domingo, 6 de enero de 2013
MONS. AGUER: “EL IMPERIO DE LAS FINANZAS SOBRE EL CONJUNTO DE LA ECONOMÍA SE HA CONFIGURADO COMO UNA ESPECIE DE PODER ULTRA ESTATAL QUE HACE IMPOSIBLE EL DESARROLLO”
jueves, 20 de septiembre de 2012
19 DE SEPTIEMBRE DE 1846: LA APARICIÓN DE LA SALETTE Y SU SECRETO
domingo, 5 de agosto de 2012
FUERA DE LA IGLESIA ¿NO HAY SALVACIÓN?
Fuente: EWTN
( http://ewtn.com/spanish/preguntas/fuera_de_la_Iglesia_no_hay_salvación.htm )
La doctrina de que fuera de la Iglesia no hay salvación, es una que constantemente es malinterpretada por aquellos que no se someten al Magisterio de la Iglesia. La fé no depende de nuestra habilidad de razonar hacia la verdad, sino de nuestra humildad ante la Verdad, presentada a nosotros por aquellos a quienes Cristo encomendó la tarea. Esta es la razón por la cual el Primer Concilio Vaticano nos enseña, que es tarea SOLO del Magisterio, el determinar y exponer el significado de la Tradición, lo cual incluye la de “ Fuera de la Iglesia no hay salvación “.
Concerniente a esta doctrina el Papa del Vaticano I, Pio IX, habló en dos diferentes ocasiones. En una alocución ( dirigida a una audiencia ) en diciembre 9 de 1854 dijo :
Tenemos que aceptar como principio de fé, que fuera de la Iglesia Apostólica Romana no hay salvación; que ella es la única arca de la salvación, y quién no está en ella perecerá en el diluvio; pero debemos también por otra parte, reconocer con certeza que aquellos que están en total ignorancia de la verdadera religión, no son culpables por ello a los ojos del Señor. ¿Quién podrá presumir de establecer los límites de esta ignorancia de acuerdo al carácter y la diversidad de personas, ciudades, mentes y lo demás?
De nuevo, en la encíclica Quanto conficiamur moerore del 10 de agosto 1863 dirigida a los Obispos Italianos, el dijo ;
Nos es conocido a nosotros y a ustedes que aquellos que tienen total ignorancia de nuestra muy santa religión, pero que observan con cuidado la ley natural y los preceptos dados por Dios al corazón del hombre y que estando dispuestos a obedecer a Dios llevando una vida recta y honesta, pueden ayudados por la luz de la gracia divina, alcanzar la vida eterna, porque Dios quién ve claramente, escudriña y conoce el corazón humano, la disposición, los pensamientos y las intenciones de cada uno, en su suprema misericordia y bondad, de ninguna manera permite que nadie sufra el castigo eterno, a menos que por su propia voluntad haya caído en el pecado.
Estas declaraciones son consistentes con el entendimiento de la Iglesia contenido en los documentos del Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia, y a la vez aclara la posición rigurosa del Padre Feeney ( que todos tienen que ser miembros actuales de la Iglesia Católica, para salvarse ) la cual ha sido condenada por el Magisterio. Es irónico, que precisamente aquellos que conocen su obligación de permanecer unidos al Magisterio, y para los cuales esta doctrina es moralmente obligatoria, se mantienen separados de la Sede Romana en este punto.
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Respuesta por : Colin B. Donovan, STL
jueves, 19 de enero de 2012
¿QUÉ ES LA TOLERANCIA?
sábado, 14 de mayo de 2011
EL CATOLICISMO DE JUAN MANUEL DE ROSAS
Por Ricardo Díaz
Cuando en 1835 Don Juan Manuel de Rosas exige las “facultades extraordinarias” y la “suma del poder público”, no lo hace sólo para contener el caos reinante, sino también para preservar la integridad de la Iglesia Católica, que venía siendo objeto de ataques desde 1810, por la corriente revolucionaria iluminista y liberal, bajo las batutas de Moreno, Monteagudo y Rivadavia.
La Asamblea de 1813 trató de independizar la Iglesia Católica argentina de Roma, y así formar como una especie de “Iglesia Nacional”, tal como había sucedido entre los ingleses en tiempos de Enrique VIII. Se sancionaron medidas anticlericales y se llegó, incluso, a proponer el repudio al Concilio de Trento.
Luego, en 1822, la “reforma” unitaria, impuso el cierre de monasterios, la confiscación de bienes de los conventos, la nacionalización de los seminarios y del senado eclesiástico y la intervención de parroquias y órdenes religiosas.
Mas tarde, en 1826, se celebra con Inglaterra un tratado en el que, en una de sus cláusulas, se autoriza a los súbditos británicos la celebración pública del culto protestante.
Todas estas cuestiones anti-tradicionalistas de una nación cuyo origen raíz y esencia son católicas, produjo una natural reacción encabezada por Juan Manuel de Rosas, quien tras asumir el poder en 1835 por segunda vez, inmediatamente restableció la comunicación con Roma, decretó que se guardasen al obispo los honores, distinciones y prerrogativas que le acordaban las leyes de Indias; favoreció en toda forma el culto católico; prohibió la venta de libros y pinturas que ofendían la moral evangélica y las buenas costumbres; hizo obligatoria la enseñanza de la doctrina cristiana; introdujo congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza; entregó la Universidad a los jesuitas. Cuando estaba por celebrar un concordato con la Santa Sede se produjo su derrocamiento en Caseros. Con la caída del Restaurador de las Leyes el Estado argentino dejó de ser católico.
Ya en su destierro, en Southampton, Rosas se expresaba en sus cartas privadas acerca del problema que agitaba no sólo a nuestra nación, sino a todo el mundo: “Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a la que llaman libertad, invocando los derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la sociedad a no ser ofendida. Si hay algo que necesita dignidad, decencia y respeto es la libertad, porque la licencia está a un paso. Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social”.
Respecto de la paz social y la armonía internacional, Rosas escribe que se debería “reunir un Congreso de representantes de todos los países, cuyas discusiones francas y sin reservas, se publiquen tales cuales se pronuncien, día a día, para formar y escuchar la opinión de los pueblos”.
También propone el establecimiento de una “Liga de las Naciones Cristianas” presidida por el Papa, para llegar a establecer el “Tribunal de las Naciones y la paz general”.
Además se preocupa por la situación del Papa Pío IX y su entorno: “Si el Papa ha de salvar a la Iglesia Católica, necesita dar unas cuantas sacudidas con la tiara a la polilla que la carcome”. En cuanto a los problemas que afectan a las monarquías, propone que “se deben fortalecer los ejércitos, para que así, pueda ser posible, sin desmedro del orden ni del principio de autoridad, conceder pero no ceder”.
Por otra parte, señala que el medio más eficaz de alcanzar el equilibrio social y político en Europa y sostener a la Iglesia, es la unión de los reyes alrededor del Sumo Pontífice. Y respecto de la cuestión social escribe que “Es que los gravámenes continúan terribles. Los labradores y arrendatarios sin capital siguen trabajando sólo para pagar la renta y las contribuciones. Viven así, pidiendo para pagar, pagando para pedir”.
También se pronunció respecto a la organización y tendencia de “La Internacional”, señalando que es “una sociedad de guerra, de odio, que tiene por base el ateísmo y el comunismo, por objeto la destrucción del capital y el aniquilamiento de los que poseen, por medio de la fuerza brutal, del gran número que aplastará a todo cuanto intente resistirle”.
Otra cuestión que critica se refiere al divorcio entre la Iglesia y el Estado, la libertad de la enseñanza laica con lo cual “Se propagan las malas semillas de la revolución y de la impiedad”. Y también predice que “el amor a la patria se extinguirá, el gobierno constitucional será imposible, porque no encontrará la base sólida de una mayoría suficiente para seguir un sistema en medio de la opinión pública confundida, como los idiomas en la torre de Babel. Ahora mismo Francia, España y los Estados Unidos están delineando el porvenir. Las naciones, o vivirán constantemente agitadas, o tendrán que someterse al despotismo de alguno que quiera y pueda ponerlas en paz”.
Creo que ha quedado debidamente documentado que Don Juan Manuel de Rosas no luchó solamente para restaurar las leyes en su nación, sino también en las naciones europeas, igualmente de origen, raíz y esencia católicas, de lo cual, en la actualidad están renegando.
Y también ha quedado documentado que dio todo de sí hasta el fin de sus días, y entonces podemos imaginar que, como cuando fue derrocado, dijo: “Más no he podido hacer”.-
Fuente: Federico Ibarguren, “Nuestra tradición histórica”, Ed Dictio,1978, Buenos Aires
martes, 1 de diciembre de 2009
OBISPO DEL OPUS DEI NIEGA ORDENACIÓN SACERDOTAL A DIACONO POR DIVERGENCIAS SOBRE EL MAGISTERIO
En la foto: El diácono Luis Alberto Salvatierra, quien no será ordenado por el Obispo a causa de divergencias en la interpretación del Concilio Vaticano II. Según informa en un blog propio el Diácono Luis Alberto Salvatierra señala que Mons. Juan Ignacio González, Obispo chileno perteneciente a la Prelatura del Opus Dei, le ha denegado la consagración sacerdotal fundado en interpretaciones del Magisterio de la Iglesia.
Los puntos conflictivos son la Catolicidad del Estado confesional (en definitiva, reconocimiento de Cristo Rey de las Naciones), la libertad de conciencia, la identidad de Dios con judíos y musulmanes.
A continuación, se reproduce el texto del blog en que el Diácono detalla su situación:
http://maneteinveritate.blogspot.com/2009/11/abandono-el-ministerio-para-no.html
ABANDONO EL MINISTERIO PARA NO ABANDONAR LA VERDAD
LUIS ALBERTO SALVATIERRA HABLA SOBRE SU SALIDA DEL MINISTERIO
Quiero saludar a todos mis amigos, muchos de los cuales me han demostrado su apoyo en este momento difícil. Como muchos saben hace años entré al Seminario de San Bernardo para servir a la Iglesia entregando mi vida; hace casi un año fui ordenado diácono por Monseñor Juan Ignacio González, sirviendo pastoralmente en Paine, en la Capilla San Francisco de Asís. Este mismo Obispo me ha pedido que abandone el ministerio al que me ha llamado. En este artículo quiero informarles los reales motivos de mi salida.
No hay ningún motivo moral detrás de la salida. No realizado actos que escandalicen a los fieles, antes bien he servido a la Iglesia con total entrega y espíritu de fe; en menos de un año he realizado cerca de 150 bautizos, varios matrimonios, incontables bendiciones; abrí la oficina pastoral en San Francisco, fundé el grupo de niñas de la Cofradía de Santa Teresita, elaboré un boletín pastoral y 3 servicios pastorales en internet que se actualizaban semana a semana; consolidé la piedad eucarística de la Capilla y fortalecí su formación espiritual y doctrinal, además de muchas otras obras pastorales. No necesito dar cuentas a nadie, mi trabajo pastoral es incuestionable y por eso aclaro que mi salida solo se debe a un problema de orden teológico; el cual procedo a explicar para quienes quieran enterarse. Afirmo claramente que no pido a nadie que esté de acuerdo conmigo en mis ideas, si no sólo que me entiendan y valoren mis motivaciones.
Todo esto se ha debido a nuestras diferencias teológicas con el Obispo sobre la libertad religiosa y la confesionalidad del Estado. Mientras el obispo señala superada la doctrina tradicional de la Iglesia en base de los documentos pastorales del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate y Dignitate Humanae) yo sigo manteniendo vigente la doctrina de siempre de todos los papas que enseñaron principalmente Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII, doctrina que es definitiva. Mientras la doctrina de siempre dice que el Estado debe ser confesional aunque puede no serlo, las doctrinas nuevas dicen que el Estado debe ser aconfesional y es intrínsecamente laico. Esto se opone a lo enseñado por la Tradición, los Santos Padres, los santos doctores y el Magisterio bimilenario, en especial Inmortale Dei y Quas Primas, contradiciendo el reinado social de Jesucristo. También se me ha pedido afirmar la identificación del Dios cristiano con el dios de otras creencias (musulmanes y judíos); reconozco que eso es afirmable en sentido amplio e impropio, pero nunca lo es en sentido estricto; esta identificación ofende a los santos mártires que derramaron su sangre por el Dios verdadero.
Se me ha pedido que abandone la doctrina de siempre de la Iglesia y adopte esta nueva visión pastoral, pero no puedo forzar mi conciencia. La conciencia es, según expresión de Cardenal Newman, el primero de los vicarios de Cristo en la tierra. Amo a la Iglesia y daría mi vida por ella sin dudarlo, por lo mismo no puedo renunciar a la doctrina enseñada por ella en dos milenios; tengo claro mi compromiso con la obediencia y el ministerio, pero aún más claro el irrenunciable compromiso con la verdad. Siempre supe que mis ideas me traerían estas consecuencias, pero con San Atanasio preferí partir al exilio y con Santo Tomás Moro preferí ofrecer mi cabeza al verdugo, antes de tranzar en la verdad, como no lo hicieron estos. En resumen me quedo arriba en la Cruz con Cristo y no abajo de ella con Anás y Caifás. Serviré a la Iglesia en el testimonio de la coherencia, tanto más extraño en los tiempos que hoy vivimos.
Yo no dejé el ministerio, pero debo permitir ser retirado de él para defender algo aún más sagrado: el testimonio de la verdad. Algunos me han calumniado diciendo que estoy en contra del Vaticano II, en contra del Papa y en contra de la Iglesia, nada más falso. Ciertamente cuestiono afirmaciones conciliares que en su ambigüedad y espíritu de renovación injustificada han creado confusión y desorientación en el pueblo de Dios, pero el mismo concilio se presenta como pastoral y no dogmático, por lo que su enseñanza no es magisterio definitivo, y todo lo que afirmo lo hago reconociendo al Concilio toda su validez y autoridad como concilio ecuménico. Sobre estar en contra de la Iglesia y del Papa, no necesito defenderme de ello, pues esa afirmación raya en el absurdo para quienes conocieron mi labor pastoral y escucharon mi enseñanza.
Ofrezco a Dios todas estas injusticias y los sufrimientos pasados por el Papa Benedicto XVI, quien tanto ha hecho por la restauración de la tradición y a quien seguíamos fielmente en nuestro ministerio; también los ofrezco por nuestra hermosa comunidad de San Francisco. Doy gracias a Dios y a todos por cada una de las alegrías vividas este año, que superan por mucho a los sinsabores.
No he publicado esto para crear un conflicto, si no para aclarar todo lo sucedido, con claridad y sencillez; ejerciendo un derecho básico a todo ser humano, derecho que no se me puede negar sin cometer una nueva injusticia.
Repito que no pido a nadie que esté de acuerdo conmigo en mis ideas, si no sólo que me entiendan y valoren mis motivaciones.
Luis Alberto Salvatierra.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
¿CONTRADICCIONES ENTRE EL MAGISTERIO PRECONCILIAR Y EL CONCILIAR?

La "Razón" es el Logos, y la Verdad... es Cristo.
¿Quién tiene razón entonces?
Por Emilio Nazar Kasbo
1- ACUERDO EN LOS TÉRMINOS: Depende qué se interpreta por las palabras... un mismo término interpretado con diversa extensión tiene distinto significado; es decir, usando las mismas palabras se puede estar refiriendo a cosas diversas, en lo cual se genera confusión. Por eso, Aristóteles decía que lo primero es ponerse de acuerdo en los términos, ya que de otro modo no habrá claridad. En todo caso, se debe esclarecer, iluminar, poner más claramente los dichos, a los efectos de no incurrir en confusiones (que benefician a los malos, obviamente)
2- FALSA LIBERTAD DE CONCIENCIA: Si por "libertad de conciencia" se entiende una independencia de la razón al punto de ser indiferente o incluso abiertamente contraria a la Fe, esta es lógicamente condenada. Es un libertinaje, la libertad al servicio de la perdición de las almas
3- LIBERTAD RELIGIOSA “NO ES”: El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (cf León XIII, enc. "Libertas praestantissimum"), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso 6 diciembre 1953)
4- LIBERTAD CIVIL EN MATERIA RELIGIOSA: Es un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil (cf Dignitatis Humanae 2).
5- FALSA LIBERTAD RELIGIOSA: El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo ni ilimitado (cf Pío VI, breve "Quod aliquantum"), ni limitado solamente por un ‘orden público’ concebido de manera positivista o naturalista (cf Pío IX, enc. "Quanta cura").
6- LIMITES: Los ‘justos límites’ que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la autoridad civil según ‘normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral’ (DH 7).
7- QUANTA CURA: Con cuya idea totalmente falsa del gobierno social, no temen fomentar aquella errónea opinión sumamente funesta a la Iglesia católica y a la salud de las almas llamada delirio por Nuestro Predecesor Gregorio XVI de gloriosa memoria (en la misma Encíclica Mirari), a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida; y que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impresos, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil.» Pero cuando esto afirman temerariamente, no piensan ni consideran que predican la libertad de la perdición (San Agustín, Epístola 105 al. 166), y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2, edición Vall). - S.S. Pio IX, encíclica Quanta Cura
8- CONCILIO VATICANO: "Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil." - Concilio Vaticano II. Declaración sobre la libertad religiosa
9- LA LIBERTAD: Para Aristóteles, en la definición clásica, la libertad es la preferencia reflexiva de lo mejor. Si aplicamos la definición al ámbito religioso, “la libertad es la preferencia reflexiva de la mejor religión”… y obviamente “la mejor religión” es la verdadera: la Católica. Lo peor, es la corrupción de lo mejor, y la libertad no puede estar a favor de lo peor, pues sería un libertinaje, el uso del libre albedrío para el mal. ¿Y quién dice que la Religión Católica es la mejor y la verdadera? Tal pregunta deja entrever un trasfondo relativista. El sentido común afirma que hay muchas religiones que sostienen posturas diversas sobre una misma cuestión, y que por tanto a la vez todas no pueden tener razón, por lo cual solamente puede haber una que tenga la Verdad completa… o ninguna (en cuyo caso se caería en el ateísmo, postura que contradice las razones de la existencia de Dios, a cuyo conocimiento la mera razón humana alcanza). Por tanto, existe Un Dios, y del mismo modo Una Religión Verdadera. Esto da para una discusión teológica y filosófica, pero la damos por sabida. O sea: sólo es libre quien conoce la Verdad y la sigue (como dijo Jesús: “La Verdad os hará libres”).
10- LA LIBERTAD DE CULTOS: ¿El Estado puede sostener una libertad de cultos irrestricta? Definitivamente, no. No se pueden aprobar cultos que atenten contra el Orden Natural. El Estado además debe establecer como permitidas a Religiones históricas, y no a cultos que además disfrazan intereses ideológicos o económicos, rellenando simples formalidades que no acreditan nada.
11- EL ESTADO CATÓLICO: Es un deber de todo Estado la catolicidad. Es decir, todo Estado debe ser Católico, lo cual implica el orden de la Cristiandad. Puede haber religiones toleradas, pero no aprobar cuanta secta aparezca, desvinculada de toda historia, orden o jerarquía. El Estado Católico no impone la Religión Católica, sino que dentro de su órbita simplemente la promueve.
12- EL ESTADO LAICO O ATEO: Esta es una aberración. Pretender un Estado ascéptico es una contradicción, ya que la población civil sujeta a las autoridades profesa alguna religión, y el Estado no puede ser indiferente ante la religión de la población. De hecho, un Estado “laico” o “ateo”, lo que hace es promover herejías y ser anticatólico, disfrazado bajo tal denominación. Es decir: el Estado que sostenga semejantes posturas no va más que a su autodisolución, a un suicidio colectivo.
13- LIBERTAD RELIGIOSA EN EL CONCILIO VATICANO II: El Concilio reconoce que toda persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Es decir, la adhesión a Jesucristo y a la Iglesia es un acto libre, sin coacción. La falta de libertad religiosa en muchos Estados, impide a muchas personas abrazar el catolicismo. Tal libertad religiosa “consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción”, lo cual además es un requisito del acto libre, pero no es suficiente, ya que el acto libre además necesita de la inteligencia que conduzca el acto hacia la Verdad. Afirma el Concilio que “en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”, y por tanto se reconocen límites. La libertad religiosa sin límites (no especificados por el Concilio), es la difusión de herejías sin freno alguno, incluyendo a las más disolventes de la sociedad (como sucede hoy en día). El Concilio funda la libertad religiosa “en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural”, pero esta afirmación no excluye el deber de conducirse en La Verdad (que es Jesucristo mismo). El Concilio pide que “la libertad religiosa” se convierta “en un derecho civil”.
14- LÍMITES A LA LIBERTAD RELIGIOSA: Dice el Concilio que en materia de “libertad religiosa” hay “límites debidos”. Es un falso “delirio” fomentar una “idea totalmente falsa del gobierno social” que sostiene que “la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida”. La libertad de conciencia y cultos concebida como acceso al sincretismo donde cada cual elige “su verdad”, o como un ámbito indiferente al Estado, o como una omisión del reconocimiento de “Cristo Rey” que impera sobre las Naciones, o entendida como el “derecho al error y la mentira” en materia religiosa, es evidentemente un delirio. El error no engendra derechos, y el mal no es otra cosa que una carencia de bien, mientras que la persona se debe a La Verdad, al Bien y a la Belleza que en su grado absoluto se hallan en Dios, y a lo cual el Estado no escapa. Y es lógico además que todo culto que atente contra los fundamentos del Estado Católico ha de ser reprimido, en tanto sea contrario al Orden Natural. Tampoco se puede aceptar el “que los ciudadanos tienen derecho a la libertad omnímoda de manifestar y declarar públicamente y sin rebozo sus conceptos, sean cuales fueren, ya de palabra o por impresos, o de otro modo, sin trabas ningunas por parte de la autoridad eclesiástica o civil”. Esto último no sería más que el imperio de la opinión que confunde a toda la población en pos del extravío igualitarista de toda postura, confundiendo doxa con Episteme, opinión con Ciencia, y la posibilidad del error (o el error mismo) con La Verdad. Tiene ciencia el que sabe; opina el que no sabe, y no se puede permitir en un Estado Católico la difusión del modernismo condenado por la Encíclica Pascendi (que a eso se reduce, nada menos, la consideración del Papa en la Quanta Cura). Queda claro que se predica “la libertad de la perdición” que comenta San Agustín; “y que «si se deja a la humana persuasión entera libertad de disputar, nunca faltará quien se oponga a la verdad, y ponga su confianza en la locuacidad de la humana sabiduría, debiendo por el contrario conocer por la misma doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, cuan obligada está a evitar esta dañosísima vanidad la fe y la sabiduría cristiana» (San León, Epístola 164 al. 133, parte 2, edición Vall)”. No es más que promover el daño el que un Estado promueva herejías u opiniones contrarias a la Tradición de la Iglesia. Es decir, sintetizando: todo Estado tiene obligación de promover el Catolicismo y adorar a Cristo Rey como sociedad, del mismo modo que toda persona tiene la obligación de alcanzar la plena Verdad en el Catolicismo con el ideal evangelizador, en respeto de la libertad de los demás, pero no del libertinaje en materia religiosa (social o personal).
15- POSTURA MODERNISTA CONDENADA: Está condenada la “evolución del Magisterio” y su “adecuación a los tiempos con facultad de contradecirse a sí mismo. Tal condena se encuentra en la Encíclica Pascendi.
16- EXPRESIÓN EN EL CONCILIO: El modernista pretende estar en la Iglesia Católica “pero” hace observaciones “desde dentro”, afirmando que sostiene íntegramente la Doctrina “pero” algunas cosas deben ser reinterpretadas… a su conveniencia herética. Su “paraguas” es afirmar en alguna frase que respeta, acata y obedece completamente al Magisterio y al Papa, y bajo ese “paraguas” introduce alguna afirmación que leída en forma directa “puede parecer herética”, pero “que debe ser leída en todo el contexto”. ¿Qué dice la Dignitatis Humanae del Concilio? “la libertad religiosa que exigen los hombres para el cumplimiento de su obligación de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”. Esto no es más que afirmar que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Luego, a la luz de estos principios deben ser estudiados todos los documentos del Concilio Vaticano II, y si hay alguna divergencia interpretativa, se debe acudir a la “íntegra doctrina tradicional”.
17- ASISTIMOS A UNA CONCILIARIZACIÓN DE LA FE CATÓLICA: Después del Concilio Vaticano II, Pablo VI empezó a citarlo en sus Encíclicas, junto a Juan XXIII, junto al Magisterio precedente. Juan Pablo II abarcó al Concilio Vaticano II, Juan XXIII, a Pablo VI, y luego sus últimas Encíclicas fueron incluso autoreferenciales. Ahora, Benedicto XVI también está haciendo lo mismo. ¿Dónde quedó el Magisterio de los Papas anteriores al Concilio Vaticano II? ¿Por qué no es citado en las Encíclicas?
18- PRECONCILIAR O POSTCONCILIAR: Hay una sola Iglesia Católica, lo cual implica unidad en el Magisterio y que no hubo ninguna “ruptura conciliar”. Por otra parte, al afirmar que el Concilio Vaticano II es patoral y no dogmático, y por tanto opinable, ha de ceder en todo lo que es confuso al Magisterio Tradicional (¿se puede llamar así? ¿Tradicional se opone a Conciliar?).
19- LENGUAJE CLARO: Jesucristo enseñó que el lenguaje del cristiano debe ser el decir sí-sí, y no-no. No cambiar, no ser “oscuro” ni confuso en los dichos. Y esta es una característica que pareciera ser una “opción pastoral”: confundamos a ver si alguno de los que está afuera se acerca a nosotros. Sin embargo, el resultado es la confusión interna, y los que están dentro se alejan confundidos por una errónea interpretación folklórica del Concilio Vaticano II. El Magisterio previo al Concilio Vaticano II se distinguió por claras condenas de los Papas a las herejías, expuestas de modo suscinto y breve, y esclareciendo a la vez cuál es la verdadera posición que se debe adoptar ante las cuestiones cuya controversia daban por finalizada con absoluta precisión.
20- EL CONCILIO VATICANO II FLOKLÓRICO: Bajo la excusa de que es un Concilio Pastoral, muchos acaban pensando que este Concilio habilita la “herejía pastoral”. El Espíritu Santo no brilla en el pecado, en las herejías, en las defecciones morales, en las confusiones ni en los abusos litúrgicos. El Espíritu Santo viene a poner fin a la confusión y al miedo, tal como sucedió en Pentecostés. Pero generalmente se cita el Concilio para afirmar cualquier disparate no contenido en el Concilio… y solamente hay que preguntar “¿en qué parte de los textos conciliares se afirma lo que usted dice?” para que se caiga abruptamente el argumento de “autoridad” sobre textos inexistentes. Es decir, se divulga el “vale todo” como si el Concilio habilitara cuanta herejía, inmoralidad y abuso litúrgico pueda existir, en el marco de la “libertad” del feligrés, del cura y del Obispo… libertad para el mal, la misma condenada por el Magisterio Tradicional.
21- ¿SOLUCIÓN?: Solamente corresponderá al Papa esclarecer la cuestión. Aquí simplemente podemos debatir, pero quien resuelve es el mismo Papa. Y sería bueno que acelere los tiempos en esclarecer tales cuestiones. Una mera opinión cede ante el conocimiento de la verdad (científica o teológica). Si el Concilio es opinable, no se puede criticar a la Fraternidad San Pío X (ni a nadie) que no lo acepte, porque no es obligatorio. Pero parece algo impuesto del mismo modo que los “democráticos” afirman su postura ideológica: “o sos democrático o te destruyo”. El problema es algo más profundo: ¿hay dos Iglesias? ¿Hay una sola Iglesia que ha cambiado de rumbo? ¿Qué es el Concilio Vaticano II? ¿Cuáles son los límites del Concilio? Y… ¿Por qué los Papas dejaron de citar al Magisterio anterior a Juan XXIII y al Concilio Vaticano II? El problema no es de la década de 1960: es actual.
jueves, 26 de febrero de 2009
El obispo Richard Williamson dará una conferencia tradicionalista
Richard Williamson, quien arribó a Londres desde Argentina, brindará una conferencia tradicionalista en una iglesia católica del norte de Londres.
Mientras tanto, una fuente cercana al prelado manifestó que "Su Excelencia no niega el Holocausto, sólo cuestiona ciertas partes de ese hecho".
"El obispo está dispuesto a ser un mártir de la fe y la verdad", subrayó a la agencia Ansa y con tono apocalíptico una fuente allegada a Mons. Williamson, para agregar luego que la motivación del religioso "es la búsqueda de la verdad".
"El cree que no se ha dicho toda la verdad sobre la Segunda Guerra Mundial y que las personas deberían poder cuestionar ciertos eventos del Holocausto sin el peligro de terminar en prisión por haber cometido un crimen", sostuvo esa fuente.
"Su Excelencia no niega el Holocausto, sólo cuestiona ciertas partes de ese hecho", añadió.
Williamson, de 68 años, planea dar la conferencia para tradicionalistas católicos en la iglesia de Rito Tridentino de St. Joseph and St. Padarn, en el barrio londinense de Holloway.
En un sermón en esa iglesia el verano pasado, el religioso elogió al Papa Pío IX y a su encíclica Quanta Cura de 1864, que condena las maldades del modernismo.



