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jueves, 9 de octubre de 2014

INVITACION AL AÑO JUBILAR TERESIANO EN LA PLATA




Las Carmelitas Descalzas de la ciudad de La Plata, invitan al 5° Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, "Año Jubilar Teresiano", que inicia el 15 de octubre de 2014.
Las Carmelitas Descalzas invitan al Triduo en Preparación al Año Jubilar teresiano, los días 12, 13 y 14 de Octubre, con la Santa Misa a las 17 hs.
El día 15 de Octubre de 2014 se celebrará la Festividad de la Santa Madre, dando inicio al Año Jubilar, con una Solemne Misa concelebrada a las 17 hs. Después de la Misa, se podrá venerar una pequeña reliquia de la Santa.

"Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?"

CARMELITAS DESCALZAS
Avda. 7 N° 151 e/ 35 y 36
La Plata

miércoles, 24 de septiembre de 2014

BEATIFICACIÓN DE DON ÁLVARO DEL PORTILLO, SE TRANSMITIRÁ POR EWTN EN VIVO, EL SABADO 27 DE SETIEMBRE DE 2014



EWTN ha recibido numerosos emails de grupos parroquiales y también del Opus Dei en Latinoamérica, comentando que se reunirán la madrugada del Sábado 27, según su horario, para compartir juntos éste gran evento, y verlo EN VIVO por la transmisión de EWTN desde Madrid.
De los referidos grupos, se enviarán fotografías por mail a EWTN que serán compartidas en las redes sociales del canal.


https://www.facebook.com/video.php?v=10154661915385346&set=vb.91751150345&type=2&theater

sábado, 19 de abril de 2014

LA HEREJÍA PELAGIANA Y SEMIPELAGIANA DAÑA LA ENSEÑANZA DE LA SALVACIÓN O... "LAS MONJAS SOLO QUIEREN DIVERTIRSE"


Por Emilio Nazar Kasbo
Actualmente, hay en la Teología católica frases están dichas desde una cosmovisión de libre interpretación protestante en la cual no se distingue la Redención que sí es de todos los hombres de la salvación que sólo será de muchos. 
¿Cuál es el destino de los feligreses católicos, si la Jerarquía misma se extravía en el semipelagianismo, hundiendo su accionar en la inmanentización sociológica de su accionar, cuando debieran elevarse a Dios en agradecimiento por los dones recibidos por la Gracia? Cuando en vez de rezar a Dios se ofrece "al mundo" el accionar, todo SE HA PERDIDO, puesto que ya no hay más Fe, aunque se siga utilizando el término. La Fe quedará convertida en una mera moda pasajera, y una monja será idéntica a cualquier persona pagana, solo que vistiendo un hábito en concordancia con el deconstruccionismo aplicado a la Iglesia Católica: la cáscara católica con un contenido hueco, un "gran Nirvana" qua de nada servirá, porque a Dios no se lo transmite en la herejía, a no ser que alguna "eminencia" diga lo contrario. El sacerdote dejará de ser un Alter Christus para convertirse en un alter hominem idéntico a cualquier otro, desfigurando el Gran Tesoro del cual deben ser portadores. Un triste papel en que lo mejor es absolutamente corrompido y dañado.
Buscando en "El Teólogo Responde" del P. Miguel Fuentes del IVE, hallamos lo siguiente: 

El término ‘redención’ hace más bien referencia al ‘rescate’ (viene del latín redimere, que significa volver a comprar) del pecado, que Cristo pagó muriendo en la Cruz por nosotros.
En cambio la ‘salvación’ es el fruto obtenido por la redención de Cristo, al no estar más enemistados con Dios por el pecado, nuestra alma está en gracia y es este estar en gracia lo que llamamos salvación.
Hay que tener en cuenta que como son dos conceptos muy ligados, muchas veces pueden usarse indistintamente, tanto para indicar el aspecto de haber sido rescatados como el de la salvación.


No podemos compartir la imprecisión en los términos, a pesar de que sea considerada como "costumbre", ya que las consecuencias de ello son graves. Sería como confundir la Persona de la Santísima Trinidad con su personalidad jurídica como sujeto de derechos en este mundo, ya que tal identidad implica una herejía (para quienes no lo saben, no hay persona humana en Jesucristo, sólo hay Persona Divina, puesto que es Dios).
La efectiva omnipresencia y omnisapiencia de Dios no implica que todo hombre se salve, porque de hecho muchos se condenarán. 
Todos los seres existimos por ser creaturas de Dios y nos hallamos ante Su presencia omnisciente, y el hecho de la existencia del ser humano como una creatura particular de Dios, creado a Su imagen y semejanza, no lo equipara a Dios, tal como fue la tentación de la serpiente en el Paraíso a Eva. 
El trasfondo pelagiano o de semipelagianismo en muchos textos teológicos de la modernidad, de lo cual anteriormente todos los autores se cuidaban de no reproducir, se percibe en la equiparacion de trato del hombre con Dios en lo cual la Gracia es omitida. 
Así la "intimidad con Dios" es interpretada como un "estar a solas" y no como experiencia mística o como referencia a visión beatífica a la cual no todo hombre por el solo hecho de serlo llega, y mucho menos por mérito propio o esfuerzo personal. 
La ofrenda en la redención es Dios sacrificado para Dios mismo (no para el hombre ni para "el mundo" como si fuesen seres superiores a Dios). Por tal ofrenda, que consistió en la Crucifixión de Jesucristo, es la via por la cual todo ser humano se redime y muchos se salvarán por ese motivo. 
Cristo crucificado no es una ofrenda al hombre para que este mediante su propia fuerza y su libre albedrío en la elección se salve. 
La Redención, no requiere de aceptación por parte del ser humano porque es un hecho de Dios. 
Por su parte, la aceptación de la salvación no es un hecho de la conciencia humana que así elige por propia fuerza cuál es el Bien o el alcance del Sacrificio de Jesucristo. La salvación es una Gracia de Dios y la aceptación de ese socorro se da en el marco de la misma Gracia, de modo que el rechazo de la salvación involucra, sí por decisión propia con su consecuente responsabilidad, el rechazo de la Gracia y por ende la condena perdurable del alma. 
El P Miguel Fuentes del IVE dice que se usa como sinónimo salvación y redención, lo cual es un gravisimo error que acaba encubriendo pelagianismo y semipelagianismo en autores modernos inspiradores de una Teología que la Tradición jamás señaló como ortodoxia. 
La identidad o indiferencia en el uso de los términos salvación y redención debe involucrar un discernimiento y análisis para evitar la confusión en la feligresía, o que se tome como "santidad" lo que es un acto de semipelagianismo. ¿Es el esfuerzo propio, o la elección propia de la Voluntad de Dios lo determinante para ser santo, o es la Gracia en un movimiento precisamente gratuito hacia la persona por cuya acción la aceptación personal es otorgada en el marco de esa Gracia como Don de Dios? No es lo mismo uno que otro concepto, y por tanto podría conducir todo esto a una errada concepción de la santidad... ¿y quién podrá ser santo en el marco de una herejía explícita o implícita?
Antes del Concilio Vaticano II la corriente modernista y de la Nouvelle Theologie llevaron a esta grave confusión, que fue extendiéndose cada vez en mayor medida cuantos más adherentes se hallaron en los Seminarios, todo lo cual fue potenciado tras el Concilio Vaticano II con la excusa de una "revalorización del mundo" que acabó siendo en la mayoría de los casos una "revalorización de lo mundano".
¿Alguien puede nombrar alguna causa de canonización de alguien que sea pelagiano o semipelagiano? Pues debe dirigirse de modo urgente al organismo del Vaticano correspondiente a formular la denuncia.
No es posible la canonización o la declaración por parte de la Iglesia como santos de quienes hayan sostenido pelagianismo o semipelagianismo en su Teología, puesto que previamente deberá resolverse el dilema de Casiano. Casiano no es ni siquiera beato porque fue hallado semipelagiano. Pero parece que eso ya no importa... nuevos tiempos co una nueva "teologia" deformadora de la Tradición. Cuando vuelva el Hijo del Hombre, hallará Fe sobre la tierra? Mientras los nuevos Poncio Pilatos dirán: y que es la Fe?

viernes, 20 de diciembre de 2013

LIMA- PERU: ATAQUE SACRILEGO CONTRA LA VIRGEN Y SANTA ROSA ¡PROTESTEMOS!

 
 
Lima, 20 de diciembre de 2013.

 
Estimado amigo, estimada amiga:

¡Urgente! ¡Un grave sacrilegio nos golpea, precisamente en Navidad! Una exhibición de “arte” blasfemo, obsceno y macabro se está realizando en forma compartida entre el Museo de Arte de Lima (MALI) y la Casa de la Cultura de España en Lima (CCE) y está planeada su permanencia hasta marzo. 
 
Por sí sola, la maldad humana no sería capaz de lo que describimos abajo. Como si emanase de los propios abismos infernales, la exposición "Un cuerpo ambulante" exhibe:
 
* Varios cuadros con representaciones obscenas de Nuestro Señor Jesucristo.

* Se ensaña especialmente contra la Patrona de España, la Inmaculada Concepción (en el CCE), figurada en fotografías como un esqueleto cubierto con un manto, frente al supuesto cadáver de un hombre desnudo, sugiriendo necrofilia.



* Una serie de estampas tradicionales de Santa Rosa de Lima (en el MALI), cubiertas de un pintarrajeo grotesco y crudamente obsceno, o colocadas junto a fotografías de escenas homosexuales.


 
* Otras fotografías de una mujer desnuda y un varón también desnudo o en ropa interior femenina, que posan de “Santa Rosa” protagonizando escenas de sangre, muerte y perversión sexual.



* Incluye un autorretrato blasfemo del "artista" como Virgen Dolorosa y muchos dibujos indescifrables que aluden a la Misa, llenos de cuerpos retorcidos y figuras de órganos genitales; además de los infaltables ataques a la Iglesia Católica como "opresora".


¿Será posible que la mente retorcida de un seudoartista conciba tanta infamia? ¿Y que esa infamia haya encontrado quienes la expongan al público? ¿Y que éstos sean nada menos que un organismo oficial de España y un importante museo público?



 
La muestra es una reposición de antiguas obras del autor Sergio Zevallos como miembro del extinto trío “Grupo Chaclacayo”. Debido a su perversión extrema, la producción del Grupo sólo había podido presentarse una vez en el Perú, en 1984.
 
En la ocasión fue categóricamente descalificada por un conocido crítico de arte, como “parafernalia de la blasfemia”; “espectáculo sadomasoquista”; “misa negra homosexual, con descripción explícita de perversiones”; “estridente y frívola apología senderista”; que “penetra en terrenos psicopatológicos” y no tiene ninguna dimensión estética que justifique su presencia en un museo de arte (Luis Lama, en "Caretas", 3/12/84 y 20/11/89). Es más, el órgano oficioso de Sendero Luminoso alabó la muestra como ejemplo de autenticidad y lucha contra la represión (“El Diario Marka”, 27/11/84). Dime quien te alaba...

 
En verdad, ¿qué diferencia hay entre este “arte” y una exhibición satanista? 





 
La libertad artística no otorga derecho a ultrajar la santidad ni a agredir nuestros valores más sagrados; eso es un infame libertinaje. Como católicos exijamos la inmediata clausura de esta repugnante blasfemia, que está programada hasta el 19 de enero en la CCE y hasta el 23 de marzo de 2014 en el MALI.
 
Y ofrezcamos también nuestras oraciones y sacrificios en reparación a Nuestro Señor Jesucristo, a María Inmaculada y a Santa Rosa por estas inauditas ofensas.




Atentamente,



Luis Alberto Chávez, secretario


Tradición y Acción por un Perú mayor


P.D. ¡Retransmita este mensaje a sus amigos! ¡Comparta los enlaces en Facebook y Twitter! ¡Que Nuestro Señor sepa que no somos hijos indolentes!
 
P.D. 2: No es necesario llenar el campo de "código postal" para protestar.
 
P.D. 3: Por delicadeza no mostramos estas aberraciones. Si prefiere ver con sus propios ojos algunas de ellas, puede entrar en http://lamula.pe/2013/11/24/una-santa-rosa-travestida-y-real/ceciliapodesta/. No indicamos enlaces a más imágenes de la muestra —varias de ellas pornográficas— por un elemental pudor.

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NOTA: Si retransmite este mensaje, asegúrese de borrar a partir de aquí, pues de lo contrario sus destinatarios podrían desuscribirlo a Ud.

viernes, 1 de noviembre de 2013

CONFERENCIA SOBRE UN BEATO QUE SALVO 105 JUDIOS DE LOS NAZIS EN LA PLATA



Hoy se desarrollará en la solemnidad de Todos los Santos, una conferencia sobre el "Beato Odoadro Forcherini, esposo y padre de siete hijos, periodista. Capturado y encarcelado por odio contra su fue católica, murió en el campo de concentración de Hersbruck en 1944, a la edad de 37 años. Salvó a 105 judíos de la persecusión nazi"
Oradora: Silvina Belén Tau (Presidente de la Acción Católica de La Plata
La Conferencia se desarrolla en el marco de la XV EXPOSICIÓN DEL LIBRO CATÓLICO EN LA PLATA, que se encuentra abierta hasta el 10 de noviembre de 2013 en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, Calle 50 entre 6 y 7 de la ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires.

martes, 1 de octubre de 2013

CARMELITAS DESCALZAS EN LA PLATA: 1 DE OCTUBRE, MISA Y BENDICION DE LAS ROSAS



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Las Hermanas Carmelitas Descalzas invitan a participar de la Festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, con la S0lemne celebración de la Santa Misa el martes 1 de Octubre a las 17.30 hs. Luego de concluida se realizará la tradicional bendición de las rosas.

Capilla del Monasterio, calle 7 esq. 35 de la ciudad de La Plata. 

Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones

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Su fiesta se celebra el 1ro de octubre.
La devoción a Santa Teresita del Niño Jesús se ha esparcido de una manera impresionante a través de toda la Iglesia. Durante su corta vida, Teresita no sobresalió por encima de las otras monjas del convento de carmelitas en Lisieux. Pero inmediatamente después de su muerte, muchos milagros y favores fueron concedidos a través de su intercesión. La santa cumplió la promesa de hacer caer una lluvia de rosas después de su muerte, es decir, una lluvia de beneficios hacia todos los que la invocan. "Lo que me impulsa a ir al Cielo es el pensamiento de poder encender en amor de Dios una multitud de almas que le alabarán eternamente", decía Teresita. Su gran anhelo es que aquellos que la invocan amen a Dios con un amor abrasador.
Por medio de sus cartas, los testimonios de aquellos que la conocieron, y especialmente su autobiografía, "La Historia de un Alma", millones han llegado a conocer sus grandes dones y virtudes. Incontables peregrinos visitan el convento carmelita de Lisieux, donde, el 9 de abril de 1888, María Francisca Teresa Martín, la hija menor del relojero Luis Martín, se convirtió en la novicia más joven. Tenía sólo quince años. Estaban ya allí dos de sus hermanas: María, la mayor, se había ido cuando Teresita tenía nueve años, y Paulina, que había cuidado de la familia después de morir su madre, entró cuando Teresita tenía catorce años.
Teresa había sido la hija preferida de su padre; era tan alegre, atractiva y amable, que los dos sufrieron intensamente cuando llegó el momento de la separación. Pero no le cabía la menor duda de que esa era su vocación. Aunque la salud de Teresita era muy delicada, no deseó ninguna dispensa de la austera regla y no le fue dada ninguna. Sufría intensamente por el frío y por el cansancio de cumplir con algunas de las penitencias físicas y exteriores que la Regla acostumbraba. "Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor," dijo en una ocasión, "pero quiero buscar un camino nuevo hacia el cielo, muy corto, muy recto, un pequeño sendero…Estamos en la era de los inventos. Me gustaría encontrar un elevador para ascender hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir los empinados escalones de la perfección…"
"La Florecita", como muchos la llaman, encontró su elevador, que la llevó velozmente por entre períodos oscuros de sufrimiento espiritual, por entre largas noches de dolor corporal, hacia arriba, siempre arriba, hasta que al fin estuvo segura en brazos de su amado Jesús. Antes de morir, terminó su autobiografía, La Historia de un Alma, escrita a petición de su Superiora. Ha sido traducida a muchos diferentes idiomas, y está llena de belleza, sabiduría y valor, y por ella podemos saber algo de la santidad de Teresita, pues explica cómo hizo de sí misma un juguete de Cristo. Hiciera lo que hiciera, estaba segura de su amor.
La hermana Teresita de Lisieux murió el 30 de Septiembre de 1897. En junio de ese año había sido llevada a la enfermería del convento, padeciendo fuertes hemorragias, y no volvió a salir de allí. Tres de sus declaraciones, pronunciadas por ese tiempo, le han dado la vuelta al mundo y ningún comentario sobre la Florecita, por breve que fuera, estaría completo sin ellas: "Nunca he dado a Dios más que amor, y Él me pagará con amor. Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas." "Pasaré mi Cielo haciendo bien sobre la tierra." "Mi caminito es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta."
Casi inmediatamente después de su muerte, fueron tan numerosos los milagros obtenidos por su intercesión, que la Santa Sede dispensó los acostumbrados cincuenta años que normalmente deben transcurrir antes que se inicie el proceso de canonización. En 1922 fue solemnemente beatificada por el Papa Pío XI, y dos años más tarde fue canonizada Teresa de Lisieux.

Como una de las principales obligaciones de las carmelitas es pedir por las misiones, no es extraño que, en 1927, Santa Teresita fuera nombrada Patrona celestial de todas las Misiones Extranjeras, junto con San Francisco Javier. Dijo Teresita: "Quisiera ser misionera ahora y siempre y en todas las misiones."

jueves, 4 de julio de 2013

LA SALVACIÓN DE LOS INFIELES: ¿ERRORES DE SAN FRANCISCO JAVIER, o DEL VATICANO II?


Por Hirpinus

El hecho

30 Giorni, abril del 2006: entrevista al prepósito general de la Compañía de Jesús, Peter Hans Kolvenbach, con ocasión del quinto centenario del nacimiento de San Francisco Javier:
«Javier era, en muchos aspectos, hijo de su tiempo -dice Kolvenbach-. La teología que había aprendido en París y el ambiente religioso en que había vivido consideraban que el bautismo constituía una necesidad absoluta para la salvación. Javier sufría muchísimo al ver llorar a los japoneses después de decirles que sus antepasados se habían ido al infierno por no estar bautizados. Más tarde, Javier hizo más hincapié en la misericordia de Dios, quien, según decía, había hallado aceptas las vidas rectas de los que ignoraban, sin culpa alguna por su parte, la necesidad del bautismo. Hoy sabemos, guiados por la Iglesia y el Vaticano II, que la semilla de la verdad no puede por menos de encontrarse en todo hombre, y que Dios brinda también la salvación a los que no llegan a conocer a Cristo.
Pero ésta no era la doctrina de los tiempos de Javier».

La tradición apostólica

No sabemos con exactitud qué teología aprendió San Francisco Javier en París (pero seguro que no era la “neoteología” del Vaticano II), ni en qué ambiente religioso vivió, mas tenemos por imposible que él y sus maestros parisienses ignoraran (o no se cuidasen de saber) que «la Iglesia considera desde la antigüedad que al bautismo de agua (baptismus fluminis) pueden suplirlo tanto el martirio por Cristo (bautismo de sangre: baptismus sanguinis) cuanto el deseo del bautismo si va acompañado de la contrición perfecta (baptismus flaminis)» (*).
Los Padres de la Iglesia, testigos de la tradición apostólica, combatieron el abuso de quienes, porque contaban con el bautismo de deseo, dejaban el bautismo de agua para el final de la vida. San Gregorio Nacianceno, p. ej., dice que quien se contentare en esta vida con el bautismo de deseo habrá de contentarse en la otra con desear la bienaventuranza (Orat. 40, 23), mientras que San Agustín pone de relieve, al aducir el caso del centurión Cornelio como ejemplo del bautismo de deseo (Hechos 10), que éste, con todo, recibió el bautismo de agua a renglón seguido (De Bapt. 4, 22).
Ahora bien, el abuso que combatían los Padres atestigua la antigüedad de la doctrina del bautismo de deseo, al paso que la lucha de éstos contra el abuso en cuestión testimonia, por su parte, lo antiguo de la doctrina según la cual debe recibir el bautismo de agua todo el que pueda hacerlo: el deseo del bautismo no puede suplir al sacramento cuando, pudiéndolo uno recibir, se desentiende, sin embargo, de su recepción. Mas donde no se dé rechazo o negligencia, sino una auténtica imposibilidad (física o moral) de recibir el bautismo de agua, los Padres reconocen unánimemente que el bautismo de deseo posee la virtud de suplir al bautismo de agua. Así lo dice San Ambrosio en la oración fúnebre en honor del emperador Valentiniano II, que Arbogastes asesinó cuando era todavía catecúmeno:
«Sé que lamentáis que no recibiera el sacramento del bautismo. Pero decidme, ¿qué está en nuestra mano allende el deseo y la súplica? Y el deseo de hacerse bautizar lo había concebido él hacía tiempo: un deseo tan grande, que se había hecho iniciar incluso antes de venir a Italia, y aun me dijo hace poco que quería recibir de mí el sacramento de la regeneración [...] ¿Hemos de decir, pues, que no obtuvo la gracia que había deseado e invocado? Lo cierto es que, pues la pidió, la recibió» (De obitu Valent. 51).
Y también: «Yo lo he perdido a él, a quien estaba a pique de regenerar; pero él no ha perdido la gracia que había pedido» (ibídem).
Añadamos que a la doctrina del bautismo se liga la del limbo de los niños, que hoy se quiere echar en olvido; en efecto, el bautismo de agua es de necesidad absoluta para los niños precisamente porque, al hallarse privados aún del uso de razón, son incapaces del bautismo de deseo, como lo corroboró Pío XII en su célebre discurso a las comadronas.

La doctrina tradicional, defendida y profundizada por la escolástica

La doctrina de los Padres la defendió la primera escolástica, precisamente en París, contra Abelardo, a quien impugnaron Hugo de San Víctor y San Bernardo. Este último escribe: «el hombre puede justificarse con sola la fe y el deseo del bautismo» (Ep. 77, 8).
A continuación, la gran escolástica ahondó, con Santo Tomás sobre todo, en la doctrina patrística relativa al bautismo de deseo: «En tanto se dice que el bautismo es necesario para salvarse en cuanto que nadie puede obtener la salvación si no recibe el bautismo al menos con el deseo, el cual „vale ante Dios tanto como la obra realizada‟ (San Agustín, Enarrat. In Psalm. 57, 3)» (Summa Th., q. 68, a. 2 ad 3).
El bautismo de deseo estriba esencialmente en esto, en que «uno puede obtener el efecto del bautismo, por virtud del Espíritu Santo, no sólo sin el bautismo de agua sino también sin el bautismo de sangre, en cuanto que el Espíritu Santo mueve a su corazón a creer en Dios, a amarlo y a arrepentirse de sus pecados» (Summa Theologiae III, q. 66, a. 11). Y Santo Tomás apela aquí a la autoridad de San Agustín:
«Que el martirio haga en ocasiones las veces del bautismo lo argumenta válidamente San Cipriano con base en el caso de aquel ladrón no bautizado a quien se le dijo: „hoy estarás conmigo en el paraíso‟. Y yo, pensándolo bien, encuentro que no sólo el padecimiento por el nombre de Cristo puede suplir lo que falta por parte del bautismo, sino, además, la fe y la conversión del corazón si acaso no pudiera uno recurrir, falto de tiempo, a la celebración del sacramento del bautismo (4 De Baptismo contra Donatist., c. 22)». Pedro Lombardo, por su parte, concluye lo siguiente de este mismo pasaje agustiniano: «Es evidente, pues, que algunos pueden justificarse y salvarse sin el bautismo de agua» (4 Sent., d. 4, c. 4).
Así que la Iglesia ha enseñado siempre la necesidad del bautismo, pero no ha enseñado nunca la necesidad “absoluta” del bautismo de agua para la salvación cuando se dé una verdadera imposibilidad, física o moral, de recibirlo (excepción hecha de los niños carentes del uso de razón).

El Magisterio

Inocencio II, llamado a resolver el caso de uno que había fallecido sin bautismo, echa mano de San Agustín y San Ambrosio y recomienda se custodie la doctrina transmitida por los Padres sobre el bautismo de deseo (Denzinger, n. 388).
Inocencio III declara a su vez que nadie puede administrarse el bautismo a sí propio, ni siquiera en caso de necesidad, pero que, en caso necesario, el hombre puede salvarse mediante la fe en el sacramento aun sin el sacramento de la fe: propter sacramenti fidem, etsi non propter fidei sacramentum (Denz., n. 413).
Dicha doctrina la definió el concilio de Trento, el cual enseña que no puede uno justificarse «sin el lavatorio de la regeneración [bautismo] o su deseo (sine lavacro regenerationis aut eius voto fieri non potest)» (Denz., n. 796).
Si se dio una novedad en tiempos de San Francisco Javier, fue ésta: hasta que llegó la época de los grandes descubrimientos geográficos se pensaba que el evangelio se había anunciado a todo el orbe; pero se descubrieron, por el contrario, muchos pueblos a los cuales no se había predicado aún el evangelio. No era cuestión, sin embargo, de mandar al infierno a todos sus antepasados, sino de aplicar la antigua doctrina sobre el bautismo de deseo, que ya los Padres de la Iglesia habían aplicado a los paganos que no habían podido oír hablar de Cristo. En tales casos, en efecto, no puede hablarse de negligencia, ni de desprecio al sacramento, sino de ignorancia invencible y, por ende, de una auténtica imposibilidad moral de recibir el bautismo de agua, por lo que ha de reconocerse al bautismo de deseo (cuando se verifique éste por obra de la gracia) la virtud de suplir al bautismo de agua. Dicho deseo del bautismo puede ser explícito, como en el caso de los catecúmenos muertos antes de ser bautizados, pero puede estar asimismo implícito en el deseo general de cumplir en todo la voluntad de Dios (Pío XII, Carta del Sto. Oficio al arzobispo de Boston, 8 de agosto de 1949). Como quiera que sea, no deja de constituir un secreto de Dios el número de los que se salvan por este camino extraordinario (la senda ordinaria es la de la fe recibida mediante la predicación: fides ex auditu, de donde se deriva la necesidad de las misiones). Por otra parte, es cierto que los que se salvan por este camino extraordinario no pueden estar seguros de su propia salvación y carecen, además, de los medios ordinarios de que dispone la Iglesia para conseguirla (Pío XI, Singulari quadam; Pío XII, Mystici Corporis).
Se condena así, por igual, sea a los que excluyen de la salvación a los hombres que están unidos a la Iglesia por solo el bautismo de deseo (explícito o implícito), sea a los que afirman que todos los hombres pueden salvarse, por su rectitud natural, en todas las religiones (indiferentismo). Ahora bien, al decir del padre Kolvenbach, San Francisco Javier pasó, ante las lágrimas de los japoneses, del primer error al segundo, el cual constituye -y aquí sí que no podemos negarle la razón- el “buen fruto” que ha llegado hoy a su sazón con el Vaticano II, cuyo ecumenismo extiende en la práctica el bautismo de deseo indiscriminadamente y sin condiciones a todos los infieles, con lo que vuelve inútiles el bautismo de agua y las misiones.

El naturalismo

Éste es, de hecho, el otro error que el padre Kolvenbach atribuye a San Francisco Javier, el de pensar que «Dios [...] había hallado aceptas las vidas rectas de los que ignoraban, sin culpa alguna por su parte, la necesidad del bautismo».
También sobre este punto hay una doctrina constante de la Iglesia: puesto que el fin del hombre es sobrenatural, resulta imposible salvarse en virtud de sola la rectitud natural (la cual, no cabe duda, dispone al hombre para recibir la gracia, pero no puede substituirla): para salvarse es menester la fe sobrenatural; de ahí que mientras el bautismo de agua puede ser suplido, en determinadas circunstancias, por el bautismo de sangre y de deseo (incluso implícito), la fe sobrenatural, en cambio, no puede suplirse en los adultos en ningún caso (sólo en los párvulos bautizados suple la fe de la Iglesia).
La Sagrada Escritura y el magisterio son categóricos: «Sin la fe es imposible agradar a Dios» (Heb. 11,6). San Clemente Romano declara que nadie se justifica nunca sin la fe sobrenatural (Epist. I ad Cor., c. XXXII). Idéntica doctrina sostienen San Cipriano, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Cirilo de Alejandría, San Gregorio Magno,. etc. El concilio de Orange (año 529) exige para nuestra regeneración una fe sobrenatural que sea obra de la gracia desde el principio (Denz., n. 178), y el concilio de Trento afirma que «sin esta fe [la sobrenatural] jamás a nadie se le concedió la justificación» (Sesión 6, cap. 7), y anatematiza a quien ose sostener que la fe que se exige para la justificación es obra de los esfuerzos humanos y no procede de la inspiración preveniente del Espíritu Santo (can. 3).
Se halla al respecto en el concilio de Orange una definición que condena por anticipado al modernismo actual: «Si alguno dice que está naturalmente en nosotros lo mismo el aumento que el inicio de la fe y hasta la propia inclinación a creer [...], no por don de la gracia -es decir, por inspiración del Espíritu Santo, que dirige nuestra voluntad de la infidelidad a la fe, de la impiedad a la piedad-, se muestra enemigo de los dogmas apostólicos, como quiera que el bienaventurado Pablo dice: „(...) De gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, puesto que es don de Dios‟ (Eph. 2, 8). Porque quienes dicen que la fe, por la que creemos en Dios es natural, definen, en cierto
modo, que son fieles todos aquellos que son ajenos a la Iglesia de Dios» (Denz., n. 178) (¿y no es ésta, acaso, la anormal conclusión que el ecumenismo saca hoy de su naturalismo de fondo?). Dicha necesidad de la fe sobrenatural -ésta sí que es una necesidad absoluta- la corroboró el concilio dogmático Vaticano I (Denz., n. 1793): «Mas porque „sin la fe ... es imposible agradar a Dios‟ (Heb. 11, 6) y llegar al consorcio de los hijos de Dios, de ahí que nadie obtuvo jamás la justificación sin ella, y nadie alcanzará la salvación eterna si no „perseverare en ella hasta el fin‟ (Mt. 10, 22; 24, 13)» (adviértase que el concilio prosigue afirmando que la Iglesia se instituyó precisamente para dicho fin: «para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella»).
Por otro lado, es cierto que Dios da a todos los infideles negativi (los infieles negativos, aquellos que son infieles sin culpa alguna por su parte) la gracia suficiente para salvarse. La universalidad de la voluntad salvífica divina y la universalidad de la redención hacen inadmisible que a una grandísima parte de la humanidad se le nieguen las gracias necesarias y suficientes para la salvación; de ahí que Alejandro VII condenara en 1690 las proposiciones jansenistas según las cuales los paganos, judíos, herejes y los demás de esa laya no reciben de Cristo ningún influjo de la gracia (Denz., nn. 1294-1295). El Espíritu Santo obra también, pues, fuera de los confines visibles de la Iglesia para conducir las almas a ésta, al menos con el deseo, con tal que no resistan.
Esta doctrina católica sobre la necesidad de la fe sobrenatural para la salvación de los adultos la corroboraron y defendieron los Romanos Pontífices hasta el Vaticano II:
- Pío IX, p. ej., precisa, al hablar de los infieles que por desgracia, sin culpa alguna por su parte, ignoran invenciblemente nuestra santísima religión y observan diligentemente la ley natural, precisa, decíamos, que pueden alcanzar la vida eterna, no en virtud de esa rectitud natural suya, sino «en virtud de la luz y de la gracia divinas», para cuya recepción los dispone su rectitud natural (Quanto conficiamur moerore, 10 de agosto de 1863).
- Pío XII, asimismo, puntualiza lo siguiente al referirse al bautismo de deseo en la Carta del Santo Oficio al arzobispo de Boston (8 de agosto de 1949):
«No ha de creerse, sin embargo, que baste para salvarse cualquier clase de deseo de entrar en la Iglesia. El deseo con que alguien se adhiere a la Iglesia debe estar vivificado por la caridad perfecta. Un deseo implícito no puede producir su efecto si no se posee la fe sobrenatural».
Pero ¿cuál es, al decir del padre Kolvenbach, la novedad que nosotros hemos descubierto “hoy”, “guiados (...) por el concilio Vaticano II”? Es ésta: “la semilla de la verdad no puede por menos de encontrarse en todo hombre” y “Dios brinda también la salvación a los que no llegan a conocer a Cristo”.
Ahora bien, si esto quiere decir que el infiel posee en sí una luz natural (moral y religiosa) que si no la apaga con sus pecados personales, sino que conforma su vida con ella, ya lo encamina a la salvación porque Dios, que quiere que todos se salven, no niega su gracia a quien hace cuánto está en su mano para salvarse, no se sale de la senda de la Tradición, por lo que el Vaticano II no nos enseñó nada nuevo (pero no es esto lo que se quiso decir); mas si, por el contrario, esto quiere decir que el infiel de buena fe se salva en virtud de su propia rectitud natural (sin gracia, sin fe sobrenatural, sin Espíritu Santo), el Vaticano II nos enseñó algo nuevo, pero no bueno, algo que la Iglesia había condenado antes varias veces y que por eso no es de recibo, algo que San Francisco Javier no podía enseñar sin traicionar su misión (y que no enseñó, a buen seguro).


Hirpinus


(*) Así se expresa B. Bartmann en su magnífico Manuale di Teologia Dogmatica, ed. Paoline, vol. III, pág. 89. Lo de “magnífico” no atañe, sin embargo, a las añadiduras que efectuó Natale Bussi en la edición italiana de obra.

martes, 23 de abril de 2013

23 DE ABRIL DÍA DE SAN JORGE




Por el Dr. Jorge Enrique Yunes (*)

San Jorge es uno de los más venerados y respetados santos de la Iglesia cristiana. Su memoria se recuerda todos los 23 de abril, fecha en la que el santo entregó su vida por Cristo. En uno de los himnos de la fiesta de su conmemoración la Iglesia canta: “Glorioso Mártir, tu nombre excelso se escucha por toda la tierra, por que no existe desierto, mar, ni ciudad que no recuerde, en verdad, tus incontables milagros”. Los fieles han incorporado su nombre a sus vidas mucho más que cualquier otro santo, así como la Iglesia en todo lugar ha dedicado templos a su memoria desde el mismo siglo IV.
San Jorge nació en Capadocia, Asia Menor, en el seno de una familia honorable. Su padre, llamado Anastasio, era gobernador en Capadocia. Su madre se llamaba Policronia y era de origen Palestino. Anastasio muere cuando Jorge apenas tenía diez años. Desde su juventud San Jorge se distinguió por sus habilidades de caballero, por lo que pronto llegó a ocupar los mejores lugares en la caballería de Palestina. Jorge tenía solo dieciocho años de edad cuando ingresó al Ejército. Fue condecorado con el título de Tribuno de la Guardia Imperial y hasta tal vez como Prefecto.
En aquel tiempo, San Jorge escuchó que el Emperador Diocleciano había decidido decretar la persecución de los cristianos y su muerte. San Jorge sintió que ese era el momento de confesar públicamente su fe por Jesucristo. Para ello se preparó, distribuyó todas sus pertenencias a los pobres, liberó a sus esclavos y se presentó ante el mismo Emperador en Nicomedia, reprochándole su decisión de derramar sangre inocente. Diocleciano, cuando supo que aquel valiente caballero era cristiano, le ofreció todos los honores para hacerlo cambiar de opinión, bajo una condición: que presentara un sacrificio al dios del Imperio. San Jorge respondió: “Tu reino se corromperá y desaparecerá rápidamente, y no te ha de entregar ningún beneficio. Pero aquellos que ofrecen sacrificios de alabanza al Rey de los Cielos reinarán con Él para toda la eternidad”.
El Emperador castigó a San Jorge por su amor a Cristo. Por ello, tuvo que sufrir suplicios atroces que son representados en su ícono. San Jorge permaneció fiel a Cristo, unido a Él en la oración, lo que atraía los corazones de los presentes a amar a Cristo, y confesar su fe en Él. El emperador, furioso, ordenaba matar a cada uno de ellos.
El Emperador esperaba que San Jorge aceptara ofrecer culto a los dioses paganos, y buscaba la forma de convencerlo por la alta estima en que lo tenía. Es así que Jorge es conducido al templo de Apolo en presencia de mucha gente. Acercándose hasta el altar en donde estaba por realizarse la incensación, Jorge solo atinó a pararse frente a la estatua dedicada a Apolo y hacer la señal de la Cruz. Los demonios que habitaban la estatua, confesaron que solo Cristo es el Dios verdadero y salieron de la estatua con gran estrépito. Todas las estatuas se destruyeron por completo, ante el asombro general. Entonces, los sacerdotes paganos echaron a San Jorge del Templo y lo llevaron nuevamente al Palacio Real.
Atraída por el tumulto de la gente, la Emperatriz Alejandra salió del Palacio abriéndose paso entre la gente diciendo: “Dios de Jorge, ayúdame”. Inmediatamente cayó a los pies del santo. El Emperador, que llegó a ver lo sucedido con la Emperatriz, no pudo soportar más y con un corazón furioso y endurecido como le sucedió al Faraón enfrente de Moisés, ordenó que la Emperatriz y San Jorge fueran decapitados la mañana siguiente. Sin embargo, esa misma noche el alma de Alejandra fue llevada al cielo. Murió en paz en la prisión. Pero San Jorge, la mañana siguiente se fue al lugar destinado a cumplir la sentencia. Allí dio gracias a Dios por todas sus clemencias y bondades; pidió su ayuda y amparo para todos aquellos que invocaran con confianza su intercesión, bajó la cabeza y se dirigió al lugar donde había de ser decapitado, para después ir al cielo y recibir la recompensa de la gloria eterna destinada a todos aquellos que confiesan el Nombre de Cristo. Murió, pues, en Nicomedia a los veinte años de edad un viernes 23 de abril de 304.
Hoy la Iglesia Ortodoxa honra su memoria y los fieles lo veneran como un ejemplo de valentía en la fe y como intercesor por la salvación de las almas.
Oración a San Jorge
Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes, Oh gran mártir, san Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.-
 
(*) Dr. Jorge Enrique Yunes; Abogado; Doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Analista Político; Investigador; Precandidato a Diputado Nacional por el Distrito Santa Fe en las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 14 de Agosto de 2011. Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina. 
Twitter @Dr_Jorge_Yunes 

lunes, 3 de diciembre de 2012

HOY: VIDA Y OBRA DE LA BEATA LUDOVICA EN LA EXPOSICIÓN DEL LIBRO CATÓLICO



Hoy a las 19 hs se desarrollará una Mesa Redonda en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, ubicado en calle 50 entre 6 y 7 de La Plata, en el marco de la Exposición del Libro Católico.
El evento será en conmemoración de los 50 años de la partida a la Casa del Padre de la Beata Sor María Ludovica, Fundadora del hospital de Niños de La Plata (1962-2012).
Tema: "La vida y la obra de la Beata Ludovica"
ORADORES: 
Hna. Adriana Moreno (Superiora de la Comunidad de Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia del Hospital de Niños.
Dr. Hugo Pérez Salas.
Sra. Faustina Milesi

viernes, 23 de noviembre de 2012

ACCIÓN CATÓLICA: LA VERDADERA IDENTIDAD OCULTADA DE UN BEATO, PIER GIORGIO FRASSATI





¡EL PIER GIORGIO FRASSATI QUE OCULTAN LOS PACIFISTAS ACTUALES DE LA ACCION CATOLICA ADMIRADORA DEL HINDÚ “GHANDI”, PERO NO DE JESUCRISTO ECHANDO A LOS MERCADERES DEL TEMPLO!

Desde 1861 hasta 1922, Italia fue una monarquía constitucional con un parlamento elegido mediante sufragios restringidos (en 1913 se celebró el primer sufragio universal masculino). Víctor Manuel III era el Rey de Italia en esos tiempos, quien se sometió a la “ley del número”, sin interferir en la acción de los gobiernos liberales y conservadores. Contemplaba vegetativamente todo lo que hacían los regímenes civiles que se sucedieron, sin intervenir.

Italia vivía en esos años, anteriores a 1923, muy duros momentos. Eran los años de la crisis de toda autoridad, de la ola roja que avanzaba incontenible, de la desorientación de los espíritus. La Universidad reflejaba también ese ambiente de lucha. Pier Giorgio supo aceptarla.
Un día era el aviso colocado por él en la Universidad invitando a la comunión pascual y arrancado por los que se llamaban incrédulos, al día siguiente eran 64 avisos semejantes al arrancado que empapelaban los claustros universitarios. La mano de Frassati los había colocado.
Otra vez era una invitación a una hora de adoración eucarística puesta en la vitrina de avisos universitarios, cien estudiantes que en forma amenazadora deseaban destruirla, y solo frente a la vitrina, rígido con un bastón en la mano, defendiéndola, el estudiante católico de ingeniería, Frassati.

CONGRESO NACIONAL DE LA JUVENTUD CATÓLICA ITALIANA
En septiembre de 1921 se reunía en Roma el Congreso Nacional de la Juventud Católica italiana. El magnífico movimiento juvenil que hoy contemplamos con admiración había ya comenzado.
El domingo 4 de septiembre debía celebrarse la Misa en el Coliseo; cuando los jóvenes llegaron, la tropa que rodeaba el monumento les impidió penetrar, la función había sido prohibida por el Gobierno.
Llenos de santa indignación los jóvenes se dirigieron al Vaticano, donde después de oír la Misa fueron recibidos en audiencia por S.S. Benedicto XV. De ahí debían dirigirse a la tumba del soldado desconocido cuando una nueva prohibición policial impide el cortejo.
Ante la inmensa masa de cincuenta mil jóvenes que avanzan llenos de fe, entusiasmo e indignación por las vejaciones sufridas, las tropas deben cejar, cediéndoles el paso, pero en “piazza del Gesú” los espera la guardia regia a caballo.

OIGAMOS A UN ACTOR DE LA ESCENA:
“Pier Giorgio tiene en alto con sus dos manos la bandera tricolor de Cesare Balbo. De improviso desembocan del portón del palacio Altieri cerca de doscientos guardias regios a las órdenes del más sectario funcionario que haya conocido jamás. Grita: “pegad con los fusiles y arrancad las banderas”. Parecen que trataran con fieras y no con jóvenes desarmados.
Golpean con los fusiles, arrancan y despedazan nuestras banderas. Como podemos, desesperadamente defendemos nuestras insignias. Veo a Pier Giorgio en lucha con dos guardias que tratan de arrancarle la bandera con el asta quebrada queda en sus manos.
En su compañía somos llevados a la prisión... y comienza el interrogatorio:
-Tú, ¿cómo te llamas?
-Pier Giorgio Frassati.
-¿El nombre de tu padre?
-Alfredo.
-¿En qué trabaja?
-Embajador de Italia en Berlín.
(Estupor, voces suaves, excusas y por último):
-Puede usted salir.
-Saldré cuando salga el último de mis compañeros- es la respuesta.
Y ahí en el patio de la prisión, presididos por un sacerdote que lleva el rostro ensangrentado, a instancias de Frassati, se realiza una escena digna de los primeros siglos de la era cristiana.
-”Muchachos, por nosotros y por los que nos han ofendido, oremos” -y todos de rodillas entonan el rosario.
Después de este incidente llovieron sobre Pier Giorgio las felicitaciones; parecía no comprenderlas. Para él era algo imposible que un joven católico pudiese en esas circunstancias, obrar de otro modo.
Su único comentario envuelto en una sonrisa fue éste: “Nos trataron mal, pero nosotros respondimos recitando por ellos el rosario”. Nada de reproches o de insultos, sus palabras reflejaban la inmensa dicha de haber sufrido algo por Cristo.

EN LA UNIVERSIDAD
Cuando llega a la Universidad, percibe un ambiente hostil contra todo lo que huela a católico. Pier Giorgio no duda en promover actividades espirituales entre los universitarios. A veces a riesgo de más de algún choque violento con grupos intolerantes (esos que presumían de “liberales”, de “libertadores comunistas”, o de “patriotas” en las filas del fascismo).
En el panel de anuncios de la universidad de Turín pone un día, entre las muchas hojas y folletos que hablan de fiestas y diversiones, un cartel para invitar a los estudiantes a la adoración nocturna. Los “anticlericales” deciden intervenir para arrancar la “provocación” de Pier Giorgio.
Al llegar, se encuentran allí delante al joven, que defiende enérgicamente su derecho a expresar las propias convicciones. Al final el panel queda completamente destruido, y el anuncio de Pier Giorgio acaba hecho pedazos...

DIJO EL BEATO:
“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando...”
“Cada día comprendo mejor la gracia de ser católico. Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando... Incluso a través de cada desilusión tenemos que recordar que somos los únicos que poseemos la verdad”.
Pier Giorgio Frassati fue declarado beato por Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990. Sobre su personalidad, Benedicto XVI comentaba:
"Joven como vosotros, vivió con gran compromiso su formación cristiana y dio su testimonio de fe, sencillo y eficaz. Fue un muchacho fascinado por la belleza del Evangelio de las Bienaventuranzas, que experimentó toda la alegría de ser amigo de Cristo, de seguirle, de sentirse de manera viva parte de la Iglesia" (a los jóvenes, Turín 2 de mayo de 2010).

jueves, 22 de noviembre de 2012

HOY: CONFERENCIA DE MONS. AGUER SOBRE SANTA MONICA



Hoy a las 19 hs en el Instituto Terrero, Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, expondrá sobre la vida de Santa Mónica.
Con la disertación, se cerrará el ciclo de conferencias 2012 de la "Cátedra de la Mujer".
La Red Federal de Familias de La Plata, convoca a participar del evento. La entrada es libre y gratuita.
El Instituto Terrero queda en calle 11 entre 45 y 46 de La Plata, junto a la iglesia de La Merced.
Difunda el evento, y asista al mismo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

"DE HUGO WAST A DON ORIONE" POR EL TCNL (RE) SANTIAGO ROQUE ALONSO EN LA PLATA


ESTIMADOS AMIGOS:
                             
                               EL VIERNES 7 DE SEPTIEMBRE DAREMOS COMIENZO AL CURSO DE GEOPOLITICA ARGENTINA, ORGANIZADO POR EL CENTRO DE ESTUDIOS MANUEL BELGRANO. 
EN ESTA OPORTUNIDAD QUIEN ABRIRA ESTE CICLO SERA EL TCNEL(RE) SANTIAGO ALONSO Y EL TITULO DE SU CONFERENCIA ES "DE HUGO WAST A DON ORIONE". LA PROXIMA DECISIVA CONFRONTACION EN LA ARGENTINA."
LOS ESPERAMOS EN 44 N° 830 E/ 11 Y 12, LA PLATA. 
EL HORARIO DE LA MISMA ES A LAS 19,30 HS.

                                        
DESDE YA MUCHAS GRACIAS Y ESPERAMOS CONTAR CON SU PRESENCIA Y DIFUSIÓN DEL EVENTO

martes, 31 de julio de 2012

SAN IGNACIO DE LOYOLA


Fundador de los jesuitas (1491-1556)
 
Ignacio fue el último de doce hijos de una familia de Azpeitia (Guipúzcoa) en el País Vasco. A los 14 años lo destinaron a la carrera eclesiástica, pero al poco tiempo la abandonó y se pasó a la militar.
Abandonó su país para servir en la corte de los grandes personajes de la época. Nombrado caballero, ardía en deseos de combatir en la guerra para adquirir fama y conquistar la mano de una noble señora de muy alto linaje.
En la guerra entre Francisco I de Francia y Carlos V fue destinado con sus soldados a la defensa de Pamplona. La víspera de la batalla buscó a un sacerdote para confesarse, pero como no lo encontró dio cuenta de sus pecados a un compañero de armas: un acto de humildad que existía en la tradición cristiana gracias a las recomendaciones de Santo Tomas de Aquino y san Buenaventura.
La batalla fue intensa y el enemigo logró derribar las murallas de la ciudad. Ignacio resistió hasta que fue herido en ambas piernas. Los franceses lo trataron muy bien y luego lo enviaron a su tierra para ser curado allí.
Durante el correspondiente reposo, Ignacio pidió algún libro para leer, preferentemente de caballería, pero no había de estos sino sobre la vida de Cristo y una colección de vida de santos.
Con esta lectura, Ignacio se sintió atraído por primera vez por estas vidas y advirtió que en aquellos momentos experimentaba una paz y una alegría desconocidas hasta entonces.
Después de largas y maduras reflexiones, tomó la decisión de servir, no ya a un rey de este mundo, sino al mismo Cristo, como lo habían hecho San Francisco y  santo Domingo. Pero si éstos habían consagrado toda su vida a la gloria de Dios, él los superaría consagrándola a la mayor gloria de Dios,  expresión que, en adelante, sería su divisa.
Esta decisión fue confirmada tras una prolongada visión de la imagen de Nuestra Señora con el santo Niño Jesús, y, según cuenta él mismo en su Autobiografía, le aportó un excesivo consuelo. A partir de ese momento Ignacio fue otra persona.
Con la intención de peregrinar a Tierra Santa, se dirigió primero al santuario de Montserrat, allí colgó la espada y  el puñal en el altar de la Virgen, se vistió con una túnica y unas sandalias; y con un bastón, una calabaza de peregrino y una mula, partió para Manresa. Era el año 1522.
Luego, Ignacio experimentó una etapa de gran tranquilidad interior y alegrías espirituales, seguida de otro tiempo muy difícil lleno de tentaciones con fuertes sufrimientos internos que lo llevaron al borde del suicidio. Pero finalmente quedó inundado de luz divina.
En una época de la Iglesia marcada por incertidumbres doctrinales y divisiones que minaban sus estructuras vitales, Dios quiso infundir en el espíritu de Ignacio las verdades fundamentales del cristianismo, meditó sobre la Trinidad, el Verbo encarnado, la madre de Dios, la santa eucaristía.
Y con estas realidades en su alma llegó a Tierra Santa, de donde volvió con el ferviente deseo de predicar a todo el mundo. Para prepararse, Ignacio se puso a estudiar, primero en Barcelona y luego en Alcalá, donde terminó preso porque había predicado en privado sus Ejercicios espirituales y pesaba sobre él la sospecha de herejía. Pero un profesor de exégesis bíblica fue a visitarlo y al salir exclamó: “He visto a Pablo en la cárcel”, tras lo cual lo dejaron libre con la condición de que no hablara de cosas de la fe hasta después de estudiar otros cuatro años.
Ignacio se fue a Salamanca, pero también allí acabó preso. Cuando salió, decidió ir a París, que entonces era la capital intelectual de Europa. Allí obtuvo el título de “maestro en artes” o “doctor” y reclutó a sus primeros compañeros, todos deseosos de dar ejemplo de vida apostólica y de predicar el Evangelio para fomentar una reforma profunda en el seno mismo de la iglesia. Sus “Ejercicios” los practicaba individualmente con cada uno de ellos y cuando se enamoraban de su ideal, hacía que se conocieran.
Luego de una misa en Montmartre, en la cripta de san Dionisio, uno de los estudiantes que ya era sacerdote, hizo votos de pobreza y de dedicarse al servicio de Dios, predicando  y sirviendo en los hospitales y, de ser posible, viajar a Jerusalén o donde el papa lo mandase.  Estaban dando los primeros pasos de lo que luego sería la Compañía de Jesús; la luz de Manresa los iluminaba, soñaban con evangelizar el mundo.
En aquellos momentos, Erasmo de Rótterdam había abierto nuevos horizontes a las ciencias y había pedido una reforma de la iglesia. Martín Lutero en Alemania y Zuinglio y Calvino en Suiza iniciaban una reforma personal que ponía en cuestionamiento al papa. Ignacio por su parte se sintió impulsado por Dios a emprender, también él, una reforma de la Iglesia, pero en sintonía con el carisma de Pedro.
Afectado en su salud, los médicos le aconsejaron que volviera a su tierra natal, para descansar y curarse allí. Ya en España, fomentó la reforma del clero, regularizó el auxilio a los pobres y, con sus predicaciones convirtió a personas de todas las clases sociales.
Pero tras un breve tiempo en España, se dirigió a Venecia, donde reanudó los estudios teológicos interrumpidos en Paris y aguardó la llegada de los compañeros que quedaron en Francia para emprender todos juntos una peregrinación a Palestina.
En Venecia conoció a  Juan Pedro Carafa que, tras renunciar al obispado de Chieti, en los Abruzos,  con San Cayetano de Thiene había fundado la orden de los teatinos. Caraza quiso enrolar a Ignacio en su orden pero este le contestó con franqueza que él buscaba un objetivo diferente.
Cuando sus compañeros franceses llegaron a Venecia, Ignacio ya era sacerdote y juntos fueron a pedir permiso a Pablo III para ir a Tierra Santa, y aunque obtuvieron el permiso del papa, la guerra les impidió partir, por lo que Ignacio consideró que no había que perder el tiempo y envió a algunos compañeros a predicar por diversas ciudades de Italia, y él y otros dos se dirigieron a Roma. Por entonces nació el nombre Compañía de Jesús.
Estaba en los alrededores de Roma cuando tuvo una visión en que el padre Eterno lo encomendaba a Jesús como discípulo suyo, y concibió tal devoción por este santísimo nombre, Jesús, que quiso llamar Compañía de Jesús a la congregación.
Fue un período fértil no exento de problemas, ya que nuevamente lo acusaron de hereje. Tras un proceso regular, los jueces fallaron a su favor.
El 27 de septiembre de 1540 se aprueba por bula pontificia la Compañía de Jesús, y se elige a Ignacio como superior quien la dirige desde Roma.
Durante sus últimos años de vida, la Compañía se extendió por toda Europa y la América española, luego hasta la India, Japón y Etiopía. Otra idea suya fue la de fundar colegios gratuitos y en los que se admitía a personas de todas las capas sociales. Estos colegios evolucionaron y se convirtieron en universidades. También se instituyeron seminarios, de gran importancia para la reforma de la Iglesia. Poco a poco, todos los seminarios católicos del mundo se amoldaron a la espiritualidad ignaciana.
Murió en Roma, a los sesenta y cuatro años el 31 de julio del año 1556.
 
“Toma, Señor, y recibe
mi voluntad, memoria, entendimiento,
mi libertad, mi haber, mi poseer.
 
Tu me lo diste… a ti, Señor, lo torno…
Todo es tuyo, dispón a voluntad…
Dame tu amor y tu Gracia,
Que esto me basta, no pido más…”
 
                                       -San Ignacio de Loyola-   
 
 
Recopilado por Ricardo Díaz de “Vidas santas y ejemplares”, Enrico Pepe, Barcelona, 2002.-