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martes, 8 de noviembre de 2011

CAMPAÑA POR LA CULTURA CATÓLICA EN DEFENSA DE GUSTAVO MARTÍNEZ ZUVIRÍA


Por Emilio Nazar Kasbo
Desde Diario Pregón de La Plata convocamos a personas e instituciones del país o del exterior, a que se solidaricen con la Exposición del Libro Católico que se desarrolla anualmente en la ciudad de Buenos Aires y La Plata, frente a los ataques que la misma viene padeciendo desde hace varios años, todos de distinta naturaleza y reiterativos.
La Exposición desde sus inicios ha buscado reivindicar  autores católicos desconocidos por la mayoría de los mismos argentinos, y que han sido eminencias, como el Padre Leonardo Castellani, Jordán Bruno Genta, el Padre Alberto Ezcurra, Carlos Sacheri o Gustavo Martínez Zuviría, entre tantos otros, víctimas de una conjura del silencio a la vez que de una arbitraria difamación.
La cultura católica, sobre todo la bibliografía, los libros, han desaparecido prácticamente, vencida por los medios masivos de comunicación que sólo arrojan basura como un vómito sobre toda la sociedad, en medio de aplausos de críticos que seguramente tienen el mismo paladar degustativo que los sábalos.
En medio de las difamaciones y de la campaña contra la Exposición del Libro Católico, convocamos a quienes deseen manifestar su adhesión o solidaridad con la misma.
En una sociedad donde todos callan, a veces hay que romper el silencio.
DEFIENDA LA CULTURA CATÓLICA
Actúe YA
Quienes así deseen hacerlo, podrán comunicarse al Presidente de la misma, Manuel Outeda Blanco:


(011) (15)-4-470-7734 
(Característica de Argentina: +54)
Consulte el Programa de Actividades en:
www.librocatolico.com.ar

domingo, 13 de marzo de 2011

EL SEÑOR DE LAS PAMPAS 14 Mar 1877 – Su fallecimiento

a Juan Manuel de Rosas

Argentinos

"Ninguno ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, han introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad, han desvirtuado las leyes, generalizado los crímenes, garantizado la alevosía y la perfidia. Habitantes todos de la ciudad y campaña la divina providencia nos ha puesto en esta terrible situación, para probar nuestra virtud y constancia, resolvámonos pues a combatir con denuedo a estos malvados que han puesto en confusión nuestra tierra, persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida y sobretodo al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra Fe, que de esta raza de monstruos no quede  uno entre nosotros. Que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y espanto a los que puedan venir adelante, la causa que vamos a defender, es la de la Religión , la de la Justicia y la del Orden Publico, es la causa recomendada por el Todo Poderoso el dirigirá nuestros pasos, con su especial protección, nuestro triunfo será seguro."

Brig Gral Juan Manuel de ROSAS - “El Restaurador de la LEYES ”

 

Por DANIEL OMAR GONZÁLEZ CÉSPEDES

“Yo siempre fui un patriota de la tierra y un patriota del cielo”. Leopoldo Marechal

El 14 de marzo de 1877 y lejos de la Patria que tanto amó, entregaba su alma al Creador nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes y defensor de la Religión, Don Juan Manuel de Rosas “EL SEÑOR DE LAS PAMPAS” 

Por eso el motivo de esta conmemoración, ante un nuevo aniversario de su muerte, encuentra su síntesis en las palabras que pronunciara el P. Alberto Ezcurra, cuando la justa repatriación: “… te pedimos Señor, te pedimos que no olvidemos nunca las cosas grandes de nuestro pasado. Porque una Nación sólo puede construir su futuro, si como un árbol tiene hundidas profundamente las raíces en la verdad del pasado”. Y nuestro pasado, a decir verdad, es de una gloria absoluta. La Argentina no fue concebida por la democracia liberal; fue la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo la que le dio en sus comienzos el ser y en la historia su grandeza. Grandeza que encontramos en el gobierno de este gaucho y patriota.

Rosas tenía una profunda concepción católica de la política. Sabía que el orden social debía fundamentarse con sólidos cimientos religiosos, morales y jurídicos. Recibió un país anarquizado y logró restaurar, gracias a esa sabiduría práctica que poseía  -propia del ejercicio de la prudencia-  la autoridad y la unión; son sus palabras: “… Ninguno ignora que una facción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad y poniéndose en guerra abierta con la Religión, la Justicia, la Humanidad, el Orden Público, la Honestidad y la Buena Fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad, ha desvirtuado las leyes, generalizado los crímenes, disuelto la sociedad y presentado en triunfo la alevosía y la perfidia. El remedio de estos males no puede sujetarse a formas, y su aplicación debe ser pronta y expédita… Persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida y sobre todo, al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Resolvámonos a combatir con denuedo a esos malvados que han puesto en confusión a nuestra tierra… El  Todopoderoso, que en su Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación, dirigirá nuestros pasos y con su especial protección nuestro triunfo será seguro”.

¡Viva la Santa Federación, mueran los salvajes unitarios!

He aquí el santo y seña por excelencia, porque la confrontación entre unitarios y federales no se trataba de una rencilla igual a las que hoy estamos hartos de ver en la politiquería local. Era, esencialmente, una cuestión teológica; por eso es que se tornó irreconciliable. La Federación significaba el celo ardiente por la fe en Dios y por la Patria. El liberalismo, engendrado en las satánicas sectas masónicas, era el componente ideológico que alimentaba al Unitarismo. Por eso éstos, nos dirá el Caudillo, atacan a la Santa Religión Católica que es la que “engendra virtudes cristianas y cívicas que constituyen la base de la felicidad de los Estados”. El “Mueran los salvajes unitarios” es pasible de comparación con el “matar al error, amar al que yerra” agustiniano. Así se lo explicará a Felipe Heredia: “No es que se desee la muerte (física) de determinadas personas, sino que mueran civilmente, o que sea exterminado para siempre el feroz bando unitario”. “Viva la Santa Federación”. ¿Por qué habría de ser Santa? Porque la causa que se defendía era “la causa encomendada por el Todopoderoso”.

Repitámoslo para que no queden dudas y consignemos tres breves ejemplos para confirmar lo expuesto insistiendo que, en el fondo, se trataba de una cuestión teológica. El bien y el mal se daban batalla en una época en donde el sentido religioso es el que impera. Por esto es que, entonces, a los unitarios se los consideraba como a herejes; de allí es que toma sentido la divisa levantada por Juan Facundo Quiroga “¡Religión o muerte!”; el canto que se oía en las provincias: “Cristiano soy, líbreme Dios de ser porteño”; y la carta que el Restaurador le enviara al Tigre de los Llanos donde le expresa que “Antes de ser federales éramos cristianos”. ¿Qué quiso significar con ello? Sencillamente que la condición de católico sustenta a la de patriota.

El justo y merecido reconocimiento.

Traigamos a nuestra memoria, para ir concluyendo, tres fragmentos de misivas del Padre de la Patria que nos sirven como testimonio irrefutable.

En la primera de éstas le expresará a su amigo Guido su alegría por el rumbo que llevaba la Nación conducida por Don Juan Manuel: “… Veo con placer la marcha que sigue nuestra Patria: desengañémonos, nuestros países no pueden (a lo menos por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos, más claro, despóticos…; no hay otro arbitrio para salvar un Estado que tiene (como el Perú) muchos Doctores… que un gobierno absoluto” (26-X-1836).

En el segundo testimonio el Grl. San Martín hace al Restaurador su apreciación sobre la Confederación Argentina: “He tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos estados Americanos un modelo que seguir y más cuando éste esté apoyado en la justicia” (2-XI-1848).

Don Juan Manuel, el Señor de las Pampas, condujo a su pueblo al bienestar, es decir, logró el anhelado Bien Común, fruto de su abnegada vocación de servicio. Por ello el Libertador le expresará que: “… como argentino me llena de verdadero orgullo, el ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán hallado.

Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. Sinceramente como igualmente a toda la Confederación Argentina” (6-V-1850).

Colofón.

La Argentina estaba siendo sometida y ante el peligro de verla perecer Juan Manuel encarnó la reacción criolla. Restableció a la Nación reafirmándola en los principios que le dieron el ser y la devolvió al imperio de la virtud, del bienestar y de la grandeza.

Hoy nuestra Patria está siendo amenazada de muerte. Reaccionemos como Don Juan Manuel, como verdaderos patriotas. Sabemos que los tiempos son malos; “coraje doble” entonces.

El Caudillo Restaurador nos alienta con su ejemplo. Hagamos nuestro, pues, su Ideal que no fue otro más que el Reinado de Cristo en la Argentina; y por el cual luchó y consagró su vida.

DANIEL OMAR GONZÁLEZ CÉSPEDES

viernes, 11 de junio de 2010

LA RELIGION DEL HOMBRE DESACRALIZADO

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Por el Padre Alberto I. Ezcurra


Ustedes empiezan a recorrer en cualquier lugar, santerías, imágenes, estampas, van a ver que una de las características de la imaginería religiosa de nuestro tiempo, de las agendas de Guadalupe, de las Paulinas, de los posters con motivos religiosos, de las estampas, es la desaparición de las imágenes sacras. ¿Qué es lo que aparece? Aparece un niño sonriendo, una pareja de jóvenes que camina, novios que caminan tomados de la mano, un viejo pidiendo limosna, un camino, arbolitos, pajaritos, pero lo religioso no. O sea, el hombre en el lugar de Dios. ¿Qué es lo que importa?

En la liturgia, por ejemplo hay una pérdida del sentido de lo sagrado, del sentido sobrenatural, de que el centro de la liturgia es misterio, el centro de la Misa es misterio. Y ¿dónde está la participación de la Misa? Está en la unión con el misterio, sí, con algo que es misterioso, con algo que no se ve sino solamente en la oscuridad de la fe. No, la Misa es ahora una asamblea, una comida, no es el sacrificio de Cristo que se actualiza, es una comida, es una reunión entre hermanos. ¿Entonces participar qué es? Participar es cantar todos juntos, tomados de la mano en el Padrenuestro, abrazarnos, llenarnos de besitos, estar contentos con los demás. Pero ¡no! No, la Misa no es eso. Es por supuesto comunión, pero esa comunión, es decir común-unión, ¿adónde se da? Se da en Cristo.
Yo estoy unido a los demás en la Misa si yo estoy unido a Cristo, si yo no estoy en gracia de Dios y voy a Misa, aunque cante más fuerte que los demás, aunque me tome de la mano de todos los vecinos en el Padrenuestro, aunque me abrace, me bese con toda la Iglesia, en el abrazo de paz, aunque sienta mucho, no participo de la Misa, estoy separado, o sea me falta, me falta aquella savia que me comunica; soy como una rama seca en el árbol. Ahí está la comunión, en tanto y en cuanto estoy en comunión, es decir en comunicación con Cristo. En tanto y en cuanto vivo en gracia puedo participar de la comunidad.
¿Todo tiene que hacerse comunitario? La Misa privada, si un sacerdote celebra Misa solito en su alma, perdido por ahí en algún rincón del mundo donde no hay ningún cristiano para ayudarlo, esa Misa es comunitaria, porque en esa Misa está presente toda la Iglesia, y porque los frutos de esa Misa son bendiciones para toda la Iglesia en la comunicación de los santos. Pero eso se da en el plano del misterio, en el plano oscuro del misterio y en cambio, lo otro, entiende ponerlo todo en el plano del sentimiento, de una comunicación sentimental, de una cosa puramente humana, de una fraternidad horizontal, el otro, el otro y el otro.
Es lo mismo que pasa con la música. La música que se quiere poner en las Iglesias es lo que puede hacer de la Iglesia lo más parecido a una sala de baile o a una confitería. ¿Por qué? Porque tiene que mover. ¿Mover qué? Hay dos tipos de música; música que mueve el cuerpo, música que mueve el traste y hay música que mueve el alma. Y es más fácil captar la música que mueve el cuerpo. Mientras más ritmo tiene la música más se mueve uno inconscientemente apenas la empieza a escuchar.
En cambio, la música que mueve el alma es algo más sutil, es algo más fino, es más delicado. Pero si eso es lo que se quiere, esa música que lleva a lo sacro, hacia lo santo, hacia la trascendencia, ¿por qué se quiere rebajar, se quiere profanizar, se quieren profanar las cosas? Y en última instancia, ¿qué es?: el hombre en lugar de Dios, lo psíquico en el lugar de lo espiritual.
Yo no tengo nada absolutamente en contra de la guitarra, me gusta el folclore, me gusta la guitarra, pero cada cosa tiene su lugar. La música tiene su lenguaje propio que es distinto, incluso del lenguaje de la letra. Si uno escucha una marcha militar, empieza a marcar el paso. Y si uno escucha una música caribeña con mucho ritmo empieza a sacudir el cuerpo. O sea, la música tiene un lenguaje propio y hay música que es amatoria, hay música que es sensible y sensual, e incluso hasta sexual: hay música que está hecha para bailar y hay música que no está hecha para bailar. Si ponemos un cántico gregoriano en un baile sería un plomo lo más seguro y a nadie se le ocurriría poner un canto gregoriano o poner música de Bach o poner una marcha militar. A nadie se le ocurriría.
Pero si se le ocurre poner en la Iglesia música que está hecha para sacudir el cuerpo, para bailar, para tocar los sentidos, para tocar lo sensible, por más que le pongamos una letra que nos hable del Corazón de Jesús y de la Santísima Virgen, no pega. La letra camina por un lado y la música camina por otro lado.
Pero no es sólo cuestión de gustos, me gusta o no me gusta, sirve o no sirve. Hay algo más profundo, lo que se busca es aquello que permanece en el plano de lo puramente humano, del puro sentimiento. Ese es el motivo por el cual yo señalo, por ejemplo, eso de la guitarra. Por eso unos hacen una bandera de la guitarra porque en el fondo, detrás de eso que es aparentemente secundario, intrascendente, está lo que se decía antes, la guitarra se transforma en el instrumento litúrgico de la religión del hombre, porque pone en el lugar de lo sacro, del misterio vertical, de la presencia de Cristo, pone aquello que solamente toca el sentimiento.
Querer hacer la Misa divertida para que no se aburran. Siempre hay que estar inventando, cambiando, poniendo algo nuevo para que no se aburran. ¡No! La Misa, el centro de la Misa está en el misterio y ese misterio nunca lo penetraremos suficientemente si no entramos en un espíritu de silencio, un espíritu de oración, el Verbo de Dios que habla en el silencio. Si uno en cambio, quiere hacer de la Misa lo exterior, lo ameno, lo divertido, a la larga corre con desventaja, porque siempre la fiesta en el club o en la confitería va a ser más divertida que la que uno puede hacer dentro de la Iglesia en el momento litúrgico. Y porque el que va a acercarse a Dios en el silencio de la Iglesia está buscando una cosa distinta de la que va a buscar en el mundo. Cada cosa en su lugar, pero el trasfondo, de muchas de estas cosas, el trasfondo de esta tergiversación de lo religioso, es un trasfondo grave: es el hombre en el lugar de Dios. La religión no como algo vertical que tiende hacia lo alto, sino como algo que se queda en el plano horizontal, lo mismo que decíamos antes, esa filantropía que es sólo amor del prójimo, pero que no se funda en el amor de Dios.

domingo, 6 de septiembre de 2009

"LA OLA": CRÍTICA DE UNA PELÍCULA POLÍTICA


Por Emilio Nazar Kasbo

La película está basada en una novela homónima escrita por Morton Rhue (1981), inspirada en un experimento de un profesor de un instituto de Palo Alto (California). El personaje protagonista de la película, Rainer Wenger, está basado en el profesor Ron Jones, sobre unas clases dictadas en 1967.

Rainer Wenger es un profesor de educación física con estudios en ciencias políticas, de orientación anarquista. En el colegio en que enseña, se le exige que imparta clases sobre la autocracia como forma de gobierno. El profesor es entretenido, y la clase se anima inmediatamente con lo práctico del tema, generando un movimiento que se perfila como totalitario.

¿Cómo son los alumnos? Típicos europeos alemanes de hoy, en un modelo que exportan a América como una panacea, son miembros de familias rotas y disfuncionales, practicantes de una libertad sin límites tan mal concebida que no reconoce la realidad sino sólo la propia voluntad, lujuriosos, alcohólicos, drogadictos y practicantes de todo tipo de excesos, sin aliciente ni sentido en la vida, carentes de motivación y de nobles ideales.

¿Cuáles son las causas de adhesión al totalitarismo? La provocación de la injusticia social, la multiplicación de la pobreza, la búsqueda de una causa que unifique a todo el grupo y otras más que son detalladas en la película, y que constituyen el caldo de cultivo a posturas reaccionarias.

Frente a los “autocráticos”, están como modelo alternativo los “anarquistas”, y como intermedio los “democráticos” (que son los que por las mismas reglas de juego democráticas acaban torciendo la balanza para el lado de la anarquía o de la dictadura en que todos votan el totalitarismo).

En la película alemana hay un alumno turco ¿cuál es el motivo? Los inmigrantes turcos son numerosos en ese país europeo, pero además son negadores a la fecha del último genocidio perpetrado contra los cristianos armenios que se inició el 24 de abril de 1915.

Las películas sensibilizan, decía el P. Alberto Ezcurra: si muestran los problemas de los chicos cuyos padres se divorcian, la gente sale diciendo “¡qué mal que está el divorcio, nadie piensa en sus consecuencias!”; y si muestran una familia con un hombre malandra, golpeador, borracho, y malo, la gente saldrá del cine diciendo “¡cómo no se permite el divorcio!” Por eso, en una sociedad pasional, la gente que mira películas es manipulada de cierta manera.

La película manipula. Disciplina, orden, unidad, etc, son exagerados al punto de mostrarlos como nocivos, cuando en realidad se aborda un grotesco lo que se critica. Sobre todo cuando no hay ni una pizca de cristianismo… todo se prestará a la deformación. Así, la manipulación del protagonista en la película, se traslada a la manipulación de quien observa el filme. Se trata de psicopolítica, de técnicas de manejo de masas, mezclada con lo que hoy se llama “coaching” y “juegos de rol”.

Los hechos trágicos se suceden además porque un drogadicto que además distribuye a sus amistades la droga llega a extremos límite en su delirio.

El tema de la “autocracia”, de la “dictadura” o “monarquía” es además una velada crítica contra toda autoridad, confundida con autoritarismo. La autoridad que no es atemperada por el catolicismo y la Doctrina Social de la Iglesia corre el grave peligro de caer en serias desviaciones que atentan contra la dignidad de la persona humana.

En sí, el problema no es que gobierne uno, varios, muchos o todos, sino que se gobierne mal. El problema es la tiranía. Esta distinción que ya habían hecho Aristóteles y Santo Tomás, no aparecen en la película: gobiernos que buscan el Bien Común o que buscan el bien propio del gobernante.

¿Qué es una ola? Una masa de agua que se desplaza hasta la orilla y desaparece, que tomada en su individualidad es algo efímero, aunque luego se sucedan otras olas. El nombre de “La Ola” asignado, indica la temporalidad… mientras que la tierra representa lo sólido, lo permanente, según el género apocalíptico.

Y hablando de Apocalipsis, efectivamente el caldo de cultivo de un gobierno mundial sin principio católico alguno, en un planeta donde la población se ha dejado tentar por todo tipo de excesos, con familias disueltas, sin historia personal ni familiar o nacional, sin arraigos ni apegos, facilitan la aparición de grandes tiranías. Y así será la tiranía del Anticristo anunciado en el Apocalipsis.

¿Es posible hoy una tiranía? Muchos la padecemos: la tiranía de los vicios, de dirigentes que buscan su bien personal en lugar del bien común de las personas encomendadas a su cargo. Del mismo modo que describe la película surgieron los denominados “Jóvenes Turcos”, inspiradores de la más espantosa, horrenda y cruel masacre genocida vivida por la humanidad en el Siglo XX. ¿Es posible una tiranía continental o mundial? Evidentemente, será la del Anticristo.

Pero a su vez, también es posible un Gobierno Católico, donde el Evangelio impregna la cosmovisión y la vida política, social, y cultural de un país. ¡Dios quiera que veamos un gobierno verdaderamente católico alguna vez!