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domingo, 6 de enero de 2013

MONS. AGUER: “EL IMPERIO DE LAS FINANZAS SOBRE EL CONJUNTO DE LA ECONOMÍA SE HA CONFIGURADO COMO UNA ESPECIE DE PODER ULTRA ESTATAL QUE HACE IMPOSIBLE EL DESARROLLO”



En su reflexión televisiva semanal en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), MONS. HÉCTOR AGUER, Arzobispo de La Plata y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, se refirió a la visión profética y anticipada de la Iglesia, desde su Doctrina Social, de la actual crisis financiera y económica mundial.

Manifestó que “es interesante notar entonces cómo la problemática secular, académica, científica, acerca de la crisis financiera internacional coincide con los planteos que desde hace tanto tiempo viene sosteniendo la Doctrina Social de la Iglesia. ¡Ojalá estos planteos sean tenidos en cuenta!”.

Comenzó recordando que el Papa Juan Pablo II, en 1991, se preguntaba “si el capitalismo era, entonces, el camino, el modelo, que había que presentar a los países en vía de desarrollo para alcanzar esa meta tan deseada. Establecía como respuesta una cuidadosa  distinción” y que, de hecho, luego del “estallido de esa crisis en Estados Unidos, en Europa luego,  con repercusiones en todo el mundo,  se ha suscitado una discusión acerca de las posibles, y necesarias, reformas del capitalismo.  Este debate entraña un problema ético y cultural, como el Papa señalaba muy bien”.

Afirmó que “la discusión está en curso e intervienen en ella importantes estudiosos, en todo el mundo, acerca de la marcha de la economía en el futuro inmediato, sobre la suerte del sistema económico occidental y sus consecuencias globales”, agregando que “la investigación apunta sobre todo a los excesos del sistema financiero que han llevado a la entera organización del crédito en el mundo al borde de la liquidación. El predominio abusivo de las finanzas ha  suscitado mecanismos anormales de enriquecimiento y distorsiones en el sistema retributivo cada vez más inaceptables, sobre todo a medida que las sociedades occidentales han ido sufriendo  un progresivo empobrecimiento”.

Recordó que “los efectos se han notado especialmente  en los países anglosajones. Hay un enorme resentimiento provocado por la desigual  distribución del rédito, verificada en los últimos 30 años” y destacó que “el contraste entre las estancadas condiciones de vida de la clase media y el incremento fabuloso de las ganancias del 1% más rico de la población constituye una injusticia clamorosa”.

“Este desequilibrio tiene que ver no tanto, como dicen los estudiosos, con el sistema capitalista en cuanto tal, sino con el mal uso de la libertad, con un abuso de la misma inspirado en una insaciable codicia. Habría que recordar a propósito una frase del Apóstol San Pablo que dice que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”, sostuvo.

Mons. Héctor Aguer comentó luego que ahora “economistas serios, con estudios académicos aquilatados” destacan “cómo el imperio de las finanzas sobre el conjunto de la economía se ha configurado como  una especie de poder ultra estatal que hace imposible el desarrollo equilibrado de la vida económica y se impone sobre las decisiones que deberían tomar los estados. El Papa Pío XI había denunciado ya en 1931 al imperialismo internacional del dinero”.

Por tanto estos planteos académicos actuales “coinciden con la interpretación de Juan Pablo II acerca de la suerte del capitalismo y con las líneas que indica la Doctrina Social de la Iglesia.  Esta enseñanza reconoce las virtudes del mercado y sus posibilidades, pero al mismo tiempo destaca la función rectora de la política y la subordinación tanto de la economía, y por tanto de la libertad de mercado, como de la política respecto del orden moral”.

“Juan Pablo II planteó la necesidad una reforma del sistema económico y financiero internacional y Benedicto XVI en la Encíclica “Caritas In Veritate” nos habla de los principios éticos fundamentales que debieran inspirar los cambios necesarios. El Papa se ha referido al principio de la gratuidad y a la oportunidad de introducir en la economía de  mercado la lógica del don. Son cuestiones de carácter ético que hacen al correcto funcionamiento de los procesos económicos y se refieren a la verdad sobre el hombre y las relaciones sociales”.

Adjuntamos el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:
“En 1991, poco después del derrumbe de la Unión Soviética y de la caída de los regímenes comunistas en los países satélites de la Europa oriental, el Papa Juan Pablo II planteaba una cuestión fundamental. Se preguntaba si el capitalismo era, entonces, el camino, el modelo, que había que presentar a los países en vía de desarrollo para alcanzar esa meta tan deseada. Establecía como respuesta una cuidadosa  distinción”.

 “De hecho, a partir del estallido de esa crisis en Estados Unidos, en Europa luego,  con repercusiones en todo el mundo,  se ha suscitado una discusión acerca de las posibles, y necesarias, reformas del capitalismo.  Este debate entraña un problema ético y cultural, como el Papa señalaba muy bien”.

“La discusión está en curso e intervienen en ella importantes estudiosos, en todo el mundo, acerca de la marcha de la economía en el futuro inmediato, sobre la suerte del sistema económico occidental y sus consecuencias globales. La investigación apunta sobre todo a los excesos del sistema financiero que han llevado a la entera organización del crédito en el mundo al borde de la liquidación. El predominio abusivo de las finanzas ha  suscitado mecanismos anormales de enriquecimiento y distorsiones en el sistema retributivo cada vez más inaceptables, sobre todo a medida que las sociedades occidentales han ido sufriendo  un progresivo empobrecimiento”.

 “Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios productivos, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de “economía de empresa”, “economía de mercado” o simplemente de “economía libre”. Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa”.

“Esta distinción tan lúcida tiene una proyección extraordinaria sobre la situación actual de la economía del mundo, de lo que suele designarse la crisis financiera internacional”.

“De hecho, a partir del estallido de esa crisis en Estados Unidos, en Europa luego,  con repercusiones en todo el mundo,  se ha suscitado una discusión acerca de las posibles, y necesarias, reformas del capitalismo.  Este debate entraña un problema ético y cultural, como el Papa señalaba muy bien”.

“La discusión está en curso e intervienen en ella importantes estudiosos, en todo el mundo, acerca de la marcha de la economía en el futuro inmediato, sobre la suerte del sistema económico occidental y sus consecuencias globales. La investigación apunta sobre todo a los excesos del sistema financiero que han llevado a la entera organización del crédito en el mundo al borde de la liquidación. El predominio abusivo de las finanzas ha  suscitado mecanismos anormales de enriquecimiento y distorsiones en el sistema retributivo cada vez más inaceptables, sobre todo a medida que las sociedades occidentales han ido sufriendo  un progresivo empobrecimiento”.

“Los efectos se han notado especialmente  en los países anglosajones. Hay un enorme resentimiento provocado por la desigual  distribución del rédito, verificada en los últimos 30 años. El contraste entre las estancadas condiciones de vida de la clase media y el incremento fabuloso de las ganancias del 1% más rico de la población constituye una injusticia clamorosa. Este desequilibrio tiene que ver no tanto, como dicen los estudiosos, con el sistema capitalista en cuanto tal, sino con el mal uso de la libertad, con un abuso de la misma inspirado en una insaciable codicia. Habría que recordar a propósito una frase del Apóstol San Pablo que dice que “el amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Tim. 6, 10)”.

“Hoy día hay economistas serios, con estudios académicos aquilatados, que destacan precisamente cómo el imperio de las finanzas sobre el conjunto de la economía se ha configurado como  una especie de poder ultra estatal que hace imposible el desarrollo equilibrado de la vida económica y se impone sobre las decisiones que deberían tomar los estados. El Papa Pío XI había denunciado ya en 1931 al imperialismo internacional del dinero”.

“Estos planteos que proceden del campo académico, sociológico  o político coinciden con la interpretación de Juan Pablo II acerca de la suerte del capitalismo y con las líneas que indica la Doctrina Social de la Iglesia.  Esta enseñanza reconoce las virtudes del mercado y sus posibilidades, pero al mismo tiempo destaca la función rectora de la política y la subordinación tanto de la economía, y por tanto de la libertad de mercado, como de la política respecto del orden moral”.

“Juan Pablo II planteó la necesidad una reforma del sistema económico y financiero internacional y Benedicto XVI en la En cíclica “Caritas In Veritate” nos habla de los principios éticos fundamentales que debieran inspirar los cambios necesarios. El Papa se ha referido al principio de la gratuidad y a la oportunidad de introducir en la economía de  mercado la lógica del don. Son cuestiones de carácter ético que hacen al correcto funcionamiento de los procesos económicos y se refieren a la verdad sobre el hombre y las relaciones sociales”.

“Es interesante notar entonces cómo la problemática secular, académica, científica, acerca de la crisis financiera internacional coincide con los planteos que desde hace tanto tiempo viene sosteniendo la Doctrina Social de la Iglesia. ¡Ojalá estos planteos sean tenidos en cuenta!”.

jueves, 20 de septiembre de 2012

19 DE SEPTIEMBRE DE 1846: LA APARICIÓN DE LA SALETTE Y SU SECRETO

 
El 19 de septiembre de 1846 se apareció la Santísima Virgen en La Salette (Francia), a dos pastorcitos naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años, y Maximin Giraud de once. La Santísima Virgen les confió un secreto, unas advertencias para los tiempos venideros: "el secreto de La Salette."
MELANIE CALVAT probó ingresar en varios conventos, no fué admitida a los votos perpetuos. Melanie, estigmatizada y bajo constante dirección espiritual del obispo de Lecce, un virtuoso varón, murió en Italia, el 14 de diciembre de 1904, a los 73 años de edad. MAXIMIN GIRAUD quiso estudiar teología, después medicina. Fué siervo papal; murió en su patria a los 38 años de edad.
La Aparición de La Salette fué aprobada oficialmente por el obispo de la Diócesis, y reconocida por S. S. Pío IX. El 19 de septiembre de 1851, (quinto aniversario de la aparición), Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo ordinario de la diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que entre otras cosas, dice: «Juzgamos que la aparición de la Sma. Virgen a dos pastores el 19 de septiembre de 1846, en la parroquia de La Salette, arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera y los fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. (…) Por tanto prohi-bimos a los fieles y sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos.»
El 24 de agosto de 1852, Su Santidad Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de septiembre fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermadad Misionera de La Salette, los SALETINOS, cuyos frutos fueron y son muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de "Nuestra Señora de La Salette", efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximin. El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como el"el Secreto de la Salette." Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melanie, con imprimatur del Obispo de Lecce, – Italia.- En 1922 se dió a conocer el texto completo, con Licencia del Rvdo. Padre Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio, (la Congregación de la Fé.)

EL SECRETO
«Melanie, esto que yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858: Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes…, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. ¡Sí!, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo. Ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la víctima sin mancha al Eterno, en favor del mundo. Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra…! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. ¡Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la serpiente antigua poner divisiones entre los soberanos, en las sociedades y en las familias. (…) La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios. Que el Vicario de mi Hijo, el soberano Pontífice Pio IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. (…) Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores. (…) La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos.(…) Muchos abandonarán la Fé, y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande. Entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues llega el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires. (…) Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno; abolirán la fe, aún entre las personas consagradas a Dios. (…) Muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas. Los malos libros abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios. Habrá Iglesias para servir a esos espíritus. (…) ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y dominar con orgullo!
El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. Dado el olvido de la santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. (…) El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el triunfo de la Iglesia de Dios. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, (…) a toda clase de vicios. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano… habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado, y Marsella engullida; varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho, sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo, y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán su ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que destruyan a todos sus enemigos. Los perseguidores de la Iglesia de Cristo y los hombres dados al pecado perecerán de golpe, y la Tierra quedará como un desierto.
Entonces será la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado. La caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.» (…)
(Las profecías de La Salette no parecen haber sido dictadas en orden sucesivo, no son correlativas. Continúa:)
«La Tierra será castigada con todo género de plagas. Habrá guerras, hasta la última que la harán los diez reyes del anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, creerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo, Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. La naturaleza clama venganza contra los hombres, y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes. Temblad Tierra, y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, ¡temblad!, pues Dios va a entregaros a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción. Muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. Durante este tiempo nacerá el anticristo… Hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. … Se cambiarán las estaciones… Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos.
ROMA perderá la Fé y se convertirá en la sede del anticristo. Los demonios del aire, con el anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.
Hago una apremiante llamada a la Tierra, llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los Cielos, llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero salvador de los hombres. Llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu. Finalmente… Llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios. En el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra: Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. … Luchad hijos de la luz, vosotros pequeño número… pues ya está aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. La Iglesia se oscurecerá, el mundo quedará consternado. Pero he ahí ENOC y ELÍAS, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo. ¡Ay de los habitantes de la Tierra…! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso… Tempestades que destruirán ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros, llamarán a la muerte. …La sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos, Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. ROMA pagana desaparecerá, caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo. El sol se oscurece, solo la fé vivirá. Aquí está el tiempo. El abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. Aquí está la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se elevará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo. Será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá. Y la Tierra, que llevará TRES DÍAS en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego. Será hundido para siempre, (el anticristo), con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado. Dios será servido y glorificado.»

domingo, 5 de agosto de 2012

FUERA DE LA IGLESIA ¿NO HAY SALVACIÓN?

Pio IX

Fuente: EWTN

( http://ewtn.com/spanish/preguntas/fuera_de_la_Iglesia_no_hay_salvación.htm )

La doctrina de que fuera de la Iglesia no hay salvación, es una que constantemente es malinterpretada por aquellos que no se someten al Magisterio de la Iglesia. La fé no depende de nuestra habilidad de razonar hacia la verdad, sino de nuestra humildad ante la Verdad, presentada a nosotros por aquellos a quienes Cristo encomendó la tarea. Esta es la razón por la cual el Primer Concilio Vaticano nos enseña, que es tarea SOLO del Magisterio, el determinar y exponer el significado de la Tradición, lo cual incluye la de “ Fuera de la Iglesia no hay salvación “.

Concerniente a esta doctrina el Papa del Vaticano I, Pio IX, habló en dos diferentes ocasiones. En una alocución ( dirigida a una audiencia ) en diciembre 9 de 1854 dijo :

Tenemos que aceptar como principio de fé, que fuera de la Iglesia Apostólica Romana no hay salvación; que ella es la única arca de la salvación, y quién no está en ella perecerá en el diluvio; pero debemos también por otra parte, reconocer con certeza que aquellos que están en total ignorancia de la verdadera religión, no son culpables por ello a los ojos del Señor. ¿Quién podrá presumir de establecer los límites de esta ignorancia de acuerdo al carácter y la diversidad de personas, ciudades, mentes y lo demás?

De nuevo, en la encíclica Quanto conficiamur moerore del 10 de agosto 1863 dirigida a los Obispos Italianos, el dijo ;

Nos es conocido a nosotros y a ustedes que aquellos que tienen total ignorancia de nuestra muy santa religión, pero que observan con cuidado la ley natural y los preceptos dados por Dios al corazón del hombre y que estando dispuestos a obedecer a Dios llevando una vida recta y honesta, pueden ayudados por la luz de la gracia divina, alcanzar la vida eterna, porque Dios quién ve claramente, escudriña y conoce el corazón humano, la disposición, los pensamientos y las intenciones de cada uno, en su suprema misericordia y bondad, de ninguna manera permite que nadie sufra el castigo eterno, a menos que por su propia voluntad haya caído en el pecado.

Estas declaraciones son consistentes con el entendimiento de la Iglesia contenido en los documentos del Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia, y a la vez aclara la posición rigurosa del Padre Feeney ( que todos tienen que ser miembros actuales de la Iglesia Católica, para salvarse ) la cual ha sido condenada por el Magisterio. Es irónico, que precisamente aquellos que conocen su obligación de permanecer unidos al Magisterio, y para los cuales esta doctrina es moralmente obligatoria, se mantienen separados de la Sede Romana en este punto.

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Respuesta por : Colin B. Donovan, STL

jueves, 19 de enero de 2012

¿QUÉ ES LA TOLERANCIA?


Antes de todo, es necesario subrayar que existe una situación en la cual el católico debe ser siempre intolerante, y esta regla no admite excepciones. Es cuando se desea que, para complacer a otros, o para evitar algún mal mayor, practique algún pecado. Pues todo pecado es una ofensa a Dios. Y es absurdo pensar que en alguna situación Dios pueda ser virtuosamente ofendido.
Y esto es tan obvio, que parecería superfluo decirlo. Entre tanto, en la práctica, cuántas veces sería necesario recordar este principio. Así, por ejemplo, nadie tiene el derecho de, por tolerancia con los amigos, y con la intención de despertar su simpatía, vestirse de modo inmoral, adoptar las maneras licenciosas o livianas de las personas de vida desarreglada, ostentar ideas temerarias, sospechosas o incluso erróneas, o alardear de tener vicios que en la realidad -por la gracia de Dios- no se tienen.
Que un católico, consciente de los deberes de fidelidad que tiene en relación con la escolástica, profese otra filosofía sólo para granjearse simpatías en cierto medio, es una forma de tolerancia inadmisible. Pues peca contra la verdad quien profesa un sistema que sabe que tiene errores, a pesar de que estos no sean contra la fe.
Pero los deberes de la intolerancia, en casos como estos, van más lejos.
No basta que nos abstengamos de practicar el mal. Es incluso un deber que nunca lo aprobemos, por acción o por omisión.
Un católico que, ante del pecado o del error, toma una actitud de simpatía, peca contra la virtud de la intolerancia. Es lo que se da cuando se presencia, con una sonrisa, sin restricciones, una conversación o una escena inmoral; o cuando, en una discusión, se reconoce a otros el derecho a abrazar la opinión que quieran sobre religión. Esto no es respetar a los adversarios, sino ser conniventes con sus errores o pecados. Esto es aprobar el mal. Y esto, un católico no puede hacerlo jamás.
A veces, sin embargo, se llega a eso pensando que no hay pecado contra la intolerancia. Es lo que ocurre cuando ciertos silencios frente al error o al mal dan la idea de una aprobación tácita.
En todos estos casos, la tolerancia es un pecado, y sólo en la intolerancia consiste la virtud.
Leyendo estas afirmaciones es admisible que ciertos lectores se irriten. El instinto de sociabilidad es natural al hombre. Y este instinto nos lleva a convivir con los otros de modo armonioso y agradable.
Ahora bien, en circunstancias cada vez más numerosas, el católico está obligado, dentro de la lógica de nuestra argumentación, a repetir delante del siglo el heroico «Non Possumus» de Pío IX: No podemos imitar, no podemos concordar, no podemos callar. Enseguida se crea en torno de nosotros aquel ambiente de guerra fría o caliente con que los partidarios de los errores y modas de nuestra época persiguen con implacable intolerancia, y en nombre de la tolerancia, a todos los que osan no concordar con ellos. Una cortina de fuego, de hielo, o simplemente de celofán nos cerca y aísla. Una velada excomunión social nos mantiene al margen de los ambientes modernos. Y a esto el hombre tiene casi tanto miedo como a la muerte. O más que a la propia muerte.
No exageramos. Para tener derecho de ciudadanía en tales ambientes, hay hombres que trabajan hasta matarse con infartos y anginas cardíacas; hay señoras que ayunan como ascetas de la Tebaida, y llegan a exponer gravemente su salud. Para perder una «ciudadanía» de tal «valor», sólo por amor a los principios, ¡sería necesario realmente amar mucho a los principios!
Otra dificultad es la pereza. Estudiar un asunto, compenetrarse de él, tener enteramente a mano en cualquier oportunidad los argumentos para justificar una posición: cuánto esfuerzo… cuánta pereza. Pereza de hablar, de discutir, es claro. Sin embargo, aún más, pereza de estudiar. Y sobre todo, la suprema pereza de pensar con seriedad sobre algo, de compenetrarse de algo, de identificarse con una idea, un principio! La pereza sutil, imperceptible, omnímoda, de ser serio, de pensar seriamente, de vivir con seriedad, cuanto aparta de esta intolerancia inflexible, heroica, imperturbable, que en ciertas ocasiones y en ciertos asuntos es hoy como siempre el deber del verdadero católico.
La pereza es hermana de la displicencia. Muchos preguntaran por qué tanto esfuerzo, tanta lucha, tanto sacrificio, si una golondrina no hace verano, y con nuestra actitud los otros no mejoran. ¡Extraña objeción! Como si debiésemos practicar los Mandamientos sólo para que los otros los practiquen también, y estuviésemos dispensados de hacerlo en la medida que los otros no nos imiten.
Testimoniamos delante de los hombres nuestro amor al bien, y nuestro odio al mal, para dar gloria a Dios. Y aunque el mundo entero nos reprobase, deberíamos continuar haciéndolo. El hecho de que los otros no nos acompañen, no disminuye los derechos que Dios tiene a nuestra entera obediencia.
Pero estas razones no son las únicas. Existe también el oportunismo. Estar de acuerdo con las tendencias dominantes, es algo que abre todas las puertas y facilita todas las carreras. Prestigio, confort, dinero, todo. Todo se torna más fácil y más al alcance si se concuerda con la influencia dominante.
De este modo, puede verse cuánto cuesta el deber de la intolerancia. Lo que nos da el punto de partida para el artículo siguiente, donde pretendemos tratar de los límites de la intransigencia y de los mil medios que hay para eludirla.
Fuente: Acción Familia

sábado, 14 de mayo de 2011

EL CATOLICISMO DE JUAN MANUEL DE ROSAS

Juan Manuel de Rosas

Por Ricardo Díaz

Cuando en 1835 Don Juan Manuel de Rosas exige las “facultades extraordinarias” y la “suma del poder público”, no lo hace sólo para contener el caos reinante, sino también para preservar la integridad de la Iglesia Católica, que venía siendo objeto de ataques desde 1810, por la corriente revolucionaria iluminista y liberal, bajo las batutas de Moreno, Monteagudo y Rivadavia.

La Asamblea de 1813 trató de independizar la Iglesia Católica argentina de Roma, y así formar como una especie de “Iglesia Nacional”, tal como había sucedido entre los ingleses en tiempos de Enrique VIII. Se sancionaron medidas anticlericales y se llegó, incluso, a proponer el repudio al Concilio de Trento.

Luego, en 1822, la “reforma” unitaria, impuso el cierre de monasterios, la confiscación de bienes de los conventos, la nacionalización de los seminarios y del senado eclesiástico y la intervención de parroquias y órdenes religiosas.

Mas tarde, en 1826, se celebra con Inglaterra un tratado en el que, en una de sus cláusulas, se autoriza a los súbditos británicos la celebración pública del culto protestante.

Todas estas cuestiones anti-tradicionalistas de una nación cuyo origen raíz y esencia son católicas, produjo una natural reacción encabezada por Juan Manuel de Rosas, quien tras asumir el poder en 1835 por segunda vez, inmediatamente restableció la comunicación con Roma, decretó que se guardasen al obispo los honores, distinciones y prerrogativas que le acordaban las leyes de Indias; favoreció en toda forma el culto católico; prohibió la venta de libros y pinturas que ofendían la moral evangélica y las buenas costumbres; hizo obligatoria la enseñanza de la doctrina cristiana; introdujo congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza; entregó la Universidad a los jesuitas. Cuando estaba por celebrar un concordato con la Santa Sede se produjo su derrocamiento en Caseros. Con la caída del Restaurador de las Leyes el Estado argentino dejó de ser católico.

Ya en su destierro, en Southampton, Rosas se expresaba en sus cartas privadas acerca del problema que agitaba no sólo a nuestra nación, sino a todo el mundo: “Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a la que llaman libertad, invocando los derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la sociedad a no ser ofendida. Si hay algo que necesita dignidad, decencia y respeto es la libertad, porque la licencia está a un paso. Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social”.

Respecto de la paz social y la armonía internacional, Rosas escribe que se debería “reunir un Congreso de representantes de todos los países, cuyas discusiones francas y sin reservas, se publiquen tales cuales se pronuncien, día a día, para formar y escuchar la opinión de los pueblos”.

También propone el establecimiento de una “Liga de las Naciones Cristianas” presidida por el Papa, para llegar a establecer el “Tribunal de las Naciones y la paz general”.

Además se preocupa por la situación del Papa Pío IX y su entorno: “Si el Papa ha de salvar a la Iglesia Católica, necesita dar unas cuantas sacudidas con la tiara a la polilla que la carcome”. En cuanto a los problemas que afectan a las monarquías, propone que “se deben fortalecer los ejércitos, para que así, pueda ser posible, sin desmedro del orden ni del principio de autoridad, conceder pero no ceder”.

Por otra parte, señala que el medio más eficaz de alcanzar el equilibrio social y político en Europa y sostener a la Iglesia, es la unión de los reyes alrededor del Sumo Pontífice. Y respecto de la cuestión social escribe que “Es que los gravámenes continúan terribles. Los labradores y arrendatarios sin capital siguen trabajando sólo para pagar la renta y las contribuciones. Viven así, pidiendo para pagar, pagando para pedir”.

También se pronunció respecto a la organización y tendencia de “La Internacional”, señalando que es “una sociedad de guerra, de odio, que tiene por base el ateísmo y el comunismo, por objeto la destrucción del capital y el aniquilamiento de los que poseen, por medio de la fuerza brutal, del gran número que aplastará a todo cuanto intente resistirle”.

Otra cuestión que critica se refiere al divorcio entre la Iglesia y el Estado, la libertad de la enseñanza laica con lo cual “Se propagan las malas semillas de la revolución y de la impiedad”. Y también predice que “el amor a la patria se extinguirá, el gobierno constitucional será imposible, porque no encontrará la base sólida de una mayoría suficiente para seguir un sistema en medio de la opinión pública confundida, como los idiomas en la torre de Babel. Ahora mismo Francia, España y los Estados Unidos están delineando el porvenir. Las naciones, o vivirán constantemente agitadas, o tendrán que someterse al despotismo de alguno que quiera y pueda ponerlas en paz”.

Creo que ha quedado debidamente documentado que Don Juan Manuel de Rosas no luchó solamente para restaurar las leyes en su nación, sino también en las naciones europeas, igualmente de origen, raíz y esencia católicas, de lo cual, en la actualidad están renegando.

Y también ha quedado documentado que dio todo de sí hasta el fin de sus días, y entonces podemos imaginar que, como cuando fue derrocado, dijo: “Más no he podido hacer”.-

Fuente: Federico Ibarguren, “Nuestra tradición histórica”, Ed Dictio,1978, Buenos Aires

martes, 1 de diciembre de 2009

OBISPO DEL OPUS DEI NIEGA ORDENACIÓN SACERDOTAL A DIACONO POR DIVERGENCIAS SOBRE EL MAGISTERIO

En la foto: El diácono Luis Alberto Salvatierra, quien no será ordenado por el Obispo a causa de divergencias en la interpretación del Concilio Vaticano II.


Según informa en un blog propio el Diácono Luis Alberto Salvatierra señala que Mons. Juan Ignacio González, Obispo chileno perteneciente a la Prelatura del Opus Dei, le ha denegado la consagración sacerdotal fundado en interpretaciones del Magisterio de la Iglesia.
Los puntos conflictivos son la Catolicidad del Estado confesional (en definitiva, reconocimiento de Cristo Rey de las Naciones), la libertad de conciencia, la identidad de Dios con judíos y musulmanes.
A continuación, se reproduce el texto del blog en que el Diácono detalla su situación:


http://maneteinveritate.blogspot.com/2009/11/abandono-el-ministerio-para-no.html

ABANDONO EL MINISTERIO PARA NO ABANDONAR LA VERDAD
LUIS ALBERTO SALVATIERRA HABLA SOBRE SU SALIDA DEL MINISTERIO

Quiero saludar a todos mis amigos, muchos de los cuales me han demostrado su apoyo en este momento difícil. Como muchos saben hace años entré al Seminario de San Bernardo para servir a la Iglesia entregando mi vida; hace casi un año fui ordenado diácono por Monseñor Juan Ignacio González, sirviendo pastoralmente en Paine, en la Capilla San Francisco de Asís. Este mismo Obispo me ha pedido que abandone el ministerio al que me ha llamado. En este artículo quiero informarles los reales motivos de mi salida.

No hay ningún motivo moral detrás de la salida. No realizado actos que escandalicen a los fieles, antes bien he servido a la Iglesia con total entrega y espíritu de fe; en menos de un año he realizado cerca de 150 bautizos, varios matrimonios, incontables bendiciones; abrí la oficina pastoral en San Francisco, fundé el grupo de niñas de la Cofradía de Santa Teresita, elaboré un boletín pastoral y 3 servicios pastorales en internet que se actualizaban semana a semana; consolidé la piedad eucarística de la Capilla y fortalecí su formación espiritual y doctrinal, además de muchas otras obras pastorales. No necesito dar cuentas a nadie, mi trabajo pastoral es incuestionable y por eso aclaro que mi salida solo se debe a un problema de orden teológico; el cual procedo a explicar para quienes quieran enterarse. Afirmo claramente que no pido a nadie que esté de acuerdo conmigo en mis ideas, si no sólo que me entiendan y valoren mis motivaciones.

Todo esto se ha debido a nuestras diferencias teológicas con el Obispo sobre la libertad religiosa y la confesionalidad del Estado. Mientras el obispo señala superada la doctrina tradicional de la Iglesia en base de los documentos pastorales del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate y Dignitate Humanae) yo sigo manteniendo vigente la doctrina de siempre de todos los papas que enseñaron principalmente Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII, doctrina que es definitiva. Mientras la doctrina de siempre dice que el Estado debe ser confesional aunque puede no serlo, las doctrinas nuevas dicen que el Estado debe ser aconfesional y es intrínsecamente laico. Esto se opone a lo enseñado por la Tradición, los Santos Padres, los santos doctores y el Magisterio bimilenario, en especial Inmortale Dei y Quas Primas, contradiciendo el reinado social de Jesucristo. También se me ha pedido afirmar la identificación del Dios cristiano con el dios de otras creencias (musulmanes y judíos); reconozco que eso es afirmable en sentido amplio e impropio, pero nunca lo es en sentido estricto; esta identificación ofende a los santos mártires que derramaron su sangre por el Dios verdadero.

Se me ha pedido que abandone la doctrina de siempre de la Iglesia y adopte esta nueva visión pastoral, pero no puedo forzar mi conciencia. La conciencia es, según expresión de Cardenal Newman, el primero de los vicarios de Cristo en la tierra. Amo a la Iglesia y daría mi vida por ella sin dudarlo, por lo mismo no puedo renunciar a la doctrina enseñada por ella en dos milenios; tengo claro mi compromiso con la obediencia y el ministerio, pero aún más claro el irrenunciable compromiso con la verdad. Siempre supe que mis ideas me traerían estas consecuencias, pero con San Atanasio preferí partir al exilio y con Santo Tomás Moro preferí ofrecer mi cabeza al verdugo, antes de tranzar en la verdad, como no lo hicieron estos. En resumen me quedo arriba en la Cruz con Cristo y no abajo de ella con Anás y Caifás. Serviré a la Iglesia en el testimonio de la coherencia, tanto más extraño en los tiempos que hoy vivimos.

Yo no dejé el ministerio, pero debo permitir ser retirado de él para defender algo aún más sagrado: el testimonio de la verdad. Algunos me han calumniado diciendo que estoy en contra del Vaticano II, en contra del Papa y en contra de la Iglesia, nada más falso. Ciertamente cuestiono afirmaciones conciliares que en su ambigüedad y espíritu de renovación injustificada han creado confusión y desorientación en el pueblo de Dios, pero el mismo concilio se presenta como pastoral y no dogmático, por lo que su enseñanza no es magisterio definitivo, y todo lo que afirmo lo hago reconociendo al Concilio toda su validez y autoridad como concilio ecuménico. Sobre estar en contra de la Iglesia y del Papa, no necesito defenderme de ello, pues esa afirmación raya en el absurdo para quienes conocieron mi labor pastoral y escucharon mi enseñanza.

Ofrezco a Dios todas estas injusticias y los sufrimientos pasados por el Papa Benedicto XVI, quien tanto ha hecho por la restauración de la tradición y a quien seguíamos fielmente en nuestro ministerio; también los ofrezco por nuestra hermosa comunidad de San Francisco. Doy gracias a Dios y a todos por cada una de las alegrías vividas este año, que superan por mucho a los sinsabores.

No he publicado esto para crear un conflicto, si no para aclarar todo lo sucedido, con claridad y sencillez; ejerciendo un derecho básico a todo ser humano, derecho que no se me puede negar sin cometer una nueva injusticia.

Repito que no pido a nadie que esté de acuerdo conmigo en mis ideas, si no sólo que me entiendan y valoren mis motivaciones.

Luis Alberto Salvatierra.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿CONTRADICCIONES ENTRE EL MAGISTERIO PRECONCILIAR Y EL CONCILIAR?


Ordenemos un poco la Idea
La "Razón" es el Logos, y la Verdad... es Cristo.
¿Quién tiene razón entonces?


Por Emilio Nazar Kasbo



1- ACUERDO EN LOS TÉRMINOS: Depende qué se interpreta por las palabras... un mismo término interpretado con diversa extensión tiene distinto significado; es decir, usando las mismas palabras se puede estar refiriendo a cosas diversas, en lo cual se genera confusión. Por eso, Aristóteles decía que lo primero es ponerse de acuerdo en los términos, ya que de otro modo no habrá claridad. En todo caso, se debe esclarecer, iluminar, poner más claramente los dichos, a los efectos de no incurrir en confusiones (que benefician a los malos, obviamente)

2- FALSA LIBERTAD DE CONCIENCIA: Si por "libertad de conciencia" se entiende una independencia de la razón al punto de ser indiferente o incluso abiertamente contraria a la Fe, esta es lógicamente condenada. Es un libertinaje, la libertad al servicio de la perdición de las almas
3- LIBERTAD RELIGIOSA “NO ES”: El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (cf León XIII, enc. "Libertas praestantissimum"), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso 6 diciembre 1953)

4- LIBERTAD CIVIL EN MATERIA RELIGIOSA: Es un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil (cf Dignitatis Humanae 2).

5- FALSA LIBERTAD RELIGIOSA: El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo ni ilimitado (cf Pío VI, breve "Quod aliquantum"), ni limitado solamente por un ‘orden público’ concebido de manera positivista o naturalista (cf Pío IX, enc. "Quanta cura").

6- LIMITES: Los ‘justos límites’ que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la autoridad civil según ‘normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral’ (DH 7).

7- QUANTA CURA: Con cuya idea totalmente falsa del gobierno social, no temen fomentar aquella errónea opinión sumamente funesta a la Iglesia católica y a la salud de las almas llamada delirio por Nuestro Predecesor Gregorio XVI de gloriosa memoria (en la misma Encíclica Mirari), a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida; y que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impresos, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil.» Pero cuando esto afirman temerariamente, no piensan ni consideran que predican la libertad de la perdición (San Agustín, Epístola 105 al. 166), y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2, edición Vall). - S.S. Pio IX, encíclica Quanta Cura

8- CONCILIO VATICANO: "Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil." - Concilio Vaticano II. Declaración sobre la libertad religiosa

9- LA LIBERTAD: Para Aristóteles, en la definición clásica, la libertad es la preferencia reflexiva de lo mejor. Si aplicamos la definición al ámbito religioso, “la libertad es la preferencia reflexiva de la mejor religión”… y obviamente “la mejor religión” es la verdadera: la Católica. Lo peor, es la corrupción de lo mejor, y la libertad no puede estar a favor de lo peor, pues sería un libertinaje, el uso del libre albedrío para el mal. ¿Y quién dice que la Religión Católica es la mejor y la verdadera? Tal pregunta deja entrever un trasfondo relativista. El sentido común afirma que hay muchas religiones que sostienen posturas diversas sobre una misma cuestión, y que por tanto a la vez todas no pueden tener razón, por lo cual solamente puede haber una que tenga la Verdad completa… o ninguna (en cuyo caso se caería en el ateísmo, postura que contradice las razones de la existencia de Dios, a cuyo conocimiento la mera razón humana alcanza). Por tanto, existe Un Dios, y del mismo modo Una Religión Verdadera. Esto da para una discusión teológica y filosófica, pero la damos por sabida. O sea: sólo es libre quien conoce la Verdad y la sigue (como dijo Jesús: “La Verdad os hará libres”).

10- LA LIBERTAD DE CULTOS: ¿El Estado puede sostener una libertad de cultos irrestricta? Definitivamente, no. No se pueden aprobar cultos que atenten contra el Orden Natural. El Estado además debe establecer como permitidas a Religiones históricas, y no a cultos que además disfrazan intereses ideológicos o económicos, rellenando simples formalidades que no acreditan nada.

11- EL ESTADO CATÓLICO: Es un deber de todo Estado la catolicidad. Es decir, todo Estado debe ser Católico, lo cual implica el orden de la Cristiandad. Puede haber religiones toleradas, pero no aprobar cuanta secta aparezca, desvinculada de toda historia, orden o jerarquía. El Estado Católico no impone la Religión Católica, sino que dentro de su órbita simplemente la promueve.

12- EL ESTADO LAICO O ATEO: Esta es una aberración. Pretender un Estado ascéptico es una contradicción, ya que la población civil sujeta a las autoridades profesa alguna religión, y el Estado no puede ser indiferente ante la religión de la población. De hecho, un Estado “laico” o “ateo”, lo que hace es promover herejías y ser anticatólico, disfrazado bajo tal denominación. Es decir: el Estado que sostenga semejantes posturas no va más que a su autodisolución, a un suicidio colectivo.

13- LIBERTAD RELIGIOSA EN EL CONCILIO VATICANO II: El Concilio reconoce que toda persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Es decir, la adhesión a Jesucristo y a la Iglesia es un acto libre, sin coacción. La falta de libertad religiosa en muchos Estados, impide a muchas personas abrazar el catolicismo. Tal libertad religiosa “consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción”, lo cual además es un requisito del acto libre, pero no es suficiente, ya que el acto libre además necesita de la inteligencia que conduzca el acto hacia la Verdad. Afirma el Concilio que “en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”, y por tanto se reconocen límites. La libertad religiosa sin límites (no especificados por el Concilio), es la difusión de herejías sin freno alguno, incluyendo a las más disolventes de la sociedad (como sucede hoy en día). El Concilio funda la libertad religiosa “en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural”, pero esta afirmación no excluye el deber de conducirse en La Verdad (que es Jesucristo mismo). El Concilio pide que “la libertad religiosa” se convierta “en un derecho civil”.

14- LÍMITES A LA LIBERTAD RELIGIOSA: Dice el Concilio que en materia de “libertad religiosa” hay “límites debidos”. Es un falso “delirio” fomentar una “idea totalmente falsa del gobierno social” que sostiene que “la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida”. La libertad de conciencia y cultos concebida como acceso al sincretismo donde cada cual elige “su verdad”, o como un ámbito indiferente al Estado, o como una omisión del reconocimiento de “Cristo Rey” que impera sobre las Naciones, o entendida como el “derecho al error y la mentira” en materia religiosa, es evidentemente un delirio. El error no engendra derechos, y el mal no es otra cosa que una carencia de bien, mientras que la persona se debe a La Verdad, al Bien y a la Belleza que en su grado absoluto se hallan en Dios, y a lo cual el Estado no escapa. Y es lógico además que todo culto que atente contra los fundamentos del Estado Católico ha de ser reprimido, en tanto sea contrario al Orden Natural. Tampoco se puede aceptar el “que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impresos, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil”. Esto último no sería más que el imperio de la opinión que confunde a toda la población en pos del extravío igualitarista de toda postura, confundiendo doxa con Episteme, opinión con Ciencia, y la posibilidad del error (o el error mismo) con La Verdad. Tiene ciencia el que sabe; opina el que no sabe, y no se puede permitir en un Estado Católico la difusión del modernismo condenado por la Encíclica Pascendi (que a eso se reduce, nada menos, la consideración del Papa en la Quanta Cura). Queda claro que se predica “la libertad de la perdición” que comenta San Agustín; “y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2, edición Vall)”. No es más que promover el daño el que un Estado promueva herejías u opiniones contrarias a la Tradición de la Iglesia. Es decir, sintetizando: todo Estado tiene obligación de promover el Catolicismo y adorar a Cristo Rey como sociedad, del mismo modo que toda persona tiene la obligación de alcanzar la plena Verdad en el Catolicismo con el ideal evangelizador, en respeto de la libertad de los demás, pero no del libertinaje en materia religiosa (social o personal).

15- POSTURA MODERNISTA CONDENADA: Está condenada la “evolución del Magisterio” y su “adecuación a los tiempos con facultad de contradecirse a sí mismo. Tal condena se encuentra en la Encíclica Pascendi.

16- EXPRESIÓN EN EL CONCILIO: El modernista pretende estar en la Iglesia Católica “pero” hace observaciones “desde dentro”, afirmando que sostiene íntegramente la Doctrina “pero” algunas cosas deben ser reinterpretadas… a su conveniencia herética. Su “paraguas” es afirmar en alguna frase que respeta, acata y obedece completamente al Magisterio y al Papa, y bajo ese “paraguas” introduce alguna afirmación que leída en forma directa “puede parecer herética”, pero “que debe ser leída en todo el contexto”. ¿Qué dice la Dignitatis Humanae del Concilio? “la libertad religiosa que exigen los hombres para el cumplimiento de su obligación de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”. Esto no es más que afirmar que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Luego, a la luz de estos principios deben ser estudiados todos los documentos del Concilio Vaticano II, y si hay alguna divergencia interpretativa, se debe acudir a la “íntegra doctrina tradicional”.
17- ASISTIMOS A UNA CONCILIARIZACIÓN DE LA FE CATÓLICA: Después del Concilio Vaticano II, Pablo VI empezó a citarlo en sus Encíclicas, junto a Juan XXIII, junto al Magisterio precedente. Juan Pablo II abarcó al Concilio Vaticano II, Juan XXIII, a Pablo VI, y luego sus últimas Encíclicas fueron incluso autoreferenciales. Ahora, Benedicto XVI también está haciendo lo mismo. ¿Dónde quedó el Magisterio de los Papas anteriores al Concilio Vaticano II? ¿Por qué no es citado en las Encíclicas?

18- PRECONCILIAR O POSTCONCILIAR: Hay una sola Iglesia Católica, lo cual implica unidad en el Magisterio y que no hubo ninguna “ruptura conciliar”. Por otra parte, al afirmar que el Concilio Vaticano II es patoral y no dogmático, y por tanto opinable, ha de ceder en todo lo que es confuso al Magisterio Tradicional (¿se puede llamar así? ¿Tradicional se opone a Conciliar?).

19- LENGUAJE CLARO: Jesucristo enseñó que el lenguaje del cristiano debe ser el decir sí-sí, y no-no. No cambiar, no ser “oscuro” ni confuso en los dichos. Y esta es una característica que pareciera ser una “opción pastoral”: confundamos a ver si alguno de los que está afuera se acerca a nosotros. Sin embargo, el resultado es la confusión interna, y los que están dentro se alejan confundidos por una errónea interpretación folklórica del Concilio Vaticano II. El Magisterio previo al Concilio Vaticano II se distinguió por claras condenas de los Papas a las herejías, expuestas de modo suscinto y breve, y esclareciendo a la vez cuál es la verdadera posición que se debe adoptar ante las cuestiones cuya controversia daban por finalizada con absoluta precisión.

20- EL CONCILIO VATICANO II FLOKLÓRICO: Bajo la excusa de que es un Concilio Pastoral, muchos acaban pensando que este Concilio habilita la “herejía pastoral”. El Espíritu Santo no brilla en el pecado, en las herejías, en las defecciones morales, en las confusiones ni en los abusos litúrgicos. El Espíritu Santo viene a poner fin a la confusión y al miedo, tal como sucedió en Pentecostés. Pero generalmente se cita el Concilio para afirmar cualquier disparate no contenido en el Concilio… y solamente hay que preguntar “¿en qué parte de los textos conciliares se afirma lo que usted dice?” para que se caiga abruptamente el argumento de “autoridad” sobre textos inexistentes. Es decir, se divulga el “vale todo” como si el Concilio habilitara cuanta herejía, inmoralidad y abuso litúrgico pueda existir, en el marco de la “libertad” del feligrés, del cura y del Obispo… libertad para el mal, la misma condenada por el Magisterio Tradicional.

21- ¿SOLUCIÓN?: Solamente corresponderá al Papa esclarecer la cuestión. Aquí simplemente podemos debatir, pero quien resuelve es el mismo Papa. Y sería bueno que acelere los tiempos en esclarecer tales cuestiones. Una mera opinión cede ante el conocimiento de la verdad (científica o teológica). Si el Concilio es opinable, no se puede criticar a la Fraternidad San Pío X (ni a nadie) que no lo acepte, porque no es obligatorio. Pero parece algo impuesto del mismo modo que los “democráticos” afirman su postura ideológica: “o sos democrático o te destruyo”. El problema es algo más profundo: ¿hay dos Iglesias? ¿Hay una sola Iglesia que ha cambiado de rumbo? ¿Qué es el Concilio Vaticano II? ¿Cuáles son los límites del Concilio? Y… ¿Por qué los Papas dejaron de citar al Magisterio anterior a Juan XXIII y al Concilio Vaticano II? El problema no es de la década de 1960: es actual.

jueves, 26 de febrero de 2009

El obispo Richard Williamson dará una conferencia tradicionalista

En la foto: El obispo inglés Mons. Richard Williamson, quien ahora reside en Londres.

  

Richard Williamson, quien arribó a Londres desde Argentina, brindará una conferencia tradicionalista en una iglesia católica del norte de Londres.

Mientras tanto, una fuente cercana al prelado manifestó que "Su Excelencia no niega el Holocausto, sólo cuestiona ciertas partes de ese hecho".

"El obispo está dispuesto a ser un mártir de la fe y la verdad", subrayó a la agencia Ansa y con tono apocalíptico una fuente allegada a Mons. Williamson, para agregar luego que la motivación del religioso "es la búsqueda de la verdad".

"El cree que no se ha dicho toda la verdad sobre la Segunda Guerra Mundial y que las personas deberían poder cuestionar ciertos eventos del Holocausto sin el peligro de terminar en prisión por haber cometido un crimen", sostuvo esa fuente.

"Su Excelencia no niega el Holocausto, sólo cuestiona ciertas partes de ese hecho", añadió.

Williamson, de 68 años, planea dar la conferencia para tradicionalistas católicos en la iglesia de Rito Tridentino de St. Joseph and St. Padarn, en el barrio londinense de Holloway.

En un sermón en esa iglesia el verano pasado, el religioso elogió al Papa Pío IX y a su encíclica Quanta Cura de 1864, que condena las maldades del modernismo.