Buenos Aires, 27 de marzo de 2013
INSTITUTO HUGO WAST
Los denominados “movimientos religiosos” que se dan en la actualidad, en los cuales algunos miembros de la jerarquía cifran neciamente sus esperanzas para el futuro de la Iglesia, son, en realidad, formas de modernismo popular, como que se fundan en una falsa “experiencia religiosa” en la que un sentimentalismo emocional e ilusorio suplanta a las virtudes teologales.
El grito general de la naturaleza; el consentimiento unánime de todos los pueblos, la facultad de pensar que nos distingue de los brutos y nos hace superiores a cuanto nos rodea; la creencia general de que la virtud tiene que ser recompensada y castigado el vicio (…) el vacío inmenso que dejan en el corazón humano las cosas de la tierra; la filosofía, la fe, el sentimiento íntimo, todo nos dice y asegura que nuestra alma es inmortal, que hay otra vida.Monseñor Ezequiel Moreno y Díaz
El modernismo procuró siempre esconderse, no aparecer, quedarse en la indeterminación para no ser condenado y poder transformar a la Iglesia ab intrínseco, desde dentro, llegando hasta la cumbre. San Pío X, sin embargo, sobre todo con la Pascendi, expone la doctrina modernista de una manera concisa y sistemática, con un dominio impresionante de la terminología y de la técnica de los adversarios (incluso de la oculta). El valor de esta encíclica lo reconocieron hasta filósofos inmanentistas como Giovanni Gentile, que la definió como “una exposición magistral y una crítica magnífica”.
“Mientras que las diferentes corrientes del pensamiento humano del pasado y del presente fueron y siguen siendo proclives a separar el teocentrismo y el antropocentrismo y aun en contraponerlos, la Iglesia, en cambio, procura casarlos de una manera orgánica y profunda. Éste es uno de los puntos fundamentales, acaso el más importante, del magisterio del pasado concilio”.
“De nada sirven las protestas de aceptación íntegra de la doctrina católica que profieren algunos modernistas, ya que el modernismo introdujo, con el “principio de la inmenencia vital”, un veneno corrosivo no sólo de la esencia de la fe y de sus verdades, sino también del valor objetivo de cualquier verdad absoluta, ya se trate de una verdad de hecho o de razón, y volvió al principio de Protágoras según el cual “el hombre es la medida de todas las cosas”.
Por Emilio Nazar Kasbo
Algunos preguntan ¿qué dice la Iglesia sobre la situación social? Pero la Iglesia ya se pronunció en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)… Pero hay algo precisamente de la DSI que NO SE CUMPLE y que nos lleva al fracaso en toda acción de "emparchamiento" de lo que no anda bien.
¡Cómo! Van a decir algunos "¿de qué vas a acusar ahora?"
¿Yo? De nada. Simplemente, que hay que cambiar el enfoque, y ver cuál es el punto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia para LOS LAICOS.
Y el "secreto" de lo que digo, está en la Encíclica Quadragesimo Anno. Hay una frase ahí que EXIGE el cambio en los corazones de las personas para que todo "funcione", ya que si el corazón no cambia no habrá soluciones. Lamentablemente, el "cambio en los corazones" se está dando PARA MAL.
Resulta que pareciera que la Iglesia predica el "amor libre", pero eso sí: no al aborto, y con eso ya se cumplió todo lo necesario para acceder al Cielo y la Visión Beatífica... ¿familia? ¿un papá y una mamá? ¿responsabilidad? ¿castidad? ¿virginidad? No, eso no hace falta...
¿Dónde está escrito que violando uno a uno los Mandamientos la gente se va a salvar por la Misericordia de Dios? Porque… "Dios es tan bueno que no condena ni castiga a nadie, le podés ofender de millones de modos y millones de veces que no importa", según las nuevas ideas que andan rondando por ahí, pretendiendo que están “evangelizando”, mientras dan el beso de Judas.
Hay una falsa imagen de Dios, y hay una deformación de la relación entre el católico y los bienes materiales surgida desde la Baja Edad Media, donde las deudas impulsaron a muchos hacia la avaricia, que derivó en el espíritu de lucro, y que acabó con los Gremios.
¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Tienen que ver en el cambio de corazón y en la Encíclica Quadragesimo Anno.
LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS EN ESA ENCÍCLICA: QUE NOS ORGANICEMOS COMO LAICOS CATÓLICOS EN FUNCIÓN DE LAS ACTIVIDADES LABORALES Y DEL PUESTO QUE CADA UNO DE NOSOTROS TENEMOS EN LA SOCIEDAD, LA IGLESIA EXIGE QUE TENGAN UN PAPEL PROTAGÓNICO AQUELLOS MIEMBROS DE LA "ACCIÓN CATÓLICA", QUE EN AQUÉL ENTONCES ESTABAN BIEN FORMADOS
Repito: LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS ¿Se entiende?
Y les voy a decir por qué no sucede y no sucederá hasta que "cambien el corazón": porque el "corazón" está en la cuenta bancaria y en el billete, que no es otra cosa que la actual ADORACIÓN DEL BECERRO DE ORO.
Hasta que no se logre el desapego ignaciano y franciscano de los bienes de este mundo por parte de los laicos no se va a lograr esa organización (algo que CONTRADICE el "mandato" de que los católicos deben ser cada vez más MUNDANOS y vivir "en una fiesta" día y noche hasta reventar en el cajón fúnebre, y pretender que con eso se ha vivido una vida de "santidad" porque se ha logrado la "libertad" sin austeridad, sin abstinencia, sin ayunos, sin exigencias, viviendo de modo muy "profundo lo que sólo es carnalidad del ser humano).
El sistema bajo el cual LA IGLESIA EXIGE QUE NOS ORGANICEMOS, implica poner los mismos bienes propios en una función social, respetando la propiedad privada, pero dando asistencia organizada a quien lo necesita. Pero… si yo le digo a Menganito que tiene la misma actividad que Perenganito que se asocien y compren en conjunto sus insumos, reduciendo costos y obteniendo mejores precios, siendo ambos católicos, ambos se van a oponer porque se ven entre sí como una COMPETENCIA que evita un mayor lucro propio, a pesar de que les vaya mal en su actividad y que se podrían hacer mejor.
Hay un apego a las actividades que se desarrollan MAL, pero por sí mismos, en esta sociedad. Entonces la "libertad" (de no asociarse) contrasta con el perjuicio propio de no poder acceder a mejores condiciones empresarias y laborales. El liberalismo ES PECADO, ES UN MAL, y hasta los más "líderes" padecen de él, de ese apego, de esa ansia de acumulación imitando al "rico necio" de la parábola que decía que ya no iba a trabajar más por la cantidad de grano que tenía en su granero... pero que esa noche Dios lo iba a llamar. Pero la Encíclica referida informa que las organizaciones socialistas deben ser reprimidas (sí, reprimidas porque donde no hay caos su misión es sembrarlo, ya que funcionan de modo destructivo por la “lucha de clases” que es intrínsecamente perversa).
La Encíclica QUADRAGESIMO ANNO INDICA HACIA DÓNDE DEBEMOS DIRIGIRNOS. Buscamos un catolicismo integral o un catolicismo "a la carta", buscamos el Orden Social Justo o nos hundiremos en "libertad" y en soledad.
IMPLICA NO MIRAR HACIA AFUERA. IMPLICA MIRAR HACIA ADENTRO, Y VER LAS FALLAS.
¿Quién sabe cuántas décadas tiene la Encíclica Quadragesimo Anno? ¿Quién sabe hace cuánto no se aplica en el mundo el régimen que ahí se propone? Ese régimen ayudará a ordenar la sociedad.
Este sistema no afecta a nadie, y puede ser implementado bajo el régimen que fuese, ya que se basa en el derecho natural de libre asociación, que puede ser restringido mas nunca eliminado en su totalidad, debido a la naturaleza gregaria del ser humano.
PERO LA SOCIEDAD NO SE VA A ORDENAR SI PRIMERO NO NOS ORDENAMOS PRIMERO LOS CATÓLICOS DANDO EL EJEMPLO. No cabe duda alguna de los beneficios de ese sistema, que además traerá progreso a quienes lo integren, y al que muchos adherirán e incluso se convertirán desde la contemplación de cómo progresan quienes lo aplican.
Ser provida está bien, organizar la sociedad teniendo a Cristo como Rey, es lo que se debe hacer. Lo provida está abarcado ahí.
La AVARICIA está tan dentro de este sistema que nos rige, que nadie renuncia a un centavo, nadie se mueve "gratis", ni los movilizados a actos politiqueros... y algunos ni siquiera predican "gratis".
Un día hice un favor a alguien que pensé que era amigo, y me respondió que me equivocaba haciéndole una labor gratuitamente, y que él incluso a su madre le cobraría hasta el último centavo. No diré quién fue la persona que dijo eso, pero ese es es el espíritu que mejor refleja lo que digo.
Pero ¿a quién digo todo esto? Nada de lo que afirmo es ignorado, muchas décadas han pasado, y todos MIRAN HACIA OTRO LADO... hacia su cuenta bancaria y su bolsillo: ESO NO SE TOCA, PORQUE ES "JUSTICIA", PORQUE “ES MIIIIOOOO”.
¿Organizarse?
No: estamos bien así, haciendo un acto esporádico y aguardando que un día una sociedad paganizada nos venga a ejecutar, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, casa por casa, por católicos.
¿Exagerado? No, esa historia me la transmitieron mis abuelos... y a quien tenga dudas, que pregunte del tema que con todo gusto le responderé.
Por Emilio Nazar Kasbo
En el año 2007 se cumplieron 70 años de la Encíclica de Pío XI que condenó los errores del nazismo, el 21 de marzo de 1937, cuando aun faltaban dos años para que se iniciara la Segunda Guerra Mundial, y cuando ninguna voz se animaba a alzarse en contra del régimen. La Iglesia Católica fue la primera en condenar las acciones de un régimen que además de endiosar la raza era naturalista, positivista y promovía conductas paganas y antihumanas (como por ejemplo la eugenesia).
Ningún católico puede compartir los errores condenados en esa Encíclica sin caer en herejía, sin quedar fuera de la Iglesia Católica. Por su parte, los Papas han ayudado a numerosos judíos a salvar su vida e incluso su patrimonio, motivo por el cual han sido muy numerosos también los reconocimientos de aquél entonces a la Iglesia, y tal es el caso de Eugenio Soli, sólo por nombrar a una persona paradigmática.
El genocidio ocasionado por los nazis no fue solamente contra los judíos como popularmente se cree, ni han sido seis millones. El Genocidio ocasionado por los nazis no se debe ni minimizar ni exagerar: se debe decir la verdad simplemente. No fue ni el primer Genocidio, ni el único, ni en el cual mayor cantidad de personas murieron, ni el primer Genocidio del Siglo XX, ni el primer Genocidio científico, ni tampoco el más sanguinario. Fue un genocidio que además fue condenado por la Iglesia Católica.
Hoy muchos gobernantes avalados por periodistas de baja estofa están cometiendo un Genocidio mediante la promoción de sistemas abortivos que asesinan a bebés concebidos, a la vez que promueven un sistema de vida antinatural en base a un inexistente “sexo seguro”. Muchos de los que afirman defender los Derechos Humanos, en realidad son los principales violadores de la dignidad de la persona humana.
Quienes sostenemos el Derecho Natural y la Doctrina Social de la Iglesia, defendemos la vida desde la concepción en el seno materno hasta su muerte natural, condenamos todo tipo de torturas y acciones aberrantes contrarias a la dignidad de la persona humana, y defendemos la libertad de culto de los católicos de profesar la Fe de manera pública y privada.
A continuación, se transcribe un artículo publicado por Zenit a los setenta años de la Encíclica contra el nazismo:
Ver también: Pio XII
El 21 de marzo de 1937, Domingo de Ramos, en todas las iglesias de Alemania se leyó la encíclica del Papa Pío XI «Mit Brennender Sorge» (Con ardiente preocupación). Es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político
A la distancia de setenta años, aquella encíclica confirma todo lo que la Santa Sede pensaba sobre la naturaleza y peligros del nazismo. Es también profético el pasaje en el que explica que la separación de la fe y la moral lleva a la decadencia y la guerra.
Para profundizar la historia, naturaleza y enseñanzas que se sacan de la «Mit Brennender Sorge», Zenit ha entrevistado al jesuita Peter Gumpel, cuyo conocimiento histórico de las relaciones entre Alemania y la Santa Sede es decisiva.
El padre Gumpel ha explicado a Zenit que, tras la Primera Guerra Mundial, la Santa Sede realizó esfuerzos para realizar un concordato con Alemania, pero todos los intentos fracasaron. Hubo concordatos con algunos estados alemanes como Baviera, Prusia y Baden pero no con Alemania como tal.
El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler tomó el poder, y ya en abril ofreció por iniciativa suya un Concordato a la Santa sede, cuyas cláusulas eran muy favorables a la Iglesia.
En Roma, la Santa Sede no creía ni se fiaba de Hitler, pero se encontraba en la difícil situación de no poder rechazar, porque se trataba de un Concordato muy favorable.
Por tanto, la Santa Sede, aún no fiándose para nada de Hitler, firmó el Concordato. En la Curia romana sin embargo todos sabían que Hitler no observaría ni respetaría el concordato. A pocas semanas de la conclusión del concordato, el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, secretario de Estado, a la pregunta del diplomático británico: «¿Respetará Hitler el concordato?», respondió: «Absolutamente no, podemos sólo esperar que no viole todas las cláusulas a la vez».
Y en efecto, inmediatamente después de la firma, empezó la persecución de los católicos. Para defender a los católicos, la Santa Sede envió al Gobierno más de 50 protestas (cuyos textos se encuentran en el libro «Der Notenwechsel Zwischen Dem hailigen Stuhl Und Der Deitchen Reichsregierung» («El intercambio de notas diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno del Reichstag – de la Ratificación de Concordato del Reich hasta la encíclica “Mit Brennender Sorge”»). (Matthias- Grunewald- Verlag – Mainz 1965).
A pesar de las protestas oficiales de la Santa Sede, los atropellos nazis se hicieron cada vez más incesantes en la educación, en la prensa, con la prisión de sacerdotes, etc., hasta el punto de que en 1936 la Conferencia Episcopal Alemana pidió una intervención pública.
Se esperaba a los obispos alemanes para la visita ‘ad limina’ en 1938, pero la fecha fue anticipada un año y fueron convocados a Roma en 1937. En aquella ocasión, todos los prelados estaban de acuerdo en pedir que la Santa Sede publicara un documento público de condena del nazismo.
El padre Gumpel ha revelado a Zenit que «el cardenal de Munich, Michael von Faulhaber escribió con todo secreto el texto de la encíclica, lo escribió todo a mano para no dictarlo a nadie y mantener el secreto».
«A este texto, que sirvió de base para la encíclica, se añadieron las intervenciones del secretario de Estado, Eugenio Pacelli, y durante siete semanas se preparó un texto con pasajes todavía más fuertes y explícitos de los indicados por Von Faulhaber» añadió el sacerdote jesuita.
El texto definitivo de la encíclica fue firmado por el Papa Pío XI el 14 de marzo de 1937. Mediante valija diplomática, algunos ejemplares impresos fueron enviados al nuncio en Berlín, quien a su vez los pasó al obispo de Berlín y desde allí correos secretos los entregaron a todos los obispos alemanes.
Sin saberlo la Gestapo, el texto fue impreso en doce imprentas. Muchos obispos hicieron imprimir algunos centenares de miles de ejemplares
Con todo secreto, los textos fueron distribuidos a todos los párrocos, a los capellanes, a los conventos y la encíclica fue leída en todas las iglesias alemanas el día 21 de marzo de 1937.
«Yo tenía 14 años y estaba en la catedral de Berlín cuando en la homilía fue leído el texto de la encíclica --recuerda el padre Gumpel a Zenit como si fuera hoy--. La iglesia estaba repleta y la reacción general fue de convencida aprobación».
El lenguaje era claro y explícito. Hitler estaba engañando a los alemanes y a la comunidad internacional. La encíclica afirmaba que el jefe nazi era pérfido, no fiable, peligroso, alguien que quería sustituir a Dios.
Relata el padre jesuita que «la reacción de los católicos fue entusiasta», mientras que «la reacción de Hitler fue furibunda». Se cuenta que Hitler durante tres días estaba tan fuera de sí que no quiso ver ni recibir a nadie.
La Gestapo fue informada el sábado por la tarde por un empleado de una imprenta que la encíclica había sido impresa, pero ya era demasiado tarde detener parar el asunto, y no se atrevieron a entrar en las iglesias porque esto habría suscitado una revuelta.
Aunque el domingo por la mañana ante las iglesias había guardias de la Gestapo, para ver si la gente tenía un texto impreso en la mano, y si alguien era sorprendido en posesión de un texto impreso era denunciado y arrestado. Las doce imprentas fueron confiscadas sin ningún reembolso y algunas personas acabaron en prisión
La comunidad internacional reaccionó de manera entusiasta. Las comunidades judías estaban contentísimas porque aquella encíclica era la más dura condena del racismo. Todos los periódicos judíos del mundo manifestaron entusiasmo por todo lo que había hecho la Santa Sede.
«Sin embargo --recuerda Gumpel con amargura--, en 1938, a pesar de que el pontífice había declarado que Hitler no era de fiar, en la conferencia de Munich, Inglaterra, Francia e Italia hicieron un acuerdo con el régimen nazi».
¿Cuáles son las partes más significativas de la encíclica?, ha preguntado Zenit al padre Gumpel. Responde que «se trata de un documento cuyo valor va más allá de la contingencia histórica, hay partes que asumen un significado profético y de gran actualidad».
«La Mit Brennendere Sorge --añade-- tiene un valor no sólo simbólico, está basada en principios de la ley natural y de la fe, es profética también para la situación de hoy y tiene un valor permanente. Si uno no se atiene a la ley natural, ni a la fe, cae en la decadencia y la historia ha probado ampliamente que esto crea disturbios continuos en el orden internacional».
En la primera parte de la encíclica se hace una historia del Concordato y se subrayan las continuas violaciones respecto a la Iglesia Católica y su fieles.
Hay una parte de la «Mit Brenneder Sorge» que denuncia el neopaganismo nazi. «Quien con indeterminación panteísta identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo y deificando el mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes».
La encíclica condena la concepción racial del nazismo, que «diviniza con culto idolátrico» la tierra y la sangre y «pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios»
El documento pontificio subraya «el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional y el intento de aprisionar en los límites de un solo pueblo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios creador del mundo ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de un cuenco de agua».
Es muy fuerte la denuncia de la encíclica respecto al intento de Hitler de erguirse como Dios de Alemania.
La encíclica recuerda a quien para defender la religión católica «está sufriendo violencia tan ilegal como inhumana», y habla claramente de «tentaciones satánicas para hacer salir de la iglesia a los fieles». Explicita también la condena de quien intenta construir «una iglesia alemana nacional».
El padre Gumpel subraya que «las fórmulas más duras contra el nazismo son de Pacelli y Hitler lo sabía».
De aquí la furia contra Eugenio Pacelli. Hitler consideraba a Pacelli su enemigo número uno y temía su poder moral.
Para terminar, Zenit ha preguntado al padre Gumpel: ¿Que piensa de las revelaciones publicadas por el diario italiano «La Repubblica» del 29 de marzo, según el cual los documentos de archivo de la antigua Alemania del Este sostienen que Pacelli era el peor enemigo de los nazis y que quien montó la campaña de calumnias contra Pío XII fue la Unión Soviética».
Gumpel responde que «estas revelaciones no añaden nada a lo que la Santa Sede sabe ya, pero es útil para quienes han pensado y escrito que Pacelli fue nada más y nada menos que el “papa de Hitler”. Ahora hay otros documentos que prueban cuántas falsedades se han dicho sobre Pío XII. Es evidente también la responsabilidad de los soviéticos en la campaña de calumnias contra el Papa Pacelli».
ZS07040409
Por José Gómez Cerda
El 15 de mayo es una fecha muy significativa para todos los trabajadores, en especial para los del sector agrícola, que en muchas partes del mundo celebran este día como la fiesta de los campesinos. Para algunos es la celebración de SAN ISIDRO, patrono de Madrid, y de muchas regiones de América Latina.
Para otros, el 15 de mayo tiene un contenido más amplio: Es la conmemoración de las "ENCICLICAS SOCIALES".
Una encíclica es una carta circular que el Papa dirige a los Obispos, analizando problemas, señalando principios y normas morales para buscar soluciones a las cuestiones planteadas. Aunque existen muchas encíclicas, algunas son llamadas " sociales", porque enfocan cuestiones de tipos sociales¸ partiendo de los principios cristianos.
La primera encíclica social fue Rerum Novarum:
RERUM NOVARUM: El 15 de mayo de 1891, el Papa LEÓN XIII publicó la encíclica RERUM NOVARUM (De las cosas nuevas), primer documento oficial del cristianismo sobre la cuestión social, donde se invita a todos los trabajadores cristianos a organizarse sindicalmente. Esta encíclica es un punto de partida para la Doctrina Social Cristiana.
En la encíclica Rerum Novarum, el Papa León XIII trató los siguientes temas: descripción del problema obrero, la solución propuesta por los socialistas, critica a esta solución desde el punto de vista obrero y desde el punto de vista del ser humano, naturaleza intelectual del hombre, el trabajo como título de propiedad, prioridad de la familia, realismo en el planteamiento del problema, acción de la iglesia, el pensamiento de la vida futura, doctrina social frente a los bienes temporales.
También: sobre el criterio de la dignidad del hombre, la comunidad de los hombres en la gracia, los deberes generales del Estado, preferencia a los trabajadores, la determinación de los salarios, el ejemplo de los cristianos, la extensión del derecho de asociación, las asociaciones obreras cristianas y una exhortación final, invitando a los trabajadores cristianos a crear sindicatos con principios y valores cristianos.
QUADRAGESIMO ANNO: El 15 de mayo de 1931 el Papa PIO XI publicó la encíclica " Cuadragésimo Anno", para conmemorar los primeros cuarenta años de la encíclica Rerum Novarum. Aquí se enfoca la labor del Estado, las asociaciones obreras, la doctrina económica y social, el capital y el trabajo, la redención del proletariado, la propiedad familiar, el salario justo, el carácter individual y social del trabajo, la necesidad del Bien Común, restauración del orden social.
MADRE Y MAESTRA: El 15 de mayo de 1961, el Papa JUAN XXIII, publicó su famosa encíclica " MADRE Y MAESTRA", para conmemorar los 7O años de Rerum Novarum¸ dedicada a los CAMPESINOS, los hombres del campo, que se unen a la naturaleza para producir la alimentación y materias primas para la humanidad.
"Indudablemente que son muchos los campesinos que abandonan el campo para dirigirse a poblaciones mayores e incluso centros urbanos. Este éxodo rural, por verificarse en casi todos los países y adquirir a veces proporciones multitudinarias, crea problemas de difícil solución por lo que toda al nivel de vida digno de los ciudadanos"
El hombre que trabaja la tierra no solo necesita de ella, sino de otras ayudas para poder soportar las inclemencias del tiempo, mantener la paciencia para sembrar, desyerbar, abonar, esperar el crecimiento y el desarrollo de las flores y los frutos, además de poder colocar y vender sus productos.
"En primer lugar es necesario que todos y de modo especial las autoridades públicas, procuren con eficacia que en el campo se adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios públicos más fundamentales; como por ejemplo; caminos, transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia médica y farmacéutica, enseñanza elemental, enseñanza técnica y profesional, condiciones idóneas para la vida religiosa y para un sano esparcimiento y, finalmente, todo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los programas de la época moderna".
JUAN XXIII expuso sobre el desarrollo gradual y armónico de todo el sistema económico, la necesidad de una adecuada política económica agraria, que implica una imposición fiscal, capitales a bajos intereses , seguros sociales y seguridad social para los campesinos, tutela de los precios y como completar los ingresos de la familia agraria y la reforma de la empresa agrícola.
"MADRE Y MAESTRA", plantea claramente que los agricultores deben ser LOS PROTAGONISTAS de su elevación económica y social.
"Los autores principales del desarrollo económico, de la elevación cultural y del progreso social del campo deben ser los mismos interesados, es decir, los propios agricultores. Estos deben poseer una conciencia clara y profunda de la nobleza de sus profesiones. Trabajan, en efecto, en el templo majestuoso de la Creación, y realizan su labor, generalmente entre arboles y animales, cuya vida inagotable en su capacidad expresiva e inflexible en sus leyes, es rica en recuerdos del DIOS creador y providente…"
OCTAGESIMA ADVENIENS: El 15 de mayo de 1971 el Papa Pablo VI redactó una Carta apostólica titulada " OCTAGESIMA ADVENIENS", en ocasión del 80 aniversario de Rerum Novarum.
Aunque este documento no es una encíclica, sino una carta dirigida al Cardenal Roy, Presidente del Consejo para los Seglares y de la Comisión Pontificia de "JUSTICIA Y PAZ", su contenido puede establecerse dentro de la Doctrina Social.
Pablo VI inicia haciendo un llamamiento universal a una mayor justicia, la diversidad de las situaciones de los cristianos en el mundo, el mensaje específico de la Iglesia, los nuevos problemas sociales como son la urbanización, los cristianos en la ciudad, los jóvenes y mujeres, los trabajadores, la emigración y la creación de nuevos puestos de trabajo. También sobre las aspiraciones fundamentales y las corrientes ideológicas, los cristianos ante los nuevos problemas, y termina haciendo un llamado a la acción.
EL TRABAJO HUMANO ( LABOREM EXCERCENS): El 15 de mayo de 1981 el Papa Juan Pablo II debió dar a conocer una encíclica para conmemorar el 90 aniversario de Rerum Novarum, pero él sufrió un atentado el 13 de mayo, cuando se dirigía a la Plaza de San Pedro, lo que impidió que se diera a conocer este documento el 15 de mayo, como él lo había previsto. Fue en el mes de septiembre, ya restablecido cuando se conoció la encíclica Laborem Excercens ( El trabajo Humano).
La encíclica El Trabajo Humano se dedica a la realidad del mundo del trabajo, el sindicalismo, la emigración, siendo una de las encíclicas de mayor actualidad sobre la cuestión social.
CENTESIMUS ANNUS: En 1991 se publicó la encíclica CENTESIMUS ANNUS, para conmemorar los 100 años de Rerum Novarum. Esta encíclica enfoca los cambios ocurridos con el desastre del sistema comunista.
El 15 de mayo no solo debemos recordar las encíclicas sociales, sino rendir reverencia a los campesinos, de todo el mundo y todas las regiones, que hacen posible nuestros alimentos, aquellos que están en los surcos labrando la tierra para que sea fértil y nos sirva a todos.
Ojalá que la sociedad actual pueda hacer una mejor distribución de la tierra, realizar una verdadera Reforma Agraria, darle los servicios que necesitan los campesinos, especialmente en el tercer mundo, para que la tierra ser verdaderamente para el hombre y la mujer que la trabaja.
Santo Domingo, Mayo 2010

RESPUESTA: Hasta 1959, en la Misa tridentina se rezaba el Viernes Santo «por los pérfidos judíos», pidiendo su conversión. Con el tiempo la gente comenzó a interpretar la palabra «pérfido» sólo en el sentido peyorativo que asumió en las lenguas vernáculas, es decir, como «traidor», «malvado», «desleal». Sin embargo, en latín —idioma en que se escribió la oración— la palabra «pérfido» procede de per y fides, es decir, significa el que persiste o permanece en su fe. Así, resultaba perfectamente bien aplicada a la situación de los judíos, que rechazaron las enseñanzas de Cristo decidiendo conservar la religión de sus antepasados a pesar de ser solo «sombras» de la Revelación total y definitiva.
Por cierto, el 6 de septiembre de 1938, año anterior al estallamiento de la segunda guerra mundial, Pío XI pronunció este discurso que dio rápidamente la vuelta al mundo: «Resaltemos que en la Santa Misa Abraham es nuestro Padre y nuestro Patriarca. El antisemitismo es incompatible con el elevado pensamiento que ese hecho expresa. Es un movimiento con el que los cristianos no pueden tener nada que ver. No, no, os digo que es imposible para un cristiano tomar parte en el antisemitismo. Es inadmisible. A través de Cristo y en Cristo somos la progenie espiritual de Abraham. Espiritualmente, todos somos semitas».
ACUSACIÓN: Hitler era católico, y tuvo todo el apoyo de la Iglesia.- Adolfo Hitler era católico; hasta hay una foto en el que se le ve saliendo de Misa. Además le dijo a un amigo cuando eran jóvenes que su deseo más ardiente era haber podido ser un sacerdote católico. Después que escribió su libro Mi lucha, dio este testimonio público: «Yo soy ahora tan católico como lo he sido siempre». Cuando firmó el convenio entre el Tercer Reich y la Iglesia católica, afirmó: «Yo sólo estoy continuando la obra de la Iglesia católica romana». Además, citaba frecuentemente la Biblia para basar sus ataques contra los judíos. Hasta el día de hoy muchos judíos consideran a Adolfo Hitler como «cristiano» porque el Papa «le dio su total apoyo».
RESPUESTA.- Las personas que piensan que Hitler era católico solamente por una foto, entonces estarían diciendo que Juan Pablo II se volvió musulmán porque hay fotos que demuestran que entró a una mezquita; o que Benedicto XVI se volvió de religión judía porque las fotografías prueban que entró a una sinagoga. Aunque Hitler haya sido bautizado, y aunque en su cartilla del servicio militar diga que fue católico, dicha condición religiosa no es perenne ni se da por sólo decirlo; cualquier bautizado puede abandonar el cristianismo. Para ser católico se necesita aceptar todos y cada uno de los dogmas de la fe cristiana. Hitler, a través de su discursos, programas y obras, fue dejando claro que rechazaba a Jesucristo y sus preceptos. Habrá seguido asistiendo a veces a Misa —como sucede con miles de paganos y de «católicos de nombre» que entran al templo en bodas, quince años, bautizos, funerales, etc., aunque rechazan las enseñanzas de la Iglesia—, pero estaba muy, muy lejos de ser católico. En cuanto al uso que haya hecho de la Biblia para asesinar, Hitler simplemente habrá emulado a Satanás, que quiso tentar a Cristo usando citas de las Sagradas Escrituras. En cuanto a judíos que puedan estar creyendo que Hitler era cristiano, debe tratarse de casos de personas sumamente incultas, que no tienen idea alguna de lo que significa el cristianismo.
ACUSACIÓN: El Vaticano estaba tan ansioso de obtener el favor del Tercer Reich que constantemente le daba su bendición públicamente. El Vaticano y Hitler firmaron el 20 de julio de 1933 un acuerdo de apoyo. Cuando Hitler invadió Austria, el cardenal Innitzer le recibió y saludó personalmente con la señal de la cruz, y le aseguró el apoyo total de Roma diciéndole que «todos los católicos debían ser considerados los hijos verdaderos del Tercer Reich».
RESPUESTA: No sólo el Vaticano —durante el pontificado de Pío XI— sino media Europa firmó tratados con Alemania en 1933. ¿Por qué? Porque en 1933 ni el Vaticano ni ninguna nación sabía lo que Hitler tenía en mente. El acuerdo firmado por la Santa Sede y el gobierno alemán aseguraba para los años siguientes el derecho de la Iglesia a realizar sus funciones evangelizadoras en Alemania. El Concordato garantizaba también que si Alemania rehiciera su ejército, los soldados tendrían acceso a capellanes; pero esto no significa que la Iglesia aprobara o promoviera el rearme, sino que lo firmó buscando acercar la conversión y los sacramentos a todos en todas las circunstancias posibles.
Con el paso de los años se fueron descubriendo las verdaderas intenciones de Hitler, y la Iglesia se fue pronunciando en contra de ellas. Pío XI publicó el 14 de marzo de 1937 la encíclica Mit brennender Sorge («Con ardiente preocupación»), cuando Eugenio Pacelli —futuro Pío XII— era su secretario de Estado. El documento condenaba no sólo la persecución de la Iglesia en Alemania sino también el neopaganismo de las teorías raciales nazis.
Mit brennender Sorge disgustó tanto a los nazis que un memorándum interno del gobierno, fechado el 23 de marzo de 1937, calificó a la encíclica de «casi una declaración de guerra contra el gobierno del Reich».
Por otra parte, los clérigos católicos fueron de los primeros en Alemania en reconocer la amenaza que suponían los nazis. En 1930, los obispos de Berlín y Westfalia condenaron a los nazis en cartas pastorales. En la primavera de 1931, los obispos bávaros condenaron igualmente al nacionalsocialismo y lo describieron como incompatible con el cristianismo. Declaraciones semejantes fueron hechas por los obispos de Colonia, Paderborn y el alto Rin. A raíz de esto, el 28 de octubre de 1935 el Ministerio de Propaganda nazi impuso la censura previa a todas las publicaciones periódicas de la Iglesia, y el 30 de noviembre de 1935 la medida se extendió a todo el material gráfico o escrito que fuera a ser distribuido. Por eso, después de 1937 los obispos alemanes abandonaron sus infructuosos intentos de imprimir sus pastorales y se limitaron a leerlas desde los púlpitos, pero a veces eran confiscadas antes de llegar al templo.
Como Hitler era austríaco de nacimiento, llegó a Viena y se entrevistó con el cardenal Innitzer, del que logró con engaño una desafortunada declaración del episcopado austríaco en que se ensalzaba el nacionalsocialismo alemán. En seguida vio lnnitzer que había cometido un grave error, y añadió una nota aclaratoria. Como era de suponer, la propaganda nazi aireó la declaración, pero omitiendo toda referencia a esa nota aclaratoria. Innitzer fue llamado a Roma y a los pocos días publicó una rectificación mucho más contundente. Sólo después fue recibido por Pío XI, pues hasta entonces no había querido hacerlo. La respuesta nazi fue ignorar la rectificación, suprimir las organizaciones juveniles católicas, la enseñanza de la religión y hasta la Facultad de Teología de lnnsbruck. El palacio arzobispal de lnnitzer fue asaltado y arrasado por las juventudes hitlerianas.
Hay muchas fotos en que aparece Hitler con obispos, presbíteros y monjas católicos, y que se usan para «demostrar» el contubernio entre la Iglesia y el nazismo. Intencionalmente se omiten las fechas, pues fueron tomadas años antes de que el dictador hiciera públicas sus más bajas intenciones. Aun así, seguramente hubo miembros de la Iglesia —clero y feligreses— que finalmente renunciaron a Jesucristo y se pronunciaron a favor del Fürher, pero justamente en ese momento dejaron de ser Iglesia.
——————————————————————————–
En la década de 1920 Hitler dijo a Ludendorff, alto oficial del ejército alemán, que tenía que disimular su odio al catolicismo porque necesitaba el voto de los católicos bávaros tanto como el de los protestantes prusianos: «El resto puede llegar más tarde».
Y tenía razón, pues, cuando la hora llegó, «los ataques públicos de los nazis contra el cristianismo producían mucha insatisfacción en el pueblo alemán, y especialmente en las zonas católicas. Los intentos locales de los funcionarios nazis de restringir las prácticas religiosas y eliminar los crucifijos de las escuelas ocasionaron tal indignación, tales tumultos y unas protestas tan furiosas que los funcionarios, en general, revocaron sus órdenes» (Los Verdugos Voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto, Daniel Jonah Goldhagen [historiador judío-esatadounidense], Taurus, Madrid 1998).
Hermann Rauschning (1887-1982) fue un terrateniente alemán nacido en Thorn /(hoy Polonia) que ingresó al partido nazi en 1931y fue designado presidente del Senado de Danzig. Durante este período estableció directas relaciones con buena parte de la dirigencia nazi, reuniéndose en varias ocasiones con el propio Hitler. Habiéndose arrepentido del nazismo tras conocerlo por dentro, renunció al partido en noviembre de 1934 y se exilió en Estados Unidos. En 1939 escribió un libro titulado Hitler me dijo, que, según su autor, recoge el contenido de diversas reuniones y conversaciones que el líder nazi mantuvo con su círculo más cercano y de las que él mismo fue testigo y partícipe. Ahí, asegura, Hitler «expuso sin tapujos sus ideas verdaderas, ideas que siempre ocultó».
Escribe Rauschning: «A pesar de las muchas mentiras vertidas sobre la relación entre Hitler y la Iglesia católica, ésta constituyó siempre un dolor de cabeza para el Führer. Como todos los totalitarismos, Hitler intentó destruir a la Iglesia Católica empezando por la alemana». El autor recuerda cuando el dictador alemán comenzó a perseguir «a los sacerdotes católicos por tráfico de divisas o por atentado a las costumbres, a fin de presentarlos a los ojos de la masa cual criminales, quitándoles de antemano la palma del martirio y la gloria de la persecución».
Además, los historiadores han demostrado que Hitler trabajó por reinstaurar el paganismo primitivo. En Hitler me dijo, Rauschning pone estas palabras en boca de Hitler: «Nuestros campesinos no han olvidado sus creencias de otros tiempos; la vieja religión vive siempre… Durante la Semana Santa y en las exposiciones agrícolas ambulantes difundiré nuestro credo religioso por la imagen, y de un modo tan expresivo, que el campesino más obtuso comprenderá… El campesino debe saber lo que la Iglesia le ha hurtado: la intuición misteriosa y directa de la naturaleza, el contacto instintivo, la comunión con el espíritu de la tierra. Así es como debe aprender a odiar a la Iglesia. Debe aprender progresivamente de qué trucos se han valido los sacerdotes para robarles el alma a los alemanes. Rascaremos el barniz cristiano y volveremos a hallar la religión de nuestra raza». Hay que comenzar por la campiña, y no por las grandes ciudades… En las grandes ciudades no queda absolutamente nada. Allí donde todo ha muerto es imposible reanimar nada. Mas nuestros campesinos viven aún sobre un fondo de creencias paganas, y partiendo de ahí podremos evangelizar algún día a las multitudes de nuestras ciudades».
Hitler realizó muchas acciones contra la Iglesia, la mayoría de ellas de manera velada. Entre sus planes incluía la destrucción del Vaticano y, más aún, el asesinato de Pío XII. Datos sobre este objetivo fueron confesados por Karl Wolff, antiguo general de las SS.
El plan para eliminar al vicario de Cristo fue organizado después del 25 de julio de 1943 por el Reichssicherheitsamt (cuartel general para la seguridad del Reich) de Berlín.
De ello también da testimonio Niki Freytag von Loringhoven, residente en Munich, hijo de Wessel Freytag von Loringhoven, quien fuera coronel del Alto Comando Alemán de las Fuerzas Armadas. Revela que el 29 y 30 de julio de 1943 tuvo lugar en Venecia un encuentro secreto para informar al jefe de contraespionaje italiano, el general Cesare Amè, de la intención del Führer de castigar a los italianos con el secuestro o el asesinato de Pío XII y del rey de Italia; esto como represalia por haber por haber arrestado a Mussolini. Pero uno de los particpantes de la reunión, el jefe de contraespionaje italiano, general Cesare Amè, al regresar a Roma divulgó la noticia de los planes contra el Papa para bloquearlos.
El historiador Andrea Tornielli, en su libro Pío XII, el Papa de los judíos, revela otro plan hitleriano de arrasar «a sangre y fuego» el Vaticano y secuestrar y confinar al obispo de Roma y jefe de la Iglesia católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán. Esto ocurrió también en 1943, tras que el Führer se enfureciera por la firma del armisticio entre el gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre. Pero el plan no llegó a cumplirse gracias a que el general Karl Wolff, entonces comandante de las SS en Italia, logró disuadir a su superior.