al seno mismo de la Iglesia.
En tal sentido, debe destacarse el papel desempeñado por la organización pseudo-católica progresista PAX de Polonia, dirigida por el agente Piasecki, destinada a la captación de los católicos a través de los slogans progresistas de la "construcción del socialismo" y otros semejantes. En el n° 40 de VERBO se denunció públicamente la maniobra y se difundió la denuncia formal elevada a la Santa Sede por el Cardenal Wyzsinski, primado de Polonia, sobre la naturaleza y los alcances de la maniobra orquestada por PAX en los medios católicos europeos. El Cardenal afirmó asimismo que el operativo pretendía manejar el Concilio Vaticano II a tal fin y manifestó la conexión existente entre PAX y la revista progresista francesa "lnformations Catholiques lnternationales" (I. C. I.) y, en especial, la connivencia entre el redactor en jefe José de Broucker y el propio Piasecki
La sigla IDO-C responde al título de "Centro Internacional de Información y Documentación sobre la Iglesia Conciliar". El IDO-C se presenta como una organización internacional con sede en Roma. Se declara independiente de toda religión e institución política, carece de fines lucrativos, proclama la libertad de afiliación y la elección democrática de sus dirigentes. Su función específica es reunir y distribuir la documentación sobre las consecuencias teológicas y estructurales de los decretos y del espíritu del Concilio Vaticano II.
"Esta documentación no es presentada al nivel de la divulgación (como lo haría un periódico o una agencia noticiosa), sino al nivel más interesante de los especialistas en ciencias religiosas y medios de comunicación social". Afirma contar entre sus abonados a obispos, teólogos, presidentes de conferencias diocesanas, directores de publicaciones de diversas confesiones y periodistas de secciones religiosas, etc.
El IDO-C está en estrecha vinculación con otros dos Centros afines: el CCC-C (Centro de Coordinación de Comunicaciones Conciliares) y el DO-C (Centro Holandés de Documentación). Resulta sumamente interesante analizar la composición del comité ejecutivo del IDO-C:
Prof. R. van Kets O. P., presidente (Bélgica-Roma). .
Dr. L. G. M. Alting von Geusau (Holanda-Roma), secretario general.
Dr. Bigazzi, administrador (Roma).
Prof. Alberigo - Centro de Documentación, Bologna (Italia).
Sr. G. Alvarez Icaza - Movimiento Familiar, México.
Sr. J. P. Dubois-Dumée - Informations Catholiques Internationales (Francia).
Dr. R. Lynch, S. J.- Radio Vaticano (EE.UU.- Roma).
Prof. Jorge Mejía - Criterio, Buenos Aires (Argentina).
Sr. N. Middleton - Sheed & Ward, Londres (Inglaterra).
Dr. Donald Quinn- St. Louis Review, St. Louis (EE.UU.).
Srta. Ch. de Schryver - Día (Africa-Bélgica).
Dr. J. Seeber - Herder Korresondenz (Alemania).
Dr. J. Turowicz - Znak, Cracovia (Polonia).

El P. Jorge Mejía, director de la revista "Criterio" y profesor del Seminario de Villa Devoto, aparece pues, integrando el más alto organismo de este emporio del progresismo internacional. Si alguien dudaba· aún de su connivencia con las organizaciones progresistas, aquí tiene la confirmación más rotunda. Cuando el lector comprenda la conexión entre el IDO-C y el movimiento PAX del Partido Comunista Polaco entenderá porqué dediqué un análisis pormenorizado de la actuación del P. Mejía en defensa de los responsables de I. C. I. Hourdin y José de Broucker, en 1964 25.
Hace cinco años eran claramente conocidas las tesis de progresismo diluido enunciadas por el P. Mejía y su equipo en la revista "Criterio". Pero menos claras resultaban sus conexiones con las organizaciones clandestinas progresistas. Su apasionada -y desusada- defensa de ICI, a la vez que su actividad en las conferencias pronunciadas en Buenos Aires (1964) por José de Broucker, pusieron de manifiesto esas vinculaciones, ahora confirmadas por su doble condición de miembro del Consejo de Redacción de la revista "Concilium", publicación oficial del progresismo erudito y del Comité Ejecutivo del IDO-C.
NOTA DE DIARIO PREGÓN DE LA PLATA: ¿Quién ordenó como sacerdote a los 22 años de edad al P. Jorge Mejía?

sábado, 27 de octubre de 2012

EL CARDENAL MEJÍA Y SU LIBRO “HISTORIA DE UNA IDENTIDAD”



El Cardenal Jorge María Mejía es Archivista Emérito de los Archivos Secretos del Vaticano en la Curia Romana, y Cardenal Diácono de San Girolamo della Caritá. Nació el 31 de enero de 1923, y fue elevado a Cardenal el día 21 de febrero de 2001 (http://www.catholic-hierarchy.org/bishop/bmejiaj.html). No consta quién lo ordenó como sacerdote en la web de la Jerarquía Católica http://www.catholic-hierarchy.org/.
Actualmente tiene 89 años, próximo a cumplir los 90, fue velozmente ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1945 a los 22 años de edad. Fue ordenado Obispo el 12 de abril de 1986, a los 63 años de edad (durante el gobierno de Raúl Alfonsín), y finalmente se retiró en octubre de 2003, a los 80 años de edad, coincidentemente con el arribo en la Argentina del actual régimen oficialista en Argentina (gobierno de Néstor Kirchner, continuado por Cristina Fernández Wilhelm viuda de Kirchner).
Su principal consagrante, fue el actual Cardenal Roger Marie Élie Etchegaray, quien fuera ordenado sacerdote el 13 de julio de 1947, y ordenado Obispo el 27 de mayo de 1969, habiendo sido elevado a Cardenal el 30 de junio de 1979 por Juan Pablo II (http://www.catholic-hierarchy.org/bishop/betch.html)
Fue perito del Concilio Vaticano II.

REPRODUCIMOS UNA NOTA DE PANORAMA CATÓLICO:

Una Identitad Desdibujada

Dec 15, 2005

Este interesantísimo ensayo comenta la autobiografía del Card. Jorge Mejía, "Historia de una Identidad". A lo largo de las páginas del libro, su Eminencia incurre en asombrosas omisiones y no menos sorprendentes atribuciones que el autor del estudio destaca con notable eficacia.

BIBLIOGRAFIA: Jorge Cardenal Mejía: "Historia de una identidad", Bs.As. Letemendía, 2005, 2l8 páginas.
(Confesiones de un prelado demi-mondain)

(Panorama Católico, 08 Dic 2005)
He aquí una obrita aparentemente inofensiva por el tono coloquial, los recuerdos intrascendentes - incluso frívolos - y un tono careciente de autocrítica que nos presenta su autor, el recientemente erigido Cardenal de tan larga actuación en la Iglesia argentina (1952-1977) como en el Vaticano, de entonces a ahora.

Comienza por darnos traslado de una memoria familiar pero no sólo de la familia nuclear sino extendida a toda su larga y poco interesante parentela, gente "paqueta" de Buenos Aires, totalmente irrelevante.

De su experiencia religiosa comienza por relatarnos su vida en el colegio y en el seminario, sin lograr transmitir mayor pathos sacerdotal y, menos aún, contagio piadoso. Después de revelar la poca influencia que tuvieron sus maestros destaca sí la del Padre Hugo Achaval que le dio "una sana libertad interior", lo cual hay que entender en el contexto de una mediocridad intelectual como la que reinaba en el seminario de Villa Devoto, si bien podría esperarse algo más de un padre espiritual.


Rescata en algo al Padre Castellani, pero apenas por haberle despertado "un amplio horizonte literario" y deslumbrado por su familiaridad con la filosofía moderna de entonces (hoy ya pasada)". Pero ni una palabra de su profundidad religiosa que, obviamente, parece que no le motivaba. Ni la excepcional inteligencia y agudeza del juicio que tampoco lo conmovía entonces, ni tampoco después.

Peor aún, siendo deudor de la corrección de una traducción de la obra de Henri Gheon: "La gloria de Santo Tomás de Aquino" durante cuya labor debió de haber recibido invalorables enseñanzas, en estas memorias no hay el menor recuerdo, ni reconocimiento (él que sólo era un estudiante imberbe junto a un maestro como no había otro en todo el Seminario).

Tampoco hace justicia con otro de sus mejores profesores como el Padre Hernán Benitez, del cual fue alumno cuando este todavía no había incursionado por los derroteros que lo perdieron intelectualmente y en la política barata del peronismo, y ciertamente era una buena cabeza. Pero opta por describirlo como "un fuego de paja, con más paja que fuego"; con especial desprecio de quién más allá de todos los avatares no defeccionó del sacerdocio como tantos amigos del Cardenal. Otro ignorado es el Padre Sepich, también en su mejor hora, del cual apenas dice que era "profesor riguroso y difícil de Historia de la Filosofía" lo que indica no haber sabido valorar el nivel académico que brillaba por su ausencia.


Total que a Castellani y a Sepich los descalifica, sobre todo porque "estaban bastante comprometidos políticamente con la derecha" (¡Vade retro Satan!) Pensado, sino dicho por quien podríamos llamar un pionero de lo políticamente correcto, de lo que hoy es no tener enemigos a la izquierda, como se verá más adelante.


En el año 1947, el Padre Castellani viajó a Roma en medio de las acusaciones que le hacían sus superiores y según cuenta, su ex -alumno se portó muy bien con su viejo maestro que pasaba tal trance dejando constancia de su agradecimiento más de una vez en su papeles (*). Por su parte Mejía no correspondió con el talante generoso del todavía jesuita.


En su "Catecismo" de 1975 Castellani refiere: "es posible que mi ex -alumno, el Asesor del Vaticano II hubiese ya comenzado (en 1949) a acusarme de hereje en informes secretos, con que sigue haciendo después de muchos años, para acopio de méritos"... y "en las clases del seminario decía que yo era milenarista y que eso era herejía y no había que leer mis libros, ni editarlos."


Por supuesto, nada de esto está consignado en las memorias que comentamos tal vez porque le consta que su consejo fracasó y los libros de Castellani invadieron el mercado editorial católico como ningún otro autor alcanzó a hacer, mientras él no publicó ni uno sólo, excepción hecha de este escrito que comentamos.


La duda queda si Mejía leyó "Los papeles de Benjamín Benavides" y descubrió que había inspirado al autor el personaje ridículo de Mungué Murray, un teólogo muy aferrado a las convenciones de la hora que, entre otras cosas no quería reconocer que dentro de la Iglesia quedaban muchos fariseos, y que acusaba a Benavides de milenarista sin ningún fundamento sólido, sólo para "quedar bien" él.


Y también, respecto de Castellani se permite relatar que, años después, se animó a escribirle una carta diciéndole que " su comentario sobre el Apocalipsis no estaba ciertamente a la altura de su propio pasado, ni como pensador ni como escritor". ¡El que nunca jamás publicó ningún libro a pesar de su patente de erudito y sabio profesor! El libro fue publicado en 1963 y contó con el Imprimatur de Monseñor Justo Laguna (dilecto amigo de Mejía) por lo que inferimos que no contenía ningún error y que había tenido la humildad de someterse a semejante juez.


Mientras retacea elogios a quienes los merecieron los derrama, entre sus compañeros de seminario, sobre el Padre Lucio Gera, al cual califica de "brillante teólogo", haciendo caso omiso a su marcado progresismo rayano en la herejía y su nefasta escuela de teólogos biblistas a la moda, con quienes no podría concordar si fuera fiel a las enseñanzas que recibió, ni al rigor de la Escuela Bíblica de Jerusalén, cualquiera sean sus desviaciones menores.

En momentos en que comenzaba ya la tragedia de la deserción sacerdotal no parece haber sufrido un ápice con la Iglesia pues refiere los casos de sus más amigos como Aduriz, Cafferata, Jaime Moreno, Jerónimo Podestá (el obispo relapso) y otros que no nombra con una frialdad tal como si se tratara de accidentes meteorológicos. Y así cuenta que " de los cuatro argentinos que vivieron con él en el Colegio del Anima, sólo uno mantuvo su fidelidad al sacerdocio


Omisiones ominosas


Con detalles, eso sí, relata co}Ómo inició su ascender en su carrera eclesiástica en Roma. Comenzando por la relación que estableció con Monseñor Zanini en Tierra Santa en 1962-3 donde intimaron a tal punto que el prelado italiano llegó a decirle "Io ti faccio véscovo" en prueba de simpatía. Ante tal afirmación venida de alguien con vara alta en la Santa Sede, Mejía dice que no se conmovió demasiado pero ¿quién puede creerle? ¡Obispo a un cura de menos de 40 años!


Es posible que allí se le despertara el apetito por hacer carrera en la Curia romana.


Pero quiso la mala suerte de que Monseñor Zanini fuese designado Nuncio papal en la Argentina y tuviese ocasión de oír muchas opiniones sobre Mejía. El caso es que, sorprendido, Mejía declara que allí "cambió completamente de actitud". (¿Acaso leyendo Criterio?) Lo peor del cuento es que confiesa que hubo "un extraño informe sobre mí" y que, como si fuera una consecuencia deseada de todo aquello Monseñor Zanini "acabó mal en Argentina y fue su último cargo como nuncio".


A continuación recuerda: "más tarde vino el terrorismo", de nuevo como un evento meteorológico que le era totalmente ajeno, aunque no tanto. Declara "Más de uno (¿quiénes? ¿los curas guerrilleros?) pagó con su vida" y, más explícito afirma: "No puedo no recordar a Carlos Mugica cuando lo velaban en una villa miseria... quise ir a rezar... fui con mi prima ... que no era ciertamente la única persona del Barrio Norte que vi esa noche allí".


¿Qué es esto? ¿Acaso no sabía en las que andaba Mujica? ¿Es que hizo algo para hacerlo volver al redil? ¿O como tantos que miraban de lejos, especulaba para qué lado y de qué manera se inclinaría la balanza?


Mientras tanto Mejía sostiene que CRITERIO "mantuvo una sola línea... de absoluta libertad". Curiosa afirmación y engañosa porque la libertad, precisamente, permite elegir entre muchas líneas... según venga la mano: a veces defendiendo la Iglesia de siempre, otras poniéndose à la page.


Así pues llegó a publicar un artículo en que se permitía dudar de la infalibilidad papal, lo que le valió hasta acusaciones de Roma. Y lo confiesa tranquilamente, agregando que lo defendieron Zaspe, Iriarte y de Nevares como si su juicio tuviese valor exculpatorio.

La estrategia de Mejía fue siempre manejar las omisiones hábilmente. Y esto lo repite en el libro, ominosamente, en el que debe admitir su relación con la revista CONCILIUM, "publicación oficial de progresismo erudito" como la califica Carlos A. Sacheri en "La Iglesia Clandestina".

En efecto, recuerda que llegó a integrar el comité de redacción por invitación del Padre Henri de Lubac, puntal de la "nouvelle thèologíe" preconciliar que tantas consecuencias dañosas tuvo. Lo curioso es que de Lubac, cuando Karl Rahner publica su tesis sobre los "católicos anónimos" (por la cual no hacen falta los sacramentos ni obedecer al Papa, ni nada, para salvarse) decide abandonar la revista. Cosa que no hace Mejía, implícitamente de acuerdo con Rahner (aunque vergonzantemente) y, en cambio decide "valientemente" (Sic) seguir por varios años de ascenso del progresismo colaborando con CONCILIUM cuando, justamente lo valiente era denunciar lo que predicaba. Y que lo diga Monseñor Lefebvre sino. Y entre nosotros Meinvielle y tantos otros excluidos del "establishment" episcopal, por "ser de derecha, hubiera dicho Mejía.


¿Acaso era valentía colaborar con Schillbeck, con Congar, con Hans Küng y otras figuras centrales del progresismo cuando estaban en la cresta de la ola?


Pero lo que no cuenta Mejía -y esto es mucho más serio- es su afiliación ha IDO-C el emporio internacional felizmente desaparecido de revistas progresistas al cual sumó CRITERIO -muerto ya Monseñor Franceschi- y donde figuraba THE TABLET, la revista inglesa que tuvo roces con la Congregación para la doctrina de la Fe cuando dependía de Monseñor Ratzinger (Ver "Catholic Family News, 22.05.05) que sin duda se acuerda muy bien qué era IDO-C, aunque ahora Mejía no querría recordárselo, estando en plan de simpatizar con el nuevo Papa.


La sigla IDO-C correspondía a "Centro de Información y Documentación sobre la Iglesia Conciliar" (¿no Católica?) cuya función específica era "reunir y distribuir la documentación sobre las consecuencias teológicas y espirituales de los decretos y del espíritu del Concilio Vaticano II" declarando paradójicamente ser "independiente de toda religión" (acaso coherente con el sentir de algunos padres conciliares).


Pero si su afiliación ha IDOC-C revela su inmersión en el progresismo sin reservas, mucho más grave es que lo oculte en este libro que se supone es una versión fiel de su vida. O que hipócritamente se queje de los excesos cometidos invocando el Concilio cuando él mismo se hallaba en el centro de la "intelligentsia" progresista mundial instigadora de todas las desviaciones.

Muy suelto de cuerpo no informa, además, que CONCILIUM convocó a un Congreso Teológico en 1970 invitando "sobre todo a jóvenes, no todos familiarizados con la teología católica", según él mismo admite y luego se lamenta de que dicho Congreso "Terminara con un plenario donde se votara por mayoría las proposiciones "comentando luego que allí "fui víctima de la democracia total". Pero ¿qué esperaba?


Sin embargo todavía falta lo peor, muy cuidadosamente silenciado en el libro: la íntima vinculación que existió entre IDO-C y el movimiento polaco PAX, organismo encubierto de la policía secreta del gobierno comunista de Polonia, animadores del diálogo entre cristianos y marxistas tan de moda en el momento para consumo de católicos fronterizos e idiotas útiles, especialmente reclutados en la democracia cristiana de Occidente.


Se comprende que Mejía oculte este rastro escabroso de su biografía máxime cuando el Papa que vendría sería un polaco y PAX se habría opuesto abiertamente al Cardenal Wyszinski que no se engañaba respecto de las maniobras secretas del gobierno polaco y que, a continuación, la Santa Sede misma descubriera la maniobra del Partido Comunista polaco aprovechando la colaboración implícita de los católicos progresistas occidentales.


Téngase presente que Mejía durante todo el pontificado de Juan Pablo II hizo todo lo posible por estar presente y recordar que el Papa Woytila había sido su compañero de estudios (aunque sólo durante uno o dos años) lo que reitera una y otra vez.


Así, como ahora, no pierde la ocasión de recordar sus contactos con Monseñor Ratzinger - contactos más bien burocráticos que de ninguna manera destacan su afinidad intelectual ni religiosa.

Hay, en cambio, muchas omisiones menores pero sintomáticas a lo largo del libro. Una consiste en recordar su primer viaje a Tierra Santa acompañado por Fray Antonio Vallejo, Juan Carlos Goyeneche y Alfredo Aldao Unzué, mencionando a este último solamente, pues el franciscano no simpatizaba con los curas de clergyman gris perla -como el que se mandó hacer para el viaje- mientras él fue con su hábito y su relación con Goyeneche podría interpretarse como cierta familiaridad con la "derecha", habida cuenta de que para él eso sería denigrante, mientras no tenía enemigos a la izquierda. La otra omisión es mucho más pintoresca y lo retrata de cuerpo entero. Sucedió que a un buen amigo de él, el Dr. Marcelo Canevari, buen pintor aficionado, en ocasión de ser consagrado obispo le pidió un cuadro importante, con todos los atuendos del caso. Ocurrió que cuando Mejía en uno de sus viajes a Buenos Aires pudo verlo terminado le recriminó al pintor:"¿Cómo no me has retratado como cardenal?" a lo que Canevari le contestó: "simplemente porque no sos cardenal". "¡Pero pronto me van a nombrar¡" Parece que fue la respuesta airada de quien ya antes de alcanzar esa dignidad presumía con certeza que lo sería. Total que una amistad de años con Canevari se rompió estúpidamente por la vanidad de Mejía pues nunca más se hablaron.

Carrera ascendente


Su primera incursión en la Curia Romana, que sin duda le atraía, fue la de acudir al Concilio como periodista acreditado de CRITERIO. De allí en más, pasito a pasito, fue escalando posiciones hasta culminar con el Cardenalato con tan mala suerte que cumplió 80 años justo antes del último Cónclave, no pudiendo votar.


Ya en la segunda sesión del Concilio logró hacerse nombrar perito a pesar de "no gozar yo de particular estima ni del nuncio en Argentina -Monseñor Mozzoni- ni del cardenal Caggiano." ¿Cómo entonces? Esto no lo revela.


Peor aún, Caggiano, según lo confiesa él mismo, lo recibió fríamente cuando se presentó para anunciarle que lo habían designado perito y, por el contrario, le pidió que se reuniera con los obispos argentinos (ninguno del grupo más progre como los de San Miguel). Admite luego que "ninguno tuvo un juicio del todo favorable. "El que me trató mejor fue el entonces arzobispo de Tucumán Monseñor Aramburu" pero "uno, no diré quién, pronunció sobre mí esta memorable sentencia: lo mejor que puede hacer Usted es desaparecer" (Sic) Ataque ante el cual no se defendió. Por algo será.


¿Qué había ocurrido? El mismo lo cuenta. "Antes de ser perito, durante la primera sesión, yo había contribuido a redactar un breve texto crítico del documento sobre medios de comunicación". Y agrega: "era quizá un acto imprudente. Más imprudente fue quizá distribuirlo a la salida del aula..." y a continuación confiesa sin vergüenza: "quizá de parte mía había un resabio de despecho porque todavía no estaba adentro" (como perito, se entiende). De donde no es difícil colegir que el entonces Padrecito Mejía -con su cara de angel- se dedicaba a panfletear a los Padres Conciliares. ¡Y después se sorprendía de tener enemigos!


Ello no obstante, nada impidió que ascendiera en la Curia para lo que sus contactos con el progresismo tuvieron harta utilidad. Por ejemplo del Cardenal Bea, pieza importante del giro a la izquierda del Concilio dice cándidamente que era "un prodigio de equilibrio" sabiendo en conciencia que no era así pues era el Deus ex machina del Catecismo holandés y otros desaguisados.


En 1977, continúa el relato: es llamado por la Curia para comunicarle su designación como secretario de la "Comisión de la Santa Sede para las relaciones con el judaísmo", como premio por sus gestiones pro -judías ya iniciadas en Buenos Aires, comentando que "la parte judía había recibido con aplauso la comunicación". Por algo sería que tuviera oposición en "la parte" católica pero no en "la parte judía".


Como sea que fuera ya no volvió a vivir en Buenos Aires y dejó la dirección de CRITERIO pero no disminuyó su influencia. En su nuevo trabajo Mejía, entre otras cosas, aceptó como interlocutores a los miembros de B’nai B’rith como si fuesen religiosos cuando en verdad, como se sabe, se trata de una especie de sociedad secreta, con toques masónicos, especializada -según propia confesión- en perseguir, políticamente, al antisemitismo.


Sin embargo, en toda la literatura de la Comisión se habla de "la religión judía" incurriendo en un deliberado malentendido pues debieron haber dicho: "la tradición o la cultura judía" que es lo que la mayor parte de ellos reivindica, habida cuenta del alto porcentaje de descreídos que involucra. Para no mencionar el sesgo ideológico de izquierda siempre listo para atacar a la derecha endilgándoles el mote de antisemitas con razón o sin ella.


Durante su gestión se jacta de haber convencido al Papa Paulo VI, cuando se preparaba para visitar en Los Ángeles la sinagoga local, de que primero debía visitar la Gran Sinagoga en su propia diócesis, o sea la de Roma. Aceptada la propuesta se ocupó de concertar la visita con el Gran Rabino de Roma Elías Toaff de quien expresa que era "un venerable personaje", ciertamente mucho menos venerable que su antecesor el rabino Israel Zolli - cuya conversión al catolicismo en tiempos de Pio XII ni menciona (para ilustración del lector) acaso porque resultaría irritativo siquiera recordarlo habida cuenta de la tónica de apaciguamiento con los judíos introducida por el progresismo.


Otro dato de su obsecuencia pro-judía lo delata pues, según recuerda se ocupó presurosamente de que en la fachada de la pequeña iglesia de San Gregorio ai Quattro Capi, vecina a la sinagoga, "se recubriera o suprimiera la lápida de mármol con el texto de Isaías 65,2 (en hebreo y en latín) pues pocos hoy, y entonces, hubieran sido capaces de leerla pero que está citado por San Pablo (Rom.19,21) que dice: "Tendía mis manos incesantemente al pueblo rebelde, que va por mal camino..." "alusión que a los judíos que pasaban y aun pasan por allí todos los días les hubiera resultado clara y ofensiva". O sea que por no quedar mal con el Gran Rabino, o quizá bañándose en salud, pues es probable que al rabino le importara un pito, prefería enmendarle la palabra al Apóstol. Todo un indicio de su "estrategia" en su gestión diplomática entreguista.


Otro acto del cual se jacta, no por casualidad se relaciona también con los judíos pero no como religiosos sino como políticos, e incluso corrosivos como fue el caso de Jacobo Timerman. En efecto, no puede dejar de mencionar que este fue liberado el día siguiente que tuviese una audiencia con el Presidente Gral. Videla para interesarse por la suerte del periodista sin enemigos en la guerrilla subversiva. Y director del boletín oficioso de los Montoneros, su diario "La Opinión".


Lógicamente Mejía ignora que en realidad la liberación fue el producto de una carta -interceptada por la SIDE y circulada en su momento en esferas del gobierno militar- de su primo el embajador en los EEUU, Jorge Aja Espil en la que lo instaba a soltar a Timerman pues la presión de las asociaciones judías en los EEUU le resultaban insoportables. O sea que, Mejía, sin saber, (¿O sabiéndolo?) colaboraba solícitamente - y no casualmente - con el judaísmo internacional.


Pero ¿qué tenía que hacer un prelado en estos menesteres? ¿Acaso Timerman representaba a los judíos religiosos de la Argentina? ¡Todo lo contrario! pues era repudiado por el sector ortodoxo aquí y en Israel a donde huyó y de donde tuvo que exiliarse.


Dime con quién andas


Para su consagración como obispo el Presidente Alfonsín, quien sin duda le tenía simpatía -en todo caso mucho más que con Monseñor Medina al cual le arrebató el púlpito- se adelantó a excusarse por no poder asistir a la ceremonia pero le ofreció dos pasajes para que escogiera a dos obispos amigos, que resultaron ser Laguna y Bianchi di Cárcano, para que lo representasen (Dios los cría).


Laguna, antes de partir solicitó al presidente de la Comisión Episcopal, de entonces que era Monseñor Primatesta, ser su representante en esta ordenación. "El Cardenal le contestó negativamente" dice Mejía, que interpreta que su elevación al episcopado no era grata a algunos obispos argentinos. Y agrega que AICA al dar la noticia y publicar su currículum vitae concluye afirmando que Monseñor Mejía, a pesar de todo (la negativa anterior que él atribuye a lo que escribía en CRITERIO) "ha mantenido su fidelidad a la Iglesia". (¡Brueno fuera!).

Más adelante entra a integrar el Consejo Justicia y Paz bajo la férula suave del Cardenal Echegaray (el que cediera la catedral de Argel para que se convirtiera en mezquita) del que lamenta que más tarde no hubiese sido designado Secretario de Estado (¿en lugar de Sodano?).

En dicho Consejo su primera tarea sería organizar la gran Jornada de "Oración por la Paz" en la que participaron "todas las iglesias cristianas y comunidades eclesiales que lo quisieran y, además, las grandes religiones del mundo". Mejía comenta, sin lamentarlo, que esto fue lo que colmó la copa del desagrado de Monseñor Lefebvre, pues entre esas "grandes religiones del mundo" llegó a incluir a los animistas.


Por si faltaran pruebas de la progresiva secularización de Mejía hay que leer los párrafos que dedica a "un encuentro que abrió las puertas para una más continua y fecunda relación entre la Santa Sede y el Banco Mundial y su institución gemela, el Fondo Monetario Internacional". Afirmando como conclusión: "me parece honesto referir estas experiencias positivas mías" (¿Estará hablando en serio o nos toma el pelo?).


Y luego están los viajes, cada vez más frecuentes como corresponde a un monseñor mundano.

Su paso por la Congregación para los obispos dio pábulo a más viajes fascinantes.


Y así llegamos a 1998 al cumplir la edad de retiro de los obispos en que el Papa lo mandó ocuparse del Archivo y Biblioteca Vaticana que, se apresura a informarnos, no fue una capiti diminutio pues entre sus predecesores estaba nada menos que el Cardenal Rampolla del Tíndaro, aquel que fue enterrado con los atributos masónicos confirmando las buenas razones que tuvo el Emperador Franz Joseph de Austria para vetar su candidatura, felizmente remplazada por la de Pio X-. Pero ¿Mejía ignora esto o se hace el tonto?


Uno de los capítulos finales del libro se titula "Amistades" donde ocupa un sitio preferencial Pironio junto con la módica escritora Carmen Gándara, por la que revela debilidad, y Victoria Ocampo a la que califica como "notable mujer", sin dar cuenta de qué virtudes cristianas habla, habida cuenta de su indiferencia, sino indisposición hacia la Iglesia, excepto algún que otro cura snob que la visitara.


Dos huéspedes (¿únicos?) en el Palacio de San Calixto, donde vive, merecen mención: uno es Alejandro Bunge y el otro Luis Duacastella (más conocido por "Lucho"por los lectores de Panorama Católico).


Todo un apéndice documental de fotos y textos de cartas cierra el libro no sin antes dedicar a Su Santidad Benedicto XVI redundantes elogios con mucho de lugar común.


* Cfr. Diario del P. Castellani 09.04.47 en Sebastian Randle: CASTELLANI, Bs-Ss., 2003.

NOTA DEL DIRECTOR DE DIARIO PREGÓN DE LA PLATA: Acerca del P. Carlos Mugica fue asesinado por los Montoneros tras haberse enterado ellos de su conversión del modernismo y del tercermundismo a la Tradición, según revelan diversas fuentes en la actualidad, siendo su masacre advertida con antelación por los mismos Montoneros (por considerarlo un "traidor").

viernes, 31 de agosto de 2012

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL P. JULIO RAMÓN MEINVIELLE



Amigos:
Hoy es un nuevo aniversario del nacimiento del P. Julio Ramón Meinvielle.
Pidámosle a él que interceda ante el trono de Dios por esta bendita patria argentina.
Abrazos.
D. González Céspedes

“En la vida de los pueblos como en la historia de la misma Iglesia, surgen de cuando en cuando algunas figuras excepcionales que guían con su personalidad y con su obra el invisible itinerario de esas mismas naciones hacia su destino histórico.
Esos hombres excepcionales constituyen verdaderas “gracias” para los pueblos que saben acoger a tiempo su mensaje. Tal ha sido la vida y la obra del padre Julio Meinvielle, a quien venimos a despedir acongojados sus amigos y discípulos. Algunos de éstos me han urgido generosamente que sintetice su testimonio y su labor intelectual.

Trazar en breνes palabras el perfil intelectual del querido Padre Meinvielle es una empresa sumamente ardua, y estoy convencido que aun para muchos de sus íntimos resulta difícil aquilatar la proyección de su obra en la Iglesia argentina y en la Patria.

Sólo el transcurso del tiempo podrá darnos su dimensión definitiva. Y ello es comprensible, pues la vocación del Padre Julio se ha canalizado a traνés de iniciativas, obras y testimonios tan variados que escapan fácilmente a cualquier tentativa de encasillamiento cómodo.

Su vocación intelectual: el filósofo cristiano

Si tuviéramos que definir con una única expresión la vocación intelectual del Padre, creo que la más adecuada es la del “filósofo cristiano”. Tuvo en grado excepcional la pasión por la Verdad y subordinó toda su vida de intelectual católico y de sacerdote de Cristo a la profundización y a la difusión de la Verdad cristiana, en todos los ambientes y sobre todos los aspectos, conciente como pocos del lema agustiniano “la mayor Caridad es la Verdad”. A la difusión de la Verdad consagró toda su obra, toda su capacidad, todo su testimonio.

Realizó en plenitud aquello que expresa Santo Tomás de Aquino, su gran maestro, cuando define la vocación del “Doctor” como la de aquél que reúne a la vez las cualidades propias de la vida contemplativa y de la vida activa. Muy pocas veces es dable constatar el equilibrio, la facilidad y la eficiencia con que el Padre acometía las más variadas iniciativas intelectuales y prudenciales. Resulta casi inexplicable que una misma persona fundara y dirigiera la JOC, los Scouts Católicos, la parroquia Nuestra Sra. de la Salud, el Ateneo Popular de Versalles, y, al mismo tiempo, redactara obras de tanto valor y madurez como La Concepción Católica de la Economía, La Concepción Católica de la Política, El Judío en el misterio de la Historia y nueve libros más en poco más de una década. Si a ello sumamos los cursos y las conferencias dictadas en el marco de los célebres Cursos de Cultura Católica y la fundación y dirección de las revistas Nuestro Tiempo, Balcón, Presencia y, posteriormente Diálogo, más su asidua colaboración a otras importantes publicaciones como Arx de Córdoba, Criterio (en su primera época), Sol y Luna y Ortodoxia, amén de otras innumerables al punto que desafían toda posibilidad de rastreo sistemático, recién entonces podremos vislumbrar sus quilates intelectuales y el empuje de su espíritu renovador. Admirable síntesis, pocas veces realizada dentro y fuera de nuestro país. Y todo ello con un sentido de alegre militancia, no por desconocer las asperezas del combate intelectual en un clima de creciente confusión mental y moral, ni por ceder a falsos optimismos, sino por estar centrado en la Esperanza sobrenatural de un Dios Providente que realiza su plan en medio de la polνareda de las luchas humanas.

El Padre Meinvielle forjó su vocación en medio de las estrecheces culturales de un ambiente tanto clerical como civil, demasiado propenso a la frivolidad y poco amigo de la disciplina y austeridad propias del rigor intelectual. No tuvo maestros; su formación tanto teológica como social se debió únicamente al estudio asiduo y dócil de Santo Tomás de Aquino y de las grandes encíclicas sociales, de las cuales ha sido hasta hoy el más ferviente apóstol en la Argentina.

Índice elocuente de sus dificultades iniciales es aquella anécdota en la que siendo sacerdote recién ordenado leía la Suma Teológica en el atrio de la iglesia de Balvanera, cuando un alto prelado le preguntó qué estaba leyendo, y al ver que era Santo Tomás le dijo “Pero m'hijo, no leas esas cosas tan complicadas que te van a hacer mal a la cabeza”. Qué hubiera sido del Padre Julio, si se hubiera atenido a tales consejos...

Un intelectual combatiente

Una de las facetas más divulgadas y menos comprendidas de nuestro maestro ha sido su militancia y el carácter polémico de su obra intelectual. Meinvielle fue “un intelectual combatiente” en todos los frentes. La mentalidad contemporánea rehuye las doctrinas claras donde la verdad resplandece con todo su vigor, lógica herencia de nuestro pasado liberal. Hoy se verifica como nunca la dominación de San Pablo sobre los tiempos en que los hombres no soportarán la buena doctrina de la salvación. La generosa entrega del Padre Julio a la causa de la Fe y de la verdad cristiana, no podía menos que situarse a contrapelo de tales defecciones. Si algo caracteriza su estilo intelectual no es ni la seducción teórica, ni las sutilezas literarias, sino la claridad y precisión de sus juicios intelectuales. “Sapientis es judicare” enseña Santo Tomás: “es propio del sabio el juzgar, no sólo el discernir”. Meinvielle juzgó, y juzgó bien. Hoy lo palpamos con la trágica evidencia de los desastrosos efectos de los errores que él juzgó oportunamente en sus causas primeras. Pero juzgó anticipadamente, es decir, cuando los errores empezaban a ser formulados.

Con auténtica actitud sapiencial y metafísica, Meinvielle detectó en 1936 los graves errores del neoliberalismo católico de Jacques Maritain y su humanismo integral, y su errónea concepción de la política cristiana: “No es una política que se ajusta a las leyes tradicionales del derecho natural teniendo en cuenta el sentido sobrenatural del hombre, sino una política que aun en el plano específicamente natural se ve perturbada por los principios cristianos que actúan en ella a modo de fermento revolucionario” (De Lam. p. 343).

Del mismo modo se fueron sucediendo otros enfrentamientos con las diferentes formas del error contemporáneo. La polémica del año 1949 en Presencia sobre el “nacionalismo marxista”, que hoy tiene tan lamentable vigencia. La denuncia de la gnosis panteísta de Teilhard de Chardin que sirvió de instrumento a la difusión del neomodernismo progresista del mal llamado “post Concilio”. Las confabulaciones de un judaísmo carnalizado y cabalístico, que abdica de su misión sobrenatural para transformarla en afán de poder mundial. Los trágicos devaneos del progresismo de los sacerdotes-obreros y de los tercermundistas. Las vanas utopías centradas en torno de la “propiedad comunitaria”, en clara oposición con la enseñanza constante del Magisterio. Y tantos errores más de las variantes neomodernistas en las versiones recientes de Robinson, Küng, Rahner y otros.

Consciente el Padre Julio de la urgencia de una profunda renovación intelectual y moral, como condición indispensable de todo orden social más justo y humano, militó en todos esos frentes. Pero su actitud de “intelectual combatiente” siempre se vio templada por el respeto por el adversario, eνitando todo agravio personal y todo arranque de pasión ante los ataques que recibió en tantos momentos críticos, aun de la gente que gozó como pocos de su generosidad, benevolencia y paternal consejo. Esa dignidad en medio de sus luchas le ha granjeado al Padre el respeto de sus adversarios y la admiración de sus discípulos.

Defensor de la civilización cristiana: consecratio mundi

No siendo éste el momento propicio para entrar en detalles sobre la elaboración doctrinal en las perspectivas antes señaladas, cabe, sin embargo, resumir toda su enseñanza en una tesis central: la Cristiandad o ciνilización cristiana.

Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que el Padre Meinvielle ha sido el mayor teólogo de la Cristiandad en lo que va del siglo XX. Siempre fue consciente de que sin un orden de convivencia respetuosa del derecho natural y cristiano, la difusión del Evangelio se halla graνemente comprometida.

Por eso elaboró una teología de la historia y de la cultura sobre el eje doctrinal del Reinado Social de Cristo. Esta preocupación central le permitió ver desde un principio que quien no contribuye a edificar la Ciudad de Dios o Cristiandad, fatalmente trabaja para su demolición, esto es, en sentido de las fuerzas anticristianas denunciadas por los Papas desde Pίo IX hasta Pablo VI inclusive.

El Padre Julio vivió permanentemente su actividad intelectual destacando la gran responsabilidad que tenemos los laicos en aquello que el profético Pío XII llamara la “consecratio mundi”, la consagración del orden temporal a Dios.

Siempre generoso con los jóvenes, su ejemplo y enseñanza trascendieron siempre los aspectos personales. El nunca quiso (ni tuνο) discípulos “meinviellianos”, de espíritu sectario y puramente imitativo. Sólo quiso discípulos de la Iglesia de Santo Tomás, signo éste del auténtico maestro.

Nuestra responsabilidad como discípulos

Hoy el Padre Julio se encuentra frente al Dios a quien consagró toda su vida. Sepamos los más jóvenes conservar el “fuego sagrado” que nos ha dejado en herencia. Nuestra Iglesia y nuestra Patria necesitan que la obra del Padre se prolongue a través de los discípulos que formó, la tarea es ardua en estos tiempos en que abundan tantas defecciones de todo tipo. Sepamos encontrar en la imitación de sus virtudes el estímulo para difundir y profundizar su obra, para que las promociones más jóvenes puedan a su vez, encontrar su vocación cristiana y nacional. En esta mañana de sol y de congoja, tal vez nos sirva de aliento el saber que Dios se ha llevado a nuestro querido Padre Julio en momentos en que están por reeditarse cuatro de sus libros y uno inédito sobre Karl Rahner. También abrirá en el próximo mes sus puertas el Instituto de Filosofía Práctica, dirigido por el Dr. Soaje Ramos.

A fines de setiembre se celebrará la VI Semana de Filosofía Tomista, de las cuales el Padre fuera Secretario permanente y gran animador. Estos modestos signos son la mejor prueba de la fecundidad que Meinvielle ha irradiado siempre a lo largo de su labor intelectual y sacerdotal, por ello los discípulos organizaremos un volumen de homenaje de los mejores pensadores del país y del extranjero a la memoria del Padre en actitud de reconocimiento, quiera Dios iluminarnos en esta tarea a la cual sus discípulos nos sentimos convocados.

Carlos Alberto Sacheri


PADRE  JULIO  MEINVIELLE

Todo tiene su tiempo y su decoro,
como decía el sabio en la Escritura,
para este templo con su arboladura,
el monaguillo, el sacristán y el coro.

Para entregar limosna sin desdoro
o enseñar la doctrina más segura
contra Rahner, Teilhard y la juntura
de Lammenais con el becerro de oro.

***
Para el pobre, esta cama que valoro,
al difunto, cristiana sepultura,
y en la zozobra de la singladura
la ciencia indocta en Maritain deploro.

Uno y Trino es Aquel, el Dios que adoro,
una siempre la Fe, en la noche oscura,
una la patria que en silencio lloro,
rota por el pecado y por la usura.

***
Es invierno en Versalles, de memoria
responde a Garrigou, lee el Oficio,
devela el gran misterio de la historia
o el campamento scout en el solsticio.
a la tarde predica un Ejercicio,
atiende una visita perentoria.

Después el Padre lo llamó al servicio.
Antonio Caponnetto