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jueves, 28 de marzo de 2013

51 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE HUGO WAST



Buenos Aires, 27 de marzo de 2013

Estimados amigos del Instituto Hugo Wast: se cumple este 28 de marzo el 51er. aniversario del fallecimiento de Gustavo Martínez Zuviría. Les rogamos nos acompañen con una oración al Señor por la salvación de su alma.

Vasta ha sido la obra literaria de nuestro autor reconocida por Su Santidad Pío XI al otorgarle la Orden Pontificia de San Gregorio Magno en mérito a su fecundo apostolado. Hoy más que nunca, ante la crisis que golpea a la Iglesia Católica, sus obras proféticas El sexto sello, Juana Tabor y 666 nos ayudan a entender los momentos que vivimos.

Aprovechamos esta oportunidad para desearles una santa y feliz Pascua de Resurrección con vuestras familias y juntos rezar por la Iglesia sufriente y por el nuevo Papa, para que Dios lo ayude a enfrentar el desafío de los tiempos, al modo final de Cefas, con coraje, sabiduría y fidelidad.

"Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como se hace con el trigo. Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tu, una vez convertido, confirmes a tus hermanos.”  Lucas 22: 31-32

Reciban nuestro saludo en Cristo y María



INSTITUTO HUGO WAST

lunes, 6 de febrero de 2012

¡EDUCACIÓN ESCOLAR EN CASA!: HOMESCHOOLING





¿Cómo explicarás en el Día del Juicio que te viste obligado a poner a tus hijos en las manos de lobos, paganos, herejes y demonios? ¿Estás seguro de que has agotado todos los recursos disponibles para preservar a tus hijos del mal, siendo tú el único responsable ante Dios de la Educación que reciban tus hijos? ¿En manos de qué tutor escolar, en este mundo desacralizado y pagano, puede confiarse la educación totalmente católica de un hijo?

EDUCACIÓN PRIVADA Y PÚBLICA
No puede pensarse en estar todo el día fuera de casa, trabajando muy duro, para poder llegar a pagar el colegio privado; porque sería casi imposible encontrar uno bueno en que todos los alumnos tengan un ideal de santidad inculcado desde la Institución y desde sus propias familias. Los colegios, en esta Gran Apostasía, están privados de catolicidad. Es más, muchas veces no hay docentes calificados espiritualmente para la transmisión de contenidos católicos, y se convierten en malos ejemplos, a la vez que transmiten enseñanzas contrarias al Magisterio de la Iglesia, desde el aula a la cual los directivos no llegan ¿Quieres ver a tus hijas e hijos envueltos en malas compañías y vicios de "alta clase"? Mándalos a un colegio privado...
¿Entonces podría mandarse a los hijos a la Escuela Laica; y ser uno el que les transmita los contenidos religiosos? ¿Y podría entonces negarse que el laicismo reinante no es una Religión? La Educación Pública es una educación religiosa (cuyos dioses son el Hombre, la Democracia, la Igualdad de Género, etc), o mejor dicho, Anti-Religiosa y Masónica.
El sistema escolar actual padece de un "contagio" de males sociales. Sexualidad precoz (instada por la "educación sexual" y "de género", o degenerada...), violencia, falta de contenidos, falta de modestia y decencia en el vestir, vulgaridades, y sobre todo la influencia de la TV en el hogar como principal educadora de los núcleos familiares destrozados (e incluso de los correctamente constituidos), y tantos otros males, producen un ambiente no apto, ni en lo espiritual ni en lo moral, para los niños y adolescentes.
La Educación y nuestros hijos encontrarán el mejor modo de vestirse decentemente en el hogar, mientras el uso católico de Internet o de la Biblioteca, están EN CASA, convirtiéndose en un recurso válido para la educación y la formación personal.Es más que un deber moral y católico que las familias vuelvan, como en la Edad Media, a tener su Magister en la casa. Aprenderán diez veces más y estarán más resguardados espiritualmente. Lo que en la casa no se recibe, en ningún otro lado podrán encontrarlo.
Además, si hay varias familias cercanas con estas mismas inquietudes, entre ellas pueden reunirse y satisfacer las necesidades de sociabilidad de los hijos, que también deben ser atendidas adecuadamente. Y entre todos, ver el mejor modo de que el futuro que se avecina no cause daño a los hijos, y que ellos sepan enfrentarlo con dignidad y gallardía.

La Enseñanza de la Iglesia al respecto

Papa Pio Xl, Divini illias Magistri, 1929, EX CATHEDRA:

"De ahí se sigue que las escuelas que llaman neutras o laicas socavan y trastornan todo fundamento de educación cristiana, como quiera que en ellas se excluye de todo punto la religión; escuelas, por lo demás, que sólo en apariencia son neutras, pues de hecho o son o se convierten en enemigas declaradas de la religión"

Papa León XIII, Sapientiae christianae, EX CATHEDRA:

"Tratarán con todas sus fuerzas de rechazar todo atentado en este particular, y de conseguir a toda costa que en su mano quede educar cristianamente, como conviene, a sus hijos, y apartarlos cuanto más lejos puedan de las escuelas donde corren peligro de que se les inculque el veneno de la impiedad"

Papa Pio XI, Divini illius Magistri, EX CATHEDRA:

"El primer ambiente natural y necesario de la educación es la familia, destinada precisamente para esto por el Creador. De modo que, regularmente, la educación más eficaz y duradera es la que se recibe en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada, tanto más eficaz cuanto resplandezca en ella más claro y constante el buen ejemplo de los padres, sobre todo, y de los demás miembros de la familia"

DEFINITIVAMENTE: ¡EDUCACIÓN ESCOLAR EN CASA!

Más de un millón de niños en EEUU son educados en sus hogares, y está comprobado que aprenden más e inclusive, que no se los empareja, como en todo instituto educativo, hacia la menor capacidad de sus iguales; sino que aprenden según la propia capacidad que Dios le ha dado a cada hijo; en la mayoría de los casos, adelantando programas e ingresando a las universidades a edades asombrosamente tempranas y rindiendo con las máximas calificaciones. En muchos países de Europa se está repitiendo la misma situación.

- ¿Hubiese sido Mozart, Mozart en la escuela?

La educación que recibió Mozart de su padre Leopold (no sólo en música) es un claro ejemplo que nadie puede ser mejor pedagogo que un padre. Wolfgang Amadeus Mozart fue no sólo uno de los mejores compositores musicales, sino que fue un genial matemático, muy buen escritor y con una cultura general muy amplia. ¡Cuántos talentos o inclinaciones artísitcas son atrofiadas por el monotípico sistema educativo!

- ¿Qué pasa en Latinoamérica?

El sistema marxista imperante en Latinoamérica tiembla ante la posibilidad que su despotismo institucional del negocio de la Educación presuma alguna grieta; es por eso que a la Escuela en Casa o Homeschool se le hace la Guerra o Conspiración del Silencio; minimizándola, amenazándola, etc. Lo cierto es que con sus propias leyes "democráticas" avalan el derecho constitucional de no asociarse a ninguna escuela y de educar a sus hijos como uno quiera. Para mejores ejemplos, vean estas poquitas páginas como referencia de que en Argentina, en Chile y en muchos otros países de Latinoamérica si es posible la Educación Escolar Católica en la Casa:




 


  
Nota: El artículo original fue editado
Fuente: http://lapuertaangosta.blogspot.com/2012/01/educacion-escolar-en-casa.html

martes, 31 de enero de 2012

LA “EXPERIENCIA RELIGIOSA” O “MODERNISMO” DE MASAS (PARTES I, II y III)


Los denominados “movimientos religiosos” que se dan en la actualidad, en los cuales algunos miembros de la jerarquía cifran neciamente sus esperanzas para el futuro de la Iglesia, son, en realidad, formas de modernismo popular, como que se fundan en una falsa “experiencia religiosa” en la que un sentimentalismo emocional e ilusorio suplanta a las virtudes teologales.

LA VERDADERA EXPERIENCIA RELIGIOSA

El padre Cornelio Fabro (+1999) explica en la Enciclopedia Católica (Ciudad del Vaticano, 1950, voz “Esperienza religiosa”, vol. V. cois. 601-607) que la experiencia religiosa es cierto “contacto” que la conciencia humana busca tener con Dios. Hay, con todo, una noción de experiencia religiosa ortodoxa y conforme con la sana teología mientras que hay otras que son heterodoxas.

La noción ortodoxa de experiencia religiosa coincide con la mística, o tercera vía de los “perfectos”, que fue estudiada por la patrística, luego por la escolástica y, finalmente, por los doctores místicos por antonomasia: Santa Teresa de Ávila (+1582) y San Juan de la Cruz (+1591). El padre Reginald Garrigou-Lagrange (+1964) sistematizó y sintetizó no hace mucho la doctrina católica sobre la naturaleza de la verdadera mística en sus obras Perfección cristiana y contemplación, y Las tres edades de la vida interior, preludio de la del cielo: tratado de la teología ascética y mística. La auténtica experiencia religiosa supera toda falsa “inmanencia”, cualquier técnica gnóstico-esotérica o filosofía orientalizante con la que el hombre se forja la ilusión de poder alcanzar la autodivinización mediante sus propias fuerzas. En efecto, Dios es trascendente y, por ende, inalcanzable para las fuerzas naturales por hallarse a una distancia infinita de toda capacidad creada, tanto humana como angélica. Es creador incondicionado y redentor en uso de su libérrima voluntad, al que nada constriñe ni determina. Dios está “presente” en todo lugar y, por ende, también en el hombre, no viceversa, como pretende, según parece, la concepción antropocéntrica e inmanentista, al decir de la cual el hombre está en Dios y coincide necesariamente con Él. Además de la “presencia natural” de Dios o ubicuidad (Dios está presente en todas las cosas por el conocimiento, por el influjo o poder y por la sustancia), se da una “presencia espiritual” o racional de Dios en la inteligencia humana, la cual, partiendo de las criaturas, se remonta mediante un silogismo hasta el Creador en tanto que causa primera y lo ama con un amor natural. Se da, asimismo, una “presencia sobrenatural” de Dios en el alma de los justos por medio de la gracia santificante, en cuya virtud el hombre participa realmente de la vida divina. Dios se encarnó y nos redimió por pura misericordia, lo cual excluye toda técnica catártica o purificación iniciática por parte del hombre. Dios, además, aún teniendo en sí mismo una relación personal ad intra, quiere, ad extra, hacer participar de su vida a las criaturas racionales.
Ad intra, el Padre, al conocerse, engendra al Hijo, Verbo o Idea del Padre; el Verbo conoce al Padre a su vez, y de tal conocimiento mutuo nace un amor sustancial y recíproco: el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo (o es espirado por ambos).
Ad extra, Dios, se hace real o físicamente presente de manera sobrenatural, mediante la gracia santificante, en el alma del justo, quien conoce a Dios por conducto de la verdad infusa de la fe y lo ama gracias a la virtud sobrenatural de la caridad. El hombre puede llegar a la mística o vida unitiva, que es la única experiencia religiosa verdadera, por las virtudes teologales de la de , la esperanza y la caridad, reforzadas por los siete dones del Espíritu Santo. Además, Dios redentor nos brinda los medios suficientes (oración y sacramentos) para alcanzar la unión con Él (una unión creada y participada; limitada, por tanto), con lo que nos da la capacidad real de observar los diez mandamientos; ya que “es muerta la fe sin obras” (Santiago 2, 26).
La mística es el desarrollo ordinario de la vida espiritual, a la que son llamados todos los bautizados, mientras que los fenómenos místicos extraordinarios (visiones, estigmas, levitaciones…) son completamente accidentales y no forman parte de la naturaleza de la perfección o santidad.
La vida sobrenatural o presencia de Dios en el alma de los justos no cae de suyo bajo la conciencia humana natural, pero puede suceder que se experimente la presencia de Dios en el alma merced al don de sabiduría “Gustate et videte quoniam suavis est Dominus” (Ps, 34, 9); “El recuerdo de Jesús es dulce (…) pero su presencia es más dulce que la miel y que todas las cosas (…) el que hace la experiencia de Jesús puede decir qué es amarle” (San Bernardo de Claraval). Con todo, sería un grave error hacer de la experiencia religiosa un criterio necesario y absoluto de la vida espiritual.

FALSA EXPERIENCIA RELIGIOSA

La concepción heterodoxa de la experiencia religiosa es, sobre todo, la del subjetivismo protestante y modernista. El protestantismo introdujo en la religión con Lutero (+1564), el subjetivismo en las relaciones con Dios, igual que Descartes (+ 1560) lo introdujo en la filosofía y Rosseau (+ 1778) en la política. Martín Lutero repudió la razón y, por ende la fe en tanto que acto sobrenatural de la inteligencia y de la voluntad, y apeló a la subjetividad de la sola fides, la cual no es virtud teologal de la fe como acto de adhesión intelectual y volitiva a la verdad objetiva revelada por Dios, sino que es una “fe fiducial”, es decir, la confianza subjetiva de salvarse por sola la fe, lo que no es otra cosa, en realidad, más que la “presunción de salvarse sin méritos”. La fe fiducial y el “testimonio del Espíritu Santo” se identifican, según Lutero, con el sentimiento individual y subjetivo, que constituye para él el único criterio y objeto de la religiosidad (un objeto que coincide con el sujeto y se pierde en él). El padre Fabro define tal teoría como “disociación de la conciencia del contenido objetivo de la fe”.
En el ámbito filosófico, la modernidad laicista elevó la experiencia religiosa a criterio absoluto e independiente de todo dato objetivo. El fundador de dicha escuela fue Kant (+1804) para quien Dios mismo no es un ente real y objetivo, independiente del ser humano, sino que es tan sólo un postulado de la “razón práctica”, que siente la necesidad de una experiencia religiosa de la divinidad que la “razón pura” o teórica no puede alcanzar.
Nació de Kant una doble orientación del pensamiento: una más filosófica y racionalista: el idealismo trascendental de Fichte (+1814), Schelling (+1854) y Hegel (+1831), que pretende, siguiendo a Kant, subordinar la religión a la filosofía subjetivista; otra más bien espiritual y misticoide: el irracionalismo fideísta de Schleiermacher (+1889), que sigue a Kant sobre todo en privilegio del sentimentalismo subjetivista religioso; más aún, para Shleiermacher el “sentimiento es el único criterio de la verdad”, por la cual “la fe es puro sentimiento inmediato”.
Tal concepción subjetivista y sentimentalista comienza a tomar con el modernismo -como veremos con pormenor en la segunda parte del presente artículo-, una orientación cada vez más irracionalista; la experiencia religiosa sustituye por completo a la recta razón como a la revelación divina y a la fe teologal.
 
El protestantismo francés y Auguste Sabatier (1839-1901) con su obra Esbozo de una filosofía de la religión (París, 1879) fueron el elemento penetrante y decisivo, determinante, de la teoría subjetivista irracionalista, que insiste en el primado de la vida y de la experiencia religiosa subjetiva sobre la razón especulativa y la fe objetiva. El influjo de Sabatier fue tan fuerte que la teoría evangélica protestante estribó esencialmente, durante los pasados ciento cincuenta años, en una fenomenología de la experiencia.
Maurice Bondel (1861-1949) introdujo en el campo católico el subjetivismo y el primado de la experiencia religiosa conla nueva definición de la verdad cual adequatio rei et vitae (adecuación de la realidad y de la vida) y no ya rei et intellectus (realidad e inteligencia). El vitalismo de Henri Bergson (+1941) disolvió la religión en una experiencia psicológica íntima, mientras que el pragmatismo, con William James (1842-1910) y el ecumenismo o modernismo ascético, redujo la religión a sentimiento subjetivo que irrumpe desde la “subconciencia”, hundiéndose así cada vez más en el inmanentismo sentimentalista o racionalista y abriendo las puertas al psicoanálisis cabalístico-freudiano, que en la escuela de Francfurt convirtió en un fenómeno de masas.

EL MODERNISMO: LAS PRIMERAS ESCARAMUZAS

 
Recurrimos otra vez al padre Cornelio Fabro para su definición (Enciclopedia Cattólica, Ciudad del Vaticano. 1952, vol. VIII, voz “Modernismo”, columnas 1196-1199). Éste lo define, siguiendo a la encíclica Pascendi de San Pío X, donde apareció tal término por vez primera, como “orientación heterodoxa que se proponía renovar, poner al día y reinterpretar la doctrina católica en armonía con la filosofía moderna” (ibi, col. 1188). El modernismo es un conjunto bastante complejo de errores en todos los campos de la doctrina cristiana, pero San Pío X logró reducirlo en la Pascendi a su núcleo esencial y le dió la denominación común de “modernismo” por la manía de querer poner al día la doctrina católica en función de las exigencias del pensamiento “moderno”.
Históricamente, se traslucía ya el modernismo en la rerum novarum cupiditas, o manía de novedades, que se presentó en el siglo XIX en el ámbito católico, bajo los pontificados de Gregorio XVI, Pío IX y León XIII. Se caracterizaba por la intolerancia para con la filosofía y teología escolásticas, especialmente las tomistas. Se condenó el indiferentismo o liberalismo de Lamennais (1834); después se reprobó el fideísmo o tradicionalismo de Bautain (1840) y de Bonetty (1855) junto con el racionalismo de Hermes (1835) y  Günter (1857) y, por último, le tocó el turno al ontologismo de Gioberti (1861) y Rosmini (1887). Pío IX compendía en el Sílabo (1864), condenándolos, todos estos errores, que eran a la sazón nada más que los signos precursores de una tempestad que se desencadenaría con toda su violencia unos cuarenta eños después, bajo el pontificado de San Pío X.
El concilio Vaticano I, aunque se interrumpió a causa de la invasión de Roma por parte de las fuerzas saboyanas (1870), contuvo durante algún tiempo esta crecida de errores mediante la doctrina definida sobre las relaciones entre la fe y la razón, la fe como virtud teologal infusa, la infabilidad del magisterio pontificio y el primado  de jurisdicción del romano pontífice. Las primeras escaramuzas con el modernismo se verificaron en Francia, después de Ernest Renán (+1892) y con Alfred Loisy (+1940), quien ya había sido apartado de la enseñanza en 1893, bajo León XIII. Loisy proponía como criterios fundamentales para interpretar las Sagradas Escrituras, la historia comparada de las religiones, el examen filológico “mondo y lirondo” del texto sagrado y la arqueología bíblica.
León XIII procuró remediar tales desviaciones con la encíclica Providentissimus (1893), pues, caso de triunfar, habrían reducido la exégesis a mero análisis filológico, y el libro sagrado, a un libro humano cualquiera. El papa Pecci instituyó asimismo, en 1902, la Pontificia Comisión Bíblica para hacer frente a la orientación racionalista que estaba tomando la exégesis católica. No obstante ello, Loisy siguió  ”modernizando”, y el modernismo arraigó también en Inglaterra con Tyrrell (+1909) y en Italia con Murri (+1944), Buonaiuti (+1946) y Fogazzaro (+1911).

El grito general de la naturaleza; el consentimiento unánime de todos los pueblos, la facultad de pensar que nos distingue de los brutos y nos hace superiores a cuanto nos rodea; la creencia general de que la virtud tiene que ser recompensada y castigado el vicio (…) el vacío inmenso que dejan en el corazón humano las cosas de la tierra; la filosofía, la fe, el sentimiento íntimo, todo nos dice y asegura que nuestra alma es inmortal, que hay otra vida.
Monseñor Ezequiel Moreno y Díaz

EL DIQUE DE SAN PÍO X Y SU DESMANTELAMIENTO


Le tocó a San Pío X afrontar la herejía modernista, que ya emergía con claridad, y lo hizo ante todo con el decreto Lamentabili (3 de julio de 1907, Denzinger B., nn 2001-2065), que compendiaba en 65 artículos los nuevos errores, y luego  con la encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907). Con todo, el Papa debió intervenir nuevamente muy pronto, mediante el motu proprio Præstantia Scripturæ (18 de noviembre de 1907), pero esta vez contra las alteraciones que se intentaba hacer sufrir el decreto Lamentabili y a la encíclica Pascendi. Fulminó la excomunión contra quien los contradijera, y declaró que los contumaces u obstinados en los errores modernistas eran culpables de herejía puesto que el modernismo atentaba contra los fundamentos de la fe (Denzinger B., nn. 2114). Por último, remitiéndose a los dos documentos susodichos, publicó la fórmula del juramento antimodernista con el motu proprio Sacrorum Antistitum (1 de septiembre de 1910), para evitar que ambos textos doctrinales se quedaran en la letra muerta y no se aplicasen en la práctica.
Este juramento resumía los puntos principales de la doctrina católica y los errores modernistas que se le oponían. Los modernistas entonces se quitaron la máscara publicando un documento anónimo titulado Programma dei modernisti (Turín, noviembre de 1907), cuya idea esencial era la que mediaba una oposición irreductible entre la tradición eclesiástica y la filosofía moderna, que debía resolverse en provecho absoluto de ésta última.
San Pío X siguió construyendo el “dique contra los errores modernos” que había empezado a edificar Pío IX con el Sílabo (8 de diciembre de 1864) y que acabó Pío XII con la Humani generis (12 de agosto de 1950), la cual condenaba a la “neoteología” o neomodernismo. Por desdicha, tal dique de contención lo abrió después Juan XXIII, quien rehabilitó a todos los neomodernistas que Pío XII había condenado apenas diez años antes. La puesta al día y el diálogo con el mundo moderno fueron las preocupaciones “pastorales” principales del papa Roncalli, a quien siguió en esto Pablo VI, que concluyó la obra iniciada por su predecesor, es decir, el desmantelamiento del dique de contención que se había erigido contra los errores modernos y postmodernos.

“UNA EXPOSICIÓN MAGISTRAL Y UNA CRÍTICA MAGNÍFICA”


El modernismo procuró siempre esconderse, no aparecer, quedarse en la indeterminación para no ser condenado y poder transformar a la Iglesia ab intrínseco, desde dentro, llegando hasta la cumbre. San Pío X, sin embargo, sobre todo con la Pascendi, expone la doctrina modernista de una manera concisa y sistemática, con un dominio impresionante de la terminología y de la técnica de los adversarios (incluso de la oculta). El valor de esta encíclica lo reconocieron hasta filósofos inmanentistas como Giovanni Gentile, que la definió como “una exposición magistral y una crítica magnífica”. 
La encíclica consta de dos partes: la primera es doctrinal, y la segunda, rica en instrucciones disciplinares contra los modernistas, ya que sin modernistas no habría modernismo, y para combatir a este último es menester debelar los primeros (actiones sunt suppositorum). “Condenar el error pero amar al que yerra en cuanto tal” es una aberración semejante a la de los católicos liberales, “que adoran a Dios y respetan a Satanás”. (Pío X). Al que yerra se le ha de amar cuanto hombre capaz de conversión y de abjuración del error, nunca en cuanto a extraviado, porque de lo contrario, se amaría también su extravío.
La primera parte de la Pascendi, la doctrinal, se divide en tres puntos, en los cuales se analizan las principales etapas del modernismo.

PRIMER PUNTO: EL “FILÓSOFO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El subjetivismo y el relativismo individual y absoluto.
b) Segunda etapa: El sentimentalismo religioso de cada cual como criterio único para interpretar el significado del dogma.
c) Tercera etapa: La evolución intrínseca e ilimitada del dogma, leído a la luz de la emoción religiosa subjetiva. La consecuencia es la desfiguración de la religión católica, que se interpreta a la luz de una exaltación subjetiva y de un inmanentismo teórico radical.

SEGUNDO PUNTO: EL “CREYENTE” MODERNISTA

a) Primera etapa: El fiel se desvincula de toda objetividad y de toda autoridad extrínsica a él.
b) Segunda etapa: El fiel cae por eso en el subjetivismo, en el agnosticismo o nihilismo teológico, por lo cual toda religión depende de la conciencia subjetiva del creyente.
c) Tercera etapa: El inmanentismo, vivido por el creyente tal y como había sido teorizado por el filósofo.

TERCER PUNTO: EL “TEÓLOGO” MODERNISTA

a) Primera etapa: El teólogo aplica a las formas dogmáticas el inmanentismo teorizado por el filósofo y vivido por el creyente, las cuales se transforman así en “símbolos” y “aproximaciones” de la conciencia subjetiva del hombre, junto con la que se mudan continuamente.
b) Segunda etapa: También la Iglesia, los sacramentos y las Sagradas Escrituras son puros símbolos de la conciencia colectiva de los hombres y caminan con ella.
c) Tercera etapa: Atañe a las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la óptica de la separación absoluta.
Salta a la vista que el modernismo demuele a la religión católica en su totalidad, no sólo en algunos de sus dogmas; de ahí que San Pío X lo calificara de “compendio de todas las herejías”. En efecto, sustituye el magisterio eclesiástico por la opinión  o el arbitrio subjetivo, por lo que del agnosticismo teológico se pasa al ateísmo, o directamente al nihilismo religioso (“La teología de la muerte de Dios”), con la consiguiente abolición de toda religión positiva, en especial, de la única y verdadera religión revelada, la católica-romana. Todo sazonado, como explica el padre Fabro, con un “extraño batiburillo de aspiraciones sospechosas, que valiéndose de un barniz pseudomístico (…) pretendían sostener, como lo hizo Murri en Italia, la política de la democracia moderna, que había de reemplazar la acción de la Iglesia”. Es lo que hizo luego la democracia cristiana desde de Gasperi en adelante.
La gravedad del modernismo estriba en el hecho de que procura transformar la Iglesia desde dentro y, secretamente, a la “chita callando”, transformar la noción misma de religión, de fe, de dogma y de verdad objetiva mediante el inmanentismo, que es al ama de la filosofía moderna (que va desde Descartes hasta Hegel). El padre Fabro pone de relieve que, con vistas a alcanzar tal fin, los modernistas rara vez expresan sus principios claramente y de manera sistemática, para poder así pasar inadvertidos y no ser condenados. Prefieren el método historicista al teórico, pero, por lo demás, el primero no deja de estar atiborrado de subjetivismo y relativismo; de ahí que, entre el teórico Rahner y el historicista Ratzinger, el más intrínsecamente modernista sea el segundo aunque parezca mas conservador (se podría decir parafraseando a Lenin, que “el extremismo es la enfermedad infantil del modernismo”). Fruto de tal subjetivación de la fe es la transformación de la religión cristiana y su “transubstanciación” en una vaga religiosidad inmanentista antropocéntrica y antropolátrica, que reduce toda realidad a instinto subjetivo, como la pseudorreforma luterana. El padre Fabro parangona el modernismo, y con razón, al gnosticismo del siglo II, porque ambos tienen en común la pretensión de encerrar en un principio el conocimiento o “gnosis” subjetiva y mistérica de la verdad natural y sobrenatural, de lo que se sigue la relatividad de todas las fórmulas dogmáticas y la unidad trascendente de todas las religiones.
El padre Fabro nos enseña asimismo que el peligro del modernismo, así como del esoterismo, estriba en su ductilidad, esto es, en su indefinibilidad, la cual pretende esquivar toda calificación precisa y determinada tanto en filosofía como en teología, por lo que se mantiene en lo vago, “mítico”, o poético.
Se pretende hacer pasar la “gnosis” de marras por un conocimiento íntimo, privado, secreto, por cuya virtud el hombre se autodiviniza. Tamaño inmanentismo rechaza la trascendencia, a despecho de su pretensión de no ser sólo “inmanencia” y de conciliar teocentrismo y antropocentrismo, visto que, en realidad, disuelve al hombre en Dios y deviene panteísmo o pancristismo teilhardiano. Se lee a este propósito lo siguiente en el Programa de los modernistas (Turín, 2- edición, 1911, p. 101): “el inmanentismo no es ese error grosero que la encíclica Pascendi quiere hacer creer”. Por desgracia, Juan Pablo II también afirmó algo parecido en su segunda encíclica, de 1980, Dives in misericordia (nº 1):
“Mientras que las diferentes corrientes del pensamiento humano del pasado y del presente fueron y siguen siendo proclives a separar el teocentrismo y el antropocentrismo y aun en contraponerlos, la Iglesia, en cambio, procura casarlos de una manera orgánica y profunda. Éste es uno de los puntos fundamentales, acaso el más importante, del magisterio del pasado concilio”.
El Programa de los modernistas decía también (21ª edición, pág. 127) que no rechazaba ni la Sagrada Escritura ni la Tradición, sino sólo su interpretación (o “hermenéutica”) escolástica y, sobre todo, tomista, que, en su opinión, había sido superada por el subjetivismo de la filosofía moderna. Por eso se está en sintonía plena con el Programa de los modernistas cuando se afirma, sin probar, la “hermenéutica de la continuidad”. Importa trancribir, a éste propósito, las siguientes palabras del padre Fabro (ibi, col. 1195):
“De nada sirven las protestas de aceptación íntegra de la doctrina católica que profieren algunos modernistas, ya que el modernismo introdujo, con el “principio de la inmenencia vital”, un veneno corrosivo no sólo de la esencia de la fe y de sus verdades, sino también del valor objetivo de cualquier verdad absoluta, ya se trate de una verdad de hecho o de razón, y volvió al principio de Protágoras según el cual “el hombre es la medida de todas las cosas”.
El modernismo, además, rechazó el sano realismo greco-cristiano del conocimiento, la distinción entre el orden natural y el sobrenatural, el valor lógico y ontológico de los principios primeros, evidentes de suyo, y, con ellos, la sana lógica y toda metafísica. (C. Fabro, ibi. col. 1195)
No obstante todo ello, hemos de concluir con el p. Fabro que “el modernismo, si bien deriva del subjetivismo del pensamiento moderno, con todo, no presenta ninguna consistencia teórica porque no se compromete a fondo ni lo pretende con ningún sistema o filosofía determinada, de manera que se reduce a un fenómeno de “contaminación teórica” y de concordismo superficial” (ibi).

   
Fuente
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/20/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-ia-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/22/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-2a-parte/
http://eccechristianus.wordpress.com/2012/01/29/la-experiencia-religiosa-o-modernismo-de-masas-3a-parte/

viernes, 11 de noviembre de 2011

CUANDO HUGO WAST FUE RECHAZADO POR LOS NAZIS


Por Emilio Nazar Kasbo

¿Ser judío es sinónimo de ser anticatólico? ¿Es Jesús el Mesías o no lo es? ¿Ser judío es sinónimo de repudio a Jesús, descendiente de la familia de David, y de todos sus seguidores? ¿No será esto “discriminación”? ¿Tiene un Juez civil autoridad para determinar cuestiones que son teológicas? ¿Qué Tribunal debería dirimir una cuestión semejante?

TRIBUNAL CANÓNICO
En la actualidad, sólo dos posibilidades caben: o el Tribunal Canónico, o el “Kahal” (del cual muchos niegan su existencia, ya que es fruto de la novela de Gustavo Martínez Zuviría, y por tanto un elemento folklórico inexistente, en cuyo caso sólo queda la primera alternativa referida).
Efectivamente, ninguna autoridad civil puede pronunciarse sobre materia teológica, ya que no es la Teología su función, sino que ésta se halla reservada a la autoridad competente en materia precisamente teológica.
Gustavo Martínez Zuviría jamás fue acusado ni sentenciado por nazi, y nada más alejado de la realidad. Hay “cosa juzgada” sobre esta cuestión, ya que no puede ser procesado un difunto por un crimen que además no cometió. Es lógico que ser católico implique el rechazo del judaísmo, del sionismo, del islamismo, del budismo y de toda otra postura teológica que niegue la Verdad de Jesucristo, que creemos que es Jesucristo mismo. Porque para los católicos, la Verdad no es un “ente abstracto”, sino que es una Persona: Jesucristo. De allí que “la primera ley de la historia es no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la verdad”, como dijo oportunamente el Papa SS. León XIII.

DIEZ MANDAMIENTOS
Los católicos compartimos con los judíos los Diez Mandamientos. Los judíos los viven como el cumplimiento de una norma, y los católicos los respetamos con libertad en la búsqueda de no ofender a Dios a causa de la violación de los mismos, los cumplimos por Amor a Dios. Porque los Diez Mandamientos no son sólo para respetarlos entre católicos, sino que es para con toda persona, ya que el Amor a Dios y al prójimo es el mandato, una orden de amar a todas las personas.
Sin embargo, tal orden de amar dada por Jesús (algo que hasta parece un contrasentido), llega al límite de amar al enemigo. Quien no ama a su enemigo, no puede llamarse por tanto católico. Sin embargo, ese amor al enemigo no es suicida, sino que implica el respeto al mismo, y la oración para que la Gracia de Dios llegue a su alma y se convierta. Ese es el verdadero amor al enemigo: que éste, descubriendo que vive en el error, ame a Jesucristo y la Iglesia Católica que El mismo fundara.
¿De qué sirve todo lo dicho, a quien no cree? Visto con ojos materialistas, una persona que reza está perdiendo el tiempo porque Dios no existe, y hasta toda la Liturgia se convierte en un acto sin importancia y sin sentido.

EL MEJOR DE LOS TRATOS
Precisamente, toda persona, católica, judía o no católica en general, es objeto del mejor de los tratos y del mayor amor brindado por los católicos. Y así debe ser. Precisamente, esta es la “no discriminación” que desarrolla el catolicismo, tal como lo enseñara San Benito, Abad: " "Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela" (año 480 DC - Prólogo de la Regla de San Benito de Nursia, Italia, citando al Profeta Isaías, Is 58,9; 65,24)
El amor al prójimo y al enemigo no significa amar al error, al mal, ni al pecado. Todo lo contrario. De allí, que resulta excluyente, y por tanto habrá odio al error, al mal y al pecado, ya que esto es consecuencia natural. En un mundo donde no hay “verdad”, se acaba negando la Verdad que es Jesucristo mismo, y es allí donde se percibe la contradicción. Se ama al pecador, no al pecado; y la Iglesia Católica está compuesta por pecadores arrepentidos que acuden al Sacramento de la Confesión y a los Sacramentos para remediar en todo lo posible los errores, defectos, pecados y males que se pueden ocasionar en la vida cotidiana. Efectivamente, la Iglesia Católica está compuesta por personas imperfectas, víctimas del Pecado Original… pero al parecer, los “perfectos” son quienes tienen la autoridad de juzgar a los católicos, y de “tirar la primera piedra”…

PERSONAS HONRADAS
¿Todos los judíos son delincuentes? No, pero todos son pecadores, igual que el resto de la humanidad, en virtud del Pecado Original, exceptuando a Jesús y a Su Madre, la Virgen María, prometida ya desde el Génesis. Existen numerosos judíos que son personas honradas, y que practican numerosas virtudes.
Es más, hay numerosos judíos que no viven en condiciones económicas óptimas (y mucho menos los que cometen la grave decisión de convertirse al Catolicismo, o de casarse con una persona católica, motivo por el cual acaban siendo discriminados por su colectividad). Existen personas judías que son muy respetables, que son muy capaces. Nadie lo niega, y no hay por qué negarlo. Pero no escapan a las consecuencias del Pecado Original…
Hay un libro que se titula “La mafia judía en Argentina”, publicado por un mismo miembro de dicha colectividad… el cual ha sido censurado y no se consigue en las librerías. ¿Acaso si un judío comete un delito… no es un delincuente? ¿Y si un judío comete un delito contra otro judío, como se describe en “El violinista sobre el tejado”? ¿Un fiscal que halla culpable a un judío por haber cometido un delito… es un antisemita? He aquí un error de diagnóstico. Como afirma un libro sobre humor judío editado por la comunidad judía de La Plata: “un chiste judío contado por judíos, es un chiste judío; un chiste judío contado por no judíos, es antisemitismo”. ¿Cómo puede ser posible semejante contradicción? ¡Como si los gallegos debieran alzar la voz contra el “antigalleguismo” a raíz de los chistes que sobre ellos se hacen! Todos somos seres humanos, y merecemos el mismo trato como tales ante la Ley.

“ODIO AL JUDÍO ES ANTICATÓLICO”
En un comunicado en que “La Organización Judía para el Diálogo Interconfesional, (OJDI), deplora que las autoridades de la "Exposición del Libro Católico" de La Plata hayan denominado a la Sala de Lectura y vides de la Exposición del Libro Católico con el nombre de Gustavo Martínez Zuviría, conocido en su obra literaria como Hugo Wast”, a la vez se permite citar el siguiente texto del prólogo: “el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como al prójimo”.
La misma colectividad judía reconoce tales palabras. ¿Es semejante texto compatible con antisemitismo o nazimo o con racismo alguno?
A continuación, detalla la cita la diferencia de ideas y de Fe: “el odio a las doctrinas de la Sinagoga, la autoridad civil y religiosa del judaísmo, que persigue la destrucción de la Iglesia Romana… es auténticamente católico”. ¿Se refiere acaso a cometer daño alguno a la persona o bienes de los judíos? De ninguna manera, ya que de ese modo se violaría el amor al prójimo además de los Mandamientos específicos que todo católico debe respetar. ¿A qué hace referencia entonces? A los errores judíos vistos desde el catolicismo, y por tanto, a una cuestión teológica, que es consecuencia de ser dos religiones distintas; si fuesen la misma religión en la actualidad, tal diferencia no existiría; y no hay términos medios posibles en el orden lógico racional siquiera: sólo puede haber UNA Religión verdadera.


WAST RECHAZADO POR LOS NAZIS
En 1935 fueron editados “El Kahal” y “Oro”, y Hugo Wast comenzó a recibir cartas de alemanes radicados en la Argentina, solicitando traducir las obras, para editarlas en Alemania. Es claro desde el principio que se trata de una novela de ficción, y el marco de la misma no es una cuestión política ni sionista como centro argumental, sino el sentido bíblico del Apocalipsis.
Wast accedió al pedido del profesor en Física, Dr. J. Würschmidt, radicado en la provincia de Tucumán, quien afirmaba tener contactos con la editorial Herder (Holle & Co.) de Friburgo, Alemania. Hugo Wast indicó a Würschmidt que se contacte con su representante en España, quienes le editaban sus libros. Würschmidt se contacta, pero la Guerra Civil española estalla, con el alzamiento del Generalísimo Francisco Franco, y se interrumpe la comunicación durante los dos años siguientes.
Würschmidt vuelve a contactarse en 1937 con Hugo Wast, escribiéndole una carta en que anticipaba la posibilidad de que surgieran problemas ideológicos con el proyecto (por parte de los nazis). Luego, en diciembre de 1937, Wast recibe una carta y el contrato de la Editorial Holle & Co para editar las obras, cuya traducción sería realizada por el profesor Würschmidt.
En febrero de 1938 se firmó el contrato entre Wast y la Editorial, y el profesor finalizó la traducción ese mismo año, enviándola a Alemania. La Embajada de dicho país, en un gesto de buena voluntad, colaboró con todas las partes participantes del proyecto. Sin embargo, los meses iban transcurriendo y la Editorial Holle no se decidía a editar la obra. Por tal motivo, los editores de Wast decidieron escribir a la Editorial en mayo de 1939, exigiendo el cumplimiento del contrato.
   
CUESTIÓN TEOLÓGICA
Fueron los abogados representantes de la Editorial Holle & Co quienes respondieron el 3 de mayo de 1939, dirigiéndose a los editores de Hugo Wast, informándoles que la obra “ha sido objetada” por las autoridades alemanas. Esto convertía en imposible editar el libro “en su actual redacción”, pues en esa versión no se contempla al judaísmo como una cuestión de raza. Asimismo, piden la anulación del contrato, o cambiar partes de éste, particularmente su final.
En respuesta, los editores de Wast contestaron a los abogados Ponfick y von Koblinski, el 3 de junio de 1939, pidiéndoles que les envíen las modificaciones que contemplaban para analizarlas.
Sin embargo, antes de recibir la contestación, los editores de Wast reciben una nueva carta de los mencionados letrados el 27 de junio, anunciando que ni aun efectuando cambios podría ser editada la obra. Adujeron que la principal razón de dicha determinación, consistía en que Wast trataba el tema como una cuestión religiosa, lo cual era considerado como una “falsificación” por las autoridades alemanas. Los abogados pidieron la anulación del contrato y “El Kahal-Oro” terminó sin ser editado en la Alemania del Tercer Reich.

¿ANTISEMITISMO TEOLÓGICO?
¿Podremos hablar de un odio a la Iglesia Católica imperante en ciertos sectores judíos? ¿Por qué está bien ser anticatólico y está mal ser antijudaísta (no anti-judío, aclaremos nuevamente)?
Como puede observarse de la cronología, la línea literaria de Martínez Zuviría no era ni ideológica, ni política, ni siquiera económica, sino teológica. Este era el meollo de la cuestión que fue rechazado por los nazis, y por el cual el pensamiento de Hugo Wast es imposible de catalogar siquiera como afín a dicho régimen en tal sentido.
Citemos entonces, como ejemplo, a un tradicional anticatólico, Horacio Verbitsky, quien desde su pluma del oficialista diario Página 12 (que comparte su capital con los diarios La Nación y Clarín, La Razón y El Día de La Plata, por ejemplo), el 9 de mayo de 2010 escribió:
“La mayoría de los autores que han señalado el antisemitismo del nacionalismo católico y del catolicismo integral lo analizan como un fenómeno argentino y omiten que ni GMZ, ni Octavio Pico ni Julio Meinvielle se apartaban del tradicional antijudaísmo católico que, con fundamentos teológicos, dominó todo el siglo XIX europeo y que en el siglo XX compartieron los papas Pío XI y Pío XII. Sólo acentuaban algunos aspectos con más énfasis que otros, tal como también hacía el Episcopado local. Uno de esos matices: En 1923 el Episcopado auspició la primera edición de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, el libelo antisemita inventado por la policía zarista en Rusia. Pero en 1935 aceptó los cuestionamientos a su autenticidad. Sin inmutarse, Hugo Wast comentó: “Serán falsos, pero se cumplen maravillosamente”.”

¿RAZA O RELIGIÓN?
Aquí vemos asociados a Martínez Zuviría, Octavio Pico y Julio Meinvielle en la misma línea de los Papas Pío XI y Pío XII… incluso este último Papa referido con causa de canonización abierta. Verbitsky llama “antijudaísmo” a salvar la vida de miles de judíos y a la proclama de Encíclicas que condenaron el nazismo antes que cualquier organización judía osara hacerlo en su tiempo.
En vez de ser agradecidos, arrojan piedras hoy hasta a quienes felicitaron personajes como Golda Mayer en tu tiempo.
¿Existe un “antisemitismo teológico”? Si los judíos alemanes no son semitas, sino descendientes de eslavos en general, y si la religión no se transmite genéticamente… ¿de qué antisemitismo teológico habla Verbitsky? ¿Qué tribunal teológico juzgará esta cuestión?
Yo me pregunto si Horacio Verbitsky antes de publicar sus notas, le pregunta al Rabino Samuel Levin de Argentina qué es lo que piensa de todas las cosas que promociona y "vende" en sus artículos, incluyendo la cultura bosta de la "merda d'artista" que difunde... Y no lo hace porque obtendría más de una censura.

SENTIDO DE LA VIDA
La Iglesia Católica transmite la Tradición desde el mismo Jesucristo.
Pero supongamos que hay una persona que ama el oro, tiene todas sus expectativas puestas en las riquezas, y llega el último día de su vida y acaba con su último aliento abrazado a un lingote… ¿acaso es ese el sentido de la vida? ¿Acaso será la lujuria al grado de avalar y promover lo antinatural, como lo expone la Escuela de Frankfurt?
Desde la Iglesia Católica, los católicos tenemos el mandato de amar al prójimo, y no se amaría al prójimo si no se le señalara el Camino que es Jesucristo mismo. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y crea, y el hecho de que una persona viva en pecado mortal es grave porque de morir en tal condición irá al infierno, por rechazar a Dios.
  
¡VIVA CRISTO REY!
Los católicos nos preocupamos por la denominada “cuestión social”, pero sea cual sea el sistema que oprima a los católicos, siempre estará en algún lado Cristo presente en la Eucaristía hasta el Fin de los Tiempos. La ambición de la avaricia para nosotros no es el centro de la vida, y la lujuria del desenfrenado sexual mucho menos, ya que ambos son vicios. Sin embargo, el católico tiene sus deberes y obligaciones, así como sus propios derechos, en el marco de la justicia social y del trabajo.
¿Hay una persona que quiere ser (o considerarse) dueño del mundo, y decir que él es “dios” y que todo el mundo lo adore como tal? Allá él. Un pobre infeliz… que acabará igual o peor que el referido que acaba sus días abrazado al lingote de oro. ¿De qué le servirá, si pierde su alma y la condena al infierno de donde jamás podrá salir? Ser dueño del mundo es una condición imaginaria, porque ningún Presidente o “Rey” es dueño de todo, incluso de los pensamientos de sus súbditos.
Los católicos sólo reconocemos como Rey Universal y Señor de la Historia a Jesucristo. A El, que es La Verdad, nos debemos. En El procuramos vivir, pues de ese modo no hay muerte.
   

lunes, 28 de marzo de 2011

ACERCA DE LA APLICACIÓN DE LA ENCÍCLICA QUADRAGESIMO ANNO

Pio XI

Por Emilio Nazar Kasbo

Algunos preguntan ¿qué dice la Iglesia sobre la situación social? Pero la Iglesia ya se pronunció en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)… Pero hay algo precisamente de la DSI que NO SE CUMPLE y que nos lleva al fracaso en toda acción de "emparchamiento" de lo que no anda bien.

¡Cómo! Van a decir algunos "¿de qué vas a acusar ahora?"

¿Yo? De nada. Simplemente, que hay que cambiar el enfoque, y ver cuál es el punto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia para LOS LAICOS.

Y el "secreto" de lo que digo, está en la Encíclica Quadragesimo Anno. Hay una frase ahí que EXIGE el cambio en los corazones de las personas para que todo "funcione", ya que si el corazón no cambia no habrá soluciones. Lamentablemente, el "cambio en los corazones" se está dando PARA MAL.

Resulta que pareciera que la Iglesia predica el "amor libre", pero eso sí: no al aborto, y con eso ya se cumplió todo lo necesario para acceder al Cielo y la Visión Beatífica... ¿familia? ¿un papá y una mamá? ¿responsabilidad? ¿castidad? ¿virginidad? No, eso no hace falta...

¿Dónde está escrito que violando uno a uno los Mandamientos la gente se va a salvar por la Misericordia de Dios? Porque… "Dios es tan bueno que no condena ni castiga a nadie, le podés ofender de millones de modos y millones de veces que no importa", según las nuevas ideas que andan rondando por ahí, pretendiendo que están “evangelizando”, mientras dan el beso de Judas.

Hay una falsa imagen de Dios, y hay una deformación de la relación entre el católico y los bienes materiales surgida desde la Baja Edad Media, donde las deudas impulsaron a muchos hacia la avaricia, que derivó en el espíritu de lucro, y que acabó con los Gremios.

¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Tienen que ver en el cambio de corazón y en la Encíclica Quadragesimo Anno.

LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS EN ESA ENCÍCLICA: QUE NOS ORGANICEMOS COMO LAICOS CATÓLICOS EN FUNCIÓN DE LAS ACTIVIDADES LABORALES Y DEL PUESTO QUE CADA UNO DE NOSOTROS TENEMOS EN LA SOCIEDAD, LA IGLESIA EXIGE QUE TENGAN UN PAPEL PROTAGÓNICO AQUELLOS MIEMBROS DE LA "ACCIÓN CATÓLICA", QUE EN AQUÉL ENTONCES ESTABAN BIEN FORMADOS

Repito: LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS ¿Se entiende?

Y les voy a decir por qué no sucede y no sucederá hasta que "cambien el corazón": porque el "corazón" está en la cuenta bancaria y en el billete, que no es otra cosa que la actual ADORACIÓN DEL BECERRO DE ORO.

Hasta que no se logre el desapego ignaciano y franciscano de los bienes de este mundo por parte de los laicos no se va a lograr esa organización (algo que CONTRADICE el "mandato" de que los católicos deben ser cada vez más MUNDANOS y vivir "en una fiesta" día y noche hasta reventar en el cajón fúnebre, y pretender que con eso se ha vivido una vida de "santidad" porque se ha logrado la "libertad" sin austeridad, sin abstinencia, sin ayunos, sin exigencias, viviendo de modo muy "profundo lo que sólo es carnalidad del ser humano).

El sistema bajo el cual LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS, implica poner los mismos bienes propios en una función social, respetando la propiedad privada, pero dando asistencia organizada a quien lo necesita. Pero… si yo le digo a Menganito que tiene la misma actividad que Perenganito que se asocien y compren en conjunto sus insumos, reduciendo costos y obteniendo mejores precios, siendo ambos católicos, ambos se van a oponer porque se ven entre sí como una COMPETENCIA que evita un mayor lucro propio, a pesar de que les vaya mal en su actividad y que se podrían hacer mejor.

Hay un apego a las actividades que se desarrollan MAL, pero por sí mismos, en esta sociedad. Entonces la "libertad" (de no asociarse) contrasta con el perjuicio propio de no poder acceder a mejores condiciones empresarias y laborales. El liberalismo ES PECADO, ES UN MAL, y hasta los más "líderes" padecen de él, de ese apego, de esa ansia de acumulación imitando al "rico necio" de la parábola que decía que ya no iba a trabajar más por la cantidad de grano que tenía en su granero... pero que esa noche Dios lo iba a llamar. Pero la Encíclica referida informa que las organizaciones socialistas deben ser reprimidas (sí, reprimidas porque donde no hay caos su misión es sembrarlo, ya que funcionan de modo destructivo por la “lucha de clases” que es intrínsecamente perversa).

La Encíclica QUADRAGESIMO ANNO INDICA HACIA DÓNDE DEBEMOS DIRIGIRNOS. Buscamos un catolicismo integral o un catolicismo "a la carta", buscamos el Orden Social Justo o nos hundiremos en "libertad" y en soledad.

IMPLICA NO MIRAR HACIA AFUERA. IMPLICA MIRAR HACIA ADENTRO, Y VER LAS FALLAS.

¿Quién sabe cuántas décadas tiene la Encíclica Quadragesimo Anno? ¿Quién sabe hace cuánto no se aplica en el mundo el régimen que ahí se propone? Ese régimen ayudará a ordenar la sociedad.

Este sistema no afecta a nadie, y puede ser implementado bajo el régimen que fuese, ya que se basa en el derecho natural de libre asociación, que puede ser restringido mas nunca eliminado en su totalidad, debido a la naturaleza gregaria del ser humano.

PERO LA SOCIEDAD NO SE VA A ORDENAR SI PRIMERO NO NOS ORDENAMOS PRIMERO LOS CATÓLICOS DANDO EL EJEMPLO. No cabe duda alguna de los beneficios de ese sistema, que además traerá progreso a quienes lo integren, y al que muchos adherirán e incluso se convertirán desde la contemplación de cómo progresan quienes lo aplican.

Ser provida está bien, organizar la sociedad teniendo a Cristo como Rey, es lo que se debe hacer. Lo provida está abarcado ahí.
La AVARICIA está tan dentro de este sistema que nos rige, que nadie renuncia a un centavo, nadie se mueve "gratis", ni los movilizados a actos politiqueros... y algunos ni siquiera predican "gratis".

Un día hice un favor a alguien que pensé que era amigo, y me respondió que me equivocaba haciéndole una labor gratuitamente, y que él incluso a su madre le cobraría hasta el último centavo. No diré quién fue la persona que dijo eso, pero ese es es el espíritu que mejor refleja lo que digo.

Pero ¿a quién digo todo esto? Nada de lo que afirmo es ignorado, muchas décadas han pasado, y todos MIRAN HACIA OTRO LADO... hacia su cuenta bancaria y su bolsillo: ESO NO SE TOCA, PORQUE ES "JUSTICIA", PORQUE “ES MIIIIOOOO”.

¿Organizarse?

No: estamos bien así, haciendo un acto esporádico y aguardando que un día una sociedad paganizada nos venga a ejecutar, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, casa por casa, por católicos.

¿Exagerado? No, esa historia me la transmitieron mis abuelos... y a quien tenga dudas, que pregunte del tema que con todo gusto le responderé.

martes, 14 de diciembre de 2010

EL NAZISMO FUE CONDENADO POR EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA EN SUS ERRORES EN 1937

Rabino David G Dalin-El mito del Papa de Hitler-Como Pio XII salvo a los judios de los nazis

Por Emilio Nazar Kasbo

En el año 2007 se cumplieron 70 años de la Encíclica de Pío XI que condenó los errores del nazismo, el 21 de marzo de 1937, cuando aun faltaban dos años para que se iniciara la Segunda Guerra Mundial, y cuando ninguna voz se animaba a alzarse en contra del régimen. La Iglesia Católica fue la primera en condenar las acciones de un régimen que además de endiosar la raza era naturalista, positivista y promovía conductas paganas y antihumanas (como por ejemplo la eugenesia).

Ningún católico puede compartir los errores condenados en esa Encíclica sin caer en herejía, sin quedar fuera de la Iglesia Católica. Por su parte, los Papas han ayudado a numerosos judíos a salvar su vida e incluso su patrimonio, motivo por el cual han sido muy numerosos también los reconocimientos de aquél entonces a la Iglesia, y tal es el caso de Eugenio Soli, sólo por nombrar a una persona paradigmática.

El genocidio ocasionado por los nazis no fue solamente contra los judíos como popularmente se cree, ni han sido seis millones. El Genocidio ocasionado por los nazis no se debe ni minimizar ni exagerar: se debe decir la verdad simplemente. No fue ni el primer Genocidio, ni el único, ni en el cual mayor cantidad de personas murieron, ni el primer Genocidio del Siglo XX, ni el primer Genocidio científico, ni tampoco el más sanguinario. Fue un genocidio que además fue condenado por la Iglesia Católica.

Hoy muchos gobernantes avalados por periodistas de baja estofa están cometiendo un Genocidio mediante la promoción de sistemas abortivos que asesinan a bebés concebidos, a la vez que promueven un sistema de vida antinatural en base a un inexistente “sexo seguro”. Muchos de los que afirman defender los Derechos Humanos, en realidad son los principales violadores de la dignidad de la persona humana.

Quienes sostenemos el Derecho Natural y la Doctrina Social de la Iglesia, defendemos la vida desde la concepción en el seno materno hasta su muerte natural, condenamos todo tipo de torturas y acciones aberrantes contrarias a la dignidad de la persona humana, y defendemos la libertad de culto de los católicos de profesar la Fe de manera pública y privada.

A continuación, se transcribe un artículo publicado por Zenit a los setenta años de la Encíclica contra el nazismo:

Setenta años de la encíclica contra el nazismo

«Mit Brennender Sorge» de Pio XI, un llamamiento profético

4 abril 2007 (ZENIT.org)


 

Ver también: Pio XII

El 21 de marzo de 1937, Domingo de Ramos, en todas las iglesias de Alemania se leyó la encíclica del Papa Pío XI «Mit Brennender Sorge» (Con ardiente preocupación). Es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político

A la distancia de setenta años, aquella encíclica confirma todo lo que la Santa Sede pensaba sobre la naturaleza y peligros del nazismo. Es también profético el pasaje en el que explica que la separación de la fe y la moral lleva a la decadencia y la guerra.
Para profundizar la historia, naturaleza y enseñanzas que se sacan de la «Mit Brennender Sorge», Zenit ha entrevistado al jesuita Peter Gumpel, cuyo conocimiento histórico de las relaciones entre Alemania y la Santa Sede es decisiva.

El padre Gumpel ha explicado a Zenit que, tras la Primera Guerra Mundial, la Santa Sede realizó esfuerzos para realizar un concordato con Alemania, pero todos los intentos fracasaron. Hubo concordatos con algunos estados alemanes como Baviera, Prusia y Baden pero no con Alemania como tal.

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler tomó el poder, y ya en abril ofreció por iniciativa suya un Concordato a la Santa sede, cuyas cláusulas eran muy favorables a la Iglesia.

En Roma, la Santa Sede no creía ni se fiaba de Hitler, pero se encontraba en la difícil situación de no poder rechazar, porque se trataba de un Concordato muy favorable.

Por tanto, la Santa Sede, aún no fiándose para nada de Hitler, firmó el Concordato. En la Curia romana sin embargo todos sabían que Hitler no observaría ni respetaría el concordato. A pocas semanas de la conclusión del concordato, el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, secretario de Estado, a la pregunta del diplomático británico: «¿Respetará Hitler el concordato?», respondió: «Absolutamente no, podemos sólo esperar que no viole todas las cláusulas a la vez».

Y en efecto, inmediatamente después de la firma, empezó la persecución de los católicos. Para defender a los católicos, la Santa Sede envió al Gobierno más de 50 protestas (cuyos textos se encuentran en el libro «Der Notenwechsel Zwischen Dem hailigen Stuhl Und Der Deitchen Reichsregierung» («El intercambio de notas diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno del Reichstag – de la Ratificación de Concordato del Reich hasta la encíclica “Mit Brennender Sorge”»). (Matthias- Grunewald- Verlag – Mainz 1965).

A pesar de las protestas oficiales de la Santa Sede, los atropellos nazis se hicieron cada vez más incesantes en la educación, en la prensa, con la prisión de sacerdotes, etc., hasta el punto de que en 1936 la Conferencia Episcopal Alemana pidió una intervención pública.

Se esperaba a los obispos alemanes para la visita ‘ad limina’ en 1938, pero la fecha fue anticipada un año y fueron convocados a Roma en 1937. En aquella ocasión, todos los prelados estaban de acuerdo en pedir que la Santa Sede publicara un documento público de condena del nazismo.

El padre Gumpel ha revelado a Zenit que «el cardenal de Munich, Michael von Faulhaber escribió con todo secreto el texto de la encíclica, lo escribió todo a mano para no dictarlo a nadie y mantener el secreto».

«A este texto, que sirvió de base para la encíclica, se añadieron las intervenciones del secretario de Estado, Eugenio Pacelli, y durante siete semanas se preparó un texto con pasajes todavía más fuertes y explícitos de los indicados por Von Faulhaber» añadió el sacerdote jesuita.

El texto definitivo de la encíclica fue firmado por el Papa Pío XI el 14 de marzo de 1937. Mediante valija diplomática, algunos ejemplares impresos fueron enviados al nuncio en Berlín, quien a su vez los pasó al obispo de Berlín y desde allí correos secretos los entregaron a todos los obispos alemanes.

Sin saberlo la Gestapo, el texto fue impreso en doce imprentas. Muchos obispos hicieron imprimir algunos centenares de miles de ejemplares

Con todo secreto, los textos fueron distribuidos a todos los párrocos, a los capellanes, a los conventos y la encíclica fue leída en todas las iglesias alemanas el día 21 de marzo de 1937.

«Yo tenía 14 años y estaba en la catedral de Berlín cuando en la homilía fue leído el texto de la encíclica --recuerda el padre Gumpel a Zenit como si fuera hoy--. La iglesia estaba repleta y la reacción general fue de convencida aprobación».

El lenguaje era claro y explícito. Hitler estaba engañando a los alemanes y a la comunidad internacional. La encíclica afirmaba que el jefe nazi era pérfido, no fiable, peligroso, alguien que quería sustituir a Dios.

Relata el padre jesuita que «la reacción de los católicos fue entusiasta», mientras que «la reacción de Hitler fue furibunda». Se cuenta que Hitler durante tres días estaba tan fuera de sí que no quiso ver ni recibir a nadie.

La Gestapo fue informada el sábado por la tarde por un empleado de una imprenta que la encíclica había sido impresa, pero ya era demasiado tarde detener parar el asunto, y no se atrevieron a entrar en las iglesias porque esto habría suscitado una revuelta.

Aunque el domingo por la mañana ante las iglesias había guardias de la Gestapo, para ver si la gente tenía un texto impreso en la mano, y si alguien era sorprendido en posesión de un texto impreso era denunciado y arrestado. Las doce imprentas fueron confiscadas sin ningún reembolso y algunas personas acabaron en prisión

La comunidad internacional reaccionó de manera entusiasta. Las comunidades judías estaban contentísimas porque aquella encíclica era la más dura condena del racismo. Todos los periódicos judíos del mundo manifestaron entusiasmo por todo lo que había hecho la Santa Sede.

«Sin embargo --recuerda Gumpel con amargura--, en 1938, a pesar de que el pontífice había declarado que Hitler no era de fiar, en la conferencia de Munich, Inglaterra, Francia e Italia hicieron un acuerdo con el régimen nazi».

¿Cuáles son las partes más significativas de la encíclica?, ha preguntado Zenit al padre Gumpel. Responde que «se trata de un documento cuyo valor va más allá de la contingencia histórica, hay partes que asumen un significado profético y de gran actualidad».

«La Mit Brennendere Sorge --añade-- tiene un valor no sólo simbólico, está basada en principios de la ley natural y de la fe, es profética también para la situación de hoy y tiene un valor permanente. Si uno no se atiene a la ley natural, ni a la fe, cae en la decadencia y la historia ha probado ampliamente que esto crea disturbios continuos en el orden internacional».

En la primera parte de la encíclica se hace una historia del Concordato y se subrayan las continuas violaciones respecto a la Iglesia Católica y su fieles.

Hay una parte de la «Mit Brenneder Sorge» que denuncia el neopaganismo nazi. «Quien con indeterminación panteísta identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo y deificando el mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes».

La encíclica condena la concepción racial del nazismo, que «diviniza con culto idolátrico» la tierra y la sangre y «pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios»

El documento pontificio subraya «el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional y el intento de aprisionar en los límites de un solo pueblo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios creador del mundo ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de un cuenco de agua».

Es muy fuerte la denuncia de la encíclica respecto al intento de Hitler de erguirse como Dios de Alemania.

La encíclica recuerda a quien para defender la religión católica «está sufriendo violencia tan ilegal como inhumana», y habla claramente de «tentaciones satánicas para hacer salir de la iglesia a los fieles». Explicita también la condena de quien intenta construir «una iglesia alemana nacional».

El padre Gumpel subraya que «las fórmulas más duras contra el nazismo son de Pacelli y Hitler lo sabía».

De aquí la furia contra Eugenio Pacelli. Hitler consideraba a Pacelli su enemigo número uno y temía su poder moral.

Para terminar, Zenit ha preguntado al padre Gumpel: ¿Que piensa de las revelaciones publicadas por el diario italiano «La Repubblica» del 29 de marzo, según el cual los documentos de archivo de la antigua Alemania del Este sostienen que Pacelli era el peor enemigo de los nazis y que quien montó la campaña de calumnias contra Pío XII fue la Unión Soviética».

Gumpel responde que «estas revelaciones no añaden nada a lo que la Santa Sede sabe ya, pero es útil para quienes han pensado y escrito que Pacelli fue nada más y nada menos que el “papa de Hitler”. Ahora hay otros documentos que prueban cuántas falsedades se han dicho sobre Pío XII. Es evidente también la responsabilidad de los soviéticos en la campaña de calumnias contra el Papa Pacelli».

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miércoles, 12 de mayo de 2010

15 DE MAYO: DIA DE LOS DERECHOS SOCIALES

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Por José Gómez Cerda

El 15 de mayo es una fecha muy significativa para todos los trabajadores, en especial para los del sector agrícola, que en muchas partes del mundo celebran este día como la fiesta de los campesinos.  Para algunos es la celebración de SAN ISIDRO, patrono de Madrid, y de muchas regiones de América Latina.

Para otros, el 15 de mayo tiene un contenido más amplio: Es la conmemoración de las "ENCICLICAS SOCIALES".

Una encíclica es una carta circular que el Papa dirige a los Obispos, analizando problemas, señalando principios y normas morales para buscar soluciones a las cuestiones planteadas. Aunque existen muchas encíclicas, algunas son llamadas " sociales", porque enfocan cuestiones de tipos sociales¸ partiendo de los principios cristianos.

La primera encíclica social fue Rerum Novarum:

RERUM NOVARUM:  El 15 de mayo de 1891, el Papa LEÓN XIII publicó la encíclica RERUM NOVARUM (De las cosas nuevas), primer documento oficial del cristianismo sobre la cuestión social, donde se invita a todos los trabajadores cristianos a organizarse sindicalmente. Esta encíclica es un punto de partida para la Doctrina Social Cristiana.

En la encíclica Rerum Novarum, el Papa León XIII trató los siguientes temas: descripción del problema obrero, la solución propuesta por los socialistas, critica a esta solución desde el punto de vista obrero y desde el punto de vista del ser humano, naturaleza intelectual del hombre, el trabajo como título de propiedad, prioridad de la familia, realismo en el planteamiento del problema, acción de la iglesia, el pensamiento de la vida futura, doctrina social frente a los bienes temporales.

También: sobre el criterio de la dignidad del hombre, la comunidad de los hombres en la gracia, los deberes generales del Estado, preferencia a los trabajadores, la determinación de los salarios, el ejemplo de los cristianos, la extensión del derecho de asociación, las asociaciones obreras cristianas y una exhortación final, invitando a los trabajadores cristianos a crear sindicatos con principios y valores cristianos.

QUADRAGESIMO ANNO:  El 15 de mayo de 1931 el Papa PIO XI publicó la encíclica " Cuadragésimo Anno", para conmemorar los primeros cuarenta años de la encíclica Rerum Novarum. Aquí se enfoca la labor del Estado, las asociaciones obreras, la doctrina económica y social, el capital y el trabajo, la redención del proletariado, la propiedad familiar, el salario justo, el carácter individual y social del trabajo, la necesidad del Bien Común, restauración del orden social.

MADRE Y MAESTRA:  El 15 de mayo de 1961, el Papa JUAN XXIII, publicó su famosa encíclica " MADRE Y MAESTRA", para conmemorar los 7O años de Rerum Novarum¸ dedicada a los CAMPESINOS, los hombres del campo, que se unen a la naturaleza para producir la alimentación y materias primas para la humanidad.

"Indudablemente que son muchos los campesinos que abandonan el campo para dirigirse a poblaciones mayores e incluso centros urbanos. Este éxodo rural, por verificarse en casi todos los países y adquirir a veces proporciones multitudinarias, crea problemas de difícil solución por lo que toda al nivel de vida digno de los ciudadanos"

El hombre que trabaja la tierra no solo necesita de ella, sino de otras ayudas para poder soportar las inclemencias del tiempo, mantener la paciencia para sembrar, desyerbar, abonar, esperar el crecimiento y el desarrollo de las flores y los frutos, además de poder colocar y vender sus productos.

"En primer lugar es necesario que todos y de modo especial las autoridades públicas, procuren con eficacia que en el campo se adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios públicos más fundamentales; como por ejemplo; caminos, transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia médica y farmacéutica, enseñanza elemental, enseñanza técnica y profesional, condiciones idóneas para la vida religiosa y para un sano esparcimiento y, finalmente, todo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los programas de la época moderna".

JUAN XXIII expuso sobre el desarrollo gradual y armónico de todo el sistema económico, la necesidad de una adecuada política económica agraria, que implica una imposición fiscal, capitales a bajos intereses , seguros sociales y seguridad social para los campesinos, tutela de los precios y como completar los ingresos de la familia agraria y la reforma de la empresa agrícola.

"MADRE Y MAESTRA", plantea claramente que los agricultores deben ser LOS PROTAGONISTAS de su elevación económica y social.

"Los autores principales del desarrollo económico, de la elevación cultural y del progreso social del campo deben ser los mismos interesados, es decir, los propios agricultores. Estos deben poseer una conciencia clara y profunda de la nobleza de sus profesiones. Trabajan, en efecto, en el templo majestuoso de la Creación, y realizan su labor, generalmente entre arboles y animales, cuya vida inagotable en su capacidad expresiva e inflexible en sus leyes, es rica en recuerdos del DIOS creador y providente…"

OCTAGESIMA ADVENIENS:  El 15 de mayo de 1971 el Papa Pablo VI redactó una Carta apostólica titulada " OCTAGESIMA ADVENIENS", en ocasión del 80 aniversario de Rerum Novarum.

Aunque este documento no es una encíclica, sino una carta dirigida al Cardenal Roy, Presidente del Consejo para los Seglares y de la Comisión Pontificia de "JUSTICIA Y PAZ", su contenido puede establecerse dentro de la Doctrina Social.

Pablo VI inicia haciendo un llamamiento universal a una mayor justicia, la diversidad de las situaciones de los cristianos en el mundo, el mensaje específico de la Iglesia, los nuevos problemas sociales como son la urbanización, los cristianos en la ciudad, los jóvenes y mujeres, los trabajadores, la emigración y la creación de nuevos puestos de trabajo. También sobre las aspiraciones fundamentales y las corrientes ideológicas, los cristianos ante los nuevos problemas, y termina haciendo un llamado a la acción.

EL TRABAJO HUMANO ( LABOREM EXCERCENS):  El 15 de mayo de 1981 el Papa Juan Pablo II debió dar a conocer una encíclica para conmemorar el 90 aniversario de Rerum Novarum, pero él sufrió un atentado el 13 de mayo, cuando se dirigía a la Plaza de San Pedro, lo que impidió que se diera a conocer este documento el 15 de mayo, como él lo había previsto. Fue en el mes de septiembre, ya restablecido cuando se conoció la encíclica Laborem Excercens ( El trabajo Humano).

La encíclica El Trabajo Humano se dedica a la realidad del mundo del trabajo, el sindicalismo, la emigración, siendo una de las encíclicas de mayor actualidad sobre la cuestión social.

CENTESIMUS ANNUS:  En 1991 se publicó la encíclica CENTESIMUS ANNUS, para conmemorar los 100 años de Rerum Novarum. Esta encíclica enfoca los cambios ocurridos con el desastre del sistema comunista.

El 15 de mayo no solo debemos recordar las encíclicas sociales, sino rendir reverencia a los campesinos, de todo el mundo y todas las regiones, que hacen posible nuestros alimentos, aquellos que están en los surcos labrando la tierra para que sea fértil y nos sirva a todos.

Ojalá que la sociedad actual pueda hacer una mejor distribución de la tierra, realizar una verdadera Reforma Agraria, darle los servicios que necesitan los campesinos, especialmente en el tercer mundo, para que la tierra ser verdaderamente para el hombre y la mujer que la trabaja.

Santo Domingo, Mayo 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

DESMITIFICANDO: HITLER SALIENDO DE MISA


En la foto: Hitler en Misa y otras supuestas pruebas de complicidad de la Iglesia con el nazismo



ACUSACIÓN: Los líderes católicos sembraron el odio contra los judíos.- El holocausto judío no comenzó cuando Adolfo Hitler envió a las cámaras de gases a millones de judíos, sino cuando los líderes cristianos sembraron las semillas de odio en contra del pueblo judío: durante siglos la Iglesia los llamaba «pérfidos». Un general alemán, interrogado durante el Juicio de Nuremberg acerca de cómo un país tan adelantado como Alemania fue capaz de exterminar a seis millones de judíos, contestó: «Hace muchos años y siglos se ha predicado que los judíos no eran humanos, mentira que nosotros creímos y aceptamos en nuestro corazón. El resultado de una mentira propagada por tantos siglos se acabó aceptando como una verdad. El resultado fue inevitable» (Las raíces del cristianismo antisemita, Freedom Library Press, New York, pág. 3).

RESPUESTA: Hasta 1959, en la Misa tridentina se rezaba el Viernes Santo «por los pérfidos judíos», pidiendo su conversión. Con el tiempo la gente comenzó a interpretar la palabra «pérfido» sólo en el sentido peyorativo que asumió en las lenguas vernáculas, es decir, como «traidor», «malvado», «desleal». Sin embargo, en latín —idioma en que se escribió la oración— la palabra «pérfido» procede de per y fides, es decir, significa el que persiste o permanece en su fe. Así, resultaba perfectamente bien aplicada a la situación de los judíos, que rechazaron las enseñanzas de Cristo decidiendo conservar la religión de sus antepasados a pesar de ser solo «sombras» de la Revelación total y definitiva.

Por cierto, el 6 de septiembre de 1938, año anterior al estallamiento de la segunda guerra mundial, Pío XI pronunció este discurso que dio rápidamente la vuelta al mundo: «Resaltemos que en la Santa Misa Abraham es nuestro Padre y nuestro Patriarca. El antisemitismo es incompatible con el elevado pensamiento que ese hecho expresa. Es un movimiento con el que los cristianos no pueden tener nada que ver. No, no, os digo que es imposible para un cristiano tomar parte en el antisemitismo. Es inadmisible. A través de Cristo y en Cristo somos la progenie espiritual de Abraham. Espiritualmente, todos somos semitas».

ACUSACIÓN: Hitler era católico, y tuvo todo el apoyo de la Iglesia.- Adolfo Hitler era católico; hasta hay una foto en el que se le ve saliendo de Misa. Además le dijo a un amigo cuando eran jóvenes que su deseo más ardiente era haber podido ser un sacerdote católico. Después que escribió su libro Mi lucha, dio este testimonio público: «Yo soy ahora tan católico como lo he sido siempre». Cuando firmó el convenio entre el Tercer Reich y la Iglesia católica, afirmó: «Yo sólo estoy continuando la obra de la Iglesia católica romana». Además, citaba frecuentemente la Biblia para basar sus ataques contra los judíos. Hasta el día de hoy muchos judíos consideran a Adolfo Hitler como «cristiano» porque el Papa «le dio su total apoyo».

RESPUESTA.- Las personas que piensan que Hitler era católico solamente por una foto, entonces estarían diciendo que Juan Pablo II se volvió musulmán porque hay fotos que demuestran que entró a una mezquita; o que Benedicto XVI se volvió de religión judía porque las fotografías prueban que entró a una sinagoga. Aunque Hitler haya sido bautizado, y aunque en su cartilla del servicio militar diga que fue católico, dicha condición religiosa no es perenne ni se da por sólo decirlo; cualquier bautizado puede abandonar el cristianismo. Para ser católico se necesita aceptar todos y cada uno de los dogmas de la fe cristiana. Hitler, a través de su discursos, programas y obras, fue dejando claro que rechazaba a Jesucristo y sus preceptos. Habrá seguido asistiendo a veces a Misa —como sucede con miles de paganos y de «católicos de nombre» que entran al templo en bodas, quince años, bautizos, funerales, etc., aunque rechazan las enseñanzas de la Iglesia—, pero estaba muy, muy lejos de ser católico. En cuanto al uso que haya hecho de la Biblia para asesinar, Hitler simplemente habrá emulado a Satanás, que quiso tentar a Cristo usando citas de las Sagradas Escrituras. En cuanto a judíos que puedan estar creyendo que Hitler era cristiano, debe tratarse de casos de personas sumamente incultas, que no tienen idea alguna de lo que significa el cristianismo.

ACUSACIÓN: El Vaticano estaba tan ansioso de obtener el favor del Tercer Reich que constantemente le daba su bendición públicamente. El Vaticano y Hitler firmaron el 20 de julio de 1933 un acuerdo de apoyo. Cuando Hitler invadió Austria, el cardenal Innitzer le recibió y saludó personalmente con la señal de la cruz, y le aseguró el apoyo total de Roma diciéndole que «todos los católicos debían ser considerados los hijos verdaderos del Tercer Reich».

RESPUESTA: No sólo el Vaticano —durante el pontificado de Pío XI— sino media Europa firmó tratados con Alemania en 1933. ¿Por qué? Porque en 1933 ni el Vaticano ni ninguna nación sabía lo que Hitler tenía en mente. El acuerdo firmado por la Santa Sede y el gobierno alemán aseguraba para los años siguientes el derecho de la Iglesia a realizar sus funciones evangelizadoras en Alemania. El Concordato garantizaba también que si Alemania rehiciera su ejército, los soldados tendrían acceso a capellanes; pero esto no significa que la Iglesia aprobara o promoviera el rearme, sino que lo firmó buscando acercar la conversión y los sacramentos a todos en todas las circunstancias posibles.

Con el paso de los años se fueron descubriendo las verdaderas intenciones de Hitler, y la Iglesia se fue pronunciando en contra de ellas. Pío XI publicó el 14 de marzo de 1937 la encíclica Mit brennender Sorge («Con ardiente preocupación»), cuando Eugenio Pacelli —futuro Pío XII— era su secretario de Estado. El documento condenaba no sólo la persecución de la Iglesia en Alemania sino también el neopaganismo de las teorías raciales nazis.

Mit brennender Sorge disgustó tanto a los nazis que un memorándum interno del gobierno, fechado el 23 de marzo de 1937, calificó a la encíclica de «casi una declaración de guerra contra el gobierno del Reich».

Por otra parte, los clérigos católicos fueron de los primeros en Alemania en reconocer la amenaza que suponían los nazis. En 1930, los obispos de Berlín y Westfalia condenaron a los nazis en cartas pastorales. En la primavera de 1931, los obispos bávaros condenaron igualmente al nacionalsocialismo y lo describieron como incompatible con el cristianismo. Declaraciones semejantes fueron hechas por los obispos de Colonia, Paderborn y el alto Rin. A raíz de esto, el 28 de octubre de 1935 el Ministerio de Propaganda nazi impuso la censura previa a todas las publicaciones periódicas de la Iglesia, y el 30 de noviembre de 1935 la medida se extendió a todo el material gráfico o escrito que fuera a ser distribuido. Por eso, después de 1937 los obispos alemanes abandonaron sus infructuosos intentos de imprimir sus pastorales y se limitaron a leerlas desde los púlpitos, pero a veces eran confiscadas antes de llegar al templo.

Como Hitler era austríaco de nacimiento, llegó a Viena y se entrevistó con el cardenal Innitzer, del que logró con engaño una desafortunada declaración del episcopado austríaco en que se ensalzaba el nacionalsocialismo alemán. En seguida vio lnnitzer que había cometido un grave error, y añadió una nota aclaratoria. Como era de suponer, la propaganda nazi aireó la declaración, pero omitiendo toda referencia a esa nota aclaratoria. Innitzer fue llamado a Roma y a los pocos días publicó una rectificación mucho más contundente. Sólo después fue recibido por Pío XI, pues hasta entonces no había querido hacerlo. La respuesta nazi fue ignorar la rectificación, suprimir las organizaciones juveniles católicas, la enseñanza de la religión y hasta la Facultad de Teología de lnnsbruck. El palacio arzobispal de lnnitzer fue asaltado y arrasado por las juventudes hitlerianas.

Hay muchas fotos en que aparece Hitler con obispos, presbíteros y monjas católicos, y que se usan para «demostrar» el contubernio entre la Iglesia y el nazismo. Intencionalmente se omiten las fechas, pues fueron tomadas años antes de que el dictador hiciera públicas sus más bajas intenciones. Aun así, seguramente hubo miembros de la Iglesia —clero y feligreses— que finalmente renunciaron a Jesucristo y se pronunciaron a favor del Fürher, pero justamente en ese momento dejaron de ser Iglesia.

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Para Hitler, propagador del paganismo, la Iglesia era su enemiga, y por eso tenía planes de asesinar a Pío XII

En la década de 1920 Hitler dijo a Ludendorff, alto oficial del ejército alemán, que tenía que disimular su odio al catolicismo porque necesitaba el voto de los católicos bávaros tanto como el de los protestantes prusianos: «El resto puede llegar más tarde».

Y tenía razón, pues, cuando la hora llegó, «los ataques públicos de los nazis contra el cristianismo producían mucha insatisfacción en el pueblo alemán, y especialmente en las zonas católicas. Los intentos locales de los funcionarios nazis de restringir las prácticas religiosas y eliminar los crucifijos de las escuelas ocasionaron tal indignación, tales tumultos y unas protestas tan furiosas que los funcionarios, en general, revocaron sus órdenes» (Los Verdugos Voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto, Daniel Jonah Goldhagen [historiador judío-esatadounidense], Taurus, Madrid 1998).

El testimonio de un ex—nazi

Hermann Rauschning (1887-1982) fue un terrateniente alemán nacido en Thorn /(hoy Polonia) que ingresó al partido nazi en 1931y fue designado presidente del Senado de Danzig. Durante este período estableció directas relaciones con buena parte de la dirigencia nazi, reuniéndose en varias ocasiones con el propio Hitler. Habiéndose arrepentido del nazismo tras conocerlo por dentro, renunció al partido en noviembre de 1934 y se exilió en Estados Unidos. En 1939 escribió un libro titulado Hitler me dijo, que, según su autor, recoge el contenido de diversas reuniones y conversaciones que el líder nazi mantuvo con su círculo más cercano y de las que él mismo fue testigo y partícipe. Ahí, asegura, Hitler «expuso sin tapujos sus ideas verdaderas, ideas que siempre ocultó».

Escribe Rauschning: «A pesar de las muchas mentiras vertidas sobre la relación entre Hitler y la Iglesia católica, ésta constituyó siempre un dolor de cabeza para el Führer. Como todos los totalitarismos, Hitler intentó destruir a la Iglesia Católica empezando por la alemana». El autor recuerda cuando el dictador alemán comenzó a perseguir «a los sacerdotes católicos por tráfico de divisas o por atentado a las costumbres, a fin de presentarlos a los ojos de la masa cual criminales, quitándoles de antemano la palma del martirio y la gloria de la persecución».

Además, los historiadores han demostrado que Hitler trabajó por reinstaurar el paganismo primitivo. En Hitler me dijo, Rauschning pone estas palabras en boca de Hitler: «Nuestros campesinos no han olvidado sus creencias de otros tiempos; la vieja religión vive siempre… Durante la Semana Santa y en las exposiciones agrícolas ambulantes difundiré nuestro credo religioso por la imagen, y de un modo tan expresivo, que el campesino más obtuso comprenderá… El campesino debe saber lo que la Iglesia le ha hurtado: la intuición misteriosa y directa de la naturaleza, el contacto instintivo, la comunión con el espíritu de la tierra. Así es como debe aprender a odiar a la Iglesia. Debe aprender progresivamente de qué trucos se han valido los sacerdotes para robarles el alma a los alemanes. Rascaremos el barniz cristiano y volveremos a hallar la religión de nuestra raza». Hay que comenzar por la campiña, y no por las grandes ciudades… En las grandes ciudades no queda absolutamente nada. Allí donde todo ha muerto es imposible reanimar nada. Mas nuestros campesinos viven aún sobre un fondo de creencias paganas, y partiendo de ahí podremos evangelizar algún día a las multitudes de nuestras ciudades».

Hitler realizó muchas acciones contra la Iglesia, la mayoría de ellas de manera velada. Entre sus planes incluía la destrucción del Vaticano y, más aún, el asesinato de Pío XII. Datos sobre este objetivo fueron confesados por Karl Wolff, antiguo general de las SS.

El plan para eliminar al vicario de Cristo fue organizado después del 25 de julio de 1943 por el Reichssicherheitsamt (cuartel general para la seguridad del Reich) de Berlín.

De ello también da testimonio Niki Freytag von Loringhoven, residente en Munich, hijo de Wessel Freytag von Loringhoven, quien fuera coronel del Alto Comando Alemán de las Fuerzas Armadas. Revela que el 29 y 30 de julio de 1943 tuvo lugar en Venecia un encuentro secreto para informar al jefe de contraespionaje italiano, el general Cesare Amè, de la intención del Führer de castigar a los italianos con el secuestro o el asesinato de Pío XII y del rey de Italia; esto como represalia por haber por haber arrestado a Mussolini. Pero uno de los particpantes de la reunión, el jefe de contraespionaje italiano, general Cesare Amè, al regresar a Roma divulgó la noticia de los planes contra el Papa para bloquearlos.

El historiador Andrea Tornielli, en su libro Pío XII, el Papa de los judíos, revela otro plan hitleriano de arrasar «a sangre y fuego» el Vaticano y secuestrar y confinar al obispo de Roma y jefe de la Iglesia católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán. Esto ocurrió también en 1943, tras que el Führer se enfureciera por la firma del armisticio entre el gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre. Pero el plan no llegó a cumplirse gracias a que el general Karl Wolff, entonces comandante de las SS en Italia, logró disuadir a su superior.

Autor: Diana García Bayardo para Churchforum
Fuente: www.elobservadorenlinea.com
Cita de: Radio Cristiandad